El gobierno nacional ha avanzado en el pago de la deuda con el Club de París, en una nueva negociación con los bonistas de la deuda en default y en la refinanciación de los préstamos garantizados. Un paquete de medidas que evidencia la continuidad del plan de pago de la deuda externa.
El Revolucionario Nº40 (Octubre de 2008)
En medio de la crisis capitalista, que tan preocupados tiene a los gobiernos de EEUU y la UE, Cristina Fernández decidió apresurarse en mostrar toda la sumisión de su gobierno. Cuando los países más poderosos necesitan urgentemente capitales para paliar la crisis, los Kirchner ofrecen su parte a través de un gesto que vuelve a desnudar su carácter proimperialista: pagar todas las deudas.
La decisión de ratificar y profundizar su plan de pago, según la presidenta, “apunta a una normalización de la relación de la Argentina con el mundo”. Dicen que se reabrirá el crédito para el país. Crédito muy exiguo debido a la crisis financiera; caro por las altas tasas de interés y que, en última instancia, sólo será utilizado por el empresariado y el gobierno y servirá para seguir aumentando el endeudamiento del país.
Honrar la deuda
Dominique Strauss Kahn, antes de asumir al frente del FMI, decía que Argentina debía cancelar la deuda con el Club de París. Pero no se limitaba a eso. Digitaba todos los detalles. Sostenía que, además, debía pagarla con reservas del BCRA. Casi al unísono, y sin pausas, se sucedieron, una tras otra, las palabras de los funcionarios del imperialismo en este mismo sentido. El secretario del tesoro de EEUU Henry Paulson, por ejemplo, invitó al gobierno argentino a “normalizar la deuda”.
Estas directivas siempre fueron bien recibidas por el gobierno nacional. Néstor Kirchner declaraba, en marzo de 2006: “A nuestros amigos embajadores del Club de París les decimos que transmitan a sus gobiernos que nosotros queremos pagar la deuda”. Por su parte, Cristina Fernández explicaba, el primer día de septiembre: “La deuda con el Club de París es de las más genuinas, no es de carácter financiero.”.
Como vemos, el pago estaba pensado desde la mismísima entrada al involuntario default de comienzos de 2002 y ahora cobra cuerpo con la administración kirchnerista.
Son más de 6.700 millones de dólares para el Club de París(1). Millones que son producto de la usura internacional. Millones de una deuda que no es del pueblo.
Sin embargo, esta nueva sangría parece no ser suficiente. En suelo estadounidense, como rindiendo examen, la presidenta anunció la renegociación de la deuda por más de u$s30.000 millones con los tenedores de bonos de la deuda defaulteada(2) y la refinanciación de los préstamos garantizados, medidas que exige el Club de París para concretar la operación.
“El canje no se reabrirá, se privilegiará a los bonistas que confiaron en el país”, afirmaba el ex presidente en abril de 2005. “Hasta 2010 no está previsto reabrir negociaciones”, explicaba Sergio Massa el 15 de septiembre pasado, invocando la ley “cerrojo” que ahora tendrán que derogar. Sobre esta posición de no renegociar esa deuda, de no hacer una nueva oferta, ratificada hasta tan solo diez días antes del anuncio, reinó el más absoluto silencio kirchnerista. Dicen una cosa y después hacen todo lo contrario. Es que la “firmeza” del kirchnerismo ante los imperialistas se derrumba ante la más leve brisa.
Ahora, se proponen canjear y refinanciar una deuda, generando un formidable negocio para los bancos, que cobrarán comisiones extraordinarias; una excelente toma de ganancias para los grandes tenedores de bonos, que los compraron en su punto más bajo de la cotización; y alimentando una nueva espiral ascendente de endeudamiento, a tasas superiores al 12,5%, con bonos atados al PBI y a plazos larguísimos. ¡Y ésta es su política de desendeudamiento!
No hay dudas. El gobierno kirchnerista sigue los mandamientos del imperialismo. Ayer, el pago al FMI. Hoy, al Club de París y a los “holdout”. Como explicó Sergio Massa, la política es una sola: “raspar todas las ollas” para “honrar la deuda”.
Con o sin el FMI, da lo mismo
Mucho ruido hizo el gobierno cuando canceló, en efectivo y por adelantado, la deuda con el FMI. “Desendeudarnos para ser libres” fue el slogan. Bajo esta frase se intentaba convencer al pueblo de que el país se liberaría de las exigencias del FMI y tendría independencia para resolver sus propias políticas económicas.
Pero nada de esto es así. Una a una, el gobierno de los Kirchner aplica las tan denostadas recetas del Fondo. Desde la promulgación de las leyes de responsabilidad fiscal y coparticipación federal, que profundizaron el ajuste en las provincias; pasando por el sostenimiento del superávit fiscal, que el gobierno se encargó de sobrecumplir; hasta los constantes aumentos tarifarios, desde la luz hasta los peajes.
Todas, exigencias del FMI. Todas, para agrandar la caja destinada al pago de la deuda y garantizar la rentabilidad de las privatizadas con los correspondientes giros a sus casas matrices.
Los últimos pasos tampoco se salen de la senda marcada por el organismo internacional. “Lo importante para la Argentina es que se avance con el Club”, decía Strauss Kahn. Como siempre lo hizo, y lo seguirá haciendo, el peronismo cumple las órdenes del imperialismo.
Ante todo, pagar
Los recientes anuncios de pagos de la deuda, encontraron a la plana mayor de la burguesía argentina y sus representantes del oficialismo y la oposición, aplaudiendo de pie. Dirigentes y empresarios de todo tipo no pudieron ocultar su felicidad ante la medida. No podía ser de otra manera. Es que con el estado pagando a más no poder, ellos se disponen a continuar con sus negocios utilizando el nuevo financiamiento externo.
Todos coincidieron en que lo fundamental es pagar. Así lo señalaron Cobos, Binner, Carrió, Macri y Schiaretti. Eso es lo primero. Después marcaron sus diferencias con respecto a la forma o los tiempos del pago. Hasta Claudio Lozano, paradigma del “progresismo”, se limitó a expresar “dudas” sobre lo inoportuno de los pagos, ante la amenaza de una baja del superávit por la caída de los precios de los commodities.
De la misma manera, entre el empresariado, los banqueros Jorge Britto y Carlos Heller, los industriales Lascurain y Rattazzi, y el ruralista Luciano Miguens, saludaron la medida con gran simpatía. “Pueden existir diferencias con el procedimiento, pero son matices. Es positivo, porque el país muestra voluntad de pagar. Y es una fuerte señal a aquellos que dudaban de esa voluntad”, sintetiza el presidente de la Unión de AFJP. “El arreglo de esta deuda es el camino adecuado para que Argentina reingrese al mercado de capitales a través de organismos de crédito y poder así solicitar préstamos de largo plazo que se orienten a la modernización de la infraestructura económica y social del país y a las empresas privadas” celebró la CAC.
No podía faltar la bendición de Hugo Moyano que, en sintonía con la dirección empresaria, señaló: “La decisión de pagar al Club de París produce la apertura de líneas de crédito internacional y, además, les saca el discurso a los neoliberales, que permanentemente criticaban”.
Los máximos exponentes de la burguesía celebran el pago de la deuda. “Honrar las obligaciones externas” es una consigna que los unifica mientras sacan cuentas sobre sus futuros negocios.
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NOTAS:
1) El gobierno aún no se puso de acuerdo con el Club de París sobre el monto de la deuda. La cifra oscila entre los u$s6.700 y los u$s7.900 millones. Los principales acreedores son Alemania, Japón, Holanda, España, Italia y EEUU.
2) Deuda en manos de los bonistas que no aceptaron el canje en 2005, los también llamados “holdout”. Cabe recordar que al momento de entrar en la cesación de pagos, la deuda era de unos u$s20.000 millones. Ahora, con el reconocimiento de los intereses, se van a renegociar unos u$s10.000 millones más.