El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)
Las elecciones, apuran el paso de los burgueses. Kirchner se aseguró el PJ bonaerense. Cual ratas que abandonan el barco que se hunde, los “transversales”, ninguneados desde hace rato, iniciaron su retirada y buscan reubicarse como “alternativa progresista”. Solá, con parte del duhaldismo, repite la vieja fórmula de ir por fuera de su partido. En tanto, la UCR y la Coalición Cívica suman sus miserias en un rejunte aliancista que espera tentar al socialismo y López Murphy.
Pese a que Néstor Kirchner se aseguró el aparato bonaerense, gran parte de las ratas huyen por los tirantes. De aquellos “referentes sociales” que convocaban a apoyar al gobierno “nacional y popular”, sólo quedan el incondicional D’Elía y el siempre peronista Pérsico.
Libres del Sur lanzó la candidatura de Jorge Ceballos y está armando, con Martín Sabatella y parte de la CTA, un “espacio político para enfrentar al PJ de Scioli, Ballestrini y los intendentes bonaerenses”. En la ciudad, Humberto Tumini llama a “unir a las fuerzas populares para enfrentar a la derecha reaccionaria” del PRO y del PJ local, en el que señala “el mismo componente de clientelismo, negociación con el poder y corrupción de siempre”. Para quienes se preguntan dónde está Bonasso, anda por España, acusando al gobierno de “mediocre”. Así, los que por años llamaron a evitar “el avance de la derecha”, hoy se retiran, silbando bajito.
Pero también hay fugas en el PJ, con el viejo esquema de “candidaturas por afuera”, como ya hicieron Herminio Iglesias, los “renovadores” cafieristas o, más acá, Hilda “Chiche” González. El ahora “disidente” Solá se llevó 22 legisladores nacionales a su nuevo bloque, “Unidad Peronista”. Hay viejas espadas duhaldistas, como el triple ex ministro de seguridad Juan José Álvarez y el ex presidente de la legislatura bonaerense, Osvaldo Mércuri. También, la otrora menemista rabiosa Paola Spátola, y el burócrata de la UATRE Gerónimo Venegas. Solá conversa con el empresario De Narváez y con Jorge Macri, pero también con Cobos y Stolbizer, ex radical aliada a Carrió.
Mientras, la presidenta de la Coalición Cívica, Carrió, y el titular de la UCR, Morales, anunciaron un frente para 2009. Se esforzaron, sin éxito, en disimular el oportunismo electoral del acuerdo. “Tenemos vocación conjunta para la construcción de una alternativa de gobernabilidad ética, republicana y con equidad social”, anunció Morales, mientras que su socia dijo: “Manifestamos nuestra convicción de construir una alternativa de gobierno sobre una base programática”.
La inicial oposición de Alfonsín pasó, por arte de magia, a explícito apoyo. Bastó que Morales lo visite para que una nueva carta desmintiera la anterior, y el ex presidente diera su bendición al proyecto.
Morales y Carrió esperan al Partido Socialista y a Luis Juez, y a pesar de algunas declaraciones, en apariencia duras, hay febriles contactos con sectores peronistas no kirchneristas, con radicales cobistas, sin excluir al propio vicepresidente, y con el nuevo sello de López Murphy, la Corriente Cívico Republicana.
Aunque hacen un descomunal esfuerzo para decir “frente”, “convergencia” o “coalición” en lugar de “alianza”, se huele el tufillo a más de lo mismo. El anuncio en el comité radical recordó aquel 8 de agosto de 1994, cuando Carlos “Chacho” Álvarez (Frente Grande), Federico Storani (UCR) y José Octavio Bordón (PJ) sellaron el acuerdo de El Molino, que parió la sociedad entre Álvarez y Bordón para las presidenciales de 1995, y en 1997, la Alianza, que inauguraría su gobierno con la masacre de Corrientes, para irse, desintegrada, pero siempre reprimiendo al pueblo, en diciembre de 2001.
Como entonces, el oficialismo peronista, imposibilitado de señalar diferencias reales con el otro sector de la burguesía que lo confronta, apela a la descalificación, facilitada por las similitudes históricas. De la Alianza, decía Menem: “Son la siniestra Unión Democrática”. Del nuevo rejunte, dice Kirchner: “Es un sector de la nueva derecha argentina, que actúa más por resentimiento que por convicción o ideas, que parece no tenerlas. Son las mismas caras, los mismos rostros que llenaron de desocupación la Argentina, de indigencia, de pobreza. Dios libre a la Argentina de esa nueva alianza”. Carrió se defendió diciendo que la Alianza “se armó en un programa de TV”, y recordó que Álvarez y muchos integrantes del gobierno de De la Rua hoy están en el kirchnerismo. En Suma, dentro o fuera del PJ, no hay sector de la burguesía que piense gobernar sin su “pata peronista”.
Verdades de ambos bandos, que no se distinguen ni en los argumentos que usan para atacarse, pues tienen en común la defensa de los empresarios, del pago de la deuda, del uso de la represión, es decir, la defensa de los intereses de la burguesía.
Las elecciones, apuran el paso de los burgueses. Kirchner se aseguró el PJ bonaerense. Cual ratas que abandonan el barco que se hunde, los “transversales”, ninguneados desde hace rato, iniciaron su retirada y buscan reubicarse como “alternativa progresista”. Solá, con parte del duhaldismo, repite la vieja fórmula de ir por fuera de su partido. En tanto, la UCR y la Coalición Cívica suman sus miserias en un rejunte aliancista que espera tentar al socialismo y López Murphy.
Pese a que Néstor Kirchner se aseguró el aparato bonaerense, gran parte de las ratas huyen por los tirantes. De aquellos “referentes sociales” que convocaban a apoyar al gobierno “nacional y popular”, sólo quedan el incondicional D’Elía y el siempre peronista Pérsico.
Libres del Sur lanzó la candidatura de Jorge Ceballos y está armando, con Martín Sabatella y parte de la CTA, un “espacio político para enfrentar al PJ de Scioli, Ballestrini y los intendentes bonaerenses”. En la ciudad, Humberto Tumini llama a “unir a las fuerzas populares para enfrentar a la derecha reaccionaria” del PRO y del PJ local, en el que señala “el mismo componente de clientelismo, negociación con el poder y corrupción de siempre”. Para quienes se preguntan dónde está Bonasso, anda por España, acusando al gobierno de “mediocre”. Así, los que por años llamaron a evitar “el avance de la derecha”, hoy se retiran, silbando bajito.
Pero también hay fugas en el PJ, con el viejo esquema de “candidaturas por afuera”, como ya hicieron Herminio Iglesias, los “renovadores” cafieristas o, más acá, Hilda “Chiche” González. El ahora “disidente” Solá se llevó 22 legisladores nacionales a su nuevo bloque, “Unidad Peronista”. Hay viejas espadas duhaldistas, como el triple ex ministro de seguridad Juan José Álvarez y el ex presidente de la legislatura bonaerense, Osvaldo Mércuri. También, la otrora menemista rabiosa Paola Spátola, y el burócrata de la UATRE Gerónimo Venegas. Solá conversa con el empresario De Narváez y con Jorge Macri, pero también con Cobos y Stolbizer, ex radical aliada a Carrió.
Mientras, la presidenta de la Coalición Cívica, Carrió, y el titular de la UCR, Morales, anunciaron un frente para 2009. Se esforzaron, sin éxito, en disimular el oportunismo electoral del acuerdo. “Tenemos vocación conjunta para la construcción de una alternativa de gobernabilidad ética, republicana y con equidad social”, anunció Morales, mientras que su socia dijo: “Manifestamos nuestra convicción de construir una alternativa de gobierno sobre una base programática”.
La inicial oposición de Alfonsín pasó, por arte de magia, a explícito apoyo. Bastó que Morales lo visite para que una nueva carta desmintiera la anterior, y el ex presidente diera su bendición al proyecto.
Morales y Carrió esperan al Partido Socialista y a Luis Juez, y a pesar de algunas declaraciones, en apariencia duras, hay febriles contactos con sectores peronistas no kirchneristas, con radicales cobistas, sin excluir al propio vicepresidente, y con el nuevo sello de López Murphy, la Corriente Cívico Republicana.
Aunque hacen un descomunal esfuerzo para decir “frente”, “convergencia” o “coalición” en lugar de “alianza”, se huele el tufillo a más de lo mismo. El anuncio en el comité radical recordó aquel 8 de agosto de 1994, cuando Carlos “Chacho” Álvarez (Frente Grande), Federico Storani (UCR) y José Octavio Bordón (PJ) sellaron el acuerdo de El Molino, que parió la sociedad entre Álvarez y Bordón para las presidenciales de 1995, y en 1997, la Alianza, que inauguraría su gobierno con la masacre de Corrientes, para irse, desintegrada, pero siempre reprimiendo al pueblo, en diciembre de 2001.
Como entonces, el oficialismo peronista, imposibilitado de señalar diferencias reales con el otro sector de la burguesía que lo confronta, apela a la descalificación, facilitada por las similitudes históricas. De la Alianza, decía Menem: “Son la siniestra Unión Democrática”. Del nuevo rejunte, dice Kirchner: “Es un sector de la nueva derecha argentina, que actúa más por resentimiento que por convicción o ideas, que parece no tenerlas. Son las mismas caras, los mismos rostros que llenaron de desocupación la Argentina, de indigencia, de pobreza. Dios libre a la Argentina de esa nueva alianza”. Carrió se defendió diciendo que la Alianza “se armó en un programa de TV”, y recordó que Álvarez y muchos integrantes del gobierno de De la Rua hoy están en el kirchnerismo. En Suma, dentro o fuera del PJ, no hay sector de la burguesía que piense gobernar sin su “pata peronista”.
Verdades de ambos bandos, que no se distinguen ni en los argumentos que usan para atacarse, pues tienen en común la defensa de los empresarios, del pago de la deuda, del uso de la represión, es decir, la defensa de los intereses de la burguesía.