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El kirchnerismo, por cuatro años más


Como se esperaba, Cristina Fernández se impuso en las elecciones y continuará al frente del gobierno por cuatro años más.

El pasado 23 de octubre, como se esperaba, el kirchnerismo se impuso en las elecciones con un amplio margen sobre las otras alternativas patronales, por lo que Cristina Fernández continuará al frente del gobierno en el próximo período. Varios fueron los pilares sobre los cuales se apoyó el kirchnerismo de cara a las pasadas elecciones.
Por un lado, como venimos señalando, contó con el apoyo casi en pleno de la clase capitalista y sus cámaras patronales, que aprueban en gran medida la gestión kirchnerista.
Por otra parte, el gobierno se aseguró el apoyo del grueso de la estructura punteril del PJ. En esta oportunidad se alinearon masivamente con Cristina Fernández los históricos caciques del conurbano, los gobernadores provinciales como el socio de la Barrick Gold, José Luis Gioja, y el asesino de los Qom, Gildo Insfrán, además de contar con aliados provinciales como Carlos Saúl Menem.
También contó con el apoyo de la burocracia sindical, tanto en la versión asesina y empresaria de la CGT de Moyano (que, más allá de sus últimos roces con el gobierno, no saca los pies del plato) y de Gerardo Martínez, como en la versión de Yasky, que junto a Maldonado, Wasiejko y Baradel, encabeza la pata oficialista de la CTA y se alinea de forma cada vez más incondicional con gobierno kirchnerista.
Pero, además de asegurarse el apoyo de todos estos enemigos del pueblo trabajador, que han sido ampliamente beneficiados en estos últimos años, el kirchnerismo se ha hecho fuerte con la construcción de un discurso popular y con la entrega de ciertas concesiones y medidas demagógicas, lo que, ante la ausencia de una alternativa visible para el pueblo trabajador que se proponga cambiar la realidad de fondo, le ha permitido a Cristina Fernández conseguir un apoyo muy superior al de las otras alternativas patronales.
Muy lejos quedó, por lo tanto, el rejunte “progre” de Binner (tan propatronal y represivo, como el kirchnerismo), donde el bando de la burocracia de la CTA encabezado por De Genaro y Lozano, y los ex kirchneristas de Libres del Sur, apostaron todas sus fichas. Y más lejos aún quedaron las listas del PJ no kirchnerista de Duhalde y Rodríguez Saá y la alianza entre la UCR de Alfonsín y De Narváez.
Las elecciones, una vez más, han cumplido su rol: legitimar a las instituciones y a los gobiernos capitalistas. Es por eso, que los comunicados de las entidades patronales como la UIA o AEA y las declaraciones de los partidos políticos del sistema, salieron a elogiar a coro esta nueva edición de lo que ellos llaman “la fiesta de la democracia”.
Y el kirchnerismo, por su puesto, ha salido fortalecido con el 54% de los votos obtenido, habiéndose impuesto en casi todas las provincias del país. Fortaleza que utilizará, como ya se evidencia claramente, para seguir gobernando en defensa de empresarios y reprimiendo y persiguiendo a los que no se conforman con las migajas que destina el gobierno y emprenden el camino de la organización y la lucha.

Punteros, asesinos y paladines de la corrupción, en las listas del kirchnerismo


El kirchnerismo busca presentarse a sí mismo como una variante “progresista” del PJ y como responsable de una supuesta “renovación” en la política nacional. Bien lejos de esta realidad, como es sabido, las listas del Frente para la Victoria kirchnerista estuvieron plagadas de punteros, asesinos y corruptos, un clásico del peronismo.

El gobierno nacional se viene esforzando para sostener su imagen como una fuerza “popular, nacional, progresista, y democrática”. Dicen que sus oponentes, la mayoría del mismo tronco peronista, o aliados de sus referentes, como Duhalde y Rodríguez Saá, son “la derecha”. Además, insisten en que han estimulado una supuesta “renovación” en la política argentina, dando paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, basta con pegar un vistazo a los nombres de quienes ocuparán bancas y despachos a partir del 10 de diciembre de este año para desmentirlo.
En la provincia de Buenos Aires, fue electo diputado Mario Oporto, ladero de Juan Carlos Rousselot en Morón, en una de las intendencias más corruptas de la historia; subsecretario de Carlos Menem y funcionario de Ruckauf y, finalmente, funcionario de Scioli. Graciela Giannetassio, bien conocida por los docentes bonaerenses, en los ’70 fue funcionaria municipal en Florencio Varela; en los ’80 en Lomas de Zamora; con Menem fue diputada y, con Duhalde, ministra de educación provincial y nacional. José María Díaz Bancalari, senador menemista y espada kirchnerista, obtuvo su reelección, mientras debutará en la cámara Facundo Moyano, hijo del burócrata de la CGT y burócrata él mismo en el gremio de los peajes.
Ni hablar de los municipios, donde representaron al Frente para la Victoria, como candidatos triunfantes, personajes como Fernando Espinoza en La Matanza; Julio Pereyra en Florencio Varela o Raúl Othacehé en Merlo. Ninguno difiere mucho de otras variantes que obtuvieron triunfos aislados, como Vicente López, donde Jorge Macri, primo de Mauricio y candidato de Duhalde, le ganó al histórico Enrique “Japonés” García, o San Isidro, que prefirió al radical-peronista Gustavo Posse, que iba con Alfonsín y De Narváez.
En las gobernaciones, además del reelecto bonaerense Daniel Scioli, en Jujuy, Eduardo Fellner, reemplazará a su segundo, Walter Barrionuevo. En una especie de enroque, el ex gobernador llegará al congreso como senador, junto a Liliana Fellner, la hermana del nuevo gobernador que, recordemos, ya lo fue en 2003, cuando abrió la cuenta de asesinatos en la represión a movilizaciones del kirchnerismo, con el fusilamiento de José Luis Cuéllar frente a la comisaría de Libertador Gral. San Martín. Sergio Urribarri en Entre Ríos, el socio de la Barrick Gold, José Luis Gioja, en San Juan o Gildo Insfran, el formoseño fusilador de los Qom, fueron reelectos, todos con amplísimas mayorías en sus legislaturas. Poca diferencia hay con los puntanos Rodríguez Saá, que conservaron el dominio de San Luis.
En el senado nacional, representando al kirchnerismo, se sentarán codo con codo personajes como Aníbal Fernández y Carlos Menem, quien finalmente alcanzó su reelección como senador, gracias a su acuerdo con el Frente para la Victoria.
En definitiva, lejos de la pretendida “renovación” que dice estar implementando el kirchnerismo, salta a la vista por todos los ángulos como los mismos punteros, asesinos y corruptos que llevan décadas gobernando contra el pueblo trabajador son los que siguen, hoy día, al frente de la gestión peronista que encabeza Cristina Fernández.

Ante las elecciones


El 23 de octubre, las elecciones ratificarán la continuidad de Cristina Fernández en el gobierno y servirán, un vez más, como mecanismo de legitimación de las instituciones y la dominación capitalista.

El próximo 23 de octubre será la segunda vuelta de las elecciones en donde se ratificará la continuidad de Cristina Fernández al mando del gobierno nacional.
El gobierno kirchnerista, fue y seguirá siendo un gobierno defensor de los intereses patronales, que garantiza gigantescas ganancias a los capitalistas locales y extranjeros y cumple rigurosamente con el pago de la deuda. Pero es un gobierno que, apoyado en un marco de crecimiento económico continental (que beneficia a los países atrasados productores de materias primas como el nuestro), sostiene su defensa de la burguesía con una política de contención de ciertos reclamos populares a partir de un discurso demagógico y de una práctica asistencial que, aunque compromete recursos muy limitados en comparación con las millonarias ganancias de los capitalistas, se presenta a los sectores populares como una situación superadora frente a las condiciones en que se vivía en momentos de la crisis que estalló en 2001.
Esto, en un marco general donde, como es habitual en la democracia burguesa y sus elecciones, el debate se da entre distintas opciones políticas de las patronales. De esta forma, no están cuestionados el pago de la deuda, el carácter dependiente de nuestro país, las condiciones de superexplotación de los trabajadores, el trabajo en negro, la depresión del salario real, la flexibilización laboral, la persistencia de la desocupación, el vaciamiento de la salud y la educación pública, etc.
En estas circunstancias, no se trata sólo de ver por qué, conminado a elegir entre distintas expresiones de la burguesía, el pueblo trabajador se orienta mayoritariamente por la opción que encuentra como menos dañina para sus condiciones inmediatas, algo que es bastante lógico. Sino de evaluar y superar los límites que existen para que en la Argentina haya expectativas y posibilidades de un cambio real y de fondo que no se limite a estas variantes de administración patronal, y plantee la solución de los problemas profundos de las masas explotadas, enfrentando para ello a los capitalistas, su estado, sus partidos y sus burócratas.
En este sentido, la ratificación electoral de un candidato patronal, como Cristina Fernández, pone de relieve algo que es evidente: en la actualidad el proceso de organización de las fuerzas de la clase obrera y el pueblo para orientar la lucha hacia otro proyecto de sociedad, rompiendo con el capitalismo, no tiene peso. Así el desarrollo de un proyecto revolucionario, lo que implica simultáneamente el desarrollo de la militancia desde las bases y la construcción política que permita la formación de un partido revolucionario, está planteado como el objetivo principal y prioritario que nos permitirá en un futuro, constituir una alternativa real y de lucha contra las patronales y su permanente renovación gubernamental por la vía electoral.
En este marco, en la medida en que las fuerzas de izquierda que impulsan la participación electoral, se alejan de esta tarea central de esclarecimiento y organización, restando fuerzas, causando confusión entre las filas del pueblo por su apoyo y participación casi acrítica de la disputa electoral, su orientación no constituye un aporte para forjar un proyecto revolucionario. Por el contrario, se plantea más como un escollo, al encauzar la lucha y organización obrera por la vía electoral, contribuyendo a la legitimación de las elecciones, en vez de expresar una oposición a este mecanismo para la rearticulación de los gobiernos patronales. Así, bajo el supuesto de que la campaña es un contexto en el que hoy se pueden difundir concepciones revolucionarias, se meten de lleno en las elecciones, pero orientándose, en realidad, a propagandizar demandas básicas, planteando, por ejemplo, la “reforma” de los mecanismos de represión, cuando no directamente la ampliación de la democracia burguesa, como sucedió durante toda la primera parte de la campaña, centrada en la crítica a la “proscripción” y en la apelación al apoyo demócrata.
Como hemos dicho más de una vez, tenemos claro que en estas circunstancias desfavorables para las iniciativas independientes del pueblo trabajador, la burguesía que impone su agenda por medio de las elecciones es la que está tomando la iniciativa. Por ello, no desconocemos que el debate está marcado por esa línea y que la clase obrera y sus organizaciones políticas hoy no tienen la fuerza y la influencia que les permita tomar una posición y plantear un rumbo de lucha que ponga en crisis o en evidencia el carácter antipopular de los gobiernos que se están ratificando.
En estas condiciones, entendemos, no se tata de plantear el apoyo a tales o cuales candidatos patronales, ni de volcar las pocas fuerzas existentes a tratar de jugar en ese terreno (y mucho menos a costa de moderar planteos para adaptarse al discurso democrático). Se trata, por el contrario, de rechazar a las elecciones patronales y sus candidatos, pero sobre todo, de poner el esfuerzo en saldar el déficit señalado, avanzando en el desarrollo de la organización y la lucha popular y construyendo las herramientas políticas que permitan establecer una referencia política que marque una orientación antagónica a la de la burguesía y sus partidos, una orientación revolucionaria.
Es evidente que, en el período inmediatamente posterior a las elecciones, el PJ kirchnerista de Cristina Fernández se encontrará fortalecido, por capitalizar la fuerza que le dan las elecciones a los candidatos patronales. Es un beneficio coyuntural que tendrá el gobierno patronal y que muy probablemente será aprovechado para reforzar posiciones antipopulares (como se está viendo ya con el intento de definir un bajo techo salarial para el año próximo), lo que nos plantea redoblar esfuerzos para organizar la resistencia.
Debemos señalar también que, aunque en la actualidad el gobierno goza de cierta estabilidad, no es algo que pueda extenderse infinitamente. Los conflictos políticos son recurrentes y no se limitan a disputas interburguesas (como sucedió con el campo), sino que atraviesan una infinidad de demandas populares irresueltas, por el derecho a la vivienda, las condiciones de trabajo, contra la pauperización, contra la represión, etc. Además, están abiertas las posibilidades de que los efectos de la crisis mundial se hagan sentir con mayor fuerza en nuestro país, situación en la cual, como ya se vio en 2009, el gobierno kirchnerista toma posición abierta por las patronales, avalando los ajustes y los despidos.
El problema central sigue siendo la debilidad de las fuerzas de la clase obrera y sus organizaciones políticas, que aún en casos de gran conmoción (como en las represiones en el FFCC Roca, el Indoamericano, a los Qom, etc.) no logramos capitalizar el proceso de lucha para evidenciar suficientemente el carácter antipopular del kirchnerismo y contribuir a la visualización de una alternativa estratégica para acabar con las actuales condiciones de opresión. Para superar esa debilidad se nos plantea desarrollar la militancia cotidiana desde las bases para ampliar la movilización del pueblo trabajador, profundizar los debates entre el activismo para procesar balances sobre aciertos y errores políticos que nos permitan clarificar una perspectiva revolucionaria, y avanzar en el nucleamiento de los compañeros comprometidos con el proyecto de la revolución socialista por medio de la construcción de un partido revolucionario de los trabajadores en Argentina.

Carlos Soria, represor y kirchnerista


Ex menemista, ex duhaldista y, ahora, kirchnerista, Carlos Soria se impuso en las últimas elecciones, encabezando las listas del Frente para la Victoria, y será el próximo gobernador de Río Negro.

El 25 de septiembre, Carlos Soria, referente local del Frente para la Victoria, se impuso sobre el candidato de la UCR y será el próximo gobernador de Río Negro, provincia que desde el ´83 fue gobernada ininterrumpidamente por el radicalismo.
Soria es un gran modelo de dirigente peronista. Fue diputado nacional en los ´90, acompañando al menemismo, y, posteriormente, ministro de Justicia y Seguridad en la Provincia de Buenos Aires, durante la gobernación de Duhalde. Cuando este fue presidente, Soria se desempeñó como jefe de la SIDE, cargo que ocupaba al momento de los asesinatos de Kosteki y Santillán, lo que lo ubica, al igual que a Aníbal Fernández, como uno de los principales responsables de los fusilamientos en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002.
Por si quedaran dudas sobre la orientación política de este referente peronista, ahora kirchnerista, puede mencionarse su relación con el histórico criminal de guerra nazi Erich Priebke, que se asilaba en Argentina, con quien ha compartido cenas, como quedó documentado en fotográficamente.
Su campaña electoral, que hizo eje en la “mano dura”, no está demás decirlo, fue apuntalada por la visita de ministros y referentes del gobierno como Boudou, Randazzo y Alicia Kirchner. El encargado de felicitarlo y destacar su victoria tras la elección fue su antiguo compañero durante el gobierno de Duahlde, Aníbal Fernández. “Soria se está alzando con cerca de 14 puntos de diferencia. Un resultado histórico (…) desde hace 28 años, desde el regreso de la democracia, que gobernaba el radicalismo esa provincia”.
Soria, por su parte, en pocas palabras explicó el funcionamiento del peronismo y defendió su alineamiento actual con el kirchnerismo. “Si vos me decís por quién siento más afecto, si por Kirchner o por Duhalde, lejos, lejos por Duhalde siento mucho más afecto. Me hizo dos veces ministro, mirá la confianza que me tendrá. Me llevó de diputado por la provincia de Buenos Aires, mirá si me quiere. Pero yo no tengo confusión: hoy el poder se llama Cristina Kirchner”.(1)
Carlos Soria se suma de esta forma a la larga lista de asesinos y represores que integran el gobierno de Cristina Fernández. Un kirchnerista con todas las letras.
NOTAS:
1) www.cronista.com

Editorial: Contra la farsa electoral y el gobierno de millonarios y represores, profundicemos la lucha y la organización del pueblo trabajador


Este año, las elecciones marcan el ritmo de la agenda política. Es una agenda armada por la clase capitalista, puesto que las elecciones les permiten legitimar fuertemente sus instituciones y sus partidos. Ese, sin dudas, es uno de sus principales objetivos y razones de ser.
Es por eso que todos los dirigentes de los partidos patronales y sus medios de comunicación celebran, independientemente de haber resultado ganadores o perdedores y de sus posibles internas, la “fiesta de la democracia”. Hablan, unos y otros, de la fiesta de su democracia, esa que les permite mantener la dominación y la explotación sobre la clase trabajadora, con la legitimidad que les brinda el voto.
Con el resultado de las internas abiertas y obligatorias de agosto, que terminaron con un contundente triunfo de Cristina Fernández, el kirchnerismo tiene casi asegurados otros cuatro años más al frente del gobierno. Cuatro años más en los cuales, prometen, se profundizará el “modelo”. Empresarios y funcionarios de gobierno tienen, por lo tanto, motivos de sobra para celebrar.
En estos ocho años, el kirchnerismo se ha convertido de forma acelerada en un gobierno de millonarios. Así lo demuestran, sin ir muy lejos, los patrimonios declarados por los propios funcionarios gubernamentales, que demuestran que año tras año vienen amasando fortunas a partir de los negociados que realizan a un ritmo que nada tiene que envidiarle a los estafadores y delincuentes de la era menemista, representados en figuras como María Julia Alsogaray, Carlos Grosso o el propio Menem.
Como decíamos, también esperan la profundización del “modelo” los capitalistas que han visto recuperados sus márgenes de ganancia en los últimos años. En ese sentido se han pronunciado la mayor parte de los dirigentes de las cámaras patronales, como la UIA.
Todo el lujo en el que viven los capitalistas y los funcionarios de sus gobiernos, y las fortunas que atesoran en sus cuentas bancarias, tienen como contracara la continuidad de la miseria para una parte importante del pueblo trabajador. Es claro como ocho años de crecimiento económico, tan propagandizado desde el gobierno, que si han servido para llenar los bolsillos de los empresarios, los ministros, los jueces y la familia Kirchner, no han sido suficientes para avanzar en la resolución de los problemas populares más elementales.
Así lo demuestran, incluso, varias de las propias estadísticas oficiales. La Encuesta Permanente de Hogares que elabora el INDEC, intervenido desde hace años para elaborar datos a la medida del kirchnerismo, muestra que más de un tercio de los trabajadores sigue “en negro”, padeciendo las peores condiciones de explotación, con jornadas laborales interminables y salarios de pobreza.  
Por otra parte, algunos de los datos del censo del año pasado (del que todavía no se han informado varios de los aspectos más sensibles) también han sido difundidos por el INDEC en los últimos días y señalan, entre otras cosas, que en pleno siglo XXI casi la mitad de las familias del país continúa sin acceso a servicios básicos como son las redes cloacales y de gas natural. Esto se suma al problema de vivienda que padece el pueblo trabajador, frente al cual el kirchnerismo, lejos de avanzar con soluciones, responde con represión y muerte para quienes se organizan y pelean por conseguir tierras, como sucedió el año pasado en el Indoamericano o hace algunas semanas en Ledesma.
Claro que ninguno de los candidatos de los partidos patronales, que se disputan el poder en las elecciones, resolverá esta situación. Todos ellos, se llamen Cristina Fernández, Duhalde, Alfonsín, Macri, Binner o Rodríguez Saá, son representantes de la clase capitalista y, como tales, siempre priorizarán la defensa de la propiedad y la ganancia empresaria.
Los únicos que podemos efectivamente terminar con la explotación y la miseria, propias del sistema capitalista, somos los trabajadores. Debemos impulsar, por lo tanto, pacientemente pero sin tregua, la organización independiente y desde la bases del pueblo trabajador. Avanzar en la organización desde nuestros lugares trabajo, recuperando los cuerpos delegados y comisiones internas; en las facultades y las escuelas, en los barrios, impulsando, desde cada lugar, la lucha para avanzar con nuestras reivindicaciones: salario, vivienda, educación, salud… En los últimos años, en más de una oportunidad, hemos demostrado que con la organización de base y con la lucha se puede imponer una agenda donde la clase trabajadora cobre protagonismo, y que es posible torcerle el brazo a las patronales y al gobierno.
Y al mismo tiempo, con la profundización de la lucha y de la organización de base, los trabajadores tenemos planteada una tarea imprescindible: avanzar en la construcción del partido revolucionario, herramienta fundamental que debe darse nuestra clase para poder combatir a los capitalistas y su estado, hasta terminar con la miseria y la explotación de este sistema.  

Elecciones primarias: Van por otros cuatro años de represión y flexibilización


El kirchnerismo obtuvo un triunfo contundente frente a las otras listas patronales en las elecciones internas obligatorias del pasado 14 de agosto, lo que le asegura prácticamente su continuidad al frente del gobierno en el próximo período.

Cristina Fernández se impuso por amplio margen en las internas, superando el 50% de los votos. Quedó a un paso, de esta forma, de conseguir el triunfo en octubre que le permita gobernar por cuatro años más.
Varios fueron los pilares sobre los que se apoyó el kirchnerismo para su estabilidad y fortalecimiento.
Por un lado, contó con el respaldo mayoritario de la estructura del PJ, tanto en la provincia de Buenos Aires, a través del gobernador Scioli y de intendentes y punteros del conurbano, como a nivel nacional, donde contó con la colaboración de los históricos caudillos provinciales, como Gioja, Capitanich, Insfrán y Menem, entre otros. Para todos ellos, indudablemente, el kirchnerismo fue la mejor opción para conservar su poder y continuar con sus negociados.
Similar fue la situación en las filas de la burocracia cegetista. Si bien varios expresaron su malestar por los pocos lugares que les cedieron en las listas oficiales, finalmente, su apoyo se volcó hacia la candidatura de Cristina Fernández, con la expectativa de que la continuidad kirchnerista les permita sostener su poder al frente de las conducciones sindicales y, fundamentalmente, sus millonarios negocios.
El empresariado, tanto de las grandes empresas como de las PyMES, tanto de la industria como del campo, también se ha inclinado mayoritariamente a favor de un nuevo gobierno kirchnerista, descartando otras alternativas patronales que, en otras oportunidades, se mostraron menos efectivas a la hora de administrar sus “negocios comunes”. Se basaron, sin dudas, para tomar su decisión, en un balance de sus ganancias en los últimos años. El gobierno de Néstor Kirchner, y su continuidad en la gestión de Cristina Fernández, le ha devuelto la legitimidad a las instituciones del sistema, ha conseguido una cierta “estabilidad”, en relación con los niveles de confrontación de comienzos de la década pasada y, fundamentalmente, ha garantizado las herramientas necesarias para la prosperidad de los negocios de los capitalistas: facilidad para explotar trabajo “en negro”, para tercerizar, o contratar trabajadores de forma temporaria, millonarios subsidios para expandir sus negocios, amplias facilidades para explotar las riquezas del país, como el caso de la minería, etc. Esta orientación ha podido ser sostenida, además, porque nuestro país agroexportador, cuyo principal recurso es la exportación de commodities, como la soja, aún no ha sido azotado en la misma medida que otros países por la crisis capitalista mundial, permitiendo el mantenimiento de los negocios de los  capitalistas que operan en Argentina. Todo esto se ha traducido para unos y otros, patrones grandes y chicos, locales y multinacionales, en millonarias ganancias. Esto se constata también con el empresariado rural (al que el kirchnerismo supo tildar de “oligarquía gorila”) que en su mayoría está más que satisfecho con los negocios realizados durante la gestión kirchnerista y, en muchos casos, incluso, se ha deslizado desde la “oposición” hacia la integración al proyecto capitalista de los Kirchner. Es el lo que pasa, por ejemplo, con sectores de la Federación Agraria o lo que se pudo ver, incluso, en la Sociedad Rural de Córdoba, dónde mientras compartía un acto con Amado Boudou, el dirigente de la entidad patronal, Eduardo Ballesteros, confesó que al empresariado rural “le está yendo bien y (…) si seguimos con la demanda de alimentos en el mundo como se va incrementando con el pasar del tiempo nos va a ir cada vez mejor”. (1)
El recurso para la relegitimación de esta opción patronal, ha sido, una vez más, la apelación al pueblo, que se vio forzado, como en toda elección propia del régimen democrático burgués, a elegir entre una serie de candidatos patronales. Esto, en un marco de clara hegemonía de la clase capitalista, en donde los trabajadores no hemos logrado aún desarrollar una opción revolucionaria que genere expectativas en el pueblo trabajador señalando la posibilidad de apostar a un cambio real, al que no se llegará por la vía electoral.
Así las cosas, el pueblo trabajador, el mismo que sufre la flexibilización y la represión, estaba conminado a “elegir” entre los líderes de los partidos capitalistas. Y en este marco, lo impresentable del grueso de los candidatos de la oposición contribuyó a orientar su apoyo al gobierno actual, cuyo discurso promete mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares, y que ha sido efectivo a la hora de generar expectativas y de logar ocultar la realidad. Una realidad que demuestra que muy poco ha mejorado la situación del pueblo trabajador, que sigue padeciendo la falta de vivienda, la desocupación, los bajos salarios y la flexibilización laboral, tras ocho años en los cuales la actividad económica ha crecido de forma sostenida (según el propio oficialismo gusta propagandizar), se han pagado miles de millones de dólares de deuda externa y los empresarios y los funcionarios estatales se han enriquecido de forma escandalosa.
Todo hace preveer, por lo tanto, que después de las elecciones primarias será el kirchnerismo el encargado de seguir gobernando contra el pueblo en los próximos años. Y en las últimas semanas ha dado algunas muestras de lo que se viene: el salario mínimo de pobreza acordado con la burocracia y las patronales, y la represión a los que luchan, con la que sigue matando a quienes se disponen a pelear por los derechos más elementales que le son negados como la vivienda, como sucedió en Ledesma.
Por otra parte, según trascendió(2), el ministro Boudou prometió en reuniones con las distintas cúpulas empresarias, que entre las prioridades del nuevo gobierno estará el retorno al mercado de capitales, con lo que profundizará el endeudamiento externo. “Profundizar el modelo” que no es otra cosa que seguir gobernando en defensa de los negocios empresarios y contra el pueblo trabajador. 
Ante la persistencia del gobierno de la flexibilización y de la represión, los trabajadores tenemos planteada la tarea de avanzar en la organización y la lucha independiente, para resistir las medidas antipopulares del gobierno kirchnerista y abonar la construcción de una salida de fondo para el pueblo trabajador.

NOTAS:
1) http://www.andigital.com.ar/
2) Por ejemplo, Clarín, viernes 2 de septiembre

La izquierda y las elecciones: La campaña electoral del FIT


Entre los compañeros de izquierda, los que nos encontramos en ámbitos de organización y de lucha, en asambleas y movilizaciones, tenemos habitualmente importantes coincidencias, pero también profundos debates. Muchas veces coincidimos en la lucha por la recuperación de los ámbitos de organización gremial, enfrentando juntos a la burocracia, las patronales, el estado y el gobierno. Algo similar sucede con algunas concepciones políticas de fondo: enfrentamos al capitalismo y reivindicamos el socialismo y para ello nos planteamos impulsar un proceso revolucionario que acabe con la explotación de la burguesía sobre la clase obrera. Pero tenemos también nuestros debates. Uno de ellos tiene como eje el problema de la participación electoral de la izquierda y sus implicancias políticas. En este punto disentimos enormemente con las direcciones que hoy promueven la participación electoral y en particular somos críticos del carácter que ha tomado la campaña del FIT, cuyo perfil, entendemos, da una pauta sobre concepciones profundas que sostienen las direcciones que lo componen. Acá planteamos el debate.

El primer tramo de la campaña electoral de la izquierda culminó con Jorge Altamira, el máximo candidato del FIT, festejando y brindando con un champagne de más de $1.500 con el periodista Chiche Gelblung, un claro representante mediático de la burguesía argentina, defensor de la mano dura y permanente propagandista contra las luchas de la clase trabajadora.
La escena del brindis entre el líder del PO y el amigo de la dictadura no es un exabrupto, sino una síntesis de lo que fue una campaña electoral centrada en la publicidad del FIT por todos los medios, incluyendo la farándula, y adaptándose al discurso de éstos. Fue el cierre de la campaña “un milagro para Altamira” en la que tomaron parte figuras recalcitrantes de la política y el periodismo argentinos como el mismo Gelblung, Jorge Rial o el derechista Antonio Laje. Éste último, también abierto enemigo de las luchas de la clase trabajadora, en sintonía con la campaña de la izquierda, pidió un lugar para el FIT explicando que, además de los que disputan verdaderamente el poder, siempre deben estar los partidos chicos que sacarán pocos votos pero que demuestran que en la democracia todos tienen un lugar. Por eso pidió que se lo vote a Altamira, “el único que es sincero y dice: muchachos, vótenme  porque si no me quedo sin laburo”.
Si toda una serie de personeros mediáticos de la burguesía argentina promovió las candidaturas del FIT, fue porque compartió el lema central de su campaña, formulada con variantes (como el rechazo a la “proscripción”), en la que se llamaba a la “ciudadanía” a apoyarlos, no por sus concepciones de izquierda, sino por solidaridad demócrata, lo que en su esencia podía sintetizarse como un planteo de defensa y profundización de la democracia. Éste ha sido el eje de la campaña hacia las masas (buscando el efecto “lástima”), dejando en evidencia que el planteo de una agitación de posiciones revolucionarias era sólo un recurso para convencer al activismo y a la propia base partidaria de la viabilidad de la participación electoral.
Como aditamento, la difusión mediática encontró eco, también, por el hecho de que los dirigentes se prestaron a las burlas que permitían a los programas cómicos, de la farándula y del periodismo amarillo obtener raiting a partir del ridículo (recuérdese, por ejemplo, a Altamira y un imitador de Jesucristo mostrándose de acuerdo y caminado del brazo en el programa CQC). Así, el resultado de la campaña no es la difusión de las concepciones de la izquierda, sino su banalización. En consecuencia, cuando las figuras que se promueven como alternativa son cuestionadas públicamente por su coqueteo mediático y sus buenas relaciones con lo más reaccionario del periodismo, la izquierda se aleja también de constituirse como una referencia ética que se propone forjar una nueva sociedad con valores socialistas.
El “pragmatismo” sostenido por la dirección del FIT con su balance positivo de la campaña por la obtención del 2,5% más allá de que haya sido a costa de este rebaje político, ético y programático, plantea una peligrosa orientación tacticista que pierde de vista los valores y objetivos revolucionarios con tal de alcanzar objetivos inmediatos como una banca parlamentaria, haciendo de estos el eje central de la política.
En contraposición a esta orientación sostenemos que los militantes de izquierda, si queremos constituir una referencia política para el pueblo trabajador para impulsar la lucha revolucionaria por el socialismo, debemos manejarnos con otros criterios. Eso implica impulsar la organización política (que no es sinónimo de “electoral”) y la propaganda socialista, el desarrollo de las organizaciones de base y la movilización popular combativa, sosteniendo una conducta ética que pueda servir de referencia al conjunto de los trabajadores, señalando con claridad el rol de las instituciones de la democracia burguesa y de los enemigos de la clase obrera como Gelblung, Laje y Cia.
Difícilmente el pueblo trabajador se puede sentir convocado a luchar por una nueva sociedad sin privilegios cuando el que lo llama lo hace festejando con un champagne de $1.500 junto al antiobrero de Gelblung. Y difícilmente se puede sentir hermanado en la profunda convicción de principios de los socialistas, cuando quienes enarbolan esos principios pueden dejar a un lado posiciones políticas y conductas éticas para poder salir en la televisión.
La unidad entre las concepciones y la práctica, es algo que debemos defender incansablemente, como uno de los más grandes baluartes de los revolucionarios socialistas. Sin embargo, la reciente campaña se orienta en un sentido político muy distinto. No sólo porque convoca a la participación electoral en momentos en que eso contribuye principalmente a la legitimación de los mecanismos de dominación de la burguesía usufructuados por el kirchnerismo. No sólo porque lleva una enorme energía militante de compañeros comprometidos con la clase obrera y el socialismo a la vía muerta de la intervención electoral, retrasando las tareas de construcción social y política que hoy son urgentes y prioritarias. Sino también porque produce una banalización de la política de izquierda e incentiva las concepciones pragmáticas que se guían casi exclusivamente por las necesidades tácticas dejando a un lado los principios revolucionarios. Por todo esto es que no compartimos el balance “optimista” de la dirección del FIT, y consideramos en cambio que el activismo de izquierda necesita profundizar seriamente la discusión para balancear los canales que permitan avanzar en la lucha y la organización política, y dar impulso a la revolución socialista en nuestro país. 

Negocios y campaña electoral

Las cámaras patronales, en las cuales se organiza el empresariado local, se encuentran metidas de lleno en la campaña electoral, ya sea de forma abierta o solapada, dando impulso a los candidatos que mejor defenderán sus intereses y negociados.



Las entidades patronales están de campaña. La Exposición Rural fue una demostración de esto. Por las tribunas y los brindis de la feria desfilaron los principales dirigentes de los espacios que buscarán en octubre disputarle el gobierno al kirchnerismo: Duhalde, Alfonsín, De Narváez, Carrió, Macri, Rodríguez Saá… “Estoy seguro que pronto, todos juntos en las urnas, podremos devolver a la patria los valores que fuimos olvidando. Refundemos una república con instituciones respetables y respetadas (…) Esta larga noche está llegando a su fin”, aseguró Biolcati desde el palco despertando los aplausos de su público.

También hubo, en el marco de la Rural, encuentros entre los referentes de las distintas cámaras empresarias. Al denominado “Grupo de los Seis” (UIA, SRA, Adeba, Bolsa de Comercio, Cámara de la Construcción, Cámara de Comercio), se agregaron representantes de IDEA y AEA, para compartir un almuerzo y debatir sobre el panorama político y el provenir de sus negocios.

Claramente, no existe, hoy por hoy, una posición unificada entre ellos sobre quien es el mejor candidato para conducir las riendas del gobierno. Mientras las patronales del campo se ubican en las filas de la oposición al kirchnerismo (incluso muchos de ellos forman parte de las listas, como el caso de Llambías, candidato a diputado por las listas de Carrió), otros como De Mendiguren y Brito (de la UIA y la Banca, respectivamente) apoyan al gobierno. Sí lograron, en cambio, acordar ciertos puntos para trabajar en común como ir con una posición unificada al próximo Consejo del Salario Mínimo con un claro objetivo: mantener el salario lo más bajo posible. “Todos coincidimos en que vamos a ir pero no estamos de acuerdo en una suba tan pronunciada”, comentó el presidente de la UIA a la salida del encuentro en referencia a los $2.600 que pedirá la burocracia de la CGT y la CTA.

La Unión Industrial, por su parte, continúa reuniéndose con los principales candidatos presidenciales. Durante el mes de junio, se encontraron con Duhalde y Binner. Sin embargo, mas de allá que buscan relacionarse e influir directamente en todos los candidatos, los industriales parecen mayoritariamente apoyar al kirchnerismo que continúa impulsando sus negocios, al tiempo que les otorga un importante protagonismo. Por ejemplo, varios de los empresarios más afines al gobierno como Bulgheroni (Pan Amarican Energy), Pagani (Arcor), Eskenazi (YPF), Brito (Banco Macro), Rattazzi (Fiat) y De Mendiguren (presidente la UIA, empresario textil) viajaron a Brasil con Cristina Fernández para cerrar negocios con sus pares brasileros y para buscar destrabar los conflictos comerciales entre ambos países.

Así andan los capitalistas argentinos por estos días de campaña: marcando la agenda de los principales candidatos, con la mira puesta únicamente en la expansión de sus negocios y sus millones.

La farsa electoral: En cada elección, se elige al verdugo de turno

En la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe se eligió a quienes tendrán a su cargo la conducción del gobierno en los próximos cuatro años. Serán Macri y Bonfatti, respectivamente, los encargados de defender los intereses patronales y de sostener el ajuste sobre el pueblo trabajador.



Como es de esperar, cada elección se define entre los dos o tres candidatos que llegan con chances, todos ellos, sin excepción, probados defensores de los intereses de la clase capitalista. El proceso electoral sirve a ellos, por lo tanto, para definir cuál de esos candidatos se hará cargo del gobierno. Las elecciones son, además, una herramienta fundamental de los capitalistas ya que cumplen un papel legitimador de sus instituciones y de sus gobiernos.



Macri y Filmus, que no es lo mismo pero es igual

Al cierre de esta edición, se preparaba la segunda vuelta de las elecciones porteñas para completar el triunfo del PRO. Quedará sellada, de esta forma, la continuidad al frente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires de un empresario multimillonario como es Mauricio Macri.

Y con él, continuarán los desalojos, el desfinanciamiento de la escuela y la salud pública y la represión. Se mantendrán también, las millonarias ganancias que facturan las empresas que negocian cotidianamente con el gobierno porteño: Techint, Roggio, Dycasa, Iecsa (de la familia de Macri), entre otras.

Ante todo esto, para las elecciones, Daniel Filmus buscó presentarse como la alternativa para enfrentar a la “derecha” macrista. Detrás de su campaña se encolumnó el coro “progre” del kirchnerismo, con todo su aparato propagandístico, y con un especial protagonismo de la burocracia celeste de la CTERA.

A la luz de los hechos, sin embargo, bien lejos de la polarización que pretenden mostrar, kirchneristas y macristas comparten los lineamientos centrales de gobierno.

Ambos, por ejemplo, acuerdan en responder con represión a los que luchan y a los sectores más humildes. Así lo ha demostrado Macri con la creación de la Policía Metropolitana y de las patotas oficiales de la UCEP. Así lo ha demostrado el kirchnerismo a nivel nacional(1) y, también, en la ciudad de Buenos Aires, con la reciente militarización de los barrios del sur, la recurrente participación de la Policía Federal en los desalojos, los casos de gatillo fácil...

Ambos comparten, también, el desprecio por la educación pública. Macri, en los últimos cuatro años, ha profundizado el desfinanciamiento. Lo mismo que ha hecho el kirchnerismo a nivel nacional y en cada una de las provincias que gobierna, como Buenos Aires. Filmus, además, cuenta con un nutrido historial personal en contra de la educación pública, ya que supo iniciarse como funcionario siendo la autoridad máxima de educación durante la intendencia de Carlos Grosso en los ’90 y, posteriormente, asesor de la ministra de educación menemista, Susana Decibe, desde donde colaboró con la redacción de la Ley Federal de Educación, paradigma del desmantelamiento de la escuela pública.

Los trabajadores estatales saben, también, que kirchneristas y macristas sostienen, por igual, los bajos salarios y la flexibilización laboral, haciendo que en el Estado (nacional y porteño) la contratación precaria sea moneda corriente.

En el tercer lugar, lejos de la disputa, quedó el rejunte “progre” de Proyecto Sur. Después de las elecciones volvieron a estallar (una vez más) las internas dentro del espacio de Pino Solanas, incluyendo acusaciones de traición para sus ex aliados de Libres del Sur y de Unidad Popular (De Gennaro), dejando en evidencia nuevamente el profundo oportunismo que caracteriza a estos grupos.



Santa Fe, gobierno propatronal en clave “progre”

En las elecciones en la provincia de Santa Fe, se impuso el frente que integran el Partido Socialista (PS) y la UCR. Por lo tanto, Antonio Bonfatti será el próximo gobernador. Será el encargado de continuar con la gestión propatronal del PS, que comenzara su antecesor Hermes Binner(2), quien durante su gobierno se alineó con las patronales rurales, avaló despidos y suspensiones al por mayor, fortaleció la política represiva provincial y, demás está decirlo, lejos estuvo de avanzar en la resolución de las necesidades populares.

En segundo lugar, con el apoyo de Duhalde y de parte del PJ local, quedó el candidato improvisado de Macri, Miguel Del Sel. Mientras que el kirchnerismo, por su parte, que presentaba a Agustín Rossi como la carta del PJ para recuperar la provincia, terminó lejos, en el tercer lugar, protagonizando otro traspié electoral para el gobierno de Cristina Fernández.



Lo que viene

En el mes de agosto, los capitalistas seguirán imponiendo una agenda cargada de elecciones.

Por un lado, en la provincia de Córdoba donde se disputarán la gobernación tres candidatos: De la Sota, caudillo local del PJ, que cuenta con el apoyo de todo su partido, inclusive del kirchnerismo, que, ante la imposibilidad de poder levantar una candidatura propia, debió conformarse con apoyar al ex gobernador. Aguad será el candidato de la UCR y el ex kirchnerista Luis Juez, encabezará la lista del espacio que integra junto con el Partido Socialista, Unidad Popular y Libres del Sur.

Por otra parte, para completar la saturación electoral que proponen los capitalistas, si bien aún existen dudas sobre su realización, estarán las internas abiertas y obligatorias. Son parte de la “reforma política” que tanto publicitó el kirchnerismo, en donde los candidatos principales podrán medir sus fuerzas de cara a octubre, para después sentarse a negociar, con el oportunismo y la falta de principios que los caracteriza, y rearmar posibles alianzas con los resultados en la mano.



Por estos días, por lo tanto, los capitalistas y sus representantes celebran nuevamente la “fiesta de la democracia”. Fiesta para ellos, claro está, ya que cada elección encumbrará a alguno de los candidatos propatronales en danza y dará legitimidad al próximo encargado de custodiar sus negocios, al próximo verdugo del pueblo trabajador.




NOTAS:

1) Ver notas “El gobierno asesina en defensa de los empresarios” y “Gatillo fácil y militarización”, en esta misma edición de ER.

2) Ver contratapa.

La izquierda y las elecciones

La coyuntura electoral pone en el tapete la discusión sobre las posiciones que desde la izquierda debemos tomar ante este proceso impulsado por los sectores patronales para dirimir sus diferencias y legitimar su dominio. Los debates incluyen las posibilidades y el rol de la participación electoral por parte de la izquierda y la posición a tomar frente a elecciones (sobre todo los ballotages) en las que existe como única opción la elección de candidatos patronales.



El primer aspecto tiene que ver con la caracterización positiva que algunas fuerzas le asignan a la participación electoral. Ya hemos señalado más de una vez(1), por qué consideramos que en el marco de situación actual, la participación electoral de la izquierda no contribuye a la organización de este campo. Con ello se dedican enormes esfuerzos y recursos a una campaña en la que se contribuye a legitimar el mecanismo de renovación de los gobiernos de la burguesía, sacando fuerzas de los lugares de organización y lucha del pueblo trabajador. Pero además, uno de los problemas más evidentes del proceso electoral, es que la izquierda, en su esfuerzo por captar votos, ablanda su discurso a las pretensiones de los sectores medios, e incluso llega, como sucede ahora, a convocar a apoyar la candidatura de Cristina Fernández, pidiendo que se la acompañe con las boletas de diputados de izquierda.

Esto último es lo que salió a plantear el máximo candidato del Frente de la Izquierda y los Trabajadores (FIT), que en un intento por conseguir ampliar su caudal de votos, empezó a diferenciar a Cristina Fernández del conjunto de su séquito (algo así como una renovada teoría del entorno), cargando las culpas sobre quienes la rodean y no sobre la máxima dirigente del gobierno y del PJ. En una nota periodística Jorge Altamira decía: “...pasa lo siguiente, ¿qué hacemos con Cristina que me lleva de candidato a un amigo del hombre que mató a mi compañero Mariano Ferreyra como lo es Carlos Tomada? ¿Llamo a votar a Tomada? Ni muerto. (...) Yo no voy a votar a Gioja que es un hombre de la Barrick Gold. ¿Puedo votar a Peralta?, si está reprimiendo a los docentes y trabajadores de Santa Cruz. No, yo creo que a la gente militante y luchadora del kirchnerismo hay que decirle: ‘Querés defender a Cristina, bueno votála sólo a ella. Para abajo votá al Frente de Izquierda’. Si Cristina es el proyecto y los demás son todos derechistas, votá al Frente de Izquierda”(2). Es decir que con tal de sacar votos, el dirigente del FIT propone algo así como “colectoras” junto al Frente para la Victoria que incluirían fórmulas como “Cristina Fernández-José Montes” en provincia de Buenos Aires o “Cristina Fernández-Marcelo Ramal” en la capital.

En fin... aunque según sus defensores se trata de meter una cuña y amplificar la voz de los trabajadores socialistas en medio de las instituciones de la burguesía, lo que vemos de la participación electoral es una orientación a legitimar, no sólo a las instituciones patronales, sino ahora también a sus candidatos, hasta el punto de llamar a votar por Cristina Fernández.

El otro aspecto, es la decisión de apoyar a lo que algunos suponen un “mal menor” en referencia a los candidatos del PJ kirchnerista, en contraposición a otros considerados “peores”. Esto es algo que acabamos de ver para el ballotage de la ciudad, y que tranquilamente puede repetirse en la escena nacional. Es la opción seguida por aquellos que, sin sumarse a las filas gubernamentales, vienen insistiendo en los supuestos “aspectos positivos” del kirchnerismo. Así sucede con el grupo Juventud Rebelde 20 de Diciembre (La Mella), que en la segunda vuelta de las elecciones porteñas convocó votar a Filmus, explicando: “para los que sabemos lo que es el macrismo y lo sufrimos en carne propia los llamados al “voto en balnco” y las posturas prescindentes suponen, cuanto menos, errores incomprensibles”(3).

Como hemos insistido ya en numerosas oportunidades, no compartimos la posición de aquellos que ubican al kirchenrismo como un punto intermedio entre la izquierda y otros sectores patronales como Duhalde o Macri, en nombre de algunos planteos gubernamentales, principalmente los referidos a DDHH. En primer lugar porque, por ejemplo como sucede en el tan citado caso de los DDHH, el gobierno no sólo no es un ejemplo positivo, sino que, por el contrario, se caracteriza por sostener una campaña represiva sin parangón, con record de presos políticos (más de cien), 15 asesinados en protestas populares, miles de procesados, más de 1.700 asesinados por el gatillo fácil y la tortura, etc. Es decir que, más allá de la discursividad, el sesgo progresista no es tal. Pero además, en segundo lugar, porque, por más que se contemplaran cambios positivos en tal o cual campo, lo esencial, lo más importante para una caracterización del kirchnerismo, más allá de los matices sobre cuestiones accesorias, es la posición que asume el gobierno contra el pueblo trabajador y en defensa de los intereses patronales, junto a los grandes grupos económicos, las cúpulas empresarias, la burocracia sindical, el aparato punteril del PJ y la dirección del estado represor. Siendo así las cosas, llamar a votar a favor de los candidatos del gobierno (o en contra de su oponente, que es lo mismo), es contribuir al fortalecimiento de un proyecto antiobrero y abonar la confusión entre las filas del pueblo trabajador.

Si hoy la discusión está tan centrada en la agenda electoral que ha puesto la burguesía es porque desde el pueblo trabajador no hemos desarrollado los canales de organización y lucha orientados a una transformación revolucionaria que marquen un camino alternativo. Por supuesto que hemos avanzado en este tiempo, en que se ha fortalecido la actividad del movimiento obrero independiente, recuperando comisiones internas y otras instancias de organización. Pero está pendiente, además de su importante ampliación, el avance en las instancias de organización política, para la conformación de un partido revolucionario de los trabajadores.

La convocatoria electoral es una agenda impuesta por la burguesía sobre la cual esta izquierda (con poco desarrollo y sin partido revolucionario) no tiene capacidad de incidir. En este marco, insistimos, nuestras tareas están por fuera del proceso electoral. Por supuesto, no compartimos el apoyo, ni abierto ni crítico, al gobierno nacional y sus funcionarios, responsables, entre otras cosas, del asesinato de Mariano Ferreyra y de los luchadores de Ledesma. Y a su vez, consideramos que participar de las elecciones en estas condiciones contribuye a legitimar los mecanismos de dominación, lleva a un corrimiento casi total de las tareas de organización de base, y lo que es más grave aún, termina diluyendo las posiciones de clase y adaptándose al discurso patronal en defensa de la democracia, de las instituciones, la reproducción del discurso de “la inseguridad” y hasta el apoyo a sus candidatos.

En contraposición, es preciso que nos aboquemos esforzadamente a desarrollar la organización y la lucha del pueblo trabajador, sin llamar a apoyar a ninguno de los representantes patronales, y sin abandonar nuestros espacios de lucha ni nuestras posiciones de principios empujados por los condicionamientos de la agenda electoral. Si avanzamos en nuestra organización independiente, podremos, entonces, marcar nuestra propia agenda para alcanzar el cambio de esta sociedad. Y no dependerá de unas elecciones.



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NOTAS:

1)”La falsa opción de la izquierda electoral” en ER N°68 y “La política de la izquierda electoral” en ER N°70.

2) Entrevista publicada en el diario “Diagonales” el 24 de julio.

3) “Construir una fuerza popular contra el macrismo”, Juventud Rebelde 20 de Diciembre.

La farsa electoral. Ya salieron todos a la cancha

Ya están todos en la cancha, cada cual con el rejunte que supo o pudo armar. Cristina Fernández juega a la reelección, rodeada por sus “jóvenes militantes” de La Cámpora y enfureciendo al PJ. La “oposición”, bien lejos de lo que imaginaban inmediatamente después de las elecciones de 2009, se divide entre el frente radical-peronista de Alfonsín y De Narváez, el peronismo más “clásico” de Duhalde, y el frente “progre” de Binner, con Libres del Sur y De Gennaro, y un Pino Solanas que rompió antes de empezar.



Con el anuncio formal de la candidatura de Cristina Fernández, quedó armado el menú electoral. El kirchnerismo va por la reelección, con el ministro de economía, Amado Boudou, ése en el que Hebe de Bonafini dijo que “ve a sus hijos”, en la vicepresidencia. La conformación de las listas del peronismo gobernante agitó las aguas y no dejó a nadie conforme. El aparato sindical, con Moyano a la cabeza, se encontró con un solo lugar, reservado para Facundo, el hijo del burócrata de la CGT. Los intendentes del conurbano se debaten entre conformarse con lo poco que les tocó, o ceder a la seducción que intentan Duhalde y De Narváez, aprovechando el descontento en los grandes punteros históricos del PJ. Los grandes triunfadores son los “auténticos cristinistas”, impulsados al primer plano de la política, de la mano de su jefa, después de la muerte de Néstor Kirchner.

Pero la disciplina, fruto del oportunismo y no de los principios, pudo más, y, al menos por el momento, todos salieron a declamar su apoyo a la jefa. El veterano Curto habló por los intendentes: “No hay bronca en el peronismo bonaerense. Todo cerró muy bien en cuanto a las listas. Siempre en las listas hay más candidatos de los que se pueden poner”, dijo resignado. Luego de las quejas del taxista Omar Viviani y el judicial Julio Piumato por la ausencia de candidatos de la burocracia, fue el abogado Recalde el que puso paños fríos: “No hay malestar sino que puede haber ansiedad en algunos que aspiran a ser candidatos, pero no malestar, de ninguna manera”. Así, aunque resentidos, todos se alinearon bajo el dedo de la jefa.

Si de malestares se trata, no hay como el que provocó en parte del radicalismo la decisión de Ricardo Alfonsín de aliarse al peronista Francisco De Narváez, candidato a gobernador de la nueva alianza, y con “Pepe” Scioli, hermano del actual gobernador, que encabeza la lista de diputados. Se suma a ello la elección del empresario Javier González Fraga, ex presidente del Banco Central durante el menemismo; protagonista del escándalo del banquero saudita Gaith Pharaon por lavado de dinero a través del Banco de Crédito y Comercio Internacional y ex socio de Raúl Moneta, como vicepresidente.

También en la UCR hubo sordos ruidos de ruptura, pero la sangre no llegó al río. Federico Storani, representando el clásico alfonsinismo, emitió un duro comunicado advirtiendo: “No seremos cómplices de la liquidación de la Unión Cívica Radical (...) No les vamos a regalar el partido, ahora y como siempre les daremos batalla”, pero, por ahora, no parecen dispuestos a sacar los pies del plato.

Las decisiones radicales, además, pusieron fin al intento de juntarse con el GEN de Stolbizer y el gobernador santafesino Hermes Binner, que siguieron, junto a la CTA de De Gennaro y Lozano, tratando de armar un frente con Pino Solanas. Pero el portazo del cineasta, que prefirió cortarse solo en la ciudad(1) rompió el acuerdo antes de su nacimiento. Alcira Argumedo es la candidata de Solanas, mientras que Binner finalmente anunció su candidatura presidencial, acompañado por la cordobesa Norma Morandini.

Pero, aunque el acuerdo fracasó y cada cual va por su lado, en los últimos días tanto Solanas como Binner se han esforzado por mostrar que “no se ha perdido la amistad”, como declaró el segundo, y se han mostrado acompañando actos organizados por su cuenta por el otro.

Todo el culebrón de encuentros y desencuentros muestra cómo, lejos de decidir sus acuerdos por ideas o principios, sólo los motiva el oportunismo. Peronistas oficialistas o disidentes; radicales de uno u otro cuño; “socialistas”; “progresistas”, todos son fieles representantes de los intereses de los capitalistas, y, los que lleguen, gobernarán en su exclusivo beneficio.

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NOTAS:

1) Ver “La disputa en la ciudad de Buenos Aires” en esta edición de ER.

La disputa en la ciudad de Buenos Aires

En la ciudad de Buenos Aires, fruto deseado por el enorme presupuesto que maneja y los pingües negocios que habilita, tres listas se perfilan para disputar, en las urnas, el manejo de la caja.

Por el kirchnerismo, con su habitual dedocracia, el laudo de Cristina fue inapelable. De los tres precandidatos, Filmus y Tomada fueron elegidos para ocupar la candidatura a jefe y vicejefe, y el tercero, Boudou, fue premiado con la vicepresidencia. La lista de diputados la encabeza un trofeo oficialista, el nieto recuperado Juan Cabandié, pieza importante en la ejecución de su política de cooptación de los organismos de derechos humanos.

Mauricio Macri, después de amagar un rato a la presidencia, finalmente se quedó con la candidatura local. No hay mayores novedades en la conformación de su lista, donde los lugares se deciden como se elige la junta de directores en una sociedad anónima.

Será, seguramente, entre ellos dos, probados representantes de los intereses de los capitalistas, que se dirimirá la jefatura de gobierno. Mientras Macri propagandiza lo que puede de su “gestión”, y llena la ciudad con afiches que nos dicen “Vos sos bienvenido”, Filmus acumula a su favor con el argumento de que es la alternativa anti-Macri, como si cambiar el signo porteño del PRO al kirchnerismo fuera a resolver los sueldos docentes; los problemas de la educación, la salud o la vivienda; el trabajo en negro y las tercerizaciones o la represión. Queda claro que, de ganar, Filmus gobernará la ciudad como el kirchnerismo viene gobernando la nación, es decir, con ricos más satisfechos y trabajadores más explotados.

Atrás, pero en carrera, queda Pino Solanas, presentado como “la opción progresista”. Después de haber desbancado a Lozano, al que le había prometido ir por la ciudad, mientras él se candidateaba a presidente, habrá dos listas de diputados y comuneros que apoyarán a Solanas para la jefatura de gobierno: la propia, con el PSA y el MST, y la del Frente Amplio Progresista, con Claudio Lozano (CTA) a la cabeza, Roy Cortina (PS), Cristina Calvo (GEN), Humberto Tumini (Libres del Sur) y Héctor Polino (PS). En su campaña, Solanas ha retomado casi textualmente, con su “Podemos”, el slogan del viejo Frepaso, “otro país es posible”.

Lo que no es posible, para los trabajadores y el pueblo, es imaginar que cualquiera de ellos, comprometidos con los intereses de uno u otro sector capitalista, pueda generar una sola medida favorable a los intereses populares.

La “política” de la izquierda electoral

Cada vez que se abre un nuevo proceso eleccionario en que la burguesía medirá fuerzas entre sus distintos representantes y legitimará a sus principales candidatos para reafirmar su conducción del estado patronal, una parte de la izquierda se lanza de lleno a la práctica electoral. En lo que sigue presentamos un debate con esos compañeros.



Entre los sectores de la izquierda que se inclinan hacia la práctica electoral, hay quienes consideran que es posible avanzar hacia la transformación social por medio de la vía parlamentaria. Son abiertos representantes de una corriente histórica, la socialdemocracia, que rechaza el camino de la revolución y se incorpora, en cambio, a la práctica institucional del capitalismo, para intentar cambiar algunas cosas “desde adentro”. Su destino comprobado es, o bien pervivir como grupos irrelevantes (que, además de rechazar la organización para la revolución, tampoco logran peso en la política burguesa), o, bien, adaptarse por completo a las pautas del parlamentarismo capitalista, acercándose a partidos patronales para poder tener chances. Es el destino tantas veces repetido que, en el caso de llegar a instancias de poder representan opciones abiertamente antipopulares como el PT de Lula en Brasil, el Frente Amplio uruguayo de Mujica, o el Frente Grande y la Alianza de De la Rúa en nuestro país. Hoy esas experiencias intentan repetirse, y distintos grupos se incorporan a proyectos como Proyecto Sur, el socialismo de Binner, o el mismo kirchnerismo.

Pero además de esta visión “posibilista” que nos llama abiertamente a bajar las banderas socialistas contra la explotación y la opresión, hay otra versión del electoralismo de izquierda que sostiene ser capaz de mantener una práctica clasista militante y, al mismo tiempo, aprovechar “tácticamente” la participación electoral, con lo cual, se supone, la actividad electoral no sería el centro de su política.

Este llamamiento a la participación electoral, tiene un primer problema serio: se vuelve imposible para estas fuerzas ser claros en la necesaria denuncia sobre el carácter capitalista del estado y del rol legitimador que cumple el sistema electoral para sostener el dominio de la burguesía, toda vez que ellos mismos buscan ser parte de ese proceso. Así, vemos como, lejos de poder desenmascarar el rol de la democracia parlamentaria como recurso para el dominio patronal, su discurso se reorienta hacia un reclamo para profundizar ese sistema, pidiendo “más democracia”, “pautas claras”, “igualdad de tratamiento” y demás formulaciones(1).

Más allá de este problema central, es preciso hacer notar que esa pretendida “táctica” electoral que, se supone, sólo estaría acompañando una política más general para el desarrollo de la revolución, se transforma, en realidad, en el centro de la política de muchas de estas fuerzas. Así, pasan a centrar toda su militancia sobre el plano electoral, poniendo a disposición para eso el grueso de sus medios de difusión, económicos y sus militantes, e incluso tratan de que todas las organizaciones sociales, sindicales y políticas se encuadren en esa misma dinámica electoralista.

Tan profunda es su aprehensión a este recurso que consideran que participación electoral es sinónimo de “política”, acusando a quienes no comparten su afán electoralista de “apolíticos” y “sindicalistas”, y tirando así por la borda los planteos más elementales del marxismo y del leninismo que jamás asimilaron mecánicamente, como ellos, a la política con el electoralismo.

Pero además de estos problemas para nada menores, es necesario poner en evidencia también, cómo el camino electoral tracciona fuertemente a estas fuerzas hacia posicionamientos que nada tienen que ver con una orientación revolucionaria, como ahora sucede con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Es que, al contrario de lo que dicen, sobre que la “táctica” electoral serviría para amplificar la difusión de ideas revolucionarias, lo que vemos más bien es cómo, para poder ser aceptados en el marco de la disputa electoral que domina la burguesía, los candidatos y las fuerzas van acomodando su discurso y lenguaje a las exigencias de la democracia parlamentaria (defensora de las instituciones, obviamente) y a los reclamos de las clases medias.

Tal vez uno de los puntos donde eso se hace más patente es en la posición de esta izquierda electoral ante el reclamo reaccionario de “mayor seguridad”, lo que en criollo significa, ni más ni menos que más represión para los más pobres. Lejos de señalar esta realidad tan evidente (que tal vez no brinde tantos votos), sus candidatos y programas se proponen presentar “soluciones” a la inseguridad.

Por supuesto, jamás le reclamaríamos a la izquierda electoral que sea capaz de realizar un imposible, como sería lograr desde una banca de legislador transformar las condiciones estructurales que en la sociedad actual dan lugar a la delincuencia. Es claro que para eso sería indispensable cambiar las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pobre, impactando de tal forma en la alimentación, la vivienda, la educación y demás puntos centrales, que permitan revertir la desesperación y la descomposición a que nos ha llevado el capitalismo dependiente argentino. No le pediríamos jamás a un legislador que intente hacer lo que sólo una revolución puede hacer. Lo que es realmente sorprendente es cómo, siendo así las cosas, la izquierda electoral es capaz de hacer programas contra la inseguridad, brindando supuestas alternativas dentro del sistema actual. Así, el FIT, por ejemplo, plantea la creación de nuevas fuerzas represivas supuestamente “democratizadas” a partir del control o la elección ciudadanas, algo que linda peligrosamente entre el ridículo y formas de legitimación de la represión.

En la campaña de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, un programa de 10 puntos del FIT dice en el eje “inseguridad ciudadana”: “A diferencia de Solanas que propone la transferencia de la sospechada Federal a la Ciudad, o sea, una medida jurisdiccional, planteamos la creación de una fuerza realmente autónoma de protección de los derechos ciudadanos, responsable ante la población y cuyos integrantes resulten seleccionados por organizaciones populares y de derechos humanos independientes del Estado. De este modo, combatiremos la inseguridad cotidiana en su raíz...”. Y en otro volante del FIT para el mismo distrito puede leerse, entre lo que llaman “nuestras propuestas”: “Derecho a la sindicalización policial y elección del comisario. Autoorganización de los vecinos para disuadir el delito”. En fin... difícil ser más explícitos. Con tal de conseguir el apoyo de quienes reclaman mayor seguridad, la izquierda electoral es capaz de acercarse a sus discursos y prácticas, diluyendo así las posiciones de clase. No en vano, quienes hoy encabezan el FIT convocaron y participaron de las movilizaciones de Blumberg contra la inseguridad, con la intención de mostrarse susceptibles a un recamo popular... de derecha. Hoy nos proponen métodos para el fortalecimiento de la corporación policial (como ya sucede en Europa, abonando la sindicalización de los represores), la “elección democrática” de los comisarios verdugos del pueblo, o directamente armar a los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires para combatir la inseguridad... algo abiertamente reaccionario.

Así, con la participación electoral, no sólo apoyan los mecanismos institucionales para la dominación, dificultando su denuncia, no sólo desplazan recursos y energías a la vía muerta del parlamentarismo, sino que además se empapan ellos mismos de concepciones reñidas con las tareas de la revolución y el socialismo. Eso sí, están convencidos de que eso es “hacer política”. No lo compartimos, compañeros.


NOTAS:

1) Es lo que pasó, por ejemplo, tras la modificación de la ley electoral y la campaña contra la “proscripción” de la izquierda y por la “democratización” del sistema electoral.

Editorial: Los que mandan

En esta sociedad, basada en la defensa de la propiedad privada y la explotación de la clase trabajadora, son los capitalistas los que mandan. Son los dueños de las fábricas, los bancos y las tierras, y los que se apropian, por lo tanto, de las riquezas generadas a diario por los trabajadores.

Para mantener su dominación se valen, entre los más diversos recursos, de todas las herramientas que aporta el aparato estatal: su parlamento, donde los legisladores sancionan leyes a su medida; su poder judicial, con jueces que fallan en defensa de sus intereses; y el ejecutivo, desde dónde quienes gobiernan tienen la responsabilidad de conducir las políticas que custodiarán los negocios de los capitalistas y de comandar a las fuerzas represivas, para disciplinar cotidianamente al pueblo trabajador.

Este rol que cumplen los gobiernos como representantes directos de la clase capitalista y defensores de sus intereses se pone en evidencia claramente en estos meses de campaña electoral. Los distintos candidatos que competirán en las urnas con la aspiración de acceder al gobierno, organizan reuniones y encuentros con las principales cámaras empresarias para escuchar sus necesidades y sus proyectos y hacen todo tipo de promesas que, una vez en el gobierno, cumplirán al pie de la letra. Y es en esas reuniones, en definitiva, en dónde se organizan y planifican los lineamientos de gobierno.

En los últimos ocho años, el kirchnerismo le ha garantizado millonarias ganancias a no pocos sectores del empresariado. Cuenta, por lo tanto, con el apoyo de una parte importante de la clase capitalista para continuar al frente del gobierno en el próximo período. Sin embargo, no conforme con esto, en estos meses de campaña, el gobierno de Cristina Fernández no escatima en gestos y en medidas proempresarias, en busca de consolidar la confianza de los capitalistas en su “modelo de país”.

En este marco, como ya señaláramos los últimos meses, el kirchnerismo ha lanzado los “Créditos del Bicentenario” que ponen miles de millones de pesos de las arcas del Banco Central al servicio de los negocios de distintos grupos empresarios. Al mismo tiempo, los ministros atienden casi a diario a los representantes de las cámaras patronales, buscando dar respuesta a todas y cada una de sus exigencias. Así, se sucedieron los encuentros con Boudou y Giorgi, que prometieron el lanzamiento de nuevas líneas de crédito, cuando no directamente, con Cristina Fernández.

Lo mismo se evidenció durante el viaje presidencial por México e Italia, que acompañaron, entre otros, De Vido, Timerman y Sabbatella. Allí, la comitiva que encabezó Cristina Fernández funcionó como promotora de los negociados que firmaron De Mendiguren (Unión Industrial) y Carlos de la Vega (Cámara de Comercio) en ambos países, actitud que despertó nuevos elogios de parte del flamante presidente de la UIA.

Claro que los principales candidatos que intentarán enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones también buscan seducir al empresariado. Es el caso de Ricardo Alfonsín, que almorzó con De Mendiguren, Betnaza (Techint) y Rattazzi (Fiat). “Para que haya inversiones y desarrollo, las reglas de juego deben ser permanentes”, aseguró el radical, que recitó todo su repertorio proempresario, se llevó un documento redactado por los líderes industriales y aceptó una invitación de De Mendiguren para visitar la sede de la UIA y encontrarse con el resto de la cúpula de esa cámara patronal.

Aunque relegados por sus posibilidades electorales, los mismos pasos siguen Duhalde, amigo personal de De Mendiguren, Carrió, que organizó una gira para visitar a representantes de organismos internacionales y participó de un acto con los empresarios rurales de CRA y el rejunte “progre” de Pino Solanas y De Gennaro, que mientras buscan convencer a Binner para que encabece la fórmula nacional, continúan con su histórico discurso que elogia y busca seducir al empresariado nacional y, principalmente, al de las ultraexplotadoras PyMEs.

Es que, en definitiva, todos los gobiernos que surjan en los marcos del sistema capitalista, más allá de sus posibles matices, defenderán ante todo los intereses de los distintos grupos empresarios. “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”, escribieron Marx y Engels en las páginas del Manifiesto Comunista. Y allí señalaron también, ante esa evidencia, que en el desarrollo de la organización y de la lucha de la clase obrera, radica la única fuerza posible capaz de sepultar al capitalismo y su explotación y levantar un gobierno que defienda los intereses de los trabajadores. En dar impulso a la lucha del pueblo trabajador y en avanzar en la construcción del partido de la clase obrera que se organice con ese norte revolucionario deben concentrarse todos nuestros esfuerzos.

La farsa electoral: Los candidatos de la burguesía salen a la cancha

Se acercan las fechas, y el frenesí por armar las listas muestra hasta qué punto el oportunismo es lo único que miden para decidir las candidaturas. Se juntan, se separan, se vuelven a juntar, total, sólo importa asegurarse un lugar expectante para garantizar que los capitalistas sigan haciendo negocios.



Mientras la presidenta Cristina Fernández mantiene el suspenso hasta último momento, pero nadie duda que buscará la reelección que casi todos ya le dan por ganada, los partidos de la “oposición” han entrado en un festival de negociaciones que muestra con toda claridad lo que está en juego. Ni un principio, ni una idea, ni una convicción forman parte de la discusión. Todos son cálculos de porcentajes, estimaciones de quién aporta un votito más, y así se va armando el mamarracho electoral que será presentado, en octubre, como “la fiesta de la democracia”.

En la Unión Cívica Radical, después de coquetear hasta el infinito con sus viejos aliados del Partido Socialista y el GEN, y de fracasar en el intento de juntarlos a todos, desde De Narváez hasta Binner, en una especie de nueva Alianza, priorizaron el resultado. Ricardo Alfonsín ya anunció que apoyará al peronista Francisco De Narváez para la gobernación de la provincia, y llevará de vicepresidente a Javier González Fraga, cuyo último (y único) cargo público fue ocupar, en dos oportunidades, la presidencia del Banco Central durante el gobierno de Carlos Menem. El economista es, ante todo, un empresario. Forma parte del directorio de Peugeot Argentina; fue fundador y presidente de la empresa láctea La Salamandra; integró el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard; fue director general del Instituto Argentino de Mercado de Capitales; vicepresidente 1º de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y miembro del Directorio de Empresas Públicas.

Así, mientras el candidato a vicepresidente se muestra entusiasmado porque quiere “reestablecer los valores republicanos”, el propio Alfonsín explicó a los socialistas, en una carta, que “Hay que actuar con mucha amplitud para ganar las elecciones”. Sobre el acuerdo con el colombiano, dijo: “No me trae ninguna culpa. El objetivo es que muchos peronistas nos voten”.

El duhaldismo, por su parte, decidió competir con el sello de la Unión Popular, el partido fundado por el peronismo en 1955 para escapar a la proscripción, y conservado desde entonces para servir de base alternativa al PJ. En 1985, dio amparo a la “Renovación” de Cafiero, que se enfrentaba a la lista “ortodoxa” de Herminio Iglesias. En 2003, fue el partido por el que se presentaron Adolfo Rodríguez Saá (PJ) y Melchor Posse (UCR), compitiendo con Menem y Kirchner. Y en 2007, la UP fue usada por Jorge Sobisch (PJ). Ahora, será la plataforma de la candidatura de Eduardo Duhalde, que dijo a los medios: “En la Argentina hay dos provincias bien gestionadas, San Luis y Chubut”, para anunciar que su vice será Mario Das Neves. Por otra parte, Duhalde sigue intentando seducir a Felipe Solá, mientras ya cerró con el PRO de Macri en varias provincias, como Santa Fe y Tucumán. Otro que se sumó a este armado es el ex carapintada y ex kirchnerista Aldo Rico, reivindicado en estos días por Duhalde como alguien necesario “para poner orden”, que va por la intendencia de San Miguel en la lista de la Unión Popular.

Binner, acuciado por el GEN y Proyecto Sur, ambos sin candidato presidencial, para que se defina, sigue dando vueltas, sin saber qué hacer con la alianza provincial, el “Frente Progresista”, donde la UCR, que lo acaba de despreciar por De Narváez y González Fraga, sigue siendo, en los papeles, su socia, y con el que apuesta a renovar la gobernación con su candidato Bonfatti.

En el oficialismo, mientras se da por descontado el anuncio de la presidenta y se especula sobre su acompañante, también avanza sin pausa el armado de las listas, donde todos disputan los lugares de privilegio. Fiel a su política de sumar sin mirar a quién, el kirchnerismo, sin rubores, va mostrando que puede armar un menú para todos los gustos, con los “yuppies” de La Cámpora, como Cabandié o el candidato a vicegobernador de Tierra del Fuego; el moyanismo, los intendentes del conurbano, la burocracia de la CTA o el mismísimo Menem, que, cuando fue a votar en La Rioja, anunció que Cristina “es la más capacitada para ser presidenta”.

El nivel de debate de la campaña oficialista lo marcó Moyano en estos días, cuando, para responder a Carrió, que dijo que él es candidato a ir preso, disparó: “Es más probable que esa señora pasada de cama solar quede embarazada, a que yo vaya preso”.

En la provincia de Buenos Aires, Scioli ya acordó con Massa, y, a través de él, con los barones de los territorios, como Curto, Bruera, Acuña o Ishii, aunque todos saben que la última palabra la tienen los operadores de Cristina. “Es lo mismo que antes, con la diferencia que antes te metían uno de Moyano y otro de D’Elia, y ahora Cristina te mete dos de La Cámpora. No hay diferencia entre un chico de La Cámpora y un tipo de Moyano. Lo que nos importa a los intendentes es meter legisladores, no quién nos saca lugares”, declaró muy sinceramente, con reserva de su nombre, un intendente de la tercera sección electoral bonaerense a un diario.

Así sigue el carnaval, con todos abriendo los bolsillos para que les caiga algo de papel picado adentro, y operando como locos para asegurarse su lugar en el reparto. Sin otro motor que el oportunismo, los partidos patronales se siguen preparando para renovar los nombres de los que pasarán a gestionar el aparato estatal, mientras los capitalistas, contentos, porque con la farsa electoral legitiman las instituciones que garantizan que sigan la explotación y el despojo, y crezcan sus ganancias.

El rol de la izquierda electoral

Si los partidos patronales llaman con energía a participar en las elecciones y “defender la democracia” es porque saben muy bien que de esa forma están preservando sus intereses: la elección de uno de sus candidatos será presentada como una “decisión popular”, y esa fortaleza le dará mayor margen para defender las ganancias empresarias y avanzar contra las conquistas populares.

Los trabajadores sabemos que no somos parte de esa disputa interburguesa, que no tenemos la posibilidad de acceder al poder siguiendo sus pautas electorales (a las que sólo tienen acceso los representantes de los poderosos) y que nuestro camino es muy distinto: la organización y la lucha que nos permita acumular fuerzas para enfrentar a la burguesía y disputar finalmente el poder por medio de la lucha revolucionaria. La tarea es ardua, pero imprescindible para poder cambiar esta realidad.

Lamentablemente, las posiciones de los sectores electoralistas de la izquierda no ayudan a desarrollar esa perspectiva. Por el contrario, siembran confusión: no señalan que las elecciones sirven para legitimar a la burguesía y sus gobiernos y, en cambio, llaman a participar y generan expectativas en ellas, contribuyendo a su legitimación. De esta forma, además de convocar a cuestiones que nada tienen que ver con el desarrollo de la organización y la lucha independiente de la clase trabajadora, derrochan sus propios esfuerzos, sumiendo al grueso de la militancia partidaria en una frenética campaña electoral, que los lleva muchas veces a retirar a sus propios compañeros de los frentes de lucha y que se empeña en imprimirle a los ámbitos de organización popular la lógica electoral.

Elecciones: Frente a la legitimación electoral de la burguesía, organización y lucha de los trabajadores

Durante todo este año, la clase capitalista organizará sus elecciones, buscando legitimar sus futuros gobiernos, que continuarán garantizando sus negociados a costa de la explotación y la miseria del pueblo trabajador.


Otra vez las elecciones. Ahora vemos a antiguos kirchneristas embanderados tras supuestas nuevas opciones tanto como a furibundos opositores pasados a las filas oficialistas. Los mismos que ayer afirmaban que su oponente era nefasto están al día siguiente discutiendo una fórmula de unidad. Nada de lo que se promete y prometerá en estos meses de campaña tiene algo que ver con la realidad. Unos y otros aseguran que traerán “cambios de fondo”, “inclusión”, “educación”, “salud”... la mentira es protagonista de la campaña electoral. Luego, en un nuevo ciclo de gobierno, las patronales y los burócratas estarán tan bien como ahora, apañados por estos políticos del sistema y sus gobiernos, mientras los trabajadores seguimos peleándola para llegar a fin de mes.

Cada dos y cuatro años la misma politiquería. La misma pelea frenética para ver cómo se reparten entre ellos una cuota de poder. ¿Qué disputan? Ver quién logra ser el mejor representante de los poderosos, defendiendo sus ganancias y el sostenimiento del actual estado de cosas. Millones y millones de pesos, provenientes de grandes grupos capitalistas, son la base material de su disputa por el reparto del poder. El acuerdo con Clarín, o con Cristóbal López, con la UIA o con los empresarios del campo, cuyos intereses se comprometen a defender, son el punto de partida de sus campañas electorales, en donde hacen promesas vacías para los trabajadores mientras acuerdan con los más ricos gobernar para ellos.

Sus discusiones nos muestran las distintas opciones para defender este sistema de explotación. Unos, los más conservadores, reclaman el ajuste y el garrote sin más. Otros, los más progresistas, dicen que la restricción económica y la represión contra los pobres deben estar acompañadas de medidas asistenciales y demagógicas para contener y convencer al pueblo trabajador para que no tome un camino independiente y de lucha. Pero todos se encargan de prometer (y de cumplir, cuando les toca) la defensa irrestricta de las ganancias empresarias como primera condición.



Las elecciones legitiman a los gobiernos patronales



Quienes disputan efectivamente por el poder en el proceso electoral son siempre representantes de la burguesía. Llegan a ese lugar en base a los recursos económicos de los capitalistas, a su apoyo material y político (a cambio de las promesas de defensa de sus intereses), y siempre que protejan las pautas legales e institucionales que establecen la defensa del sistema social actual, como es la intangibilidad de la propiedad privada, o la “seguridad jurídica” que le permite a la burguesía desarrollar sus negocios libremente a costa de los trabajadores.

Pero la particularidad del mecanismo electoral consiste en que los sectores dominantes no sólo eligen entre ellos a sus representantes, sino que luego los llevan a votación ante el pueblo. De esta forma, si bien por este mecanismo el pueblo trabajador no tiene posibilidades reales de definir el curso que seguirán las cosas, la convocatoria a su participación cumple un rol muy importante: legitimar el ascenso del nuevo gobierno patronal. El hecho de que en países como el nuestro esté regulada por ley la obligatoriedad de la participación del pueblo en las elecciones es demostrativo de la importancia que tiene este recurso para la legitimación de cada nuevo gobierno burgués.

De este modo, cada nuevo gobierno apela a ese supuesto “mandato popular” para desplegar su política antipopular de defensa de los intereses patronales. Así, por ejemplo, liquida las empresas estatales (Menem), recorta los salarios (De La Rúa), entrega los recursos del país para un gigantesco pago de deuda externa (Néstor y Cristina Kirchner), llama a la desmovilización popular y reprime, todo en nombre de haber sido “elegidos democráticamente por el voto popular”. Ese es el rol legitimador que tiene el proceso electoral.



El cambio se construye con la lucha



En vez de seguir el tren electoral que nos plantea la burguesía, la posibilidad de avanzar hacia cambios reales y de fondo para el bienestar popular requiere de la organización y la lucha del pueblo trabajador, para destronar a la burguesía de su lugar de dominio y erigir un nuevo tipo de organización social en base a las necesidades de los trabajadores y no de los capitalistas. Sólo con la lucha organizada y combativa del pueblo trabajador es posible conseguir lo que las reiteradas promesas de campaña nunca cumplirán: la salud, la educación, las condiciones dignas de trabajo y de vida. Distintos ejemplos revolucionarios son demostrativos de que, enfrentando a los capitalistas (y no siguiendo sus pautas institucionales como las elecciones), los trabajadores han podido hacer en uno, dos o tres años mucho más de lo que los partidos patronales sólo prometen(1). Pero eso sólo es posible a partir de una lucha a fondo contra los empresarios explotadores y sus gobiernos, contra sus formas de dominio (como las elecciones) y contra toda la estructura de esa sociedad que defiende sólo los intereses de los capitalistas.

El cambio entonces, para ser verdadero, debe ser un cambio revolucionario, sostenido en la lucha y organización del pueblo trabajador, y es en ese rumbo hacia donde debemos apuntar nuestros esfuerzos si aspiramos a construir una sociedad digna para nosotros y nuestros hijos. Por eso es central impulsar la militancia junto al pueblo trabajador y desarrollar la organización política, todo con una perspectiva revolucionaria, para la toma del poder por los trabajadores, y sin confiar ni generar expectativas ni perder tiempo y recursos en las falsas salidas que nos plantea el capitalismo, como las elecciones. Por ese camino podremos avanzar más rápida y firmemente hacia un verdadero cambio.




NOTAS:

1) En el número anterior de ER describíamos, por ejemplo, los profundos cambios que se alcanzaron en Cuba en sólo dos años desde el triunfo revolucionario, donde a partir de la expropiación de la burguesía y la planificación se reorganizó la sociedad, garantizando salud, vivienda, trabajo, condiciones dignas de vida y desarrollando el socialismo. Ver: “Los primeros años de la revolución cubana” disponible en http://blog-otr.blogspot.com/