Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)
Pacientemente los trabajadores se foguean en la lucha contra la explotación y la opresión; una lucha que no tendrá fin hasta que no se derribe la causa de esas miserias, el capitalismo. Por su parte, los capitalistas intervienen en defensa del régimen recurriendo al engaño y la represión. En nuestra prensa mensual exponemos reiteradamente estos artilugios de la burguesía para aplacar la lucha de los trabajadores y coartar toda perspectiva revolucionaria. En esta oportunidad, queremos destacar un aspecto de esta propaganda contra la lucha independiente de la clase obrera y la revolución, que es impulsada por los capitalistas y recogida por muchos que se consideran “consejeros” de los trabajadores, aunque más bien son repetidores de las teorías stalinistas de la alianza y subordinación de la clase obrera a la burguesía y la pequeña burguesía: nos referimos al insistente enaltecimiento de la “clase media”.
“¡La clase media debe aliarse con los trabajadores, y no con los poderosos, como la sociedad rural!”, gritaba Néstor Kirchner en los actos contra la banda de Miguens, Buzzi, De Angeli y compañía. Así, de la boca de un recauchutado del peronismo (cuadro de mediocre para malo) salía la línea que es seguida por la “izquierda del kirchnerismo” (y sostenida también por gran parte de la izquierda argentina y sus profesores1). Nos referimos a la adoración de la “clase media” y su ubicación como eje de las tareas políticas, lo que no es más que la subordinación de la lucha de los trabajadores a los tiempos y aspiraciones de la pequeña burguesía.
Estos “pensadores”, que tratan a los activistas de izquierda de “compañeros” y se consideran, también ellos, “revolucionarios” (mientras suelen cumplir sus puestos de funcionarios, escribas o apologistas de este gobierno cipayo), son hijos de la doctrina del “frente popular”, planteo trazado por el tristemente célebre Dimitrov, un alcahuete de Stalin, que terminó sus días en el paredón de su jefe. Estos últimos, traidores de la revolución bolchevique, inculcaron en sus seguid

ores la doctrina cuyo fondo era la negación de la lucha obrera por el poder y la alianza de los trabajadores con la “burguesía progresista”, política que replegó las pretensiones revolucionarias de la clase trabajadora para amoldarse a proyectos reformistas en el marco del capitalismo. Los stalinistas sostenían que había que contener las aspiraciones radicalizadas por la toma del poder, y que, en su lugar, había que contentarse con algunas concesiones, aspirar a un régimen capitalista más progresista, el que, según ellos, sentaría las bases sociales para avanzar gradual y pacíficamente hacia el socialismo. Numerosas experiencias históricas han seguido la línea stalinista, como lo ejemplifican la derrota popular tras la guerra civil española, coronada con un gobierno del “frente popular” que abandonó los reclamos obreros y entregó el gobierno a la burguesía, o la más cercana y también trágica experiencia del frente popular chileno de Allende, otra nueva derrota para los trabajadores que confiaron en un proyecto de “moderación” que se subordinaba al régimen burgués y su legalidad.
Pero, a pesar del tiempo y las experiencias históricas transcurridas, innumerables “pensadores” que se han atalonado en las comodidades de la “clase media”, repiten y actualizan continuamente este pensamiento antiobrero, cuyo eje es la subordinación de los trabajadores a las magras opciones de reforma que, a veces, le ofrece el capitalismo. Como antaño, el reclamo es el mismo: no avanzar demasiado rápido, no plantear cambios radicales, no pretender combatir “ahora mismo” al capitalismo... Por eso, es que estos “capitalistas de izquierda” encuentran sus íconos en los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, Ortega, e incluso Lula da Silva o Tabaré Vázquez... todos abiertos defensores del sistema actual y su médula, la propiedad privada. Y por eso, también catalogan de “sectarios” a quienes impulsamos un camino independiente de los trabajadores, enorme mayoría y única fuente de riqueza de la sociedad. En su lugar, prefieren hablar, como lo hace el stalinismo, que el sujeto revolucionario ya no es la clase obrera, sino el “sujeto-pueblo”, para licuar así a los capitalistas que consideran aliados y al conjunto de su tan adorada “clase media”.
PRIVILEGIOS DE “CLASE MEDIA”
De más está decir que ningún “burgués nacional” (sea tan conocido como Macri, Rocca, o Pérez Companc, o sea un amigo del gobierno más solapado, como los millonarios Cristóbal López o Eskenazi) tiene la más mínima afinidad con la clase obrera y su programa de abolición del capitalismo, que liquidará sus fortunas y arrancará sus privilegios, para socializar la economía nacional en beneficio del conjunto de los trabajadores. Tampoco comparten en lo más mínimo la lucha revolucionaria por el socialismo los pequeños explotadores, esos chacareros, comerciantes o pequeños empresarios que sólo son “chicos” por imposición de la competencia y cuyo esfuerzo por escalar posiciones en la estructura del capitalismo, se sostiene en la explotación del trabajo ajeno, habitualmente llevado a las más denigrantes condiciones en las cosechas en que se hace trabajar hasta a los chicos; en los talleres clandestinos, donde se llega a encerrar a los trabajadores; en los pequeños comercios donde se trabaja 12, 14 o 16 horas diarias...
Pero es bueno señalar también que la pequeña burguesía que no explota, pero vive en condiciones muy distintas a las de la clase obrera, que cuenta con sueldos que multiplican varias veces la media de los trabajadores y detenta un capital social inaccesible para un trabajador común: sus altos estudios, la posibilidad de obtener ayuda de sus pares y familiares, los contactos que le per

miten acceder a mejores trabajos y demás privilegios que les da su condición social... esa “clase media” tiene también fuertes condicionamientos materiales que la aferran a una posición conservadora frente a la clase obrera y su lucha por la revolución.
Hoy, muchos “pensadores” e “intelectuales” que defienden y participan del gobierno están atados por un vínculo material a través de los cuantiosos ingresos que reciben, unos en forma directa, otros por los negocios que hacen. Así, por ejemplo, si uno revisa los nombres en la Carta de los Intelectuales que apoyaron al gobierno durante el conflicto con los empresarios del campo (en la que se mezclan sindicalistas, empresarios, banqueros, jefes partidarios, artistas, etc.), encontrará gente como Feinmann (que hace negocios desde el canal de TV estatal) u Horacio González (con su suntuoso sueldo como director de la Biblioteca Nacional). El coro de “pensadores” es largo. Incluye, por ejemplo, al delator Rubén Dri, quien junto con Manuel Gaggero no dudó en presentarse voluntariamente para declarar que nada tenía que ver con los militantes que entraron al cuartel de La Tablada. Se destacan también artistas como León Ferrari o Tato Pavlovsky (autodenominado marxista), que luego de comentar las “nimiedades” que les molestaban del documento2, decidieron apoyarlo por acordar en lo sustancial de la defensa del gobierno peronista. Ninguno de estos “pensadores” e “intelectuales” cuestiona que acá se “honra la deuda” y se respeta a rajatabla la “seguridad jurídica” de las privatizaciones hechas por el mismo PJ dirigido por Menem. Claro, señalar esto sería romper con este gobierno, y a la vez, cerrar las puertas a los jugosos emprendimientos (subsidios) a los que están invitados. Lo mismo sucede con los “artistas populares” que a cambio de prebendas que llegan a ser millonarias, se ubican junto al gobierno, participando en sus actos y campañas y defendiéndolo públicamente. Basta citar a León Gieco, Teresa Parodi, Mercedes Sosa y Adriana Varela, quienes por participar asiduamente en los actos kirchneristas fueron retribuidos por el gobierno con 830.000 tras su actuación en “Expo Zaragoza 2008”. Más vergonzoso es el caso de los conductores televisivos Coco Silly y Daniel Aráoz, quienes ofician de presentadores en los actos oficiales y a cambio consiguieron un contrato para canal 7 de nada menos que cinco millones de pesos3.
LOS PROFESORES DE LA ESTAFA
El eje en la “clase media” no lo sostienen sólo los “pensadores” que están en el gobierno y su “pata izquierda” (como son la fracción Libres del Sur, el Partido Comunista, el ibarrismo, y todos los que debaten en Página/12, con permiso de Verbitsky). También hay quienes posando de combativos e independientes, mantienen vínculos amistosos y de no agresión con este sector.
El economista y periodista Daniel Muchnik expresa muy bien a este sector. Este consejero de la burguesía trabaja denodadamente en rehacer la teoría de Dimitrov. En su libro “Negocios son negocios”, por ejemplo, refiriéndose a la Alemania pre-nazi de la República de Weimar durante su espiral híper-inflacionaria, de manera totalmente arbitraria, afirma que quien más sufrió fue la “clase media” (los rentistas, los pequeños empresarios, etc.). ¿De dónde saca este “gran profesor” que un pequeño burgués, que es propietario de su casa, cuyo valor aumenta con la inflación, la sufre más que un obrero? Lo que pasa es que Muchnik, como tantos “pensadores” apologistas de la “clase media”, toma partido por sus pares, no concibe otro sufrimiento más que el propio, y le aterra la idea de perder las comodidades y privilegios que poseé su clase.
Otro “gran profesor” que comulga con las mismas ideas es Atilio Borón, hombre que escribe en Página/12, diario con el que también tiene un pacto de no agresión. En la nota

“Burgués sí, ¿pero reformista?”4, debate contra las ideas de Verbitsky y su defensa del gobierno. Para Borón, el recurso de agitar “un fantasmagórico ‘mal mayor’”, como lo hace Verbitsky, sería la justificación de “quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación”. Pero, a renglón seguido, defiende al gobierno diciendo que le “parece un disparate decir, como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem”, y convoca a exigir al kirchnerismo que “se atreva a ser un poquito reformista”, pues “... mientras maduran las complejas condiciones para su construcción [la del socialismo] es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos”, como si en tal “escandalosa situación” el gobierno nada tuviera que ver.
Deberíamos, por estas elucubraciones, darle un premio académico al “Profesor de la Estafa”, pues para este personaje, que suele transitar los pasillos de la izquierda y que escribe sobre el “socialismo”5, el kirchnerismo “no es lo mismo” que el menemismo… porque con este gobierno también hacen negocios él y su gente (el Centro Cultural de la Cooperación, el Partido Comunista Argentino, etc.). Este estafador (la burguesía cuenta con miles de “teóricos del disparate” en su historia) reconoce la inexorable continuidad en el pago de la deuda y el respeto a las privatizadas, pero ve una diferencia porque hay clases de “cocina revolucionaria”, como las que se transmiten por TV6 desde la ex ESMA. Como hoy los centros de tortura fueron transformados en centros culturales (cosa que con Menem ni soñaban), argumenta que este peronismo, que este gobierno, no sería “más de lo mismo”. Así, este estafador cumple con su papel de engañar, como cualquier charlatán de feria, al hacer pasar los elementos centrales y primarios (la dependencia, el pago de la deuda, la enajenación de la banca, los recursos estratégicos naturales en manos privadas, el saqueo, la explotación...) como si fueran secundarios, mostrando como fundamentales los centros culturales, los juicios a septuagenarios represores (hoy obsoletos para la burguesía) o los viajes a Venezuela y Cuba, que también él y los suyos disfrutan. Porque no es necesario tener un manejo al estilo “menemista” para estar atado por la materialidad. De hecho, estos intelectuales, profesionales, artistas y demás, defienden tan férreamente lo suyo, como aquellos la pizza con champagne. El hecho de que su moda no sea la ostentación, no quita que su posición no esté atalonada en un profundo conservadurismo a fuerza de “pequeños lujos”, como un viaje familiar en avión con estadía en Cuba, México, EEUU o Europa, una mucama en la casa, el hábito de comer afuera, una casa quinta de veraneo, el disfrute continuo de espectáculos y eventos artísticos de alto nivel, selectos vinos y sofisticadas comidas...
Estos adoradores de la “clase media” no siempre lo saben, pero comulgan con el estalinismo. Abstraen una parte del todo y la generalizan. Así, explican que el estalinismo es la tiranía, la burocracia “idiota y gris” como dice Muchnik, y no un todo antimarxista, contrario a los intereses de la clase obrera.
Siempre van a encontrar (inventar) teorías de lo “importante” e inevitable que es hacer eje en los sectores medios. Están hablando de ellos mismos, de sus comodidades, de sus privilegios. Pero sus susurros no hacen más que recordarnos que la tarea de los trabajadores pasa por un lugar diametralmente opuesto: lejos de las trabas y contemplaciones “clasemedieras”, debemos desarrollar nuestra organización independiente, capaz de enfrentar por todos los medios, y hasta las últimas consecuencias, este sistema de injusticias, para acabar, de una vez por todas, con los privilegios de unos pocos y conquistar el bienestar del conjunto de la clase obrera.
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NOTAS:
1. Si bien en esta nota no nos ocuparemos de este asunto, es bueno recordar el intento permanente que gran parte de la izquierda argentina hace por ganar la simpatía de la clase media, entregando enormes esfuerzos a esa tarea. Incluyen abiertos llamamientos a la alianza con los pequeños capitalistas urbanos y agrarios, ya sea defendiendo a las hiper-explotadoras PyMES, ya sea acompañando a la Federación Agraria y con ella a la Sociedad Rural y demás magnates agrícolas. Pero también hay búsquedas más solapadas para ganar el apoyo de la pequeña burguesía por medio de las campañas electorales, o movilizando allí donde la clase media va con sus consignas: haciendo campañas “ciudadanas” contra las “megatorres”, o acompañando a Blumberg en su marcha para ganar la simpatía de los promotores de la “seguridad” (o el garrote).
2 Tanto Ferrari como Pavlovsky objetaron que no se mencionaran temas como la personería gremial de la CTA. Sin embargo nada dijeron del superpago de la deuda externa, la pervivencia de un enorme índice de pobreza, del crecimiento de la explotación infantil, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de drogas a costa de la degradación de los jóvenes más humildes, etc., etc., etc... todo profundizado por el gobierno actual.
3. El detalle de estos negociados fue publicado por la revista Noticias el 31/10/08, en su nota de tapa: “Canciones para la corona”.
4. Página/12, 29 de abril de 2008
5. Recientemente publicó un libro titulado “El socialismo en el siglo XXI”.
6. La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, por su apoyo al gobierno, ha sido retribuida con grandes sumas y premios. Uno de ellos es un programa en canal 7 donde, entre otras cosas, da cursos de cocina desde el predio de la ESMA, centro de tortura de los secuestrados durante la dictadura.