El kirchnerismo, garante de la miseria del pueblo trabajador

Después de casi tres años, el INDEC hizo públicos los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) dónde se pone en cifras, inocultables incluso para el intervenido organismo, cómo en los últimos años, bajo el gobierno kirchnerista, se ha profundizado la concentración de la riqueza a costa de avanzar sobre el salario de los trabajadores.

Las cifras son sólo una demostración fría de lo que se vive a diario en el país: los salarios deteriorados por la inflación año tras año, el crecimiento del trabajo en negro, la profundización de la tercerización y la flexibilización laboral. Estas premisas, garantizadas eficazmente por los gobiernos kirchneristas, son las que han permitido al empresariado local y extranjero mejorar su rentabilidad para expandir sus ganancias, en el período que va desde 2002 hasta la actualidad. Estos números publicados son una demostración más de cuál ha sido la base sobre la que se ha consolidado el tan promocionado crecimiento de los últimos años.
De los datos presentados en la encuesta se desprende, por ejemplo, que la mitad de “los que trabajan” (dentro de esta categoría se incluye el heterogéneo grupo de trabajadores en blanco y en negro, cuentapropistas e, incluso, patrones) ganan menos de $1.500 por mes. Dentro de este grupo, 6 millones recibe ingresos mensuales menores a $1.200 y 3 millones, menos de $660. Siguiendo siempre con algunas de las cifras presentadas se afirma que “la brecha entre los que más y menos ganan” se agrandó en el último año (la diferencia pasó de 23,4 veces a 26,2) al mismo tiempo que se especifica que el 10% más rico se apropió del 32,9% de los ingresos mientras que el 10% más pobre sólo alcanza al 1,3%.
Éstas, como señalábamos, son sólo algunas rápidas imágenes detrás de la cuales se oculta, en realidad, la dura situación que atraviesan las familias trabajadoras a diario. Así, el sostenido aumento en los precios de los alquileres o de la canasta básica de alimentos viene castigando, año tras año, a los trabajadores. Así mismo, todas las medidas que el kirchnerismo planea para sostener “el modelo” y agrandar la caja, incluyen o traen aparejadas un aumento de la inflación. Ese es caso, por ejemplo, del aumento de las tarifas de los servicios como el gas, la luz o los transportes.
Y qué duda cabe de que los planes del gobierno estarán puestos en función de continuar garantizando las crecientes ganancias para el empresariado. La UIA ya celebró, por ejemplo, la designación de una de sus funcionarias más cercanas, Mercedes Marcó del Pont, al frente el Banco Central. En la entidad empresaria esperan que se les facilite el acceso al crédito y se mejore su competitividad a través del manejo del tipo de cambio. Y todo esto, claro está, garantizando en, primer lugar, la continuidad del pago de la deuda externa.
La burocracia sindical, por su parte, alineada ya sea con el kirchnerismo o con alguna otra fracción empresaria, ha jugado un rol central en este proceso de ajuste sobre la clase trabajadora y está dispuesta a seguir cumpliendo con su parte, como garante de la conciliación. Así como en 2009 cerraron como un gran triunfo el hecho de llevar escalonadamente el salario mínimo a unos míseros $1.500, las figuras más destacadas de la burocracia cegetista prometen al gobierno y al empresariado en general un año “sin conflictividad”. El kirchnerista Omar Viviani, por ejemplo, aseguró que en 2010 “va a haber discusiones paritarias, pero no va a ser nada conflictivo como no lo fue otros años”. Más claro todavía en sus proyecciones fue su jefe, el líder de la CGT, Hugo Moyano, cuando al ser consultado sobre el pedido de la UIA de que los aumentos salariales no superaran el 15%, destacó que “no va a pasar absolutamente nada, como no ha pasado nada en los últimos seis años. Los gremios han logrado un grado de madurez importante y los empresarios también”. Nada distinto puede esperarse de la burocracia de la CTA que, en una nueva señal de apoyo al gobierno, se sumó a los que salieron a celebrar la designación de Marcó del Pont como una “señal positiva”. Con el kirchnerismo al mando de la administración y la burocracia sindical como un aliado central, los capitalistas argentinos han logrado consolidar un período de ganancias extraordinarias, que en muchos casos no se ha visto debilitado ni aún frente a la crisis económica internacional. Ése, y no otro, es el crecimiento que el gobierno de los Kirchner ha anunciado a los cuatro vientos durante los últimos años y que se ha consolidado, siempre, sobre las espaldas del pueblo trabajador.