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La política oficial para garantizar la gobernabilidad


El “modelo” económico está mostrando varios de sus aspectos más antipopulares, ante lo cual el gobierno prepara una campaña política para intentar mantener el consenso.

Al ser un modelo agrodependiente y extractivista, que defiende a los grandes grupos económicos en su extensión del sembradío de soja y a los proyectos de la megaminería a cielo abierto, está dando lugar a una serie de conflictos y procesos de resistencia que incluyen luchas por el derecho a la tierra y la movilización antiminera.
Al mismo tiempo, en un contexto de crisis mundial y con el achicamiento de su caja, el gobierno no ha dudado en avanzar contra el pueblo trabajador por medio del ajuste, con aumentos de transportes, de servicios públicos, techo salarial en las paritarias, despidos y ajuste contra trabajadores del estado, etc. Las luchas contra los despidos, contra el ajuste en algunas provincias, o contra el aumento de transportes, señalan también la posibilidad de un escenario conflictivo que enfrente la política de los  gobiernos.
Ante esto, el kirchnerismo, como máximo responsable político nacional, prepara una nueva embestida política que le permita sostener el consenso alcanzado en amplios sectores del país.
Para eso hace cosas como asignarle a medidas económicas como el aumento del 17,6% en la jubilación mínima, una magnitud que no tiene proporción con su lugar en la economía real de la clase trabajadora (cuyos ingresos están golpeados por el ajuste y la inflación).
Esta política es acompañada, además, por una táctica política de desentendimiento, según la cual, el gobierno nacional, máximo responsable de la política del país y jefe del partido de gobierno al cual adscriben y se subordinan el grueso de los funcionarios menores (ministros, gobernadores, intendentes, senadores, diputados, etc.), le suelta la mano sistemáticamente a aquellos que quedan más expuestos por sostener consecuentemente la política y el modelo kirchnerista. Así, el kirchnerismo se da el lujo de diferenciarse de su gobernador riojano, por la minería, o de su gobernador santacruceño, luego de la grosera represión.
Pero además, y por sobre todas las cosas, el gobierno nacional se lanza en campañas políticas que, aunque no definen ni mejoran estructuralmente las condiciones de vida del pueblo trabajador, cuentan con una carga simbólica que le permite seguir presentándose con una fachada “popular”.
Así por ejemplo, el mismo kirchnerismo que defiende a la Barrick Gold y al empresariado de todo pelaje, el mismo que le ha renovado a las petroleras concesiones escandalosas por decenas de años, está ahora desplegando una campaña relacionada con la industria nacional del petróleo que, aunque no tiene ninguna propuesta concreta de avanzar sobre los grandes grupos económicos (lo que implicaría definiciones sobre la necesaria expropiación de las petroleras privatizadas), se propone aglutinar a amplios sectores alrededor de concepciones vagas como la “defensa de lo nuestro”.
Algo muy similar sucede con la política en relación a Malvinas, donde el gobierno, aún sin pretensiones de ir más allá y sabiendo que no hay tampoco con qué hacerlo, sostiene un discurso algo confrontativo con Inglaterra, para aglutinar a amplios sectores atrás de un reclamo absolutamente genuino, pero que no tiene ninguna perspectiva práctica.
Campañas como ésas se repiten, para tratar de transformarse en el eje de la política. Algunas tienen un efecto positivo, aunque para nada definitorio de mejoras estructurales o de fondo. Otras apenas y son discursos sin ninguna base material. Y otras a veces son incluso la base de nuevas avanzadas empresariales y gubernamentales, como han denunciado varias organizaciones campesinas en relación con la ley de tierras. Así, medidas como la difusión por el canal público del Turismo Carretera, el anuncio de que se controlaran las ganancias de los altos ejecutivos de empresas petroleras, o la renuncia de algunos funcionarios (millonarios, por cierto) a los subsidios de los servicios públicos, cumplen un papel político fundamental. Su rol es el de sostener la gobernabilidad, el consenso social, en tiempos en que las patronales y el gobierno nos exigen ajustar el cinturón.

Editorial: El gobierno, cada día más cerca de los empresarios


En la actualidad, los problemas de caja del gobierno nacional, en el marco de la crisis mundial y su probable desenvolvimiento en América Latina y Argentina, plantean un escenario de dificultades económicas para el país. Esto sucede en un momento en que el gobierno, fortalecido tras el proceso electoral, tiene mayor resto para tomar medidas importantes.
Si, como dicen sus seguidores, éste fuera un gobierno “popular”, sería un momento crucial para avanzar sobre los privilegios de los sectores más poderosos del país, nucleados en las cámaras empresarias, y de defender, a su vez, a los trabajadores y sus herramientas de organización y lucha que son vitales para afrontar los intentos de ajuste patronal.
Sin embargo, una vez más, el camino del gobierno es exactamente el contrario. Ante el temor del desarrollo de la crisis y, con ella, del conflicto social, la presidenta no ha perdido oportunidad de acercarse, aún más, a las cámaras empresarias y mostrarles su absoluta comunidad de intereses.
La misma presidenta que fue a la Cumbre del G-20 a decir que había que tomar medidas para salvar al capitalismo, “porque no hacerlo terminará por golpear las bases de la democracia y libertad que sustenta la actividad empresarial”, aparece cada vez más en nuestro país, apuntalando a la dirigencia de la UIA o de la Cámara de la Construcción, por ejemplo.
Así, cuando en el encuentro de la UIA el empresariado aplaudió la orientación del gobierno por ir “en la dirección correcta” y le pidió más apoyo en el marco de la crisis actual, considerando que la economía “está sufriendo tensiones que derivan en una suba de los costos industriales”, la respuesta de la primera mandataria fue contundente. Declaró públicamente que piensa evitar el avance de cualquier proyecto de redistribución de ganancias, incluso en el caso de las empresas multimillonarias que estaban incluidas en el proyecto oportunista de la CGT. Ahí, Cristina Fernández dejó tranquilos a los empresarios, que, conscientes de su actual superioridad de fuerzas frente a los trabajadores, festejaron las palabras de la presidenta: “eso es algo que tienen que decidir los trabajadores y los empresarios. No es algo que pueda imponer por la fuerza el Estado a través del Parlamento”.
De forma muy similar, una semana más tarde, Cristina Fernandez se mostró junto a la Cámara de la Construcción, para decirle a los empresarios, otra vez a viva voz, que les garantizará mejores condiciones de explotación y reformará para eso la ley de ART, para evitar lo que llamó “la industria de juicio”, es decir, reducir todavía más la posibilidad de demandar judicialmente a los empresarios cuando éstos son responsables por muertes o accidentes de trabajo. Básicamente, más flexibilización laboral.
La otra cara de la misma política pro-patronal consiste en restringir aún más la movilización que desarrollan los trabajadores para enfrentar las avanzadas patronales y gubernamentales. Como si no fuera suficiente con la avanzada persecutoria y represiva actual (que incluye asesinatos como el de Cristian Ferreyra, cinco presos políticos, miles de procesados y perseguidos por su actividad política y gremial), el gobierno no para de atacar las prácticas de organización y lucha existentes y de advertir que deben cesar.
Por eso, en el marco de la interna peronista que incluye los roces con el dirigente de la CGT, Hugo Moyano, y las disputas con otros líderes sindicales, en los últimos tiempos el gobierno ha salido a desprestigiar toda expresión de actividad sindical. Así lo vimos en los ataques a los trabajadores del Subte, cuando se les intentaba sumar nuevas tareas (sin modificar las condiciones ni la remuneración), lo vimos recientemente con los gremios de aeronáuticos con el discurso público en contra del paro, y más en general con su planteo contra la organización sindical y de lucha sintetizado en una reciente afirmación: “Les pido a los que protesten, que lo hagan en la vereda o en la plaza”. Es decir, no más paros, no más movilizaciones, no más cortes.
En definitiva, para afrontar nuevos problemas económicos, el gobierno kirchnerista ha definido claramente, una vez más, su posición junto a los capitalistas y contra el pueblo trabajador; y para explicitar ese posicionamiento no para de recorrer cámaras y encuentros empresarios, y de atacar la organización de los trabajadores.
Por nuestra parte, a los trabajadores no nos queda más que organizarnos en forma independiente para enfrentar a las patronales, al gobierno y a la burocracia, fortaleciendo los ámbitos unitarios de lucha contra la persecución al activismo sindical y político, y profundizando la pelea para una verdadera transformación en beneficio del conjunto de la clase trabajadora.

Tarifazo y techo salarial


Contra el bolsillo de los trabajadores

Después de las elecciones, el kirchnerismo avanza contra el bolsillo de los trabajadores con los aumentos de tarifas y la sostenida suba de los precios de los artículos de la canasta básica, mientras impulsa el establecimiento de un “techo” para los aumentos salariales a discutir en las próximas paritarias.

Amado Boudou y Julio De Vido fueron los encargados de anunciar, en una primera instancia, el plan de progresiva eliminación de subsidios a los servicios públicos. Como todo en los últimos años, la medida fue presentada en clave “progre”, asegurando que las tarifas sólo subirán para las empresas y en los barrios más exclusivos de la ciudad de Buenos Aires y que la renuncia a los subsidios podrá hacerse de forma voluntaria. Sin embargo, lo cierto es que la eliminación de los subsidios repercutirá, más tarde o más temprano, en los bolsillos de la clase trabajadora.
Por un lado, porque el kirchnerismo planea ir generalizando el aumento de tarifas para poder reducir cada vez más las millonarias partidas que destina a subsidios. Por otra parte, porque las empresas seguirán trasladando a los precios los aumentos en sus costos, como los que puedan generar los incrementos en las tarifas de la luz o el gas, por lo que los aumentos terminarán repercutiendo, por doble vía, sobre el pueblo trabajador.
Es preciso recordar que el sistema de subsidios que utilizó el kirchnerismo, lejos de aportar a la equidad, fue durante años un excelente negociado para las empresas privatizadas de servicios, cuyas ganancias eran financiadas directamente por el estado (por prestar servicios muchas veces lamentables, sin realizar ningún tipo de inversión) y para los funcionarios gubernamentales, que realizaron millonarios negociados, como el caso de Ricardo Jaime. Pero lo que planea el gobierno ahora, lejos de corregir el sistema para dejar de subsidiar a las patronales y a las clases altas, es avanzar progresivamente con un recorte generalizado de subsidios, lo que indudablemente terminará impactando, como señaláramos, sobre el pueblo trabajador, que deberá pagar más por los servicios de luz, agua y gas.
También se han aprobado, para los próximos meses, subas en los distintos impuestos. Así será tanto en la cuidad de Buenos Aires (ABL), como en los municipios del conurbano bonaerense, y en la mayor parte de las provincias del país, como Santa Fe y Córdoba(1).
Por otra parte, también después de las elecciones, el gobierno kirchnerista autorizó subas en los precios de centenares de productos de la canasta básica. “A partir del 26 de octubre, un total de 33 compañías de alimentos, bebidas, artículos de tocador y limpieza obtuvieron la aprobación oficial para concretar un nuevo aumento de precios en centenares de productos y marcas (…) La mayoría de las empresas beneficiadas con tres subas durante 2011 son grandes multinacionales como Bimbo, Coca-Cola, Quilmes y Aguas Danone, aunque en la lista también se coló una compañía de capitales nacionales como la fabricante de artículos de limpieza Queruclor, dueña de la marca Querubín”.(2) Estos aumentos, demuestran como seguirán subiendo a paso firme, con aval kirchnerista, los precios en los productos de la canasta básica.
En los planes del gobierno de Cristina Fernández, estos aumentos de tarifas y de precios (en un marco de inflación que ha sido sostenida en los últimos años y que en este momento se estima en, al menos, el 25% anual) se complementan con el objetivo de establecer una pauta para las negociaciones paritarias del año próximo, según la cual los salarios no deberían aumentar más que el 18 o el 20%. Más allá de las tensiones actuales con Moyano, el kirchnerismo espera contar con la burocracia sindical para cerrar la mayor parte de los acuerdos. En definitiva, todo hace preveer que el gobierno buscará, con más firmeza aún que en años anteriores, que en 2012 se firmen acuerdos paritarios por debajo de los niveles reales de inflación.
Desde las cámaras patronales y los distintos voceros de los capitalistas, si bien algunos siguen planteando ciertas críticas como la necesidad del normalizar el INDEC, se saludaron ampliamente las medidas anunciadas.(2) “Sumado todo, parece una posición bastante ortodoxa, semejante a lo que hubiéramos recomendado con el Fondo años atrás. Es parte de lo que yo llamaría un programa clásico del Fondo” (3), dijo Claudio Loser, ex funcionario del FMI, sobre las medidas anunciadas por el gobierno.
De esta forma, habiendo pasado ya las elecciones, de las cuales Cristina Fernández salió fortalecida, el kirchnerismo se prepara para avanzar con un mayor ajuste sobre el pueblo trabajador.

…
NOTAS:
1) En la provincia de Buenos Aires, los impuestos subirán, en promedio, el 32,5%. En Córdoba, el impuesto inmobiliario aumentará el 20% y la luz el 28%. En Santa Fe, el incremento aprobado a Aguas Santafecinas asciende al 138%.
2) La Nación, 28/11/11
2) Ver recuadro
3) Clarín, 18/11/11

Un nuevo golpe contra la educación pública


El gobierno porteño, desconociendo la voluntad de los trabajadores de la educación, y sobornos, represión patoteril y policial mediante, ha asestado un nuevo golpe a la educación pública, al aprobar la eliminación de las Juntas de Clasificación docentes.

En la madrugada del pasado viernes 2 de diciembre, “entre gallos y medianoche” y entre sobornos, balas de goma y gases lacrimógenos, la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, aprobó una ley que golpea profundamente a la escuela pública. Se trata de la ley que crea la Comisión de Registro y Evaluación de Antecedentes Profesionales (Coreap), formada íntegramente por miembros designados por el gobierno de turno, que anula el rol de garantes de la transparencia del ingreso y de la carrera docente de las Juntas de Clasificación, formadas por representantes docentes elegidos cada dos años (mayoría) y representantes del ministerio de educación (minoría).

Control y disciplinamiento
Con la creación de esta comisión, que comenzará a funcionar en 2013, todo lo que concierne a la designación y al ascenso de los docentes, en lugar de caracterizarse por la transparencia y la democracia que garantizaban las Juntas, se limita a las decisiones unilaterales del gobierno de turno, hoy el del Pro. Ahora, las Juntas pierden todo su poder y además de reducirse de 15 a 7, modificando su composición a favor del gobierno, se limitan a cumplir un rol de “contralor”.
Con la implementación de esta nueva legislación, el gobierno busca instrumentar el control y el disciplinamiento de los trabajadores de la educación, priorizando la selección de aquellos docentes que se ajusten a sus lineamientos políticos y castigando a los que no lo hagan. Esta ley trasciende al gobierno macrista actual, porque instaura una dependencia directa entre la designación de docentes por parte del gobierno de turno, coartando el carácter democrático de la educación pública y profundizando criterios privatizadores, tales como la selección del personal, no tanto por las aptitudes, capacidades y experiencia de los maestros, sino por la ideología. Es necesario recordar aquí que, desde que existen las Juntas de Clasificación, sólo habían sido derogadas por la dictadura militar.
Además, la promulgación de esta ley implica la modificación de 24 artículos del Estatuto Docente, que rige lo concerniente a las tareas y a los salarios. Así, no sólo la ley votada en la madrugada del viernes cambia los criterios públicos del ingreso y el ascenso en la docencia, hacia una orientación de control y disciplinamiento, sino que, además, se ha constituido en una avanzada gravísima, unilateral e inconsulta, sobre el Estatuto, una conquista esencial de los trabajadores de la educación.

Así es la democracia
Las Juntas de Clasificación fueron defendidas por la casi totalidad de los docentes porteños. Esto se puso de manifiesto en los paros masivos y en las crecientes movilizaciones de los últimos meses. Además, se evidenció en la masiva elección de Juntas en la que el 80% de los trabajadores de la educación respaldaron su permanencia.
El Estatuto del Docente, hace más de veinte años fue debatido y elaborado con la participación de todos los docentes, en jornadas institucionales en todas las escuelas. Es la bandera que nadie pone en cuestión entre los docentes. Para los maestros, el Estatuto no se toca.
Pues bien, la “Ley de Democratización, Transparencia y Modernización de las Juntas de Clasificación” que se votó es, justamente, antidemocrática y poco y nada transparente. El gobierno y los legisladores (Pro, Coalición Cívica) desconocieron las voluntades y las distintas expresiones de los docentes en lo que respecta a las Juntas de Clasificación y al Estatuto del Docente.
Primero, mandaron las patotas de Macri para garantizar la protección y el ingreso al edificio de los legisladores adictos, golpeando y amedrentando a los maestros. Las negociaciones previas a la sesión definitiva, se caracterizaron por las compras de votos con cargos para los legisladores salientes (puestos en el Banco Ciudad, entre tantos otros sobornos). Después, vino la represión directa con balas de goma y gases lacrimógenos tirados desde la legislatura y un extensivo operativo policial en las inmediaciones del edificio.
Es decir que 30 legisladores, amparados en la represión y accediendo a todo tipo de prebendas, violentaron,  “en democracia”, la voluntad y la elección de miles de trabajadores de la educación.

Así actuó la burocracia
Es claro que el reciente conflicto docente cobró alcance nacional. La solidaridad con la lucha de los trabajadores de la educación se hizo llegar desde varios puntos del país y hasta el ministro nacional, Sileoni, se manifestó diciendo que los docentes porteños no tenían necesidad de hacer paros, es decir, apoyando la iniciativa del macrismo. Sin embargo, la CTERA se caracterizó por ser la gran ausente. Así como ayer aisló a los docentes de Santa Cruz, hoy hace lo mismo con los porteños, transformándose en cómplice de esta avanzada contra la escuela pública.
La conducción del sindicato mayoritario y de mayor influencia de la ciudad, la UTE, se dedicó a contener un movimiento que, en un determinado momento del conflicto, no pudo controlar y se encauzó, fugazmente, en algunas iniciativas de autoconvocatoria o de Ademys. Entonces, la conducción de la UTE apostó a la negociación y no a la lucha, llegando al punto de proponer la reducción de la cantidad de juntas y a boicotear cualquier intento de profundización del conflicto, ya sea con la nacionalización o con la adopción de un plan de lucha concreto que implique paros escalonados, y a reducir los ámbitos de participación al no convocar a plenario de delegados durante los días clave y decisivos.
En el momento de la votación, los docentes porteños se encontraron desarmados para proseguir la lucha, ya que el inicio de la represión bastó para dispersar al grueso de la movilización y encontró desorganizados a los sectores que estaban dispuestos a resistir. Más allá del paro en repudio a la represión convocado por Ademys, no existió ningún plan de acción puntual, ninguna medida de fuerza para los días por venir.
Esta situación nos pone por delante la tarea de reorganizar las fuerzas que se expusieron en la importante lucha protagonizada por los trabajadores de la educación, de avanzar en la disputa contra la burocracia sindical y de balancear la pelea dada en las calles para dar un paso más en organización, para que las luchas por venir nos encuentren en mejores condiciones.

Editorial. El kirchnerismo: su rol y sus métodos


“Yo nunca fui revolucionaria, siempre fui peronista” aclaraba no hace mucho la presidenta que, ahora, en la cumbre del G-20, volvió a insistir con su defensa de un “capitalismo en serio”. Ni los dichos de Cristina Fernández, ni sus actos, ni el apoyo abierto de la plana mayor de toda la burguesía argentina dejan lugar a dudas sobre el carácter capitalista y propatronal del gobierno reelecto el pasado 23 de octubre.
La misma Asociación Empresaria Argentina (AEA) expresó en un comunicado: “AEA celebra la plena expresión de la voluntad popular ejercida en esta jornada, que constituye un nuevo paso en la consolidación de la democracia en la Argentina (…) La Asociación Empresaria Argentina felicitó anoche a Cristina Fernández de Kirchner, presidenta electa de los argentinos, por su rotundo triunfo y le desea el mayor de los éxitos en su gestión”.
Pero este “modelo” de gobierno antiobrero, no es el más desfachatado del neoliberalismo, que, para defender los intereses de los grandes capitalistas gritaba a cuatro vientos que hay que abrir los mercados y profundizar el ajuste. El kirchnerismo, vino a salvar las instituciones de la democracia capitalista después de la profunda crisis de 2001 y, hoy mismo, en la cumbre del G-20, está dando consejos al mundo para salvar al capitalismo, tratando de anticiparse al crecimiento de las luchas populares que lo enfrentan.
Es un gobierno que expresa a una burguesía cautelosa ante el conflicto social, que considera imprescindible poder controlar a los trabajadores y al pueblo pobre. Para eso ha impulsado toda una serie de mecanismos que, sin poner en riesgo las enormes ganancias empresarias (e intentando salvaguardarlas a mediano plazo), busca contener la crítica contra las injusticias que genera el capitalismo y encauzarla por carrilles institucionalizados, intentando anular cualquier perspectiva de ruptura con las condiciones existentes.
Así, el gobierno apela a la demagogia; la concesión de demandas sociales mínimas (como la asignación universal); la promoción de políticas que no afectan en general a los capitalistas pero que se presentan como renovadoras particularmente para todo un público “progresista” (como la ley de medios); la cooptación de referentes históricos (como Madres) y la integración de burócratas de perfil “progre” (como la CTA de Yasky); o a una política represiva que, al tiempo que ataca directamente al activismo y amplía la militarización y la represión preventiva, se autodefine “defensora de los DDHH” y lleva a juicio a algunos de los milicos genocidas.
En este marco, el de un proyecto propatronal que intenta apropiarse de muchas banderas populares y toma medidas menores para sostener las condiciones estructurales de explotación y desigualdad, el gobierno kirchnerista busca disputar un lugar en los ámbitos de organización de los trabajadores y del pueblo. Así, es característica de la etapa actual la formación de agrupamientos oficialistas en espacios de actividad sindical, de desocupados, de DDHH, estudiantiles, culturales, etc., y su intento de subordinar a la política oficial estas actividades autónomas y con tradición de lucha.
Ahora, esta práctica política, sostenida en un contexto de crecimiento económico por el alto precio de las materias primas de exportación como la soja, ha contribuido a la consolidación del gobierno de Cristina Fernández, ratificado en las últimas elecciones. Y aprovechando ese impulso político el kirchnerismo se propone avanzar en su defensa patronal por la doble vía de la pauperización y de la represión al activismo.
Entre sus planes más inmediatos se encuentran el aumento de las tarifas de los servicios públicos y el establecimiento de techos salariales más bajos que el promedio de los últimos años, lo que repercutirá, indudablemente, de forma negativa sobre los bolsillos de los trabajadores. Medidas orientadas a hacer frente a las dificultades económicas que enfrenta la gestión kirchnerista y al impacto de la crisis económica internacional en nuestro país.
A su vez, el gobierno decidió aprovechar este momento de relativa fortaleza para avanzar en su política de persecución y atacar duramente al activismo sindical independiente y los delegados antiburocráticos. Sólo en el último mes se produjeron la detención del delegado ferroviario Rubén Sobrero, se repitieron los ataques contra los trabajadores de la línea 60, incluyendo el ingreso a la casa del delegado Farella, se produjo un nuevo ataque de la patota de la burocracia contra los trabajadores de la construcción organizados en el SITRAIC y se reprimió a los trabajadores del ferrocarril Belgrano Norte en el marco de una jornada de lucha.
Así, en este contexto, el activismo independiente, tiene planteada una amplia tarea de organización, lucha y esclarecimiento. Por una parte, es clara la importancia y la urgencia de avanzar en la organización independiente de la clase trabajadora desde las bases y desde cada lugar de trabajo, para enfrentar los planes de las patronales y el gobierno. Esto nos plantea, ante la profundización de la represión y los ataques al activismo obrero independiente, la organización y lucha unitaria de todas las comisiones internas, cuerpos de delegados, agrupaciones y corrientes sindicales antiburocráticas, así como de las organizaciones políticas, sociales y antirrepresivas, considerando que la defensa de compañeros perseguidos o atacados por la burocracia y el gobierno debe ser una tarea de primer orden.
Y a su vez, en este marco, es fundamental sostener una paciente y sistemática tarea de esclarecimiento político, demostrando el rol del gobierno de Cristina Fernández como defensor de un sistema de explotación y su clase dominante, más allá de medidas que no le hacen mella en lo fundamental, señalando la necesidad de forjar una perspectiva de transformación real y profunda, a la que sólo podremos llegar por medio de la revolución.

Los empresarios, con el modelo kirchnerista


Los empresarios son los grandes ganadores del modelo kirchnerista. Por eso apoyaron mayoritariamente a Cristina Fernández en las elecciones y salieron a elogiar al gobierno después del triunfo y a pedir por la continuidad de las medidas que garantizan sus millonarias ganancias.

En los años de gobierno kirchnerista los empresarios han ampliado notablemente sus márgenes de ganancia. No sorprende, por lo tanto, que salvo contadas excepciones la clase capitalista local se haya volcado mayoritariamente en defensa del modelo kirchnerista.
El 47° Coloquio de Idea, que reúne a los principales empresarios del país con la dirigencia política, se realizó en Mar del Plata previo a las elecciones y fue demostrativo de esta situación. Si alguna vez, como en el marco del conflicto del kirchnerismo con los empresarios rurales, este encuentro patronal tuvo un tinte crítico hacia las políticas del gobierno, en esta oportunidad, si bien participaron los candidatos de la “oposición”, como De Narváez o Binner, fue expresión casi unánime de la aprobación del empresariado sobre la gestión de gobierno. Los motivos fundamentales los sintetizó el presidente de Pirelli, Tronchetti Provera, tras reunirse con Cristina Fernández cuando explicó que “la estrategia del grupo [Pirelli] es aumentar la presencia directa en mercados como Argentina que registran mayores índices de crecimiento y costos industriales competitivos”. “Costos industriales competitivos”, desde luego, no significa otra cosa que la posibilidad que brinda el gobierno kirchnerista de híperexplotar a los trabajadores (como sucede en Pirelli, con jornadas laborales de 12 horas y más), de pagar bajos salarios, de contratar trabajadores tercerizados, de pasar por encima de los convenios colectivos, y un largo etcétera de políticas proempresarias que han sido sostenidas por el kirchnerismo durante sus ocho años de gobierno.  
También continuaron durante el mes de octubre las reuniones del gobierno kirchnerista con las cámaras que representan al empresariado rural. Las declaraciones de la dirigencia patronal del campo son más que elocuentes sobre el vuelco que ha dado la relación entre ambos sectores: “El escenario actual no es el del 2008, cuando había una situación conflictiva entre el gobierno y el campo; hay que valorar la posibilidad de abrir un canal de diálogo”, aseguró el titular de Coninagro, Carlos Garetto, antes de recibir a Cristina Fernández. Por otra parte, Rubén Ferrero, parte de la nueva conducción de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) adelantó que “vamos a entablar con el nuevo gobierno otro diálogo, para que nuestras propuestas sean tenidas en cuenta para lograr el consenso”. Así, quienes hasta algunos meses atrás se encontraban distanciados argumentando representar modelos antagónicos de país (campo vs. industria, federalismo vs. centralismo), hoy se sientan a discutir y acercan posiciones, demostrando que sus diferencias, lejos de ser estratégicas, sólo pasan por disputas de números en torno al reparto de las ganancias de sus negocios.
Y tras las elecciones, una vez consumado el triunfo kirchnerista, los comunicados de apoyo al gobierno de las distintas entidades patronales no se hicieron esperar. “AEA expresa la voluntad del empresariado argentino de contribuir, como lo solicitara la presidenta, a la unión nacional y a aprovechar las grandes oportunidades”, sintetizó el documento firmado por la Asociación Empresaria Argentina, entidad que reúne a varios de los empresarios más poderosos del país.
Y por último, bien representativa de la relación que existe entre el kirchnerismo y el empresariado, fue la comitiva que acompañó a Cristina Fernández por Francia para participar del encuentro del G-20, ya en los primeros días de noviembre. Como si fueran ministros del gobierno, los empresarios siguieron y asesoraron permanentemente a la presidenta en cada reunión. De Mendiguren (presidente de la UIA), Betnaza (Techint), Funes de Rioja (vocero de las patronales de la alimentación) y Nicholson (Ledesma), fueron algunos de los empresarios que se subieron al avión para continuar haciendo negocios de la mano del kirchnerismo.  
Los empresarios han ganado fortunas en los ocho años del gobierno peronista de los Kirchner. Por eso, siguen apostando por la continuidad del modelo que hoy encabeza Cristina Fernández como la mejor alternativa de gobierno para defender sus intereses.

El kirchnerismo, por cuatro años más


Como se esperaba, Cristina Fernández se impuso en las elecciones y continuará al frente del gobierno por cuatro años más.

El pasado 23 de octubre, como se esperaba, el kirchnerismo se impuso en las elecciones con un amplio margen sobre las otras alternativas patronales, por lo que Cristina Fernández continuará al frente del gobierno en el próximo período. Varios fueron los pilares sobre los cuales se apoyó el kirchnerismo de cara a las pasadas elecciones.
Por un lado, como venimos señalando, contó con el apoyo casi en pleno de la clase capitalista y sus cámaras patronales, que aprueban en gran medida la gestión kirchnerista.
Por otra parte, el gobierno se aseguró el apoyo del grueso de la estructura punteril del PJ. En esta oportunidad se alinearon masivamente con Cristina Fernández los históricos caciques del conurbano, los gobernadores provinciales como el socio de la Barrick Gold, José Luis Gioja, y el asesino de los Qom, Gildo Insfrán, además de contar con aliados provinciales como Carlos Saúl Menem.
También contó con el apoyo de la burocracia sindical, tanto en la versión asesina y empresaria de la CGT de Moyano (que, más allá de sus últimos roces con el gobierno, no saca los pies del plato) y de Gerardo Martínez, como en la versión de Yasky, que junto a Maldonado, Wasiejko y Baradel, encabeza la pata oficialista de la CTA y se alinea de forma cada vez más incondicional con gobierno kirchnerista.
Pero, además de asegurarse el apoyo de todos estos enemigos del pueblo trabajador, que han sido ampliamente beneficiados en estos últimos años, el kirchnerismo se ha hecho fuerte con la construcción de un discurso popular y con la entrega de ciertas concesiones y medidas demagógicas, lo que, ante la ausencia de una alternativa visible para el pueblo trabajador que se proponga cambiar la realidad de fondo, le ha permitido a Cristina Fernández conseguir un apoyo muy superior al de las otras alternativas patronales.
Muy lejos quedó, por lo tanto, el rejunte “progre” de Binner (tan propatronal y represivo, como el kirchnerismo), donde el bando de la burocracia de la CTA encabezado por De Genaro y Lozano, y los ex kirchneristas de Libres del Sur, apostaron todas sus fichas. Y más lejos aún quedaron las listas del PJ no kirchnerista de Duhalde y Rodríguez Saá y la alianza entre la UCR de Alfonsín y De Narváez.
Las elecciones, una vez más, han cumplido su rol: legitimar a las instituciones y a los gobiernos capitalistas. Es por eso, que los comunicados de las entidades patronales como la UIA o AEA y las declaraciones de los partidos políticos del sistema, salieron a elogiar a coro esta nueva edición de lo que ellos llaman “la fiesta de la democracia”.
Y el kirchnerismo, por su puesto, ha salido fortalecido con el 54% de los votos obtenido, habiéndose impuesto en casi todas las provincias del país. Fortaleza que utilizará, como ya se evidencia claramente, para seguir gobernando en defensa de empresarios y reprimiendo y persiguiendo a los que no se conforman con las migajas que destina el gobierno y emprenden el camino de la organización y la lucha.

Punteros, asesinos y paladines de la corrupción, en las listas del kirchnerismo


El kirchnerismo busca presentarse a sí mismo como una variante “progresista” del PJ y como responsable de una supuesta “renovación” en la política nacional. Bien lejos de esta realidad, como es sabido, las listas del Frente para la Victoria kirchnerista estuvieron plagadas de punteros, asesinos y corruptos, un clásico del peronismo.

El gobierno nacional se viene esforzando para sostener su imagen como una fuerza “popular, nacional, progresista, y democrática”. Dicen que sus oponentes, la mayoría del mismo tronco peronista, o aliados de sus referentes, como Duhalde y Rodríguez Saá, son “la derecha”. Además, insisten en que han estimulado una supuesta “renovación” en la política argentina, dando paso a las nuevas generaciones. Sin embargo, basta con pegar un vistazo a los nombres de quienes ocuparán bancas y despachos a partir del 10 de diciembre de este año para desmentirlo.
En la provincia de Buenos Aires, fue electo diputado Mario Oporto, ladero de Juan Carlos Rousselot en Morón, en una de las intendencias más corruptas de la historia; subsecretario de Carlos Menem y funcionario de Ruckauf y, finalmente, funcionario de Scioli. Graciela Giannetassio, bien conocida por los docentes bonaerenses, en los ’70 fue funcionaria municipal en Florencio Varela; en los ’80 en Lomas de Zamora; con Menem fue diputada y, con Duhalde, ministra de educación provincial y nacional. José María Díaz Bancalari, senador menemista y espada kirchnerista, obtuvo su reelección, mientras debutará en la cámara Facundo Moyano, hijo del burócrata de la CGT y burócrata él mismo en el gremio de los peajes.
Ni hablar de los municipios, donde representaron al Frente para la Victoria, como candidatos triunfantes, personajes como Fernando Espinoza en La Matanza; Julio Pereyra en Florencio Varela o Raúl Othacehé en Merlo. Ninguno difiere mucho de otras variantes que obtuvieron triunfos aislados, como Vicente López, donde Jorge Macri, primo de Mauricio y candidato de Duhalde, le ganó al histórico Enrique “Japonés” García, o San Isidro, que prefirió al radical-peronista Gustavo Posse, que iba con Alfonsín y De Narváez.
En las gobernaciones, además del reelecto bonaerense Daniel Scioli, en Jujuy, Eduardo Fellner, reemplazará a su segundo, Walter Barrionuevo. En una especie de enroque, el ex gobernador llegará al congreso como senador, junto a Liliana Fellner, la hermana del nuevo gobernador que, recordemos, ya lo fue en 2003, cuando abrió la cuenta de asesinatos en la represión a movilizaciones del kirchnerismo, con el fusilamiento de José Luis Cuéllar frente a la comisaría de Libertador Gral. San Martín. Sergio Urribarri en Entre Ríos, el socio de la Barrick Gold, José Luis Gioja, en San Juan o Gildo Insfran, el formoseño fusilador de los Qom, fueron reelectos, todos con amplísimas mayorías en sus legislaturas. Poca diferencia hay con los puntanos Rodríguez Saá, que conservaron el dominio de San Luis.
En el senado nacional, representando al kirchnerismo, se sentarán codo con codo personajes como Aníbal Fernández y Carlos Menem, quien finalmente alcanzó su reelección como senador, gracias a su acuerdo con el Frente para la Victoria.
En definitiva, lejos de la pretendida “renovación” que dice estar implementando el kirchnerismo, salta a la vista por todos los ángulos como los mismos punteros, asesinos y corruptos que llevan décadas gobernando contra el pueblo trabajador son los que siguen, hoy día, al frente de la gestión peronista que encabeza Cristina Fernández.

Cristina Fernández y el G-20


Cristina Fernández encabezó la numerosa comitiva de funcionarios, empresarios y burócratas sindicales que viajaron a Francia para participar de diversas reuniones en el marco de la cumbre del G-20.

Con la crisis económica internacional como eje central de todos los debates, se desarrolló el encuentro del G-20, en la ciudad de Cannes, Francia. Hasta allí viajó la comitiva de funcionarios kirchneristas junto con un numeroso grupo de empresarios y burócratas sindicales. En la agenda de la presidenta y su comitiva, se destacaron las reuniones con empresarios extranjeros, las negociaciones para avanzar con el pago de la deuda externa, las intervenciones de Cristina Fernández sobre las alternativas para enfrentar la crisis económica, y la experiencia del modelo argentino, y un encuentro con el presidente de los EEUU, Barack Obama.

Seguir pagando la deuda y más negocios para las multinacionales
Uno de los temas que atravesó todas y cada una de las reuniones en Francia, fue el pago de la deuda con el Club de París, que supera los 6.500 millones de dólares. Éste es un eje central para el gobierno kirchnerista, que ha manifestado en reiteradas oportunidades su intención de cumplir con estos pagos con el objetivo de poder retornar al mercado de capitales (seguir tomando deuda) a tasas más bajas, favoreciendo de esta forma el acceso al crédito, medida reclamada, por lo tanto, a coro por el empresariado local.
Por otra parte, Cristina Fernández expuso en el foro empresario organizado previo al G-20, intentando seducir a los capitalistas sobre las ventajas de invertir en Argentina. Tema que también retomó en su reunión con Obama, dónde remarcó que EEUU es uno de los países con mayores negocios en nuestro país y señaló, entre otras cosas, la potencialidad del millonario negocio de la explotación de hidrocarburos. 

“Capitalismo en serio”
Desde luego, Cristina Fernández no se privó de intervenir y de opinar sobre las causas y las salidas posibles ante la crisis económica internacional. Como gusta hacer, elaboró un discurso para la tribuna, criticando al capitalismo financiero-especulativo (cuando ella misma realiza millonarios negocios, no precisamente a partir de inversiones productivas, sino de especulación y rentas) y llamando a reconstruir un “capitalismo en serio”. “Capitalismo en serio” que, entre otros aspectos, debe incluir, según Cristina Fernández, la necesidad de garantizar un “empleo digno”. “…Cuando hablemos de regulación para cuidar la vida, tenemos que hablar de todos los aspectos, pero fundamentalmente del empleo, de la posibilidad de un empleo digno”, dijo, como si el kirchnerismo no gobernara desde hace más de ocho años en un país, como la Argentina, donde el trabajo “en negro” es moneda corriente, y con éste las condiciones de hiperexplotación de los trabajadores, donde se expanden cada vez más la tercerización y la contratación precaria y donde una parte importante del pueblo trabajador no consigue trabajo y debe arreglárselas para sobrevivir con changas.
Y, sobre el cierre de su discurso, retomando las posiciones históricas del peronismo, alertó sobre los verdaderos peligros de la crisis y convocó a buscar salidas y a otorgar ciertas concesiones para evitar que se radicalicen los cuestionamientos hacia el sistema, es decir, que se agudice la lucha de clases. “No nos equivoquemos y sepan que si esto se profundiza, van a empezar a cuestionarse las democracias y las formas políticas actuales (…) Es cierto que muchas veces para solucionar determinados problemas, hay que afectar intereses e intereses que son muy poderosos. Pero yo me atrevo a decir que es mejor enfrentar esos intereses minoritarios pero poderosos, antes que más adelante enfrentar la furia de la sociedad. Se los digo con la experiencia de una Argentina que vivió un 2001 caótico que hizo colapsar prácticamente nuestro sistema institucional y dividió a la sociedad.”(1)
El objetivo de fondo en los planteos de Cristina Fernández, por lo tanto, no fue otro que alertar sobre los peligros de la crisis y del aumento de la conflictividad social y buscar las mejores vías para poder continuar con la dominación y la explotación del pueblo trabajador, pero realizando las concesiones que sean necesarias para intentar evitar el estallido de crisis generalizadas en las cuales sea cuestionado el sistema.

Encuentro con Obama
Por último, en el encuentro con Obama, Cristina Fernández demostró sus convicciones profundamente pro yanquis, al reconocerle al presidente de EEUU un liderazgo “a nivel global, no sólo en el área política, sino que también en el área económica”, entre otros elogios. Así saludó la presidenta a máximo responsable de las masacres y los saqueos que perpetra el ejército estadounidense a lo largo y ancho del mundo (recordemos que el ejército argentino, por orden del gobierno kirchnerista, colabora con las tropas de ocupación en Haití) y al impulsor directa o indirectamente (a través, por ejemplo, de los organizamos internacionales de crédito como el FMI y el BID)  de las políticas de ajuste sobre los trabajadores.
Barack Obama, por su parte, aseguró que Cristina Fernández “no sólo es una gran amiga mía, sino que también es una gran amiga de los EEUU” y se comprometió a colaborar en las negociaciones para que Argentina vuelva a tomar deuda de los organismos internacionales, como desean el kirchnerismo y el empresariado local.

En definitiva, el gobierno kirchnerista utilizó esta nueva gira internacional para seguir dando discursos para la tribuna, mientras reafirma su voluntad de continuar con el pago de la deuda externa, ofrece millonarios negocios para las multinacionales y ratifica su voluntad de colaboración con las políticas del imperialismo yanqui.

…
NOTAS:
1) Discurso de Cristina Fernández, www.casarosada.gob.ar

Editorial: Los planes del kirchnerismo y la persecución a los delegados y al activismo antiburocrático


Suenan cada vez más fuerte los planes del gobierno kirchnerista para después de las elecciones en materia de salarios y tarifas. Por un lado, desde el gobierno se está instalando la idea, retomada y amplificada por las cámaras empresarias, de su voluntad de fijar, para 2012, techos salariales considerablemente más bajos que el promedio de los últimos años, con porcentajes que irían entre un 10% y un 20%. Por otra parte, el kirchnerismo avanzaría de forma más generalizada en avalar el aumento de tarifas de los servicios públicos. Dos medidas que, combinadas, represarían, sin dudas, un duro golpe para los bolsillos de los trabajadores.
Así, en sus discursos Cristina Fernández ha salido nuevamente a pedir “moderación” y “racionalidad” a la hora de pensar en las próximas negociaciones paritarias. Y así lo ha repetido también uno de sus más férreos defensores en los últimos tiempos, el líder empresario José De Mendiguren. “Si no se pacta un marco a la puja distributiva, esto termina mal (…) Un marco de referencia en el que con racionalidad y dependiendo de las realidades de cada sector se llegue a acuerdos sensatos que no ahuyenten la inversión”, explicó el presidente de la UIA actuando como vocero de las patronales y de los planes del kirchnerismo. Como siempre, quienes han ganado millones y millones en los últimos años, piden “racionalidad” y “moderación” a quienes hemos debido padecer las condiciones de híperexplotación de un trabajo en “negro”, la flexibilización laboral o los salarios de pobreza que, muchas veces, apenas si alcanzan para subsistir.
Cuentan, como es sabido, para la aplicación de sus planes proempresarios, con la colaboración de la burocracia sindical que, como sucedió en el último acuerdo del salario mínimo, jura que no aceptará techos y que defenderá los intereses de los trabajadores, para después sentarse y negociar a pedir de las patronales.
Por otra parte, en sintonía con estos planes y con el carácter proempresario y antiobrero que ha caracterizado siempre al kirchnerismo, se profundiza la persecución y el ataque a los delegados y comisiones internas independientes. Cada vez con más frecuencia se suceden los juicios de desafuero, las causas penales, los aprietes e intimidaciones de las patotas y la patronal, y los despidos, contra el activismo sindical antiburocrático. Son algunas de las prácticas y herramientas que el gobierno avala e impulsa para intentar derrotar a las experiencias más avanzadas de organización sindical del momento.
Y en este marco de persecución y hostigamiento es en el que se ha dado, el viernes 30 de septiembre, la detención del Rubén “Pollo” Sobrero, delegado y referente de la oposición a la burocracia de Pedraza en la UF, junto con otros compañeros de la lista Bordo de la línea Sarmiento. Hecho de por sí gravísimo, que ha sido avalado por el propio Aníbal Fernández, y que representa un golpe contra el conjunto de los trabajadores y, fundamentalmente, contra las comisiones internas, los delegados y las agrupaciones antiburocráticas.
La avanzada represiva de las patronales y el gobierno contra los trabajadores en lucha y las experiencias antiburocráticas también se hace presente en la línea 60, donde los choferes vienen dando en el último tiempo un importante ejemplo sobre cual es rumbo que debemos tomar los trabajadores para enfrentar a las patronales y a la burocracia. Allí, cotidianamente, deben enfrentar a las patotas de la empresa y la burocracia de la UTA, compuestas por decenas de matones armados.
Y no podemos olvidar, tampoco, que este mes se cumple un año del asesinato de Mariano Ferreyra, fusilado por las patotas de la Unión Ferroviaria, en el marco de la lucha de los trabajadores del ferrocarril por el pase a planta permanente. Todos hechos que marcan claramente la avanzada impulsada de conjunto desde el gobierno, la burocracia y la patronal para enfrentar y perseguir a las comisiones internas y los cuerpos de delegados antiburocráticos y a los trabajadores que se organizan y emprenden el camino de la lucha.
En este marco, se plantea como una tarea fundamental para toda la clase obrera la unidad en torno a la defensa de los cuerpos de delegados y comisiones internas independientes y antiburocráticas.
Organizarnos desde las bases para avanzar en la conquista de nuevas comisiones internas y cuerpos de delegados, y extender la solidaridad y la coordinación para poder enfrentar con fuerza la persecución al activismo independiente y antiburocrático, defendiendo firmemente a los cuerpos de delegados e internas que ya han sido recuperados,  representa, sin dudas, una de las tareas centrales de la hora para la clase trabajadora.

Negocios para las multinacionales y compromisos con el Club de París


Cristina Fernández y varios ministros del gobierno viajaron para participar de distintos encuentros en EEUU, como la Asamblea de la ONU y el Consejo de las Américas, en donde renovaron la promesa de continuar pagando la deuda externa y acordaron millonarios negociados para las multinacionales.

Como sucede ante cada aspecto de la realidad, en sus viajes por Estados Unidos, el kirchnerismo tuvo un discurso para la tribuna, pidiendo por la soberanía en Malvinas y criticando las políticas del FMI, y una práctica que apuntó a satisfacer las demandas de los pulpos capitalistas y del imperialismo, garantizando que se continuará con el pago de la deuda externa y firmando millonarios negociados para las empresas multinacionales.
En su paso por los Estados Unidos, para participar de Asamblea Anual de la ONU, Cristina Fernández se reunió con ejecutivos de la petrolera yanqui Exxon Mobil, acordando millonarios negociados para avanzar con la explotación petrolera en la provincia de Neuquén, profundizando el saqueo de los recursos naturales del país.
Por su parte, el ministro de economía, Amado Boudou aprovechó su participación en el Consejo de la Américas para renovar el compromiso del gobierno kirchnerista con la continuidad del pago de la deuda externa. En ese sentido, aseguró que el pago al Club de París “es el punto más importante que nos queda por resolver (…) La Argentina ha mostrado permanente su voluntad de ir resolviendo y la verdad estamos recibiendo de la contraparte también un muy buen intercambio en términos de acercarnos a posiciones que sean aceptables para los acreedores y que le sirvan a la Argentina para seguir creciendo”. Es que el gobierno kirchnerista, quiere cerrar cuanto antes un acuerdo con el Club de París, que le permita volver a tomar deuda en los mercados internacionales a tasas más bajas. “Para nosotros es muy importante el acceso a los mercados en términos de la posibilidad del sector privado de acceder a financiamiento a menores tasas”, explicó Boudou en el mismo encuentro. Es decir, favoreciendo de esta forma los negocios de los capitalistas locales (“sector privado”, en palabras del ministro de Economía), a costa de nuevos endeudamientos que, como siempre, se seguirán pagando a costa del ajuste sobre el pueblo trabajador.
En definitiva, Cristina Fernández y sus ministros aprovecharon el nuevo viaje por EEUU, entre los hoteles y las compras de lujo, para acordar millonarios negociados para las multinacionales y renovar la promesa de continuar con el pago de la deuda externa, profundizando la entrega y el saqueo.   

Carlos Soria, represor y kirchnerista


Ex menemista, ex duhaldista y, ahora, kirchnerista, Carlos Soria se impuso en las últimas elecciones, encabezando las listas del Frente para la Victoria, y será el próximo gobernador de Río Negro.

El 25 de septiembre, Carlos Soria, referente local del Frente para la Victoria, se impuso sobre el candidato de la UCR y será el próximo gobernador de Río Negro, provincia que desde el ´83 fue gobernada ininterrumpidamente por el radicalismo.
Soria es un gran modelo de dirigente peronista. Fue diputado nacional en los ´90, acompañando al menemismo, y, posteriormente, ministro de Justicia y Seguridad en la Provincia de Buenos Aires, durante la gobernación de Duhalde. Cuando este fue presidente, Soria se desempeñó como jefe de la SIDE, cargo que ocupaba al momento de los asesinatos de Kosteki y Santillán, lo que lo ubica, al igual que a Aníbal Fernández, como uno de los principales responsables de los fusilamientos en el Puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002.
Por si quedaran dudas sobre la orientación política de este referente peronista, ahora kirchnerista, puede mencionarse su relación con el histórico criminal de guerra nazi Erich Priebke, que se asilaba en Argentina, con quien ha compartido cenas, como quedó documentado en fotográficamente.
Su campaña electoral, que hizo eje en la “mano dura”, no está demás decirlo, fue apuntalada por la visita de ministros y referentes del gobierno como Boudou, Randazzo y Alicia Kirchner. El encargado de felicitarlo y destacar su victoria tras la elección fue su antiguo compañero durante el gobierno de Duahlde, Aníbal Fernández. “Soria se está alzando con cerca de 14 puntos de diferencia. Un resultado histórico (…) desde hace 28 años, desde el regreso de la democracia, que gobernaba el radicalismo esa provincia”.
Soria, por su parte, en pocas palabras explicó el funcionamiento del peronismo y defendió su alineamiento actual con el kirchnerismo. “Si vos me decís por quién siento más afecto, si por Kirchner o por Duhalde, lejos, lejos por Duhalde siento mucho más afecto. Me hizo dos veces ministro, mirá la confianza que me tendrá. Me llevó de diputado por la provincia de Buenos Aires, mirá si me quiere. Pero yo no tengo confusión: hoy el poder se llama Cristina Kirchner”.(1)
Carlos Soria se suma de esta forma a la larga lista de asesinos y represores que integran el gobierno de Cristina Fernández. Un kirchnerista con todas las letras.
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NOTAS:
1) www.cronista.com

Desfile de candidatos: Cristina Fernández – Amado Boudou


En este número, presentamos a los dos candidatos elegidos para protagonizar el tercer mandato consecutivo del peronismo en su versión kirchnerista. Ella, multimillonaria y con dos décadas de vivir suntuosamente de sus cargos públicos, apela a la mística de su viudez y a una historia oficial que está muy lejos de la verdad. Él, apenas millonario, y uno de los golden boys de los ’90, recorre el camino del oportunismo político en su Harley Davidson. Con ustedes, los candidatos del Frente para la Victoria, modelos de capitalistas:

Cristina Fernández – Amado Boudou
Cristina Elisabet Fernández estudiaba derecho en su ciudad natal, La Plata, cuando, en 1974, conoció a Néstor Kirchner. El santacruceño militaba en la FURN, una agrupación universitaria que, poco después, se fundiría en la JUP (Juventud Universitaria Peronista). Ella, en cambio, no tenía mayor compromiso militante. En lo que sí coincidía con su novio era en el rechazo a la lucha armada, a contrapelo de la “leyenda montonera” que se esforzaría en instalar años más tarde.
En 1977, abrieron un estudio jurídico en Río Gallegos que rápidamente prosperó, gracias a los lucrativos negocios inmobiliarios de los inversores que patrocinaban. Hasta 1983, Cristina Fernández no tuvo actividad militante, ni se involucró, como abogada, en ninguna defensa política ni vinculada a la represión de la dictadura.
Por el contrario, los Kirchner hicieron negocios con las autoridades militares de su ciudad y provincia, como lo prueban las fotografías de Néstor junto al general Oscar Guerrero, mano derecha de Camps, al que ambos expresaron su apoyo durante la guerra de las Malvinas, que publicó la revista Noticias hace unos años; o la solicitada que Cristina Fernández firmó, junto a su marido, en 1981, celebrando vivir en “un estado de derecho” y agradeciendo al jefe de la policía y a los funcionarios provinciales de la dictadura su apoyo frente a un “apriete” que sufrieron debido a un juicio en el que intervenían algunos “pesados”.
En la misma época, por poner un ejemplo de su “experiencia en la defensa de los DDHH”, el estudio jurídico Fernández-Kirchner defendió a un policía federal que fue condenado a 18 años de prisión por violación de menores.
A partir de 1983, Cristina acompañó a su marido en el regreso a la actividad política en el PJ, donde se alinearon con el sector “renovador” de Cafiero, Menem y Grosso. En 1987, Kirchner fue electo intendente de Río Gallegos. Con el cargo de Secretaria Legal y Técnica, Cristina comenzó su carrera como funcionaria. Dos años después, Cristina ya era diputada nacional, y, en 1995, mientras su marido asumía la primera gobernación, fue electa senadora. Renunció en 1997, pero para quedarse en el congreso con un nuevo mandato como diputada. Volvió al senado en 2001. Ya con su esposo en la presidencia, repitió el mandato, como senadora de la provincia de Buenos Aires, en 2005, tras romper el pacto con Eduardo Duhalde, que los había llevado a la casa rosada. Cuando asumió la presidencia, en diciembre de 2007, llevaba, como su marido, más de 20 años viviendo de cargos públicos.
En esas dos décadas de cargo en cargo, amasó una fortuna. Su patrimonio, de casi 80 millones de pesos, la coloca hoy entre las 20 mujeres más poderosas del mundo, en el ranking Forbes, y le permite disfrutar de lo que más le gusta, la ropa, las carteras y las joyas de firma, mientras el INDEC admite que un 30% de los argentinos padecen las condiciones de hiperexplotación y los salarios de miseria de un trabajo en “negro”  y las consultoras privadas elevan esa cifra al 44%.
Puesta a elegir a dedo su segundo en la fórmula, optó por su joven y carilindo ministro de Economía, el marplatense Amado Boudou. Aimé, como le dijeron siempre en su agropecuaria familia, aprendió a jugar al golf en el Mar del Plata Golf Club, y ahora despunta el vicio en el Darling Tenis Club, de Puerto Madero, cerca del condominio donde vive con su novia.
Empezó su carrera empresarial en la costa, donde para fines de los ’80 era el gerente de la recolectora de residuos Venturino Eshiur, mientras, a la noche, se entretenía como disc jockey de la discoteca Frisco Bay y organizaba mega recitales en la playa. Después de quebrar Venturino, fundó su propia empresa en el mismo rubro, Ecoplata, con la que hizo negocios con varios intendentes de la zona, mientras cursaba la carrera de economía y militaba en UPAU, el brazo universitario de la UCEDE, junto a Sergio Massa y Ricardo Echegaray.
Fue secretario de Hacienda y Finanzas del partido de La Costa entre 2003 y 2005, durante la primera intendencia del peronista Juan de Jesús, y, ya en Buenos Aires, hizo carrera en la ANSES, donde llegó a ser su titular. Allí se reencontró con Sergio Massa, y, como él y varios “jóvenes brillantes” provenientes del partido del ingeniero Alsogaray, se recicló en el kirchnerismo.
El 8 de julio de 2009 asumió el cargo de ministro de Economía, en reemplazo de Carlos Fernández, última etapa antes de ser consagrado como vicepresidente de Cristina Fernández para las elecciones de octubre.
Su patrimonio personal, como el de todos los funcionarios, ha crecido exponencialmente en muy poco tiempo. Según su última declaración jurada, aumentó un 65% desde 2009, con U$S145.000 ahorrados, y el paquete de acciones de una empresa inmobiliaria, Habitat Natural. Además de su querida Harley Davidson y el departamento en Puerto Madero, tiene un Fiat Adventure, un Audi y un Honda Civic.
Siguiendo una orden expresa de Néstor Kirchner, y aprovechando su experiencia juvenil en el mundo del espectáculo, desde que entró al gobierno nacional, Amado empezó a organizar reuniones político-musicales en la tradicional confitería de San Telmo Puerto Rico, bautizadas “Peña La Époka”. Allí, los miércoles, funcionarios y figuras del espectáculo ligados al kirchnerismo, mezclan política y diversión con selectos invitados, como el barra brava Cristian Favale, asesino de Mariano Ferreyra, que subió a Facebook la foto en la que un sonriente Boudou lo abrazaba, mirando a la cámara.
Cristina y Amado, los candidatos del oficialismo, van por cuatro años más de explotación y represión.

Editorial: Contra la farsa electoral y el gobierno de millonarios y represores, profundicemos la lucha y la organización del pueblo trabajador


Este año, las elecciones marcan el ritmo de la agenda política. Es una agenda armada por la clase capitalista, puesto que las elecciones les permiten legitimar fuertemente sus instituciones y sus partidos. Ese, sin dudas, es uno de sus principales objetivos y razones de ser.
Es por eso que todos los dirigentes de los partidos patronales y sus medios de comunicación celebran, independientemente de haber resultado ganadores o perdedores y de sus posibles internas, la “fiesta de la democracia”. Hablan, unos y otros, de la fiesta de su democracia, esa que les permite mantener la dominación y la explotación sobre la clase trabajadora, con la legitimidad que les brinda el voto.
Con el resultado de las internas abiertas y obligatorias de agosto, que terminaron con un contundente triunfo de Cristina Fernández, el kirchnerismo tiene casi asegurados otros cuatro años más al frente del gobierno. Cuatro años más en los cuales, prometen, se profundizará el “modelo”. Empresarios y funcionarios de gobierno tienen, por lo tanto, motivos de sobra para celebrar.
En estos ocho años, el kirchnerismo se ha convertido de forma acelerada en un gobierno de millonarios. Así lo demuestran, sin ir muy lejos, los patrimonios declarados por los propios funcionarios gubernamentales, que demuestran que año tras año vienen amasando fortunas a partir de los negociados que realizan a un ritmo que nada tiene que envidiarle a los estafadores y delincuentes de la era menemista, representados en figuras como María Julia Alsogaray, Carlos Grosso o el propio Menem.
Como decíamos, también esperan la profundización del “modelo” los capitalistas que han visto recuperados sus márgenes de ganancia en los últimos años. En ese sentido se han pronunciado la mayor parte de los dirigentes de las cámaras patronales, como la UIA.
Todo el lujo en el que viven los capitalistas y los funcionarios de sus gobiernos, y las fortunas que atesoran en sus cuentas bancarias, tienen como contracara la continuidad de la miseria para una parte importante del pueblo trabajador. Es claro como ocho años de crecimiento económico, tan propagandizado desde el gobierno, que si han servido para llenar los bolsillos de los empresarios, los ministros, los jueces y la familia Kirchner, no han sido suficientes para avanzar en la resolución de los problemas populares más elementales.
Así lo demuestran, incluso, varias de las propias estadísticas oficiales. La Encuesta Permanente de Hogares que elabora el INDEC, intervenido desde hace años para elaborar datos a la medida del kirchnerismo, muestra que más de un tercio de los trabajadores sigue “en negro”, padeciendo las peores condiciones de explotación, con jornadas laborales interminables y salarios de pobreza.  
Por otra parte, algunos de los datos del censo del año pasado (del que todavía no se han informado varios de los aspectos más sensibles) también han sido difundidos por el INDEC en los últimos días y señalan, entre otras cosas, que en pleno siglo XXI casi la mitad de las familias del país continúa sin acceso a servicios básicos como son las redes cloacales y de gas natural. Esto se suma al problema de vivienda que padece el pueblo trabajador, frente al cual el kirchnerismo, lejos de avanzar con soluciones, responde con represión y muerte para quienes se organizan y pelean por conseguir tierras, como sucedió el año pasado en el Indoamericano o hace algunas semanas en Ledesma.
Claro que ninguno de los candidatos de los partidos patronales, que se disputan el poder en las elecciones, resolverá esta situación. Todos ellos, se llamen Cristina Fernández, Duhalde, Alfonsín, Macri, Binner o Rodríguez Saá, son representantes de la clase capitalista y, como tales, siempre priorizarán la defensa de la propiedad y la ganancia empresaria.
Los únicos que podemos efectivamente terminar con la explotación y la miseria, propias del sistema capitalista, somos los trabajadores. Debemos impulsar, por lo tanto, pacientemente pero sin tregua, la organización independiente y desde la bases del pueblo trabajador. Avanzar en la organización desde nuestros lugares trabajo, recuperando los cuerpos delegados y comisiones internas; en las facultades y las escuelas, en los barrios, impulsando, desde cada lugar, la lucha para avanzar con nuestras reivindicaciones: salario, vivienda, educación, salud… En los últimos años, en más de una oportunidad, hemos demostrado que con la organización de base y con la lucha se puede imponer una agenda donde la clase trabajadora cobre protagonismo, y que es posible torcerle el brazo a las patronales y al gobierno.
Y al mismo tiempo, con la profundización de la lucha y de la organización de base, los trabajadores tenemos planteada una tarea imprescindible: avanzar en la construcción del partido revolucionario, herramienta fundamental que debe darse nuestra clase para poder combatir a los capitalistas y su estado, hasta terminar con la miseria y la explotación de este sistema.  

Salario de pobreza y fiesta patronal


Las cámaras patronales, la burocracia sindical de la CGT y la CTA, y el gobierno kirchnerista se reunieron para fijar un nuevo salario mínimo, que, otra vez, será insuficiente para cubrir las necesidades de las familias trabajadoras. Mientras tanto, los empresarios siguen de fiesta en fiesta, brindando por los negocios que les garantiza el gobierno de Cristina Fernández.

El viernes 26 de agosto se reunió el Consejo del Salario, dónde se encuentran funcionarios del gobierno, con las cúpulas de la burocracia sindical y las cámaras patronales, para actualizar el salario mínimo.
De entrada, la burocracia de la CGT y la fracción de la CTA conducida por Yasky, habían acordado exigir un aumento del 41%, para llevar el mínimo de $1.840 a $2.600. Muy similar a la posición de la burocracia de Micheli (que se lamentó de no haber podido ingresar a la reunión) que pedía $2.640.
Las cámaras patronales, por su parte, siempre interesadas en mantener los salarios lo más deprimidos posible, ofrecían un miserable incremento del 18%.
Más allá de las diferencias que se presentaban de antemano, unas pocas horas de negociación fueron suficientes para que patrones y burócratas, junto con los ministros kirchneristas, alcanzaran un acuerdo. El porcentaje final, bastante más cercano a la propuesta patronal que a la del dúo Moyano-Yasky, fue 25%, lo que dejará el salario mínimo en $2.300.
Como viene sucediendo año tras año, el acuerdo fue celebrado por todas las partes. Gobierno, patrones y burócratas se mostraron conformes. El vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja destacó que “primó el camino de lo posible”, mientras que Yasky festejó que “se logró un importante avance para seguir sosteniendo la reactivación económica”. Al cierre de la negociación, Cristina Fernández felicitó a los empresarios y a los jefes de la burocracia sindical y aprovechó para hacer campaña. “Los dirigentes han estado a la altura de lo que la sociedad espera de ellos (…) Es el mejor salario mínimo de América Latina, el de mejor poder adquisitivo”, dijo.
No dijo, en cambio, que el salario mínimo sigue estando muy lejos de alcanzar para cubrir las necesidades básicas de los trabajadores. Tan lejos queda que, una vez más, el acuerdo contempla la posibilidad de que una familia, aún con dos de sus miembros trabajando “en blanco” no alcance ni sumando ambos salarios a cubrir el valor de la canasta familiar, que supera los $5.500.   
No dijo tampoco, que queda afuera del acuerdo la enorme cantidad de trabajadores “en negro”(1), que según las propias estadísticas oficiales supera el 30% y que, en muchos casos, continuarán cobrando salarios menores al mínimo, a cambio de interminables jornadas de trabajo.
El acuerdo establece, en definitiva, un nuevo salario mínimo de pobreza, firmado a pedir de las patronales y que queda lejos de servir para resolver las necesidades del pueblo trabajador. 

La fiesta patronal
El jueves 1 de septiembre, algunos días después del Consejo del Salario, patrones, funcionarios estatales y burócratas sindicales volvieron a encontrarse en los festejos por el “Día de la Industria”. En las 160 mesas de la cena de lujo organizada por la UIA se juntaron líderes empresarios como Biolcati (Sociedad Rural), Jaime Campos (AEA), Carlos Wagner (Construcción), Víctor Klima (Volkswagen), Rattazzi (Fiat), Madanes (Aluar y Fate), Eurnekian (Aeropuertos), con gobernadores y ministros como Boudou, Aníbal Fernández, De Vido, Randazzo, Tomada, Gioja, Capitanich, Urtubey y Schiaretti, el presidente de la corte suprema Ricardo Lorenzetti, jefes de la burocracia cegetista como Moyano y Piumato, dirigentes de la oposición patronal como Binner y Bonfatti, y la presidenta Cristina Fernández.
“Hace una década era muy difícil imaginar un tiempo como el actual”, fueron las palabras de agradecimiento hacia el kirchnerismo del titular de la UIA, De Mendiguren, que sintetizaron el pensamiento de buena parte de los empresarios presentes. Posteriormente, tomaron la palabra en el acto patronal, Cristina Fernández y Moyano, quienes también se cruzaron elogios.
El optimismo patronal, que se viene expresando en los últimos años, está basado en las excelentes ganancias obtenidas durante la gestión kirchnerista. Ganancias que, desde luego, han obtenido sobre explotación de la clase trabajadora, amparados en las ventajas ofrecidas por el gobierno y sus aliados de la burocracia sindical. Los bajos salarios, el trabajo “en negro”, la tercerización, la contratación por agencia, las facilidades para despedir o suspender trabajadores, los subsidios por cientos de millones de pesos a distintas empresas, el aval para perseguir y reprimir al activismo obrero independiente, son algunos de los puntos de la larga lista de políticas propatronales del kirchnerismo.
La fiesta patronal, que se sostiene sobre las espaldas de la clase trabajadora, y de la que son parte los funcionarios de estado y la burocracia sindical, desborda de optimismo por estos días. Y no es para menos, cuando son ellos, los patrones, los verdaderos ganadores del “modelo” kirchnerista.

…
NOTAS:
1) El Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA, que dirige el economista Claudio Lozano (aliado de Micheli en la interna burocrática de la Central y parte del frente patronal que comandan Binner, Juez y Stolbizer), estima que la canasta familiar (cuatro personas), para la región metropolitana de Buenos Aires, supera los $5.500. Por otra parte, señala que el trabajo en negro a nivel nacional se alza por encima del 40%.

Elecciones primarias: Van por otros cuatro años de represión y flexibilización


El kirchnerismo obtuvo un triunfo contundente frente a las otras listas patronales en las elecciones internas obligatorias del pasado 14 de agosto, lo que le asegura prácticamente su continuidad al frente del gobierno en el próximo período.

Cristina Fernández se impuso por amplio margen en las internas, superando el 50% de los votos. Quedó a un paso, de esta forma, de conseguir el triunfo en octubre que le permita gobernar por cuatro años más.
Varios fueron los pilares sobre los que se apoyó el kirchnerismo para su estabilidad y fortalecimiento.
Por un lado, contó con el respaldo mayoritario de la estructura del PJ, tanto en la provincia de Buenos Aires, a través del gobernador Scioli y de intendentes y punteros del conurbano, como a nivel nacional, donde contó con la colaboración de los históricos caudillos provinciales, como Gioja, Capitanich, Insfrán y Menem, entre otros. Para todos ellos, indudablemente, el kirchnerismo fue la mejor opción para conservar su poder y continuar con sus negociados.
Similar fue la situación en las filas de la burocracia cegetista. Si bien varios expresaron su malestar por los pocos lugares que les cedieron en las listas oficiales, finalmente, su apoyo se volcó hacia la candidatura de Cristina Fernández, con la expectativa de que la continuidad kirchnerista les permita sostener su poder al frente de las conducciones sindicales y, fundamentalmente, sus millonarios negocios.
El empresariado, tanto de las grandes empresas como de las PyMES, tanto de la industria como del campo, también se ha inclinado mayoritariamente a favor de un nuevo gobierno kirchnerista, descartando otras alternativas patronales que, en otras oportunidades, se mostraron menos efectivas a la hora de administrar sus “negocios comunes”. Se basaron, sin dudas, para tomar su decisión, en un balance de sus ganancias en los últimos años. El gobierno de Néstor Kirchner, y su continuidad en la gestión de Cristina Fernández, le ha devuelto la legitimidad a las instituciones del sistema, ha conseguido una cierta “estabilidad”, en relación con los niveles de confrontación de comienzos de la década pasada y, fundamentalmente, ha garantizado las herramientas necesarias para la prosperidad de los negocios de los capitalistas: facilidad para explotar trabajo “en negro”, para tercerizar, o contratar trabajadores de forma temporaria, millonarios subsidios para expandir sus negocios, amplias facilidades para explotar las riquezas del país, como el caso de la minería, etc. Esta orientación ha podido ser sostenida, además, porque nuestro país agroexportador, cuyo principal recurso es la exportación de commodities, como la soja, aún no ha sido azotado en la misma medida que otros países por la crisis capitalista mundial, permitiendo el mantenimiento de los negocios de los  capitalistas que operan en Argentina. Todo esto se ha traducido para unos y otros, patrones grandes y chicos, locales y multinacionales, en millonarias ganancias. Esto se constata también con el empresariado rural (al que el kirchnerismo supo tildar de “oligarquía gorila”) que en su mayoría está más que satisfecho con los negocios realizados durante la gestión kirchnerista y, en muchos casos, incluso, se ha deslizado desde la “oposición” hacia la integración al proyecto capitalista de los Kirchner. Es el lo que pasa, por ejemplo, con sectores de la Federación Agraria o lo que se pudo ver, incluso, en la Sociedad Rural de Córdoba, dónde mientras compartía un acto con Amado Boudou, el dirigente de la entidad patronal, Eduardo Ballesteros, confesó que al empresariado rural “le está yendo bien y (…) si seguimos con la demanda de alimentos en el mundo como se va incrementando con el pasar del tiempo nos va a ir cada vez mejor”. (1)
El recurso para la relegitimación de esta opción patronal, ha sido, una vez más, la apelación al pueblo, que se vio forzado, como en toda elección propia del régimen democrático burgués, a elegir entre una serie de candidatos patronales. Esto, en un marco de clara hegemonía de la clase capitalista, en donde los trabajadores no hemos logrado aún desarrollar una opción revolucionaria que genere expectativas en el pueblo trabajador señalando la posibilidad de apostar a un cambio real, al que no se llegará por la vía electoral.
Así las cosas, el pueblo trabajador, el mismo que sufre la flexibilización y la represión, estaba conminado a “elegir” entre los líderes de los partidos capitalistas. Y en este marco, lo impresentable del grueso de los candidatos de la oposición contribuyó a orientar su apoyo al gobierno actual, cuyo discurso promete mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares, y que ha sido efectivo a la hora de generar expectativas y de logar ocultar la realidad. Una realidad que demuestra que muy poco ha mejorado la situación del pueblo trabajador, que sigue padeciendo la falta de vivienda, la desocupación, los bajos salarios y la flexibilización laboral, tras ocho años en los cuales la actividad económica ha crecido de forma sostenida (según el propio oficialismo gusta propagandizar), se han pagado miles de millones de dólares de deuda externa y los empresarios y los funcionarios estatales se han enriquecido de forma escandalosa.
Todo hace preveer, por lo tanto, que después de las elecciones primarias será el kirchnerismo el encargado de seguir gobernando contra el pueblo en los próximos años. Y en las últimas semanas ha dado algunas muestras de lo que se viene: el salario mínimo de pobreza acordado con la burocracia y las patronales, y la represión a los que luchan, con la que sigue matando a quienes se disponen a pelear por los derechos más elementales que le son negados como la vivienda, como sucedió en Ledesma.
Por otra parte, según trascendió(2), el ministro Boudou prometió en reuniones con las distintas cúpulas empresarias, que entre las prioridades del nuevo gobierno estará el retorno al mercado de capitales, con lo que profundizará el endeudamiento externo. “Profundizar el modelo” que no es otra cosa que seguir gobernando en defensa de los negocios empresarios y contra el pueblo trabajador. 
Ante la persistencia del gobierno de la flexibilización y de la represión, los trabajadores tenemos planteada la tarea de avanzar en la organización y la lucha independiente, para resistir las medidas antipopulares del gobierno kirchnerista y abonar la construcción de una salida de fondo para el pueblo trabajador.

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NOTAS:
1) http://www.andigital.com.ar/
2) Por ejemplo, Clarín, viernes 2 de septiembre