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REVISTA EL REVOLUCIONARIO Nº1 (NOVIEMBRE DE 2008)



PRESENTACIÓN

Ofrecer esta nueva publicación es posible debido al esfuerzo militante de nuestra organización. Es fruto del aporte que cada uno de sus militantes ha realizado desde su puesto de lucha en su trabajo cotidiano junto al pueblo.
Es, también, una necesidad presentar en forma sistemática las discusiones más importantes para la actualidad al conjunto de los militantes, que diariamente ponen su esfuerzo para desarrollar la lucha contra el capitalismo en nuestro país. Pues sólo sacando un justo balance de las experiencias históricas y presentes podremos encauzar exitosamente la lucha de los trabajadores en nuestro país. Por eso es que, desde las páginas de esta revista, desarrollaremos nuestras posiciones sobre los temas más trascendentes para quienes nos proponemos llevar adelante la revolución socialista.
En este primer número: una concisa caracterización del país y del gobierno de los Kirchner; el rol de la llamada “clase media” y sus intelectuales; un pantallazo de la crisis capitalista; un necesario balance sobre Cuba y su revolución; un análisis de la Venezuela de Chávez y del chavismo; y una reafirmación de los principios del marxismo revolucionario.
Pero estas páginas muy lejos están de pretender ser, solamente, un análisis teórico, político o económico de la realidad; obligación imprescindible, sin dudas. La pretensión más grande es que se convierta en una herramienta de militancia, de organización, de paciente trabajo para transformar la realidad. Ya decía Marx que no se trata de interpretar el mundo, “de lo que se trata es de transformarlo”. Para eso, también esta nueva publicación que, estamos seguros, constituye otro necesario paso en la tarea más importante del momento para los revolucionarios en Argentina: construir el partido revolucionario de la clase obrera.

GOBIERNA EL ATRASO Y LA DEPENDENCIA

Argentina es un estado capitalista, una semicolonia del imperialismo. Un país económicamente atrasado y dependiente.
Los más de cinco años de gobierno kirchnerista no han hecho más que profundizar la dependencia y el atraso.
Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)


UN PAÍS AGROEXPORTADOR(1)
La economía argentina se apoya en la actividad agrícola y toda esta producción se ve condicionada por el mercado mundial, por su demanda y por sus precios, que se imponen desde afuera.
Más allá de todo el palabrerío que caracteriza a los gobiernos peronistas, como el de los Kirchner, la división internacional del trabajo ubica al país como productor y vendedor de materias primas. Ése es el rol que tiene asignado en el orden capitalista mundial. En sintonía con esta realidad, las palabras de la presidenta Cristina Fernández marcan con absoluta precisión todo el plan oficial: Argentina “multinacional de los alimentos”. Objetivo no muy distinto del conocido “granero del mundo”. Este proyecto de perpetuación del atraso es el que acompañan, con matices, todos los sectores de la burguesía local, desde los industriales hasta los banqueros, pasando por todos los partidos políticos del régimen.
Argentina produce lo que los mercados internacionales reclaman y lo que mejor pagan. Todo lo demás, por importante que sea para la sociedad, queda rezagado. Así, por ejemplo, los capitalistas agrarios extienden el cultivo de la soja, del que exportan el 90%, debido a su alta demanda y cotización(2). Para ello, reemplazan campos enteros dedicados a la producción de alimentos insustituibles como la carne, la leche, el trigo o el maíz. Asimismo, están dispuestos a abandonar dicho cultivo en cuanto el panorama internacional de sus negocios los hagan hacia nuevas siembras.
A cambio, Argentina se reduce a ser un auspicioso mercado para los capitalistas extranjeros. Lo explicaba con suma claridad la presidenta: “Nosotros necesitamos los avances tecnológicos que tienen ustedes”, les decía a los presidentes de la Unión Europea(3). Los acuerdos comerciales así lo estipulan. China, por ejemplo, le compra granos a Argentina, siempre y cuando garantice colocar sus manufacturas, que inundan el mercado local. Así, el viejo intercambio de cueros por botas con Inglaterra, se actualiza constantemente. Observar la composición de las exportaciones y las importaciones del país no deja lugar a dudas. Productos primarios, combustibles y energía, y manufacturas de origen agropecuario e industrial contra piezas y accesorios para bienes de capital, bienes de capital, intermedios y de consumo.(4) Ésta es la contraparte del comercio argentino.
Además, la inmensa mayoría de la producción industrial, por básica que sea en Argentina, es acaparada por los países centrales o, a lo sumo, por capitales foráneos instalados en el país debido a la baratura de la mano de obra local.
En este estrecho margen se puede mover un país semicolonial dirigido por la burguesía. La ecuación que realiza el gobierno es la única posible: granos y vacas por tecnología.

UNA INDUSTRIA RAQUÍTICA
E n esta realidad, el lugar que queda para el desarrollo industrial es completamente secundario. La producción nacional se reduce a algunos bienes de consumo, los que permiten mantener los grandes proveedores de Argentina como China, Brasil o EEUU. Pero, además, lo poco que se produce o se ensambla en el país está, mayoritariamente, en manos de capitales extranjeros. La extranjerización de la economía ha cobrado, bajo el kirchnerismo, niveles alarmantes(5) hasta para algunos sectores del empresariado local.
Ninguna producción de bienes de producción entra en el horizonte del gobierno nacional. Ninguna industrialización cabe en los planes oficiales, sencillamente, porque eso equivale a desafiar a los grandes capitalistas que explotan el mercado nacional.
Los industriales autóctonos, además de diversificar sus capitales haciéndose agroexportadores, se conforman con el negocio que les deja el imperialismo en el mercado local. Ocupan los “nichos productivos” que no llenan los imperialistas.

UN GOBIERNO PROIMPERIALISTA(6)
Cualquiera puede ser la coyuntura política y económica, pero lo fundamental de la relación entre Argentina y el imperialismo se mantiene intacto. El gobierno nacional, más allá de alguna que otra pose, es servil y está alineado con EEUU.
En este sentido, no podemos dejar de recordar que los funcionarios estadounidenses instalados en el país, hacen algo más que mantener simples relaciones diplomáticas. El embajador Wayne y el secretario de estado Shannon mantienen reuniones periódicas con la plana mayor del gobierno argentino en las que deciden sobre aspectos centrales de la política nacional.
Por otro lado, la deuda externa se paga puntualmente. Este gobierno ha llegado a utilizar reservas del BCRA para cancelarla con el FMI y se propone hacer básicamente lo mismo con el Club de París y los bonistas que no aceptaron el canje en 2005. Como si fuera poco, los lineamientos de los organismos internacionales, como el superávit fiscal, los aumentos de tarifas, la “responsabilidad fiscal” y el ajuste sobre el pueblo trabajador, se ejecutan como siempre.
No menos grave es la colaboración militar del gobierno argentino con EEUU. Tropas locales ocupando Haití y sistemáticos ejercicios conjuntos en toda América Latina son hechos más que ejemplificadores sobre este aspecto.
Éstos son sólo algunos hechos que dan cuenta del carácter proimperialista del gobierno peronista. Cabría agregar la promulgación de la ley antiterrorista, la adulación hacia los candidatos presidenciales norteamericanos, las declaraciones contra Irán, las reiteradas visitas a EEUU...
No puede ser de otro modo. Un gobierno burgués de una semicolonia, como el de los Kirchner en Argentina, es, inexorablemente, dependiente del imperialismo. Su papel se reduce a ser un socio menor de la potencia imperial de turno en la explotación y el saqueo del país.

SOCIOS MENORES DEL SAQUEO Y LA EXPLOTACIÓN
Esta es la realidad. Los negocios de las burguesías nacionales se realizan a la sombra de la explotación imperialista. Los gobiernos locales, aun cuando plantean la ilusión de un capitalismo independiente, sólo son capaces de profundizarla siempre un poco más. La burguesía local en su conjunto no puede desempeñar otro papel.
Ante todo, los capitalistas imperialistas y los nacionales son socios en la defensa del capitalismo y su mejor envoltura, la democracia. Comparten el resguardo de la propiedad privada y la explotación de la clase obrera. En este punto, el fundamental, esta sociedad no muestra fisuras.
Como en toda alianza, el más fuerte se lleva la mejor parte. La explotación de las riquezas naturales y de los principales negocios corre por cuenta de los capitales imperialistas. La entrega nacional, por cuenta de la burguesía local y su partido dirigente.
Por eso, la pelea contra el imperialismo es la pelea contra la burguesía autóctona. Por eso, es una cuestión de principios la independencia de la clase trabajadora.
La lucha contra la burguesía, para ser real, es la lucha por el socialismo, el único sistema que puede industrializar al país, sacándolo del atraso y la dependencia y ofrecer prosperidad para el pueblo trabajador. No hay término medio, ni atajos, ni nada.
...
NOTAS:
1) Sobre esta caracterización del país, publicamos varios artículos en nuestra prensa mensual, El Revolucionario (ER). Puede consultarse: “Más importaciones”, en ER N°37, julio de 2008; “La multinacional de los alimentos”, “´Segunda industrialización´ o ´multinacional de los alimentos´: ¿En qué quedamos?”, y “El único modelo”, en ER N°36, junio de 2008; “Las exportaciones acentúan la dependencia del país”, en ER N°33, marzo de 2008...
2) Pese a la abrupta caía del precio de la soja, su cotización se ubica por encima de la de años anteriores.
3) Declaraciones en Lima, en el marco de la V cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe, en mayo de 2008. La misma en la que hizo el planteo de convertir a Argentina en la “multinacional de los alimentos”.
4) Según el ministerio de economía, algunos de los principales productos de exportación son cereales; semillas y frutos oleaginosos; residuos y desperdicios de la industria alimenticia; grasas y aceites; productos químicos y conexos; metales comunes y sus manufacturas; carburantes; y petróleo crudo. Por su parte, las importaciones están compuestas fundamentalmente por transmisores de radiotelefonía, radiodifusión o televisión; computadoras, impresoras y sus unidades; productos químicos orgánicos; plásticos y papel y cartón; piezas y accesorios para la industria automotriz; partes para computadoras y demás máquinas de oficina; aparatos y material eléctrico; y productos farmacéuticos.
5) “De las 500 empresas líderes en Argentina, el 72%, 360, son de capitales extranjeros. Entre las 10 industriales de mayor facturación, sólo dos son de un grupo local, Techint. Estos escasos datos publicados por el INDEC son una demostración del nivel al que se ha llegado en el sometimiento y la dependencia del capital extranjero.”. Esto explicábamos en “Las empresas extranjeras sacan del país el 75% de sus ganancias”, en ER N°35, mayo de 2008.
6) Denunciando el carácter proimperialista del gobierno de los Kirchner, hemos publicado varias páginas: “La mejor alumna rindió examen en Nueva York”, en ER N°40, octubre de 2008; “El gobierno kirchnerista hace los deberes”, en ER N°39, septiembre de 2008; “Marines y enviados diplomáticos para garantizar la dependencia”, en ER N°38, agosto de 2008; “Virreyes muy atareados”, en ER N°37, julio de 2008...

LA “CLASE MEDIA” Y SUS PROFESORES DE LA ESTAFA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

Pacientemente los trabajadores se foguean en la lucha contra la explotación y la opresión; una lucha que no tendrá fin hasta que no se derribe la causa de esas miserias, el capitalismo. Por su parte, los capitalistas intervienen en defensa del régimen recurriendo al engaño y la represión. En nuestra prensa mensual exponemos reiteradamente estos artilugios de la burguesía para aplacar la lucha de los trabajadores y coartar toda perspectiva revolucionaria. En esta oportunidad, queremos destacar un aspecto de esta propaganda contra la lucha independiente de la clase obrera y la revolución, que es impulsada por los capitalistas y recogida por muchos que se consideran “consejeros” de los trabajadores, aunque más bien son repetidores de las teorías stalinistas de la alianza y subordinación de la clase obrera a la burguesía y la pequeña burguesía: nos referimos al insistente enaltecimiento de la “clase media”.

“¡La clase media debe aliarse con los trabajadores, y no con los poderosos, como la sociedad rural!”, gritaba Néstor Kirchner en los actos contra la banda de Miguens, Buzzi, De Angeli y compañía. Así, de la boca de un recauchutado del peronismo (cuadro de mediocre para malo) salía la línea que es seguida por la “izquierda del kirchnerismo” (y sostenida también por gran parte de la izquierda argentina y sus profesores1). Nos referimos a la adoración de la “clase media” y su ubicación como eje de las tareas políticas, lo que no es más que la subordinación de la lucha de los trabajadores a los tiempos y aspiraciones de la pequeña burguesía.
Estos “pensadores”, que tratan a los activistas de izquierda de “compañeros” y se consideran, también ellos, “revolucionarios” (mientras suelen cumplir sus puestos de funcionarios, escribas o apologistas de este gobierno cipayo), son hijos de la doctrina del “frente popular”, planteo trazado por el tristemente célebre Dimitrov, un alcahuete de Stalin, que terminó sus días en el paredón de su jefe. Estos últimos, traidores de la revolución bolchevique, inculcaron en sus seguidores la doctrina cuyo fondo era la negación de la lucha obrera por el poder y la alianza de los trabajadores con la “burguesía progresista”, política que replegó las pretensiones revolucionarias de la clase trabajadora para amoldarse a proyectos reformistas en el marco del capitalismo. Los stalinistas sostenían que había que contener las aspiraciones radicalizadas por la toma del poder, y que, en su lugar, había que contentarse con algunas concesiones, aspirar a un régimen capitalista más progresista, el que, según ellos, sentaría las bases sociales para avanzar gradual y pacíficamente hacia el socialismo. Numerosas experiencias históricas han seguido la línea stalinista, como lo ejemplifican la derrota popular tras la guerra civil española, coronada con un gobierno del “frente popular” que abandonó los reclamos obreros y entregó el gobierno a la burguesía, o la más cercana y también trágica experiencia del frente popular chileno de Allende, otra nueva derrota para los trabajadores que confiaron en un proyecto de “moderación” que se subordinaba al régimen burgués y su legalidad.
Pero, a pesar del tiempo y las experiencias históricas transcurridas, innumerables “pensadores” que se han atalonado en las comodidades de la “clase media”, repiten y actualizan continuamente este pensamiento antiobrero, cuyo eje es la subordinación de los trabajadores a las magras opciones de reforma que, a veces, le ofrece el capitalismo. Como antaño, el reclamo es el mismo: no avanzar demasiado rápido, no plantear cambios radicales, no pretender combatir “ahora mismo” al capitalismo... Por eso, es que estos “capitalistas de izquierda” encuentran sus íconos en los gobiernos de Chávez, Morales, Correa, Ortega, e incluso Lula da Silva o Tabaré Vázquez... todos abiertos defensores del sistema actual y su médula, la propiedad privada. Y por eso, también catalogan de “sectarios” a quienes impulsamos un camino independiente de los trabajadores, enorme mayoría y única fuente de riqueza de la sociedad. En su lugar, prefieren hablar, como lo hace el stalinismo, que el sujeto revolucionario ya no es la clase obrera, sino el “sujeto-pueblo”, para licuar así a los capitalistas que consideran aliados y al conjunto de su tan adorada “clase media”.

PRIVILEGIOS DE “CLASE MEDIA”
De más está decir que ningún “burgués nacional” (sea tan conocido como Macri, Rocca, o Pérez Companc, o sea un amigo del gobierno más solapado, como los millonarios Cristóbal López o Eskenazi) tiene la más mínima afinidad con la clase obrera y su programa de abolición del capitalismo, que liquidará sus fortunas y arrancará sus privilegios, para socializar la economía nacional en beneficio del conjunto de los trabajadores. Tampoco comparten en lo más mínimo la lucha revolucionaria por el socialismo los pequeños explotadores, esos chacareros, comerciantes o pequeños empresarios que sólo son “chicos” por imposición de la competencia y cuyo esfuerzo por escalar posiciones en la estructura del capitalismo, se sostiene en la explotación del trabajo ajeno, habitualmente llevado a las más denigrantes condiciones en las cosechas en que se hace trabajar hasta a los chicos; en los talleres clandestinos, donde se llega a encerrar a los trabajadores; en los pequeños comercios donde se trabaja 12, 14 o 16 horas diarias...
Pero es bueno señalar también que la pequeña burguesía que no explota, pero vive en condiciones muy distintas a las de la clase obrera, que cuenta con sueldos que multiplican varias veces la media de los trabajadores y detenta un capital social inaccesible para un trabajador común: sus altos estudios, la posibilidad de obtener ayuda de sus pares y familiares, los contactos que le permiten acceder a mejores trabajos y demás privilegios que les da su condición social... esa “clase media” tiene también fuertes condicionamientos materiales que la aferran a una posición conservadora frente a la clase obrera y su lucha por la revolución.
Hoy, muchos “pensadores” e “intelectuales” que defienden y participan del gobierno están atados por un vínculo material a través de los cuantiosos ingresos que reciben, unos en forma directa, otros por los negocios que hacen. Así, por ejemplo, si uno revisa los nombres en la Carta de los Intelectuales que apoyaron al gobierno durante el conflicto con los empresarios del campo (en la que se mezclan sindicalistas, empresarios, banqueros, jefes partidarios, artistas, etc.), encontrará gente como Feinmann (que hace negocios desde el canal de TV estatal) u Horacio González (con su suntuoso sueldo como director de la Biblioteca Nacional). El coro de “pensadores” es largo. Incluye, por ejemplo, al delator Rubén Dri, quien junto con Manuel Gaggero no dudó en presentarse voluntariamente para declarar que nada tenía que ver con los militantes que entraron al cuartel de La Tablada. Se destacan también artistas como León Ferrari o Tato Pavlovsky (autodenominado marxista), que luego de comentar las “nimiedades” que les molestaban del documento2, decidieron apoyarlo por acordar en lo sustancial de la defensa del gobierno peronista. Ninguno de estos “pensadores” e “intelectuales” cuestiona que acá se “honra la deuda” y se respeta a rajatabla la “seguridad jurídica” de las privatizaciones hechas por el mismo PJ dirigido por Menem. Claro, señalar esto sería romper con este gobierno, y a la vez, cerrar las puertas a los jugosos emprendimientos (subsidios) a los que están invitados. Lo mismo sucede con los “artistas populares” que a cambio de prebendas que llegan a ser millonarias, se ubican junto al gobierno, participando en sus actos y campañas y defendiéndolo públicamente. Basta citar a León Gieco, Teresa Parodi, Mercedes Sosa y Adriana Varela, quienes por participar asiduamente en los actos kirchneristas fueron retribuidos por el gobierno con 830.000 tras su actuación en “Expo Zaragoza 2008”. Más vergonzoso es el caso de los conductores televisivos Coco Silly y Daniel Aráoz, quienes ofician de presentadores en los actos oficiales y a cambio consiguieron un contrato para canal 7 de nada menos que cinco millones de pesos3.

LOS PROFESORES DE LA ESTAFA
El eje en la “clase media” no lo sostienen sólo los “pensadores” que están en el gobierno y su “pata izquierda” (como son la fracción Libres del Sur, el Partido Comunista, el ibarrismo, y todos los que debaten en Página/12, con permiso de Verbitsky). También hay quienes posando de combativos e independientes, mantienen vínculos amistosos y de no agresión con este sector.
El economista y periodista Daniel Muchnik expresa muy bien a este sector. Este consejero de la burguesía trabaja denodadamente en rehacer la teoría de Dimitrov. En su libro “Negocios son negocios”, por ejemplo, refiriéndose a la Alemania pre-nazi de la República de Weimar durante su espiral híper-inflacionaria, de manera totalmente arbitraria, afirma que quien más sufrió fue la “clase media” (los rentistas, los pequeños empresarios, etc.). ¿De dónde saca este “gran profesor” que un pequeño burgués, que es propietario de su casa, cuyo valor aumenta con la inflación, la sufre más que un obrero? Lo que pasa es que Muchnik, como tantos “pensadores” apologistas de la “clase media”, toma partido por sus pares, no concibe otro sufrimiento más que el propio, y le aterra la idea de perder las comodidades y privilegios que poseé su clase.
Otro “gran profesor” que comulga con las mismas ideas es Atilio Borón, hombre que escribe en Página/12, diario con el que también tiene un pacto de no agresión. En la nota “Burgués sí, ¿pero reformista?”4, debate contra las ideas de Verbitsky y su defensa del gobierno. Para Borón, el recurso de agitar “un fantasmagórico ‘mal mayor’”, como lo hace Verbitsky, sería la justificación de “quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación”. Pero, a renglón seguido, defiende al gobierno diciendo que le “parece un disparate decir, como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem”, y convoca a exigir al kirchnerismo que “se atreva a ser un poquito reformista”, pues “... mientras maduran las complejas condiciones para su construcción [la del socialismo] es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos”, como si en tal “escandalosa situación” el gobierno nada tuviera que ver.
Deberíamos, por estas elucubraciones, darle un premio académico al “Profesor de la Estafa”, pues para este personaje, que suele transitar los pasillos de la izquierda y que escribe sobre el “socialismo”5, el kirchnerismo “no es lo mismo” que el menemismo… porque con este gobierno también hacen negocios él y su gente (el Centro Cultural de la Cooperación, el Partido Comunista Argentino, etc.). Este estafador (la burguesía cuenta con miles de “teóricos del disparate” en su historia) reconoce la inexorable continuidad en el pago de la deuda y el respeto a las privatizadas, pero ve una diferencia porque hay clases de “cocina revolucionaria”, como las que se transmiten por TV6 desde la ex ESMA. Como hoy los centros de tortura fueron transformados en centros culturales (cosa que con Menem ni soñaban), argumenta que este peronismo, que este gobierno, no sería “más de lo mismo”. Así, este estafador cumple con su papel de engañar, como cualquier charlatán de feria, al hacer pasar los elementos centrales y primarios (la dependencia, el pago de la deuda, la enajenación de la banca, los recursos estratégicos naturales en manos privadas, el saqueo, la explotación...) como si fueran secundarios, mostrando como fundamentales los centros culturales, los juicios a septuagenarios represores (hoy obsoletos para la burguesía) o los viajes a Venezuela y Cuba, que también él y los suyos disfrutan. Porque no es necesario tener un manejo al estilo “menemista” para estar atado por la materialidad. De hecho, estos intelectuales, profesionales, artistas y demás, defienden tan férreamente lo suyo, como aquellos la pizza con champagne. El hecho de que su moda no sea la ostentación, no quita que su posición no esté atalonada en un profundo conservadurismo a fuerza de “pequeños lujos”, como un viaje familiar en avión con estadía en Cuba, México, EEUU o Europa, una mucama en la casa, el hábito de comer afuera, una casa quinta de veraneo, el disfrute continuo de espectáculos y eventos artísticos de alto nivel, selectos vinos y sofisticadas comidas...
Estos adoradores de la “clase media” no siempre lo saben, pero comulgan con el estalinismo. Abstraen una parte del todo y la generalizan. Así, explican que el estalinismo es la tiranía, la burocracia “idiota y gris” como dice Muchnik, y no un todo antimarxista, contrario a los intereses de la clase obrera.
Siempre van a encontrar (inventar) teorías de lo “importante” e inevitable que es hacer eje en los sectores medios. Están hablando de ellos mismos, de sus comodidades, de sus privilegios. Pero sus susurros no hacen más que recordarnos que la tarea de los trabajadores pasa por un lugar diametralmente opuesto: lejos de las trabas y contemplaciones “clasemedieras”, debemos desarrollar nuestra organización independiente, capaz de enfrentar por todos los medios, y hasta las últimas consecuencias, este sistema de injusticias, para acabar, de una vez por todas, con los privilegios de unos pocos y conquistar el bienestar del conjunto de la clase obrera.
...
NOTAS:
1. Si bien en esta nota no nos ocuparemos de este asunto, es bueno recordar el intento permanente que gran parte de la izquierda argentina hace por ganar la simpatía de la clase media, entregando enormes esfuerzos a esa tarea. Incluyen abiertos llamamientos a la alianza con los pequeños capitalistas urbanos y agrarios, ya sea defendiendo a las hiper-explotadoras PyMES, ya sea acompañando a la Federación Agraria y con ella a la Sociedad Rural y demás magnates agrícolas. Pero también hay búsquedas más solapadas para ganar el apoyo de la pequeña burguesía por medio de las campañas electorales, o movilizando allí donde la clase media va con sus consignas: haciendo campañas “ciudadanas” contra las “megatorres”, o acompañando a Blumberg en su marcha para ganar la simpatía de los promotores de la “seguridad” (o el garrote).
2 Tanto Ferrari como Pavlovsky objetaron que no se mencionaran temas como la personería gremial de la CTA. Sin embargo nada dijeron del superpago de la deuda externa, la pervivencia de un enorme índice de pobreza, del crecimiento de la explotación infantil, la prostitución, la trata de blancas, el tráfico de drogas a costa de la degradación de los jóvenes más humildes, etc., etc., etc... todo profundizado por el gobierno actual.
3. El detalle de estos negociados fue publicado por la revista Noticias el 31/10/08, en su nota de tapa: “Canciones para la corona”.
4. Página/12, 29 de abril de 2008
5. Recientemente publicó un libro titulado “El socialismo en el siglo XXI”.
6. La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, por su apoyo al gobierno, ha sido retribuida con grandes sumas y premios. Uno de ellos es un programa en canal 7 donde, entre otras cosas, da cursos de cocina desde el predio de la ESMA, centro de tortura de los secuestrados durante la dictadura.

EL CAPITALISMO ES BARBARIE

La situación internacional actual desnuda irrefutablemente la naturaleza del capitalismo. Un breve repaso por el panorama económico, por las guerras, por las condiciones de vida de la clase obrera... un breve repaso de la realidad nos demuestra una vez más que el capitalismo es barbarie.

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

LA CRISIS DE LA ECONOMÍA
“Desde 1825, año en que estalla la primera crisis general, no pasan diez años seguidos sin que todo el mundo industrial y comercial, la producción y el intercambio, (...) se salga de quicio.”
(“Del socialismo utópico al socialismo científico”, Engels, 1877)

La burguesía mundial ha conducido al mundo hacia una nueva crisis capitalista. se trata de una nueva crisis de superproducción. Crisis que fue negada primero, minimizada luego, y asumida, recién, cuando la realidad la evidencia una y otra vez.
La situación económica en Estados Unidos ha ocupado, y ocupa, un lugar de importancia mayúscula en la prensa nacional e internacional. La preocupación no es desmedida, ya su economía representa la cuarta parte del producto bruto mundial. Es, también, el más grande consumidor y derrochador de petróleo; utiliza el 25% de la producción mundial, mientras sólo produce el 8%.
Desaceleración, dicen unos. De recesión, hablan otros. Lo cierto es que la economía norteamericana está en crisis. La desocupación creciente, la inflación, los despidos, los cierres de fábricas, la crisis inmobiliaria, los salvatajes de empresas y bancos, el millonario déficit comercial, la billonaria deuda pública, los vaivenes del dólar, las caídas de las bolsas... son las manifestaciones puntuales de la actual situación en el país del norte(1). Son las “numerosas dificultades”, en palabras del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.
Pero no sólo EEUU atraviesa una crisis. En el seno de la Unión Europea también se reproduce. Las quiebras de compañías inmobiliarias, la crisis de las hipotecas subprime, la recesión en la construcción y la desocupación más alta de la última década en España; la altísima desocupación en las afueras de Paris, los despidos masivos y la necesidad de extender la jornada y flexibilizar las condiciones laborales en Francia e Italia, etc., etc.
Pese a su magnitud, éstas no son, ni por cerca, las únicas preocupaciones de gobiernos y capitalistas de todo el orbe. Se suma, también, la escasez de petróleo. Recordemos simplemente que la producción mundial apenas satisface el consumo, siendo insuficiente durante algunos períodos. A esto se añade su precio, que, después de haber superado los u$s140, hoy duplica la cotización previa a la invasión de Irak(2).
Toda esta realidad demuestra que la crisis no es exclusiva de tal o cual país. Es patrimonio del sistema capitalista en su conjunto y sus manifestaciones se extienden a lo largo y a lo ancho del planeta. Es inherente a su lógica, es producto de la anarquía de producción, lo que torna imposible encontrarle una solución definitiva a sus recurrentes crisis.

LA NECESIDAD DE LAS GUERRAS
“Las guerras imperialistas son absolutamente inevitables bajo ese sistema económico [el capitalismo], en tanto subsista la propiedad privada sobre los medios de producción.”
(“El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, Lenin, Prólogo de 1920)

La necesidad de abastecimiento y de control de los principales recursos naturales, como el petróleo o el agua, es motivo de enconadas disputas fogoneadas por las potencias imperialistas. Disputas que, al no poder resolverse mediante la diplomacia y las negociaciones privadas, desembocan en abiertos conflictos bélicos.
La invasión norteamericana a Irak, con derrocamiento y condena a la horca del ex jefe de estado Sadam Hussein, incluido, es producto de la necesidad de controlar y explotar directamente las riquezas petroleras de ese país, que cuenta con importantes reservas de “oro negro”(3). Vale recordar aquí que el control petrolero en Irak era ejercido por empresas de capitales rusos, franceses y chinos(4). EEUU, Inglaterra y sus aliados quedaban afuera de este gran negocio. Por eso la invasión.
El conflicto en Georgia también obedece a esta necesidad(5). Está en juego el control de una ruta energética por la que están pugnando Rusia, por un lado, y EEUU junto a la UE, por el otro. Se disputan la “ruta alternativa del flujo de petróleo y gas del Caspio hacia Occidente”, según las palabras del ex presidente estadounidense, Bill Clinton.
La permanente tensión de EEUU con Irán tiene tanto que ver con el desarrollo nuclear predicado por Ahmadinejah, como la guerra de Irak con las inexistentes armas químicas de Hussein. La verdad es que Irán también cuenta con importantes reservas petrolíferas(6).
Como vemos, la puja por el dominio energético, con los negocios millonarios que trae consigo, constituye la principal explicación de estas guerras.
Pero las necesidades no se reducen al petróleo. Las reservas de agua dulce también motivan guerras y despliegues militares.
El constante hostigamiento del ejército de Israel, verdadero enclave norteamericano en Medio Oriente, hacia el pueblo palestino, con la construcción de un muro fronterizo mediante, procura acabar con la resistencia palestina y anexar más territorios, a la vez que busca apoderarse de las reservas acuíferas, en una zona donde, no está de más recordarlo, el agua es un recurso escaso. De hecho, dos tercios del abastecimiento de agua israelí provienen de territorios conquistados a Siria, Líbano, Palestina y Jordania.
Por otra parte, la reactivación de la IV flota, las bases y los ejercicios militares estadounidenses en América Latina, al tiempo que ensayan acciones contrainsurgentes, están detrás del control del agua y nuevos yacimientos petrolíferos. Así, se ubican estratégicamente en cercanías del acuífero guaraní, de la Antártica, de los nuevos pozos encontrados en Brasil...
La guerra y la agresión imperialista es permanente. Se da en Haití y en Afganistán, con ocupación e invasión abiertas... También, en Colombia con el objetivo de mantener la dominación de la burguesía y aniquilar a las FARC-EP.
No puede ser de otra manera. En el capitalismo, la guerra es un medio del que se sirven los capitalistas para imponer sus voluntades, para saciar sus necesidades y sed de ganancias y para dirimir sus diferencias, arrasando, indefectiblemente, pueblos enteros. Pero, también, la guerra es una muy redituable empresa, que mueve una industria inmensa y millones y millones de dólares(7). La naturaleza del capitalismo, con la competencia entre la burguesía y entre sus estados que le es intrínseca, conduce los destinos de la humanidad de una guerra a otra.

EL CAPITALISMO ES BARBARIE
“En el medio de la abundancia, con un aparato de producción que bien dirigido y organizado, podría cubrir todas las necesidades actuales de la humanidad, el capitalismo condena a millones de hombres a la desocupación, a miserables prestaciones sociales o al hambre.”
(“Manifiesto a los trabajadores del mundo entero”, Trotsky, septiembre de 1938)

Pese a todo este panorama, “el capitalismo es el mejor sistema para vivir”, se apuran a decir. Y eso es absolutamente cierto si quien lo afirma es un burgués, quien vive del trabajo ajeno, en el lujo y la abundancia. Para eso, descargan las crisis económicas y las guerras con todo su peso y violencia sobre la clase obrera.
Los modelos de país, los desarrollados, los avanzados, los ejemplos capitalistas por excelencia están en el centro de la crisis actual.
En EEUU, la cantidad de personas que debe ser asistida por el gobierno para alimentarse alcanzó el record de 28 millones. La desocupación, la pobreza y la pérdida de las viviendas empeoran este panorama.
En Italia se ha extendido la jornada de trabajo, al tiempo que se flexibilizaron las condiciones laborales. También en Francia, donde, además, se prorrogó la edad obligatoria para acceder a la jubilación. En España, la desocupación supera el 12% y es la más alta en 12 años. Casi 3 millones de personas no tienen trabajo.
El capitalismo siempre, pero sobre todo cuando atraviesa crisis como las actuales, arroja a una buena parte de la clase obrera a la desocupación, a la desesperanza extrema, condenándola a la mendicidad, a la desesperación. También, a la persecución, a la cárcel, a la muerte. De este modo, además, se allana el terreno para bajar el salario, aumentar la jornada laboral, empeorar las condiciones de trabajo, acelerar los ritmos de producción y, sobre esta base, preparar su recomposición para encaminarse hacia una nueva crisis. Así, la desocupación es tan necesaria para el sistema, como la propiedad privada de los medios de producción y explotación de la fuerza de trabajo.
“La gente se está muriendo de hambre...”, reconoció el director del FMI, Dominique Strauss Kahn(8). 800 millones de seres humanos, ninguno capitalista por cierto, pasan hambre en todos los rincones del mundo. Es que la crisis alimentaria también recae con toda su voracidad sobre la clase obrera. Los precios de los alimentos subieron casi un 100% desde 2005. Muy por encima de este promedio, se ubican productos insustituibles como el arroz, el maíz y el trigo, según el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. La anarquía de la economía en la que los capitalistas se pasan de un cultivo a otro según la ganancia que reditúe y no las necesidades de la sociedad, explica estas criminales subas, de las que, por supuesto, extraen millonarias ganancias los productores, comerciantes y especuladores de esta rama agrícola. Las reflexiones del presidente de Brasil, Lula Da Silva, un pretendido exponente del capitalismo humanizado, son más que elocuentes: “...el mundo no está preparado para que millones de chinos, de indios y de africanos comieran tres veces al día”.
Esto constituye una preocupación para la burguesía. No por el sufrimiento de millones de personas, sino por la conflictividad social que una situación extrema puede generar. Pero para eso tienen bien aceitada la maquinaria represiva: las leyes, las fuerzas armadas y de seguridad, las cárceles...
Las políticas antiinmigración del “primer mundo” son sintomáticas. Después de haber impulsado el ingreso de trabajadores del “tercer mundo” para explotarlos más y mejor, ahora implementan leyes brutales, persecución, expulsión, encarcelamiento, represión. Todo, para intentar paliar su propia crisis que paga la clase obrera de países arrasados, en busca de un horizonte no mucho más digno: ser híper explotada en Europa. En las principales ciudades de Italia es directamente el ejército quien patrulla las calles, en nombre de la seguridad burguesa.
Las guerras y sus miles de refugiados, exiliados, muertos y heridos son una cara constante del mundo capitalista.
Explotación, desocupación, hambre, represión, guerras... Eso el capitalismo. Es la barbarie capitalista.

UNA SOLA SALIDA
La crisis capitalista, producto de la anarquía en la producción, la especulación financiera y la competencia interburguesa, con su retorno periódico y su cuota bárbara de explotación, opresión y guerras, no tiene salida posible dentro de este sistema económico y social. No es un problema de “modelos”, ni de “estatismo o liberalismo”, ni de “ortodoxia o heterodoxia”. El capitalismo mismo es el problema. No hay reforma posible.
Hay que cambiarlo todo. Solamente la instauración del socialismo, la única bandera de la clase obrera, puede ofrecer una solución definitiva al permanente caos en que vive el mundo capitalista.
Dejaremos de presenciar estas escenas, que tanto pesan sobre el pueblo trabajador, cuando la revolución imponga el gobierno de la clase obrera, el estado socialista. La planificación de la economía para garantizar el bienestar de toda la sociedad, y no el de unos pocos empresarios, es la única alternativa ante la anarquía reinante.
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NOTAS:
1) Con una cifra estimada entre 6% y 9%, EEUU alcanzó la tasa de desempleo más alta de los últimos cinco años. En 2008 hubo un millón de nuevos desocupados. La inflación es la más alta desde 1982. La actual crisis inmobiliaria es la más grande desde la depresión de 1929, aproximadamente, unas 500 viviendas se ejecutan diariamente. En octubre, el gobierno estadounidense llevó adelante el mayor salvataje en la historia del país, debió desembolsar 700 mil millones de dólares. El déficit comercial ronda los u$s800.000 millones. El rojo fiscal es de u$s500.000 millones. La deuda pública es de u$s10,5 billones.
2) Hoy, el precio del petróleo se ubica en el orden de los u$s57, muy por encima del precio del barril antes de la ocupación de Irak, cuando se situaba en los u$s30.
3) Se estima que en suelo iraquí se encuentra el 10% del reservorio mundial de crudo, el tercero más importante del mundo.
4) Desde 1997, la explotación del crudo en Irak quedó en manos de las empresas Total Fina Elf, China National Oil Company y Loukoil, de capitales franceses, chinos y rusos, respectivamente. Esta situación explica por qué estos países no apoyaron la invasión. No fue por humanitarismo, sino por intereses económicos.
5) Por territorio georgiano transitan 1,2 millones de barriles diarios de crudo, a través del oleoducto que une el Mar Caspio con el Mar Mediterráneo. También, 8.000 millones de m3 de gas al año trasladados por el gasoducto que une a Turquía con el Caspio. Además, los puertos que el país posee sobre el Mar Negro son la salida del petróleo procedente de Azerbaiján, Turkmenistán y Kazajstán. La importancia estratégica de Georgia como corredor energético es clara. Por eso, la pretensión de construir un gasoducto, el Nabucco, por parte de la UE; por eso, la incursión militar rusa y su apoyo a los separatistas afines; por eso, EEUU movilizó, en sus aviones, a los militares de élite georgianos desde Irak; por eso, el posicionamiento con los yanquis de países como Polonia, autorizando el asentamiento del escudo antimisiles norteamericano, y Ucrania, limitando la actividad de las naves rusas por sus aguas.
6) Posee el 11% del total mundial. Sólo Arabia Saudita posee mayores reservas, con el 25%.
7) Recientemente, Bush destinó u$s162 mil millones más para financiar las guerras.
8) Clarín, 14/04/08.

VENEZUELA: EL ROL DEL CHAVISMO EN LATINOAMÉRICA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

El chavismo es una corriente amplia y heterogénea con influencia en Latinoamérica y nuestro país, que se ha constituido como el modelo a seguir por gobiernos como el de Evo Morales en Bolivia y el de Rafael Correa en Ecuador (quien defiende abiertamente la consigna chavista de “socialismo del siglo XXI”). En Venezuela, tras el chavismo, se enfilan trabajadores, representantes de sectores populares, una importante porción del ejército, gran parte de la burocracia estatal, junto a pequeños, medianos y grandes empresarios (a los que el pueblo venezolano conoce como la “boliburguesía”); sectores que, a su vez, se constituyen en organizaciones tan diversas como partidos políticos, sindicatos, o federaciones patronales. También fuera de Venezuela las simpatías por Chávez y su movimiento son variadas, pues incluyen a presidentes capitalistas (Putín, Ahmadinejad, Kirchner, Correa, Morales...), a dirigentes no capitalistas (como Fidel Castro), y a grupos políticos que van desde planteamientos de izquierda hasta el encuadramiento liso y llano en el actual sistema de explotación capitalista, al que pretenden “humanizar” por medio de reformas. Un caso paradigmático es nuestro país, donde junto a algunos grupos de izquierda, el chavismo se aglutina principalmente alrededor del gobierno peronista y sus personajes afines, como son las Madres de Plaza de Mayo, D´Elía, los burócratas de la CTA, etc., quienes, además, son los primeros en recibir el apoyo directo político y económico del presidente venezolano. Entonces, ¿cuál es el rol de este movimiento, cuyo líder lleva casi una década de gobierno ininterrumpido en Venezuela y que es reivindicado ahora por otros presidentes de la región? Aquí, nuestro balance.

Diez años de gobierno Chávez
Bajo el gobierno de Chávez, la realidad económica del pueblo venezolano no se muestra muy distinta a la que puede encontrarse en otros tantos países de nuestro continente. La pobreza es tan importante que hasta la propaganda oficial admite que toca a un tercio de la población (otras estadísticas hablan del 50% o más)1, y se verifica en la permanencia de enfermedades como el dengue o en la gran extensión de asentamientos y villas miseria en las ciudades más importantes del país como Caracas. La vida diaria de los venezolanos del montón, ésos que suelen estar condenados a la precariedad del trabajo en negro2 y que sufren el peso de una galopante inflación (estimada en un 30% anual y proyectada en cerca del 50% anual en los alimentos), llama especialmente la atención cuando el estado venezolano cuenta con una recaudación de niveles extraordinarios, gracias a los altísimos precios internacionales a los que llega el petróleo, la principal producción del país.
Mientras la estrechez de la política social (con planes como “Mercal”, “Barrio adentro”, “Yo sí puedo”, etc.) muestra que esos monumentales ingresos no se tradujeron en una importante mejora de la situación para la mayoría de la población, al mismo tiempo hay otros que sí han salido altamente beneficiados. El hecho de que se mantenga una gigantesca brecha entre los que más y menos tienen3 da cuenta de la consolidación de la llamada “boliburguesía” y del permanente flujo de divisas hacia el exterior. En primer lugar, porque gran parte de la renta petrolera es expropiada por el imperialismo, fundamentalmente a través de los pulpos trasnacionales que operan directamente en el país (manteniendo habitualmente el 40% de las acciones de las empresas “nacionalizadas”, como es el caso del petróleo) o mediante el pago de la deuda externa. Pero también, porque esta burguesía venezolana acapara el resto de esa altísima renta, enriqueciéndose por medio de los negocios privados o de la función pública. Esta “pujante” clase capitalista que se nutre de la “revolución bolivariana” de Chávez a costa de la marginalidad de una amplia mayoría trabajadora, es bien conocida por el pueblo venezolano que la ve pasar en sus nuevas camionetas Humer (al mejor estilo Tinelli), vivir en lujosos countries con rejas electrificadas, viajar a Miami y al mundo en busca de más negocios (como lo atestiguan, entre otros Antonini, y sus socios), entre otros lujos.

Un capitalismo dependiente... con participación estatal
Como es evidente, la situación social y económica de Venezuela no es distinta, en lo fundamental, a la de Argentina o el resto de América Latina, sacando el caso particular de Cuba. Esto se debe a que todos estos países se rigen por una lógica común: el dominio del capital sobre los trabajadores y la grosera dependencia frente al imperialismo yanqui.
En ese marco, las “nacionalizaciones” de empresas importantes (presentadas por el chavismo como medidas “revolucionarias”), no implican en realidad cambios de fondo o estructurales, puesto que no se cristalizan en una modificación de la situación de los trabajadores, ni significan un enfrentamiento con los grandes empresarios, ni un avance del estado a costa del provecho del capital. Porque mientras la brecha entre pobres y ricos se agranda en el país, el estado chavista decidió no sacarle nada al gran capital transnacional (lo que implicaría expropiar las empresas estratégicas y las de recursos energéticos fundamentales), sino que, por el contrario, pagó cifras millonarias a estas multinacionales castigando con ello al pueblo de Venezuela, quien financió, de hecho, esas compras escandalosas. Pero por si fuera poco, el gobierno tomó sólo una parte de las empresas (habitualmente entre un 51% y un 60%), olvidando de golpe la responsabilidad de éstas por la falta de inversión, la fuga de capitales, etc., y, en cambio, premiándolas con la permanencia de sus negocios en el país. Este proceso se ha repetido una y otra vez, con el petróleo, las cementeras y ahora con el capital bancario, sin que haya cambios significativos.
De todas formas no puede hablarse de una política de “estatización” estructural que, como sucedió en Cuba, sirva de base para reorganizar una sociedad en base a la planificación económica para garantizar el bienestar popular. De hecho, el chavismo es muy cauto para aumentar las “compras” de empresas con dinero del estado, cosa que está a la vista no sólo contando las limitadas empresas que han sido “estatizadas” en los últimos casi 10 años de gobierno Chávez, sino observando el reciente ejemplo de SIDOR. En este caso, Chávez hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar que la empresa de Techint, recomendada por sus amigos los Kirchner, se mantuviera en manos privadas, por más que su producción es de gran importancia para Venezuela. De hecho, durante largos meses de movilizaciones obreras la respuesta del chavismo fue la negativa y la represión policial... Sólo luego de que los mismos trabajadores se organizaran con meses de huelgas y enfrentaran a la policía chavista lograron imponer la agenda, y el presidente Chávez decidió cambiar su táctica: retiró a los policías y encabezó el proceso de “estatización” (es decir “compra”) de SIDOR. Eso sí, dejando en la calle a cerca de 9.000 trabajadores tercerizados, a los que no reconoció como empleados de la compañía, situación que originó nuevas movilizaciones de protesta.
Por otra parte, si hay un mecanismo que perpetúa el empobrecimiento y garantiza la entrega del producto del trabajo de los obreros latinoamericanos al gran capital es el pago de la deuda externa, cuya permanencia significa una sangría constante para los más humildes del continente. Frente a ello, la política de Chávez (que se considera a sí mismo un “antiimperialista”) es el pago puntual (cuando no por “adelantado”, al estilo Kirchner) de una deuda que crece estrepitosamente llegando a triplicar las cifras de cuando Chávez asumió el poder4. Por otra parte, como lo hemos comentado en numerosas oportunidades, la gestión de Chávez perpetúa la enorme dependencia de Venezuela frente al imperialismo, al sostener intacta su estructura de exportador de bienes primarios, sin desarrollo industrial, dedicándose casi exclusivamente a la exportación de petróleo a su comprador predilecto, EEUU, que consume cerca del 80% del petróleo venezolano para garantizar su alto nivel de gasto energético y sus incursiones guerreristas en Irak y demás países.

“Borrar con el codo lo que se escribe con la mano”.
La demagogia es un gran arma de los políticos del sistema. Cuando las transformaciones no entran por la barriga, cuando los techos siguen siendo de chapa y el trabajo en negro, cuando la riqueza de los empresarios se abulta y poco de eso llega a los que trabajan... entonces son los grandes demagogos los que se encargan de parar la rabia encauzando las esperanzas del pueblo con falsas promesas y grandes palabras y gestos, aunque no se orienten realmente a cambiar la estructura social.
Esa característica es muy propia de Chávez, que se ha erigido como cabeza de su movimiento a fuerza de “gestos”, que hacen pensar en un supuesto enfrentamiento con figuras destacadas del golpismo y el imperialismo... aunque una y otra vez haya capitulado ante esos sectores. Lo que hace todo el tiempo es lo mismo que hizo, por ejemplo, con el rey de España (con quien había “roto relaciones” con gran pompa luego del escándalo por haberlo hecho callar en medio de una cumbre, pero al que apretaba amigablemente sus manos apenas seis meses más tarde).
Así, después de que el pueblo venezolano enfrentara el golpe de 2002, Chávez reapareció (constitución y crucifijo en mano) y llamó a la reconciliación con los golpistas, actitud que sostuvo luego del paro patronal petrolero de 2002-2003 y, también, luego del referéndum revocatorio de 2004 (cuando convocó a la oposición golpista a sumarse en un gobierno de unidad) y demás presiones de los sectores más reaccionarios del país, llegando al punto de otorgarles a todos ellos una amnistía el último día de 2007, porque, según afirmó: “quiero que convivamos con las diferencias”.
El último y más evidente ejemplo del carácter estrictamente demagógico de sus palabras es la nueva capitulación frente al presidente colombiano5. Porque hemos visto a Chávez supuestamente “indignado” frente a la incursión militar colombiana (bajo dirección de EEUU) en territorio ecuatoriano y hemos oído su llamado “enérgico” a movilizar tropas como si estuviera dispuesto hasta la guerra contra la avanzada del primer jefe del narcoparamilitarismo (y cabeza de playa de EEUU en la región), en defensa de la soberanía y de los intereses populares... Pero, enseguida, lo hemos visto replegar sus tropas e iniciar un camino de diálogo y concesiones crecientes, aceptando los condicionamientos del “vocero de la oligarquía” (como Chávez llamaba antes a Uribe) y plegándose de lleno a las exigencias que Washington le hacía por medio de su “cachorro”, para condenar la resistencia armada colombiana. Así, en julio de este año, el “vocero de la oligarquía” (que pasó a ser su “amigo” y “hermano”) fue recibido calurosamente y con honores por Chávez en Venezuela, donde se prometieron mutuamente mantener una relación amistosa, impulsar el comercio y los “esquemas de cooperación más efectivos en la lucha contra el narcotráfico”, eufemismo que, en Colombia, siguiendo la doctrina norteamericana, significa lisa y llanamente la matanza de combatientes guerrilleros, sindicalistas, estudiantes, campesinos y de todo el pueblo que luche.
Y con esto entramos una vez más en la demagogia chavista. Porque el coronel del ejército Hugo Chávez, que antaño se dedicaba, como el mismo declaró, a “perseguir guerrilleros”6, se cuidó muy bien durante un tiempo de condenar públicamente la resistencia armada colombiana, pues sabía que una parte importante de sus simpatizantes estaban con esta lucha7. En ese marco se podían leer ciertos “gestos” de Chávez al no condenar abiertamente a las FARC y al ELN; al enfrentar verbalmente a EEUU y su aliado regional, el presidente colombiano Álvaro Uribe; o al interceder como mediador para un intercambio humanitario entre el estado colombiano y las FARC, reconociendo su carácter de fuerza beligerante. Con este acuerdo se concedía la libertad a Ingrid Betancourt, los tres mercenarios yanquis y una quincena de policías y militares asesinos de ese estado, a cambio de la liberación de centenares de presos políticos que se encuentran en las cárceles de Colombia y algunos extraditados en EEUU.
Pero frente a tanto “gesto” demagógico, el régimen chavista venía desde hace tiempo llevando a cabo acciones para nada simbólicas que lo ubicaban en las antípodas de sus palabras, llevando adelante acuerdos para la persecución del “narcotráfico” y colaborando con sus fuerzas de seguridad, en la entrega de importantes dirigentes de la guerrilla, tal como sucedió con Rodrigo Granda (FARC)8 y Donayro Acevedo Pérez (ELN)9.
De todas formas, el fin definitivo de sus “gestos” con respecto a la insurgencia colombiana llegó a mitad de este año, cuando Chávez celebró el falso “rescate” que Uribe llevó adelante (con dirección de EEUU, y participación del Mosad israelí y la embajada francesa), olvidándose de los presos políticos y extraditados colombianos. Tras ese acontecimiento, Chávez volvería a convertirse en un “amigo” de Uribe y a condenar la lucha de la resistencia, haciendo un llamando abierto a que depongan las armas: "a estas alturas (dijo) está fuera de orden un movimiento guerrillero armado. Eso hay que decírselo a las FARC”; para acabar difundiendo la doctrina norteamericana según la cual la insurgencia armada es “terrorista” y es un justificativo para su intervención militar: “el día que se haga la paz en Colombia se acabó la excusa en el imperio, la principal que tienen, el terrorismo”. Enseguida sus palabras fueron tomadas por lo más rancio de la contrarrevolución. El ministro de defensa colombiano festejó diciendo: "Si las declaraciones de Chávez son de verdad, el fin de las FARC está cerca”; por su parte, el candidato republicano estadounidense John McCain, también aprovechó para cargar contra la guerrilla: “Chávez ha hecho una declaración de que las FARC se tienen que desarmar y dejar su lucha, espero que acepten el consejo”.

Un “peronista profundo”
La del chavismo es una política de “gestos”... y de grandes palabras. Así, el proyecto de Chávez es considerado oficialmente como una “revolución bolivariana” para la conquista del “socialismo del siglo XXI”10. Pero nada de eso es lo que dice ser, porque ni la revolución es realmente una revolución, ni el proyecto de Chávez se asoma siquiera al socialismo. La demagogia del gobierno de Chávez se presenta una vez más con la manipulación de conceptos, que implican luchas feroces contra el capitalismo y cambios estructurales para el bienestar popular, pero que, en su caso, son usados como simples etiquetas que vienen a reemplazar los nombres de las cosas, pero sin cambiar las reales condiciones de existencia de los venezolanos, convirtiéndose en un majestuoso lavado de cara del capitalismo local. Porque mientras el ejército es rebautizado como “bolivariano” y a cada cosa (incluyendo grupos empresarios) se le agrega el mote de “socialista”, la explotación y la subordinación al imperialismo del capitalismo dependiente venezolano no sólo permanecen, sino que prometen seguir consolidándose de la mano de Chávez, quien por otra parte ha declarado abiertamente que no pretende otra cosa.
Es aplastante el dictamen de los hechos tras casi diez años de más capitalismo. Sus reformas en el plano de la educación, la salud o los planes alimentarios no lo han eximido de las grandes desgracias de este sistema, agravado por las condiciones de dependencia frente al gran capital imperialista: explotación, enriquecimiento de los poderosos y pauperización de la gran mayoría, represión para los que sacan los pies del plato, etc., etc., etc.
Pero, por las dudas, el chavismo, aún en medio de la ambigüedad constante y necesaria de su discurso (donde dice a cada uno lo que quiere oír), ha expresado con bastante claridad algunos postulados básicos de su doctrina pseudo-socialista, como es el resguardo de la propiedad privada, planteado claramente en el marco de su campaña por el referéndum a fin del año pasado; o su idea de que el proceso “bolivariano” implica un acuerdo y beneficio de la burguesía local a la que tiene como aliada en su partido PSUV, a la que en un contrasentido ya ridículo cataloga como “empresarios socialistas”11; o su concepción de que las transformaciones sociales deben llevarse a cabo en forma pacífica sin enfrentar violentamente a los poderosos, llegando, incluso, a condenar abiertamente a quienes lo hacen, como en Colombia, diciendo que “la guerra de guerrillas pasó a la historia”; o su definición claramente antimarxista y antiobrera (y por tanto capitalista) al afirmar que: “Tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”, y que, por eso, mismo su partido, “El PSUV no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy”.
En nuestro país, las posiciones de Chávez se hacen aún más claras, cuando en medio de la confusión del palabrerío “antiimperialista”, “revolucionario” o “socialista”, vemos la defensa exultante que el mandatario venezolano hace del peronismo. Ya lo recordaba Chávez en un típico acto del PJ bonaerense junto al matrimonio Kirchner: “Un militar retirado argentino me enseñó a leer a Perón, y yo soy peronista, un peronista profundo”. De ese modo no hacía más que repetir por enésima vez su afinidad por el proyecto de Perón, el “justicialismo”, con el cual el caudillo educaba a las masas en la doctrina corporativista de “la comunidad organizada”, fundamento de una ideología conservadora en defensa del sistema capitalista, que inducía a los trabajadores a buscar la conciliación con sus explotadores, aplacando la lucha de clases.
Este “peronista profundo”, que admite que “no tomará las banderas del marxismo-leninismo” (como son la independencia de los trabajadores frente a la burguesía, la lucha a muerte contra los explotadores, etc.), busca presentar como “nuevo” un remozado capitalismo (“del siglo XXI”), alzando demagógicamente banderas de la clase obrera. En suma, no hace más que seguir un camino trazado por numerosos gobiernos burgueses para ganar apoyo popular, desde Perón, quien incluyó en su marcha la consigna “combatiendo el capital”, hasta el mismo Hitler que usó el lenguaje del proletariado para obtener el apoyo de los trabajadores a su proyecto capitalista de expansión y opresión al que llamó “nacional-socialismo”.

Dos proyectos antagónicos
Hoy en Venezuela la movilización popular es muy importante y la discusión y participación política ha calado hondo en los barrios más humildes. Los trabajadores y otros sectores oprimidos salen habitualmente a la lucha por sus reivindicaciones organizados en sindicatos y agrupamientos políticos, con tomas de fábricas o de tierras, paros, manifestaciones y enfrentando no sólo a la represión gubernamental y patronal sino también contra los intentos golpistas y los lock out promovidos por grandes capitalistas que se oponen a Chávez. En la lucha y organización diaria los trabajadores buscan una perspectiva que permita saldar realmente sus reclamos, erradicando las injusticias y penurias a las que el capitalismo los somete cotidianamente. Por eso, se organizan para enfrentar a los empresarios, a los banqueros, a los terratenientes y a las incursiones imperialistas. Por eso, mientras el gobierno hace demagogia con fraseología revolucionaria, el pueblo habla con entusiasmo de revolución y de socialismo.
Frente a esta situación, Chávez no expresa una salida para la clase obrera y los demás sectores populares en lucha. En su movimiento conviven los trabajadores y los humildes junto a grandes magnates de la explotación, pero Chávez defiende sólo a estos últimos; defiende el corazón de los intereses de los empresarios: el capitalismo y su propiedad privada. Su enfrentamiento con otros sectores burgueses que se orientan al golpismo y el lock out no le quita al chavismo su carácter capitalista, sino que lo ubica en el marco de las disputas que esta clase explotadora tiene por el reparto de sus beneficios, y en función de las distintas formas de gobernar que la burguesía encuentra para someter a la explotación a la gran masa de trabajadores (con formas distintas de racionalizar la represión, las dádivas, la “participación democrática”, la movilización, etc.). En definitiva, sosteniendo (y defendiendo) el capitalismo y su máxima principal, la propiedad privada, Chávez representa lo más medular de la burguesía, a la que llama a integrar su gobierno, cuyos negocios promueve diariamente y cuyos intereses defiende incluso con el garrote de la represión.
Consecuentemente, Chávez condena la acción independiente de los trabajadores y muy especialmente su violencia contra los opresores. Ataca a aquellos que se organizan por fuera de su dirección y no admiten subordinarse a su partido, el PSUV. Condena siempre a los rebeldes que se enfrentan con los poderosos, sea en Venezuela cuando toman una fábrica o un terreno sin su consentimiento, o sea en la vecina Colombia, donde se alzan en armas contra el gobierno paramilitar de Uribe. Y por eso también el chavismo, mientras habla demagógicamente de un “socialismo del siglo XXI”, condena las ideas que la clase obrera ha forjado en años de lucha contra el capitalismo. Chávez ataca así la base misma del socialismo, el marxismo, intentando negar con ello sus enseñanzas fundamentales. Niega que los trabajadores y sus explotadores tienen intereses irreconciliables. Niega que los burgueses y sus representantes defenderán con todos sus recursos (la violencia, la opresión, la cooptación, la demagogia, el engaño...) el sistema que mantiene sus privilegios, el capitalismo, el mismo que hoy impera en Venezuela y es defendido y dirigido por Hugo Chávez. Y éste a su vez niega que, en consecuencia, la única forma que los trabajadores tienen para dar cauce a sus aspiraciones revolucionarias es la lucha a muerte contra sus opresores, la derrota de la burguesía y el triunfo de la clase obrera en el marco de la violenta lucha de clases, única forma en que es posible la conquista del poder político por parte de los trabajadores y el pueblo contra los capitalistas, y la constitución de un nuevo tipo de estado, el estado obrero, en el que la inmensa mayoría enfrente a los que aún persisten en sostener la explotación del hombre por el hombre... el socialismo.

Frente al chavismo: organización independiente de los trabajadores por la revolución
La movilización, las distintas medidas de lucha, la discusión y organización política, la resistencia contra el golpe o ciertas patronales... son todas medidas que en Venezuela van templando la lucha popular, contribuyendo a su maduración y organización. Pero para enfrentar definitivamente a la explotación y demás calamidades capitalistas es imprescindible luchar contra el capitalismo mismo y por el único proyecto superador, el socialismo, organización social de y para los trabajadores. Ello implica dar impulso a una lucha revolucionaria por el poder obrero, enfrentando por todos los medios la resistencia de los capitalistas y sus aliados: el gobierno, las FFAA, la iglesia, etc.
Frente a esa perspectiva de organización y lucha por una nueva sociedad, Chávez no es ni un jefe revolucionario, ni un impulsor de la actividad revolucionaria de las masas, ni un aliado de los trabajadores en su lucha contra los capitalistas, sino, por el contrario, un representante de la burguesía y un enorme obstáculo para que los trabajadores y el pueblo de Venezuela logren organizarse y luchar en forma independiente por un proyecto propio, la revolución socialista, que es antagónico al capitalismo de Chávez y sus “empresarios socialistas”, pero que es la única forma de enfrentar al capitalismo y su barbarie.
Por eso es que cada iniciativa de Chávez para el fortalecimiento de su proyecto, como es el llamado al referéndum o la conformación del PSUV (en un intento de disciplinar a todo el movimiento político subordinándolo a su dirección política), es una forma de encarrilar a los trabajadores y el pueblo humilde tras su proyecto, que es el de la burguesía, y apartarlos de una posible orientación revolucionaria. Para encauzar tras su proyecto burgués a los trabajadores y el pueblo, Chávez acude reiteradamente a un mismo recurso: la polarización entre dos grandes campos, ubicando en el bando de los “enemigos” a los capitalistas locales y extranjeros que no apoyan al chavismo (que impulsan la movilización, el lock out y el golpe en su contra), y oponiéndole el movimiento chavista. Pero este movimiento acaudillado por Chávez se constituye como una amplia fuerza heterogénea, en la que la gran mayoría trabajadora, que pone el cuero para las luchas (como sucedió con el intento de golpe) y sigue empobrecida y explotada, sirve como tropa de un grupo de burgueses y burócratas (la boliburguesía), que ponen el programa de su movimiento (el capitalismo, la propiedad privada, la no violencia contra los explotadores, etc.) y, que en el nombre del chavismo, se enriquecen escandalosamente mientras hacen grandes negocios con los capitalistas “golpistas” y con el imperialismo.
Evidentemente, como lo hemos repetido insistentemente, los revolucionarios se alistan en las filas de la resistencia, cada vez que el imperialismo amenaza y que el golpismo asoma12. Pero eso no significa en lo más mínimo subordinarse a un proyecto que es medularmente burgués y que, lejos de representar los intereses de explotados y oprimidos, significa una perpetuación de esas relaciones de dominación. De hecho, tanto el movimientismo, que lleva a diluir la actividad e ideología proletarias en el marco de una amplia alianza que termina siempre dirigida por los capitalistas, y el personalismo o la idolatría hacia este militar capitalista, boicotean la perspectiva de organización independiente y revolucionaria de los trabajadores para enfrentar al capitalismo en Venezuela y son un pésimo ejemplo para los trabajadores de nuestro continente.
El sostenimiento de un proyecto revolucionario de cambio implica una posición intransigente de independencia de clase por parte de los trabajadores. La “unidad” contra el gran capital y el imperialismo a la que llama el chavismo es, en realidad, la subordinación de los trabajadores a un proyecto ajeno, el de los explotadores, que ha demostrado ampliamente no tener respuesta para los problemas de los trabajadores y el pueblo.
Como afirmábamos el año pasado13: “con dos mandatos cumplidos, el dominio completo sobre el parlamento, el control de la gran mayoría de las provincias, la dirección de los más grandes sindicatos y un amplio apoyo popular, el gobierno de Chávez ha dado ya sobradas muestras de su incapacidad para llevar adelante transformaciones profundas en Venezuela mostrando con ello los límites de su proyecto burgués de conciliación. Ahora en este nuevo período en que a la millonaria recaudación petrolera deben sumarse los plenos poderes que le han sido otorgados a Chávez para llevar adelante las medidas que considere necesarias, quedará una vez más a la vista de todos los que se dispongan a ver la realidad, que el chavismo, lejos de ser una alternativa pacífica e institucional para llegar al socialismo, es un recurso de la burguesía para encarrilar a los trabajadores tras su propio proyecto: el de la defensa de la propiedad privada y de los negocios y las relaciones de explotación capitalistas, y que es, por eso mismo, la prueba más elocuente de que sólo los trabajadores y el pueblo en forma absolutamente independiente de la burguesía, enfrentando al régimen y su institucionalidad con todas las fuerzas y todos lo métodos necesarios, pueden llevar adelante la única revolución que de por tierra con el sistema capitalista: la revolución socialista”.
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NOTAS:
1) Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el sueldo básico de un trabajador que, a principios de este año, estaba en 614,79 bolívares fuertes no llegaba a cubrir media canasta básica, estimada entonces en 1.364,92 bolívares fuertes.
2) Lamentablemente para los trabajadores, tres años más tarde cabe la misma afirmación que hacíamos en “Venezuela: reforma o revolución” (ER Nº5, agosto 2005): “Los reclamos obreros por sus condiciones de trabajo y salariales (prácticamente la mitad está en negro y el salario mínimo no logra alcanzar la canasta básica de alimentos) son tan desatendidos como los de otros sectores populares como el campesinado, por ejemplo, que aguarda expectante una efectiva distribución de tierras para su trabajo”. En 2006, de casi 12 millones de trabajadores registrados cerca de 7 millones no recibían prestación social y apenas un 35% contaba con los derechos laborales y sociales regulados por ley.
3) El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) registra que actualmente el 20% más rico de la población se apropia de alrededor del 47% del ingreso, mientras el 60% más pobre apenas se reparte el 29,7%. El mismo presidente del organismo debió admitir que “en los últimos 30 años, en Venezuela de desarrolló una tendencia muy pronunciada a la concentración del ingreso hacia los sectores más ricos”.
4) La deuda externa, que entonces era de unos 20.000 millones de dólares, se ubica ahora alrededor de los 67.000 millones. Desde hace tiempo, por otra parte, Chávez viene reivindicando ser un gran pagador de deuda: “en los últimos 5 años (decía a mitad de su mandato) Venezuela pagó 25 mil millones de dólares para amortizar capital e intereses de la deuda externa”. (ER Nº1, marzo 2005)
5) Una más y van... Las amenazas de “ruptura” y consecuentes capitulaciones y abrazos con Uribe son constantes, como sucedió luego del secuestro de Granda. En febrero de 2006 comentábamos que, tras el secuestro del canciller de las FARC en Venezuela,“el gobierno “bolivariano” se mantuvo en silencio durante dos semanas y terminó acusando a un puñado de militares de su país que fueron liberados al poco tiempo, sin hacerse cargo de la operación. Luego llegó la pantomima hecha por Chávez quien mintió a la comunidad internacional al afirmar que había sido “traicionado” y que (...) en su afán de copiar a Perón amenazó con “romper relaciones con Colombia”. Pero sólo un mes más tarde, el 03/02/05, el vicepresidente del “gobierno revolucionario de Venezuela” José Vicente Rangel (...) dejaría en claro (...) que el impasse con Colombia estaría próximo a solucionarse, ya que “Venezuela no es santuario de terroristas”. (...) un año mas tarde (...) mientras los presidentes Chávez y Uribe aparecían a los abrazos en los medios de comunicación, dando discursos sobre su sentida amistad y dejando atrás todas las amenazas de “ruptura” diplomática, los diarios colombianos (no así los venezolanos) empezaron a comentar la nueva noticia: otra entrega, esta vez la de un miembro de la dirección nacional del ELN había sido realizada con la colaboración de las fuerzas de ambos países...” (ER Nº10, febrero 2006)
6) Ver “Persiguiendo guerrilleros” (ER Nº23, agosto 2007)
7) Lo que no quita que el ataque a la guerrilla ya se viniera dando desde muchos años antes, aunque numerosos defensores, también simpatizantes de Chávez, no admitían entonces la gravedad de las posiciones del presidente venezolano que, como comentábamos en ER Nº1, le había prometido a Uribe en 2005 que “luchará contra el terrorismo del color que sea” en una reunión de la que Uribe salió diciendo: “los dos gobiernos acordamos intercambiar información sobre los guerrilleros de manera discreta y prudente”. Entonces, el gobierno venezolano habló por boca de su vicepresidente. quien advirtió: “Venezuela no es santuario de terroristas”.
8) “Ya el 13 de diciembre de 2004, a cuatro días de haberse celebrado en Caracas el Segundo Congreso Bolivariano de los Pueblos, Granda fue secuestrado en el centro de Caracas, mientras era entrevistado por el periodista Omar González. El secuestro se llevó a cabo a plena luz del día, a eso de las 4:00 pm, cerca de la estación de subte Bellas Artes y no muy lejos del Hotel Hilton. Granda fue colocado en el baúl de un vehículo rústico 4x4 y conducido en un viaje de catorce horas a Cúcuta, Colombia. De acuerdo al mismo Granda, algunos de los hombres que lo apresaron se identificaron como agentes de la DISIP venezolana, mientras que otros tenían un acento “paisa” colombiano. Los secuestradores, viajando en cuatro vehículos con vidrios polarizados, cruzaron siete estados venezolanos y pasaron por unos catorce puestos policiales y militares” (“Chávez y la Revolución bolivariana”, ER Nº10, febrero de 2006).
9) “Otra entrega, esta vez de un miembro del ELN (Ejército de Liberación Nacional) había sido realizada con la colaboración de ambos países, el 18 de diciembre de 2005 (...). Donayro Manuel Acevedo Pérez, más conocido como “Hernán” o”Milton”, fue capturado en Venezuela y deportado a Colombia, como lo publicaba el diario progubernamental El Tiempo y lo ratificaban diversos medios de prensa...” (“Chávez y la Revolución bolivariana”, ER Nº10, febrero de 2006)
10) “Como bien lo define el nuevo Abelardo Ramos, Humberto Tumini, el “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que la búsqueda de un capitalismo un poco más benevolente, en el que se desarrolle “una nueva burguesía nacional” (“De la mano de Chávez”, ER Nº12, abril 2006)
11) La asociación de “Empresarios Socialistas de Venezuela” es parte del PSUV y cuenta con figuras como Marcos Zarikian, dueño del Hotel Eurobuilding y principal empresario textil, Alberto Vollmer, propietario de Ron Santa Teresa, Víctor Vargas Irausquín y Víctor Gill Ramírez, ambos banqueros, ex miembros de los partidos tradicionales de la burguesía (COPEI y Acción Democrática) y dueños del BOD y Fondo Común, entre otros. Otro magnate que supo ser un gran amigo y aliado de Chávez es el banquero venezolano Victor Vargas que, como relata Perfil, supo aprovechar sus amistades: “Desde la llegada de Chávez al poder, Vargas triplicó su fortuna y es hoy dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD), el quinto banco más importante del país. Sucesivas intermediaciones en las operaciones de compra y reventa de bonos argentinos por parte del gobierno venezolano lo convirtieron en la prueba viviente de que a quienes supieron servir al régimen chavista no les fue nada mal”. (Perfil, 20/08/08). El reclamo de integración de los capitalistas en el gobierno chavista, en franca oposición a un gobierno de los trabajadores, es reiterado una y otra vez por sus funcionarios. Así, mientras el ministro del Poder Popular para la Planificación y Desarrollo, Haiman El Troudi, defiende la “alianza estratégica” entre el capital y el trabajo, su colega, el ministro del Trabajo Roberto Hernández Wohnzieler, afirma directamente: “En Venezuela presenciamos el hecho de que buen número de empresarios han asumido el proyecto socialista y no hay razón legítima para que los obreros, unidos, encaren su propio proyecto”.
12) Cuando Lenin tuvo que tomar una decisión en este sentido sus principios fueron la guía que dio curso a su acción contra el golpismo pero también contra la burguesía “democrática”. Unos meses más tarde de ese gran acierto conquistaría junto al proletariado y el campesinado rusos el poder en tierra zarista. Como lo recordábamos en “De la mano de Chávez” (ER Nº12, abril 2006): “Las enseñanzas bolcheviques son el ejemplo “Cuando a mediados de 1917 el gobierno burgués de Kerenski apoyado por la gran mayoría de los partidos socialistas y burgueses radicales, estaba bajo la amenaza de un golpe reaccionario dirigido por el jefe militar Kornilov, Lenin sostuvo firme su postura de enfrentamiento al gobierno burgués atacando las posiciones conciliadoras que se llegaron a escuchar en su mismo partido, sin perjuicio de participar en la resistencia contra la intentona golpista. “Ni aún ahora debemos apoyar al gobierno de Kerenski –decía entonces Lenin en una carta al Comité Central del Partido-. Sería una traición a los principios. (...) Combatiremos, combatimos contra Kornilov, pero no apoyamos a Kerensky, sino que denunciamos su debilidad. Hay una diferencia...”
13) “La Farsa del siglo XXI”, ER Nº21, febrero 2007.

CUBA: CONTRA LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA, VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE GUEVARA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

LA REVOLUCIÓN
El 1º de enero en Cuba es un día histórico. Aquel día de 1959 el pueblo cubano emprendía el trabajo de la construcción de un nuevo estado que apuntaba implacable sus fusiles contra el imperialismo yanqui y sus aliados isleños.
Desde el momento mismo en que Cuba luchaba por su independencia de España, durante el último tercio del siglo XIX, los Estados Unidos metían sus narices en la isla, arrogándose el derecho de distribuirse con ese país europeo los territorios americanos y estableciendo finalmente su “tutela” sobre Cuba por medio de la Enmienda Platt en 19021.
Aunque formalmente independiente, Cuba, como la mayoría de América Latina, sería desde entonces un país dependiente económicamente del imperialismo yanqui, una semicolonia condenada al atraso: productora de materias primas e importadora de productos manufacturados provenientes de países con mayor desarrollo industrial. La economía local se concentró en el cultivo y la producción de azúcar. Los diferentes gobiernos cipayos entregaron casi completamente el manejo de esta industria a los empresarios norteamericanos, quienes también tenían un fuerte control sobre otras ramas, como la energía eléctrica, la producción láctea, la importación de petróleo (mediante las refinerías Esso y Shell), las finanzas, el crédito bancario, etc., además de monopolizar el mercado interno con sus productos manufacturados. Junto al gran capital norteamericano, el más reducido grupo de empresarios locales se beneficiaba de los remanentes de aquella explotación, a costa de la pauperización de la clase obrera urbana y rural y del campesinado pobre del país.
La situación del pueblo en la Cuba prerrevolucionaria era denigrante. Mientras el 20% más rico acaparaba casi el 60% de las riquezas, el 20% más pobre arañaba apenas un 2%. La vida de los trabajadores cubanos estaba marcada por la desocupación, los bajos salarios, las pésimas condiciones e interminables jornadas laborales, la desnutrición, el analfabetismo, la mortalidad infantil, etc. La dependencia y el sometimiento de Cuba se plasmaba en el desvergonzado uso de la isla como prostíbulo y casino de lujo para los norteamericanos.
Pero, en 1953, un centenar de jóvenes marca un camino de lucha contra el régimen antiobrero del dictador Batista. El fallido intento de copamiento del cuartel Moncada por parte de Fidel Castro, Abel Santamaría y su grupo de 130 valientes combatientes, el 26 de julio de ese año, daría un fuerte impulso a la lucha contra el gobierno proyanqui. Apenas unos años más tarde, mientras los miembros de lo que sería el M-26 se desarrollaban en las ciudades, organizando bases de apoyo a la lucha revolucionaria y haciendo actos de boicot y sabotaje contra objetivos del estado, los expedicionarios del Granma (a los que ya se sumaban figuras de la talla del Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida, etc.), se entrenaban para desarrollar la lucha armada en Cuba con el objetivo de derribar definitivamente al gobierno antipopular.
La iniciativa del M-26 de tomar el poder y derribar al gobierno contó con un creciente apoyo de los explotados cubanos, incentivados por el odio generado debido a la represión y el ejemplo del valor y los triunfos revolucionarios. Así, la guerra revolucionaria se desarrolló desde fines de 1956 hasta 1959 con epicentro en la sierra, integrando a peones rurales y campesinos al Ejército Rebelde, y contando además con una constante actividad urbana reflejada tanto en la acción conspirativa, como en la movilización que llevó a una importante huelga en 1957 en la zona oriental, tras el asesinato del líder santiaguero Frank País. Este trabajo en las ciudades permitió sostener la huelga general revolucionaria para acompañar la entrada de los guerrilleros triunfantes en La Habana a comienzos de 1959, en avance desde el oriente luego de la toma de Santiago de Cuba y Santa Clara.
Si ya, en octubre de 1958 (con la Ley Nro. 3), en plena lucha guerrillera y desde la sierra, se había dado el primer impulso a la reforma agraria, tras el triunfo de la revolución las medidas estructurales tomadas por el nuevo gobierno revolucionario se extendieron a gran velocidad. Una más completa y general reforma agraria comenzó en mayo de 1959, al tiempo que se efectuaba la reforma urbana con una drástica reducción del precio de la vivienda. A la eliminación del latifundio y de la llamada “burguesía rural”, continuaron la nacionalización de las centrales azucareras, las refinerías de petróleo y las grandes empresas de servicios2. Ante la reacción de la burguesía local y la pretendida intervención del imperialismo yanqui, que interrumpió las compras de azúcar y petróleo y su refinamiento, la respuesta del nuevo gobierno cubano fue más radicalización, como única forma de llevar adelante las aspiraciones de cambio revolucionario planteadas por el M-26 y el pueblo que se sumó a su lucha. Entonces jugaron un papel fundamental los sectores de izquierda del nuevo gobierno y del M-26, entre los que ya se destacaba el Che Guevara, quienes enfrentaron no sólo a EEUU y la gran burguesía local, sino también a los “moderados” y “democráticos”, que pretendían echar a Batista pero no cumplir con una transformación revolucionaria que cambiara el conjunto de las relaciones sociales para el bienestar de todos los trabajadores cubanos. La firmeza del ala izquierda de la revolución permitió así que, apenas dos años después, en 1961, el estado cubano fuera proclamado socialista y que los intentos de invasión, impulsados por EEUU con participación de gusanos cubanos, fracasaran estrepitosamente en Playa Girón. Mientras los defensores de la democracia capitalista reclamaban insistentemente el llamado a elecciones, con la pretensión de sustituir a los antiguos grupos dominantes por una nueva burguesía, el nuevo estado revolucionario se construía en Cuba gracias al impulso dado por el M-26 al protagonismo y fortalecimiento de la clase obrera, única base posible para una nueva sociedad.
Como lo había consignado la III Internacional Comunista dirigida por Lenin, y había sido desarrollado por Trotsky, la dinámica revolucionaria en países dependientes como Cuba empujaba a los revolucionarios a avanzar en forma constante, tomando medidas no sólo democráticas, sino también de carácter estrictamente socialista, como única forma de concretar las tareas de cambio planteadas desde el comienzo. La revolución permanente era en Cuba la única vía posible para llevar al triunfo las demandas de la clase obrera y los demás sectores oprimidos, y sortear el camino reaccionario de los nacionalistas que pretendían, luego de haber derribado al gobierno de Batista, mantener el sistema capitalista y la democracia parlamentaria, que hasta entonces había permitido el control del estado a la burguesía y al imperialismo.
La toma del poder por parte de la vanguardia revolucionaria y la resolución de impulsar el desarrollo del socialismo transformó veloz y radicalmente la situación de un país como Cuba, que padecía las peores condiciones de los países dependientes y atrasados del continente.
Apenas un año después del triunfo revolucionario, el 23,6% de analfabetismo y el 60% de semi-analfabetismo de 1959 habían bajado a 3,8% y al año siguiente a 1,9%. Es el inicio de un proceso que permite hablar hoy de una matriculación educativa del 99%, con un maestro cada 10 alumnos.
Del mismo modo, la revolución permitió, en el ámbito de la salud, desde un país económicamente pobre, erigir uno de los más avanzados sistemas de atención y prevención médica del mundo, y sin dudas el más inclusivo, que impactó de forma directa en la mejora de las condiciones de vida diarias del pueblo cubano, produciendo, por sólo citar un ejemplo, una drástica disminución en la mortalidad infantil, que pasó de 79/1000 nacidos vivos, a menos de 5.3/1000 al día de hoy (aun inferior a la de EEUU, que es de 6/1000).
Por otra parte, tras la expropiación, el nuevo gobierno revolucionario puso al servicio del pueblo la producción nacional, que contaba con alrededor de 373 empresas privadas: más de 100 ingenios azucareros, 60 fábricas textiles, toda la rama de la industria alimenticia, 8 empresas de ferrocarriles, empresas de la construcción y las refinerías Esso y Shell. Al transformar en propiedad social esos medios de producción, y organizar el desarrollo económico global sobre la base de la planificación, el joven estado socialista sentó las bases para impulsar un desarrollo integral en beneficio del conjunto del pueblo trabajador, garantizando su acceso a los bienes fundamentales que permiten una vida digna, incluyendo la estipulación del salario mínimo, además del otorgamiento universal de una renta básica para adquirir productos indispensables para el consumo familiar.
Así, tras la guerra revolucionaria, la toma del poder, la derrota de la burguesía y el imperialismo, la expropiación y socialización de los medios de producción, y la organización de un estado obrero, la Cuba de principios de los 60 daba un primer y fundamental paso en la construcción de una sociedad sin explotación.

LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO Y LA POSICIÓN DE IZQUIERDA
Luego de la toma del poder fueron frecuentes las discusiones acerca de cuál era el camino que debía seguir la revolución.
En el medio de un agudo enfrentamiento con la mayor potencia del mundo, y atravesando graves problemas económicos debido al carácter atrasado de una economía agrícola no industrializada y dependiente de EEUU, el gobierno de Cuba decidió acercarse a la URSS, cabeza del bloque socialista. Era una decisión delicada. Los antiguos partidarios del régimen soviético en Cuba, el stalinista Partido Socialista Popular, habían condenado y boicoteado la acción revolucionaria durante la lucha por el poder, y recién se habían sumado en la recta final para compartir los laureles del triunfo. De hecho, su dirección, el Partido Comunista de la URSS, consideraba que los países latinoamericanos “no estaban maduros” para el socialismo y que debían, en su lugar, propiciar regímenes de alianza con las burguesías locales. Pero en el caso cubano, una vez tomado el poder y radicalizado el proceso hasta la proclamación del carácter socialista de la revolución, medidas abiertamente opuestas a la línea planteada por el PCUS, la construcción de un estado obrero le planteaba inevitablemente al nuevo gobierno revolucionario la necesidad de establecer relaciones para el apoyo mutuo con el conjunto de los países del bloque socialista y la poderosa URSS.
Sin embargo, una vez más, la política soviética para la economía en Cuba era crítica: se oponía a la completa eliminación de la propiedad privada empresaria, defendía las relaciones de tipo mercantil al interior de las empresas del estado y negaba el derecho y el apoyo necesario para que el nuevo estado revolucionario se desarrolle en forma integral, por medio de la industria, para superar el atraso económico. Una fracción de la dirección cubana, ubicándose bajo la línea política del stalinismo, defendió el sostenimiento de una economía productora de materias primas, prácticamente monoproductora de azúcar, dependiente de las potencias socialistas como la URSS y luego China, dejando relegado el desarrollo industrial. Así, el costo del marcado alineamiento tras la política soviética significaría el mantenimiento de la dependencia económica y política de Cuba.
Muchos revolucionarios e intelectuales intervinieron en la disputa sobre la orientación de la revolución cubana y sus lineamientos. Se reeditarían las discusiones de la joven URSS en los años ‘20, sobre la necesidad de estimular la producción en un país de base agraria con un bajísimo desarrollo industrial. Fue el momento de la puesta en marcha de la NEP, a la que, después de su difícil aplicación, la corriente de izquierda referenciada en Trotsky había calificado de inevitable por la situación, pero ineficaz por la falta de estímulos morales y la falta de participación de los trabajadores en el compromiso con la revolución.
También en Cuba existió una posición de izquierda y fue sostenida por Ernesto Che Guevara (aunque el gobierno cubano ha hecho un gran esfuerzo por ocultar o minimizar las diferencias entre el Che y la dirección de Fidel Castro). El Che, a la cabeza del ministerio de industria, dio una lucha incansable en el seno del estado para edificar una sociedad nueva, que acabara con los lastres y relaciones de tipo capitalistas, como única posibilidad de transformación revolucionaria, lo que implicaba impulsar la industrialización y el desarrollo pleno de Cuba para superar el carácter dependiente del país y no pasar simplemente de una dependencia a otra en relación a la URSS.
Pero, entonces, el stalinismo y sus “embajadores” en Cuba planteaba que no podría sostenerse la revolución sin la rentabilidad de las empresas, los bancos y la dependencia de ciertas iniciativas privadas que harían funcionar la ley del valor, de la cual, según ellos, no se podrían librar. Es decir, lo que impulsaban no era más que la convivencia con el capitalismo en lugar de avanzar hasta derrotarlo. Desde la URSS no sólo condicionaban la ayuda económica al sostenimiento de las relaciones de dependencia entre un país atrasado productor de materias primas (Cuba) y su comprador industrializado (URSS), sino que rechazaban incluso el valor del estímulo moral como motor del desarrollo político ideológico fundamental del proceso revolucionario. Por eso, en el “Discurso de Argel” de 1965, el Che afirmaba:
“No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y, si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aun, retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de la construcción del socialismo.
Sin embargo, el conjunto de medidas propuestas no se puede realizar unilateralmente. El desarrollo de los subdesarrollados debe costar a los países socialistas, de acuerdo. Pero también deben ponerse en tensión las fuerzas de los países subdesarrollados y tomar firmemente la ruta de la construcción de una sociedad nueva (póngasele el nombre que se le ponga) donde la máquina, instrumento de trabajo, no sea instrumento de explotación del hombre por el hombre. Tampoco se puede pretender la confianza de los países socialistas cuando se juega al balance entre el capitalismo y el socialismo, y se trata de utilizar ambas fuerzas como elementos contrapuestos para sacar de esa competencia determinadas ventajas. Una nueva política de absoluta seriedad debe regir las relaciones entre los dos grupos de sociedades. Es conveniente recalcar, una vez más, que los medios de producción deben estar preferentemente en manos del Estado, para que vayan desapareciendo gradualmente los signos de la explotación.”
Guevara conocía muy bien el peso negativo que los lastres de un capitalismo dependiente ejercían sobre Cuba. Como marxista que era, el Che estaba lejos del simple “romanticismo” (sin negar los profundos sentimientos de amor por la revolución que le oficiaban de motor para continuar luchando), pues era un revolucionario preocupado por la economía, por la producción, que concientemente entendía como base del desarrollo en Cuba. En este sentido, no sólo se dedicó a desestimar el modelo de Cálculo Económico del estalinismo, que planteaba la autonomía de las empresas y bancos y su competencia al estilo capitalista en base a los estímulos materiales, sino que, dentro del área de su ministerio, elaboró el Sistema de Financiamiento Presupuestario que ponía eje en la centralización de la producción, la planificación de la economía por el estado y, sobre todo, en un plan de aumento de la productividad cuya base fundamental era el desarrollo de la conciencia en los trabajadores.
Esto implicó una dura lucha contra quienes ya entonces se orientaban a la burocratización, quienes bajo la dirección de la URSS quisieron hacer de la revolución un negocio privado, premiando a quienes más producían con bienes materiales, apostando a las herramientas del capitalismo y viendo en la moral revolucionaria un “aditamento secundario”.
Por eso, al tiempo que estimulaba el trabajo conciente, base del desarrollo económico social de la nueva Cuba revolucionaria, el Che enfrentaba abiertamente las tendencias hacia la burocratización que seguían el modelo stalinista de beneficios para los dirigentes a costa de las privaciones populares, estimulando la participación de todos en el trabajo voluntario, en primer lugar la de los funcionarios (para lamento de muchos de ellos), e imponiendo la austeridad como modelo de dirigente. Así, hablando de las fallas que habrían provocado la supervivencia de rasgos de burocratización, el Che decía: “Una de ellas es la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal.
Simultáneamente, debemos desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de ejecutividad. Los caminos son: la educación continuada mediante la explicación concreta de las tareas, mediante la inculcación del interés a los empleados administrativos por su trabajo concreto, mediante el ejemplo de los trabajadores de vanguardia, por una parte, y las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo.” 3
Así, el Che luchó por construir una nueva sociedad, basada en la socialización de los medios de producción y la planificación socialista y centrada en el desarrollo de un “hombre nuevo” con conciencia y moral revolucionaria que no sólo dejara atrás al capitalismo, sino a los lastres stalinistas que se reflejan en la burocratización y su inevitable tendencia a la restauración capitalista (tempranamente anticipada por el Che en su “Crítica al manual de economía política de la URSS”). Lamentablemente su posición fue derrotada entonces por las tendencias que defendían el alineamiento con la URSS. La posición sostenida por el ex dirigente del PSP, Carlos Rafael Rodríguez, defendida a nivel internacional por Charles Betelheim en nombre de la política soviética, fue ratificada por Fidel Castro, quien en 1964 adoptó como prioridad el financiamiento al modelo agrícola dependiente por sobre el proyecto de industrialización de Guevara, y ratificó su posición impulsando el estímulo material con el otorgamiento de premios por productividad4.
Como sucedió con el “gran debate” sobre la orientación económica de la revolución socialista del 63-64, el PCUS presionaría en forma creciente para la incorporación de Cuba al modelo soviético en todos sus aspectos. Como contrapartida, la posición del Che se destacó cada vez más por su independencia frente al stalinismo y su consecuencia revolucionaria, como un defensor de la continuación y profundización de la lucha por la emancipación de la clase obrera, tanto en Cuba como en el resto del mundo.
Así, mientras la doctrina stalinista para todo el planeta era la contención de la revolución, la alianza con las “burguesías progresistas” y el rechazo a la lucha armada en nombre de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo yanqui, la experiencia del triunfo cubano y la creciente actividad revolucionaria en América Latina y otros países, principalmente del llamado “tercer mundo”, ubicaron al Che como la figura más decidida, que desde Cuba seguía estimulando la lucha por el poder contra las burguesía locales en el resto del mundo. Cuando la I y II Declaración de la Habana llamaban a los pueblos a luchar con las armas en la mano por su liberación, y en suelo cubano se impulsaba su organización con la OLAS y la Tricontinental, el ejemplo y la doctrina de Guevara eran su guía más clara: él formaba política y militarmente a nuevos luchadores, escribiendo sus balances sobre la lucha revolucionaria y entrenando a guerrilleros del mundo entero. Bajo su mando, nuevos grupos se sumaban a la lucha en el Congo y, posteriormente, en Bolivia.
Mientras Guevara se hacia cargo de su lucha en Bolivia y llamaba a una “guerra a muerte contra el imperialismo”, declarando como único objetivo viable la “revolución socialista” sin dar ningún crédito a las burguesías locales ni a la vía reformista pacífica, el gobierno cubano de Fidel Castro venía manteniendo un equilibrio entre dos políticas opuestas: por un lado, daba un abierto apoyo a numerosas luchas revolucionarias y, al mismo tiempo, estrechaba lazos con la URSS, en un proceso que se iría acentuando. Si su saludo en 1964 a la “coexistencia pacífica” promovida por la URSS no impidió su defensa de la vía armada en Latinoamérica durante el siguiente lustro, ya hacia fines de la década, luego de apoyar la invasión de la URSS a Checoslovaquia, Cuba se integraría de lleno a la línea soviética, tras la visita de Breznev, quien afirmó en Cuba (1969) que la revolución no era “artículo de exportación”.

EL PROBLEMA DE LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA
Como es evidente, el pensamiento y la práctica del Che entronca con la escuela leninista del marxismo revolucionario, que fue continuada por Trotsky y la oposición de izquierda frente a la traición stalinista. Lo ejemplifican su lucha por el desarrollo industrial y la independencia de Cuba frente a la perpetuación del atraso, que significaba la pervivencia de una economía basada en el monocultivo; su defensa activa del internacionalismo proletario; su abierto enfrentamiento con las falsas salidas reformistas, pacifistas y de convivencia con la burguesía; su claridad sobre lo imprescindible de la participación conciente de los trabajadores en la construcción del socialismo; su denodada lucha contra la burocratización y el abierto repudio a los privilegios. En ese marco, el Che, defendiendo la revolución socialista, marcaba el lamentable y ya imaginable futuro de restauración capitalista que llegaría a los estados obreros si se daba lugar a las prácticas burocráticas que abrieron paso a una creciente desigualdad social, donde los gobernantes y sus amigos se rodeaban de lujos, mientras se cargaban crecientes privaciones sobre el pueblo trabajador. Por eso, hablando de la URSS comentaba: “sus signos son desalentadores, la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que provocó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo” 5.
Así, una vez más, la posición de izquierda, la posición que viene a reivindicar un camino de defensa del socialismo contra las tendencias de adaptación al capitalismo, es la posición del Che, quien al marcar la trágica tendencia restauracionista que arrastraría al bloque socialista de mantener el camino de la estimulación material (como efectivamente sucedió), nos habla con absoluta claridad del problema actual de Cuba.
Guevara había advertido el problema que se avecinaba con “el experimento del regreso a la ley del valor [que] comenzó en Yugoslavia y fue entonces adoptada en diversos grados por Polonia y Checoslovaquia, y la Unión Soviética comenzó experimentos similares..”. 6 Y frente a ello tenía ya una posición tomada: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado.(...) La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adoptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”. 7
Y recordamos esta posición de uno de los más grandes ejemplos de la revolución cubana, porque hoy, desde las primeras líneas de dirección del Partido Comunista en Cuba, se plantea la necesidad de “cambios estructurales” en busca de solucionar problemas de “productividad”. De esta forma, critican al estado por ser “paternalista” con los trabajadores al garantizar un salario mínimo y otras condiciones de trabajo fundamentales conquistadas tras la revolución, y en oposición proponen que el estado pase a pagar los sueldos en función de la producción, estimulando la competencia y la acumulación individual.
Este planteo lo reseñaba Clarín en junio de este año:
"Los trabajadores que están abarcados por sistemas de pago vinculados a los resultados directos de la producción de bienes y servicios, no tienen límite en el salario", señala la Resolución 9/08 del Ministerio de Trabajo que, según anunció ayer el diario oficial Granma, será de aplicación generalizada a todas las empresas estatales del país a partir de agosto, aunque las que ya definieron su nuevo sistema de pago pueden aplicarlo de inmediato.
"Ha existido una tendencia a que todo el mundo reciba lo mismo, y ese igualitarismo no es conveniente. Es algo que tenemos que resolver pues a veces hay mucho paternalismo", señaló el viceministro de Trabajo, Carlos Mateu, citado por Granma.
"Si es dañino darle al trabajador menos de lo que le toca, es dañino también darle lo que no le toca", argumentó el funcionario, al señalar que con la nueva resolución "el trabajador ganará lo que sea capaz de producir". Y agregó que "el nuevo sistema de pago debe verse como una herramienta que ayude a obtener mejores resultados productivos y de servicios".
A principios de esta semana, el número dos del gobierno cubano, José Ramón Machado Ventura, pidió "no cogerle miedo a los altos salarios" siempre que corresponda a "resultados concretos". "Hay que ver que cuando se vincule (el salario con el rendimiento) haya un resultado de esa vinculación, no es regalar el dinero", explicó ante la asamblea provincial del Partido Comunista en La Habana.
Esta política salarial se suma a una serie de reformas adoptadas por Raúl Castro, como el reparto masivo de tierras, mejores precios a productores, créditos y descentralización de decisiones aplicadas por el gobierno en la agricultura, para dar impulso al estancado sistema productivo. También se levantaron prohibiciones, como la que pesaba sobre los cubanos para alojarse en hoteles de lujo.
En abril el gobierno dispuso un incremento de sueldo del sector judicial, de las jubilaciones y pensiones, pero aseguró que no era posible aplicar aumentos en todos los sectores pues "el país no dispone en estos momentos de los recursos necesarios".8
Cabe preguntarse frente a esta orientación ¿Qué diferencia hay entre estas declaraciones y las que tienen funcionarios de los gobiernos capitalistas que padecemos en la Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia, Venezuela, etc.? Es que hoy en Cuba vemos cómo, en contraposición a los planteos del Che, el gobierno vuelve a la carga con la propuesta de resolver los problemas del país con “las armas melladas del capitalismo”.
Y hoy en Cuba hay más medidas que tienden hacia la “apertura” (o “perestroika”, en ruso). Desde altos puestos vuelven a la carga planteando que el transporte adopte la forma de cooperativas autónomas del estado, que el cuentapropismo se legalice para cubrir las deficiencias que el estado no puede brindar en materia de servicios, que se repartan tierras estatales para ser producidas en forma privada por pequeños campesinos... Incluso se propone el aumento de precios a los productos de consumo, para estimular a los productores, y, para resolver el problema del transporte, se vuelven a dar licencias a los taxistas privados que antes habían sido censurados por lucrar con la necesidad de la gente de viajar y por robar combustible del estado. Así, tras reconocer el problema de una economía paralela que funciona al margen de lo legal, la reacción estatal es la tendencia a la liberalización económica y el impulso al aumento de la producción, por medio de la competencia, las diferencias salariales y el desarrollo de empresas privadas.
La “respuesta” que hoy propone dar la primera línea del estado cubano a los problemas de Cuba, tiene ya demasiados antecedentes como para no poder prever sus nefastas consecuencias. Conocemos perfectamente en qué terminó la experiencia de la URSS, donde la “perestroika”, que culminó en la restauración del capitalismo, se hizo en nombre de la profundización y actualización del socialismo y la revolución. Desde fines de los ’80, el líder del PCUS y el estado soviético, Mijail Gorvachov, arremetió contra el “igualitarismo” impulsando el pago a los trabajadores según su productividad, defendió la autonomía y competencia entre las empresas, estimuló la acumulación privada, desestructuró conquistas fundamentales de la clase obrera rusa con respecto a sus condiciones de trabajo, etc. Ese veloz proceso realizado en nombre de un socialismo actualizado a su época (hoy le dirían “socialismo del siglo XXI”) llevó a una drástica reestructuración de la sociedad, que le permitió a los altos mandos burocráticos blanquear sus enormes fortunas levantadas en base a sus antiguos privilegios, transformándose en grandes capitalistas. Así, al mejor estilo de los funcionarios de los estados capitalistas, echaron la culpa a los trabajadores por su supuesta “improductividad” para hacer caer sobre ellos todas las penurias venideras (la depresión salarial, la flexibilización, la creciente desigualdad, la desocupación), y se constituyeron definitivamente como una nueva clase capitalista. Y lo mismo sucedió en los demás países de la restauración. En Europa del Este, el tan criticado “desabastecimiento” terminó... a costa del empobrecimiento y la desocupación que impedirían luego a los trabajadores comprar la infinidad de productos que entraron con el capitalismo. El modelo chino de incorporación al capitalismo bajo el control de un partido único, el PCCh (modelo que supo ser aplaudido por el actual jefe del estado cubano, Raúl Castro), es uno de los ejemplos más nefastos de constante represión contra la clase obrera y de grosera superexplotación (lo que les permite ser “competitivos” a nivel mundial gracias a los “bajos costos” de la mano de obra). Todos estos modelos fueron planteados como “la continuidad en el camino del socialismo”. Todos plantearon “fórmulas”, “soluciones” a problemas reales, pero siempre con una orientación clara, la capitulación, la vuelta al capitalismo.
Este extenso proceso de restauración capitalista en los distintos países socialistas, no es algo “natural”, como pretenden hacer creer los apologistas del capitalismo, sino el resultado de una derrota de los trabajadores y sus organizaciones en la lucha de clases frente al imperio del capital. Una derrota parcial absolutamente previsible (y así lo hicieron Lenin, Trotsky y también Guevara) si no se extendía la revolución socialista a lo largo del planeta y si no se profundizaban, a su vez, las revoluciones ya triunfantes en un combate a muerte contra la desigualdad, la burocratización y demás lastres stalinistas. Una derrota parcial de donde la vanguardia de la clase obrera saca sus balances para seguir en su lucha hasta el final contra el capitalismo.
Es importante recordar que los mismos trabajadores que sufrieron en carne propia la contrarrevolución stalinista soportando una penosa vida bajo la represión y la creciente desigualdad del llamado “socialismo real”, fueron nueva y aún más gravemente golpeados con la llegada del capitalismo que los dejó indefensos ante la voracidad del mercado, imponiendo la miseria, la desocupación, la desnutrición, etc. Es una experiencia que no puede menospreciarse cuando, como lo hicieron en su momento en China o en la URSS, la dirigencia cubana está hablando ahora de “reformas estructurales” que abrirían el paso a relaciones de tipo capitalista (más o menos “controladas”, tal vez como en el modelo chino), lo que significaría un durísimo golpe para la clase obrera. Para los trabajadores cubanos en primer lugar, porque verían desmoronarse las conquistas obtenidas en tantos años de sacrificio revolucionario, y para el conjunto de los trabajadores y pobres del mundo que encuentran en Cuba y su historia de lucha contra el capitalismo una referencia para su combate diario por la revolución.
Un balance serio y crítico de estas experiencias pasadas y presentes obliga a reconocer y valorar la importancia de una corriente marxista revolucionaria que luchó por todos los medios y hasta el final por extender y profundizar la revolución socialista. Lenin, Trotsky y Guevara pueden, de alguna forma, sintetizar esta corriente que supo nutrirse de numerosos combatientes revolucionarios sostenedores del internacionalismo, la independencia de la clase obrera y la intransigencia en la batalla contra el capitalismo.
Y este rescate histórico es tanto más importante cuando las posiciones de los más grandes revolucionarios han sido tantas veces parcializadas o directamente tergiversadas, para mantener posiciones que no apuestan a la continuidad y profundización de la revolución socialista.
Así, al Che Guevara, el más consecuente y ejemplar combatiente por la revolución socialista en Cuba, se lo intenta mostrar muchas veces como a un romántico abstraído de sus claras posiciones marxistas y de su intransigencia en la pelea contra la burguesía. Y se ocultan sus transparentes planteamientos de combate, internacionalistas, antiburocráticos y clasistas que lo llevaron a enfrentarse con la URSS y China, y a separarse de la dirección cubana para seguir la lucha en otras partes del mundo.
Ni que hablar entonces de Trotsky, quien aún hoy pretende ser ignorado y despreciado por numerosos activistas y dirigentes (incluida la primera línea cubana9), luego de que la historia le ha dado cien veces la razón, demostrando la claridad y justeza de sus pronósticos sobre la burocratización y la restauración capitalista. A la luz de los hechos, cobran aún más valor sus críticas a las políticas contrarrevolucionarias del stalinismo como el “socialismo en un solo país”, el “frente popular”, la “revolución por etapas”, o su denuncia sobre la persecución de la izquierda bolchevique (que llevó al exterminio de todo el partido por parte de Stalin, incluyendo el asesinato de Trotsky por un agente soviético en México).
Incluso Lenin, suele ser hoy ninguneado o tergiversado, pues se recuerda de él lo anecdótico, pero se olvidan los criterios más básicos de su doctrina, como es la necesidad de construir un partido revolucionario de la clase obrera para combatir a muerte a la burguesía, hasta la toma del poder y la instauración de un gobierno de los trabajadores que enfrente la resistencia de los capitalistas y garantice la expropiación y socialización de los medios de producción. Sin embargo en su lugar (¡y en su nombre!), se promueven hoy reformas pacíficas y fórmulas de adaptación al capitalismo como lo expresa la idea del “socialismo del siglo XXI”, que es apoyado abiertamente por la dirección cubana y es señalado como el nuevo camino revolucionario, en un nuevo adelanto de que se está pensando en un “socialismo” que permite (y defiende) la propiedad privada, la explotación, y demás miserias capitalistas.
En definitiva, a la luz de las experiencias históricas y con las herramientas que nos ha legado el marxismo, se hace imperioso hacer hoy mismo un balance sobre la situación de Cuba y su futuro. No hablamos de dar “consejos” sobre algo que, en definitiva, definirá el pueblo cubano, sino de la toma de partido sobre cómo y hacia dónde deberemos seguir la larga y dura lucha que tiene la clase obrera por delante para liberarse definitivamente de las cadenas del capitalismo.
La diaria tragedia del capitalismo nos sigue recordando que el socialismo es la única salida que tienen los trabajadores para su liberación. La enorme cantidad de experiencias reformistas que han mostrado su inviabilidad nos remarcan, a su vez, que la revolución es el único camino para alcanzarlo. Por eso, la consigna sigue siendo, como decía el Che: “No hay más cambios que hacer, o revolución socialista, o caricatura de revolución”

NOTAS:
1) Mediante la Enmienda Platt el gobierno de EEUU se reservaba el derecho de intervenir militarmente para mantener el control sobre Cuba. En su texto se deja asentado: “...que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervenir (militarmente) para la conservación de la Independencia cubana...”(art. 3); “Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba, durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos....”(art. 4); “Que para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la Independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados...”(art. 7); etc.
2) Algunas de las principales medidas tomadas son: el 17 de mayo de 1959 se firma una Ley de Reforma Agraria, expropiando los latifundios de los terratenientes y distribuyéndolos en cooperativas y granjas. El 13 de octubre de 1960 el Gobierno Revolucionario dicta la Ley 890 que dictamina la ...” nacionalización mediante la expropiación forzosa (sin indemnización) de todas las empresas industriales y comerciales, así como las fábricas, almacenes, depósitos y demás bienes y derechos integrantes de las mismas”. Y la Ley 891 donde “Se declara pública la función bancaria”.
3) Guevara, Ernesto: “Contra el burocratismo”.
4) Como ejemplo podemos recordar un discurso de Fidel Castro en abril de 1965 publicado en la revista Bohemia en esos días: “¿No es justo que demos un premio especial a estos trabajadores que han cortado más de 100.000 arrobas? [...] Soy partidario de ofrecerles para que elijan una de las cosas que desean. ¿Quieren muebles para la casa? ¡Pues bien, muebles para la casa! ¿Nevera, televisor y tantas otras cosas? ¡Pues bien, que reciban por el momento alguna cosa como premio! No se trata de un premio esencialmente material, sino de un premio moral, porque estamos seguros de que así será interpretado por los obreros”.
5) Guevara, Ernesto, “Apuntes críticos a la economía política”.
6) Guevara, Ernesto, “Apuntes críticos a la economía política”.
7) Guevara, Ernesto, ”El socialismo y el hombre en Cuba”.
8) Clarín, Jueves 12 de Junio de 2008.
9) Una honrosa excepción es la militante cubana Celia Hart, que defendió posiciones no aceptadas por la primera plana del PC Cubano, incluyendo una revalorización de la obra y práctica del Che Guevara, un importante rescate del legado de Trotsky al que contrastaba con la actual burocracia cubana, una defensa de la lucha armada y en particular de las FARC en Colombia, etc. Esta dirigente, que había sido expulsada del PC Cubano por sus planteos de izquierda y su explícita reivindicación de Trotsky, murió recientemente en un accidente automovilístico junto a su hermano en Cuba, el 7 de septiembre de este año.