El “Partido de la Justicia”

Néstor Kirchner, gran propagandista de la “independencia del poder judicial”, según él, recuperada gracias a sus decisiones, como la “renovación” de la Corte, acuñó ahora la expresión “partido judicial”, dedicada a los jueces que, “junto a Clarín, Cobos, parte de la oposición y los medios” integran una “conspiración destituyente”. Aníbal Fernández incorporó la idea de inmediato, que hoy aparece en los discursos del riñón kirchnerista, incluyendo títulos como la nota de tapa de la Revista Veintitrés: “Los jueces ultracatólicos que favorecen a represores y empresarios”.
La mayoría de esos jueces “derechistas, ultramontanos y reaccionarios” estuvieron en funciones por años y cumplieron a pies juntillas con el ejecutivo de turno. Es que los jueces, lejos de la imagen sacralizada del que “dice el derecho” y sólo “habla por sus sentencias”, no son lerdos para advertir los periódicos recambios de las fracciones burguesas en la gerencia del estado. Sin rubores ni conflictos éticos, saben anticiparse, y se acomodan cuando ven que va a cambiar el viento.
Aunque esto se ve en todos los fueros, es más evidente en los que tienen injerencia en temas de voltaje político, como los federales, encargados de enjuiciar funcionarios, o los contencioso administrativos, competentes en lo vinculado a la validez de los actos administrativos de gobierno.
Más de un juez “de la servilleta” de Corach, como Romilda Servini de Cubría o Norberto Oyarbide, adhirieron entusiastas al gobierno radical-peronista de la Alianza, luego juraron fidelidad al duhaldismo, y más tarde se esforzaron por satisfacer al kirchnerismo. Ahora, previsores, abandonan a su amo decadente y se preparan para estar al servicio del que venga.
El mismo proceso de “deskirchnerización” muestran los que nombró este gobierno, como los integrantes más nuevos de la Corte. Lorenzetti hasta fue mencionado como posible compañero de fórmula de Cobos, mientras Zaffaroni, Argibay y Highton ya abjuraron de los Kirchner con tanta facilidad como lo hicieron, antes, Fayt con los radicales o Maqueda con el duhaldismo, al que seguramente ahora volverá, obediente.
Es que, más allá de los gobiernos, el poder judicial sabe que es el garante de la legitimidad del sistema, sin que incómodas ideas de justicia o igualdad interfieran en su principal tarea, siempre al servicio de los que representen a la clase explotadora en cada etapa.