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Desnutrición y muerte en Salta

Al menos ocho chicos murieron en lo poco que va de 2011, víctimas de la desnutrición, de la falta de atención médica y de las condiciones de vida más elementales. Víctimas, en definitiva, de la extrema pobreza.


La situación de pobreza extrema en la cual está sumergida una parte importante del pueblo no es ninguna novedad. Es una realidad que lleva décadas y que encuentra su contracara en las multimillonarias ganancias que un puñado de capitalistas locales y extranjeros extrae año tras año, a costa de la explotación del pueblo trabajador y del saqueo de los recursos naturales del país.

En menos de 50 días, desde el comienzo del año, murieron en Salta al menos ocho pibes como consecuencia de la desnutrición(1). Son parte de la comunidad wichí que se ha visto afectada profundamente en los últimos años por el avance sobre sus tierras de distintos grupos terratenientes y por la deforestación indiscriminada para avanzar con la plantación de soja en las provincias de Salta, Formosa y Chaco.

Estos casos, que llevaron a la muerte a varios pibes, son la expresión más extrema de la realidad de miseria en la cual se encuentran sumergidas millones de personas a lo largo y ancho del país, tanto en pequeñas localidades rurales, como en las grandes ciudades, como Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Según el caso, la desnutrición y el hambre, la falta de trabajo y vivienda digna, la violencia y la drogadicción, son padecidas a diario por nuestro pueblo.

Y esta es una realidad de la cual el gobierno kirchnerista prefiere no hablar. Por el contrario, sus funcionarios y defensores continúan llenándose descaradamente la boca con mentiras, apoyándose en insostenibles estadísticas oficiales para hablar de “distribución de la riqueza” y “disminución de la pobreza y la indigencia”, lo cual no puede generar más que odio y bronca, en un país de millones de pobres e indigentes.

Las muertes por desnutrición en la provincia de Salta son una demostración más, tras casi ocho años de gobierno, de cuales son las consecuencias reales de las políticas sociales y distributivas del kirchnerismo.





NOTAS:

1) Esta situación fue comentada extensamente en las últimas semanas por el Grupo Clarín que, como consecuencia de su enfrentamiento con el gobierno kirchnerista, decide dar difusión a ciertos temas (la desnutrición, los escándalos de corrupción, el narcotráfico…) que años atrás prefería callar.

Los pobres, muy pobres; los ricos, muy ricos



En Argentina, como en cualquier país capitalista, en el extremo opuesto a la concentración de riquezas en manos de unos pocos, la pobreza, como la otra cara de la moneda, se extiende sobre millones de hombres, mujeres y niños del pueblo trabajador.
En todos los países capitalistas, importantes sectores del pueblo trabajador sobreviven inmersos en la pobreza. Más aún, una buena parte del pueblo lucha por subsistir en la más profunda de las miserias. Lo vemos en todas las latitudes. En los llamados países del primer mundo, donde al tiempo que se desarrollan impresionantes progresos técnicos, miles de personas duermen en las calles pasando hambre, frío y padeciendo todo tipo de enfermedades y ni que hablar en los países atrasados y dependientes, donde la desnutrición y la mortalidad infantil(1) parecen una plaga que azota a los más pobres. Sobre esta realidad, la actual crisis económica ha arrojado más trabajadores a la pobreza y, aun, a la indigencia, es decir, al desamparo absoluto.
Pero algo más indignante aún es que, al lado de la pobreza total, y a costa de ella, se concentran cada vez más riquezas en manos de unos pocos capitalistas. Y si los más ricos entre los ricos pueden disfrutar y ostentar sus vidas plagadas de lujos, privilegios y extravagancias, es, justamente, porque millones de hombres son condenados y despojados de absolutamente todo.
En Argentina, la situación no es muy distinta. La desigualdad está cada vez más acentuada(2) y los ricos son cada vez más ricos, mientras los pobres, cada vez más pobres.
Pese a que el gobierno y todo su aparato de propaganda diga que la pobreza y la indigencia están siendo controladas, como así también la desocupación y la inflación, los estudios que más se aproximan a la “realidad” indican que la pobreza afecta a alrededor del 40% y la indigencia golpea a un 25% del país. Cifras altísimas, que concretamente representan privaciones cotidianas para millones de trabajadores. Pero, al fin de cuentas, son cifras también mentirosas. Es que el INDEC ubica la canasta básica, que determina la línea de pobreza, apenas por encima de los 1.000 pesos. Las consultoras privadas, las “cuestionadoras” del organismo oficial, por encima de los $1.500. Es decir, que en el mejor de los casos, si una familia de cuatro miembros vive, digamos, con $2.000 mensuales, no es considerada pobre. Sin embargo, cualquier trabajador sabe que con esos ingresos es imposible vivir dignamente. La CTA , de probada tradición antiobrera, ubica la canasta básica en el orden de los $4.000. Según estas estimaciones, el 75% de los trabajadores ocupados percibe salarios de pobreza. Ni qué decir de los desocupados, los subocupados o los jubilados.
En este marco, la crisis económica echa más combustible en el incendio. Las suspensiones y los despidos, de la mano de la inflación constante, con el reciente tarifazo como protagonista, lanzan a una buena parte de la clase trabajadora al mundo de la pobreza.
Pero completamente distinta es la vida que viven los ricos. Mansiones, manjares, viajes, placeres... todo abunda entre los que más tienen. La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, haciendo gala de un cinismo extremo, pidió que “...alguna vez alguien deberá hacer un padrón de los ricos en la República Argentina.. .”. Sin dudas, en este padrón, además de una buena parte del gabinete nacional,(3) figuran los nombres del matrimonio presidencial, ya que su patrimonio declarado supera los 46 millones de pesos.(4) Pero los funcionarios locales no son ni única ni fundamentalmente quienes se dan la gran vida en medio de un país sumido en la pobreza. El empresariado local, enriquecido en gran escala bajo la gestión kirchnerista, y la propia burocracia sindical disfrutan confortables niveles de vida a costa de empobrecer cada vez más al pueblo trabajador.
La presidenta fue explícita a la hora de explicar las prioridades de su gobierno. Al argumentar por qué no es posible instrumentar algún tipo de mejora en las asignaciones familiares, explicó que “Para pagar hay que tener fondos [y] En el caso de que se decidieran $135, se necesitarían 6.900 millones de pesos anuales más por año”. Pero a la hora de pagar la deuda, dijo, no sin cierto orgullo, que “...esta Presidenta, todos los argentinos, yo dando la orden, tuvimos que pagar $2.250 millones de dólares, porque tuvimos que pagar el Boden12”. El mensaje es claro: plata para paliar el hambre, no. Para engordar las cuentas de los capitalistas, por supuesto.
La extendida pobreza en Argentina es el resultado inevitable de la sucesión de un gobierno capitalista tras otro. Ninguno de ellos podrá erradicar la pobreza del país. Hasta tanto no se acabe con este sistema, en el que unos pocos viven del trabajo y la explotación de la gran mayoría, seguirá habiendo pobres, porque seguirá habiendo ricos.
...
NOTAS:
1) Según UNICEF, el 31% de los nacidos vivos en América Latina nace en condiciones de extrema pobreza.
2) La brecha que separa al 10% más rico del 10% más pobre, hoy asciende a 34 veces, mientras que al comenzar la década del 80, llegaba a 8.
3) Ver “Gobierno de millonarios”, en ER Nº39, septiembre de 2008. Todas las notas del presente ejemplar y de números anteriores están disponibles en www.elrevolucionario-otr.blogspot.com
4) Ver “Los Kirchner, híper millonarios”, en ER Nº49, agosto de 2009.

Falsas salidas
Un amplio espectro político, en el que coinciden desde la SRA hasta la CTA , pasando por la iglesia, se propone combatir la pobreza. Pero el combate contra la pobreza no puede llevar a ninguna parte, ya que la pobreza no es responsabilidad de los pobres, sino una imposición de los ricos. No hay pobreza sin riqueza, así como no puede haber explotados sin explotadores. Correcto sería plantear, entonces, combatir la riqueza.
Todas las falsas salidas propuestas, que incluyen el plan de obras públicas gubernamental y la asistencia caritativa de la iglesia, implican distribuir lo poco que queda entre los muchos que necesitan. La asignación universal por hijo, promovida por la CTA , es presentada como la solución más seria para erradicar la pobreza. Pero no es más que una variante del reparto y la administración de la miseria que todos proponen: 100, 200, 500 pesos más por familia... nada más. Así, buscan esconder la pobreza debajo de la alfombra y permanecer de brazos cruzados frente al enriquecimiento de los ricos.
Ninguna reforma del sistema capitalista puede erradicar la desigualdad social entre los que mucho y los que nada tienen. La pobreza es una consecuencia inevitable de este sistema que se basa en que una gran parte de las riquezas producidas es apropiada por una minoría capitalista. La negación del acceso a la riqueza producida por toda la sociedad es la pobreza.
Entonces, cuando nadie se apropie de la riqueza producida por otros hombres, por ende, cuando toda la riqueza contribuya a la prosperidad de todos, es decir, cuando no haya ni explotados ni explotadores, podremos hablar del fin de la pobreza.

ARGENTINA: UN PUEBLO EN LA POBREZA

El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)

La pobreza se está extendiendo enormemente en nuestro país. Obviando al INDEC cuyas mentiras son escandalosas, las cifras publicadas por encuestadoras privadas dan cuenta del empobrecimiento del pueblo trabajador, aunque no registran su verdadera magnitud.
Mientras el INDEC miente descaradamente, las encuestadoras privadas disimulan también en parte la gravedad de la situación social que vive nuestro país. Es que también ellas responden a poderosos sectores de la clase dominante, como sucede con empresas como Ecolatina (del peronista/duhaldista Lavagna), o con las encuestas realizadas por la iglesia por medio de la Universidad Católica Argentina (UCA). Pero aun así, es significativo llamar la atención sobre el hecho de que estos estudios “conservadores” consideran que “la pobreza” alcanza a una porción de la población que va desde el 30% hasta el 40% del país.
En todo caso, lo que bien dicen estos estudios es que hay millones de argentinos que están viviendo con menos de $13 diarios. Las condiciones de estas familias cuyo ingreso diario por persona no alcanza siquiera para comprar un Kg. de carne, son evidentemente miserables, y eso hoy ya nadie lo niega, exceptuando los insólitos números oficiales.
Así, tras la máscara de la propaganda y de los acuerdos entre el gobierno, las patronales y los jefes burocráticos del sindicalismo, se extiende una realidad que dista mucho de esa supuesta Argentina que “está sorteando la crisis”. La inflación, el congelamiento salarial, los despidos y suspensiones, el trabajo en negro, la desocupación… ése es el verdadero estado actual de la Argentina , sobre el cual hasta consultoras patronales como Ecolatina o la UCA deben admitir que entre 1/3 y 2/5 de las personas están viviendo con menos de $400 por mes.
Pero la situación es en realidad bastante más grave, puesto que, aun tomando como válidos los datos de estas encuestadoras, lo que no es de ninguna manera verdadero es que en nuestro país se supere la “pobreza” alcanzando unos míseros $1.600 para cuatro personas y en todo concepto, como lo suponen las encuestadoras privadas siguiendo pautas internacionales difundidas por organismos como la ONU o la OEA.
Plantear que ése es el límite de la pobreza, supone que con ese ingreso estas familias deben cubrir todas sus necesidades de alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, transporte y demás. Sin embargo, si tomamos sólo uno de estos rubros básicos como es la vivienda, vemos que una familia humilde debe gastar habitualmente cerca de $900 o $1.000 por mes, situación agravada muchas veces por el costo adicional que significa tener que pagar por día la noche de hotel por no contar con la suma total a tiempo, ni tener garantes y anticipos requeridos para alquilar. Y este es sólo un ejemplo entre tantos, puesto que con esos $1.600 por familia, según los llamados “especialistas”, debería alcanzar para una alimentación decente y suficiente de los cuatro miembros de la familia, para su vestimenta (baste recordar lo que cuesta un par de zapatillas, por ejemplo), para pagar los útiles escolares, los medicamentos y el transporte (que, por ejemplo, no suele estar en menos de $6 diarios para millones de personas que viajan del Gran Buenos Aires a la Capital Federal ), y para todos los bienes y servicios de primera necesidad.
En este marco es evidente que las pautas seguidas por las encuestadoras no registran realmente la magnitud de la pobreza de nuestro pueblo. Todo lo contrario. De hecho, si siguiéramos sus cuentas académicas, deberíamos creer que aquellas personas que, luego de pagar su vivienda, cuentan con sólo $5 diarios para cubrir sus necesidades más básicas habrían superado ya la pobreza, lo que es desde todo punto de vista ridículo e insultante en un país donde la canasta familiar supera ya los $3.700.
Del mismo modo, si se siguieran las recetas de la oposición en su conjunto, sólo se repartiría más pobreza. Desde la derecha de Macri, pasando por la CTA y Carrió, todos proponen, con alguna variante, la asignación universal por niño, con cifras no menos ridículas e insultantes (de $100 a $300). Son los que, en lugar de luchar contra los ricos, discursean sobre pelear “contra la pobreza”.
Así las cosas. Es evidente que para que a algunos les vaya tan pero tan bien, otros tienen que pagar la cuenta. Y si a los empresarios de la UIA , o de IDEA o de la mesa de enlace rural se los ve tan bien, si a los políticos que bancan a unos y otros y hacen también sus negocios se los ve tan bien, no debería llamarnos la atención que sigan profundizando esta relación desigual, ampliando la brecha entre los que más y menos tienen y sumiendo con ello a la mayoría del pueblo trabajador en la pobreza. Por eso es que será de este pueblo trabajador, y no de los empresarios, políticos y burócratas pro patronales, de donde deberá venir la respuesta contra este sistema que, para beneficio de los ricos, hace cada vez más pobres a los trabajadores.

EPIDEMIA DE GRIPE A: LA TRAJERON LOS RICOS, PERO MATA POBRES

El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)

La gripe A, que ingresó al país en un primer momento de la mano de las “familias bien” de Buenos Aires, propagándose en barrios privados, ha multiplicado el número de víctimas al expandirse al resto de la sociedad, en una muestra más de cómo la salud y la enfermedad también reparan en las diferencias de clase.
Los capitalistas no pierden oportunidad de obtener una ganancia allí donde sea posible encontrarla. La salud, desde luego, no es la excepción. Así, se han consolidado gigantescas empresas prestadoras de servicios de salud, lujosos sanatorios, donde se curan quienes puedan pagar las costosas cuotas y multimillonarios negocios a través de la fabricación y venta de medicamentos, manejados por los grandes laboratorios.
La salud es, por lo tanto, un negocio como cualquier otro para los capitalistas. Sólo pueden acceder a ella quienes estén en condiciones de pagar lo que cuesta la cuota mensual de la prepaga, el precio de una internación o de un medicamento. Para los que no puedan acceder a esto, la inmensa mayoría del pueblo trabajador, el sistema reserva, como lo hace con la vivienda o la educación, una realidad de padecimientos. La epidemia de dengue que azotó a las poblaciones más humildes del país el último verano (hay todavía, a pesar de no ser noticia, miles enfermos) y que regresará con más fuerza con el aumento de la temperatura en los próximos meses, la persistencia de enfermedades arcaicas como el mal de Chagas y las innumerables muertes que se padecen año tras año consecuencia de enfermedades curables, como una simple gripe, dan cuenta de que la salud, así como la ciencia en general, sólo se desarrollan en el capitalismo, allí donde exista la posibilidad de obtener ganancias para quién se decida a invertir.
La gripe A se ha cobrado, según los cuestionados datos oficiales, más de un centenar y medio de víctimas. Según otras fuentes médicas y de trabajadores de la salud, son ya más de cuatrocientos. En uno u otro caso, como siempre, son, casi en su totalidad, quienes no accedieron al tratamiento y la medicación adecuada a tiempo. Como una simple muestra, lejos del alcohol en gel y los barbijos, por no nombrar los elementos de primera necesidad como frazadas, medicamentos o, simplemente, una alimentación digna, como lo denuncia el Comité Contra la Tortura dependiente del gobierno bonaerense, en las cárceles de la provincia de Buenos Aires murieron víctimas de la gripe al menos tres presos y veintidós debieron ser internados. Al mismo tiempo, por las radios se repetían las propagandas oficiales en las cuales hasta se recomendaba no concurrir a trabajar, agregando que no se verían afectados los salarios por esta decisión, “consejo” que obviamente no es más que una burla para la mayoría de los trabajadores, para los cuales ausentarse de su trabajo no sólo representa una posible reducción salarial, sino que significa un despido casi seguro.
La gripe A, por lo tanto, como cualquier otra enfermedad, seguirá descargándose de forma desigual en la sociedad. Lo que para algún empresario o su familia puede resolverse con un buen tratamiento y algunos días de reposo, como se vio incluso en los casos de algunos altos funcionarios del gobierno porteño, como el del peronista Rodríguez Larreta, seguirá representando para el pueblo trabajador un importante riesgo, a pagar incluso con su vida. Sólo en el Hospital Garrahan murieron siete chicos pobres, según lo denunció la Junta Interna de sus trabajadores. Es que no es lo mismo pelear contra el virus desde la desnutrición, las malas condiciones generales y sin acceso a los remedios, que en la opulencia.
Los que se mueren de gripe, en Argentina y en todo el mundo, son los pobres.

TAMBIÉN ES UN GRAN NEGOCIO
Las patentes que dan exclusividad en la producción de un medicamento a un laboratorio determinado son un negocio multimillonario(1). No es ninguna novedad. Con la gripe A, los dos laboratorios que multiplicaron varias veces sus ganancias son el británico Glaxo Smith Kline y el suizo Roche, fabricante del ya famoso Tamiflu (Oseltamivir), que aumentó sus ventas un 203% en el primer semestre de 2009. Esta droga, a u$s300 la cajita, no es nueva. Fue desarrollada por la empresa Gilead Sciences Inc., propiedad del secretario de defensa del gobierno de Bush, Ronald Rumsfeld, que vendió los derechos a la suiza en 1996 a cambio de jugosas regalías, que hoy continúa cobrando. En 2005, la oportunidad estuvo con la “gripe aviar”. Durante ese año, Roche facturó sólo por la venta del antiviral u$s1.000 millones, cuadruplicando sus ganancias con respecto al año anterior.
Ni hablar de la inminente vacuna, de la que EEUU y la Unión Europea ya adquirieron las primeras reservas, sin dejar resto para los países pobres.
Aunque a una escala mucho menor, lejos de las multimillonarias cifras en dólares, también han tenido motivos para celebrar a lo grande los fabricantes locales de alcohol en gel y barbijos, por nombrar sólo algunos de los que vieron en la gripe una gran oportunidad de negocios.
...
NOTAS:
1) El 47,1% de las drogas que se venden en Argentina tienen un único oferente y el 88% tiene menos de seis. Las variedades genéricas se venden a precios similares a los de la droga original. Es lo que se conoce como el “efecto murciélago”, pues todos se cuelgan del precio techo. (Fuente: Fundación “Remediar”).

CUANDO LA GRIPE ES CONVENIENTE
La manipulación política y económica de la pandemia de gripe A parece no encontrar límites.
Primero, la usaron para erradicar de los medios de comunicación las noticias sobre la epidemia de dengue y su enorme cuota de fatalidad.
Después, en plena campaña electoral, consideraron políticamente acertado minimizar la extensión de la nueva gripe, para “sincerar”, una vez concluidas las elecciones, los niveles de infectados y muertos y para anunciar algunas medidas escenográficas de prevención.
No fueron pocos los empresarios que aprovecharon la aparición de esta gripe, para instrumentar suspensiones de personal sin goce de sueldo, fundamentalmente entre los trabajadores en negro.
La especulación y remarcación de precios sobre productos de prevención, como alcohol o barbijos, tampoco encuentran límites.
Por su parte, los economistas no se demoraron en culpar al virus por los malos resultados de la economía, como la caída en el turismo, el consumo o la producción. Hasta hay quienes ya calcularon qué porcentaje del PBI caerá como consecuencia de la gripe.
Además, en varias localidades se han prohibido actos o actividades políticas en nombre del respeto de las pautas de prevención...
Como vemos, los capitalistas han encontrado un sinnúmero de convenientes utilidades para usufructuar este virus en su propio provecho.

LA “INSEGURIDAD” QUE NOS TRAE EL CAPITALISMO

El Revolucionario Nº47 (Junio de 2009)

El pueblo pobre que vive entre la explotación y la miseria, aguanta, además, la obscena ostentación de las riquezas que acumulan exclusivamente unos pocos. En los barrios ricos o en la televisión pueden verse sus mansiones y autos caros, sus empresas y colegios privados, sus casas acogedoras con heladeras desbordantes y calefacción central... toda una vida de beneficios se presenta como una provocación frente a una gran mayoría a la que se le ha negado lo más elemental. En su lugar, para muchas familias humildes la vida diaria es un martirio, pues deben vivir cotidianamente entre el hambre, el frío, la inundación, la enfermedad, la ignorancia de los que no pueden educarse, la humillación de quienes no consiguen trabajo, la drogadicción, la degradación de caer en la prostitución...
No se puede empezar ninguna discusión sin partir de esta distinción entre los que tienen y los que no, entre los que han acumulado para sí a costa del trabajo de los demás y los que, en cambio, han entregado toda su vida al trabajo sin que les quede nada o casi nada para ellos y sus familias, entre la clase de los que explotan y acumulan y la de quienes sufren las consecuencias de esa explotación, sumidos en la opresión de un trabajo que no alcanza para vivir o directamente en el abandono de la miseria.
Dicho esto, debemos revisar la postura oficial según la cual la “inseguridad” es “un problema de todos”. Con ese discurso, los voceros del sistema ocultan en primer lugar la distinción que existe entre los crímenes que provienen del afán de lucro de los capitalistas o sus agentes (como las fuerzas represivas, jueces, etc.) y los actos que son realizados por los pobres que no encuentran salida en el sistema actual. Y en segundo lugar, ocultan el hecho fundamental de que esos pobres han llegado a esa situación de miseria, marginalidad y delincuencia empujados por quienes mandan en este sistema y se enriquecen en función de la creciente pobreza y desesperación de los trabajadores, llevando a muchos de ellos a vivir en las condiciones más indignas.
La comprensión de esas causas permite ver que no es lo mismo el robo a un trabajador que vive en el conurbano que a un empresario en su 4X4 o su country. Pues mientras el trabajador sufre las consecuencias de un sistema social al cual está sometido y del que nunca recibirá los beneficios, el empresario es parte de una clase que es responsable de la pobreza y sus consecuencias, puesto que la fortuna que él y su familia han hecho está siempre sostenida en la explotación y el empobrecimiento del pueblo trabajador, cuya expresión más crítica es la que ha llegado a una condición tan degradante que acaba por salir a robar para sobrevivir.
Todas las respuestas que ensayan los políticos del sistema frente a la “inseguridad”, con sus variantes “progresistas” o de “mano dura”, no pueden llevar más que al sostenimiento y la profundización de la situación actual, ya que no atacan la raíz del problema social que le da origen: las relaciones de explotación propias del capitalismo. Para poder evitar que los pibes más humildes caigan en la delincuencia es imprescindible erradicar la pobreza y la opresión social que hoy los está arrastrando a esa situación. Pero ese cambio no lo podrán concretar nunca los políticos del sistema porque ellos defienden permanentemente a los poderosos y sus ganancias, y para ello condenan al conjunto de los trabajadores a la explotación y llevan a la más dura pobreza a sus capas más humildes.
En el capitalismo, la delincuencia originada en la pobreza no sólo es inevitable sino endémica. Sólo en una sociedad donde no haya poderosos privilegiados y, por eso mismo, no haya pobres a los que los ricos le sacan todo, en una sociedad así, socialista, donde todos trabajemos para todos y nadie viva a costa de los demás, allí pues, erradicaremos esta delincuencia, porque habrá perdido su base social.

CON LOS KIRCHNER CRECE LA MISERIA

En la Capital Federal, es decir, en el distrito más rico del país, asistimos a un crecimiento exponencial de la miseria.
El Revolucionario Nº46 (Mayo de 2009)

Los datos sobre el crecimiento de la miseria, casi siempre ocultos, han llegado a ser de discusión pública porque el temor reaccionario ante las consecuencias directas de la extrema pobreza, como son la “marginalidad” y las noticias sobre la delincuencia juvenil, llevó a los medios a informar sobre las villas donde crecen los “pibes chorros”.
Los datos oficiales, como siempre, están devaluados para disimular la gravedad de la situación. Aún así, oficialmente calculan que sólo en las villas miseria de la Capital hay más de 200.000 personas.(1) Ya en la villa de Barracas (más de 65 hectáreas que incluyen las villas y barrios Zavaleta, San Blas, 21-24 y Loma Alegre) hay más de 50 mil personas; a su vez, en la villa 1-11-14 del Bajo Flores se estiman unas 20.000; por su parte, en el oeste de la Capital, entre Lugano y Soldati, superan las 35.000 personas (incluyendo las villas 19, 20 y “Los Piletones”); y, en Retiro, las villas 31 y 31bis acaban de contabilizar 26.000 habitantes. Así, las cifras oficiales parecen conservadoras si tenemos en cuenta que con este puñado de villas estamos hablando de más de 130.000 personas, cuando en la ciudad existen decenas de estos conglomerados, a los que se debe agregar, además, la existencia de más de 40 asentamientos en los que las condiciones de vida son aún peores. Y aún hay que considerar a las miles de personas que viven en la indigencia, durmiendo en la calle, en hogares, en paradores nocturnos, en casas tomadas, o con un poco de suerte en los negligentes hoteles familiares y conventillos de la ciudad, donde familias enteras conviven hacinadas en cuartos diminutos.
Uno tras otro, cada gobierno ha hecho lo imposible por tapar esta realidad. Desde Ibarra hasta Macri, todos han acudido a la represión sistemática por medio de desalojos y razzias para expulsar a las familias humildes hacia el conurbano. Eso hace más significativa esta situación, ya que es evidente que por cada villa capitalina, se extienden en la provincia numerosos barrios pobres, muchos de los cuales son villas relocalizadas con decenas de miles de habitantes (tal vez una de las más conocidas sea Ciudad Oculta donde viven más de 40.000 personas).
Estos números están hablando de que aún en el territorio más rico de todo nuestro país, hay centenares de miles de personas sobreviviendo en condiciones infrahumanas. Miles de familias obreras sumidas en la marginalidad, subalimentadas, sin gas natural ni agua corriente, sin cloacas ni servicios básicos de salud. En lugares donde los servicios de higiene casi no existen y las inundaciones son la consecuencia común ante cada lluvia. Donde las enfermedades se reproducen a gran velocidad, multiplicando situaciones como la contaminación de la sangre con plomo, fruto de la intoxicación del agua, o el desarrollo del dengue. En muchos casos ni colectivos ni ambulancias entran en estos extensos barrios pobres, que deben ser recorridos a pie diariamente para ir al trabajo, o ante cada emergencia hospitalaria. Y son además zonas donde la represión estatal (detenciones, torturas, gatillo fácil, etc.) se desata con mayor intensidad, y en donde, como no podía ser de otra manera, esos mismos policías y gendarmes junto a los punteros y los dealers, se llenan los bolsillos por la venta de droga y demás negociados, que hacen a costa de la degradación y muerte de los pibes más pobres, que ya desde los 10 años (y a veces menos) son condenados al paco.
Ésta, no otra, es la realidad del pueblo, bajo el gobierno kirchnerista.

NOTAS:
1) Proyección de la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS). Ya hace dos años otros organismos, como el Instituto de la Vivienda de la Ciudad, hablaban de 165.000 personas.

LA “INSEGURIDAD” ES UN PROBLEMA DE CLASE

Hoy está en boga el tema de la “inseguridad” y la “delincuencia”. Pero los llamados “delincuentes” no son todos iguales, hay de distintos tamaños, de distinta clase social.
El Revolucionario Nº46 (Mayo de 2009)

Debemos llamar la atención sobre el hecho de que la prensa y los políticos del gobierno y la oposición reclaman y concretan acciones urgentes y drásticas sólo en lo que respecta a los delincuentes pobres, esos que viven en los barrios y villas marginales y que hoy componen casi la totalidad de la población carcelaria del país.
No apuntan, por supuesto, contra los grandes delitos (como el narcotráfico, la trata de blancas, las estafas empresarias, la venta de armas, el robo de los bienes del estado por parte de funcionarios públicos, etc.). Sobre eso sólo hacen planteos y promesas de cambio a futuro o, como mucho, algunos amagues para voltear a un oponente político, pero sin ir nunca hasta el fondo del asunto ni atacar a sus responsables.
Sucede que estos grandes delitos son manejados por gente de dinero. Y estos capitalistas de los grandes emprendimientos ilegales, son también activos empresarios registrados, dirigentes de los partidos políticos patronales, agentes de las fuerzas de seguridad, de la justicia, etc.
A decir verdad, los capitalistas no son gente de andar con escrúpulos. Para ellos, la frontera entre lo legal y lo ilegal es una formalidad planteada en las leyes para que sea cumplida sólo por los pobres. No hay más que ver a nuestro alrededor: desde la campaña kirchnerista financiada por narcos, hasta los negociados de los directivos de empresas en EEUU y Europa, pasando por el robo de Skanska o la venta de armas a cargo funcionarios. Un hilo conductor vincula sin interrupción a los grandes empresarios, los traficantes de todo tipo, los políticos de turno y los funcionarios estatales de justicia y seguridad.
Y desde esa cúpula empresaria que maneja los grandes negocios del narcotráfico, la prostitución, las bandas de secuestradores y ladrones, la venta de autos u otros bienes robados, se extiende todo un escalafón de agentes secundarios, cuyo último y más vulnerable rango es el de los pibes que provienen de los barrios y villas más humildes del país y que se vuelven chorros para resolver sus necesidades más inmediatas.
De hecho, los pequeños delitos están manejados por los grandes delincuentes que visten saco y corbata, o en su defecto uniforme azul. Tanto es así, que no existe ninguna banda que no deba llegar a un arreglo con la policía y/o el puntero político, si pretende mantener su actividad en una zona. Ellos son los que mandan, los que garantizan las “zonas la liberadas”, los que hacen los arreglos con los políticos de turno.
Y son además esos mismos policías y punteros quienes, funcionando como agentes de los grandes traficantes, garantizan la entrada y venta de drogas en los barrios. Así, un resultado directo de “su negocio”, es la descomposición de los pibes más humildes que, enfermos por la ansiedad que provoca su adicción a sustancias como el paco, acaban por salir a robar. Así, para los capitalistas de la droga, sus socios gubernamentales y policiales, y los transas que la reparten, el hecho de que esos pibes casi seguro terminarán muertos en un intento de robo o en su defecto encerrados en un reformatorio o una cárcel entre violaciones y golpizas, no es más que un efecto colateral de su negocio.
Esta sociedad regida por la explotación está sostenida en relaciones que garantizan el enriquecimiento de los grandes capitalistas (en este caso orientados a los negocios de la droga, la prostitución, el robo...), mientras que los más vulnerables entre los pobres son castigados doblemente, descomponiéndose en manos de las drogas y orientando su vida hacia la marginalidad criminal que supone el robo, y consecuentemente la cárcel y más que seguro una muerte temprana.
Y en este marco, en que la opulencia de los grandes capitalistas está asesinando o condenando a la cárcel a miles de hijos de las familias trabajadoras, los medios masivos de comunicación y los referentes de los partidos patronales, no hacen más que reclamar más mano dura para el pobrerío. No sólo le niegan lo básico al pueblo trabajador. Pues para éste no hay ni trabajo digno, ni alimentación suficiente, ni vivienda accesible, ni planes de rehabilitación de drogas, ni sistemas de salud y educación funcionando, ni nada de lo más elemental. Sino que además condenan a sus hijos al paco, a la cárcel y a la muerte. Mientras tanto, en base al silencio y la inacción, defienden a los poderosos empresarios, políticos, funcionarios, policías y demás responsables de manejar estos grandes negocios. Es que son sus pares y sirvientes, capitalistas de su clase y funcionarios a su servicio. Son los empresarios que comparten sus negocios y su modo de vida; son los policías y jueces que defienden su propiedad y sus negocios cuando están en riesgo, y son los políticos que no dudan en ponerse todos contra los trabajadores cuando éstos se organizan y se plantean luchar contra esta sociedad basada en la continua explotación.
Hay quienes insisten en negar que éste sea un problema de clase. Tendrían que explicar, en todo caso, por qué son sólo los pobres los que llenan las cárceles y los reformatorios, o los que desde los 10 años ya mueren de sobredosis por el paco o cagados a palos en una comisaría.

EPIDEMIA DE DENGUE: OTRA ENFERMEDAD DE LOS POBRES

La epidemia de dengue que traviesa el país demuestra que la salud en el capitalismo, es un preciado bien al que solamente pueden acceder unos pocos.
El Revolucionario Nº45 (Abril de 2009)

Seis muertos por ser pobres es el resultado parcial (a los primeros días de abril) de la epidemia de dengue en nuestro país.
Una enfermedad que había sido erradicada a principios de los 60, volvió ya hace varios años a nuestro país y se extiende ahora a una gran velocidad, alcanzando a 11.000 enfermos según las cifras siempre cambiantes y crecientes que se difunden públicamente. A eso deberían sumarse las proyecciones, ya que, según la Organización Mundial de la Salud “se estima que por cada caso reportado podría haber entre cinco y diez casos no reportados”, como explicó el director nacional de Prevención de Enfermedades y Riesgos, Hugo Fernández.
La extensión de las villas y los asentamientos, el desarrollo de la miseria en ciudades y pueblos del interior, la falta de trabajo y las malísimas condiciones para los que sí lo consiguen, entre tantas otras manifestaciones de la pobreza argentina, venían marcando una grave situación, profundizada ahora que los empresarios y el gobierno descargan sobre los trabajadores el peso de la crisis.
Ése es el marco que ha dado lugar a la extensión de una enfermedad propia del atraso. El vaciamiento hospitalario y la absoluta falta de prevención son fruto de una misma política que arrasa con todas las conquistas populares, degradando la salud y la educación públicas, las condiciones y el acceso al trabajo, la vivienda y la alimentación.
El desprecio con el que el gobierno nacional y sus colegas provinciales y municipales tratan a los trabajadores de nuestro país es tal que han sido necesarios miles y miles de enfermos, y los primeros casos de muertes, para que por fin acepten la patética existencia de una epidemia de dengue, una enfermedad que es absolutamente controlable (como ya se ha hecho en décadas pasadas) pero a la que se dejó correr a costa de varias muertes y enfermos graves. De hecho, desde Charata, donde un humilde hospital sin infraestructura ni recursos debió atender a miles de personas con un sólo médico (a un frenético ritmo de entre 150 y 200 pacientes por día), el equipo de médicos del hospital denunció que el ministerio de salud de Chaco los obligó, mediante una circular a “no informar o siquiera hablar sobre dengue”. Así es como el gobierno dio lugar a que la enfermedad se transforme en la epidemia más importante de la historia del dengue en el país, como lo explicó, entre otros, el infectólogo del Hospital Muñiz, Tomás Orduna.
Eso sí, una vez extendido el pánico, los barrios ricos del norte de Buenos Aires, incluyendo en primer lugar la quinta presidencial de Olivos, fueron atentamente fumigados, aunque no se registre ningún enfermo, con una celeridad que no tiene nada en común con el trato brindado a los pobres del norte argentino, donde a la enorme carencia de recursos y tardanza en las respuestas más elementales se agrega el envío de repelentes vencidos, justo allí donde el foco de la epidemia estaba atacando a más de 6.000 enfermos y cobrándose la vida de varios infectados.
La extensión del dengue, con sus enfermos y sus muertos, está lejos de ser una “catástrofe” o una calamidad. Es el producto directo del plan económico y social de un gobierno que para seguir brindando subsidios a los empresarios y para mantener el pago de la deuda externa, no ha dudado en profundizar el ajuste contra los trabajadores, llevando al más absoluto vaciamiento de los servicios fundamentales como la educación y la salud pública. Es la verdadera cara de un gobierno que se autoproclama “popular”, que propagandiza un “crecimiento a tasas chinas” hablando de un supuesto “país en serio” cuando lo único que hace es entregar todo a los capitalistas locales y extranjeros a costa de los trabajadores, su alimentación, su educación, su vivienda, su salud y su vida.

SEGURIDAD PARA RICOS ES REPRESIÓN PARA POBRES

Detrás del pedido de “seguridad” y “mano dura” se esconden los intereses de un puñado de ricos contra la mayoría del pueblo empobrecido.
El Revolucionario Nº45 (Abril de 2009)

Los ricos se la pasan reclamando “seguridad”. Los capitalistas más reservados lo hacen mediante el lobby al gobierno de turno o directamente financiando escuadrones de la muerte, como los que operaron en los últimos años en la zona norte del conurbano bonaerense. Otros millonarios, los de la farándula, piden mano dura a los gritos y por TV, como Susana Giménez o Marcelo Tinelli. Son muy pocos, en el medio de un pueblo de trabajadores, y sin embargo, la fortuna que cada uno de estos ricos autóctonos tienen en casas, countries, bancos, cajas de seguridad, acciones y demás, es suficiente para sacar de la pobreza a todos los humildes del país. Esos millones que sostienen su vida de lujo, son a su vez, los que le son negados a las familias obreras para conseguir su pan, sus remedios, su ropa, su vivienda…
A su pesar, el pueblo humilde sobrevive. Consigue trabajos que son siempre degradantes. Lucha para que todo el tiempo entregado a un miserable patrón, le sirva al menos para vivir. Cuando no puede sobrevive en la calle, con changas o cartoneando, se empobrece cada vez más. Y cuando aún así no le alcanza, o cuando la situación se le hace intolerable por lo opresiva y obscena, salva su plato de comida saliendo a robar, o trata de olvidarse de todo metiéndose en el perverso círculo del consumo de drogas por el que pronto deberá “meter caño”. Se vuelve así preso de un circuito que también es impulsado por los ricos capitalistas, quienes en su afán de lucro desarrollan el millonario negocio del narcotráfico a costa de la vida de miles de pibes, casi siempre pobres.
Lo que los capitalistas tienen entre sus manos multiplica por millones lo que el más afortunado de los trabajadores es capaz de conseguir en toda una vida de trabajo. Pero los ricos, que casi nunca trabajan, saben que son los que mandan en este sistema y por eso reclaman que se cumplan las reglas en las cuales sólo ellos serán protegidos: respeto irrestricto de la propiedad privada (de todos sus obscenos millones, sus countries, yates, etc.) y cárcel y bala para los pobres que no han encontrado más escapatoria que salir a robar para sobrevivir.
Para que eso se cumpla tienen toda una infraestructura a su servicio.
Tienen los medios de comunicación que bombardean permanentemente con la “inseguridad” preparando el terreno para que crezca la mano dura contra los pobres, con vigilancia en los barrios humildes, cárcel para los menores y hasta pena de muerte para esos chicos. Por la vía de los medios buscan (y a veces logran) mostrar como un problema general lo que es un problema de su clase. En realidad son los ricos, ésos que se llenaron los bolsillos a costa del hambre general, los que más se asustan de su propia criatura: temen que alguno de esos miles de pibes a los que se les niega lo más básico (un plato de comida, el derecho a estudiar o a tener una casa) termine jugándose su mala vida en un asalto... y justo les toque a ellos. El hecho de que a los sectores más humildes del pueblo se los esté degradando a semejante nivel de pauperización y descomposición que lleve a los pibes a robarle a sus mismos pares o vecinos, casi siempre para calmar la ansiedad de la droga barata a la que los ha sometido una vida de miseria, no hace más que agravar un cuadro en el que la absoluta responsabilidad está en esas opulentas “gentes de bien” que son ahora representadas por Giménez y Tinelli y cuyo reclamo es muy bien atendido por los medios y el gobierno.
Porque cumplidas esas campañas mediáticas, los capitalistas se escudan en su mejor herramienta para aplicar la mano dura contra los pobres: el estado y el gobierno de turno que lo administra. Así, las leyes se vuelven cada vez más duras contra los pobres, y ahora contra los chicos pobres. Los barrios humildes se llenan cada vez más de policías y gendarmes y demás verdugos que buscan tener a raya al pueblo por medio de golpizas, detenciones arbitrarias, torturas y gatillo fácil. Más se agrava la pobreza y más se organizan para reprimir los ricos y su gobierno. Sobre todo en momentos como éstos en que, ante la miseria que trae la crisis, se disponen a contener cualquier reacción social a base de palos. Y así, el país se llena de cárceles abarrotadas con miles y miles de hombres que siempre, absolutamente siempre, son pobres. Ni narcotraficantes ni tratantes de blancas, ni políticos ni policías verdugos, ni banqueros ni empresarios estafadores; en las cárceles sólo hay pobres que han caído en la delincuencia producto de su condición, por no encontrar otro camino para salir del fango que jugarse la vida en un asalto. Por supuesto, cada nuevo gobierno, como el actual, que sólo gobierna para los ricos (y para la clase media, cuando ésta repite el discurso de “seguridad” de los ricos) profundiza esta política, como lo hace ahora Cristina Fernández cuando se queja de que no puede ser que “la policía detiene y detiene”, mientras “la justicia libera y libera”.
Ya lo que hizo Kirchner, cuando mandó a votar el “plan Blumberg”, y lo hace una vez más Cristina Fernández ahora que se está gastando otros 400 millones de pesos para comprar 500 patrulleros, más de 20.000 celulares y 5.000 cámaras de video, además de aumentar la cantidad de milicos en los barrios pobres, sumando otros 4.000 gendarmes y policías (incluyendo exonerados). No cabría esperar otra cosa de un gobierno y un estado que está formado por y para los ricos.

EL GOBIERNO PERONISTA PROFUNDIZA LA REPRESIÓN CONTRA LOS POBRES

El Revolucionario Nº42 (Diciembre de 2008)

Hay un puñado de capitalistas que vive en el lujo más escandaloso, mientras, entre la gran mayoría trabajadora, el nivel de pobreza es tan evidente que hasta en las cuidadas estadísticas de la CTA y la iglesia supera 1/3 de la población. Los hijos de la clase obrera hoy están sumergidos en la peor vida: la droga, la prostitución o la delincuencia. Es la vida miserable que impone la burguesía, para gozar ella de los lujos.
El pasar del trabajador se hace insoportable, con largas jornadas de trabajo, desempleo, magros salarios, falta de vivienda y seguridad social. A la coerción patronal, que impone malas condiciones de trabajo, sigue la represión estatal con su máquina disciplinadora: fuerzas represivas, cárceles, leyes y jueces van siempre contra los trabajadores. Sus métodos: detención, razzias, golpizas, encarcelamiento “preventivo”, condenas por robos de gallinas, torturas, gatillo fácil, o represión (“legal” e “ilegal”).
Por su clase y sus privilegios, cada nuevo gobierno de la burguesía aceita esta maquinaria. Al tiempo que intensifican el narcotráfico y la trata de blancas (donde los transas son siempre socios de los punteros gubernamentales y las fuerzas represivas), impulsan nuevas leyes para agudizar la represión contra los pobres.
Es lo que hace hoy el peronismo en el gobierno, cuando, Scioli como punta de lanza de los Kirchner, reclama cárcel para los chicos de 14 años. Expresa la voz del peronismo, partido único de la burguesía argentina, que se hace cargo de las tareas de su clase para profundizar la represión de los trabajadores. Por eso coincide con el jefe del PJ, quien exigió “que los jueces se pongan los pantalones largos” al día siguiente que su mujer disparó: “no puede ser que la policía detiene, detiene, y la justicia libera, libera”. Coincide, también, con todo el funcionariado judicial de la provincia, que pide más fondos para el sistema represivo y manifiesta su “preocupación” cuando algún niño (haya delinquido o no(1)) cae en manos del sistema penitenciario, aunque ni los jueces de la Corte, ni la Procuradora General de la provincia, que eso reclaman, digan una palabra sobre la explotación infantil, el narcotráfico, los grandes negociados gubernamentales, las redes de prostitución dirigidas por las fuerzas represivas, etc..
El peronismo, en voz de Scioli, expresa, en fin, a su clase y sus representantes políticos del peronismo, el radicalismo, el ibarrismo y demás lastres, como Scioli mismo lo recuerda: “Lean el proyecto que respaldo. Es el redactado por la senadora Vilma Ibarra, que cuenta con el aval del senador, Gerardo Morales y el legislador García Méndez, que fue presidente de UNICEF”.
La nueva responsable provincial de minoridad, Cristina Tabolaro(2) arranca su campaña para llevar presos a los chicos con un incremento de 190 millones a 300 millones para su área. Así, los disciplinados funcionarios kirchneristas se arremangan para la tarea represiva.
...
NOTAS:
1) La mayoría de los chicos de menos de 18 años dispuestos en institutos o similares, están sometidos a procesos “tutelares”, es decir, no están acusados de haber cometido delito alguno, sino que el estado los ha encerrado “para protegerlos”.
2) Ex subsecretaria de Felipe Solá y ex directora nacional de la ministra Alicia Kirchner.

LA REALIDAD INFANTIL: EXPLOTACIÓN, NEGOCIO Y DESPRECIO

Más allá de las declamaciones y compromisos asumidos, el gobierno empeora el ya delicado cuadro social de los niños, adolescentes y jóvenes pobres de nuestro país.
El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)

La “bonanza” kirchnerista tampoco alcanza a los hijos de la clase trabajadora, demostrando allí también su carácter de clase.
Según la OMS, el 50% de los niños entre 6 meses y 2 años padece anemia al carecer de hierro, como resultado de la mala alimentación, en tanto que 500.000 niños no reciben sus vacunas obligatorias. En los últimos tres meses, por día “han muerto entre nosotros 25 bebés de menos de un año”(1). En lo que va de 2008, sólo en el conurbano hubo 3.530 muertes infantiles, esto es, diez criaturas por día(2). Con el 50% de los menores en la pobreza, las familias, en busca del ingreso mensual, se ven obligadas a emplear a sus hijos.
En la última década, el trabajo infantil aumentó 600% en Argentina, superando a cualquier otro país de la región. Hoy, según datos oficiales, se explota a 1.500.000 menores(3), y la mitad no percibe pago a cambio. A la cabeza va la provincia de Cobos, Mendoza, con más de 40.000 niños trabajadores entre 5 y 13 años(4). La mayor parte del trabajo infantil sirve a labores rurales, cartoneo, trata de personas y prostitución. La carga horaria semanal promedio va de 10 a 45 horas. Todo esto implica que el gobierno, más allá de los compromisos públicos, lejos de revertir el cuadro de explotación infantil, ha profundizado y extendido este negocio.
Del millón y medio que trabaja, la mitad no asiste a la escuela. Los últimos registros dan un aumento de la deserción escolar, sobre todo entre los adolescentes. En zonas urbanas, el 21% de los niños trabajadores abandonó sus estudios, mientras ese promedio asciende a 62% en áreas rurales, en tanto que el 43% de ellos repitió algún grado o presenta serio déficit en su desempeño pedagógico(5). Según una encuesta de la UCA, en las zonas más carenciadas del conurbano bonaerense, “5 de cada 10 alumnos abandona la secundaria”. Por otra parte, un estudio arrojó que 6 de cada 10 alumnos de 15 años presenta dificultades de comprensión lectora, esto es, la lectura como herramienta de apropiación cognoscitiva(6). “50% de la población infantil entre 3 y 5 años no concurre al jardín de infantes”(7). Este panorama no se debe, como insisten los propagandistas oficiales, a la desidia de los padres o el desinterés de los chicos, sino que es consecuencia directa e inmediata de las condiciones materiales a las que el estado capitalista los somete.
Otra política contra los hijos de los trabajadores, profundizada por el gobierno y la burguesía en su conjunto, es la de la expansión de las drogas. En el último lustro, su consumo aumentó triplicándose en el sur de la ciudad de Bs. As. y en el conurbano, y creciendo un 200% en el resto del país(8), con epicentro en la provincia de los Kirchner. Entre las principales sustancias, se destacan marihuana, cocaína, pasta base e inhalantes como naftas y pegamentos, drogas que en su mayoría afectan a los más carenciados, luego de lo cual quizás los espera el “gatillo fácil”, que apunta marcadamente al joven, morocho y pobre, y cuyo poder de fuego incrementó el kirchnerismo(9).
Este cuadro social, en muchos puntos irreversible, no se trata de “cuentas pendientes” ni “deficiencias” del capitalismo. Los hijos de la clase trabajadora son objeto de negocio y de desprecio por parte del régimen imperante, política que el peronismo kirchnerista vino a sostener y profundizar.


NOTAS:
1) Del editor al lector, Clarín, 30/06/08.
2) “Preocupantes cifras de mortalidad infantil”, La Nación, 1/06/08.
3) Naciones Unidas, UNICEF Argentina y CONAETI.
4) Ver http:/www.educ.ar
5) “Armas contra el trabajo infantil”, por G. Acosta Vargas, representante local de UNICEF, 16/06/08.
6) Estudio de la OECD difundido por IDESA, diciembre 2007.
7) Comunicado de CTERA, 11/06/08.
8) SEDRONAR, septiembre 2007.
9) CORREPI, Archivo de casos 2007.

LA REALIDAD INFANTIL: EXPLOTACIÓN, NEGOCIO Y DESPRECIO

Más allá de las declamaciones y compromisos asumidos, el gobierno empeora el ya delicado cuadro social de los niños, adolescentes y jóvenes pobres de nuestro país.


El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)

La “bonanza” kirchnerista tampoco alcanza a los hijos de la clase trabajadora, demostrando allí también su carácter de clase.
Según la OMS, el 50% de los niños entre 6 meses y 2 años padece anemia al carecer de hierro, como resultado de la mala alimentación, en tanto que 500.000 niños no reciben sus vacunas obligatorias. En los últimos tres meses, por día “han muerto entre nosotros 25 bebés de menos de un año”(1). En lo que va de 2008, sólo en el conurbano hubo 3.530 muertes infantiles, esto es, diez criaturas por día(2). Con el 50% de los menores en la pobreza, las familias, en busca del ingreso mensual, se ven obligadas a emplear a sus hijos.
En la última década, el trabajo infantil aumentó 600% en Argentina, superando a cualquier otro país de la región. Hoy, según datos oficiales, se explota a 1.500.000 menores(3), y la mitad no percibe pago a cambio. A la cabeza va la provincia de Cobos, Mendoza, con más de 40.000 niños trabajadores entre 5 y 13 años(4). La mayor parte del trabajo infantil sirve a labores rurales, cartoneo, trata de personas y prostitución. La carga horaria semanal promedio va de 10 a 45 horas. Todo esto implica que el gobierno, más allá de los compromisos públicos, lejos de revertir el cuadro de explotación infantil, ha profundizado y extendido este negocio.
Del millón y medio que trabaja, la mitad no asiste a la escuela. Los últimos registros dan un aumento de la deserción escolar, sobre todo entre los adolescentes. En zonas urbanas, el 21% de los niños trabajadores abandonó sus estudios, mientras ese promedio asciende a 62% en áreas rurales, en tanto que el 43% de ellos repitió algún grado o presenta serio déficit en su desempeño pedagógico(5). Según una encuesta de la UCA, en las zonas más carenciadas del conurbano bonaerense, “5 de cada 10 alumnos abandona la secundaria”. Por otra parte, un estudio arrojó que 6 de cada 10 alumnos de 15 años presenta dificultades de comprensión lectora, esto es, la lectura como herramienta de apropiación cognoscitiva(6). “50% de la población infantil entre 3 y 5 años no concurre al jardín de infantes”(7). Este panorama no se debe, como insisten los propagandistas oficiales, a la desidia de los padres o el desinterés de los chicos, sino que es consecuencia directa e inmediata de las condiciones materiales a las que el estado capitalista los somete.
Otra política contra los hijos de los trabajadores, profundizada por el gobierno y la burguesía en su conjunto, es la de la expansión de las drogas. En el último lustro, su consumo aumentó triplicándose en el sur de la ciudad de Bs. As. y en el conurbano, y creciendo un 200% en el resto del país(8), con epicentro en la provincia de los Kirchner. Entre las principales sustancias, se destacan marihuana, cocaína, pasta base e inhalantes como naftas y pegamentos, drogas que en su mayoría afectan a los más carenciados, luego de lo cual quizás los espera el “gatillo fácil”, que apunta marcadamente al joven, morocho y pobre, y cuyo poder de fuego incrementó el kirchnerismo(9).
Este cuadro social, en muchos puntos irreversible, no se trata de “cuentas pendientes” ni “deficiencias” del capitalismo. Los hijos de la clase trabajadora son objeto de negocio y de desprecio por parte del régimen imperante, política que el peronismo kirchnerista vino a sostener y profundizar.


NOTAS:
1) Del editor al lector, Clarín, 30/06/08.
2) “Preocupantes cifras de mortalidad infantil”, La Nación, 1/06/08.
3) Naciones Unidas, UNICEF Argentina y CONAETI.
4) Ver http:/www.educ.ar
5) “Armas contra el trabajo infantil”, por G. Acosta Vargas, representante local de UNICEF, 16/06/08.
6) Estudio de la OECD difundido por IDESA, diciembre 2007.
7) Comunicado de CTERA, 11/06/08.
8) SEDRONAR, septiembre 2007.
9) CORREPI, Archivo de casos 2007.

MORIR DE FRÍO EN ARGENTINA

El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)

Cuando empiezan los primeros fríos, dos notas son previsibles en los diarios y noticieros. La que indaga el precio de los medios de elevación en los centros de ski, y la que, titulada “ola de frío”, se ilustra con señoritas emponchadas con ropa de marca o señores con gruesos sobretodos y camperas térmicas.
No sale, en cambio, la foto de los que mueren por hipotermia, intoxicados o directamente quemados por los braseros y las estufas baratas.
El año pasado, del 28 de mayo al 23 de agosto, murieron 102 personas en todo el país a causa del frío, una cada dos días(1). Probablemente, el caso que mejor mostró que el problema no es el frío, sino la pobreza, fue el de las ocho personas (un joven, tres niños y dos madres adolescentes con sus bebés) calcinadas en Córdoba, en un viejo vagón abandonado donde vivían hacinados.
Este año todo indica que se va a duplicar la cifra, pues apenas empezado el invierno, y con sólo dos oleadas de bajas temperaturas, ya se acercan a 40 los muertos en todo el país, con un promedio de uno por día.
Las víctimas del frío son siempre los pobres, como la nena de 2 años que murió de hipotermia en una pieza precaria en Tartagal, Salta, mientras sus padres trabajaban en una finca rural, o como los hermanitos Priscila y William, de 2 y 3 años, muertos por los gases emanados por el brasero mientras sus padres hacían changas y juntaban cartones en la ciudad de Tucumán. El mismo día, un incendio mató a un nene de 5 años en la villa 1-11-14 de Buenos Aires, y un mes antes, en La Plata, fueron cinco los hermanitos entre 3 y 12 años muertos cuando trataban de calentarse con un fuego en su casilla. Y así podríamos seguir enumerando ejemplos de Santa Fe, Córdoba, Río Negro, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, y el resto del país.
Mientras los Kirchner y su corte admiran los hielos en El Calafate, y los empresarios calman su ansiedad por el precio del dólar, deslizándose con sus esquíes en la nieve, el pueblo hambreado muere de frío en la verdadera Argentina.


NOTAS:
1) Fuente: Red Solidaria.

KIRCHNER: CRECIMIENTO EN LAS CUENTAS PERO CON MÁS POBREZA

El Revolucionario Nº11 (Marzo de 2006)

El gobierno, con el despliegue mediático de los resultados macroeconómicos intenta ocultar: 1) La profundización de la brecha entre los más pobres y más ricos; y 2) El destino inexorable dentro del capitalismo, que el Imperialismo nos asigna como semicolonia proveedora de recursos primarios y mercado para sus excedentes, cuando no sitio de desembarco de fondos “buitres”, y no el de un país con desarrollo industrial.

El fenómeno de justificar la explotación y la desigualdad tras futuros logros sociales de la economía, es parte de la construcción superestructural ideológica de los amos del mundo para frenar con la menor represión directa posible la lucha de clases. En nuestro país abundan los ejemplos: el “estamos mal pero vamos bien” de Menem, es idéntico al “hay que pasar el invierno” de Alsogaray, y a toda la parafernalia propagandística kirchnerista que trata de convencernos de un supuesto crecimiento económico en donde cabe “la felicidad de todos los argentinos”. No hace falta ser economista para ver que el tiempo pasa y la brecha de la desigualdad se agranda aquí y en el mundo, como tampoco hacen falta comprobaciones económicas para comprender la necesidad de un nuevo sistema donde todos estemos sometidos a las mismas responsabilidades, privaciones y abundancias. Nuestra lucha tiene probadas razones filosóficas y políticas, además de la necesaria reparación material de quienes producimos las riquezas.
Nos repiten hasta el cansancio: “Con flujo de capitales desde el exterior, hay viabilidad de crecimiento para la Argentina”. Son argumentos para ocultar la política de entrega y sometimiento. Con sus recetas de “confianza”, “seguridad jurídica”, “flexibilización laboral”, “exenciones impositivas” y demás, dan un país ordenado y sumiso a la voracidad del capitalismo.
No obstante, el momento de la economía mundial con una matriz inflacionaria en ciernes, torna cada vez más oscuras las posibilidades de afluencia de capitales productivos a Argentina, que “coronen” la buena letra de los gobiernos locales.
En el pasado inmediato, la entrega menemista tuvo sus límites por el tamaño del negocio servido en bandeja, y no por la resistencia al saqueo. Por ejemplo: el negocio de los teléfonos de Maria Julia fue único en el mundo en su momento, pero siempre fue un negocio acotado a una población de usuarios pequeña. Esa circunstancia ya pasó, el robo ya se consumó y los corsarios del mundo ya apuntaron sus proas hacia otros lugares. De esa “ola de dinero”, el kirchnerismo ya marchitó sus ilusiones, pero su impotencia por articular una burguesía que motorice algún plan de crecimiento capitalista, es absoluta. Sólo cifra su gestión de gobierno en un acomodamiento obsesivo macroeconómico de ajuste del gasto público, obtención de reservas con el sudor y la sangre trabajadora, y un esquema agroexportador primario con retenciones aduaneras.

Sitios de inversiones a los que la fortuna les sonríe:
Como para aclarar que la estrategia de circulación de la riqueza en el mundo no contempla a esta región como de peso importante, analizamos someramente el rumbo de los capitales en los últimos años.
El movimiento mundial del capital fue orientado por variables como la rentabilidad, la seguridad y el tamaño del negocio. Así es como fondos de inversiones ligados a las cajas de pensiones norteamericanas y europeas hoy buscan inversiones rentables en Polonia, Rep. Checa, Rusia, China, Bosnia, Brasil y México.
La inversión inmobiliaria en centros urbanos de Polonia, de las republicas Bálticas, Ucrania u otras, superaron los 10 puntos de rentabilidad durante toda la década del 90, a partir de la desintegración del bloque de la URSS. Lógicamente pronto comienza la competencia por el flujo intenso de capitales, y los más dinámicos emprenden la búsqueda de nuevos escenarios, entre los que se encuentran hoy México y Brasil.
Como pasó en Argentina con el porteño Puerto Madero, las otras ciudades de este mundo “emergente” ofrecen galpones de antiguos parques industriales destruidos, que son remozados como emprendimientos habitacionales u oficinas. La realización de la ganancia es la venta inmediata o la renta por alquiler, que siempre va menguando cuando el flujo de capital exacerba la competencia.
En un mercado más tradicional y tranquilo, el rendimiento anual que produce la compra de bonos de la reserva de EEUU, la economía más grande del mundo, es de aproximadamente 3%, permanentemente en alza para ajustar su déficit. Hoy, activamente, EEUU se esfuerza por atraer capitales para paliar su déficit.
El resto del escenario fue y es una economía mucho más estructurada y formal donde no penetran estas inversiones, sino a través de los mercados accionarios. Estamos hablando de la industria de la guerra, el petróleo, medicamentos, automotrices y transporte, tecnología informática y de comunicaciones, etc. El narcotráfico y la timba financiera (ej.: compra de bonos de deuda de países en crisis), son oportunidades mas informales e inseguras de reciclaje de la ganancia capitalista, pero cuando la suerte acompaña, mucho mas rentables.
Por otra parte, los estados europeos occidentales signan sus esfuerzos económicos en proteger a sus monopolios estatales con asistencia financiera directa o motorizando fusiones, pues buena parte del soporte de sus políticas sociales de empleo y altos salarios depende de la expoliación de ganancias que estos mismos producen en la periferia del imperio. Este movimiento fue de 350 mil millones de dólares en la Europa de 2005. En estos días se fusionaron Suez S.A. y Gaz de France S.A. (GDF) para evitar que la primera fuera tomada por un grupo italiano. El estado Español salió al rescate de Endesa S.A., a punto de ser engullida por E. On de Alemania. Vemos que hay capitales, pero sólo disponibles de acuerdo a las estrategias de los estados miembros europeos, y no a la seducción de los ministros de economía argentinos.

El “crecimiento” de Kirchner:
Analicemos algunos elementos que tendrían que estar creciendo, si efectivamente la economía presentara un horizonte de expansión industrial:
1) Este gobierno no anunció un sólo programa energético de envergadura a pesar de cacarear permanentemente el crecimiento económico y el crecimiento de la actividad industrial. Y no es que la energía sobre en nuestro país: en los días de calor pasados, el sistema eléctrico volvió a operar al límite, con algunos cortes en el conurbano y en la misma Ciudad de Buenos Aires. Hubo que discontinuar la exportación de electricidad a Uruguay por el colapso local. Nuevamente la realidad muestra la misma cara: no hay capitales dispuestos a motorizar un crecimiento industrial y tecnológico, y a hacerse cargo del crecimiento de la infraestructura energética necesaria para tal fin.
2) El parque rodante y la infraestructura ferrocarrilera, aún con todas las desvergonzadas prebendas gubernamentales, evidencian que sólo sirven para transporte de la masa trabajadora del conurbano bonaerense. Si realmente este gobierno avizorara una reactivación económica industrial importante, no hay forma de mover mercancías, que no sea por vía fluvial tal como la ruta de la soja. En el mapa carretero, pasa otro tanto: las rutas terminan donde termina el negocio de los peajes.
3) La asignación de recursos en educación, en investigación científica y tecnológica, no entra en la imaginación de este gobierno dependiente. Orienta la formación de nuestros jóvenes a la conveniencia de mano de obra calificada barata para los pocos monopolios con actividad en el país, tal como lo demuestra la promulgación de la nueva ley de educación técnica.
4) La balanza comercial seriamente no demuestra un crecimiento en la importación de bienes de producción. Esta estadística se tergiversa colocando como bienes de producción a los equipos de aire acondicionados, los celulares e insumos de informática.
Curiosa forma de “crecer” sin energía, sin transporte, sin educación, sin ciencia, ni técnica.
Como característica del capitalismo en las semicolonias, cuando la lucha de clases no empuja la recomposición del salario, las cifras pueden mostrar aumento de la ocupación, pero también aumento de la brecha entre los más pobres y más ricos.
A pesar de que las cifras muestran un crecimiento del 8.8% de 2004 y del 6% de 2005, si medimos la variación del PBI per cápita, desde 1974 a la fecha vemos un estancamiento de tres décadas, con el agravante de un envejecimiento poblacional. Si comparamos con 1998, el crecimiento del PBI es menos del 1%, y la pobreza aumentó del 30% al 40% de la población, el ingreso promedio de la población ocupada es 20% a la de 1998. Respecto de la desocupación, si bien los números del INDEC hacen festejar al gobierno un índice de desocupación en baja (12,7 %), llegan a esta cifra sobre la falacia de considerar "ocupado" a cualquiera que haya trabajado aunque sea una hora en la semana inmediata anterior al relevamiento, aunque no cobrara salario sino, por ejemplo, un plato de comida y a quienes ayuden en la actividad de un familiar con o sin remuneración por ello. En la noción de "desocupado", en cambio, se incluye estrictamente a quienes no teniendo ocupación están buscando activamente trabajo, sin incluir otras formas de precariedad laboral como trabajos transitorios, los que trabajan jornadas involuntariamente por debajo de lo normal, los que han suspendido la búsqueda por falta de oportunidades visibles de empleo, los ocupados en puestos por debajo de la remuneración mínima o en puestos por debajo de su calificación, etcétera. (1) Por otra parte, el grueso de aquellos que sí trabajan lo hacen en las peores condiciones de la historia, absolutamente en negro, sin aportes ni obra social y trabajando largas jornadas para poder llegar a un salario que alcance mínimamente para poder vivir. Es decir que sin todavía haber alcanzado el nivel económico de De la Rua, la situación social se agravó. Sucede que el oficialismo procura medir con respecto a la crisis 2001/2002, donde efectivamente por la profundidad de la crisis cualquier cifra es mejor.
Tal como venimos denunciando en números anteriores, las cifras oficiales de la inflación (menos de 1% para febrero) no pueden ocultar el dramático aumento de los alquileres y de los alimentos -en conjunto mas del 4%, con aumentos incluso de algunos rubros que entraron en el promocionado “acuerdo antiinflacionario” (2)-, y que golpean fuerte a los trabajadores.
Atados a las bondades macroeconómicas, la soberbia oficial avanza con el ajuste a los planes sociales, que van a un nuevo “empadronamiento”, donde pasarán la prueba los obsecuentes al gobierno, los cómplices de la farsa kirchnerista y los amigos del funcionario D’Elia.

Los mismos de siempre
No pueden operar como “eficientes ministros de la abundancia para todos los argentinos” quienes aún llevan a cabo la consolidación de la entrega tras el brutal golpe de 1976, que produjo un endeudamiento estatal de la economía primero, y luego una apertura, con saqueo y quiebre productivo. Son los mismos cuadros de la burguesía que hoy se disfrazan de salvadores y prolijos economistas, pero que en la guerra del saqueo imperialista, fueron y son eficientes tanto en los picos del combate, como en el reordenamiento luego de las batallas. Martínez de Hoz, Cavallo, Redrado, Prat Gay, Machinea, López Murphy, Lavagna, Miceli, etc. Son sólo algunos de los obligados a dar la cara, una parte ínfima del ejército de la burguesía, a derrotar en la lucha por la construcción del socialismo.

(1) Pagina web del INDEC, sección Consultas, link "Glosario".
(2) textual de Clarín 04/03/06: “Los datos del INDEC parecen darles la razón a quienes opinan que las empresas, los supermercados y autoservicios se comprometen con el Gobierno a mantener sin aumentos un listado de productos, pero luego suben el resto de los artículos para compensar por un lado lo que dejan de ganar por otro”.... En realidad la cifra oficial (INDEC) del índice de precios al consumidor suma en dos meses 1.7%.