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Los empresarios, con el modelo kirchnerista


Los empresarios son los grandes ganadores del modelo kirchnerista. Por eso apoyaron mayoritariamente a Cristina Fernández en las elecciones y salieron a elogiar al gobierno después del triunfo y a pedir por la continuidad de las medidas que garantizan sus millonarias ganancias.

En los años de gobierno kirchnerista los empresarios han ampliado notablemente sus márgenes de ganancia. No sorprende, por lo tanto, que salvo contadas excepciones la clase capitalista local se haya volcado mayoritariamente en defensa del modelo kirchnerista.
El 47° Coloquio de Idea, que reúne a los principales empresarios del país con la dirigencia política, se realizó en Mar del Plata previo a las elecciones y fue demostrativo de esta situación. Si alguna vez, como en el marco del conflicto del kirchnerismo con los empresarios rurales, este encuentro patronal tuvo un tinte crítico hacia las políticas del gobierno, en esta oportunidad, si bien participaron los candidatos de la “oposición”, como De Narváez o Binner, fue expresión casi unánime de la aprobación del empresariado sobre la gestión de gobierno. Los motivos fundamentales los sintetizó el presidente de Pirelli, Tronchetti Provera, tras reunirse con Cristina Fernández cuando explicó que “la estrategia del grupo [Pirelli] es aumentar la presencia directa en mercados como Argentina que registran mayores índices de crecimiento y costos industriales competitivos”. “Costos industriales competitivos”, desde luego, no significa otra cosa que la posibilidad que brinda el gobierno kirchnerista de híperexplotar a los trabajadores (como sucede en Pirelli, con jornadas laborales de 12 horas y más), de pagar bajos salarios, de contratar trabajadores tercerizados, de pasar por encima de los convenios colectivos, y un largo etcétera de políticas proempresarias que han sido sostenidas por el kirchnerismo durante sus ocho años de gobierno.  
También continuaron durante el mes de octubre las reuniones del gobierno kirchnerista con las cámaras que representan al empresariado rural. Las declaraciones de la dirigencia patronal del campo son más que elocuentes sobre el vuelco que ha dado la relación entre ambos sectores: “El escenario actual no es el del 2008, cuando había una situación conflictiva entre el gobierno y el campo; hay que valorar la posibilidad de abrir un canal de diálogo”, aseguró el titular de Coninagro, Carlos Garetto, antes de recibir a Cristina Fernández. Por otra parte, Rubén Ferrero, parte de la nueva conducción de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) adelantó que “vamos a entablar con el nuevo gobierno otro diálogo, para que nuestras propuestas sean tenidas en cuenta para lograr el consenso”. Así, quienes hasta algunos meses atrás se encontraban distanciados argumentando representar modelos antagónicos de país (campo vs. industria, federalismo vs. centralismo), hoy se sientan a discutir y acercan posiciones, demostrando que sus diferencias, lejos de ser estratégicas, sólo pasan por disputas de números en torno al reparto de las ganancias de sus negocios.
Y tras las elecciones, una vez consumado el triunfo kirchnerista, los comunicados de apoyo al gobierno de las distintas entidades patronales no se hicieron esperar. “AEA expresa la voluntad del empresariado argentino de contribuir, como lo solicitara la presidenta, a la unión nacional y a aprovechar las grandes oportunidades”, sintetizó el documento firmado por la Asociación Empresaria Argentina, entidad que reúne a varios de los empresarios más poderosos del país.
Y por último, bien representativa de la relación que existe entre el kirchnerismo y el empresariado, fue la comitiva que acompañó a Cristina Fernández por Francia para participar del encuentro del G-20, ya en los primeros días de noviembre. Como si fueran ministros del gobierno, los empresarios siguieron y asesoraron permanentemente a la presidenta en cada reunión. De Mendiguren (presidente de la UIA), Betnaza (Techint), Funes de Rioja (vocero de las patronales de la alimentación) y Nicholson (Ledesma), fueron algunos de los empresarios que se subieron al avión para continuar haciendo negocios de la mano del kirchnerismo.  
Los empresarios han ganado fortunas en los ocho años del gobierno peronista de los Kirchner. Por eso, siguen apostando por la continuidad del modelo que hoy encabeza Cristina Fernández como la mejor alternativa de gobierno para defender sus intereses.

Carlos Soria, represor y kirchnerista


Ex menemista, ex duhaldista y, ahora, kirchnerista, Carlos Soria se impuso en las últimas elecciones, encabezando las listas del Frente para la Victoria, y será el próximo gobernador de Río Negro.

El 25 de septiembre, Carlos Soria, referente local del Frente para la Victoria, se impuso sobre el candidato de la UCR y será el próximo gobernador de Río Negro, provincia que desde el ´83 fue gobernada ininterrumpidamente por el radicalismo.
Soria es un gran modelo de dirigente peronista. Fue diputado nacional en los ´90, acompañando al menemismo, y, posteriormente, ministro de Justicia y Seguridad en la Provincia de Buenos Aires, durante la gobernación de Duhalde. Cuando este fue presidente, Soria se desempeñó como jefe de la SIDE, cargo que ocupaba al momento de los asesinatos de Kosteki y Santillán, lo que lo ubica, al igual que a Aníbal Fernández, como uno de los principales responsables de los fusilamientos en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002.
Por si quedaran dudas sobre la orientación política de este referente peronista, ahora kirchnerista, puede mencionarse su relación con el histórico criminal de guerra nazi Erich Priebke, que se asilaba en Argentina, con quien ha compartido cenas, como quedó documentado en fotográficamente.
Su campaña electoral, que hizo eje en la “mano dura”, no está demás decirlo, fue apuntalada por la visita de ministros y referentes del gobierno como Boudou, Randazzo y Alicia Kirchner. El encargado de felicitarlo y destacar su victoria tras la elección fue su antiguo compañero durante el gobierno de Duahlde, Aníbal Fernández. “Soria se está alzando con cerca de 14 puntos de diferencia. Un resultado histórico (…) desde hace 28 años, desde el regreso de la democracia, que gobernaba el radicalismo esa provincia”.
Soria, por su parte, en pocas palabras explicó el funcionamiento del peronismo y defendió su alineamiento actual con el kirchnerismo. “Si vos me decís por quién siento más afecto, si por Kirchner o por Duhalde, lejos, lejos por Duhalde siento mucho más afecto. Me hizo dos veces ministro, mirá la confianza que me tendrá. Me llevó de diputado por la provincia de Buenos Aires, mirá si me quiere. Pero yo no tengo confusión: hoy el poder se llama Cristina Kirchner”.(1)
Carlos Soria se suma de esta forma a la larga lista de asesinos y represores que integran el gobierno de Cristina Fernández. Un kirchnerista con todas las letras.
NOTAS:
1) www.cronista.com

El kirchnerismo cumple ocho años: Gobernando contra el pueblo trabajador

El 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner daba inicio al primer gobierno de lo que hoy llamamos “kirchnerismo”, para diferenciarlo de otras variantes del peronismo, como el menemismo o el duhaldismo. Ocho años después, mientras Cristina Fernández planea su reelección, una breve reseña de ambos gobiernos alcanza para ver con claridad el rol que cumplieron para relegitimar la gobernabilidad y garantizar la continuidad de la explotación, represión mediante, montados sobre una exitosa política de cooptación.


Eduardo Duhalde, el “hombre fuerte” del PJ que asumió la presidencia después de la caída de la Alianza UCR-Frepaso y el fracaso de los también peronistas Puerta y Rodríguez Saá, ungió candidato a Néstor Kirchner en 2003. Desde el primer minuto, uno de los principales desvelos del nuevo gobierno fue ganar legitimidad, ya que el abandono de Carlos Menem en el ballotage lo privó de ampliar el magro resultado obtenido en la primera vuelta. Ese desvelo fue de la mano con la necesidad de restablecer la legitimidad de la gobernabilidad democrático-burguesa en su conjunto, alterada durante el proceso que condujo a la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre. Así, la primera tarea del kirchnerismo fue recuperar a las cuestionadas instituciones y a su repudiada dirigencia política de la extensa desconfianza simbolizada en el grito “Que se vayan todos” de las movilizaciones de 2001 y 2002.

Bajo la prioridad de acumular consenso y ganar aliados, el discurso de la “transversalidad” sumó apoyos por fuera del aparato peronista, logrando un arco tan heterogéneo que se podía ver juntos, en los actos oficiales, a Hebe Pastor de Bonafini y Estela Barnes de Carlotto con gobernadores radicales, D’Elía, Tumini, banqueros del PC y hasta Aldo Rico. Con el tiempo, algunos se fueron, acusando al gobierno peronista de “pejotizarse”, como si alguna vez hubiera sido otra cosa. Los doblemente conversos fueron pronto reemplazados por otros, muchos, en este último tiempo, cautivados por el “nuevo mito” surgido (y bien aprovechado) después de la muerte de Néstor Kirchner.

En su alianza con la burocracia sindical, acomodaron los huevos en ambas canastas, CGT y CTA, de la mano de Moyano y de Yasky, que jugaron un rol central a la hora de la implementación del ajuste kirchnerista sobre el pueblo trabajador, negociando salarios de pobreza y avalando la condiciones de flexibilización laboral, y que sirvieron, también, alternativamente y según el momento, para aislar y, llegado el caso, perseguir y reprimir, a las expresiones independientes y antiburocráticas de la clase trabajadora.

En lo económico, el kirchnerismo no se cansa de agitar la bandera de la “reactivación económica”, merced a algunos vientos internacionales favorables, que, sumados a las ventajas que los capitalistas locales obtienen de los mecanismos de híper explotación, una mayor extranjerización de la economía y la manipulación de las estadísticas, le permiten afirmar que “el país crece”. Lo que crece, cada día más, son las ganancias de todos esos explotadores, mientras la vida de los trabajadores poco cambia y las escuelas y hospitales se caen a pedazos.

Con su larga lista de ministros de economía especialistas en negociar con los organismos internacionales(1), tanto Néstor como Cristina Kirchner recurrieron a cualquier mecanismo (retenciones, fondos del ANSES, del Banco Central) para agrandar la caja destinada a la deuda externa, con tanto ahínco, que no sólo pagan puntualmente, sino por adelantado.

Del mismo modo que dicen que defienden la soberanía nacional, pero pagan la deuda, sirven al imperialismo con las tropas en Haití, tocan la campanita en Wall Street y sancionan una “ley antiterrorista” tras otra, su especialidad es generar gestos simbólicos, nada costosos, para sostener su imagen de “gobierno nacional y popular”. Con medidas como la asignación familiar, las milanesas, carne o merluza “para todos”, que en realidad no se consiguen nunca o no cuestan lo que se propagandiza, maquillan el empobrecimiento de los trabajadores golpeados por la inflación.

Pese al crecimiento de las luchas obreras, los sueldos se mantienen bien lejos del ritmo de aumento del precio de la canasta básica, inalcanzable tanto para quienes perciben un salario mínimo, como para el que pretende vivir de una jubilación(2). Bien lejos de su propaganda oficial, simbolizada en el sonriente negrero “Don Carlos”, la política kirchnerista hacia la clase obrera ha profundizado el ajuste e incentivado todo tipo de súper explotación, a través de herramientas como los contratos temporarios, la tercerización, las tareas eventuales, el trabajo en negro, el impulso a falsas “cooperativas” y otras formas de precarización que achican los costos patronales y aumentan la tasa de ganancia de los capitalistas.

Con su intervención en las causas contra los genocidas de la dictadura y un discurso inflamado, disimulan que, en estos ocho años, tuvieron más presos políticos (más de 100) y muertes por el gatillo fácil y la tortura que cualquiera desde 1983. Con 12 asesinados en la represión a movilizaciones populares desde 2003(2) (9 en el año 2010), los Kirchner superaron, también en este rubro, a Alfonsín, Menem y Duhalde, y sólo ceden el podio ante los 39 muertos de De La Rúa del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Así, con ajuste, represión y pauperización del pueblo trabajador, el gobierno kirchnerista, hoy encabezado por Cristina Fernández, cumple el rol que la clase capitalista argentina le encomendó hace ocho años.







NOTAS:

1) Roberto Lavagna, Felisa Miceli, Miguel Peirano, Martín Lousteau, Carlos Fernández y Amado Boudou.

2) Actualmente el salario mínimo es de $1.840 y la jubilación mínima de $1.227. Bien lejos de esas cifras, la canasta familiar ronda los $5.000.

3) Luis Cuéllar, Jujuy, 2003. Carlos Fuentealba, Neuquén, 2007. Juan Carlos Erazo, Mendoza, 2008. Facundo Vargas, Pacheco, 2010. Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas, Bariloche, 2010. Mariano Ferreyra, Ciudad de Buenos Aires, 2010. Roberto López y Mario López, Formosa, 2010. Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña y Emilio Canaviri Álvarez, Ciudad de Buenos Aires, 2010.

Siete años gobernando contra el pueblo trabajador

El 25 de mayo de 2003, asumió la presidencia Néstor Kirchner, el elegido de Eduardo Duhalde. En 2007, fue reemplazado por Cristina Fernández. Siete años, en total, gobernando para garantizar las ganancias empresarias y el pago estricto de la deuda externa, sobre el ajuste, la represión y la pauperización del pueblo trabajador.

Una vez consagrado en la elección, después del abandono de Carlos Menem en la segunda vuelta, el kirchnerismo asumió las riendas del gobierno con el apoyo de buena parte de la burguesía local y de sus representantes políticos de los distintos partidos. En aquel momento, la unidad era una necesidad: la clase capitalista debía avanzar en la relegitimación de su gobierno, de las instituciones de conjunto y de sus partidos políticos, después del gran desprestigio al que habían alcanzado (puesto en evidencia en la importante movilización popular y conflictividad social de aquellos años) como responsables de los altos niveles de desocupación y miseria, los escandalosos negociados de los partidos patronales y la entrega sistemática a los organismos internacionales, que profundizaron sucesivamente los distintos gobiernos “democráticos” desde el ´83.

En materia de política económica, el kirchnerismo no implementó grandes modificaciones con respecto a los lineamientos que había trazado en su año de gobierno su “padrino” y “creador”, Eduardo Duhalde. A tal punto que se dispuso, incluso, la continuidad de su ministro de economía, Roberto Lavagna. Sobre la base de la devaluación del peso se favorecieron los negocios de los capitalistas dedicados a la producción local, fundamentalmente los vinculados a los negocios de exportación. Se radicaron, en este marco, numerosas inversiones y empresas multinacionales, profundizando la extranjerización de la economía, que junto con los capitalistas locales se beneficiaron con las “ventajas competitivas” que ofrecían los bajos salarios, en un marco de flexibilización laboral generalizado (trabajo en negro, tercerización). Esto se combinó con los altos precios de los commodities agrícolas, que garantizaron un gran negocio para los empresarios del campo, y también una importante recaudación para las arcas fiscales del gobierno kirchnerista, a través de las retenciones a las exportaciones.

En cuanto al pago de deuda externa, el kirchnerismo ha cumplido con los pagos, superando incluso a los gobiernos anteriores. Desde Lavagna hasta Boudou, todos los ministros de economía de los últimos siete años dedicaron gran parte de su tiempo a las sucesivas renegociaciones y los pagos de deuda externa a bonistas y organismos internacionales. Para poder cumplir con los vencimientos de deuda, el kirchnerismo, además de apelar a renegociaciones y toma de nueva deuda a altas tasas, ha cumplido en gran medida con las recetas del FMI, garantizando el superávit fiscal y el aumento de las reservas. Y todo esto, claro está, lo viene logrando ajustando sobre el pueblo trabajador. Nada distinto podría esperarse de un gobierno capitalista.

Poco novedoso pero efectivo, el kirchnerismo construyó hábilmente un discurso “popular” tras el cual intentó ocultar el avance del ajuste y la explotación sobre la clase trabajadora. Se mostró defensor de la independencia económica del país, mientras dedicaba (y dedica) una buena parte de las reservas y del presupuesto al pago de la deuda externa. Discurseó hasta el hartazgo sobre la importancia de los derechos humanos, complementando sus palabras con algunas medidas simbólicas, al tiempo que creció en forma considerable la cantidad de asesinados por el gatillo fácil y la tortura en cárceles y comisarías, y que se multiplicaron los procesamientos judiciales a los luchadores populares y los presos políticos. Intentó mostrarse como defensor de la escuela y la salud pública, al tiempo que continuó con las políticas previas de vaciamiento y desfinanciamiento estatal. Buscó respaldo en falsas estadísticas sobre la reducción de la pobreza, cuando salta a la vista y se ha denunciado en más de una oportunidad el aumento de la brecha ente ricos y pobres, y el crecimiento de la pobreza, que se agudiza mes tras mes con la inflación.

El armado kirchnerista, que en su afán por alcanzar la legitimidad renegó por un tiempo de las insignias del Partido Justicialista, invocando la transversalidad, contó con la participación de referentes de las más variadas procedencias, como una buena parte de los gobernadores radicales, la mayor parte de los líderes peronistas y personajes como el ex coronel carapintada, Aldo Rico. Varios dirigentes del llamado “progresismo” o el espacio de “centroizquierda” también se sumaron al proyecto antipopular de los Kirchner, a cuya legitimación contribuyeron fuertemente. Algunos de ellos se “arrepintieron”, más tarde o más temprano, y se distanciaron del gobierno, como Libres del Sur o la CCC-PCR. Otros , aún se sostienen con el kirchnerismo. Entre estos están, la FTV de D´Elia, el Frente Transversal de Depetri, casi todos los organismos de derechos humanos con Hebe de Bonafini a la cabeza, el PC, en todas sus expresiones, entre tantos otros. Y, por su puesto, un lugar central dentro de los gobiernos kirchneristas ha ocupado la burocracia sindical, tanto de la CGT como de la CTA. Ambas centrales se han puesto al servicio del proyecto de ajuste gubernamental, han participado de acuerdos salariales de pobreza, movilizado en reiteradas oportunidades en defensa del kirchnerismo y han nutrido sus listas electorales con más de un burócrata. Tanto Moyano, incorporado directamente al partido de gobierno como vicepresidente del PJ, como Yasky, han estado a la cabeza de este proceso.

En estos últimos siete años, la clase capitalista argentina ha gozado de multimillonarias ganancias a costa de la explotación y el ajuste sobre el pueblo trabajador. Y ése es el rol que el gobierno de los Kirchner ha venido a cumplir

El kirchnerismo, garante de la miseria del pueblo trabajador

Después de casi tres años, el INDEC hizo públicos los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) dónde se pone en cifras, inocultables incluso para el intervenido organismo, cómo en los últimos años, bajo el gobierno kirchnerista, se ha profundizado la concentración de la riqueza a costa de avanzar sobre el salario de los trabajadores.

Las cifras son sólo una demostración fría de lo que se vive a diario en el país: los salarios deteriorados por la inflación año tras año, el crecimiento del trabajo en negro, la profundización de la tercerización y la flexibilización laboral. Estas premisas, garantizadas eficazmente por los gobiernos kirchneristas, son las que han permitido al empresariado local y extranjero mejorar su rentabilidad para expandir sus ganancias, en el período que va desde 2002 hasta la actualidad. Estos números publicados son una demostración más de cuál ha sido la base sobre la que se ha consolidado el tan promocionado crecimiento de los últimos años.
De los datos presentados en la encuesta se desprende, por ejemplo, que la mitad de “los que trabajan” (dentro de esta categoría se incluye el heterogéneo grupo de trabajadores en blanco y en negro, cuentapropistas e, incluso, patrones) ganan menos de $1.500 por mes. Dentro de este grupo, 6 millones recibe ingresos mensuales menores a $1.200 y 3 millones, menos de $660. Siguiendo siempre con algunas de las cifras presentadas se afirma que “la brecha entre los que más y menos ganan” se agrandó en el último año (la diferencia pasó de 23,4 veces a 26,2) al mismo tiempo que se especifica que el 10% más rico se apropió del 32,9% de los ingresos mientras que el 10% más pobre sólo alcanza al 1,3%.
Éstas, como señalábamos, son sólo algunas rápidas imágenes detrás de la cuales se oculta, en realidad, la dura situación que atraviesan las familias trabajadoras a diario. Así, el sostenido aumento en los precios de los alquileres o de la canasta básica de alimentos viene castigando, año tras año, a los trabajadores. Así mismo, todas las medidas que el kirchnerismo planea para sostener “el modelo” y agrandar la caja, incluyen o traen aparejadas un aumento de la inflación. Ese es caso, por ejemplo, del aumento de las tarifas de los servicios como el gas, la luz o los transportes.
Y qué duda cabe de que los planes del gobierno estarán puestos en función de continuar garantizando las crecientes ganancias para el empresariado. La UIA ya celebró, por ejemplo, la designación de una de sus funcionarias más cercanas, Mercedes Marcó del Pont, al frente el Banco Central. En la entidad empresaria esperan que se les facilite el acceso al crédito y se mejore su competitividad a través del manejo del tipo de cambio. Y todo esto, claro está, garantizando en, primer lugar, la continuidad del pago de la deuda externa.
La burocracia sindical, por su parte, alineada ya sea con el kirchnerismo o con alguna otra fracción empresaria, ha jugado un rol central en este proceso de ajuste sobre la clase trabajadora y está dispuesta a seguir cumpliendo con su parte, como garante de la conciliación. Así como en 2009 cerraron como un gran triunfo el hecho de llevar escalonadamente el salario mínimo a unos míseros $1.500, las figuras más destacadas de la burocracia cegetista prometen al gobierno y al empresariado en general un año “sin conflictividad”. El kirchnerista Omar Viviani, por ejemplo, aseguró que en 2010 “va a haber discusiones paritarias, pero no va a ser nada conflictivo como no lo fue otros años”. Más claro todavía en sus proyecciones fue su jefe, el líder de la CGT, Hugo Moyano, cuando al ser consultado sobre el pedido de la UIA de que los aumentos salariales no superaran el 15%, destacó que “no va a pasar absolutamente nada, como no ha pasado nada en los últimos seis años. Los gremios han logrado un grado de madurez importante y los empresarios también”. Nada distinto puede esperarse de la burocracia de la CTA que, en una nueva señal de apoyo al gobierno, se sumó a los que salieron a celebrar la designación de Marcó del Pont como una “señal positiva”. Con el kirchnerismo al mando de la administración y la burocracia sindical como un aliado central, los capitalistas argentinos han logrado consolidar un período de ganancias extraordinarias, que en muchos casos no se ha visto debilitado ni aún frente a la crisis económica internacional. Ése, y no otro, es el crecimiento que el gobierno de los Kirchner ha anunciado a los cuatro vientos durante los últimos años y que se ha consolidado, siempre, sobre las espaldas del pueblo trabajador.

El debate sobre el Fondo del Bicentenario

Su plan es el pago de la deuda


En torno al debate sobre la creación del llamado “Fondo del Bicentenario”, con el primordial fin de garantizar el pago de la deuda, el gobierno y toda la “oposición” vuelven a demostrar su completo acuerdo sobre la necesidad de cancelar los vencimientos, aunque difieran en las formas en que deben hacerlo.

Desde que el gobierno de los Kirchner realizó el vergonzoso pago de 10 mil millones de dólares al FMI, en efectivo y por adelantado, insiste en su supuesta política de desendeudamiento. Sin embargo, toda la deuda argentina se mantiene en el orden de los u$s200 mil millones, incluyendo la del Club de Paris y la que está en default, que nunca entran en los cómputos oficiales.
Desde el mismísimo momento de su asunción, después de afirmar que no pagaría la deuda a costa del hambre del pueblo, el gobierno se dedicó a pagar y a refinanciar puntualmente todos los vencimientos, generando, así, más y más endeudamiento. En el camino, saqueó los fondos de la ANSeS e incremento el endeudamiento con el Banco Central.(1)
Ahora, con la creación del Fondo del Bicentenario, un fondo especial de u$s6.500 millones conformado con las reservas del Banco Central, se propone dar un paso más en su plan de pago compulsivo de la deuda, para tener acceso a los créditos que los capitalistas locales, y sus propias necesidades políticas, le reclaman. Además, satisface los reclamos de los impacientes acreedores internacionales.
Nada nuevo hay en la política kirchnerista. Sólo profundiza su plan de pagos, intentando arremeter con cualquier escollo que se le presente.

Redrado, afuera
Martín Redrado, el ex presidente del Banco Central, oponiéndose a la creación del Fondo del Bicentenario con reservas, primero, y a acatar el decreto que lo removió de su cargo, después, pretendió erigirse en una especie de símbolo de la oposición, en una especie de clon de Julio Cobos. Sin embargo, toda su actitud no puede pasar de una pose.
Redrado apoyó todas y cada una de las medidas kirchneristas a la hora de garantizar el pago de la deuda. Desde el desembolso de los u$s10 mil millones, hasta las modificaciones de la carta orgánica del banco que presidía, para disponer de más recursos para cancelar los vencimientos que correspondieran.
De repente, sin mediar explicación alguna, intentó oficiar como el defensor de las reservas “del país” (que no son más que las reservas de los empresarios que administran el estado). Pero en realidad, como otros tantos, aprovecha el momento de desgaste del kirchnerismo, después de haberle rendido un tributo fiel, para ir en busca de nuevos horizontes.
Entonces, a pesar de lo que digan, Redrado, sin más, es uno de los exponentes del pago compulsivo de la deuda bajo el gobierno de los Kirchner, que ya cumplió su función.

El rol de la oposición
Todo el arco opositor, ante todo, se manifiesta de acuerdo con pagar la deuda externa, “honrar las obligaciones externas”, como dicen. Es que los principales críticos del gobierno no cuestionan en ningún momento la necesidad del pago, sino el cómo hacerlo, de dónde obtener los recursos. Cuestionan la forma, no el contenido.
Toda la carga está puesta sobre la legitimidad del uso de las reservas, que cambió la actitud de muchos cuando el gobierno abrió la puerta a la posibilidad de compartir con las provincias parte de los fondos del central. Es decir, cuando los invitó a compartir el saqueo. Así, como exponentes de los “críticos”, el “socialista” Hermes Binner defiende “el derecho del gobierno de tener injerencia en el uso de reservas” y la arista Fabiana Ríos explica que “el gobierno tiene el derecho en términos políticos de elegir la forma para financiar su funcionamiento y el pago de deuda”. De este modo, con algo de plata fresca oficiando de “zanahoria”, el gobierno ya cosechó el apoyo de la mayoría de los gobernadores.(2) Por otro lado, y como la voz representante del antikirchnerismo, Mauricio Macri es claro y plantea, sin más, que la deuda “se tiene que pagar con superávit”, es decir ajustando aún más al pueblo.(3) A otros, como Stolbizer, les molesta que las decisiones se instrumenten a través de decretos y no con la mediación del congreso... puras formalidades.
Entre toda esta maraña de fieles pagadores de deuda, se distingue el grupo que dirigen Claudio Lozano y Fernando “Pino” Solanas. Pero no por su actitud de principio ante el pago de la deuda, sino por esforzarse en diferenciar una supuesta deuda “legal” de otra “ilegal”. Proyecto Sur propone pagar sólo la deuda “legal”, la “legitima”, la “no investigada”. Explican que habría que “frenar el pago de toda la deuda investigada que tenga algún trámite judicial iniciado” y que “en donde no haya un juicio iniciado, hay que revisar todo, suspender el pago de capital y seguir abonando los intereses, hasta que termine la investigación”. Como vemos, el planteo es “seguir abonando los intereses” y, una vez que los jueces y los legisladores dictaminen lo único que pueden dictaminar, es decir que la deuda hay que pagarla, entonces sí, podrán pagar y ajustar al pueblo sin cargo de conciencia, en nombre de la legalidad.
Así, los principales representantes del capitalismo argentino prometen no sacar los pies del plato y “honrar la deuda”, que siempre implica condenar al hambre al pueblo trabajador.

Qué implica el pago de la deuda
Este año, los vencimientos de deuda rondan los u$s16.500 millones. El gobierno tiene asegurada la cancelación de unos u$s10.000 millones. Para el resto, el Fondo del Bicentenario con reservas del Banco Central.
Pese a lo que repitan incansablemente los dirigentes de la “oposición”, el problema no es utilizar reservas para el pago de la deuda. El problema es el pago de la deuda en sí mismo. Por más vueltas que se le dé al asunto, por más planes alternativos que se propongan, la sola decisión de seguir y seguir pagando acarrea más ajuste sobre los trabajadores y el pueblo.
Si los vencimientos se refinancian, se incrementan los intereses, es decir, más deuda. Si se busca financiamiento externo, se aceptan tasas de interés altísimas, es decir, más deuda. Si se paga con superávit, es necesario recortar el gasto social o incrementar los ingresos, vía más impuestos o a través de una mayor inflación... Cualquier salida va contra los intereses de los trabajadores y el pueblo, que no pueden destinar millones a una banda de especuladores cargando sobre sus espaldas el peso del superávit.
El problema de la deuda no se reduce a una cuestión de legalidad o ilegalidad. Es una cuestión de clases sociales. La deuda es responsabilidad de los capitalistas locales y sus gobiernos. Ellos se han enriquecido y han hecho negocios con este mecanismo. La clase trabajadora no tiene ninguna responsabilidad en esta historia de saqueos y estafas. Por eso, solamente los trabajadores, cuando seamos gobierno, podremos poner fin al flagelo de la deuda, desconociéndola. Es la única solución posible.
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NOTAS:
1) La deuda con la ANSeS asciende a u$s20 mil millones, mientras que con el BCRA supera los u$s26 mil millones.
2) Ya se manifestaron a favor de la conformación del Fondo del Bicentenario: Binner (Santa Fe), Schiaretti (Córdoba), Colombi (Corrientes), Sapag (Neuquén), Urtubey (Salta), Gioja (San Juan), Ríos (Tierra del Fuego), Capitanich (Chaco), Alperovich (Tucumán), y Uribarri (Entre Ríos), entre otros.
3) Con matices, la posición de Macri es la misma de Das Neves (Chubut) y Rodríguez Saá (San Luis), que plantean que la deuda debe pagarse con superávit o financiamiento externo.

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El culebrón del verano

El culebrón del verano

Martín Redrado, presidente del BCRA, se negó a obedecer un DNU de la presidenta, que ordenaba poner a su disposición 6.500 millones de dólares de las reservas para el pago de la deuda externa. El gobierno le exigió la renuncia. Redrado no dimitió. El ex Golden Boy menemista se convirtió en protagonista del culebrón del verano, desbancando de las primeras planas los funerales de Sandro y las vicisitudes del jet-set en las playas de moda, para que, finalmente, nada cambiara.

Cristina Kirchner convocó de urgencia al gabinete (algunos llegaron en short y ojotas) para firmar un nuevo DNU (decreto de necesidad y urgencia) que removía a Redrado del cargo. El “rebelde” exigió una decisión legislativa. Con el congreso en receso y ninguna intención presidencial de convocarlo, la discusión viró al debate de su autoconvocatoria. La defensa del rubio economista aglutinó a toda la oposición, que, con pocos matices, lo encumbró como modelo de resistencia a la “prepotencia kirchnerista”.
Llegaron apoyos de Federico Pinedo y otros del PRO, la UCR, el Partido Socialista y Prat Gay de la Coalición Cívica. Pino Solanas dijo que el pedido de renuncia era un “disparate” y acusó al gobierno de “alterar el estado de derecho, la continuidad jurídica”. Felipe Solá enfatizó que “el kirchnerismo se ha convertido en una máquina de atropellar las instituciones”. Elisa Carrió dijo que “La presidenta Kirchner se está poniendo en una posición de abuso de poder y exponiendo a un juicio político”, y un sector de la izquierda convocó a un acto frente al Banco Central para colocar “un candado en la puerta, como símbolo de la protesta”, lo que motivó que el diario Clarín titulara “Un apoyo inesperado”.
Mientras tanto, se desató el sainete judicial. El gobernador de San Luis, Rodríguez Saá, planteó ante la Corte la nulidad del DNU que ordenaba la disponibilidad de las reservas para el pago de la deuda. Causas similares fueron iniciadas por la UCR y el PRO. Solanas y Lozano denunciaron a la presidenta y a Boudou y batieron el parche sobre la distinción entre “deuda legítima” e “ilegítima”, admitiendo que hay una parte “legal” de la dependencia, junto a un coro de peronistas ex kirchneristas como Donda y Bonasso. En respuesta, el ex PC y ex Frente Grande Eduardo Barcesat acusó a Redrado por malversación de fondos públicos.
Redrado interpuso un recurso de amparo y la jueza en lo contencioso administrativo, María José Sarmiento, anuló el DNU que lo echó. Aníbal Fernández puso un patrullero frente a la casa de la jueza y mandó a un comisario, un sábado, para entregarle la apelación. Como fracasó, la presentación se hizo, el mismo día, en el domicilio de uno de los camaristas, más amable. Redrado amenazó con difundir la lista de “amigos del gobierno” que compraron millones de dólares en plena crisis, especulando con datos privilegiados.
En el ámbito internacional, un juez norteamericano aprovechó el anuncio del uso de reservas para embargar fondos en EEUU, que ya no eran intocables. El descuido le costó el cargo al Procurador General del Tesoro, el ex juez Guglielmino, aunque las malas lenguas dicen que no fue ajena la falta de eficiencia para disciplinar a sus ex colegas del fuero contencioso.
La convocatoria de la comisión bicameral dejó de lado el debate por la autoconvocatoria del congreso. Al mismo tiempo que la cámara contencioso administrativa dictaba un confuso fallo que sumió a periodistas y opinólogos en un pantano de interpretaciones, la comisión empezó a funcionar. Apenas 48 horas antes que se expidiera recomendando la remoción, Redrado anunció que, ahora sí, presentaba su “renuncia indeclinable, con la satisfacción del deber cumplido”. Para cerrar el círculo, Aníbal Fernández fue el encargado de retrucar: “La renuncia no existe”…
El final era cantado. Redrado volverá a alguna consultora privada. El BCRA tiene nueva presidenta. El gobierno seguirá pagando compulsivamente la deuda, a costa del pueblo trabajador, sin arte ni parte en este entuerto. Finalmente, queda claro que todos, aunque se acusen y peleen, coinciden en una cosa: Pagar la deuda.

Nuevas coincidencias

La burocracia sindical de la CGT y la CTA vuelve a manifestar acuerdo en relación a la política del gobierno de los Kirchner. Ahora, celebran la designación de Marcó del Pont al frente del Banco Central.

“…su designación en el Banco Central constituye un hito histórico en la vida de esa importante entidad. Habrá que bucear en el tiempo para encontrar algún precedente de alguien tan claramente comprometido con la causa nacional y popular a la cabeza del Banco Central”. Comunicado de prensa del 03/02.

“La designación de Marcó del Pont es una primera señal positiva que rompe con la tradición de estas últimas décadas de poner al frente de ese organismo a tecnócratas salidos de las incubadoras del neoliberalismo”, declaró el secretario general de la CTA, Yasky.

El “Partido de la Justicia”

Néstor Kirchner, gran propagandista de la “independencia del poder judicial”, según él, recuperada gracias a sus decisiones, como la “renovación” de la Corte, acuñó ahora la expresión “partido judicial”, dedicada a los jueces que, “junto a Clarín, Cobos, parte de la oposición y los medios” integran una “conspiración destituyente”. Aníbal Fernández incorporó la idea de inmediato, que hoy aparece en los discursos del riñón kirchnerista, incluyendo títulos como la nota de tapa de la Revista Veintitrés: “Los jueces ultracatólicos que favorecen a represores y empresarios”.
La mayoría de esos jueces “derechistas, ultramontanos y reaccionarios” estuvieron en funciones por años y cumplieron a pies juntillas con el ejecutivo de turno. Es que los jueces, lejos de la imagen sacralizada del que “dice el derecho” y sólo “habla por sus sentencias”, no son lerdos para advertir los periódicos recambios de las fracciones burguesas en la gerencia del estado. Sin rubores ni conflictos éticos, saben anticiparse, y se acomodan cuando ven que va a cambiar el viento.
Aunque esto se ve en todos los fueros, es más evidente en los que tienen injerencia en temas de voltaje político, como los federales, encargados de enjuiciar funcionarios, o los contencioso administrativos, competentes en lo vinculado a la validez de los actos administrativos de gobierno.
Más de un juez “de la servilleta” de Corach, como Romilda Servini de Cubría o Norberto Oyarbide, adhirieron entusiastas al gobierno radical-peronista de la Alianza, luego juraron fidelidad al duhaldismo, y más tarde se esforzaron por satisfacer al kirchnerismo. Ahora, previsores, abandonan a su amo decadente y se preparan para estar al servicio del que venga.
El mismo proceso de “deskirchnerización” muestran los que nombró este gobierno, como los integrantes más nuevos de la Corte. Lorenzetti hasta fue mencionado como posible compañero de fórmula de Cobos, mientras Zaffaroni, Argibay y Highton ya abjuraron de los Kirchner con tanta facilidad como lo hicieron, antes, Fayt con los radicales o Maqueda con el duhaldismo, al que seguramente ahora volverá, obediente.
Es que, más allá de los gobiernos, el poder judicial sabe que es el garante de la legitimidad del sistema, sin que incómodas ideas de justicia o igualdad interfieran en su principal tarea, siempre al servicio de los que representen a la clase explotadora en cada etapa.

Método y estrategia

Dossier: Entre el antimperilalismo y la alianza de clases
En el marco de las discusiones sobre al “antiimperialismo” y la alianza de clases, es preciso destacar la diferencia existente entre un método de lucha y una estrategia revolucionaria, ya que la combatividad no es sinónimo de conciencia ni da carácter “revolucionario” a quienes asumen la confrontación contra el estado sin cuestionar al sistema de dominación capitalista. Este problema, evidentemente actual, ha marcado en gran medida la dirección de la acción política, sobre todo desde los años '60 en adelante.
En toda Latinoamérica fue significativo el hecho de que varias corrientes nacionalistas, que enfrentaban principalmente a las dictaduras de turno, asumieran la lucha armada como método, coincidiendo muchas veces con la práctica llevada adelante por los marxistas revolucionarios contra el estado capitalista y por el socialismo.
En nuestro país, por ejemplo, la lucha contra la explotación capitalista y por el poder obrero y popular que impulsaban varias organizaciones entre las que se destacaba el PRT(1), coincidió muchas veces en la práctica con la lucha llevada adelante por el ala izquierda del peronismo agrupada en Montoneros, quienes tuvieron como consigna central la vuelta al gobierno de un representante de la burguesía como Perón. Esto permitió, por ejemplo, que, en un marco dictatorial, en 1972 ambos grupos coordinen acciones conjuntas como se evidenció el 22 de agosto, pero un año más tarde, en función de sus respectivos programas, sus políticas serían claramente contrapuestas: mientras Montoneros colaboraba con el gobierno peronista y trabajaba codo a codo con los militares en la construcción de lo que consideraban un “proyecto popular” (es decir la recomposición del capitalismo argentino), el PRT decidía “no dejar de combatir”, razón por la cual pronto Perón exigiría su “aniquilamiento”(2).
Lo que llenaban las organizaciones armadas en su conjunto era el vacío dejado por el pacifismo, tan profundamente arraigado en sectores de la izquierda. El stalinismo, en primer lugar, con su concepción de transformación gradual de la sociedad, su concepción de “profundizar” la democracia y el capitalismo, y su propuesta de alianza con las burguesías gobernantes, era uno de los principales enemigos del enfrentamiento violento contra la opresión. Lo acompañaban, en segundo lugar, dirigentes como Nahuel Moreno, que formaron parte de una rama internacional del trotskysmo que renegaba de la acción armada como elemento necesario en la lucha de clases(3).
Sobre este marco, en que tantos autoproclamados marxistas evitaban involucrarse en la lucha revolucionaria por la toma del poder, y en el que distintos grupos nacionalistas adoptaban el método de la lucha armada aunque no asumieran la estrategia socialista, se desarrollaron en nuestro continente varios intentos de “unidad antiimperialista” o “frentes de liberación nacional”, en los que convivían contradictoriamente distintas concepciones políticas, desde el nacionalismo hasta el marxismo y en donde, una vez más, el “antiimperialismo” sería la llave de entrada de las concepciones proburguesas en las filas de los luchadores. También aquí se haría sentir el peso de las concepciones stalinistas en pos de la alianza de clases para una “primera etapa” de revolución “antiimperialista” junto a la burguesía nacional.
Por lo tanto, la comprensión de que el triunfo de la revolución presupone la violencia revolucionaria no puede confundirse con la adopción de una estrategia de subordinación a la burguesía, lo que significa llevar al fracaso la revolución. Mezclar una cosa con la otra sería como trocar el marxismo por el islamismo talibán, por el simple hecho de comprender la necesidad y vigencia de la lucha afgana contra la ocupación imperialista.

(1) El PRT ha sido la organización política más importante que en nuestro país asumió la responsabilidad de organizar el combate por la revolución socialista. Por supuesto, como toda experiencia histórica real, el PRT está marcado por una larga lista de aciertos y errores a los que no pretendemos referirnos en esta nota y que en todo caso serán motivo de futuros balances.
(2) En enero de 1974, luego del intento de copamiento de un regimiento militar en Azul (Pcia. de Bs. As.), Perón ordenó el “aniquilamiento” de los guerrilleros del ERP a los que calificó de “terroristas” y “enemigos de la patria”. Allí ordenaba al ejército y a su tropa partidaria: “el gobierno nacional, en cumplimiento de su deber indeclinable, tomará de hoy en más las medidas pertinentes para atacar al mal en sus raíces, echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando todos los medios necesarios. El Movimiento Nacional Justicialista movilizará, así mismo, sus efectivos para ponerlos decididamente al servicio del orden y colaborar estrechamente con las autoridades empeñadas en mantenerlo”.
(3) En su enorme mayoría, las organizaciones que hoy en Argentina se reivindican trotskistas son hijas directas de esta escuela pacifista. Tras su supervivencia y desarrollo han promovido la idea, desde todo punto de vista falsa, que el pacifismo que ellos practican es propio de la corriente de oposición de izquierda. Sin embargo esa corriente, que fue dirigida por el jefe del ejército rojo, León Trotsky, para dar continuidad al bolchevismo leninista, fue retomada por muchos militantes, entre ellos los dirigentes del PRT Mario Roberto Santucho, Luis Enrique Pujals, el “indio” Pedro Bonet, etc.

SE REJUNTAN Y PELEAN POR LOS CARGOS Y LA PLATA

Cerraron las listas, y quedó conformado el mapa de rejuntes que disputarán los votos, o sea, cargos y plata, el 28 de junio.

El Revolucionario Nº47 (Junio de 2009)

La conformación de las alianzas, los frentes y sus listas es siempre una muestra de que el negocio y la oportunidad dirigen las acciones de los que convocan al pueblo a votarlos. Pero pocas veces eso se ve tan bien como en esta ocasión. Candidatos que avisan que no van a asumir; otros que juegan a la oposición de lo que apoyaban hasta ayer; los que renuncian para volver a presentarse; los que dicen que no son oficialistas pero arman “listas colectoras”, en fin, un sinnúmero de artilugios que muestra a las claras que su única verdad, es la oportunidad.
Moyano y D’Elía, cada uno con su estilo, reclamaron al PJ kirchnerista un lugar en el reparto. El piquetero, que hace rato olvidó su furibundo duhaldismo, primero clamó contra el “manoseo” y el “ninguneo”; siguió pidiendo por favor que no lo dejaran afuera, y al final se conformó con un lugar poco expectante para su esposa. Moyano, en cambio, metió presión a la pareja presidencial, y aseguró a Héctor Recalde en la provincia, y a tres hombres en la ciudad. “Los elegimos a dedo”, se sinceró Moyano cuando le preguntaron cuál fue el mecanismo de selección, y enseguida disparó: “¿Quién no eligió a dedo a su candidato? A ver si ahora nos vamos a sorprender por una verdad que está a la vista de todos”.
Los empresarios del campo se lanzaron a una maratón de reuniones con todos los partidos, y colocaron sus hombres por todos lados. En cinco provincias, encabezan las listas del Acuerdo Cívico y Social, pero no despreciaron al radicalismo, al socialismo y otras variantes. El candidato de Formosa lo explicó clarito a Radio América: “Vamos en listas distintas, por partidos distintos, pero cuando haya que votar cosas referidas al campo, decidiremos juntos”.
Kirchner armó su lista con el gobernador Scioli, el vicegobernador Balestrini, el jefe de gabinete Sergio Massa y 45 intendentes, más sus esposas, yernos o hermanos. El toque farandulesco lo puso con Nacha Guevara, que confesó en el teatro de La Plata “Yo no estoy aquí para hablar de política. Yo no sé nada de política”.
En la ciudad de Buenos Aires, el PJ se encolumnó detrás de la candidatura del banquero del Partido Comunista Carlos Heller, seguido por Héctor “Tito” Nenna, histórico referente de la UTE-CTA; la ex radical, ahora kirchnerista, María José Lubertino; la viceministra de trabajo, Noemí Rial, y, en la pata moyanista, Mateo Romeo, hombre del SUTERH de Víctor Santa María; Claudio Palmieri, ladero de Omar Viviani en el sindicato de taxis, y el burócrata de los judiciales, Julio Piumato. Alberto Fernández tuvo que soltarle la mano a Aníbal Ibarra para respaldar a Heller, y Jorge Telerman debió renunciar a su precandidatura.
Peronistas hay por todos lados. En el PRO porteño, detrás de la renunciante Michetti, se destacan Esteban Bullrich y el hijo del célebre burócrata peronista Jorge Triacca. En la lista del PJ-PRO bonaerense hay lugar, detrás de De Narváez, Solá y Gladys González, la incondicional de Macri, para otro vástago de la burocracia sindical, Claudia Rucci.
Martín Sabbatella, que ganó la intendencia de Morón en la lista de Cristina Kirchner, hoy encabeza el “Nuevo Encuentro”, verdadera colectora kirchnerista, con Jorge Ceballos, de los defraudados Libres del Sur, apoyados por Víctor De Gennaro, de la CTA, y el PC. Otro sector de la CTA, con Claudio Lozano y Fabio Basteiro, unió sus fuerzas con Pino Solanas para presentarse en la ciudad.
Y así sigue el panorama en todo el país y en todos los partidos. Los aliados de ayer se enfrentan, y los que se odiaban acuerdan, en medio de un festival de impugnaciones y acusaciones de traición. Así funcionan las cosas cuando no hay principios, y sólo cuentan el oportunismo, y la plata que reciben para la campaña. Todas las listas oficializadas reciben jugosos aportes del estado para propaganda, el 70% en proporción a los votos obtenidos en la última elección, y el 30% en forma igualitaria. También hay dinero para la impresión de tantas boletas como electores tenga el distrito, que se suman a los montos nada despreciables que reciben anualmente los partidos políticos con personería legal por el solo hecho de estar inscriptos. Es cuestión de ser hábil con la rendición de cuentas para que siempre quede un vueltito.
Consigan más o menos bancas, e incluso si no consiguen ninguna, el solo hecho de participar del fraude electoral es un excelente negocio para cualquiera que juegue con las reglas de las elecciones, la mejor herramienta de la democracia burguesa. Esa máscara de legalidad y legitimidad, que también permite a la burguesía llenar sus bolsillos, como siempre, a costa de los trabajadores y el pueblo.

REPARTO DEL BOTÍN
Peronistas, oficialistas y no, radicales, opositores y no, “socialistas”, kirchneristas y antikirchneristas, progresistas y reformadores de todo tipo, burócratas sindicales cegetistas y ceteaístas, en suma, toda la infinita gama electoral, es decir, todos los políticos de la burguesía se sacan los trapitos al sol para obtener algún tipo de ventaja electoral. Gastan millonadas, recurren al fraude y a cualquier tipo de maniobra para colocarse cerquita del poder.
Este verdadero mamarracho electoral que presenciamos evidencia, con toda claridad, que el proceso electoral es “la lucha por el poder entre los distintos partidos burgueses y pequeño burgueses, que se reparten y se vuelven a repartir el ´botín´ de los puestos burocráticos”. Con esta justeza lo explicaba, en “El estado y la revolución”, Lenin, el dirigente máximo del Partido Bolchevique que supo llevar a la clase obrera rusa al poder
Casi cien años separan estas palabras de la actual realidad. Y aún así, la exactitud de esta sentencia es irreprochable. Y así será mientras subsista el capitalismo y la democracia burguesa, su más elaborada forma de dominación.

EL MAMARRACHO ELECTORAL

Todo, absolutamente todo, vale en la desenfrenada disputa por el reparto del bacalao. Unos anuncian que se postularán a cargos que nunca asumirán. Otros, renuncian a sus actuales mandatos para candidatearse a otros que no se sabe si terminarán. Una muestra cruda de la más efectiva arma de la democracia burguesa, el ritual electoral.
El Revolucionario Nº46 (Mayo de 2009)



En un patético sinceramiento del estilo peronista, el kirchnerismo anunció que sus boletas para las elecciones legislativas de junio estarán encabezadas por sus punteros, que no asumirán los cargos para los que sean elegidos. El jefe de gabinete Massa explicó que, así, gobernadores e intendentes “darán testimonio” de su adhesión. La expresión “candidatura testimonial” ingresó al léxico político para referirse a los que avisan que no asumirán el cargo para el que se proponen.
Claro que no todos estuvieron de acuerdo. Salvo el soldado Scioli, los gobernadores, en general, se negaron a poner en riesgo sus feudos apareciendo como sostenedores del devaluado kirchnerismo. Entre los intendentes, hubo de todo. Desde la vertical obediencia debida del caudillo de Ezeiza, Alejandro Granados, que declaró enseguida: “Ya soy candidato a concejal”, hasta el muy franco Hugo Curto, de Tres de Febrero, que explicó el mismo día: “Llevo cinco mandatos. Fui siempre intendente. ¿Voy a volver como concejal y renunciar? No es correcto”.
En las otras veredas del régimen calificaron la iniciativa, conocida internamente como “Operación Todos a la Cancha”, como “aberración” (Cobos), “disparate total, un grotesco” (Eduardo Duhalde) o “estafa electoral” (Giustiniani). Pero, a pesar de esos y otros alaridos en nombre de la “ética de la política”, maniobras semejantes se detectan a manos llenas en la historia argentina. En todos los tiempos, y bajo todos los colores, intendentes, gobernadores, ministros o vicepresidentes en ejercicio se han candidateado a otros cargos. Es verdaderamente secundario si renunciaron para asumir el cargo nuevo, o no. Ese detalle, intrascendente en los hechos, igual que cuando se presentan en distritos donde no nacieron y nunca vivieron, no alcanza para ocultar la identidad de situaciones, que muestra con claridad la función que cumplen los procesos electorales en la permanente búsqueda de consenso de la burguesía, usando, en estos casos, las figuras o nombres que el aparato puede asegurar que sean votados.
Así pasó con Filmus y Ginés González, ministros del gabinete nacional, “degradados” a imposible candidato a jefe de gobierno y diputado de la ciudad (que nunca asumió). Fue memorable el sainete de Rafael Bielsa, de diputado a precandidato a jefe de gobierno y luego casi embajador en Francia, y ahora posible compañero de fórmula del banquero Carlos Heller. Así lo hizo Duhalde, cuando dejó vacante la vicepresidencia nacional para competir por la gobernación bonaerense, y Macri, cuando era diputado. Lo hacen ahora Martín Sabatella, elegido intendente de Morón hace menos de un año y medio, y Gabriela Michetti, que, además, ya está avisando que en dos años vuelve a renunciar para disputar la jefatura de gobierno. Lo hace el radicalismo, al imponer a “Ricardito” Alfonsín, del que se ignora todo mérito personal, en las listas de la Coalición Cívica, a fuerza de apellido revalorizado post mortem. Ni hablar de Elisa Carrió, candidata a lo que sea, cinco minutos después de jurar que nunca más se va a presentar a nada, o de Felipe Solá, que acaba de renunciar a su banca... para volver a ocuparla desde otro rejunte electoral.
Todo vale para tener en las boletas algún nombre convocante, como lo reconoció al diario La Nación una fuente de la Casa Rosada que dijo que Kirchner “aceptará deserciones de los intendentes, pero pedirá un compromiso firme: por ejemplo, colocar a un familiar en las listas.”. Claro que hay algunos límites. Como tituló la revista Barcelona, “Néstor Kirchner negó que fuera a morirse para mejorar su posición en las encuestas”.
Los procesos electorales son presentados por sus defensores como el único escenario válido para expresar el disenso y encuadrar las protestas, extorsionando al pueblo con la aparente contradicción entre “democracia en general” y “dictadura en general”, dejando cuidadosamente de lado toda mención a qué clase gobierna. Pregonan la “paz social” con frases del tipo “si está disconforme, dígalo con su voto”, poniendo en evidencia su necesidad de obtener consenso y legitimación para garantizar la gobernabilidad y disipar la conflictividad social bajo el chantaje democrático. Como lo explicó claramente Lenin, la burguesía se esfuerza para “hallar argumentos ideológico-políticos para defender la dominación de los explotadores. Entre esos argumentos se esgrime particularmente la condenación de la dictadura y la defensa de la democracia”(1).
No se trata, entonces, de que estos precandidatos sean particularmente despreciables, ni que, con otros protagonistas más dignos, el resultado final pudiera cambiar. La democracia burguesa, y su herramienta predilecta, el rito electoral, no es otra cosa que una máquina para la opresión de la clase obrera por un puñado de capitalistas.
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NOTAS:
1) “Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado”, presentada al I Congreso de la III Internacional el 4 de marzo de 1919.

LA INTERNA DEL PJ: SE REACOMODA EL PARTIDO DE LA BURGUESÍA

El barco del kirchnerismo, tripulado sin mayor protocolo por todo tipo de especímenes de la variada fauna peronista, se está vaciando. Ante la necesidad de recambio, el peronismo se apresura a mudar la piel, como la serpiente cuando llega otra estación.

El Revolucionario Nº44 (Marzo de 2009)

El reacomodamiento del peronismo, donde prima la total ausencia de ética, moral y principios, muestra con crudeza la calaña del partido de la burguesía y sus hombres. Calaña que se hace extensiva a todos los partidos burgueses.
Después del alejamiento de los conversos de Libres del Sur y Bonasso, que poco los preocupó, comenzó el éxodo en el Frente para la Victoria.
Carlos Reutemann es buen ejemplo de que, para el peronismo, la única verdad es la oportunidad. Fue uno de los modelos más representativos de la década menemista, pero rechazó la candidatura que Duhalde le ofreció en 2002 porque, dijo, “vi algo que no me gustó”. Bajo su mandato se produjo en Santa Fe la fatal inundación, más atribuible al gobierno que a la naturaleza. Su policía, campeona del gatillo fácil, fusiló nueve manifestantes en diciembre de 2001. El año pasado, fue uno de los más decididos defensores de los intereses de la burguesía rural, que integra y representa. Votó contra el gobierno nacional varias veces: la 125, el blanqueo de capitales, la federalización de fondos de las AFJP y el impuesto al cheque.
Cuando lanzó su candidatura presidencial, no se definió kirchnerista, ni todo lo contrario, y alentó que Kirchner insinuara una bendición para el “sucesor”. Enseguida desairó a la presidenta, negándose a acompañarla a España, y, con las banderas del empresariado del campo en alto, rompió con el FPV, aclarando que, desde luego, no deja de ser peronista.
Felipe Solá, que gobernó la provincia de Buenos Aires cantando a coro con Kirchner, y encabezó la lista bonaerense del FPV en las últimas elecciones, se concubinó ahora con Macri y De Narváez, en abierto desafío al gobierno nacional(1).
Otro saltimbanqui, Juan Carlos Romero, decía, cuando era candidato a vice de Carlos Menem, “Kirchner viene a ser el Chacho Álvarez de 2003”. Pero, como gobernador de Salta, lo visitó asiduamente en su despacho, y, ya en el senado, fue premiado con la vicepresidencia primera. Ahora, acusando a la Casa Rosada de “intolerante, autoritaria y con visión estalinista”, renunció al bloque oficialista. La movida trajo euforia al empresariado rural, que el salteño también defiende. Durante el acto en Leones se interrumpió el discurso del presidente de la CRA, Mario Llambías, para anunciar por altoparlantes la noticia. El orador, de inmediato, improvisó: “Nos alegra que algunos legisladores se hayan jugado por sus provincias y otra vez vuelvan al origen, que es el pueblo”. Hubo más de media docena de rupturas semejantes de senadores y diputados nacionales en los días siguientes(2).
Del lado del “radicalismo K” también abundan las deserciones. Siguiendo el camino del vicepresidente Cobos, el rionegrino Pablo Verani, pionero de la extinguida Concertación Plural, desertó del kirchnerismo, y, cual hijo pródigo, se sumó a un interbloque con la UCR.
Hay movimientos semejantes en todos lados. El puntano Rodríguez Saá, el cordobés De la Sota y el catamarqueño Saadi cuentan porotos para decidir si se van con el peronista Reutemann o con el peronista Solá.
Mientras tanto, lo que queda del riñón kirchnerista, encarnado en el obsecuente Kunkel y algunos ministros, no se libra ni de ataques de la propia tropa, como cuando el alcahuete D’Elia llamó “lamebotas de los yanquis” a Sergio Massa, uno de cuyos asesores respondió con un escueto “descerebrado”.
Así como la “renovación” suplantó al peronismo de Bittel y Herminio Iglesias, y luego se sucedieron el menemismo y el kirchnerismo, el peronismo, experto en reinventarse a través de “nuevas” versiones de sí mismo, diversifica sus ofertas electorales para seguir siendo el partido que mejor representa los intereses de la burguesía.
...
NOTAS:
1) Ver “Y sigue, sigue el corso”, en este número.
2) Como Roxana Latorre, Jorge Obeid, Ariel Dalla Fontana, Walter Agosto, Sonia Escudero y María José Bongiorno, entre otros.

EL PARTIDO DE LA BURGUESÍA: LA ROSCA SIN FIN DE LA AGENDA ELECTORAL

Oficialistas y “opositores” se juntan y se separan según sus conveniencias pensando en las próximas elecciones.
El Revolucionario Nº43 (Febrero de 2009)

“A Néstor Kirchner lo desvela la suerte en las elecciones de octubre. Tanto, que ayer escondió rencores y citó en Olivos a los gobernadores Daniel Scioli (Buenos Aires) y Mario Das Neves (Chubut), dos de los que en los últimos tiempos se animaron a cuestionar algunas políticas del Gobierno”, informó La Nación en un artículo de título poco sutil: “Las fabulosas promesas de Kirchner para alinear la tropa peronista”. En el mismo sentido, tras gestiones llevadas a cabo por su hijo Máximo, Kirchner se reunió con el ex jefe de gabinete, Alberto Fernández. Convocó a los tres para que el peronismo gane, o haga el mejor papel posible, en sus respectivos distritos, prometiendo que van a tener participación en el armado de las listas oficialistas y garantía de su liderazgo local.
El acelerado deterioro del kirchnerismo adelantó el debate por la sucesión en 2011, y ya más de media docena de dirigentes del PJ compiten abiertamente por la candidatura presidencial. José De la Sota, Alberto Rodríguez Saá o Felipe Solá, proclaman un abierto antikirchnerismo, más o menos avalados, según el caso, por Eduardo Duhalde. Gerónimo Venegas, líder de las 62 Organizaciones y conductor de la UATRE (gremio de trabajadores rurales), aboga por un “peronismo puro... [porque] no se puede presidir el PJ y hablar de la Concertación, de la Transversalidad y del Frente para la Victoria”, mientras, en Pinamar, reapareció el sonriente Carlos Ruckauf, de la mano de Francisco De Narvaez. Carlos Reutemann, en cambio, se presenta como la “continuidad diferente”, y coquetea con el propio Kirchner.
Pero Kirchner sabe bien que sus opositores internos tienen diferencias de intereses, y que no han superado, en muchos casos, el descrédito ganado durante la gestión menemista, lo que le permite seguir operando sobre los indecisos y más “presentables”, como el ex corredor santafesino y el cordobés Schiaretti, o sus ex incondicionales como Fernández, Das Neves o Scioli.
Mientras el peronismo pone en marcha sus habituales mecanismos de acuerdos electorales, buscando el candidato que mejor exprese los intereses burgueses del momento, la llamada “oposición” hace más o menos lo mismo, al grito de “acordemos, que vienen las elecciones”. La UCR, la Coalición Cívica y el socialismo han encontrado problemas a la hora del armado electoral en los distritos más grandes. Los radicales mendocinos insisten en el diálogo con el vicepresidente Cobos, que Carrió y Morales tampoco descartan, para horror de Binner. Los cordobeses resienten el acuerdo de su archienemigo Luis Juez con Carrió. En Buenos Aires, Margarita Stolbizer resiste a Leopoldo Moreau y Federico Storani, dueños del aparato provincial, y los socialistas ponen el grito en el cielo por las conversaciones porteñas con López Murphy, con peronistas “no kirchneristas ni duhaldistas” y sectores no macristas del PRO, cuyo jefe bonaerense, Jorge Macri, plantea, a su vez, un acercamiento a Solá, De Narváez y la UCR..
Así se va conformando el rejunte, que podría incluir a Raúl Castells (MIJD) o Juan Carlos Alderete (PCR-CCC), cuya seducción fue encomendada al diputado “Toti” Flores, o De Angeli, convocado por Carrió, mientras almorzaban con “Chiquita” Legrand, a “asumir su responsabilidad en política”.
Finalmente, vendrán los acuerdos, que durarán lo que dure la conveniencia. Porque, sea kirchnerismo, antikirchnerismo u “oposición”, todos comparten programas y métodos, y el oportunismo, que los va corriendo de uno a otro cuadrado del mismo tablero.

LOS TRABAJADORES SON LA VARIABLE DE AJUSTE

Ante la coyuntura económica internacional, gobierno, empresarios y burocracia buscan mantener la prosperidad de los negocios de la burguesía en su conjunto. Para ello, echan el peso de la crisis sobre los trabajadores.
El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)

De negar los despidos, la burocracia pasó, inmediatamente, junto a las patronales, a acordarlos. Mientras se suceden reuniones entre gobierno, empresarios y burocracia sindical, para afrontar la crisis, los trabajadores, en sus fábricas, ya sufren directamente los embates. Por supuesto, en ningún momento, a la dirección sindical se le cruzó por la mente la idea de impulsar un mínimo plan de lucha contra los despidos, ni siquiera una movilización, como sí organiza, reiteradamente, para apoyar los anuncios del gobierno.
Cesantías entre los trabajadores más precarizados, reducciones salariales, suspensiones de las plantas permanentes y de turnos, reducción de horarios, recorte de horas extras, vacaciones obligadas, etc., son promovidas por las direcciones burocráticas como la antesala de los despidos y un futuro más negro. De hecho, solamente considerando a los trabajadores registrados, que representan apenas la mitad de la población ocupada y son los más “protegidos” por la ley, la cantidad de pérdidas de puestos de trabajo es alarmante. En el sector cárnico, además de 3.348 suspensiones, hubo ya 1.562 despedidos; entre los bancarios, otros 1.400; 1.200 en la industria de curtiembres; en el sector automotriz, fue afectada la labor de 11.974 empleados; y la lista sigue.
Sin duda, el caso más nombrado fue el de los trabajadores de la multinacional General Motors, en Santa Fe. Allí, el rol de la burocracia entregando obreros es aleccionador. A cambio de evitar los despidos, ésta pactó una reducción salarial a todos los operarios: a fines de 2009, cobrarán sólo el 40% de su sueldo actual. Las suspensiones previstas por la empresa afectarían a 160 obreros, pero la cúpula de SMATA la superó y propuso que los 2.300 empleados corrieran igual suerte. Como si se tratara de una conquista, Marcelo Barros, titular de la CGT provincial, declaró: “Queremos suspensiones rotativas para todos por igual.”. En la misma sintonía, los principales sindicatos petroleros acordaron con las empresas del sector (YPF, Total, Pan American, Pluspetrol, Chevron, Tecpetrol y Petrobrás) y el gobierno, el congelamiento salarial, suspendiendo “por el plazo de seis meses las negociaciones colectivas y paritarias vigentes”, a cambio del compromiso patronal de “no despedir gente”.
Ése, y no otro, es el papel de la burocracia sindical: reaseguro del gobierno y de empresarios.

EL ABC PERONISTA
Hace días, en la UIA, la presidenta, además de anunciar una batería de medidas todas favorables para los empresarios (como prórrogas y exenciones impositivas, deducción de aportes patronales), declaró: “Vamos a hacer todos, cada uno en su función que le toca, un esfuerzo para que, finalmente, podamos cumplir con ese objetivo de mantener la actividad.” En sintonía con ese planteo, el diputado y principal asesor jurídico cegetista, Héctor Recalde, señaló: “Las empresas y los trabajadores deben encontrar una manera conjunta de defenderse de la agresión exterior, la crisis internacional que no es nuestra, buscando razonablemente que cada uno ponga su parte.”
Siguiendo la doctrina peronista, llaman a armonizar los intereses opuestos de patrones y obreros, y a que cada parte sacrifique algo, pretendiendo, así, poner en pie de igualdad a los desiguales. En efecto, mientras los sectores empresariales que encabezan los despidos son quienes más se beneficiaron con estos años de kirchnerismo, gobierno, empresarios y burocracia echan el peso de la crisis sobre los trabajadores, y se lo hacen pagar con su puesto de trabajo o su salario, para beneficio de las patronales.
Tras el verso, que por estos días todos repiten a coro, de “sostener la actividad económica y los niveles de empleo”, la principal variable de ajuste, tal como siempre lo es bajo el capitalismo, son los trabajadores. La burocracia sindical lo garantiza.

EL PARTIDO DE LA BURGUESÍA: LOS REJUNTES ELECTORALES

El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)

Las elecciones, apuran el paso de los burgueses. Kirchner se aseguró el PJ bonaerense. Cual ratas que abandonan el barco que se hunde, los “transversales”, ninguneados desde hace rato, iniciaron su retirada y buscan reubicarse como “alternativa progresista”. Solá, con parte del duhaldismo, repite la vieja fórmula de ir por fuera de su partido. En tanto, la UCR y la Coalición Cívica suman sus miserias en un rejunte aliancista que espera tentar al socialismo y López Murphy.

Pese a que Néstor Kirchner se aseguró el aparato bonaerense, gran parte de las ratas huyen por los tirantes. De aquellos “referentes sociales” que convocaban a apoyar al gobierno “nacional y popular”, sólo quedan el incondicional D’Elía y el siempre peronista Pérsico.
Libres del Sur lanzó la candidatura de Jorge Ceballos y está armando, con Martín Sabatella y parte de la CTA, un “espacio político para enfrentar al PJ de Scioli, Ballestrini y los intendentes bonaerenses”. En la ciudad, Humberto Tumini llama a “unir a las fuerzas populares para enfrentar a la derecha reaccionaria” del PRO y del PJ local, en el que señala “el mismo componente de clientelismo, negociación con el poder y corrupción de siempre”. Para quienes se preguntan dónde está Bonasso, anda por España, acusando al gobierno de “mediocre”. Así, los que por años llamaron a evitar “el avance de la derecha”, hoy se retiran, silbando bajito.
Pero también hay fugas en el PJ, con el viejo esquema de “candidaturas por afuera”, como ya hicieron Herminio Iglesias, los “renovadores” cafieristas o, más acá, Hilda “Chiche” González. El ahora “disidente” Solá se llevó 22 legisladores nacionales a su nuevo bloque, “Unidad Peronista”. Hay viejas espadas duhaldistas, como el triple ex ministro de seguridad Juan José Álvarez y el ex presidente de la legislatura bonaerense, Osvaldo Mércuri. También, la otrora menemista rabiosa Paola Spátola, y el burócrata de la UATRE Gerónimo Venegas. Solá conversa con el empresario De Narváez y con Jorge Macri, pero también con Cobos y Stolbizer, ex radical aliada a Carrió.
Mientras, la presidenta de la Coalición Cívica, Carrió, y el titular de la UCR, Morales, anunciaron un frente para 2009. Se esforzaron, sin éxito, en disimular el oportunismo electoral del acuerdo. “Tenemos vocación conjunta para la construcción de una alternativa de gobernabilidad ética, republicana y con equidad social”, anunció Morales, mientras que su socia dijo: “Manifestamos nuestra convicción de construir una alternativa de gobierno sobre una base programática”.
La inicial oposición de Alfonsín pasó, por arte de magia, a explícito apoyo. Bastó que Morales lo visite para que una nueva carta desmintiera la anterior, y el ex presidente diera su bendición al proyecto.
Morales y Carrió esperan al Partido Socialista y a Luis Juez, y a pesar de algunas declaraciones, en apariencia duras, hay febriles contactos con sectores peronistas no kirchneristas, con radicales cobistas, sin excluir al propio vicepresidente, y con el nuevo sello de López Murphy, la Corriente Cívico Republicana.
Aunque hacen un descomunal esfuerzo para decir “frente”, “convergencia” o “coalición” en lugar de “alianza”, se huele el tufillo a más de lo mismo. El anuncio en el comité radical recordó aquel 8 de agosto de 1994, cuando Carlos “Chacho” Álvarez (Frente Grande), Federico Storani (UCR) y José Octavio Bordón (PJ) sellaron el acuerdo de El Molino, que parió la sociedad entre Álvarez y Bordón para las presidenciales de 1995, y en 1997, la Alianza, que inauguraría su gobierno con la masacre de Corrientes, para irse, desintegrada, pero siempre reprimiendo al pueblo, en diciembre de 2001.
Como entonces, el oficialismo peronista, imposibilitado de señalar diferencias reales con el otro sector de la burguesía que lo confronta, apela a la descalificación, facilitada por las similitudes históricas. De la Alianza, decía Menem: “Son la siniestra Unión Democrática”. Del nuevo rejunte, dice Kirchner: “Es un sector de la nueva derecha argentina, que actúa más por resentimiento que por convicción o ideas, que parece no tenerlas. Son las mismas caras, los mismos rostros que llenaron de desocupación la Argentina, de indigencia, de pobreza. Dios libre a la Argentina de esa nueva alianza”. Carrió se defendió diciendo que la Alianza “se armó en un programa de TV”, y recordó que Álvarez y muchos integrantes del gobierno de De la Rua hoy están en el kirchnerismo. En Suma, dentro o fuera del PJ, no hay sector de la burguesía que piense gobernar sin su “pata peronista”.
Verdades de ambos bandos, que no se distinguen ni en los argumentos que usan para atacarse, pues tienen en común la defensa de los empresarios, del pago de la deuda, del uso de la represión, es decir, la defensa de los intereses de la burguesía.

EL GOBIERNO PERONISTA PROFUNDIZA LA REPRESIÓN CONTRA LOS POBRES

El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)

Hay un puñado de capitalistas que vive en el lujo más escandaloso, mientras, entre la gran mayoría trabajadora, el nivel de pobreza es tan evidente que hasta en las cuidadas estadísticas de la CTA y la iglesia supera 1/3 de la población. Los hijos de la clase obrera hoy están sumergidos en la peor vida: la droga, la prostitución o la delincuencia. Es la vida miserable que impone la burguesía, para gozar ella de los lujos.
El pasar del trabajador se hace insoportable, con largas jornadas de trabajo, desempleo, magros salarios, falta de vivienda y seguridad social. A la coerción patronal, que impone malas condiciones de trabajo, sigue la represión estatal con su máquina disciplinadora: fuerzas represivas, cárceles, leyes y jueces van siempre contra los trabajadores. Sus métodos: detención, razzias, golpizas, encarcelamiento “preventivo”, condenas por robos de gallinas, torturas, gatillo fácil, o represión (“legal” e “ilegal”).
Por su clase y sus privilegios, cada nuevo gobierno de la burguesía aceita esta maquinaria. Al tiempo que intensifican el narcotráfico y la trata de blancas (donde los transas son siempre socios de los punteros gubernamentales y las fuerzas represivas), impulsan nuevas leyes para agudizar la represión contra los pobres.
Es lo que hace hoy el peronismo en el gobierno, cuando, Scioli como punta de lanza de los Kirchner, reclama cárcel para los chicos de 14 años. Expresa la voz del peronismo, partido único de la burguesía argentina, que se hace cargo de las tareas de su clase para profundizar la represión de los trabajadores. Por eso coincide con el jefe del PJ, quien exigió “que los jueces se pongan los pantalones largos” al día siguiente que su mujer disparó: “no puede ser que la policía detiene, detiene, y la justicia libera, libera”. Coincide, también, con todo el funcionariado judicial de la provincia, que pide más fondos para el sistema represivo y manifiesta su “preocupación” cuando algún niño (haya delinquido o no(1)) cae en manos del sistema penitenciario, aunque ni los jueces de la Corte, ni la Procuradora General de la provincia, que eso reclaman, digan una palabra sobre la explotación infantil, el narcotráfico, los grandes negociados gubernamentales, las redes de prostitución dirigidas por las fuerzas represivas, etc..
El peronismo, en voz de Scioli, expresa, en fin, a su clase y sus representantes políticos del peronismo, el radicalismo, el ibarrismo y demás lastres, como Scioli mismo lo recuerda: “Lean el proyecto que respaldo. Es el redactado por la senadora Vilma Ibarra, que cuenta con el aval del senador, Gerardo Morales y el legislador García Méndez, que fue presidente de UNICEF”.
La nueva responsable provincial de minoridad, Cristina Tabolaro(2) arranca su campaña para llevar presos a los chicos con un incremento de 190 millones a 300 millones para su área. Así, los disciplinados funcionarios kirchneristas se arremangan para la tarea represiva.
...
NOTAS:
1) La mayoría de los chicos de menos de 18 años dispuestos en institutos o similares, están sometidos a procesos “tutelares”, es decir, no están acusados de haber cometido delito alguno, sino que el estado los ha encerrado “para protegerlos”.
2) Ex subsecretaria de Felipe Solá y ex directora nacional de la ministra Alicia Kirchner.

LA “CLASE MEDIA” Y SUS PROFESORES DE LA ESTAFA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

Pacientemente los trabajadores se foguean en la lucha contra la explotación y la opresión; una lucha que no tendrá fin hasta que no se derribe la causa de esas miserias, el capitalismo. Por su parte, los capitalistas intervienen en defensa del régimen recurriendo al engaño y la represión. En nuestra prensa mensual exponemos reiteradamente estos artilugios de la burguesía para aplacar la lucha de los trabajadores y coartar toda perspectiva revolucionaria. En esta oportunidad, queremos destacar un aspecto de esta propaganda contra la lucha independiente de la clase obrera y la revolución, que es impulsada por los capitalistas y recogida por muchos que se consideran “consejeros” de los trabajadores, aunque más bien son repetidores de las teorías stalinistas de la alianza y subordinación de la clase obrera a la burguesía y la pequeña burguesía: nos referimos al insistente enaltecimiento de la “clase media”.

“¡La clase media debe aliarse con los trabajadores, y no con los poderosos, como la sociedad rural!”, gritaba Néstor Kirchner en los actos contra la banda de Miguens, Buzzi, De Angeli y compañía. Así, de la boca de un recauchutado del peronismo (cuadro de mediocre para malo) salía la línea que es seguida por la “izquierda del kirchnerismo” (y sostenida también por gran parte de la izquierda argentina y sus profesores1). Nos referimos a la adoración de la “clase media” y su ubicación como eje de las tareas políticas, lo que no es más que la subordinación de la lucha de los trabajadores a los tiempos y aspiraciones de la pequeña burguesía.
Estos “pensadores”, que tratan a los activistas de izquierda de “compañeros” y se consideran, también ellos, “revolucionarios” (mientras suelen cumplir sus puestos de funcionarios, escribas o apologistas de este gobierno cipayo), son hijos de la doctrina del “frente popular”, planteo trazado por el tristemente célebre Dimitrov, un alcahuete de Stalin, que terminó sus días en el paredón de su jefe. Estos últimos, traidores de la revolución bolchevique, inculcaron en sus seguidores la doctrina cuyo fondo era la negación de la lucha obrera por el poder y la alianza de los trabajadores con la “burguesía progresista”, política que replegó las pretensiones revolucionarias de la clase trabajadora para amoldarse a proyectos reformistas en el marco del capitalismo. Los stalinistas sostenían que había que contener las aspiraciones radicalizadas por la toma del poder, y que, en su lugar, había que contentarse con algunas concesiones, aspirar a un régimen capitalista más progresista, el que, según ellos, sentaría las bases sociales para avanzar gradual y pacíficamente hacia el socialismo. Numerosas experiencias históricas han seguido la línea stalinista, como lo ejemplifican la derrota popular tras la guerra civil española, coronada con un gobierno del “frente popular” que abandonó los reclamos obreros y entregó el gobierno a la burguesía, o la más cercana y también trágica experiencia del frente popular chileno de Allende, otra nueva derrota para los trabajadores que confiaron en un proyecto de “moderación” que se subordinaba al régimen burgués y su legalidad.
Pero, a pesar del tiempo y las experiencias históricas transcurridas, innumerables “pensadores” que se han atalonado en las comodidades de la “clase media”, repiten y actualizan continuamente este pensamiento antiobrero, cuyo eje es la subordinación de los trabajadores a las magras opciones de reforma que, a veces, le ofrece el capitalismo. Como antaño, el reclamo es el mismo: no avanzar demasiado rápido, no plantear cambios radicales, no pretender combatir “ahora mismo” al capitalismo... Por eso, es que estos “capitalistas de izquierda” encuentran sus íconos en los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, Ortega, e incluso Lula da Silva o Tabaré Vázquez... todos abiertos defensores del sistema actual y su médula, la propiedad privada. Y por eso, también catalogan de “sectarios” a quienes impulsamos un camino independiente de los trabajadores, enorme mayoría y única fuente de riqueza de la sociedad. En su lugar, prefieren hablar, como lo hace el stalinismo, que el sujeto revolucionario ya no es la clase obrera, sino el “sujeto-pueblo”, para licuar así a los capitalistas que consideran aliados y al conjunto de su tan adorada “clase media”.

PRIVILEGIOS DE “CLASE MEDIA”
De más está decir que ningún “burgués nacional” (sea tan conocido como Macri, Rocca, o Pérez Companc, o sea un amigo del gobierno más solapado, como los millonarios Cristóbal López o Eskenazi) tiene la más mínima afinidad con la clase obrera y su programa de abolición del capitalismo, que liquidará sus fortunas y arrancará sus privilegios, para socializar la economía nacional en beneficio del conjunto de los trabajadores. Tampoco comparten en lo más mínimo la lucha revolucionaria por el socialismo los pequeños explotadores, esos chacareros, comerciantes o pequeños empresarios que sólo son “chicos” por imposición de la competencia y cuyo esfuerzo por escalar posiciones en la estructura del capitalismo, se sostiene en la explotación del trabajo ajeno, habitualmente llevado a las más denigrantes condiciones en las cosechas en que se hace trabajar hasta a los chicos; en los talleres clandestinos, donde se llega a encerrar a los trabajadores; en los pequeños comercios donde se trabaja 12, 14 o 16 horas diarias...
Pero es bueno señalar también que la pequeña burguesía que no explota, pero vive en condiciones muy distintas a las de la clase obrera, que cuenta con sueldos que multiplican varias veces la media de los trabajadores y detenta un capital social inaccesible para un trabajador común: sus altos estudios, la posibilidad de obtener ayuda de sus pares y familiares, los contactos que le permiten acceder a mejores trabajos y demás privilegios que les da su condición social... esa “clase media” tiene también fuertes condicionamientos materiales que la aferran a una posición conservadora frente a la clase obrera y su lucha por la revolución.
Hoy, muchos “pensadores” e “intelectuales” que defienden y participan del gobierno están atados por un vínculo material a través de los cuantiosos ingresos que reciben, unos en forma directa, otros por los negocios que hacen. Así, por ejemplo, si uno revisa los nombres en la Carta de los Intelectuales que apoyaron al gobierno durante el conflicto con los empresarios del campo (en la que se mezclan sindicalistas, empresarios, banqueros, jefes partidarios, artistas, etc.), encontrará gente como Feinmann (que hace negocios desde el canal de TV estatal) u Horacio González (con su suntuoso sueldo como director de la Biblioteca Nacional). El coro de “pensadores” es largo. Incluye, por ejemplo, al delator Rubén Dri, quien junto con Manuel Gaggero no dudó en presentarse voluntariamente para declarar que nada tenía que ver con los militantes que entraron al cuartel de La Tablada. Se destacan también artistas como León Ferrari o Tato Pavlovsky (autodenominado marxista), que luego de comentar las “nimiedades” que les molestaban del documento2, decidieron apoyarlo por acordar en lo sustancial de la defensa del gobierno peronista. Ninguno de estos “pensadores” e “intelectuales” cuestiona que acá se “honra la deuda” y se respeta a rajatabla la “seguridad jurídica” de las privatizaciones hechas por el mismo PJ dirigido por Menem. Claro, señalar esto sería romper con este gobierno, y a la vez, cerrar las puertas a los jugosos emprendimientos (subsidios) a los que están invitados. Lo mismo sucede con los “artistas populares” que a cambio de prebendas que llegan a ser millonarias, se ubican junto al gobierno, participando en sus actos y campañas y defendiéndolo públicamente. Basta citar a León Gieco, Teresa Parodi, Mercedes Sosa y Adriana Varela, quienes por participar asiduamente en los actos kirchneristas fueron retribuidos por el gobierno con 830.000 tras su actuación en “Expo Zaragoza 2008”. Más vergonzoso es el caso de los conductores televisivos Coco Silly y Daniel Aráoz, quienes ofician de presentadores en los actos oficiales y a cambio consiguieron un contrato para canal 7 de nada menos que cinco millones de pesos3.

LOS PROFESORES DE LA ESTAFA
El eje en la “clase media” no lo sostienen sólo los “pensadores” que están en el gobierno y su “pata izquierda” (como son la fracción Libres del Sur, el Partido Comunista, el ibarrismo, y todos los que debaten en Página/12, con permiso de Verbitsky). También hay quienes posando de combativos e independientes, mantienen vínculos amistosos y de no agresión con este sector.
El economista y periodista Daniel Muchnik expresa muy bien a este sector. Este consejero de la burguesía trabaja denodadamente en rehacer la teoría de Dimitrov. En su libro “Negocios son negocios”, por ejemplo, refiriéndose a la Alemania pre-nazi de la República de Weimar durante su espiral híper-inflacionaria, de manera totalmente arbitraria, afirma que quien más sufrió fue la “clase media” (los rentistas, los pequeños empresarios, etc.). ¿De dónde saca este “gran profesor” que un pequeño burgués, que es propietario de su casa, cuyo valor aumenta con la inflación, la sufre más que un obrero? Lo que pasa es que Muchnik, como tantos “pensadores” apologistas de la “clase media”, toma partido por sus pares, no concibe otro sufrimiento más que el propio, y le aterra la idea de perder las comodidades y privilegios que poseé su clase.
Otro “gran profesor” que comulga con las mismas ideas es Atilio Borón, hombre que escribe en Página/12, diario con el que también tiene un pacto de no agresión. En la nota “Burgués sí, ¿pero reformista?”4, debate contra las ideas de Verbitsky y su defensa del gobierno. Para Borón, el recurso de agitar “un fantasmagórico ‘mal mayor’”, como lo hace Verbitsky, sería la justificación de “quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación”. Pero, a renglón seguido, defiende al gobierno diciendo que le “parece un disparate decir, como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem”, y convoca a exigir al kirchnerismo que “se atreva a ser un poquito reformista”, pues “... mientras maduran las complejas condiciones para su construcción [la del socialismo] es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos”, como si en tal “escandalosa situación” el gobierno nada tuviera que ver.
Deberíamos, por estas elucubraciones, darle un premio académico al “Profesor de la Estafa”, pues para este personaje, que suele transitar los pasillos de la izquierda y que escribe sobre el “socialismo”5, el kirchnerismo “no es lo mismo” que el menemismo… porque con este gobierno también hacen negocios él y su gente (el Centro Cultural de la Cooperación, el Partido Comunista Argentino, etc.). Este estafador (la burguesía cuenta con miles de “teóricos del disparate” en su historia) reconoce la inexorable continuidad en el pago de la deuda y el respeto a las privatizadas, pero ve una diferencia porque hay clases de “cocina revolucionaria”, como las que se transmiten por TV6 desde la ex ESMA. Como hoy los centros de tortura fueron transformados en centros culturales (cosa que con Menem ni soñaban), argumenta que este peronismo, que este gobierno, no sería “más de lo mismo”. Así, este estafador cumple con su papel de engañar, como cualquier charlatán de feria, al hacer pasar los elementos centrales y primarios (la dependencia, el pago de la deuda, la enajenación de la banca, los recursos estratégicos naturales en manos privadas, el saqueo, la explotación...) como si fueran secundarios, mostrando como fundamentales los centros culturales, los juicios a septuagenarios represores (hoy obsoletos para la burguesía) o los viajes a Venezuela y Cuba, que también él y los suyos disfrutan. Porque no es necesario tener un manejo al estilo “menemista” para estar atado por la materialidad. De hecho, estos intelectuales, profesionales, artistas y demás, defienden tan férreamente lo suyo, como aquellos la pizza con champagne. El hecho de que su moda no sea la ostentación, no quita que su posición no esté atalonada en un profundo conservadurismo a fuerza de “pequeños lujos”, como un viaje familiar en avión con estadía en Cuba, México, EEUU o Europa, una mucama en la casa, el hábito de comer afuera, una casa quinta de veraneo, el disfrute continuo de espectáculos y eventos artísticos de alto nivel, selectos vinos y sofisticadas comidas...
Estos adoradores de la “clase media” no siempre lo saben, pero comulgan con el estalinismo. Abstraen una parte del todo y la generalizan. Así, explican que el estalinismo es la tiranía, la burocracia “idiota y gris” como dice Muchnik, y no un todo antimarxista, contrario a los intereses de la clase obrera.
Siempre van a encontrar (inventar) teorías de lo “importante” e inevitable que es hacer eje en los sectores medios. Están hablando de ellos mismos, de sus comodidades, de sus privilegios. Pero sus susurros no hacen más que recordarnos que la tarea de los trabajadores pasa por un lugar diametralmente opuesto: lejos de las trabas y contemplaciones “clasemedieras”, debemos desarrollar nuestra organización independiente, capaz de enfrentar por todos los medios, y hasta las últimas consecuencias, este sistema de injusticias, para acabar, de una vez por todas, con los privilegios de unos pocos y conquistar el bienestar del conjunto de la clase obrera.
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NOTAS:
1. Si bien en esta nota no nos ocuparemos de este asunto, es bueno recordar el intento permanente que gran parte de la izquierda argentina hace por ganar la simpatía de la clase media, entregando enormes esfuerzos a esa tarea. Incluyen abiertos llamamientos a la alianza con los pequeños capitalistas urbanos y agrarios, ya sea defendiendo a las hiper-explotadoras PyMES, ya sea acompañando a la Federación Agraria y con ella a la Sociedad Rural y demás magnates agrícolas. Pero también hay búsquedas más solapadas para ganar el apoyo de la pequeña burguesía por medio de las campañas electorales, o movilizando allí donde la clase media va con sus consignas: haciendo campañas “ciudadanas” contra las “megatorres”, o acompañando a Blumberg en su marcha para ganar la simpatía de los promotores de la “seguridad” (o el garrote).
2 Tanto Ferrari como Pavlovsky objetaron que no se mencionaran temas como la personería gremial de la CTA. Sin embargo nada dijeron del superpago de la deuda externa, la pervivencia de un enorme índice de pobreza, del crecimiento de la explotación infantil, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de drogas a costa de la degradación de los jóvenes más humildes, etc., etc., etc... todo profundizado por el gobierno actual.
3. El detalle de estos negociados fue publicado por la revista Noticias el 31/10/08, en su nota de tapa: “Canciones para la corona”.
4. Página/12, 29 de abril de 2008
5. Recientemente publicó un libro titulado “El socialismo en el siglo XXI”.
6. La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, por su apoyo al gobierno, ha sido retribuida con grandes sumas y premios. Uno de ellos es un programa en canal 7 donde, entre otras cosas, da cursos de cocina desde el predio de la ESMA, centro de tortura de los secuestrados durante la dictadura.

EL PARTIDO DE LA BURGUESÍA: EL “CLÁSICO” DE LA “INTERNA” PERONISTA

El Revolucionario Nº40 (Octubre de 2008)

“Este país no sale para adelante porque en el gobierno son unos burros y no se les cae una idea para el desarrollo de la producción”, declaró Eduardo Duhalde a mediados de septiembre. En sintonía, el ex ministro de economía Lousteau también arremetió contra los Kirchner: “Por la nula capacidad de delegar que tienen, se toman decisiones en 15 o 30 minutos. Las medidas de gobierno se deciden entre los dos, con preponderancia de él”.
Los diarios se llenaron de catastróficos anuncios sobre el enfrentamiento interno del PJ, obviando que ésa es su dinámica constante. El peronismo, cuando ve que su modelo en ejercicio se va agotando, genera sus propios recambios. Después de una confrontación de duración variable, con apariencia de gran cisma, produce una nueva versión de sí mismo. En menos tiempo que el necesario para contarlo, todo el partido se vuelve a encolumnar disciplinadamente, hasta que haya que volver a cambiar algo.
Eduardo Duhalde es buen ejemplo de ese mecanismo típico del peronismo. Después de la derrota electoral de 1983, se enroló decididamente en la “renovación”, junto a Cafiero y Grosso. En 1989, abandonó a Cafiero y apoyó a Menem, con quien ganó la presidencial de mayo. En 1999, encabezó la “oposición” contra Menem. Perdió frente a la Alianza, parte también del peronismo, y anunció su retiro de la vida pública.
En 2001 volvió como senador, y se ubicó como el “salvador” de la crisis. A principios de 2003, volvió a anunciar el retiro y eligió a Kirchner como su delfín, al que hoy llama “burro sin ideas”.
Como dijo el ex canciller Bielsa, cuando le reprocharon que, en reemplazo de Béliz, Kirchner nombró a Iribarne, un menemista: “¿Y quién del peronismo no estuvo en su momento con Menem?”. O con Isabelita, con Luder, con Cafiero, con Kirchner o con Duhalde... También lo explicó con claridad Juan Manuel De la Sota, al referirse a la situación dentro del PJ: “Cuando los intendentes del conurbano vean que pierden, volverán con Duhalde”.
Nada nuevo bajo el sol en la “interna” peronista. Ruidosos movimientos intestinos, que conducen, una y otra vez, a comprobar que el PJ, el partido más útil a la burguesía, es especialista en parir una nueva versión para cada ocasión.

LOS ’90 SON AHORA: EL KIRCHNERISMO, CONTINUIDAD DEL MENEMISMO

El gobierno y sus defensores no pierden oportunidad para criticar “la fiesta de los ‘90” y tratar de diferenciarse, pero los hechos demuestran que el menemismo y el kirchnerismo son dos versiones de lo mismo: el peronismo, que puede cambiar de estilo, pero nunca dejará de ser gerente y socio menor del imperialismo.
El Revolucionario Nº39 (Septiembre de 2008)

En los ’90, una mujer fue la encarnadura de la “fiesta menemista”, ese período durante el cual “se achicó el estado para agrandar la nación”, como decía la propaganda oficial, a fuerza de corrupción, coimas y negociados. Nadie representa mejor ese capítulo de la reciente historia argentina que María Julia Alsogaray, la hija del ministro de economía de todas las dictaduras y poli-funcionaria durante los dos gobiernos del peronista Carlos Menem. Heredera de una de las más rancias familias, acostumbrada a una vida de lujos y “glamour”, llevó adelante la mayoría de las privatizaciones, como Entel o Somisa, y produjo memorables negociados, como la “limpieza del Riachuelo” o la “aeroisla”, proyectos que costaron millones para quedar... en proyectos.
Cuando, ya en el siglo XXI, estuvo presa por un rato en celda de lujo, el entonces presidente Kirchner dijo a los medios, con una sonrisa beatífica en los labios: “Está bien. En este país tiene que haber justicia”. Las acusaciones eran duras: tras diez años en el poder, “la ingeniera” había aumentado su fortuna en dos millones de pesos. Tenía un “petit hotel” de 650 metros cuadrados en el barrio de Recoleta y un departamento frente al Central Park de Nueva York, y llegó a gastar u$s200 mil en su fiesta de cumpleaños número 47.
Pero si comparamos lo robado por la emblemática menemista con lo que, en la mitad del tiempo, llevan acumulado el matrimonio Kirchner y sus ministros, lo de María Julia parece apenas un vuelto redondeado sin querer. ¿Qué son unos pobres dos millones de pesos en 10 años, frente a los once que aumentó el patrimonio de Néstor Kirchner desde 2003? Sólo en 2007, según su declaración jurada, el ex presidente ganó cinco millones de pesos, según él, por alquilar sus inmuebles(1).
María Julia, con su tapado de zorro en la tapa de Noticias, no es tan diferente a Cristina, con sus modelos exclusivos, sus carteras, anillos y relojes que valen, en promedio, un año de trabajo de un obrero. Y si miramos más allá, encontraremos que son muchas más las similitudes que las diferencias.
Las “relaciones carnales” con EEUU, como decía el canciller Di Tella, con el embajador Todman manejando la política, son ahora las “relaciones maduras y serias” de Taiana y Timerman. El embajador Wayne se reúne cuando quiere con ministros, gobernadores e intendentes, y los dirige a gusto del Departamento de Estado(2). Si Menem y Bush padre eran “del mismo palo”, ¿qué decir del presidente que tocó la campanita en Wall Street o la presidenta que lanzó su campaña en el Council of the Americas(3)? Los Kirchner ya se olvidaron de la perdedora Sra. de Clinton y de que Cristina era “la Hillary argentina”, para empezar a adular al ganador de la interna demócrata, Barak Obama. Igual de rápido se olvidarán de Obama si llega a ganar Mc Cain...
Tropas en Haití, pago compulsivo de la deuda, leyes “antiterroristas”, marines en nuestros ríos y puertos, son sólo algunos ejemplos de un nivel de dependencia que poco tiene que envidiar a su antecesor de los ’90.
En materia de negociados y corruptela, ¿quién extraña a Gostanián, teniendo a Rudy Ulloa y De Vido? Y aunque no tengamos en Córdoba, como anunciara el inefable riojano, la plataforma de lanzamiento de “esas naves espaciales que van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera y desde ahí elegir el lugar adonde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podemos estar en Japón, en Corea o en cualquier parte del mundo”, tenemos, en cambio, el proyecto del tren bala.
Los ’90 nos dieron el escándalo IBM-Banco Nación, el contrabando de armas a Croacia y Ecuador con el “condimento” fatal de la voladura de Río Tercero, la leche podrida, el diputrucho, la pista de Anillaco, el Swiftgate o las valijas de Amira Yoma, reemplazados ahora por el escándalo de Skanska, la venta de armas de Garré, la bolsa de Miceli, los negocios inmobiliarios en El Calafate, los desaparecidos fondos de Santa Cruz, la narco-línea Southern Winds, la malversación de Picolotti, narcos como Forza financiando la campaña del Frente para la victoria y su “nueva política”, y, por supuesto, las valijas de Antonini.
Los tarifazos, los recortes a las jubilaciones, la pérdida del poder adquisitivo del salario, las concesiones fraudulentas, los subsidios a las privatizadas, los funcionarios y empresarios que hicieron fortuna, los índices truchos... fueron en los ’90 y son ahora.
Represión a las movilizaciones populares; Luis Cuéllar y Carlos Fuentealba; militarización de Las Heras, el Hospital Francés o las escuelas de Río Gallegos; presos políticos; gatillo fácil; tortura sistemática; masacres en las cárceles como Magdalena o Santiago del Estero; Julio López; patotas y batata-entries: Kirchner, y no Menem, lo hizo.
La fiesta sigue, apenas con algún cambio de nombres. Sigue también una misma manera de asegurar los privilegios de los afortunados asistentes al convite para enriquecerse a costa de los trabajadores y el pueblo. La fiesta no es menemista ni kirchnerista. Es la fiesta peronista. Es el peronismo, el mejor alumno del imperialismo. Es el PJ, el partido que mejor defiende los intereses de la burguesía.
...
NOTAS:
1) Ver “Gobierno de millonarios”, en esta edición.
2) Ver “Virreyes muy atareados”, en ER Nº37, julio de 2008.
3) Ver “El gobierno kirchnerista hace los deberes”, en esta edición.