LOS ’90 SON AHORA: EL KIRCHNERISMO, CONTINUIDAD DEL MENEMISMO

El gobierno y sus defensores no pierden oportunidad para criticar “la fiesta de los ‘90” y tratar de diferenciarse, pero los hechos demuestran que el menemismo y el kirchnerismo son dos versiones de lo mismo: el peronismo, que puede cambiar de estilo, pero nunca dejará de ser gerente y socio menor del imperialismo.
El Revolucionario Nº39 (Septiembre de 2008)

En los ’90, una mujer fue la encarnadura de la “fiesta menemista”, ese período durante el cual “se achicó el estado para agrandar la nación”, como decía la propaganda oficial, a fuerza de corrupción, coimas y negociados. Nadie representa mejor ese capítulo de la reciente historia argentina que María Julia Alsogaray, la hija del ministro de economía de todas las dictaduras y poli-funcionaria durante los dos gobiernos del peronista Carlos Menem. Heredera de una de las más rancias familias, acostumbrada a una vida de lujos y “glamour”, llevó adelante la mayoría de las privatizaciones, como Entel o Somisa, y produjo memorables negociados, como la “limpieza del Riachuelo” o la “aeroisla”, proyectos que costaron millones para quedar... en proyectos.
Cuando, ya en el siglo XXI, estuvo presa por un rato en celda de lujo, el entonces presidente Kirchner dijo a los medios, con una sonrisa beatífica en los labios: “Está bien. En este país tiene que haber justicia”. Las acusaciones eran duras: tras diez años en el poder, “la ingeniera” había aumentado su fortuna en dos millones de pesos. Tenía un “petit hotel” de 650 metros cuadrados en el barrio de Recoleta y un departamento frente al Central Park de Nueva York, y llegó a gastar u$s200 mil en su fiesta de cumpleaños número 47.
Pero si comparamos lo robado por la emblemática menemista con lo que, en la mitad del tiempo, llevan acumulado el matrimonio Kirchner y sus ministros, lo de María Julia parece apenas un vuelto redondeado sin querer. ¿Qué son unos pobres dos millones de pesos en 10 años, frente a los once que aumentó el patrimonio de Néstor Kirchner desde 2003? Sólo en 2007, según su declaración jurada, el ex presidente ganó cinco millones de pesos, según él, por alquilar sus inmuebles(1).
María Julia, con su tapado de zorro en la tapa de Noticias, no es tan diferente a Cristina, con sus modelos exclusivos, sus carteras, anillos y relojes que valen, en promedio, un año de trabajo de un obrero. Y si miramos más allá, encontraremos que son muchas más las similitudes que las diferencias.
Las “relaciones carnales” con EEUU, como decía el canciller Di Tella, con el embajador Todman manejando la política, son ahora las “relaciones maduras y serias” de Taiana y Timerman. El embajador Wayne se reúne cuando quiere con ministros, gobernadores e intendentes, y los dirige a gusto del Departamento de Estado(2). Si Menem y Bush padre eran “del mismo palo”, ¿qué decir del presidente que tocó la campanita en Wall Street o la presidenta que lanzó su campaña en el Council of the Americas(3)? Los Kirchner ya se olvidaron de la perdedora Sra. de Clinton y de que Cristina era “la Hillary argentina”, para empezar a adular al ganador de la interna demócrata, Barak Obama. Igual de rápido se olvidarán de Obama si llega a ganar Mc Cain...
Tropas en Haití, pago compulsivo de la deuda, leyes “antiterroristas”, marines en nuestros ríos y puertos, son sólo algunos ejemplos de un nivel de dependencia que poco tiene que envidiar a su antecesor de los ’90.
En materia de negociados y corruptela, ¿quién extraña a Gostanián, teniendo a Rudy Ulloa y De Vido? Y aunque no tengamos en Córdoba, como anunciara el inefable riojano, la plataforma de lanzamiento de “esas naves espaciales que van a salir de la atmósfera, se van a remontar a la estratósfera y desde ahí elegir el lugar adonde quieran ir, de tal forma que en una hora y media podemos estar en Japón, en Corea o en cualquier parte del mundo”, tenemos, en cambio, el proyecto del tren bala.
Los ’90 nos dieron el escándalo IBM-Banco Nación, el contrabando de armas a Croacia y Ecuador con el “condimento” fatal de la voladura de Río Tercero, la leche podrida, el diputrucho, la pista de Anillaco, el Swiftgate o las valijas de Amira Yoma, reemplazados ahora por el escándalo de Skanska, la venta de armas de Garré, la bolsa de Miceli, los negocios inmobiliarios en El Calafate, los desaparecidos fondos de Santa Cruz, la narco-línea Southern Winds, la malversación de Picolotti, narcos como Forza financiando la campaña del Frente para la victoria y su “nueva política”, y, por supuesto, las valijas de Antonini.
Los tarifazos, los recortes a las jubilaciones, la pérdida del poder adquisitivo del salario, las concesiones fraudulentas, los subsidios a las privatizadas, los funcionarios y empresarios que hicieron fortuna, los índices truchos... fueron en los ’90 y son ahora.
Represión a las movilizaciones populares; Luis Cuéllar y Carlos Fuentealba; militarización de Las Heras, el Hospital Francés o las escuelas de Río Gallegos; presos políticos; gatillo fácil; tortura sistemática; masacres en las cárceles como Magdalena o Santiago del Estero; Julio López; patotas y batata-entries: Kirchner, y no Menem, lo hizo.
La fiesta sigue, apenas con algún cambio de nombres. Sigue también una misma manera de asegurar los privilegios de los afortunados asistentes al convite para enriquecerse a costa de los trabajadores y el pueblo. La fiesta no es menemista ni kirchnerista. Es la fiesta peronista. Es el peronismo, el mejor alumno del imperialismo. Es el PJ, el partido que mejor defiende los intereses de la burguesía.
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NOTAS:
1) Ver “Gobierno de millonarios”, en esta edición.
2) Ver “Virreyes muy atareados”, en ER Nº37, julio de 2008.
3) Ver “El gobierno kirchnerista hace los deberes”, en esta edición.