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ASÍ SE VOTAN LAS LEYES EN DEMOCRACIA

Cada tanto saltan a la luz grandes escándalos, como el “diputrucho” peronista, la Banelco radical o los votos dobles del PRO, que son presentados como si fueran aberrantes hechos aislados. Pero esos hitos de corrupción son sólo los ejemplos más visibles de cómo funciona, necesariamente, el mercadeo habitual con que se negocian los votos en los cuerpos legislativos. No puede ser diferente el sacralizado proceso de sanción de las leyes bajo un gobierno burgués.

El 26 de marzo de 1992 se discutía en la cámara de diputados un gran negocio: la privatización de Gas del Estado. El oficialismo peronista tenía que llegar al quorum, con 130 diputados en sus bancas. El plan era poner el proyecto a votación a mano alzada, sin debate. Pierri, que presidía la sesión, anunció a las 16:30 que había quorum estricto. Un par de periodistas se dieron cuenta que había un diputado desconocido, y lo interpelaron. Resultó ser Juan Abraham Kenan, de allí en más conocido como el “diputrucho”, empleado del diputado peronista Samid. Después se descubrió que había al menos otros cinco “diputruchos” preparados, por si hacía falta, para “votar con el culo”. Kenan y Samid fueron sancionados con unos meses de prisión en suspenso, y la cámara prohibió la presencia de periodistas en el recinto.
En abril de 2000, el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso sobornó con 5.000.000 de dólares a varios senadores peronistas para que votaran la ley de reforma laboral. Fue el ministro de trabajo, Flamarique, el que pronunció la frase que daría nombre al affaire por el que fueron procesados De La Rua y varios senadores radicales y peronistas: “Para los senadores, tengo la Banelco”.
El 4 de diciembre de 2008, en la legislatura de la ciudad, había 20 diputados del PRO sentados en sus bancas. Sin embargo, hubo 22 votos oficialistas. Un oportuno video periodístico mostró cómo los diputados Majdalani y Moscariello votaron en su consola, y se estiraron para duplicar el voto en la banca vecina, que estaba vacía. Poco después, el diputado Carlos Araujo, también del PRO, fue pescado haciendo lo mismo. Pero el campeón, siempre del PRO, fue Fernando De Andreis, denunciado por emitir ¡ocho! votos dobles en el curso del año 2009.
Los dirijan radicales, “progresistas”, peronistas o conservadores, así funcionan los cuerpos legislativos en la democracia burguesa, y así se dictan las leyes que nos dicen que tenemos que respetar.

Democracia o Revolución

En una sociedad dividida en clases, la democracia es la forma política que se da la clase explotadora para ejercer su poder, siempre diseñado para impedir que el poder lo ejerza la clase trabajadora. Dice Lenin en “El estado y la revolución” que “La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (…) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.
No es con más o menos “democracia” como la clase trabajadora se librará de la explotación y la opresión. Es bien distinto el camino que deberemos recorrer. Para que una sociedad justa sea posible, es preciso dar impulso a la lucha contra los capitalistas y sus gobiernos. Para ello los trabajadores debemos organizarnos y disponernos a un combate profundo contra el sistema actual. Dar impulso a lucha del pueblo trabajador contra todos los atropellos del capitalismo y, como tarea fundamental, avanzar en la organización revolucionaria que luche por la toma del poder para conquistar un gobierno de los trabajadores, es decir, la construcción del partido revolucionario de la clase trabajadora, por la revolución socialista.

El Revolucionario Nº45 (Abril 2009)

EDITORIAL: DEMOCRACIA DE UNOS POCOS

El Revolucionario Nº45 (Abril de 2009)

Con la muerte del ex presidente Raúl Alfonsín, la burguesía argentina aprovechó para exaltar hasta el hartazgo uno de sus principios comunes: la defensa de esta democracia.
Aprovechando también el presente año electoral, todos los partidos políticos del régimen, con sus figurones de toda calaña incluidos, todos los medios masivos de comunicación, todas las instituciones estatales, el gobierno y hasta el presidente del país más guerrerista del mundo manifestaron su defensa de la democracia en Argentina, expresada por Alfonsín, ahora devenido en símbolo de la burguesía.
Todos realzan la figura del ex jefe de la UCR y con él, la de la democracia, abundando en mentiras, silenciamientos y tergiversaciones.
Sin embargo, ninguno de ellos se refiere al contenido real de esta democracia. Ninguno dice que la gran mayoría del pueblo subsiste con magros salarios y peores trabajos para que los empresarios de toda índole disfruten su vida que abunda en privilegios. Ninguno dice que, en nombre de la seguridad de un puñado de ricos, piden la cabeza de miles y miles de pibes pobres empujados a la delincuencia. Ninguno dice que la epidemia de una enfermedad tan arcaica como el dengue es la consecuencia inevitable de esta democracia capitalista. Ninguno dice que un trabajador sólo puede “optar” entre salarios de pobreza, empleos precarios o, directamente, la desocupación. Ninguno dice que, aquí, los únicos que tienen derecho a decidir algo son los capitalistas de todo género, reunidos con su gobierno y haciéndole un lugarcito, según el caso, a la burocracia sindical. Ninguno dice que esta democracia es, en última instancia, un padecimiento para el pueblo trabajador para el disfrute de unos pocos.
Ésta es, ni más ni menos, la democracia que defienden.

LA “CLASE MEDIA” Y SUS PROFESORES DE LA ESTAFA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

Pacientemente los trabajadores se foguean en la lucha contra la explotación y la opresión; una lucha que no tendrá fin hasta que no se derribe la causa de esas miserias, el capitalismo. Por su parte, los capitalistas intervienen en defensa del régimen recurriendo al engaño y la represión. En nuestra prensa mensual exponemos reiteradamente estos artilugios de la burguesía para aplacar la lucha de los trabajadores y coartar toda perspectiva revolucionaria. En esta oportunidad, queremos destacar un aspecto de esta propaganda contra la lucha independiente de la clase obrera y la revolución, que es impulsada por los capitalistas y recogida por muchos que se consideran “consejeros” de los trabajadores, aunque más bien son repetidores de las teorías stalinistas de la alianza y subordinación de la clase obrera a la burguesía y la pequeña burguesía: nos referimos al insistente enaltecimiento de la “clase media”.

“¡La clase media debe aliarse con los trabajadores, y no con los poderosos, como la sociedad rural!”, gritaba Néstor Kirchner en los actos contra la banda de Miguens, Buzzi, De Angeli y compañía. Así, de la boca de un recauchutado del peronismo (cuadro de mediocre para malo) salía la línea que es seguida por la “izquierda del kirchnerismo” (y sostenida también por gran parte de la izquierda argentina y sus profesores1). Nos referimos a la adoración de la “clase media” y su ubicación como eje de las tareas políticas, lo que no es más que la subordinación de la lucha de los trabajadores a los tiempos y aspiraciones de la pequeña burguesía.
Estos “pensadores”, que tratan a los activistas de izquierda de “compañeros” y se consideran, también ellos, “revolucionarios” (mientras suelen cumplir sus puestos de funcionarios, escribas o apologistas de este gobierno cipayo), son hijos de la doctrina del “frente popular”, planteo trazado por el tristemente célebre Dimitrov, un alcahuete de Stalin, que terminó sus días en el paredón de su jefe. Estos últimos, traidores de la revolución bolchevique, inculcaron en sus seguidores la doctrina cuyo fondo era la negación de la lucha obrera por el poder y la alianza de los trabajadores con la “burguesía progresista”, política que replegó las pretensiones revolucionarias de la clase trabajadora para amoldarse a proyectos reformistas en el marco del capitalismo. Los stalinistas sostenían que había que contener las aspiraciones radicalizadas por la toma del poder, y que, en su lugar, había que contentarse con algunas concesiones, aspirar a un régimen capitalista más progresista, el que, según ellos, sentaría las bases sociales para avanzar gradual y pacíficamente hacia el socialismo. Numerosas experiencias históricas han seguido la línea stalinista, como lo ejemplifican la derrota popular tras la guerra civil española, coronada con un gobierno del “frente popular” que abandonó los reclamos obreros y entregó el gobierno a la burguesía, o la más cercana y también trágica experiencia del frente popular chileno de Allende, otra nueva derrota para los trabajadores que confiaron en un proyecto de “moderación” que se subordinaba al régimen burgués y su legalidad.
Pero, a pesar del tiempo y las experiencias históricas transcurridas, innumerables “pensadores” que se han atalonado en las comodidades de la “clase media”, repiten y actualizan continuamente este pensamiento antiobrero, cuyo eje es la subordinación de los trabajadores a las magras opciones de reforma que, a veces, le ofrece el capitalismo. Como antaño, el reclamo es el mismo: no avanzar demasiado rápido, no plantear cambios radicales, no pretender combatir “ahora mismo” al capitalismo... Por eso, es que estos “capitalistas de izquierda” encuentran sus íconos en los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, Ortega, e incluso Lula da Silva o Tabaré Vázquez... todos abiertos defensores del sistema actual y su médula, la propiedad privada. Y por eso, también catalogan de “sectarios” a quienes impulsamos un camino independiente de los trabajadores, enorme mayoría y única fuente de riqueza de la sociedad. En su lugar, prefieren hablar, como lo hace el stalinismo, que el sujeto revolucionario ya no es la clase obrera, sino el “sujeto-pueblo”, para licuar así a los capitalistas que consideran aliados y al conjunto de su tan adorada “clase media”.

PRIVILEGIOS DE “CLASE MEDIA”
De más está decir que ningún “burgués nacional” (sea tan conocido como Macri, Rocca, o Pérez Companc, o sea un amigo del gobierno más solapado, como los millonarios Cristóbal López o Eskenazi) tiene la más mínima afinidad con la clase obrera y su programa de abolición del capitalismo, que liquidará sus fortunas y arrancará sus privilegios, para socializar la economía nacional en beneficio del conjunto de los trabajadores. Tampoco comparten en lo más mínimo la lucha revolucionaria por el socialismo los pequeños explotadores, esos chacareros, comerciantes o pequeños empresarios que sólo son “chicos” por imposición de la competencia y cuyo esfuerzo por escalar posiciones en la estructura del capitalismo, se sostiene en la explotación del trabajo ajeno, habitualmente llevado a las más denigrantes condiciones en las cosechas en que se hace trabajar hasta a los chicos; en los talleres clandestinos, donde se llega a encerrar a los trabajadores; en los pequeños comercios donde se trabaja 12, 14 o 16 horas diarias...
Pero es bueno señalar también que la pequeña burguesía que no explota, pero vive en condiciones muy distintas a las de la clase obrera, que cuenta con sueldos que multiplican varias veces la media de los trabajadores y detenta un capital social inaccesible para un trabajador común: sus altos estudios, la posibilidad de obtener ayuda de sus pares y familiares, los contactos que le permiten acceder a mejores trabajos y demás privilegios que les da su condición social... esa “clase media” tiene también fuertes condicionamientos materiales que la aferran a una posición conservadora frente a la clase obrera y su lucha por la revolución.
Hoy, muchos “pensadores” e “intelectuales” que defienden y participan del gobierno están atados por un vínculo material a través de los cuantiosos ingresos que reciben, unos en forma directa, otros por los negocios que hacen. Así, por ejemplo, si uno revisa los nombres en la Carta de los Intelectuales que apoyaron al gobierno durante el conflicto con los empresarios del campo (en la que se mezclan sindicalistas, empresarios, banqueros, jefes partidarios, artistas, etc.), encontrará gente como Feinmann (que hace negocios desde el canal de TV estatal) u Horacio González (con su suntuoso sueldo como director de la Biblioteca Nacional). El coro de “pensadores” es largo. Incluye, por ejemplo, al delator Rubén Dri, quien junto con Manuel Gaggero no dudó en presentarse voluntariamente para declarar que nada tenía que ver con los militantes que entraron al cuartel de La Tablada. Se destacan también artistas como León Ferrari o Tato Pavlovsky (autodenominado marxista), que luego de comentar las “nimiedades” que les molestaban del documento2, decidieron apoyarlo por acordar en lo sustancial de la defensa del gobierno peronista. Ninguno de estos “pensadores” e “intelectuales” cuestiona que acá se “honra la deuda” y se respeta a rajatabla la “seguridad jurídica” de las privatizaciones hechas por el mismo PJ dirigido por Menem. Claro, señalar esto sería romper con este gobierno, y a la vez, cerrar las puertas a los jugosos emprendimientos (subsidios) a los que están invitados. Lo mismo sucede con los “artistas populares” que a cambio de prebendas que llegan a ser millonarias, se ubican junto al gobierno, participando en sus actos y campañas y defendiéndolo públicamente. Basta citar a León Gieco, Teresa Parodi, Mercedes Sosa y Adriana Varela, quienes por participar asiduamente en los actos kirchneristas fueron retribuidos por el gobierno con 830.000 tras su actuación en “Expo Zaragoza 2008”. Más vergonzoso es el caso de los conductores televisivos Coco Silly y Daniel Aráoz, quienes ofician de presentadores en los actos oficiales y a cambio consiguieron un contrato para canal 7 de nada menos que cinco millones de pesos3.

LOS PROFESORES DE LA ESTAFA
El eje en la “clase media” no lo sostienen sólo los “pensadores” que están en el gobierno y su “pata izquierda” (como son la fracción Libres del Sur, el Partido Comunista, el ibarrismo, y todos los que debaten en Página/12, con permiso de Verbitsky). También hay quienes posando de combativos e independientes, mantienen vínculos amistosos y de no agresión con este sector.
El economista y periodista Daniel Muchnik expresa muy bien a este sector. Este consejero de la burguesía trabaja denodadamente en rehacer la teoría de Dimitrov. En su libro “Negocios son negocios”, por ejemplo, refiriéndose a la Alemania pre-nazi de la República de Weimar durante su espiral híper-inflacionaria, de manera totalmente arbitraria, afirma que quien más sufrió fue la “clase media” (los rentistas, los pequeños empresarios, etc.). ¿De dónde saca este “gran profesor” que un pequeño burgués, que es propietario de su casa, cuyo valor aumenta con la inflación, la sufre más que un obrero? Lo que pasa es que Muchnik, como tantos “pensadores” apologistas de la “clase media”, toma partido por sus pares, no concibe otro sufrimiento más que el propio, y le aterra la idea de perder las comodidades y privilegios que poseé su clase.
Otro “gran profesor” que comulga con las mismas ideas es Atilio Borón, hombre que escribe en Página/12, diario con el que también tiene un pacto de no agresión. En la nota “Burgués sí, ¿pero reformista?”4, debate contra las ideas de Verbitsky y su defensa del gobierno. Para Borón, el recurso de agitar “un fantasmagórico ‘mal mayor’”, como lo hace Verbitsky, sería la justificación de “quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación”. Pero, a renglón seguido, defiende al gobierno diciendo que le “parece un disparate decir, como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem”, y convoca a exigir al kirchnerismo que “se atreva a ser un poquito reformista”, pues “... mientras maduran las complejas condiciones para su construcción [la del socialismo] es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos”, como si en tal “escandalosa situación” el gobierno nada tuviera que ver.
Deberíamos, por estas elucubraciones, darle un premio académico al “Profesor de la Estafa”, pues para este personaje, que suele transitar los pasillos de la izquierda y que escribe sobre el “socialismo”5, el kirchnerismo “no es lo mismo” que el menemismo… porque con este gobierno también hacen negocios él y su gente (el Centro Cultural de la Cooperación, el Partido Comunista Argentino, etc.). Este estafador (la burguesía cuenta con miles de “teóricos del disparate” en su historia) reconoce la inexorable continuidad en el pago de la deuda y el respeto a las privatizadas, pero ve una diferencia porque hay clases de “cocina revolucionaria”, como las que se transmiten por TV6 desde la ex ESMA. Como hoy los centros de tortura fueron transformados en centros culturales (cosa que con Menem ni soñaban), argumenta que este peronismo, que este gobierno, no sería “más de lo mismo”. Así, este estafador cumple con su papel de engañar, como cualquier charlatán de feria, al hacer pasar los elementos centrales y primarios (la dependencia, el pago de la deuda, la enajenación de la banca, los recursos estratégicos naturales en manos privadas, el saqueo, la explotación...) como si fueran secundarios, mostrando como fundamentales los centros culturales, los juicios a septuagenarios represores (hoy obsoletos para la burguesía) o los viajes a Venezuela y Cuba, que también él y los suyos disfrutan. Porque no es necesario tener un manejo al estilo “menemista” para estar atado por la materialidad. De hecho, estos intelectuales, profesionales, artistas y demás, defienden tan férreamente lo suyo, como aquellos la pizza con champagne. El hecho de que su moda no sea la ostentación, no quita que su posición no esté atalonada en un profundo conservadurismo a fuerza de “pequeños lujos”, como un viaje familiar en avión con estadía en Cuba, México, EEUU o Europa, una mucama en la casa, el hábito de comer afuera, una casa quinta de veraneo, el disfrute continuo de espectáculos y eventos artísticos de alto nivel, selectos vinos y sofisticadas comidas...
Estos adoradores de la “clase media” no siempre lo saben, pero comulgan con el estalinismo. Abstraen una parte del todo y la generalizan. Así, explican que el estalinismo es la tiranía, la burocracia “idiota y gris” como dice Muchnik, y no un todo antimarxista, contrario a los intereses de la clase obrera.
Siempre van a encontrar (inventar) teorías de lo “importante” e inevitable que es hacer eje en los sectores medios. Están hablando de ellos mismos, de sus comodidades, de sus privilegios. Pero sus susurros no hacen más que recordarnos que la tarea de los trabajadores pasa por un lugar diametralmente opuesto: lejos de las trabas y contemplaciones “clasemedieras”, debemos desarrollar nuestra organización independiente, capaz de enfrentar por todos los medios, y hasta las últimas consecuencias, este sistema de injusticias, para acabar, de una vez por todas, con los privilegios de unos pocos y conquistar el bienestar del conjunto de la clase obrera.
...
NOTAS:
1. Si bien en esta nota no nos ocuparemos de este asunto, es bueno recordar el intento permanente que gran parte de la izquierda argentina hace por ganar la simpatía de la clase media, entregando enormes esfuerzos a esa tarea. Incluyen abiertos llamamientos a la alianza con los pequeños capitalistas urbanos y agrarios, ya sea defendiendo a las hiper-explotadoras PyMES, ya sea acompañando a la Federación Agraria y con ella a la Sociedad Rural y demás magnates agrícolas. Pero también hay búsquedas más solapadas para ganar el apoyo de la pequeña burguesía por medio de las campañas electorales, o movilizando allí donde la clase media va con sus consignas: haciendo campañas “ciudadanas” contra las “megatorres”, o acompañando a Blumberg en su marcha para ganar la simpatía de los promotores de la “seguridad” (o el garrote).
2 Tanto Ferrari como Pavlovsky objetaron que no se mencionaran temas como la personería gremial de la CTA. Sin embargo nada dijeron del superpago de la deuda externa, la pervivencia de un enorme índice de pobreza, del crecimiento de la explotación infantil, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de drogas a costa de la degradación de los jóvenes más humildes, etc., etc., etc... todo profundizado por el gobierno actual.
3. El detalle de estos negociados fue publicado por la revista Noticias el 31/10/08, en su nota de tapa: “Canciones para la corona”.
4. Página/12, 29 de abril de 2008
5. Recientemente publicó un libro titulado “El socialismo en el siglo XXI”.
6. La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, por su apoyo al gobierno, ha sido retribuida con grandes sumas y premios. Uno de ellos es un programa en canal 7 donde, entre otras cosas, da cursos de cocina desde el predio de la ESMA, centro de tortura de los secuestrados durante la dictadura.

El Revolucionario Nº37 (Julio 2008)

EDITORIAL: ¿DE QUIÉN ES ESTA DEMOCRACIA?El Revolucionario Nº37 (Julio de 2008)

Los empresarios del campo y los empresarios del gobierno coinciden, entre otras muchas cosas, en la defensa de la democracia. Durante estos meses de conflicto, todos los grupos de capitalistas hicieron explícita su irrestricta defensa de la democracia. Es que es su democracia. Una democracia para ricos, para empresarios.
Vimos, durante más de tres meses de pelea empresarial, cómo la actitud de “la democracia” es radicalmente opuesta según la clase social de que se trate.
En la política represiva se ve con nitidez. Incontables cortes de rutas dejaron en claro que a los empresarios no se los reprime. A los trabajadores, sí. A los empresarios no se los encarcela. A los trabajadores, sí. Las carpas de los empresarios no se desalojan, se avalan. Las de los trabajadores están prohibidas.
La actitud de los medios de comunicación no escapa a este tratamiento diferencial. Los diarios, las radios y la televisión dedicaron casi la totalidad de su cobertura al conflicto “campo-gobierno”. Las luchas de los trabajadores, en cambio, casi no figuran y cuando lo hacen, son “demonizadas”.
El congreso, lógicamente, es de los capitalistas. Pocas veces fue tan evidente a quiénes representan los legisladores de todos los partidos parlamentarios. Los que no están con los exportadores, están con el gobierno. No hay otra posibilidad.
También, el acceso a la salud integral es muy restringido. La clase obrera sufre una salud precaria debido a sus condiciones de vida y de trabajo y al deplorable sistema sanitario. Los sanatorios de punta son para quienes pueden pagarlos: unos pocos.
El ingreso, el mantenimiento y el progreso en el sistema educativo es para los ricos. Los hijos de la clase obrera, a duras penas pueden educarse, en condiciones pésimas, y una ínfima minoría puede obtener un título universitario, luego de incontables sacrificios.
Esta es la democracia que defienden: una vida colmada de privilegios para una minoría, la burguesía; bajos salarios, trabajo en negro, explotación y prostitución infantil, represión y privaciones crecientes para la clase trabajadora. La democracia que garantiza el atraso económico y la dependencia política del país.
No es nuestra democracia.

LAS EXPORTACIONES ACENTÚAN LA DEPENDENCIA DEL PAÍS (Una muestra de las exportaciones argentinas y del culto al atraso)

El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)

El desarrollo de una economía sólida y soberana ha sido y es una de las principales banderas del gobierno kirchnerista. Sin embargo, tal afirmación no resiste ningún análisis serio. El permanente pago de la deuda externa, la dependencia de los capitales extranjeros, la creciente extranjerización de la economía, demuestran que el carácter absolutamente dependiente de Argentina, no sólo persiste, sino que se profundiza día a día.

Argentina es esencialmente un país exportador de materias primas para el mercado mundial. Y así lo comprueban todas las estadísticas. Más de la mitad de las exportaciones nacionales son de productos primarios (PP) sin elaboración o con una elaboración elemental (MOA), como carnes y aceites. Bien demostrativo es comparar las cifras de los productos líderes de cada grupo: mientras la industria automotriz (líder en exportaciones de origen industrial en 2007) vendió al extranjero por 5.344 millones de dólares, la soja y sus derivados (principal exportación de origen agrario) lo hicieron por u$s13.465 millones, superando los u$s17.000 millones si se le suman el trigo y el maíz. Estas cifras son una clara demostración del rol que juega cada sector en la estructura productiva nacional.
Y la soja, figura estelar en el crecimiento argentino, viene batiendo todo tipo de récords. En 2007, según el INDEC, se vendieron u$s4.635 millones más que en 2006, debido al aumento del precio internacional, que supera los $1000 por tonelada, y al aumento de los volúmenes exportados. Claro que ningún burgués quiere quedar al margen de este negocio. Por eso, según publicó La Nación, hoy en nuestro país más de la mitad de la superficie cultivada (16,9 millones de hectáreas) es con soja. Esto tiene como agravante, además de la continuidad del atraso, que más de la mitad del suelo cultivado queda devastado a causa del monocultivo. Una verdadera demostración de dependencia; de cómo la economía argentina sigue ciegamente y sin planificación alguna el ritmo que marca el mercado mundial. Tal es lo grotesco de la situación que hasta el gobernador de los sojeros, Hermes Binner, ha hecho mención sobre lo perjudicial del avance del cultivo de soja sobre otros productos agrícolas y la ganadería.
No hay más que ver cómo, en una verdadera apología de la dependencia, los principales analistas pronostican que Argentina no se verá perjudicada por la recesión en EEUU. “La Argentina está blindada ante una crisis internacional”, dicen. Claro que este “blindaje” no se debe a méritos del gobierno. Es producto, como ellos mismos señalan orgullosos haciendo gala de su culto al atraso, de la demanda y los altos precios de las exportaciones que se mantendrán debido a los requerimientos de los países asiáticos y a la creciente utilización de aceites para la producción de biocombustibles.
Este panorama demuestra la fragilidad y la inestabilidad de la economía argentina, como siempre a la cola de otros países, dependiendo de los capitales imperialistas. Nada ha cambiado, pues. El gobierno y la burguesía se contentan con los negocios que las grandes potencias les asignan, como lo han hecho siempre, lucrando con el atraso y la dependencia nacional.


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Situación nacional, ER33, gobierno
DESPUÉS DE LA VALIJA, LOS AUTOS VIP
El Revolucionario Nº33 (Marzo de 2008)

No puede decirse que el kirchnerismo sea poco pródigo en espectaculares hechos de corrupción. A la larga lista de Skanska, las valijas de Southern Winds, la bolsa de Miceli, la fundación de Piccolotti, los FAL de Garré, los dólares de Antonini y tantos otros, se sumaron, ahora los negociados con autos de lujo, importados aprovechando las franquicias especiales para diplomáticos e inmediatamente vendidos a ricos y famosos bien argentinos, o, por ejemplo, a la esposa del funcionario de la cancillería encargado de visar los permisos.
En nada se diferencia este negociado del que se hacía en los ’90 con los autos para discapacitados, cuando nos enteramos que Susana Giménez, Ricardo Darín, Constancio Vigil y otros ricachones tenían lujosos Mercedes Benz o Nissan Pathfinders entrados al país a nombre de testaferros paralíticos, esquivando así los impuestos.
Muchos de los autos detectados ingresados a pedido de alguna embajada, que fueron vendidos a particulares sin esperar el tiempo mínimo que imponen las normas a los diplomáticos, son además marcas y modelos que ni siquiera un diplomático puede traer, porque su circulación está prohibida en Argentina. Es el caso de las carísimas camionetas Hummer, que tienen una historia interesante y ninguna utilidad práctica en la llanura pampeana, por bonitas que queden estacionadas en Cariló. Es un vehículo todo terreno que, como el Jeep, fue desarrollado para uso militar y se estrenó en la Guerra del Golfo, bajo el nombre Humvee. El paso a su uso “civil” fue de la mano de Arnold Schwartzenegger, que lo manejó en algunas de sus edificantes películas. Pronto se pusieron a la venta modelos con más lujo y confort pero con las mismas prestaciones militares, que, desde un precio básico de 60.000 dólares, pueden llegar a u$s130.000 con los accesorios, y fascinaron a la burguesía venezolana, por ejemplo, al punto que el presidente Chávez tuvo que pedirles un poco de discreción.
Aunque la corte suprema se haya lavado las manos, diciendo que no está probado que embajadores extranjeros hayan intervenido en las maniobras, queda claro que este contrabando sólo pudo hacerse con el concurso de, por lo menos, cuatro grupos de personas: los diplomáticos que pusieron el nombre para pedir el auto; los funcionarios argentinos que autorizaron cada importación y luego su prematura nacionalización; los concesionarios y los compradores. Otro excelente ejemplo de los negocios oficiales.

LA MENTIRA DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

—Todos estaban equivocados -manifestó con humildad el hombrecillo-. Los estuve engañando.
— ¿Engañando? -exclamó Dorothy- ¿Acaso no eres un Gran Mago?
— Más bajo, querida -pidió él-. Si hablas tan alto te oirán, y eso me arruinaría. Todos suponen que soy un Gran Mago.
— ¿Y no lo eres? -preguntó ella.
— En absoluto, queridita. No soy más que un hombre común.
— Eres más que eso -declaró el Espantapájaros en tono quejoso-. Eres un farsante.
— ¡Exacto! -reconoció el hombrecillo, restregándose las manos como si aquello le complaciera-. Soy un farsante.
(Lyman Baum, “El Mago de Oz”)


La desidia popular frente a la fantochada electoral afloró con fuerza en estos últimos comicios.
Los grandes medios de comunicación, mientras hablaban de tal o cual candidato reconocían también la falta de expectativas que amplios sectores del pueblo mostraban frente a este circo, repitiendo siempre la misma orden: “¡vote!”. “¿Va a ir a votar el próximo domingo?” preguntaban los gigantes mediáticos y, acto seguido, periodistas, políticos y “especialistas” de toda índole salían a dar sermones, unificando todas las voces de la clase dominante en un mismo reclamo sobre la necesidad de la participación en los comicios como medio para “defender la democracia”. Es lo que repite la burguesía desde hace muchísimo tiempo (sobre todo luego de la última dictadura militar) para sostener este sistema de injusticias, de explotación y opresión sobre los trabajadores y el pueblo pobre de nuestro país.
Buscan, de esta forma, darle respaldo a las instituciones del estado (como son el poder ejecutivo, las fuerzas represivas, la justicia, el congreso...), lo que permite dar continuidad a las relaciones de dominación propias del sistema capitalista, que otorga enormes privilegios a la burguesía y hunde en la miseria a nuestro pueblo.
De este modo, cada cuatro años se vuelve a montar todo el teatro “democrático” que vivimos en estos días pasados, donde los hombres del pueblo son llamados a elegir entre un representante de los intereses patronales e imperialistas... y otro.
Según la propaganda del sistema, de sus medios, sus instituciones y sus políticos (tanto oficialistas como opositores) las elecciones son el acto “supremo” en el cual el pueblo elige los destinos del país. Todo se resume, según dicen, a una “buena elección” por parte nuestra. De esta forma nos advierten: “elija bien su voto”, para después achacarnos la responsabilidad de los desastres a los que nos llevará, inevitablemente, la nueva (o no tan nueva) camada de políticos que llegan al gobierno para seguir defendiendo los intereses de empresarios, banqueros, terratenientes y demás capitalistas.
Así, unos y otros se reciclan, cruzándose de lista o partido, para volver a la carga contra los trabajadores: cuando no es la enorme desocupación, es el trabajo miserable y precario, cuando no es la privatización y entrega de todo el patrimonio nacional, es la inflación y el empobrecimiento del pueblo... o todo eso junto.
Es un circulo vicioso en el que llegan a ser candidatos para gobernar sólo aquellos que se destacan como representantes de los poderosos, a quienes la burguesía local y extranjera sostiene política y económicamente (con millonarias campañas y enormes aparatos), para garantizar la permanencia del sistema actual y los enormes beneficios que obtienen sobre la base de la explotación y el saqueo.
Por eso, es absolutamente falso que mediante las elecciones puedan erradicarse realmente los grandes flagelos que pesan sobre los trabajadores (la explotación, la opresión, la miseria...) y eso lo han constatado trágicamente a lo largo de su historia la clase obrera y el pueblo pobre. Y no hay así ninguna novedad en que uno tras otro, los verdugos del pueblo se sucedan para administrar los negocios de los poderosos, pasándose entre ellos la banda presidencial.
En todo caso, lo que es preciso destacar es que el peronismo, primero con Duhalde y luego con Kirchner vino a recomponer las instituciones del estado para sostener lo que llaman “gobernabilidad”, buscando renovar el apoyo popular a la democracia luego de la fuerte crisis de 2001. Y ese remiendo está mostrando serios límites, cuando sólo cuatro años después ya a nadie le interesa participar de lo que llaman “la fiesta de la democracia”.
Evidentemente nada podemos esperar de los llamados de la burguesía para seguir participando de lo que para ellos es una fiesta de negocios y privilegios sostenida en las penurias de los trabajadores. Nada nuevo sucedió con el cambio electoral y nada sucederá si nuestro pueblo es arrastrado tras las elecciones y demás farsas “democráticas”.
Sólo la organización y la lucha independiente de los trabajadores y el pueblo contra la clase dominante y su sistema puede marcar un camino revolucionario por una nueva sociedad.

LA EXTORSIÓN DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Pocas cosas preocuparon tanto a la burguesía en su conjunto como el manifiesto desinterés que buena parte de la ciudadanía mostró durante la reciente campaña electoral. Todos los medios de comunicación, pero especialmente los que mejor expresan el punto de vista de la clase dominante, nos repitieron hasta el cansancio que la razón de nuestra vida era ir a votar el 28 de octubre. Nos bombardearon con un discurso de exaltación de la democracia, dedicando horas y horas a alertar sobre los peligros de la abstención o el voto en blanco. Tampoco la celebración del triunfo convocó grandes multitudes. El festejo, por apatía general y decisión oficial, quedó limitado al segundo subsuelo de un lujoso hotel, rodeado de una alta empalizada para evitar “infiltrados”. Y para la pareja presidencial, el piso 18 completo.
El chantaje preelectoral no ahorró recursos, y usó por igual la zanahoria y el palo. Por un lado, nos dijeron de mil maneras diferentes que votar sería un acto trascendente, y que la celebración de la “fiesta de la democracia” era poco menos que la oportunidad de dar un sentido a nuestras vidas. Por otro lado, nos amenazaron con terribles males si no íbamos al convite. Muchas personas cedieron ante el temor de tener que pagar una multa, no poder renovar sus documentos o verse en problemas para hacer algún trámite bancario. Mientras la propaganda de todos los partidos nos había jurado que votar es la máxima expresión de libertad, fue necesario reclutar autoridades para el comicio casi a la fuerza, como le ocurrió al pobre cordobés que llegó en bicicleta a votar temprano, y fue preso porque no quiso quedarse de presidente de mesa (y no tenía alguna de las buenas excusas que se le hubiera ocurrido a un burgués en la misma situación).
A pesar de la intensa campaña, en la que todos los candidatos aportaron sus granitos o sus rocas de arena, más de siete millones y medio de personas, un cuarto del total de las habilitadas para votar, prefirieron hacer otra cosa ese domingo, y casi un millón de los que sí votaron lo hicieron en blanco(1). Sin que esos grandes números puedan interpretarse como “antisistema”, ya que responden a las más variadas motivaciones individuales, lo cierto es que para más del 30% del padrón nacional, el acto eleccionario no resultó convocante. Y eso es un problema para la burguesía, que necesita elevar la ilusión democrática al nivel de dogma intocable.
Vemos así que la democracia adquiere las características de un fetiche, es decir, de un objeto de culto con poderes especiales, que los burgueses usan cuidadosamente para extorsionarnos con el argumento de que cualquier acción de las masas que la ponga en peligro, la cuestione, o simplemente no le dé importancia, es una “irresponsabilidad” de “inadaptados”. Así, la democracia funciona como un factor preponderante para ejercer presión ideológica sobre los trabajadores y el pueblo, sosteniendo el dogma único del respeto a las instituciones.
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NOTAS
1) De un padrón de 27.090.236 electores, no votaron 7.637.642 y votaron en blanco 934.739. Fuente: www.mininterior.gov.ar

LAS COSAS POR SU NOMBRE

El Revolucionario Nº25 (Junio de 2007)

“Como la cosa estaba agarrando color de hormiga
los ricos desempolvaron la mejor de las armas
contra el ultraizquierdismo
o sea las eleccioneslas elecciones
para coexistir en las urnas
donde todos los salvadoreños fueran iguales
o sea donde todos fueran igualmente engañados
con música de fondo de democracia y paz”.
“Los ultraizquierdistas”, Roque Dalton.

El capitalismo tiene herramientas bien aceitadas. Es lo que sucede con la propaganda. En la actualidad, hasta los conceptos más elementales de la política se presentan diariamente desvirtuados, vaciados de su contenido verdadero y rellenados cosméticamente en función de las necesidades de la burguesía y sus gobiernos. Tanto es así que hasta la idea misma de qué es la “derecha” y qué la “izquierda” se desdibuja ante los ojos de nuestro pueblo gracias a las mentiras y disloques que sostienen los más diversos defensores de la democracia burguesa: desde los medios masivos de comunicación, pasando por los partidos patronales o las instituciones académicas, hasta llegar a las corrientes reformistas autodenominadas “de izquierda” o “populares” cuyo planteo siempre consiste finalmente en la adaptación al sistema.
La resignificación de los términos “derecha” e “izquierda” y más aún sus prolongaciones “extremas” (la “ultraderecha” y sobre todo la “ultraizquierda”) tiene un carácter profundamente político: demarcar con claridad cual es el rango dentro del que está permitido moverse; delimitando cuáles son las diferencias e iniciativas que pueden ser toleradas en el marco de un régimen burgués, y por supuesto, cuáles son las posiciones y actividades que se encuentran negadas y prohibidas y cuya defensa y ejecución serán motivo indiscutible de represión por parte de la clase dominante (y de condena por parte de todos los defensores del régimen democrático).
Por eso es que los representantes más ortodoxos de la burguesía, declarada y probadamente antipopulares son llamados por sus propios medios con términos moderados como “de centro” o “centroderecha”, incluyendo con ello a políticos reaccionarios, dictadores, empresarios, golpistas, oligarcas, represores … en fin, a toda la plana mayor de la reacción burguesa más recalcitrante, en la que se incluyen personajes como Patti, López Murphy, Menem, Aldo Rico, Cavallo, Blumberg, Lavagna, Macri, o Sobisch. Es el mismo rótulo que se utiliza habitualmente para calificar a los gobiernos más asesinos y proyanquis de América Latina (como es el del paramilitar Uribe en Colombia o el mexicano Calderón, responsable de decenas de asesinatos y desapariciones en Oaxaca) o aún a los jefes de estados imperialistas como EEUU, Inglaterra, Francia, Alemania, etc.
Y si como “centro” se presenta a lo más concentrado del capitalismo y sus esbirros, no habría razón para no creer con Clarín, La Nación o cualquier noticiero de radio o TV, que acérrimos defensores del sistema capitalista como Nilda Garré, Elisa Carrió, o Chacho Álvarez son las figuras de la “centroizquierda” en nuestro país(1), como lo son en el mundo Bachelet, Zapatero… o Tony Blair, cuyo apoyo al imperialismo (y particularmente a su política guerrerista) sólo es comparable con su fanática defensa de la explotación y el libre mercado.
Con estos parámetros, repetidos una y otra vez por los voceros de la burguesía, es absolutamente comprensible que el calificativo de “izquierda” sea guardado para aquellos defensores del régimen democrático que cuentan con un perfil público más moderado o populista. Así, según el escriba de turno, podremos hallar en este campo al banquero y candidato a vicejefe de gobierno por el kirchnerismo Carlos Heller, a los presidentes proyanquis Lula o Tabaré, o a su larga lista de imitadores que plantean la posibilidad de acceder a un “gobierno de los trabajadores” por medio de un camino electoral, pacífico y democrático. De hecho los mismos reformistas son calificados de “duros”, “sectarios” u otras yerbas en la medida que su política de adaptación democrática es acompañada por algún tipo de actividad sindical o lucha popular. Así sucede en la actualidad con todo el arco de la socialdemocracia argentina (PC, MST, PO, PCR, PTS, etc.) y el resto de las organizaciones populares que no han adoptado siquiera una identidad clasista o de izquierda (FPDS, CTD y MTD-AV, etc.) calificados por la prensa burguesa como piqueteros, movimientos o sindicatos “duros”, en tanto reclamen en la calle por derechos sociales postergados, por más que no sostengan un cuestionamiento efectivo al sistema de explotación, sino más bien caminos de adaptación al régimen burgués por medio del cooperativismo, la autogestión, el electoralismo, o directamente el acompañamiento a los partidos patronales en las direcciones burocráticas de los sindicatos o en las instituciones de gobierno.
A la primera “irregularidad” sobre el actual estado de cosas, la burguesía sale a la carga con la acusación de “ultraizquierdista”, alertando con ello que se están sobrepasando los límites de lo aceptado en su régimen de gobierno y que estará justificada cualquier acción represiva para garantizar su sometimiento. Los sectores más reaccionarios arrojan ese calificativo contra los gobiernos burgueses populistas(2), y el grupo mediático más importante de nuestro país se lo achaca incluso a las corrientes socialdemócratas y electoralistas que se separan del impulso liberal y proimperialista de sus gobiernos(3). No es para nada sorprendente entonces que cualquier reacción popular, aún la más mínima, un escrache, la resistencia a un desalojo, o el enfrentamiento contra la represión, sean tomados unánimemente como una acción “ultraizquierdista”, no sólo por todo el espectro de medios de comunicación oficiales, sino incluso por las corrientes reformistas que deben justificar su propia política de conciliación. Esta acusación se repite insistentemente, por ejemplo, sobre un grupo abiertamente nacionalista como Quebracho que niega cualquier vinculación con el programa socialista y los principios de la izquierda, y cuyas acciones se inscriben en el marco de la resistencia callejera. Esta terminología pretende marcar los límites dentro del sistema actual, ya que desde la perspectiva de clase de la burguesía una acción de lucha popular es vista como un “desborde” y es motivo más que “justificado” para llevar adelante la represión y el encarcelamiento de los participantes.
Como está visto, en su categorización que va desde la “centroderecha” hasta la “ultraizquierda”, la burguesía no incluye otra cosa que opciones de adaptación y disputa por dentro de los marcos del sistema democrático-burgués, tomando como “ultraizquierdistas” a los movimientos nacionalistas y las acciones espontáneas del pueblo y dejando afuera de su espectro a cualquier iniciativa de organización y lucha que tenga un carácter revolucionario. Por supuesto el reformismo pacifista y electoralista, no sólo repite sino que a veces hasta exagera estos mismos argumentos por el terror que le provoca ser confundido con cualquier iniciativa que pueda valerle la acusación de “antidemocrático” y que ponga en riesgo su personería jurídica partidaria(4).
Sin embargo la burguesía tiene bien presente la existencia de experiencias de resistencia que superan con creces las condiciones que ella impuso para considerarlos “políticos”. La larga lista de movimientos que actúan en las luchas de resistencia y de liberación actuales (Irak, Afganistán, Palestina, País Vasco, Colombia…) son tomados por políticos, intelectuales y periodistas del régimen como si fueran actores extra políticos y antisociales, para los cuales se han acuñado otros términos con los que pretenden justificar su persecución y eventual aniquilamiento, como son: “extremistas”, “terroristas”, “narcoterroristas”, etc.
De esta forma, la burguesía habla del “terrorismo” como si fuera un término neutral cuando es usado en realidad con una indiscutible concepción de clase. Así pues, se excluye conscientemente a los gobiernos y estados que son responsables de las masacres más alevosas (EEUU, Israel, Inglaterra, Francia…) y a sus más cercanos colaboradores (como sucede ahora con el agente de la CIA Posada Carriles) mientras se pretende acusar de “terroristas” a todos aquellos que emprenden algún tipo de resistencia, incluyendo a hombres, mujeres y niños que deben enfrentar la prepotencia imperial prácticamente sin ningún tipo de recursos bélicos. Así se pretende englobar en este campo a las prácticas históricas de los revolucionarios: la resistencia, el enfrentamiento al estado opresor, la lucha y la organización del pueblo para conquistar mejores condiciones de vida. Por eso es que el rótulo de “terrorista” es hoy una herramienta fundamental con que la burguesía enfrenta el surgimiento y desarrollo de las organizaciones que cuestionan su dominio, sea en la guerra abierta (como sucede con la lucha del pueblo iraquí o la insurgencia colombiana), o sea bajo condiciones de mayor estabilidad del régimen, como sucede en nuestros países, donde las leyes antiterroristas son el reaseguro legal para desbaratar todo proyecto de organización revolucionaria que ponga en cuestión al sistema.
Para robustecer esta propaganda ideológica en defensa del capitalismo y sus gobiernos, los voceros de la burguesía han vinculado intencionalmente conceptos no sólo distintos sino antagónicos. Así el narcotráfico, cuyo máximo rector es justamente la clase dominante (beneficiada tanto por sus réditos económicos como por el efecto aletargador que las drogas ejercen sobre un pueblo que pretende rebelarse), es vinculado deliberadamente con las organizaciones que se alzaron en lucha revolucionaria contra las condiciones de vida que les impone el capitalismo (incluyendo con ello el flagelo de las drogas) y que en ocasiones plantean incluso un programa socialista, enemigo desde el vamos de las drogas y demás formas de la alienación humana. Es ejemplificador para ello el caso colombiano, en donde una serie de movimientos y organizaciones encabezados por las FARC vienen dando pelea en forma ininterrumpida por más de 40 años, desarrollando la lucha por una transformación revolucionaria que ha conquistado el apoyo de gran parte de su pueblo, y esa pelea que es combatida en forma directa por militares y paramilitares colombianos y marines yanquis pretende ser presentada públicamente por el imperialismo y la burguesía local como un combate contra el narcotráfico. Hasta tal punto es así, que cada vez son más los sectores que optan por distanciarse, retirando su apoyo y solidaridad a la lucha colombiana, por temor a quedar ligados a las acusaciones imperialistas sobre el narcotráfico y el “terrorismo”.
El imperialismo yanqui es hoy el principal promotor de esta categorización, según la cual las luchas de resistencia y cualquier emprendimiento revolucionario son acciones de “terrorismo”, mientras su gobierno invasor y sus aliados quedan exentos de cualquier tipo de acusación. Y la presión e influencia que ejerce es de gran importancia, pues no son sólo sus aliados más cercanos sino la gran mayoría de los países del mundo los que han adoptado estas posiciones en términos bien prácticos(5), destinando miles de dólares y soldados para perseguir al “terrorismo” (en general), formando y financiando a ejércitos de paramilitares en nombre de la lucha contra el narcotráfico, entrenando en forma conjunta y bajo el mandato norteamericano las tropas estatales con técnicas antisubversivas, promoviendo duras penas contra la organización y la lucha popular en nombre del “antiterrorismo”, etc.
Claro que con esta idea tan en boga, toda la corriente del marxismo revolucionario, desde los tiempos del mismo Marx hasta nuestros días sería catalogada por los ideólogos actuales de la burguesía, sin lugar a dudas, como ejemplares del “terrorismo”. Todas las revueltas en que intervino la I internacional de Marx y Engels a mediados del siglo XIX (que por cierto no tuvieron nada de “pacíficas”) con su gran hito, la Comuna de París de 1871; toda la experiencia de la socialdemocracia rusa y europea a principios del siglo XX, incluyendo los combates de 1905 y de 1917 en Rusia y los innumerables procesos de lucha que se llevaron a cabo entonces en Europa; las experiencias revolucionarias que en el mundo entero recorrieron el siglo XX, desde España hasta Nicaragua, desde China hasta Argelia, y desde Cuba hasta el Congo; todo el proceso de luchas que en nuestro país formó una vanguardia obrera y revolucionaria cuyo ejemplo fue el cordobazo y donde el PRT se constituyó como la expresión más alta de acción y programa … en fin, la historia de la lucha revolucionaria argentina, latinoamericana y mundial, no sería, para el lenguaje actual de los voceros burgueses, más que un cúmulo de expresiones “terroristas”, al margen de toda condición política.
Por supuesto que la burguesía siempre apelará a los mismos recursos, buscando la persecución y el desprestigio de los revolucionarios. Por supuesto, además, la socialdemocracia y el reformismo en general, ante el temor de ser acusados por los agentes del capital de cómplices y defensores de los métodos y actores revolucionarios, no dudarán en sumarse a la condena y pasarse del lado del patrón. Es imposible olvidar cómo el máximo jefe del PC boliviano, corría para presentarse ante las cámaras de TV y condenar públicamente las acciones emprendidas por el más grande revolucionario de nuestro continente, el Comandante Che Guevara, quien en absoluta soledad había asumido una tarea que todo el PC había abandonado desde hacía ya varias décadas. Se hace imposible olvidar también cómo Luis Zamora, la máxima figura del MAS argentino (fuerza de la que provienen numerosas corrientes de la socialdemocracia actual), con el mismo afán de despegarse, salió corriendo a denunciar a los activistas que habían tomado el cuartel de La Tablada, y acercó sus condolencias a los milicos en el mismo momento en que estos torturaban a los sobrevivientes (luego fusilados y desaparecidos) y recogían los muertos que habían sido pulverizados con fósforo blanco.
Como dieron cuenta los grandes ejemplos del pasado como Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, León Trotsky y el Che Guevara; el futuro llegará de la mano de aquellos que, evitando ser arrastrados por las imposiciones de la clase dominante, mantengan en alto su dignidad y sus principios, y marchen inclaudicablemente y llevando a cabo todas las acciones necesarias para que triunfe de una vez y para siempre la revolución socialista, único camino que traerá la felicidad a los oprimidos y explotados de nuestro pueblo.
En su intento por desprestigiar la revolución, la burguesía y la socialdemocracia repiten sus consignas vacías: hoy “terroristas”, “extremistas”, hace algunos años “ultraizquierdistas”… Roque Dalton, revolucionario y poeta salvadoreño, dejó en claro entonces cual era el camino de los revolucionarios:

En un país como el nuestro
donde todo está cerca y concentrado
donde el amontonamiento histórico es tan denso
el ultraizquierdismo que no se quede en palabras
y tenga con qué ser ultraizquierdista en los hechos
irá siempre más hondo calando en el corazón popular
que sigue estando en la ultraizquierda del pecho.

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NOTAS
(1) El diario La Nación, por ejemplo, en su edición del 20/04/07 titulaba “Encuentro de dirigentes de centroizquierda”, dando cuenta de un acto encabezado por la ministra de defensa Nilda Garré (actual responsable de la participación argentina en la invasión a Haití), el ministro de trabajo Carlos Tomada (actual responsable de la vigencia de la flexibilización laboral y la precarización del 50% de los trabajadores) y el ex presidente del renunciante De la Rúa, Chacho Álvarez.
(2) El gusano Oppenheimer, por ejemplo, en sus columnas en el diario La Nación suele acusar de “ultraizquierdistas” a los actuales garantes de la propiedad privada en Bolivia y Nicaragua: Evo Morales y Daniel Ortega.
(3) Así llama el diario Clarín del 2/10/06 a la candidata del PSOL (división del gobernante PT de Lula) Heloisa Helena.
(4) Como ejemplo recordemos que cuando en Mar del Plata se repudió la presencia de Bush en nuestro país, el PO acusaba a los activistas antiimperialistas de “petardistas”.
(5) Incluso el mandatario cubano Fidel Castro, asediado política y económicamente por los EEUU y su bloqueo de más de 45 años, llegó a declarar contra “el terrorismo” (en general) tras el atentado a las torres gemelas en 2001.

CON LA DEMOCRACIA SE HAMBREA, SE REPRIME Y SE DOMINA

El Revolucionario Nº22 (Marzo de 2007)

En vísperas de un nuevo 24 de marzo, los monótonos cantos oficiales insisten una y otra vez con su consigna central: según ellos, ante todo, pase lo que pase y cueste lo que cueste, todos los argentinos “debemos defender la democracia”. Sus escribas progresistas o reaccionarios, todo el espectro político de sus seguidores, los medios masivos de comunicación y gran parte de la misma izquierda, toman esto como una verdad sagrada. En un nuevo aniversario del golpe de estado al que pintan como una “interrupción” de la “normalidad” democrática, la vocinglería gubernamental y su cohorte reclama: “unidad democrática”.
Al mismo tiempo, y por citar sólo el caso más ejemplificador, se cuentan de a cientos los gendarmes que patrullan las calles de Las Heras sosteniendo una dura situación represiva. Los allanamientos y torturas son conocidos de sobra en este pueblo, en donde el gobierno, en su afán de defender los intereses de las petroleras, ha instalado uniformados hasta en los baños de las empresas y mantiene en la cárcel desde hace más de un año a siete trabajadores.
Y no es la excepción sino la regla. La república democrática de México, por ejemplo, que ha logrado sobrellevar el siglo XX sin caer en los “oscuros resquicios” de las dictaduras militares, da cuenta en estos días de su amplia experiencia en materia de represión sistemática: una conferencia unitaria de varios organismos de DDHH denunció la existencia de casi cien desapariciones en el último año, de los cuales 30 fueron secuestrados por la represión en las luchas de Oaxaca y Atenco. Esto sin desmedro de cientos y miles de torturados, encarcelamientos políticos, violaciones por parte de las fuerzas represivas, y obviamente, asesinatos de militantes políticos. El método no es novedoso pues ha sido utilizado ampliamente en México, incluyendo grupos como la Brigada Blanca encargados de arrasar los emprendimientos guerrilleros: una verdadera cacería de las fuerzas represivas mexicanas a las que los escribas oficiales (a lo Vertbitsky) no dudarían en llamar “resabios” de la dictadura... si no fuera porque no ha habido tal régimen en ese país.
Hoy en México, siguiendo el estilo continental y mundial, es la “lucha contra el narcotráfico” la gran excusa democrática mediante la cual se está avanzando en la militarización de todo el país, ampliando la persecución contra las luchas populares. A la cabeza de estas operaciones se encuentra ahora Genaro García Luna, titular de la Secretearía de Seguridad Pública y egresado de la Escuela de Cartagena (Colombia), manejada y financiada por EEUU. No en vano algunos organismos de familiares de desaparecidos y presos políticos están hablando de la “colombianización” de la represión mexicana.
Es que Colombia es, a esta altura, un ejemplo para la burguesía mundial. La democracia, con su presidente, su parlamento, sus elecciones libres, sus partidos patronales, su libertad de prensa y de mercado… en fin, la democracia burguesa como tal y como es, no se ha privado en Colombia de desplegar el más ambicioso aparato militar para la represión de la lucha popular. Con apoyo y financiamiento directo de los EEUU y en sintonía con la doctrina “antiterrorista” de la casa blanca, el gobierno democrático de Colombia lleva adelante una campaña contra lo que llama la “narcoguerrilla”, con el fin de aplastar todas las formas de resistencia: en primer lugar, la guerrilla insurgente (FARC y ELN) y junto a ella, a los movimientos populares que enfrentan su política de gobierno. De esta forma (al tiempo que maneja, junto a los EEUU, el millonario negocio de la droga) despliega tropas militares y policiales nacionales, fuerzas parapoliciales dirigidas política y económicamente por quienes detentan el poder, y hasta fuerzas de elite norteamericanas con el fin de sostener el régimen democrático, considerado por la burguesía local y extranjera como una herramienta central para la explotación de los trabajadores y la sumisión del pueblo colombiano.
Del mismo modo en que, en las décadas de los ´60 y ´70, EEUU se puso a la cabeza del Plan Cóndor y las dictaduras del continente, desde hace ya tiempo, el proyecto norteamericano para América Latina es sin duda, la democracia, con sus atribuciones tanto “republicanas” como represivas, como lo demuestran entre otras cosas, los millones de dólares que anualmente ese gobierno destina para la represión en el país sudamericano por medio del Plan Colombia, amén de los instructores y marines yanquis que actúan directamente en ese país. Es significativo que bajo las órdenes norteamericanas, tropas enviadas por los gobiernos de Kirchner, Lula, Tabaré y Evo Morales, entre otros, estén nada menos que “garantizando la democracia” en Haití, vigilando a golpe de fusil, el “derecho” de este pueblo a “gozar” de las elecciones libres y toda la parafernalia democrática (pues no querer hacerlo puede costarle la vida, como sucede ante cada nueva masacre perpetrada por las fuerzas de ocupación).
En cada rincón del mundo sucede lo mismo. Los EEUU son los principales “exportadores” de democracia. Para ello llaman a una “guerra contra el terrorismo” mundial, establecen cárceles para la tortura en medio planeta, invaden Haití, Afganistán, Irak, Somalía, tal vez Irán… y cuentan sin duda con el apoyo de los demócratas del mundo, los tercermundistas como la Argentina, o los más poderosos países europeos como Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, España…
Sea como sea, el centro de la cuestión es el mismo: la democracia, adulada no sólo por el gobierno kirchnerista y sus seguidores, sino también por una enorme cantidad de corrientes populares que no están dispuestas a sacar los pies del plato y pelear por fuera de las pautas ya establecidas por el régimen burgués, es la más estable y efectiva forma de dominación que ha sido lograda en el capitalismo, es una política de clase cuyo defensor más exacerbado es el imperialismo norteamericano y del que se hacen eco las burguesías del mundo. Su pregoneo igualitario se derrumba cuando deben responder a una avanzada de la lucha obrera y popular. Sus pautas son cumplidas por sus ideólogos, solamente y en tanto sirvan a la consolidación de su dominio, y son pisoteadas por ellos mismos cada vez que sus ambiciones lo requieren.
Basta ver lo que ocurre en el País Vasco. Allí tampoco ha hecho falta la llegada de un golpe militar, pues la misma democracia republicana, parlamentaria, pluripartidista y hasta pseudo socialista española se ha encargado no sólo de perseguir, matar, torturar y encarcelar a los luchadores, sino también de prohibir las movilizaciones populares, los partidos políticos, las organizaciones sociales, los grupos culturales y todo aquello que tenga un perfil independentista.
La democracia que los defensores del régimen nos reclaman defender, es en realidad su más preciada herramienta de dominio sobre nuestro pueblo. La lucha de los trabajadores y el conjunto de los explotados no tiene nada que ver con ella. Muy por el contrario, sólo con la derrota del gobierno de la burguesía (ya sea éste una dictadura o una democracia) y la conquista de un gobierno propio de la clase obrera y el pueblo, será posible cambiar de raíz el sistema social que hoy tantas penurias trae a nuestro pueblo. Decían Lenin y Trotsky en el primer Congreso de la III Internacional Comunista que el “planteamiento de la cuestión al margen o por encima de las clases, supuestamente popular, equivale ni más ni menos que a un escarnio de la doctrina fundamental del socialismo, esto es, de la doctrina de la lucha de clases, que reconocen de palabra pero olvidan en los hechos los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía. Pues en ningún país capitalista civilizado existe la `democracia en general´, sino que sólo existe una democracia burguesa…”. No hay atajos democráticos para nuestro pueblo. Solo la revolución puede derribar la explotación y la miseria. Sólo el socialismo puede abrirnos el camino hacia la libertad.

LAS HERAS DESNUDA LA DEMOCRACIA BURGUESA

El Revolucionario Nº11 (Marzo de 2006)

Los acontecimientos del norte de Santa Cruz tuvieron una importancia mayúscula en la actual lucha salarial, contra la represión y por la libertad de los presos políticos. No obstante esto, reafirman y dan clara cuenta del sistemático carácter represor del gobierno nacional y provincial, del rol antiobrero de la CGT y la iglesia y desnuda la dictadura de clase que pretende enmascararse detrás de la democracia burguesa.
En nuestro número anterior decíamos que “Esta lucha constituye un buen ejemplo para el conjunto de los trabajadores. Las petroleras (...) dejaron de extraer el combustible sumando pérdidas por U$S 35 millones. El conflicto ha sido dirigido por delegados disidentes de la dirección sindical. Los cortes de rutas y caminos impidiendo el traslado del crudo se han prolongado en el tiempo y la huelga ha contado con la solidaridad de los estatales y la simpatía de todo un pueblo.”
Pero sin duda alguna, el hecho diferenciador de este conflicto ha sido la radicalización de la pelea que ha culminado con enfrentamientos entre el pueblo movilizado y las fuerzas represivas y la nada lamentable muerte de un suboficial.

Producto de la lucha
Ante la detención de Mario Navarro, la determinación de avanzar sobre la comisaría para exigir la libertad del delegado detenido y el ejercicio del derecho de defensa para resistir los embates represivos, logró poner en libertad al compañero y evitar que el juez ejecute las órdenes de detención que tenía sobre la mesa. El gobierno intentó detener la movilización con gases y balas, pero los trabajadores lograron superar la represión, avanzar y lograr que liberen al delegado. Esta determinación hacia la pelea es completamente reivindicable.
Bien se sabe que el gobierno kirchnerista es el que más presos políticos ha tenido en su haber y que la persecución política, el macartismo, la encarcelación y la represión son parte esencial de su plan de control y disciplinamiento del movimiento obrero. Por esto, la detención de Navarro primero, y la de otros compañeros después, son parte del sistemático plan represivo del gobierno. Para mayor evidencia, la jueza Graciela Ruata de Leone, que investiga la muerte del policía, consulta cada paso ante el poder político y manifiesta: “no puedo decir nada que produzca reacciones que no quiero que ocurran”. Cuenta clara de que saben bien que una buena parte del pueblo se encuentra en pie de lucha repudiando la política del gobierno. Sin embargo, la reacción ante las primeras detenciones después de los acontecimientos del 7 de febrero, impidió que sesione el concejo deliberante de Las Heras. En el mismo sentido, las movilizaciones en Buenos Aires se suceden exigiendo la desmilitarización en el sur, el cese de la represión y la libertad de los presos políticos.
Por otro lado, la lucha petrolera, al alcanzar los niveles de confrontación logrados, le ha acelerado la agenda política al gobierno nacional y a la CGT. Si bien Néstor Kirchner y Hugo Moyano tenían planificado comenzar a negociar el monto del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, no estaba en sus planes acelerar vertiginosamente el tratamiento de este tema.
Como consecuencia del avance sobre la comisaría lasherense, se han divulgado masivamente una importante cantidad de datos sobre el sistema impositivo del gobierno de Kirchner, continuidad del modelo impuesto por Alfonsín, Memem y De la Rúa. Ahora, en el ministerio de economía trabajan presurosamente para ofrecer algunas mínimas modificaciones en materia tributaria e intentar detener las luchas de los trabajadores que reclaman la eximición del impuesto a las ganancias.
Así, por más que Kirchner, su gabinete y Moyano se esfuercen en intentar mostrar la modificación del mínimo no imponible como una “civilizada” negociación entre las partes, lo cierto es que la difusión masiva y el tratamiento de este tema es producto de la lucha de los trabajadores del sur.
De este modo, la lucha de la madrugada del 7 de febrero en Las Heras, demuestra, una vez más, que el ejercicio de la violencia no debe ser exclusividad del estado. La violencia del pueblo es un elemento determinante en la lucha de clases y es la única garantía que tenemos para que nuestras reivindicaciones no sean avasalladas a fuerza de palos, gases y balas. Además, es bueno tener en cuenta que por primera vez en muchos años, hay un miembro de las fuerzas represivas muerto en una movilización popular y no uno de nuestros compañeros. Acostumbrados a que los caídos siempre sean de nuestro bando, la lucha en Las Heras ha roto con esta mala costumbre.

El estado a pleno
El gobierno, el poder judicial, la gendarmería nacional, la policía, el grupo de operaciones especiales de Santa Cruz, la SIDE, la burocracia sindical, la iglesia, la prensa burguesa, los capitalistas... todos, como un solo hombre contra la clase trabajadora.
Al poco tiempo de ocurrida la jornada del 7 de febrero, 300 efectivos de gendarmería enviados por Kirchner se sumaron a la militarización del pueblo; los ministros de trabajo y de planificación se reunieron con Moyano y la dirección burocrática de los petroleros para aislar a los delegados disidentes y garantizar la “cautela” a la hora de negociar los reclamos salariales vía paritarias y los carriles pacíficos del congreso y la negociación en las oficinas ministeriales; la iglesia se encargó de mediar y garantizar la llamada paz social; la prensa burguesa, oficialista toda, se ha encargado de demonizar a los luchadores del sur y calificarlos de “piqueteros salvajes”; pero el rol de los capitalistas petroleros desenmascara, sin ambages, el verdadero carácter de esta democracia.
En la reunión sostenida entre 17 compañías petroleras, el secretario de seguridad interior, el jefe de policía y el ministro de gobierno provincial, se evidenció quién gobierna efectivamente en el país. El aparato represivo del estado se puso a entera disposición de las empresas para garantizar la explotación del crudo. No conformes con esto, los empresarios del petróleo exigieron que el gobierno acabe con “el clima de turbulencia” y no se mostraron dispuestos a esperar los “tiempos políticos” del gobierno. Por eso sentenciaron que “entonces tendremos que hacer como en Colombia”. Es decir, desenmascarar la farsa democrática, de garantías constitucionales, de aparente legalidad y poner a la orden del día la intervención de paramilitares, grupos de tareas, injerencia militar yanqui como única forma de sostener la explotación y sus negocios.
La burguesía no está dispuesta a ceder sus ganancias y manifiesta abiertamente que es capaz de recurrir a cualquier método para “garantizar la gobernabilidad”, léase la libre explotación de la clase obrera. Sólo unas cuantas balas populares han desnudado la farsa de la democracia burguesa.
El embate de todo el estado burgués contra los trabajadores es rotundo: la justicia ordenando masivas detenciones, investigando a los trabajadores para encarcelarlos de por vida, la policía torturando para que los detenidos declaren, la prensa desprestigiando a los luchadores, las fuerzas represivas sembrando el terror, y los capitalistas dispuestos a actuar como ya lo hacen en Colombia. Todos, dando vía libre a la persecución, la encarcelación y la represión.
La determinación en la lucha de Las Heras, el empleo de la justa violencia popular, junto a la muerte de un milico, ha agudizado las contradicciones de clase. La reacción de la burguesía fue la esperable: utilizar todo su aparato para erradicar la lucha y a sus protagonistas.
La política que por estos días llevan adelante la burguesía y el gobierno, intenta ser una clara advertencia para todos los que decidimos emprender la lucha a muerte contra el capitalismo. La única forma que tienen para aplacar las luchas del sur es haciendo caer todo el peso del aparato represivo del estado sobre los trabajadores, y sus organizaciones, recurriendo, sin mayores miramientos, a las políticas represivas consagradas durante la última dictadura militar.
Ante semejantes enemigos, dispuestos a masacrar para sostener sus privilegios, los que sabemos como única salida la revolución socialista, tenemos que prepararnos seriamente para los combates que vendrán.