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Desfile de candidatos: Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá


A continuación, presentamos a dos clásicos de la disputa presidencial. Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, millonarios y eternos funcionarios, protagonistas hace décadas de la política nacional, son dos versiones de diferente perfil de las variantes que el peronismo acumula en su seno.

Eduardo Duhalde
En 1973, Eduardo Duhalde ya era concejal en Lomas de Zamora. Luego fue intendente y de nuevo concejal, en 1983. Se integró al sector “renovador” del peronismo, con Menem, Cafiero y De La Sota, y en 1987 llegó al congreso nacional.
Su aceitado aparato fue el principal apoyo de Menem en la interna con Cafiero y De La Sota. Juntos, el riojano y el bonaerense ganaron la presidencia en 1989.
Poco después, anunció que competiría por la gobernación bonaerense en 1991. Su gestión se caracterizó por el clientelismo y por el alto nivel de corrupción, todo con un férreo manejo del aparato policial, comandado por Pedro Klodzyck, al que llamó “El mejor jefe de la mejor policía del mundo”.
En 1994, encabezó la lista de constituyentes del PJ, y, tras la reforma constitucional para la reelección de Menem, obtuvo la propia como gobernador.
Su triunfo en 1995, con casi el 60% de los votos, contrastó con el 23% del peronismo en la Capital. Se posicionó como el hombre fuerte del PJ, y comenzó a confrontar con Menem. Aunque derrotado en las elecciones legislativas de 1997 por la Alianza UCR-Frepaso, unificó tras de sí a Ruckauf, Solá, los barones del conurbano y los gobernadores que se despegaban del desprestigiado Menem, Kirchner incluido.
En 1999, lanzó su fórmula junto a Palito Ortega, con Ruckauf como gobernador. El fracaso de una operación propagandística concebida por su asesor Durán Barba, que desembocó en la Masacre de Ramallo(1), lo dejó fuera de carrera, y protagonizó la peor derrota de la historia del PJ frente a De La Rúa-Álvarez. Entonces, anunció su primer “retiro definitivo” de la política. Pero en octubre de 2001 juró como senador nacional, y, tras la crisis de diciembre, fue el quinto presidente elegido en trece días por la Asamblea Legislativa.
En las elecciones adelantadas tras la represión en Puente Pueyrredón, sobraban los pretendientes peronistas a la presidencia. Después de descartar a Reutemann y De La Sota, Duhalde impulsó a Kirchner, que asumió con medio gabinete duhaldista, incluyendo todo el equipo económico, comandado por Roberto Lavagna. Posteriormente, Duhalde anunció su segundo y “definitivo retiro”.
Pronto rompió con el kirchnerismo, y, tras el triunfo de Unión PJ-PRO en las elecciones de 2009, anunció su nueva candidatura presidencial.
Autor de frases célebres, como “Este país está condenado al éxito”, o “el que depositó dólares, recibirá dólares”, su nombre está indefectiblemente unido a los asesinatos de Maxi y Darío, al narcotráfico, a los negociados, y a la “maldita policía”.

Alberto Rodríguez Saá
Alberto Rodríguez Saá dice que desciende de Juan Saá, caudillo federal del siglo XIX, y del cacique ranquel Painé. Su abuelo “El Pampa” fue gobernador y senador tres veces. Junto a su hermano mayor “El Adolfo”, “El Alberto” hegemoniza la política provincial hace décadas. Fue senador nacional desde 1983 hasta 1994.
Regresó en 2000, y de inmediato renovó su banca. Desde 2003 es gobernador de su provincia, donde firmó un convenio con el gurú neoyorquino de la “seguridad”, William Bratton, para que el Manhattan Institute asesore a la policía.
Fascinado por la farándula, tuvo amores con actrices como Leonor Benedetto, Andrea Del Boca y Esther Goris; la periodista Anabela Ascar, ex mujer de Héctor Ricardo García; la vedette Adriana Aguirre, y, ahora, la modelo Delfina Frers, heredera de una familia relacionada al yachting y ex esposa del magnate Eduardo Blaquier. A todas (y a Ricardo Fort, dicen las malas lenguas) las fascina con aviones privados, autos de alta gama, joyas y regalos obscenamente caros.
Su patrimonio, como el de su hermano, ha merecido denuncias por enriquecimiento ilícito. A pesar de su proclamada prosapia familiar, la fortuna que ostentan sólo se explica por la media docena de gobernaciones y cargos públicos en que se han alternado por décadas. Esos millones le permiten “excentricidades”, como dedicarse al estudio de los Ovnis con su amigo Fabio Zerpa, pintar cuadros que paga para exhibir en Europa, y divagar sobre un “universo paralelo” que llama “Xilium”, habitado por extraterrestres que se comunican telepáticamente.
Durante su actual gobernación, sobran los escándalos de “El Alberto”. En julio de 2010, acusó a todos sus ministros de “falta de compromiso” y les pidió masivamente la renuncia, pero no por decreto, sino a través del diario La República, uno de los que maneja. Los negocios inmobiliarios son su fuerte, y para concretarlos ha recurrido a masivas expropiaciones y brutales desalojos policiales, como en Estancia Grande, un predio de 220 hectáreas destinado a lujoso barrio privado. Es propietario de enormes latifundios, como la estancia Los Cedros, donde hasta la CGT ha denunciado que los peones padecen un régimen esclavista.
Se candidateó a presidente en 2007 y repite ahora, prometiendo para el país el “modelo San Luis”, con sus faraónicas obras públicas, multitudes de pobres reclutados por planes sociales y una infernal propaganda sobre sus autopistas y zonas wi-fi, en una provincia donde el mal de Chagas es endémico y el nepotismo es ley.

Desfile de candidatos: Mauricio Macri

Habiendo presentado ya a Daniel Filmus, el candidato kirchnerista, y a Pino Solanas, el candidato “progre”, le toca el turno en esta oportunidad al actual jefe de gobierno, Mauricio Macri. Hijo de empresario, y empresario él mismo, Macri exhibe como pocos el perfil del gran burgués, que prolonga en la política los negocios que marcaron toda su vida.



Mauricio Macri

Mauricio Macri nació hace 53 años, cuando su padre, Franco, llegado al país a los 18 y sin un cobre, había empezado a “hacerse la América”. Florecía Sideco, la constructora a partir de la cual su grupo se convertiría en uno de los más poderosos del continente.

Mauricio fue a los mejores colegios, como el Cardenal Newman, donde aprendió a codearse con lo más granado de la alta burguesía. Su padre ya era “modelo” de multiempresario, con intereses en el negocio automotor, la construcción y todo lo que le permitiera hacer negocios con el gobierno de turno. Estudió ingeniería en la Universidad Católica (UCA), y, como muchos de su clase, hizo cursos y masters en universidades yanquis y europeas, mientras trabajaba en el Citibank y Socma, la empresa “madre” del grupo familiar.

Después del golpe militar, a los jugosos negocios con la recolección de basura a través de Manliba, y de las obras públicas, se sumó el fabuloso premio obtenido en 1982, cuando Domingo Cavallo, director del Banco Central, estatizó la deuda de las empresas colaboradoras de los militares, como Bridas, Pérez Companc, Bulgheroni, Renault, Grupo Clarín, La Nación, Papel Prensa, y, desde luego, Macri. Millones de dólares obtenidos en el barato mercado internacional de los años anteriores fueron absorbidos por el estado, y pasaron a ser parte de la deuda externa.

Pero el astuto Grupo Macri, donde para entonces ya jugaba un rol directivo Mauricio, no dejó de enriquecerse desde 1983. Hicieron negocios con todos.

El gobierno radical de Raúl Alfonsín favoreció el negocio automotriz, lo que aprovecharon los dueños de Sevel Argentina. En 1992, Mauricio era vicepresidente de Sevel, y dos años después asumió la presidencia. Él y su padre fueron procesados por contrabando: exportaban autopartes a Uruguay y las volvían a importar, eludiendo impuestos. La corte suprema, por orden del gobierno nacional, los exculpó.

El menemismo les trajo las privatizaciones, como el Correo Argentino y los servicios de cobro tercerizado de su empresa Pago Fácil. Con la Alianza UCR-Frepaso, incluyeron en su cartera empresarial la explotación minera y las comunicaciones (Movicom). Con el kirchnerismo, se expandieron en el transporte, integrando, con la burocracia sindical ferroviaria y capitales chinos que el propio Franco Macri representa, los consorcios para la explotación del Belgrano Cargas y otros ramales.

Mauricio Macri, mientras tanto, además de participar a nivel gerencial en el Grupo Macri-SOCMA, decidió incursionar en el negocio del deporte, y por 12 años fue presidente de Boca.

En 2003, decidió ingresar al último negocio que le quedaba por probar: la política. Fundó el partido Compromiso para el Cambio, se alió con el partido Recrear de López Murphy, formando la alianza Propuesta Republicana (PRO), y en 2005 fue electo diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires.

Dicen los que siguen los debates parlamentarios que no recuerdan otro diputado tan decorativo en el congreso como Mauricio Macri. Cuando el periodismo lo interpeló públicamente por su inasistencia a las sesiones, respondió: “Es un sitio en el que no se debaten ideas”.

En 2007, el asesinato de Carlos Fuentealba en Neuquén frustró el acuerdo que Macri tenía armado con el entonces gobernador peronista de esa provincia, Jorge Sobisch, por quien había abandonado a López Murphy. Así, se postuló como jefe de gobierno de la ciudad, cargo que asumió en diciembre de 2007.

Su gobierno ha estado marcado por huelgas y protestas de todo tipo, acompañadas por una fuerte represión a través de la policía federal del gobierno nacional, su propia policía metropolitana y patotas oficiales, como la UCEP o “privatizadas”. El despido de 2.400 empleados de la ciudad ni bien asumió; el conflicto estudiantil con tomas y movilizaciones reclamando por el pavoroso estado de la educación en la ciudad y contra la reducción de las becas; los recurrentes conflictos de los trabajadores médicos y no médicos de los hospitales y de los docentes; el reclamo de los trabajadores del Teatro Colón; los desalojos violentos de familias sin techo; el Indoamericano con tres muertos; han sido la constante durante un gobierno empresarial, que sólo busca incrementar sus ganancias.

Para su policía metropolitana, Macri convocó jefes policiales con los que tenía vieja relación, como el célebre “Fino” Palacios, encubridor del atentado a la AMIA y polisecuestrador, y otros personajes vinculados a los negocios represivos, como Eugenio Burzaco y Daniel Pastor. Hoy Macri está procesado en la causa de las escuchas de Ciro James, y lo acosan media docena más de causas por negociados y hechos represivos.

Nuevamente candidato a jefe de gobierno, y con chances de ganar según las encuestas, lo define con claridad la frase con la que su padre inicia su autobiografía: “He vivido librando batallas, a veces como un gladiador solitario en medio de la arena del circo, adaptándome a lo inesperado, basado en mi decidida vocación de multiplicar mis empresas y mis empleados, como todo empresario desea”.

La farsa electoral: Los candidatos de la burguesía salen a la cancha

Se acercan las fechas, y el frenesí por armar las listas muestra hasta qué punto el oportunismo es lo único que miden para decidir las candidaturas. Se juntan, se separan, se vuelven a juntar, total, sólo importa asegurarse un lugar expectante para garantizar que los capitalistas sigan haciendo negocios.



Mientras la presidenta Cristina Fernández mantiene el suspenso hasta último momento, pero nadie duda que buscará la reelección que casi todos ya le dan por ganada, los partidos de la “oposición” han entrado en un festival de negociaciones que muestra con toda claridad lo que está en juego. Ni un principio, ni una idea, ni una convicción forman parte de la discusión. Todos son cálculos de porcentajes, estimaciones de quién aporta un votito más, y así se va armando el mamarracho electoral que será presentado, en octubre, como “la fiesta de la democracia”.

En la Unión Cívica Radical, después de coquetear hasta el infinito con sus viejos aliados del Partido Socialista y el GEN, y de fracasar en el intento de juntarlos a todos, desde De Narváez hasta Binner, en una especie de nueva Alianza, priorizaron el resultado. Ricardo Alfonsín ya anunció que apoyará al peronista Francisco De Narváez para la gobernación de la provincia, y llevará de vicepresidente a Javier González Fraga, cuyo último (y único) cargo público fue ocupar, en dos oportunidades, la presidencia del Banco Central durante el gobierno de Carlos Menem. El economista es, ante todo, un empresario. Forma parte del directorio de Peugeot Argentina; fue fundador y presidente de la empresa láctea La Salamandra; integró el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard; fue director general del Instituto Argentino de Mercado de Capitales; vicepresidente 1º de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y miembro del Directorio de Empresas Públicas.

Así, mientras el candidato a vicepresidente se muestra entusiasmado porque quiere “reestablecer los valores republicanos”, el propio Alfonsín explicó a los socialistas, en una carta, que “Hay que actuar con mucha amplitud para ganar las elecciones”. Sobre el acuerdo con el colombiano, dijo: “No me trae ninguna culpa. El objetivo es que muchos peronistas nos voten”.

El duhaldismo, por su parte, decidió competir con el sello de la Unión Popular, el partido fundado por el peronismo en 1955 para escapar a la proscripción, y conservado desde entonces para servir de base alternativa al PJ. En 1985, dio amparo a la “Renovación” de Cafiero, que se enfrentaba a la lista “ortodoxa” de Herminio Iglesias. En 2003, fue el partido por el que se presentaron Adolfo Rodríguez Saá (PJ) y Melchor Posse (UCR), compitiendo con Menem y Kirchner. Y en 2007, la UP fue usada por Jorge Sobisch (PJ). Ahora, será la plataforma de la candidatura de Eduardo Duhalde, que dijo a los medios: “En la Argentina hay dos provincias bien gestionadas, San Luis y Chubut”, para anunciar que su vice será Mario Das Neves. Por otra parte, Duhalde sigue intentando seducir a Felipe Solá, mientras ya cerró con el PRO de Macri en varias provincias, como Santa Fe y Tucumán. Otro que se sumó a este armado es el ex carapintada y ex kirchnerista Aldo Rico, reivindicado en estos días por Duhalde como alguien necesario “para poner orden”, que va por la intendencia de San Miguel en la lista de la Unión Popular.

Binner, acuciado por el GEN y Proyecto Sur, ambos sin candidato presidencial, para que se defina, sigue dando vueltas, sin saber qué hacer con la alianza provincial, el “Frente Progresista”, donde la UCR, que lo acaba de despreciar por De Narváez y González Fraga, sigue siendo, en los papeles, su socia, y con el que apuesta a renovar la gobernación con su candidato Bonfatti.

En el oficialismo, mientras se da por descontado el anuncio de la presidenta y se especula sobre su acompañante, también avanza sin pausa el armado de las listas, donde todos disputan los lugares de privilegio. Fiel a su política de sumar sin mirar a quién, el kirchnerismo, sin rubores, va mostrando que puede armar un menú para todos los gustos, con los “yuppies” de La Cámpora, como Cabandié o el candidato a vicegobernador de Tierra del Fuego; el moyanismo, los intendentes del conurbano, la burocracia de la CTA o el mismísimo Menem, que, cuando fue a votar en La Rioja, anunció que Cristina “es la más capacitada para ser presidenta”.

El nivel de debate de la campaña oficialista lo marcó Moyano en estos días, cuando, para responder a Carrió, que dijo que él es candidato a ir preso, disparó: “Es más probable que esa señora pasada de cama solar quede embarazada, a que yo vaya preso”.

En la provincia de Buenos Aires, Scioli ya acordó con Massa, y, a través de él, con los barones de los territorios, como Curto, Bruera, Acuña o Ishii, aunque todos saben que la última palabra la tienen los operadores de Cristina. “Es lo mismo que antes, con la diferencia que antes te metían uno de Moyano y otro de D’Elia, y ahora Cristina te mete dos de La Cámpora. No hay diferencia entre un chico de La Cámpora y un tipo de Moyano. Lo que nos importa a los intendentes es meter legisladores, no quién nos saca lugares”, declaró muy sinceramente, con reserva de su nombre, un intendente de la tercera sección electoral bonaerense a un diario.

Así sigue el carnaval, con todos abriendo los bolsillos para que les caiga algo de papel picado adentro, y operando como locos para asegurarse su lugar en el reparto. Sin otro motor que el oportunismo, los partidos patronales se siguen preparando para renovar los nombres de los que pasarán a gestionar el aparato estatal, mientras los capitalistas, contentos, porque con la farsa electoral legitiman las instituciones que garantizan que sigan la explotación y el despojo, y crezcan sus ganancias.

La burocracia, de lleno en la interna patronal

Mientras distintos grupos de trabajadores se organizan y luchan por salario, la burocracia sindical, en todas sus variantes, se encuentra sumergida de lleno en la rosca electoral buscando encontrar un lugar para sus candidatos en las listas de los principales partidos patronales.



Cada dos años, con cada proceso electoral, la burocracia sindical se mete a fondo en las internas de los partidos patronales. No puede sorprender de ninguno de ellos. No, de la cúpula cegetista, apéndice histórico del PJ en el movimiento obrero. Tampoco de la burocracia “progre” de la CTA, que en sus veinte años de historia ha participado de distintos armados electorales y ha contribuido a encumbrar más de una experiencia propatronal, como la Alianza (UCR-Frepaso) y el kirchnerismo. Ante estas elecciones, la participación en distintos partidos patronales ha conducido a divisiones en ambas centrales, tanto en la CGT, cuya fractura lleva ya varios años, como la más reciente de la CTA.

Dentro de la CGT, el grupo mayoritario, que encabeza Moyano, se mantiene firme en su apoyo al gobierno kirchnerista. Junto a él se ubican sus soldados más fieles como Viviani, Recalde, Plaini y Schimd. La aspiración actual del burócrata camionero pasa por poder continuar ubicando gente propia (incluso sonaba el nombre de su hijo Facundo, jefe del sindicato de trabajadores de peajes) en el congreso y en cuanto espacio de poder tenga a su alcance.

Distanciado hace tiempo del kirchnerismo, Gerónimo Venegas, de la UATRE, impulsa la candidatura presidencial de Eduardo Duhalde. Lo mismo hace el burócrata gastronómico y jefe de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo, que logró ubicar a su mujer como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

Dentro de la CTA, el grupo de Yasky viene reforzando a pasos agigantados su alianza con el kirchnerismo, al tiempo que profundiza sus “relaciones amistosas” con la CGT de Moyano. A principios de mayo, junto con Maldonado, Baradel, Depetri y Frondizi, entre otros, fue recibido en la Casa Rosada por Cristina Fernández y los ministros Tomada y Boudou. Políticamente, Yasky se organiza junto al kirchnerista de Morón, Martín Sabbatella.

La otra fracción de la burocracia de la CTA, que encabezan De Gennaro y Lozano, se agrupó bajo el nombre de Corriente Nacional por la Unidad Popular, e impulsa Proyecto Sur, mientras sueña con instalar la fórmula Binner-De Gennaro para competir en las presidenciales.

Más allá de sus diferencias, que van desde las posturas “progre” de los De Gennaro-Yasky hasta el perfil empresarial de los Moyano-Barrionuevo, todos estos exponentes de la burocracia sindical comparten su decisión de conducir al movimiento obrero detrás de las alternativas patronales y son, por tanto, enemigos de la clase trabajadora.

Elecciones: Frente a la legitimación electoral de la burguesía, organización y lucha de los trabajadores

Durante todo este año, la clase capitalista organizará sus elecciones, buscando legitimar sus futuros gobiernos, que continuarán garantizando sus negociados a costa de la explotación y la miseria del pueblo trabajador.


Otra vez las elecciones. Ahora vemos a antiguos kirchneristas embanderados tras supuestas nuevas opciones tanto como a furibundos opositores pasados a las filas oficialistas. Los mismos que ayer afirmaban que su oponente era nefasto están al día siguiente discutiendo una fórmula de unidad. Nada de lo que se promete y prometerá en estos meses de campaña tiene algo que ver con la realidad. Unos y otros aseguran que traerán “cambios de fondo”, “inclusión”, “educación”, “salud”... la mentira es protagonista de la campaña electoral. Luego, en un nuevo ciclo de gobierno, las patronales y los burócratas estarán tan bien como ahora, apañados por estos políticos del sistema y sus gobiernos, mientras los trabajadores seguimos peleándola para llegar a fin de mes.

Cada dos y cuatro años la misma politiquería. La misma pelea frenética para ver cómo se reparten entre ellos una cuota de poder. ¿Qué disputan? Ver quién logra ser el mejor representante de los poderosos, defendiendo sus ganancias y el sostenimiento del actual estado de cosas. Millones y millones de pesos, provenientes de grandes grupos capitalistas, son la base material de su disputa por el reparto del poder. El acuerdo con Clarín, o con Cristóbal López, con la UIA o con los empresarios del campo, cuyos intereses se comprometen a defender, son el punto de partida de sus campañas electorales, en donde hacen promesas vacías para los trabajadores mientras acuerdan con los más ricos gobernar para ellos.

Sus discusiones nos muestran las distintas opciones para defender este sistema de explotación. Unos, los más conservadores, reclaman el ajuste y el garrote sin más. Otros, los más progresistas, dicen que la restricción económica y la represión contra los pobres deben estar acompañadas de medidas asistenciales y demagógicas para contener y convencer al pueblo trabajador para que no tome un camino independiente y de lucha. Pero todos se encargan de prometer (y de cumplir, cuando les toca) la defensa irrestricta de las ganancias empresarias como primera condición.



Las elecciones legitiman a los gobiernos patronales



Quienes disputan efectivamente por el poder en el proceso electoral son siempre representantes de la burguesía. Llegan a ese lugar en base a los recursos económicos de los capitalistas, a su apoyo material y político (a cambio de las promesas de defensa de sus intereses), y siempre que protejan las pautas legales e institucionales que establecen la defensa del sistema social actual, como es la intangibilidad de la propiedad privada, o la “seguridad jurídica” que le permite a la burguesía desarrollar sus negocios libremente a costa de los trabajadores.

Pero la particularidad del mecanismo electoral consiste en que los sectores dominantes no sólo eligen entre ellos a sus representantes, sino que luego los llevan a votación ante el pueblo. De esta forma, si bien por este mecanismo el pueblo trabajador no tiene posibilidades reales de definir el curso que seguirán las cosas, la convocatoria a su participación cumple un rol muy importante: legitimar el ascenso del nuevo gobierno patronal. El hecho de que en países como el nuestro esté regulada por ley la obligatoriedad de la participación del pueblo en las elecciones es demostrativo de la importancia que tiene este recurso para la legitimación de cada nuevo gobierno burgués.

De este modo, cada nuevo gobierno apela a ese supuesto “mandato popular” para desplegar su política antipopular de defensa de los intereses patronales. Así, por ejemplo, liquida las empresas estatales (Menem), recorta los salarios (De La Rúa), entrega los recursos del país para un gigantesco pago de deuda externa (Néstor y Cristina Kirchner), llama a la desmovilización popular y reprime, todo en nombre de haber sido “elegidos democráticamente por el voto popular”. Ese es el rol legitimador que tiene el proceso electoral.



El cambio se construye con la lucha



En vez de seguir el tren electoral que nos plantea la burguesía, la posibilidad de avanzar hacia cambios reales y de fondo para el bienestar popular requiere de la organización y la lucha del pueblo trabajador, para destronar a la burguesía de su lugar de dominio y erigir un nuevo tipo de organización social en base a las necesidades de los trabajadores y no de los capitalistas. Sólo con la lucha organizada y combativa del pueblo trabajador es posible conseguir lo que las reiteradas promesas de campaña nunca cumplirán: la salud, la educación, las condiciones dignas de trabajo y de vida. Distintos ejemplos revolucionarios son demostrativos de que, enfrentando a los capitalistas (y no siguiendo sus pautas institucionales como las elecciones), los trabajadores han podido hacer en uno, dos o tres años mucho más de lo que los partidos patronales sólo prometen(1). Pero eso sólo es posible a partir de una lucha a fondo contra los empresarios explotadores y sus gobiernos, contra sus formas de dominio (como las elecciones) y contra toda la estructura de esa sociedad que defiende sólo los intereses de los capitalistas.

El cambio entonces, para ser verdadero, debe ser un cambio revolucionario, sostenido en la lucha y organización del pueblo trabajador, y es en ese rumbo hacia donde debemos apuntar nuestros esfuerzos si aspiramos a construir una sociedad digna para nosotros y nuestros hijos. Por eso es central impulsar la militancia junto al pueblo trabajador y desarrollar la organización política, todo con una perspectiva revolucionaria, para la toma del poder por los trabajadores, y sin confiar ni generar expectativas ni perder tiempo y recursos en las falsas salidas que nos plantea el capitalismo, como las elecciones. Por ese camino podremos avanzar más rápida y firmemente hacia un verdadero cambio.




NOTAS:

1) En el número anterior de ER describíamos, por ejemplo, los profundos cambios que se alcanzaron en Cuba en sólo dos años desde el triunfo revolucionario, donde a partir de la expropiación de la burguesía y la planificación se reorganizó la sociedad, garantizando salud, vivienda, trabajo, condiciones dignas de vida y desarrollando el socialismo. Ver: “Los primeros años de la revolución cubana” disponible en http://blog-otr.blogspot.com/

El oportunismo y la estafa electoral

Comenzaron las elecciones en las provincias, de cara a las presidenciales de octubre, y se pone en evidencia nuevamente todo el oportunismo de los partidos políticos patronales y la estafa que representan las elecciones para la clase trabajadora.


En marzo se llevaron adelante las elecciones provinciales en Catamarca y Chubut, mientras se aceleran los armados en las restantes provincias, en la ciudad de Buenos Aires y, fundamentalmente, para las presidenciales de octubre. Una vez más, las elecciones se constituyen en una estafa para la clase trabajadora que es invitada a elegir entre las distintas alternativas patronales que se disputan el gobierno.

Y una vez más, las elecciones ponen sobre la mesa la total falta de principios y el oportunismo a ultranza de los distintos partidos que, al fin de cuentas, sólo discuten y se enfrentan por matices, ya que conservan pleno acuerdo en las cuestiones de fondo: defensa de la propiedad privada y de los negocios de los capitalistas, el pago de la deuda externa, la represión y el ajuste sobre el pueblo trabajador.



Catamarca y Chubut

Para el kirchnerismo y los partidos patronales que buscan ser su “oposición” en las presidenciales de octubre (Peronismo Federal, PRO, UCR, PS, Proyecto Sur…) las elecciones en Catamarca y Chubut se vivieron como una antesala de lo que vendrá.

En Catamarca, apoyado en la tradicional estructura ultraconservadora del PJ (de Ramón Saadi, quién apoyó activamente la lista), se impuso la candidata kirchnerista, Lucía Corpacci, frente a su ex aliado, el ex radical-kirchnerista, Brizuela del Moral.

En Chubut, donde se enfrentaban en una pareja elección el kirchnerismo y el Peronismo Federal, encabezado a nivel local por Das Neves, al cierre de esta edición (quince días después de la elección) aún continuaban las acusaciones de fraude (otro clásico electoral), las denuncias cruzadas (y las negociaciones), desconociéndose los resultados definitivos.



Menem, con el kirchnerismo

En la provincia de La Rioja, el kirchnerismo firmó un acuerdo con Menem de cara a las elecciones locales de mayo. El partido menemista “Lealtad y Dignidad”, se comprometió a apoyar la reelección del gobernador kirchnerista Luis Beder Herrera. A cambio, el kirchnerismo impulsará la candidatura de Menem que buscará mantener su banca de senador en octubre.

El candidato a gobernador por la UCR dijo que el kirchnerismo le ofrece a Menem su apoyo para que siga siendo senador porque “está desesperado y necesita usar la figura del ex presidente para que le junte votos”. Desde el kirchnerismo, un ministro de gobierno buscó justificar el acuerdo diciendo que “diferentes sectores políticos de raíz justicialista han decidido acompañar la candidatura de Herrera por las expectativas que un nuevo mandato del gobernador despiertan en la ciudadanía”.

Un acuerdo, en pocas palabras, que pinta de cuerpo entero al kirchnerismo, que fue menemista en los `90, y buscó diferenciarse discursivamente en los últimos años, para volver a juntarse, ahora que las necesidades apremian, con su viejo aliado riojano.



Proyecto Sur en Andalgalá

Otro que mostró la hilacha fue Proyecto Sur. Pino Solanas repite hasta el hartazgo que su objetivo principal es ofrecer una alternativa al bipartidismo, que conforman el PJ y la UCR. Sin embargo, la realidad es que su movimiento está formado en el más clásico oportunismo, bien lejos de cualquier principio, como lo evidencia la trayectoria de los distintos grupos que se le han ido integrando: ex peronistas, ex radicales, ex aliancistas, ex kirchneristas…

Así se evidenció tras el triunfo del candidato de Proyecto Sur en las elecciones para intendente de Andalgalá, en la provincia de Catamarca. Bien lejos de atacar al bipartidismo, el candidato que fue electo con la boleta del movimiento de Solanas, Alejandro Pérez, aclaró: “voy a trabajar para rearmar la UCR andalgalense (…) continúo siendo radical y trabajaré para que el Frente Cívico y Social vuelva a ser gobierno”. Y, por si hiciera falta, sobre su alianza con Pino Solanas explicó: “Tuvimos una alianza electoral circunstancial. Movimiento Sur y el MST me dieron un espacio para participar, pero eso no significa que haya renunciado al radicalismo. Ellos lograron una banca de concejal, y también mantendrán su identidad”.

Así funciona la alternativa progresista que ofrecen, entre otros oportunistas, Solanas, Lozano y Tumini.



Radicales y peronistas, juntos en Neuquén

El PJ y la UCR están enfrentados a nivel a nacional y juran encarnar proyectos políticos distintos. En Neuquén, sin embargo, se aliaron y, junto al Partido Socialista y otros grupos kirchneristas, enfrentarán en las próximas elecciones de junio al MPN (Movimiento Popular Neuquino) de Sapag y Sobisch. La lista de unidad estará encabezada por el radical Martín Farizano, intendente de la ciudad de Neuquén, y Nancy Parrilli, hermana del secretario general de la presidencia.

En ambas listas, se dicen kirchneristas y buscan el apoyo del gobierno nacional. Parrilli, candidata a vice-gobernadora, suele, sin embargo, marcar diferencias con respecto al “grado de kirchnerismo” de ambas listas. “El Movimiento Popular Neuquino (MPN) acompaña al proyecto nacional, pero nosotros somos parte de éste”, aclara.



En fin, unos y otros, radicales y peronistas, conservadores y progresistas, dicen expresar opciones distintas, pero acaban siempre por entenderse cuando se trata de conformar listas y gobiernos. Sus acuerdos de principios, de defensa del capitalismo y la explotación, contrarios a los intereses de los trabajadores, son los que los llevan a mostrarse tan cerca y tan parecidos entre sí, como decía el tango, en el mismo lodo y todos revolcaos.



Otro camino para los trabajadores

En cada nueva elección volvemos a ver que el proceso electoral consiste siempre en “elegir” a uno u otro candidato que, si llegó a posicionarse como posible contrincante por el poder, fue siempre a partir de su acuerdo con las patronales, con la burocracia sindical, y apoyado, en todo o en parte, en los históricos partidos patronales como el PJ y la UCR.

Es que, en definitiva, dentro de la lógica de la democracia electoral, ésa es la condición ineludible para llegar a participar: convertirse en un defensor de los intereses de los más poderosos, que, no está de más repetirlo, son abiertamente opuestos a los del pueblo trabajador. Así, no existen gobiernos en el capitalismo que no vengan a representar los intereses de importantes sectores patronales (sean locales y/o extranjeros; industriales, agrícolas y/o financieros), y esa es la máxima elección en la que nos dejan participar: elegir cuál será el verdugo y explotador de turno.

Ante esta situación, lejos de generar falsas expectativas en lo que pueda suceder en las elecciones y de malgastar esfuerzos en intentar ser parte de ellas, los trabajadores tenemos la necesidad de avanzar en forma independiente de la burocracia, de las patronales y de los partidos que los representan. Esto implica desarrollar nuestra organización tanto en el plano sindical, ampliando la participación activa de los trabajadores en los problemas que nos conciernen, como en el de la organización política, avanzando en la construcción de un partido que pueda plantear una verdadera estrategia de lucha para la transformación de la sociedad: el camino de la revolución para alcanzar un gobierno de los trabajadores.

La batalla de las candidaturas

Se vienen las elecciones, y todo el arco de la política burguesa está inmerso en la batalla de las alianzas, candidaturas y demás enjuagues para asegurarse, cada uno, una porción de poder.


Con el escenario preelectoral signado por una fuerte preponderancia en las encuestas de la presidenta Cristina Fernández, todos en el oficialismo y la oposición batallan para ubicarse mejor en el inminente recambio de cargos y poder.

En el peronismo kirchnerista, la principal discusión giró, por largas semanas, en torno de las llamadas “colectoras”. Los intendentes Alberto Descalzo, de Ituzaingó, y Hugo Curto, de Tres de Febrero, encabezaron el reclamo de los “barones del conurbano”, temerosos de perder votos frente a listas paralelas, que impulsen la candidatura oficial de Cristina Fernández por fuera del control de su aparato local. Martín Sabbatella, cuyo anuncio de que apoyaría a la presidenta pero confrontaría con Scioli y el peronismo provincial desató las protestas, fue tildado de “oportunista”, “paracaidista” y otros epítetos no tan desacertados, pero que suenan cuando menos curiosos de boca de quienes, como los intendentes bonaerenses, nunca han tenido objeciones de conciencia a la hora de saltar del peronismo ortodoxo al renovador; de allí al menemismo, al duhaldismo; al kirchnerismo; a la fenecida alianza PJ-PRO y nuevamente al kirchnerismo.

Pero, como suele suceder en el peronismo, la sangre no llegó al río. En la reunión del peronismo bonaerense en Sierra de los Padres, bajo la presidencia de Hugo Moyano y con la presencia de Daniel Scioli, las “colectoras” quedaron fuera de agenda. Como por arte de magia, después de una reunión de intendentes nucleados en la Federación Argentina de Municipios, los mismos que instalaron la discusión salieron con una sonrisa beatífica a decir que todo era una exageración, porque, en palabras del intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, el asunto “fue más instalado en la publicación de los medios que en las discusiones que tenemos nosotros” y remató: “falta mucho tiempo para que se cierren las listas”, es decir, hay tiempo para seguir rosqueando.

Por el lado del peronismo no kirchnerista, las cosas no parecen muy halagüeñas. Carlos Reutemann afirmó que “no será candidato a nada”. Aunque desde el duhaldismo reafirmaron que el ex corredor sigue dentro de su espacio, y que “...otra cosa es que no participe, por razones que uno entiende”, como dijo, críptico, Duhalde, el oficialismo insinuó que su prescindencia es señal de apoyo.

Eduardo Duhalde ha reconocido que la variopinta “oposición” no consigue encontrar un postulante que pueda enfrentar con éxito a Cristina Fernández. Sin bajarse de su posición como precandidato por el peronismo no kirchnerista, donde compite con Alberto Rodríguez Saá y aguardan expectantes Mario Das Neves y Felipe Solá, declaró hace poco que: “no han terminado de barajarse las cartas”, y, en lo que algunos entendieron como un guiño para el oficialismo, que: “Es el liderazgo el que aglutina, y eso nace del pueblo, mas allá de nuestros intentos”.

A la luz del intento santafesino de unificar la interna del PJ sumando las huestes kirchneristas y antikirchneristas, toda una ratificación de que no está totalmente fuera del panorama la posibilidad de un acuerdo de todas las variantes peronistas.

Otro que mide sus posibilidades y estudia alternativas varias, mientras lanza candidatos propios en algunas provincias, es el jefe del PRO, Mauricio Macri. “Es el mejor de la nueva política” dijo Duhalde, que no para de elogiar al jefe de gobierno, mientras intenta convencerlo de que se sume a la interna del peronismo no kirchnerista.

En el segundo partido más importante de la burguesía, el radicalismo, se perfilan tres precandidatos: el vicepresidente de Cristina Kirchner, Julio Cobos; Ricardo Alfonsín, que cada día mejora en reproducir la voz y gestos de su padre, y el senador Ernesto Sanz, que maneja el aparato nacional de la UCR. Los dos últimos ya han acordado ir a una pre-interna radical, instancia en la que Cobos dijo no, gracias, apostando a la popularidad extrapartidaria residual de su recordado “voto negativo”. Claro que no están cerradas las puertas a un nuevo acuerdo que reviva al desaparecido Acuerdo Cívico y Social, lo que colocaría al santafesino “socialista” Hermes Binner en posición de disputar la candidatura presidencial, con o sin el apoyo de Elisa Carrió, a la que desesperadamente tratan de realinear sus ex compañeros de ruta.

En el espacio del “progresismo”, por una parte se postula Pino Solanas, que ya cerró acuerdos electorales con el cordobés Luis Juez, con el MST, con la pata de la burocracia de la CTA que encabezan Víctor De Genaro y Claudio Lozano y con Patria Libre/Libres del Sur, y dialoga con la ex radical Margarita Stolbizer para sumar el GEN a Proyecto Sur. Por la otra, desde su reducto moronense, avanza el proyecto sabbatellista, apoyado explícitamente por la “intelectualidad kirchnerista”, como se vio en la solicitada firmada por unos 300 artistas, miembros de Carta Abierta y otras “personalidades”, que se publicó en varios diarios nacionales(1).

Así, a medida que se acortan los tiempos, vemos cómo se calientan las negociaciones, se apuran los acuerdos, se cierran los tratos, sin que se discutan ideas ni principios, sino la manera de asegurarse un lugar más o menos importante, según el caso, al abrigo del poder y del reparto de sus negocios.



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NOTAS:

1) Entre ellos, Víctor Heredia, Juan Gelman, Roberto “Tito” Cossa, Teresa Parodi, Arturo Bonín, Federico Luppi, José Pablo Feinmann, Liliana Herrero, León Ferrari, Horacio González, Miguel Rep, Ricardo Forster, Florencia Peña, Luis Luque, Hugo Arana, Mercedes Morán, Hugo Varsky, Cecilia Roth, Federico Schuster, Esteban Prol, Horacio Fontova, Daniel Tognetti y “Chango” Farías Gómez.

Festival de coimas y cachetadas

En la sesión del 11 de noviembre, la diputada radical Elsa Álvarez, denunció que le hicieron ofrecimientos de parte del ministro De Vido para votar a favor del proyecto oficial o ausentarse del recinto. La cobista Cynthia Hotton, ex RECREAR, ex PRO, acusó a la kirchnerista Patricia Fadel de proponerle favores, votos para sus proyectos, contratos y “mucho más” si se iba, “total, nadie se va a dar cuenta”. El pinosolanista Mazzitelli, dijo que lo llamó un tal “José María”, supuestamente José María Olazagasti, secretario privado del ministro de Planificación, para preguntarle “qué quería a cambio de su voto”.
Apoyada en la repentina ausencia de muchos diputados que no contestaban los llamados de sus jefes de bloque, Elisa Carrió salió a denunciar un nuevo “pacto de Olivos”, esta vez entre el heredero, Ricardo Alfonsín, y el kirchnerismo.
A instancias suyas, de la UCR y del peronismo federal, se reunió la comisión de Asuntos Constitucionales para investigar lo ocurrido. Ahí, el espectáculo estuvo a cargo de la peronista antikirchnerista Graciela Caamaño, que interrumpió a Carlos Kunkel con una sonora cachetada, cuando el ultra oficialista recordaba que la pugilista diputada es la esposa del burócrata sindical Barrionuevo, aquél que, en tiempos menemistas, aconsejó a sus pares “dejar de robar por dos años” para resolver la crisis.
El episodio, ya de por sí absurdo, recibió el pleno apoyo de Elisa Carrió, que hizo del bife a la criolla una cuestión de género.
Finalmente, ninguno dejó de seguir transando. La sesión fracasó por el arreglo del GEN, de Margarita Stolbizer, con el kirchnerismo, al que se sumaron, gozosos, Proyecto Sur y el Partido Socialista.
Las denuncias se archivaron. Terminó el año legislativo, y todos, coimeros y coimeados, denunciantes y denunciados, pueden brindar tranquilos: la previsible e inútil causa judicial quedó a cargo de la jueza federal Romilda Servini de Cubría. Pronto, un nuevo escándalo será tapa de los diarios, y sólo los memoriosos recordarán éste.

DE LA PELEA CON REDRADO A LA PELEA POR EL SENADO

Después de echar a Redrado, y asegurarse un férreo manejo del Banco Central, el gobierno busca alternativas para reemplazar al naufragado Fondo del Bicentenario. Mientras tanto, la pelea es por el control del congreso, donde todos negocian sin pudores, entre promesas, sorpresas y traiciones.

Sigue la pelea por los 6.500 millones de dólares del Fondo del Bicentenario, oficialmente bautizado “para el Desendeudamiento y la Estabilidad”, pero que muchos llaman “aloe vera”, por la variedad de utilidades y virtudes que le atribuye el kirchnerismo. Desde las filas kirchneristas se lo sigue defendiendo, con voceros como Hugo Moyano, que lo definió como “revolucionario”.
La Cámara de Apelaciones Contencioso Administrativa concedió al gobierno el recurso extraordinario contra las dos sentencias que le impidieron usar las reservas, con lo que la Corte Suprema podría habilitar al ejecutivo a manotear esa fortuna y destinarla al pago de la deuda externa. Pero las cosas no vienen pintando bien para el oficialismo en el terreno judicial, así que, por las dudas, ya está pensada una solución alternativa. La nueva presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, dio la primera prueba de su fidelidad sin fisuras al autorizar que las utilidades 2009 de la entidad, casi por la misma cantidad de dinero que el anhelado fondo (6.300 millones de dólares), sean entregadas al ejecutivo para “financiar el gasto público”.
Por el lado legislativo, los diputados de la variopinta “oposición”, desde el peronismo ortodoxo hasta “Pino” Solanas, quieren tratar el decreto de necesidad y urgencia (DNU) en la primera sesión del año, y sostienen que pueden reunir los votos necesarios para rechazarlo. Pero el escenario de la confrontación más fuerte se desplazó al senado, donde la UCR, el “peronismo federal”, la Coalición Cívica, el socialismo y un nuevo grupo de peronistas “no alineados”, estuvieron varios días asegurando que esa mescolanza, que los diarios llaman “la oposición”, obtendría el control que, hasta ahora, había hegemonizado el kirchnerismo. “Tenemos un acta con 37 firmas de senadores en la caja fuerte del senador Gerardo Morales”, juraron. Hasta trascendió cómo habían armado el reparto de comisiones entre la UCR, el PJ “federal” y sus aliados (el Movimiento Popular Neuquino y el ARI de Tierra del Fuego), los peronistas pampeanos Carlos Verna y María Higonet y la liberal correntina Josefina Meabe, que, después de ser elegida en un frente cobista, se había sumado al oficialismo, al que ahora dejó para aliarse a Verna.
El día de la sesión, se votaron las autoridades de la cámara sin sorpresas. Pero cuando tocaba discutir la composición y presidencia de las comisiones, los kirchneristas y sus aliados se fueron del recinto. Quedaron 36 senadores en sus bancas. Faltaba uno para la mitad más uno que da quorum. La triquiñuela del gobierno y el ridículo de la “oposición” fue obra, nada menos, que del inefable Carlos Menem, convertido de pronto en el gran árbitro de la política argentina.
Menem dice que no había pactado con nadie ni había asegurado su voto. Las versiones de venganza por los desplantes, o de promesas de inmunidad judicial están al rojo vivo. Lo único cierto es que, mientras esta edición de ER entra en prensa, la comedia del absurdo sigue sumando enredos.
Ahora resulta que el pampeano Carlos Verna, que le arrebató el control del PJ de su provincia al histórico Rubén Marín, y se había convertido en la “vedette” de las negociaciones de la oposición al separarse del Frente para la Victoria y crear el nuevo bloque “ni oficialista ni opositor”, es decir, al mejor postor, está negociando de nuevo con el kirchnerismo. A cambio de que parte de los fondos se destine a los gobiernos provinciales (La Pampa incluida), Verna presentaría un proyecto que autorizaría el uso de las reservas, consensuado con el gobierno.
Como vemos, el escenario de la política burguesa no da sorpresas. La dinámica habitual de alianzas, rupturas, reacomodamientos y negociaciones, siempre de la mano de traiciones y conspiraciones, muestra la ausencia de todo otro incentivo que el oportunismo y la ambición por aumentar la cuota de privilegios. Y que, con DNU, ley o sentencia, lo único que no se discute, es el pago compulsivo de la deuda.

ASÍ SE VOTAN LAS LEYES EN DEMOCRACIA

Cada tanto saltan a la luz grandes escándalos, como el “diputrucho” peronista, la Banelco radical o los votos dobles del PRO, que son presentados como si fueran aberrantes hechos aislados. Pero esos hitos de corrupción son sólo los ejemplos más visibles de cómo funciona, necesariamente, el mercadeo habitual con que se negocian los votos en los cuerpos legislativos. No puede ser diferente el sacralizado proceso de sanción de las leyes bajo un gobierno burgués.

El 26 de marzo de 1992 se discutía en la cámara de diputados un gran negocio: la privatización de Gas del Estado. El oficialismo peronista tenía que llegar al quorum, con 130 diputados en sus bancas. El plan era poner el proyecto a votación a mano alzada, sin debate. Pierri, que presidía la sesión, anunció a las 16:30 que había quorum estricto. Un par de periodistas se dieron cuenta que había un diputado desconocido, y lo interpelaron. Resultó ser Juan Abraham Kenan, de allí en más conocido como el “diputrucho”, empleado del diputado peronista Samid. Después se descubrió que había al menos otros cinco “diputruchos” preparados, por si hacía falta, para “votar con el culo”. Kenan y Samid fueron sancionados con unos meses de prisión en suspenso, y la cámara prohibió la presencia de periodistas en el recinto.
En abril de 2000, el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso sobornó con 5.000.000 de dólares a varios senadores peronistas para que votaran la ley de reforma laboral. Fue el ministro de trabajo, Flamarique, el que pronunció la frase que daría nombre al affaire por el que fueron procesados De La Rua y varios senadores radicales y peronistas: “Para los senadores, tengo la Banelco”.
El 4 de diciembre de 2008, en la legislatura de la ciudad, había 20 diputados del PRO sentados en sus bancas. Sin embargo, hubo 22 votos oficialistas. Un oportuno video periodístico mostró cómo los diputados Majdalani y Moscariello votaron en su consola, y se estiraron para duplicar el voto en la banca vecina, que estaba vacía. Poco después, el diputado Carlos Araujo, también del PRO, fue pescado haciendo lo mismo. Pero el campeón, siempre del PRO, fue Fernando De Andreis, denunciado por emitir ¡ocho! votos dobles en el curso del año 2009.
Los dirijan radicales, “progresistas”, peronistas o conservadores, así funcionan los cuerpos legislativos en la democracia burguesa, y así se dictan las leyes que nos dicen que tenemos que respetar.

El “Partido de la Justicia”

Néstor Kirchner, gran propagandista de la “independencia del poder judicial”, según él, recuperada gracias a sus decisiones, como la “renovación” de la Corte, acuñó ahora la expresión “partido judicial”, dedicada a los jueces que, “junto a Clarín, Cobos, parte de la oposición y los medios” integran una “conspiración destituyente”. Aníbal Fernández incorporó la idea de inmediato, que hoy aparece en los discursos del riñón kirchnerista, incluyendo títulos como la nota de tapa de la Revista Veintitrés: “Los jueces ultracatólicos que favorecen a represores y empresarios”.
La mayoría de esos jueces “derechistas, ultramontanos y reaccionarios” estuvieron en funciones por años y cumplieron a pies juntillas con el ejecutivo de turno. Es que los jueces, lejos de la imagen sacralizada del que “dice el derecho” y sólo “habla por sus sentencias”, no son lerdos para advertir los periódicos recambios de las fracciones burguesas en la gerencia del estado. Sin rubores ni conflictos éticos, saben anticiparse, y se acomodan cuando ven que va a cambiar el viento.
Aunque esto se ve en todos los fueros, es más evidente en los que tienen injerencia en temas de voltaje político, como los federales, encargados de enjuiciar funcionarios, o los contencioso administrativos, competentes en lo vinculado a la validez de los actos administrativos de gobierno.
Más de un juez “de la servilleta” de Corach, como Romilda Servini de Cubría o Norberto Oyarbide, adhirieron entusiastas al gobierno radical-peronista de la Alianza, luego juraron fidelidad al duhaldismo, y más tarde se esforzaron por satisfacer al kirchnerismo. Ahora, previsores, abandonan a su amo decadente y se preparan para estar al servicio del que venga.
El mismo proceso de “deskirchnerización” muestran los que nombró este gobierno, como los integrantes más nuevos de la Corte. Lorenzetti hasta fue mencionado como posible compañero de fórmula de Cobos, mientras Zaffaroni, Argibay y Highton ya abjuraron de los Kirchner con tanta facilidad como lo hicieron, antes, Fayt con los radicales o Maqueda con el duhaldismo, al que seguramente ahora volverá, obediente.
Es que, más allá de los gobiernos, el poder judicial sabe que es el garante de la legitimidad del sistema, sin que incómodas ideas de justicia o igualdad interfieran en su principal tarea, siempre al servicio de los que representen a la clase explotadora en cada etapa.

El partido de la burguesía


Siguen los reacomodos, buscando el camino a 2011

Duhalde anunció su “regreso” a la conducción del PJ. Kirchner busca la manera de llegar como candidato a 2011. El resto del PJ mide chances con uno y otro. Macri tiene problemas. El Acuerdo Cívico y Social trata de disimular que tiene cada vez menos acuerdos. Todos, en el partido de la burguesía, buscan la mejor manera de reacomodarse para seguir gobernando en los tiempos que vienen.

Vemos a diario los enfrentamientos entre los distintos sectores del gran partido de la burguesía, pero su puja no es por principios ni programas, sino solamente por resolver cómo se ordenan en el reparto del poder. Con diferencias apenas de forma, como se ve con el canje de la deuda o la relación con el FMI, acuerdan básicamente en profundizar la explotación y la entrega, aunque pugnen por acomodarse mejor hacia las próximas elecciones.
El día de la “lealtad”, el partido peronista mostró sus fracciones. En la quinta de San Vicente estuvo el kirchnerismo más “puro”, que hizo bis en el Teatro Argentino de La Plata , con una versión más “bonaerense”, con Scioli y un homenaje al simbólico Cafiero. El “peronismo tradicional”, bajo la batuta de Felipe Solá, sin De Narváez ni Macri, se juntó en Obras. El peronismo porteño, para no tener que elegir entre uno u otro, hizo su propio acto con la excusa de inaugurar un local. Fernando “Pino” Solanas encabezó una conmemoración en el Club Universal. Y en cada provincia, según la ubicación de las lealtades, hubo uno o más actos. La presidenta trató de minimizar las marcadas divisiones: “Son muchos actos porque somos muchos peronistas”, dijo. Pero no pudo ocupar el centro de la foto en un escenario marcado por las francas palabras de Eduardo Duhalde, apenas unos días antes: “He decidido hacerme cargo de la reconstrucción del peronismo”.
Recién llegado de España, Duhalde eligió un acto junto a Luis Barrionuevo, de la CGT Azul y Blanca, para blanquear sus aspiraciones. Usó su origen sindical para compararse con Lula y envió un claro mensaje a Hugo Moyano: “Voy a visitar todos los gremios, sin exclusiones” y otro a Néstor Kirchner: “Va a ser tan fuerte lo que vamos a armar que vamos a ganar por abandono”.
Barrionuevo fue el primero en festejar el fin de la incertidumbre. En el mismo acto, dijo que ponía a los 56 gremios que le responden a su disposición, dando por un hecho la reunificación cegetista: “No falta mucho tiempo para que volvamos a nuestra casa de Azopardo”.
La pública admisión del ex bañero provocó una catarata de adhesiones entusiastas. El ex ministro de economía Roberto Lavagna dio el presente y se anotó para algún carguito. En representación del “peronismo tradicional”, el primero en aplaudir fue el sonriente Carlos Ruckauf. En el acto en Obras, donde habló frente a Jorge Obeid, Jorge Busti, Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, Solá dijo que se sintió “acompañado por Duhalde aunque no viniera”, y aseguró que lo va a apoyar, renegando públicamente de la alianza en cuyo nombre va a asumir como diputado en menos de dos meses. Advirtió a su socio en Unión Pro, Mauricio Macri, que, si pretende ser presidente, no cuente con él.
Hilda “Chiche” Duhalde fue la encargada de decir lo que su marido calló. Preguntada sobre los distintos actos, dijo: “Si tengo que adherir, voy a adherir al de Felipe”, e insistió con que, en 2003, Duhalde entregó a Kirchner un país “medianamente pacificado”, en el que el matrimonio presidencial impuso “un modelo de crispación, de violencia y de enfrentamiento con todos los sectores de la sociedad”.
Como en 2001, Duhalde reapareció como el salvador, haciendo honor a su fama de “piloto de tormentas”. Reutemann no se anima. El trío Solá-Macri-De Narváez tiene más diferencias que acuerdos, y a los candidatos “novedosos”, como Das Neves o Urtubey, solos no les alcanza para enfrentar, por ejemplo, la posible candidatura del vicepresidente Julio Cobos.
Al mismo tiempo, y sin mencionar para nada a Duhalde, desde el oficialismo empezaron a circular la versión de Kirchner presidente para 2011. En varios actos públicos, el kirchnerismo reverdeció sus lazos con las llamadas “organizaciones sociales”, en un intento por mostrar que no necesita al aparato pejotista más tradicional. También planea una “reforma electoral” con internas abiertas, que le permitiría aprovechar los fondos y recursos del estado para contrarrestarlo. Mientras tanto, busca los votos del “progresismo” en el congreso.
El radicalismo todavía no sabe qué va a hacer, y se debate entre Cobos, Morales o Sanz. El Acuerdo Cívico y Social tiene cada vez menos acuerdos entre sus socios. Mientras Stolbizer insiste con la alianza con Cobos, Carrió funda un nuevo partido y el “socialismo” vota con el kirchnerismo en el congreso. Ni siquiera saben si los legisladores que obtuvieron el 28 de junio formarán un mismo bloque a partir del 10 de diciembre.
El progresismo de la alianza de Solanas, Lozano y el PC trata de capitalizar algo en la disputa con Macri en la ciudad, aprovechando el tropezón del jefe de gobierno con el affaire del espía, y no deja de mostrar su permeabilidad a los acuerdos. Votó con el kirchnerismo la ley de medios, y ahora conversa con Margarita Stolbizer, enfrentada a Carrió.
Mientras tanto, sin pausa, Duhalde sigue tejiendo el complicado entramado. Ya dijo públicamente que no apoyará a De Narváez ni a Macri, y, por las dudas, descartó todo posible acuerdo con Cobos. Lamentó que el gobierno nacional “humille a Scioli” y fue orador estrella ante los más poderosos empresarios del país en el Coloquio de IDEA.
Unos y otros cuentan sus fichas, las mueven en el tablero, negocian, se traicionan, vuelven a negociar, hacen acuerdos, los rompen y siguen negociando. El partido de la burguesía, a pleno, busca el mejor camino para seguir gobernando, siempre en contra del pueblo trabajador.

Todo vale en la pelea del PJ

En la pelea del PJ no hay reglas, salvo la que impone ganar. El kirchnerismo, debilitado por el resultado electoral de junio y acosado por la reaparición de Duhalde, usa todos sus recursos para recuperar terreno. En un momento de mayor esplendor, cuando obtuvo el control del aparato partidario, a Kirchner no le importó que se alejaran los “movimientos sociales” a los que tanta seducción dedicó en sus primeros años de gestión, “transversalidad” mediante. Pero ahora, dejando de lado el desprecio que mostró entonces, los necesita de nuevo. Los “movimientos sociales”, tanto los que se mantuvieron fieles, como los que se alejaron un poco denunciando el “ninguneo”, y hasta los que rompieron ruidosamente, estudian el nuevo convite, sazonado con nuevos aportes económicos bajo la forma de subsidios, cargos y planes. Algunos, que no se habían subido al carro kirchnerista, advirtieron el cambio de viento, y ya dan señales de acercamiento.
Así, en los actos de apoyo a la piquetera kirchnerista Milagro Sala, cuya agrupación escrachó al senador radical Gerardo Morales en Jujuy, se pudo ver, juntos y en línea, a D’Elía, los “intelectuales” de Carta Abierta, Hugo Yasky, de la CTA y Fernando Esteche, de Quebracho.
Por su parte, el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, anunció que tiene un “acuerdo central y estratégico” con el jefe de la CGT , Hugo Moyano, y adhirió a la corriente político-sindical que propone el camionero, que también encara conversaciones avanzadas con la FTV de D’Elía y otros más reticentes, como Raúl Castells.
Lo dicho, todo vale en la pelea por el poder. El kirchnerismo sabe que, cuando se abre el tarro de miel, las moscas se amontonan.