Cerraron las listas, y quedó conformado el mapa de rejuntes que disputarán los votos, o sea, cargos y plata, el 28 de junio.
El Revolucionario Nº47 (Junio de 2009)
La conformación de las alianzas, los frentes y sus listas es siempre una muestra de que el negocio y la oportunidad dirigen las acciones de los que convocan al pueblo a votarlos. Pero pocas veces eso se ve tan bien como en esta ocasión. Candidatos que avisan que no van a asumir; otros que juegan a la oposición de lo que apoyaban hasta ayer; los que renuncian para volver a presentarse; los que dicen que no son oficialistas pero arman “listas colectoras”, en fin, un sinnúmero de artilugios que muestra a las claras que su única verdad, es la oportunidad.
Moyano y D’Elía, cada uno con su estilo, reclamaron al PJ kirchnerista un lugar en el reparto. El piquetero, que hace rato olvidó su furibundo duhaldismo, primero clamó contra el “manoseo” y el “ninguneo”; siguió pidiendo por favor que no lo dejaran afuera, y al final se conformó con un lugar poco expectante para su esposa. Moyano, en cambio, metió presión a la pareja presidencial, y aseguró a Héctor Recalde en la provincia, y a tres hombres en la ciudad. “Los elegimos a dedo”, se sinceró Moyano cuando le preguntaron cuál fue el mecanismo de selección, y enseguida disparó: “¿Quién no eligió a dedo a su candidato? A ver si ahora nos vamos a sorprender por una verdad que está a la vista de todos”.
Los empresarios del campo se lanzaron a una maratón de reuniones con todos los partidos, y colocaron sus hombres por todos lados. En cinco provincias, encabezan las listas del Acuerdo Cívico y Social, pero no despreciaron al radicalismo, al socialismo y otras variantes. El candidato de Formosa lo explicó clarito a Radio América: “Vamos en listas distintas, por partidos distintos, pero cuando haya que votar cosas referidas al campo, decidiremos juntos”.
Kirchner armó su lista con el gobernador Scioli, el vicegobernador Balestrini, el jefe de gabinete Sergio Massa y 45 intendentes, más sus esposas, yernos o hermanos. El toque farandulesco lo puso con Nacha Guevara, que confesó en el teatro de La Plata “Yo no estoy aquí para hablar de política. Yo no sé nada de política”.
En la ciudad de Buenos Aires, el PJ se encolumnó detrás de la candidatura del banquero del Partido Comunista Carlos Heller, seguido por Héctor “Tito” Nenna, histórico referente de la UTE-CTA; la ex radical, ahora kirchnerista, María José Lubertino; la viceministra de trabajo, Noemí Rial, y, en la pata moyanista, Mateo Romeo, hombre del SUTERH de Víctor Santa María; Claudio Palmieri, ladero de Omar Viviani en el sindicato de taxis, y el burócrata de los judiciales, Julio Piumato. Alberto Fernández tuvo que soltarle la mano a Aníbal Ibarra para respaldar a Heller, y Jorge Telerman debió renunciar a su precandidatura.
Peronistas hay por todos lados. En el PRO porteño, detrás de la renunciante Michetti, se destacan Esteban Bullrich y el hijo del célebre burócrata peronista Jorge Triacca. En la lista del PJ-PRO bonaerense hay lugar, detrás de De Narváez, Solá y Gladys González, la incondicional de Macri, para otro vástago de la burocracia sindical, Claudia Rucci.
Martín Sabbatella, que ganó la intendencia de Morón en la lista de Cristina Kirchner, hoy encabeza el “Nuevo Encuentro”, verdadera colectora kirchnerista, con Jorge Ceballos, de los defraudados Libres del Sur, apoyados por Víctor De Gennaro, de la CTA, y el PC. Otro sector de la CTA, con Claudio Lozano y Fabio Basteiro, unió sus fuerzas con Pino Solanas para presentarse en la ciudad.
Y así sigue el panorama en todo el país y en todos los partidos. Los aliados de ayer se enfrentan, y los que se odiaban acuerdan, en medio de un festival de impugnaciones y acusaciones de traición. Así funcionan las cosas cuando no hay principios, y sólo cuentan el oportunismo, y la plata que reciben para la campaña. Todas las listas oficializadas reciben jugosos aportes del estado para propaganda, el 70% en proporción a los votos obtenidos en la última elección, y el 30% en forma igualitaria. También hay dinero para la impresión de tantas boletas como electores tenga el distrito, que se suman a los montos nada despreciables que reciben anualmente los partidos políticos con personería legal por el solo hecho de estar inscriptos. Es cuestión de ser hábil con la rendición de cuentas para que siempre quede un vueltito.
Consigan más o menos bancas, e incluso si no consiguen ninguna, el solo hecho de participar del fraude electoral es un excelente negocio para cualquiera que juegue con las reglas de las elecciones, la mejor herramienta de la democracia burguesa. Esa máscara de legalidad y legitimidad, que también permite a la burguesía llenar sus bolsillos, como siempre, a costa de los trabajadores y el pueblo.
REPARTO DEL BOTÍN
Peronistas, oficialistas y no, radicales, opositores y no, “socialistas”, kirchneristas y antikirchneristas, progresistas y reformadores de todo tipo, burócratas sindicales cegetistas y ceteaístas, en suma, toda la infinita gama electoral, es decir, todos los políticos de la burguesía se sacan los trapitos al sol para obtener algún tipo de ventaja electoral. Gastan millonadas, recurren al fraude y a cualquier tipo de maniobra para colocarse cerquita del poder.
Este verdadero mamarracho electoral que presenciamos evidencia, con toda claridad, que el proceso electoral es “la lucha por el poder entre los distintos partidos burgueses y pequeño burgueses, que se reparten y se vuelven a repartir el ´botín´ de los puestos burocráticos”. Con esta justeza lo explicaba, en “El estado y la revolución”, Lenin, el dirigente máximo del Partido Bolchevique que supo llevar a la clase obrera rusa al poder
Casi cien años separan estas palabras de la actual realidad. Y aún así, la exactitud de esta sentencia es irreprochable. Y así será mientras subsista el capitalismo y la democracia burguesa, su más elaborada forma de dominación.