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El Revolucionario Nº76 (enero-febrero 2012)


ENFRENTEMOS EL AJUSTE Y EL TECHO SALARIAL

Los empresarios y el gobierno vienen impulsando un ajuste generalizado sobre el pueblo trabajador con aumentos del transporte, tarifas, recorte de gasto público, con despidos y suspensiones, y promueven, junto a la burocracia, un tope a los aumentos salariales, al tiempo que la inflación no se detiene. 


SUMARIO:



Editorial. Organizarse y luchar contra el ajuste en curso



La crisis capitalista que, desde hace años, viene expresándose con suma claridad en países como EEUU, España, Grecia…, inevitablemente, también encuentra sus manifestaciones en Argentina, por ser un país capitalista con una economía profundamente extranjerizada.
La fluctuación de la demanda y de los precios de las materias primas que exporta el país, la tendencia al déficit de la balanza comercial, el pago de la deuda externa… son todos elementos que impulsan al gobierno a implementar el actual ajuste, para mantener sus propias cuentas en el mayor orden posible. Así, busca sostenerse a sí mismo y a sus socios capitalistas más allegados. Por eso, la intervención estatal para controlar los vaivenes del dólar o las importaciones. Por eso, el retiro de subsidio directo a los capitalistas dando vía libre a los tarifazos, para que no vean perjudicadas sus ganancias. Por eso, el recorte del gasto público en la nación, las provincias y los municipios.
Las suspensiones y los despidos en fábricas multinacionales como Peugeot y Fiat son manifestaciones bien concretas de la crisis capitalista. La no renovación de contratos y el pase a disponibilidad de los trabajadores estatales en provincias como Río Negro y Chubut, también. En esta categoría se inscribe, por supuesto, la intentona ajustadora en Santa Cruz.
Así, ante los embates de la crisis capitalista, la decisión del gobierno es, en primer lugar, negar deliberadamente la existencia de tal crisis. A diferencia de otros momentos en que los gobiernos reconocían la crisis, aunque parcial y coyunturalmente, y planteaban algunas medidas (Cavallo con el blindaje, Lavagna con el fondo anticíclico…), el gobierno de Cristina Fernández se caracteriza por presentar estas medidas (control del dólar, de las importaciones, retiro de subsidios y hasta los despidos) no como consecuencia de la crisis, sino como profundización de su modelo “nacional y popular”. Dice, por ejemplo, que controla las importaciones para generar las condiciones para un proceso de sustitución de importaciones, cuando en realidad es para evitar el déficit comercial. Dice que retira los subsidios para entregarlo directamente a las personas y no a las empresas, cuando en realidad busca evitar la erosión de su propia caja, mientras avala los aumentos de tarifas. Y lo más indignante, dice que se van a acabar las “avivadas” para despedir a miles de trabajadores del estado. Y así con todo. Es el cinismo en una de sus máximas expresiones.
Y la negación de la crisis y el discurso de la profundización del modelo, acompañado de algunas medidas que pueden generar simpatías en algunos sectores del pueblo, no persigue otro fin que ajustar con el cinturon progresista al pueblo trabajador. Por eso, la importancia de desenmascarar la política del gobierno nacional ante el pueblo trabajador, que cree en sus discursos o que lo apoya por tal o cual medida aislada.
Afrontamos un año donde la inflación, el ajuste, y la lucha por mejores salarios van a ocupar un lugar de importancia en la agenda de la clase trabajadora.
Un primer ejemplo ha sido el de la lucha de Santa Cruz contra el ajuste programado por el gobernador kirchnerista Peralta, que se presenta ante los ojos de toda la sociedad como un modelo de ajuste que poco tienen para envidiarle los ajustes menemistas o delaruistas. Suspensión de paritarias, aumento de la edad jubilatoria y congelamiento de las pensiones. Semejante programa despertó nuevamente la bronca del pueblo trabajador santacruceño que, dando batalla, logró hacer retroceder los planes oficiales.
El pueblo trabajador se aglutinó en la lucha contra el tarifazo de Metrovías, Macri y Cristina Fernández que, aunque dirigida por el sector kirchnerista del sindicato del subte y por eso mismo suspendida, contó con el sostén de las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y sociales antigubernamentales, cosechó unas 200.000 firmas, logró la simpatía de una buena parte de la sociedad y marcó un antecedente en la lucha contra los tarifazos por venir.
Ahora, es necesario sacar las debidas conclusiones de estas experiencias e incorporarlas a la experiencia acumulada en la lucha sindical, para hacer frente al ajuste, los tarifazos y para romper el techo salarial que pretenden imponer, conjuntamente, las patronales, el gobierno y la burocracia sindical.

En pocas líneas


Los amagues de Moyano
Al mejor estilo vandorista, el secretario general de la CGT, golpea para negociar un lugar de poder, pero no atina a sacar los pies del plato oficialista. Siguiendo la línea de los últimos meses, ahora el burócrata salió a criticar la intervención gubernamental para controlar las paritarias, señalando que el gobierno “no escucha a los trabajadores” y le “recuerda al menemismo”. Pero, a la hora de las definiciones, aclaró que por el momento no saldrá a la calle para enfrentar esa política. “Por ahora ni paro general ni movilización”, sentenció.

El gobierno apuesta al recambio en a CGT
En vistas del congreso de la CGT que se llevará a cabo e junio, el kirchnersimo está operando para cambiar la conducción de la central e imponer burócratas aún más obsecuentes con el gobierno. Para eso promueven principalmente al metalúrgico Antonio Caló, por ser un buen amigo del empresariado de la UIA. Junto a él en las reuniones gubernamentales se está convocando a otros impresentables como Roberto Fernandez de la UTA o Gerardo Martinez de la UOCRA, para desplegar una alianza que incluya a los gordos.

Se viene la policía municipal
Un nuevo tipo de policía promete aparecer ahora, en el marco de la fuerte militarización que hoy ya tiene en las calles a policías federales y provinciales, prefectos y gendarmes. Se trata de la “policía municipal”, impulsada por el gobierno de la provincia de Bs. As. y para la cual en un mes se abrirán cinco escuelas para adoctrinar a una nueva camada de entre 2.000 y 3.500 policías este año. Las nuevas fuerzas estarán ahora bajo mando directo de los intendentes, quienes, por lo general, festejan la medida. Ellos también quieren manejar su cuota de represión.

Asesinatos en Honduras
Un nuevo asesinato político se repitió el pasado 20 de enero en Honduras con la ejecución del dirigente campesino Matías Valle Cárdenas. Con él suman ya 45 militantes campesinos asesinados en los últimos dos años en la zona del Bajo Aguán. Ésta es una de las áreas más golpeadas por la represión paraestatal apañada por el gobierno de Lobo, que ejemplifica el carácter represivo del régimen que fue impuesto luego del golpe de estado y que sigue practicando la tortura, los secuestros y las ejecuciones como práctica sistemática.

Inflación y ajuste


El inicio del año está atravesado por la continuidad de la inflación constante y los bruscos aumentos de tarifas e impuestos. A este panorama se suman suspensiones y despidos en el ámbito público y privado, y la pretensión oficial de ponerle un techo a los reclamos salariales.

Las estimaciones más conservadoras ubican la inflación del año pasado en más del 25%. Supera el 30%, cuando se centra en la canasta familiar, que es la que impacta más fuertemente sobre el pueblo trabajador. Excepto el oficialista INDEC, nadie más pone en duda que el aumento constante de precios corroe diariamente el poder de compra de los asalariados.
2012, comenzó con la dura realidad de los aumentos de varios impuestos, de colectivos y del subte, de suspensiones y de despidos, y con la amenaza bien tangible de ajustes generalizados, que ya comenzaron en varias provincias. Esto se complementa con la intención de ponerle un tope a los aumentos de salarios.
Esta primera escalada ajustadora es el anuncio de que pretenden que, este año, el pueblo trabajador reacomode aún más sus gastos para poder llegar a fin de mes.

La mirada del gobierno
En su reciente discurso en cadena nacional, la presidenta, Cristina Fernández, se refirió a otra realidad. Habló de la crisis en Grecia y de cómo, gracias a su gobierno, Argentina hoy “no” está en crisis. Habló de la recaudación récord, de la “libertad” para negociar en las paritarias  y, fundamentalmente, centró su propaganda en el aumento a los jubilados y pensionados.
Lanzó un incremento del 17,62% en las jubilaciones, que las elevan a $1.687, es decir, $253 más, una cifra por demás insuficiente, que, aunque sea un paliativo para muchas familias, condena a millones de jubilados a vivir en la pobreza o a subsistir gracias a la ayuda que puedan brindarle sus familiares, siempre que esto sea posible.
De este modo, en su discurso “distendido e informal”, la presidenta le muestra al país, las “bondades” de su gobierno, mientras no dice un sola palabra sobre la inflación y el ajuste en curso.

Aumentos y más aumentos
Muchos dicen que habrá aumentos de tarifas y lo cierto es que no aumentamos nada, pero mientras tanto hubo un aumento del subte del 127% y nadie dice nada”, explica, faltando a la verdad, la presidenta.
En primer lugar, es necesario subrayar las responsabilidades, tanto del macrismo como del kirchnerismo, en el tarifazo del subte. Al gobierno de Macri no le costó mucho trabajo ni le generó contradicción alguna con su discurso ser el ejecutor deliberado del tarifazo que afecta a más de un millón de usuarios, trabajadores y estudiantes en su inmensa mayoría. Sin embargo, la vía libre para implementar los aumentos fue dada, claramente, por el gobierno nacional comandado por Cristina Fernández. En el acta firmada por ambas autoridades puede leerse: “la Ciudad asume, a partir de la firma del presente el control y la fiscalización del contrato de concesión en su totalidad, como así también, el íntegro ejercicio de la potestad de fijar las tarifas del servicio, incluyendo la facultad de establecerlas por decisión unilateral.” Ni kirchneristas ni macristas cuestionaron o avanzan sobre las ganancias de Metrovías. Así, el tarifazo del subte, con Metrovías y el PRO como principales artífices, cuenta con la complicidad dada por el kirchnerismo, que, para no enterrar su imagen, tuvo y tiene que salir a repudiarlo aumento, aunque haya sido un actor central para ponerle fin a la apertura de molinetes y la juntada de firmas en rechazo al aumento.
Por este solo hecho y por todos los aumentos que ya se implementan en el territorio nacional, no es cierto, como dice la presidenta, que no aumentaron nada. Con el recurso de atribuir todo lo que ocurre en el país a las distintas gobernaciones municipales o provinciales, el gobierno nacional no se hace responsable de nada. Entonces… ¿cuál sería el territorio que gobierna? Durante las últimas semanas, se instrumentaron aumentos en colectivos (Córdoba, Jujuy, Mar del Plata…), e impuestos (Buenos Aires, Córdoba, Capital…).
Sobre esta realidad, en la que se evidencia la decisión de continuar con la escalada inflacionaria, mediante el retiro de subsidios por parte del gobierno nacional, que da luz verde a los tarifazos por venir, se proyectan aumentos en los colectivos de la CABA y el Gran Bs. As., en los FFCC, en los servicios de luz, gas y agua, y se extiende la amenaza de un nuevo incremento en el subte, con lo perjudicial que es todo esto para el pueblo trabajador.

Suspensiones, despidos y techo salarial
Este contexto inflacionario se ve agravado para la clase obrera, debido a la seguidilla de suspensiones y despidos en marcha. Ya los padecen los obreros de las fábricas Fiat, Peugeot, Indiel Prestolite, Visteon, Mecca, Bosch, Imperial Cord, Frigorífico Molinares, entre otras.
Otra faceta de esta política contra los trabajadores se pone de manifiesto crudamente con los paquetes de medidas impulsados en varias provincias. Con el puntapié inicial dado por la propia presidenta, al decretar la “revisión” de más de 300.000 sueldos de empleados estatales (como ya sucedió con el quite del plus de fin de año en el INTI) y al exigirle a las provincias la nómina total de trabajadores estatales para meterles presión, varios gobernadores están encarando el ajuste a gran escala, que busca, además, congelar los salarios.
En Buenos Aires, anunciaron despidos en varios municipios (Vicente López, San Martín, Luján, San Fernando, San Nicolás…). En Catamarca, se lanzó un plan de ajuste que incluye la baja de más de 3.000 planes sociales y el despido de unos 500 no docentes. En Chubut, se llevan adelante 200 despidos, también entre los estatales, a través de la no renovación de los contratados. Córdoba anuncia más de 500 despidos y un techo salarial del 12%. En Río Negro, el gobierno está instrumentando el despido de 4.200 contratados (de áreas tan importantes como salud, educación o desarrollo social) y el pase a disponibilidad de 20.000 trabajadores estatales. Chaco, Corrientes, Jujuy y Misiones, también blanquearon su voluntad ajustadora.
Mención aparte merece la provincia de Santa Cruz, donde el gobierno intentó promulgar una ley de emergencia que incluía la suspensión de las paritarias, el aumento de la edad jubilatoria para los empleados públicos y el congelamiento de las pensiones, que fue, momentáneamente, impedido por la lucha de los trabajadores.
Para darle un carácter integral al ajuste en curso, el gobierno nacional complementa la inflación, las suspensiones y los despidos con la pretendida imposición del techo salarial. La decisión oficial es intervenir más abiertamente en las negociaciones paritarias para limitar los aumentos a una cifra cercana al 18%. Con este plan, ya se muestran complacientes las burocracias sindicales de la UOM y del SMATA que, además, buscan reacomodarse en la interna de la CGT de la mano del kirchnerismo.

Aliados contra el pueblo trabajador
El empresariado impulsa el proceso inflacionario del que el gobierno se ve beneficiado con la repercusión positiva que ésta tiene en la recaudación fiscal, a costa del pueblo trabajador; impulsa los tarifazos cuando el gobierno le retira los subsidios con los que tanto se benefició estos años, preservando, así, sus ganancias; impulsa las suspensiones y los despidos de trabajadores; y lleva a la baja los aumentos de salarios.
El gobierno retira subsidios para hacer caja y avala la suba de precios; despide a trabajadores del estado, dando vía libre a los despidos en el sector privado; y promueve y se propone intervenir para garantizar un techo salarial, a costa de la clase trabajadora.
La burocracia sindical está más ocupada en reacomodarse en sus internas, ya sea apoyando las iniciativas gubernamentales u oponiéndose a ellas, que en preparar una lucha de cara a las paritarias.
El pueblo trabajador, con independencia del empresariado, el gobierno y la burocracia, es el único actor que puede hacer frente al ajuste que nos quieren imponer.

Paritarias y techo salarial, la política del gobierno



Según el discurso oficial, el gobierno kirchnerista se presenta como un supuesto defensor de los intereses populares, con proyección redistributiva. En este marco, la realización de paritarias es mostrada como una de las formas en que se garantizaría una mejora para los trabajadores.
Sin embargo, el gobierno, que habla de una supuesta redistribución del ingreso y del derecho de paritarias, lo ha venido haciendo apoyándose en un hecho central: la complicidad de las direcciones sindicales afines que se encolumnan con el gobierno y sus reclamos de “moderación” a la hora de la negociación paritaria.
El efecto de que el grueso de las direcciones sindicales, como parte de la CGT y de la CTA, se adapten a los reclamos gubernamentales, ha sido la depreciación del salario real para muchos sectores, puesto que los aumentos acordados suelen ser menores al aumento de la inflación. Si la inflación real alcanza el 30% y la mayoría de los gremios se jactan de “conseguir” aumentos del 20% o el 25% (cuando no menos), eso significa que el ingreso de los trabajadores se ha reducido en parte, y con ello sigue aumentándose la brecha que los separa de las enormes ganancias empresarias.
En este marco, los reclamos de diversos sectores de trabajadores por no perder la carrera contra la inflación, deben entenderse como lo que son: luchas defensivas para evitar la depreciación del salario. Lejos está aún la disputa por una mayor participación de los trabajadores en el producto nacional. Eso implicaría que los sueldos aumenten muy por arriba de la inflación y que, en cambio, los empresarios ganen algo menos de los millones que hoy se embolsan.
Es importante señalar este punto porque el discurso gubernamental ha puesto mucho énfasis en su supuesta voluntad “redistributiva”. Sin embargo, a la hora de las definiciones, el kirchnerismo se ha encargado de establecer pautas salariales (seguidas al pie de la letra por el grueso de la burocracia sindical) que hacen que los trabajadores siempre debamos contentarnos con la misma porción del producto nacional, o que incluso veamos descender nuestro salario real debido al mayor aumento inflacionario.

Aumentos atados a la rentabilidad empresaria
Hasta ahora, la presidenta ha hecho dos cosas principales para evitar que los trabajadores tengan una mayor participación en el producto nacional, y mantener, así, el apoyo del empresariado que tan insistentemente la felicita.
En primer lugar, impone un techo salarial que es seguido por el grueso de la burocracia sindical. El mecanismo es informal: el gobierno declara lo que espera que hagan los sindicatos, y los dirigentes sindicales, encolumnados en el kirchenerismo y/o en el PJ, hacen caso y plantean supuestos “reclamos” que nunca van mucho más allá de la inflación.
En segundo lugar, el gobierno se encarga de estigmatizar y perseguir a los sectores independientes, e incluso burocráticos, que no se cuadran. En su discurso de reasunción de diciembre, la presidenta puso en cuestión el derecho a huelga, ligándolo al “chantaje” y la “extorsión” y el gobierno sigue avanzando con la legislación represiva contra el activismo, como sucede con las nuevas leyes “antiterroristas”. En ese marco, se multiplican los procesamientos de activistas sindicales, los despidos por su actividad gremial, se repite el encarcelamiento de referentes sindicales como sucede actualmente con Olivera en Bs. As. y Oñate en Santa Cruz, las represiones a movilizaciones de trabajadores, como sucedió también en Santa Cruz.
Estos dos mecanismos están presentes hoy, nuevamente, cuando se viene un nuevo período de negociación paritaria. El gobierno ya adelantó que los acuerdos no deben superar el 18%, algo que, en el marco de una inflación que alcanza el 30%, significa, directamente, un recorte de los ingresos de los trabajadores.
Pero en el marco actual, el gobierno ha decidido ir más allá. El contexto es particular. La crisis económica global no ha volteado hasta ahora las economías periféricas como la argentina, pero si las han golpeado parcialmente. Además, en la coyuntura política nacional, a la persistente lucha del activismo independiente que ha logrado marcar agenda para enfrentar el techo salarial (recordemos por ejemplo, la gran importancia de las luchas de Kraft y Arcor consiguiendo el 35% de aumento), se suma ahora el endurecimiento de la disputa interna del peronismo, con la política vandorista de Moyano que da lugar a nuevos conflictos gremiales.
En esta situación, Cristina Fernández viene insinuando que, aunque siga hablándose de “paritarias”, en realidad el gobierno intervendrá directamente para anular cualquier conquista obrera que rompa con sus pretensiones. Lo dijo claramente en unos de sus últimos discursos: Quiero que sepan todos que van a poder negociar libremente sus paritarias, pero de acuerdo con la rentabilidad de cada empresa”.  Es decir que el gobierno, explícitamente, primero defiende el crecimiento de las ganancias empresarias (“rentabilidad”). Y luego, para que los trabajadores puedan defender sus salarios, pone como condición ese aumento de la caja empresarial.
Para garantizar esta orientación, el gobierno conformó un comité interministerial para analizar la rentabilidad de cada sector de la economía y evaluar los porcentajes de aumentos de sueldo que considera aceptables, para que sean después rubricados en las “paritarias”.
Así, según las propias definiciones del gobierno, sólo si los capitalistas ven crecer notablemente sus ganancias, los trabajadores podrán plantear reclamos gremiales. Y podrán pedir sólo una parte proporcional de ese crecimiento. Decir eso y decir que no se aceptará la más mínima redistribución del ingreso nacional es exactamente lo mismo. Flagrante evidencia del carácter propatronal de un gobierno que se dice popular.


***

El peso real de otras medidas económicas
Las definiciones sobre las paritarias son un punto central para el pueblo, porque con ellas se define en gran medida, el nivel de ingreso de las familias trabajadoras. Unas paritarias que congelan o retraen el salario para  los millones y millones de trabajadores en blanco, definen, al mismo tiempo, una perspectiva similar para el 40% de los trabajadores en negro, que cobrarán siempre una suma inferior.
El gobierno desvía la atención de este problema central cuando pretende atribuirse el rol de redistribuidor por definir un aumento en la jubilación mínima del 17,6% o, anteriormente, por promover la asignación por hijo al sector más golpeado de la sociedad. Es indiscutible que es justo que se paguen las jubilaciones y las asignaciones familiares, pues constituyen ingresos mínimos para los grupos más marginados. Pero estamos muy lejos de tener una política siquiera progresiva o redistributiva, cuando no sólo se sigue en retraso frente a la inflación, sino que, por sobre todas las cosas, hablamos de cifras muy bajas que no pueden paliar las tremendas carencias de una familia trabajadora. No olvidemos que una jubilación mínima apenas alcanza el 30% de la canasta familiar, hoy estipulada en 5.000 pesos. Mientras tanto, el ingreso central del pueblo trabajador y sus familias, el salario de los trabajadores activos, sigue depreciado y encorsetado por las políticas de gobierno. Los empresarios, felices y cada día más kirchneristas.


La política oficial para garantizar la gobernabilidad


El “modelo” económico está mostrando varios de sus aspectos más antipopulares, ante lo cual el gobierno prepara una campaña política para intentar mantener el consenso.

Al ser un modelo agrodependiente y extractivista, que defiende a los grandes grupos económicos en su extensión del sembradío de soja y a los proyectos de la megaminería a cielo abierto, está dando lugar a una serie de conflictos y procesos de resistencia que incluyen luchas por el derecho a la tierra y la movilización antiminera.
Al mismo tiempo, en un contexto de crisis mundial y con el achicamiento de su caja, el gobierno no ha dudado en avanzar contra el pueblo trabajador por medio del ajuste, con aumentos de transportes, de servicios públicos, techo salarial en las paritarias, despidos y ajuste contra trabajadores del estado, etc. Las luchas contra los despidos, contra el ajuste en algunas provincias, o contra el aumento de transportes, señalan también la posibilidad de un escenario conflictivo que enfrente la política de los  gobiernos.
Ante esto, el kirchnerismo, como máximo responsable político nacional, prepara una nueva embestida política que le permita sostener el consenso alcanzado en amplios sectores del país.
Para eso hace cosas como asignarle a medidas económicas como el aumento del 17,6% en la jubilación mínima, una magnitud que no tiene proporción con su lugar en la economía real de la clase trabajadora (cuyos ingresos están golpeados por el ajuste y la inflación).
Esta política es acompañada, además, por una táctica política de desentendimiento, según la cual, el gobierno nacional, máximo responsable de la política del país y jefe del partido de gobierno al cual adscriben y se subordinan el grueso de los funcionarios menores (ministros, gobernadores, intendentes, senadores, diputados, etc.), le suelta la mano sistemáticamente a aquellos que quedan más expuestos por sostener consecuentemente la política y el modelo kirchnerista. Así, el kirchnerismo se da el lujo de diferenciarse de su gobernador riojano, por la minería, o de su gobernador santacruceño, luego de la grosera represión.
Pero además, y por sobre todas las cosas, el gobierno nacional se lanza en campañas políticas que, aunque no definen ni mejoran estructuralmente las condiciones de vida del pueblo trabajador, cuentan con una carga simbólica que le permite seguir presentándose con una fachada “popular”.
Así por ejemplo, el mismo kirchnerismo que defiende a la Barrick Gold y al empresariado de todo pelaje, el mismo que le ha renovado a las petroleras concesiones escandalosas por decenas de años, está ahora desplegando una campaña relacionada con la industria nacional del petróleo que, aunque no tiene ninguna propuesta concreta de avanzar sobre los grandes grupos económicos (lo que implicaría definiciones sobre la necesaria expropiación de las petroleras privatizadas), se propone aglutinar a amplios sectores alrededor de concepciones vagas como la “defensa de lo nuestro”.
Algo muy similar sucede con la política en relación a Malvinas, donde el gobierno, aún sin pretensiones de ir más allá y sabiendo que no hay tampoco con qué hacerlo, sostiene un discurso algo confrontativo con Inglaterra, para aglutinar a amplios sectores atrás de un reclamo absolutamente genuino, pero que no tiene ninguna perspectiva práctica.
Campañas como ésas se repiten, para tratar de transformarse en el eje de la política. Algunas tienen un efecto positivo, aunque para nada definitorio de mejoras estructurales o de fondo. Otras apenas y son discursos sin ninguna base material. Y otras a veces son incluso la base de nuevas avanzadas empresariales y gubernamentales, como han denunciado varias organizaciones campesinas en relación con la ley de tierras. Así, medidas como la difusión por el canal público del Turismo Carretera, el anuncio de que se controlaran las ganancias de los altos ejecutivos de empresas petroleras, o la renuncia de algunos funcionarios (millonarios, por cierto) a los subsidios de los servicios públicos, cumplen un papel político fundamental. Su rol es el de sostener la gobernabilidad, el consenso social, en tiempos en que las patronales y el gobierno nos exigen ajustar el cinturón.

Raúl Magallanes. Un represor de los 70 en la educación bonaerense.


Raúl Magallanes, habiendo sido uno de los policías de Camps en los 70 y autor de varios secuestros en la zona sur, asumió como presidente del Consejo Escolar de Lomas de Zamora y ya está amenazando compañeros.

Raúl Magallanes es un ex policía de la dictadura, que estuvo bajo las directivas de Camps y Etchecolatz. En 1997, fue titular de la comisaría 3ra de La Plata. Fue parte de “la maldita policía” de Duhalde. Fue designado director de seguridad del municipio de Lomas de Zamora por el intendente Rossi, desde ese cargo dirigía los operativos de seguridad ante las movilizaciones docentes al consejo escolar, que hoy preside. Como si fuera poco, también está vinculado en la causa del atentado a la AMIA.
De inmediato los sindicatos vinculados con la educación, junto a organizaciones sociales y políticas de izquierda, comenzaron una campaña de repudio por la asunción de Magallanes a la presidencia del consejo escolar. Desde Ate Sur, se han encabezado acciones que tuvieron gran repercusión. Parte de las medidas de fuerza ha sido desconocer a las autoridades de dicho consejo.
Esta campaña ocasionó que, al mejor estilo patotero, los compañeros sufrieran amenazas y hechos intimidatorios por la denuncia que están llevando a cabo.
Desde el gobierno, todavía no se ha tomado ninguna medida al respecto, a pesar de que los compañeros se encargaron de presentar materiales en el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires, en la secretaría de DDHH de la nación y la provincia. y en la Comisión por la Memoria, que demuestran la participación de Magallanes en los secuestros de la dictadura.
La asunción del represor Magallanes como presidente del consejo escolar de Lomas de Zamora, promovida por el kirchnerismo que conocía perfectamente su prontuario,  evidencia que a pesar de que desde el gobierno se enjuicien a viejos genocidas se lleva adelante una política para sostener a estos elementos que, aún hoy, les son útiles
Debido a la lucha y la movilización, el escándalo fue de tal magnitud que algunos sectores del kirchnerismo que bancaban a Magallanes en la primera hora, se vieron obligados a despegarse en cuanto pudieron. Pero lo cierto es que hasta el momento el ex policía secuestrador es quien sigue al mando en el consejo y, por esta razón, la lucha contra Magallanes sigue abierta.

Libertad a Carlos Olivera


Durante este mes se llevará a cabo el juicio oral al compañero, obrero de la construcción, Carlos Olivera, miembro del SITRAIC. Debemos movilizar por la libertad del compañero.

Carlos Olivera ha sido encarcelado hace ya más de dos años, a partir de una maniobra de la burocracia de la UOCRA de Gerardo Martínez, junto a la policía y la justicia de la provincia de Buenos Aires, durante un conflicto ocurrido en Lomas de Zamora.
El 15 de diciembre de 2009, Olivera y sus compañeros, realizaban una asamblea en la obra donde estaban construyendo y decidieron iniciar un cese de actividades, ya que la patronal les debía parte de sus salarios. Mientras los trabajadores se encontraban en el lugar, se hizo presente una patota de la UOCRA, que comenzó a golpear a los compañeros y a disparar con armas de fuego. Olivera intentó escapar, pero fue agredido por la patota y luego detenido por la policía cerca de la estación de Lomas de Zamora, desde donde fue trasladado al Hospital Gandulfo por sus heridas. Desde ese día, el compañero se encuentra detenido y sin juicio, acusado por la patota de haber provocado los enfrentamientos.
El pasado mes de diciembre se realizó una audiencia pública en la que el tribunal decidió que siga detenido. Ese día, se produjo una gran muestra de solidaridad, donde muchos sectores de trabajadores y organizaciones nos hicimos presentes en las puertas del tribunal para llevar nuestro apoyo. Pero también se hicieron presentes, (y así lo van a hacer nuevamente en el juicio de febrero) los matones de la burocracia, que ocuparon lugares en la sala y movilizaron micros hasta los tribunales exigiendo que Olivera continúe detenido.
El encarcelamiento de Olivera, es claramente un ataque al movimiento obrero antiburocrático que se organiza para combatir a la burocracia sindical. Mientras burócratas ladrones como Zanola consiguen su libertad o el mismo Gerardo Martínez, quien fuera buchón del Batallón 601 del ejército y contribuyera a la desaparición de un centenar de obreros de la construcción durante la dictadura militar, continúa libre, Olivera, quien no tiene una condena, continúa preso.
Gerardo Martínez, no sólo continúa libre, sino que es uno de los sindicalistas de la burocrática CGT con más cercanía con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Muchos son los presos políticos en esta Argentina kirchnerista. El 2 de febrero, “la Galle” Karina Germano, cumplió 10 años en la prisión. Mientras tanto, Oñate, Tapia y Claros continúan detenidos.
El gobierno nacional, junto a la burocracia sindical y las patronales, en connivencia con las fuerzas represivas actúan contra el movimiento obrero organizado. Evidentemente, el desarrollo, aunque incipiente aún, de un activismo independiente preocupa a estos sectores. Por eso, no sólo mantienen en las cárceles a los presos políticos, sino que avanzan también con los despidos y con la persecución judicial a los trabajadores. Así, ya suman más de 5.000 los procesados por luchar y ya son muchos los trabajadores con pedidos de desafuero o con procesos iniciados por participar de acciones en sus fábricas o en las cercanías de las mismas.
El ataque a Olivera, como el ataque a los obreros de Kraft, a los petroleros de Santa Cruz y a todos los trabajadores que se organizan y luchan, constituye un ataque al conjunto de la clase trabajadora. Con el juicio a Olivera, pretenden aleccionar a todo el activismo independiente. Por eso, para detener esta avanzada, es fundamental movilizarse en defensa del compañero.

Kraft. Basta de persecución


El pasado 2 de febrero, en la cámara federal de apelaciones de San Martín, se llevó a cabo la audiencia de apelación a los procesamientos en primera instancia de Javier Hermosilla y Lorena Gentile (miembros de la Comisión Interna de Kraft), de Ramón Bogado y María del Rosario Penayo (miembros de la interna anterior), de Oscar Coria (delegado despedido en 2009), de Leonardo Norniella (delegado de PepsiCo), y de Néstor Pitrola y Vilma Ripoll. La justicia los imputó por los distintos cortes de la Panamericana durante el conflicto desarrollado en 2009 por la reincorporación de los más de 150 despedidos.
La persecución hacia los delegados y activistas que protagonizaron y que se solidarizaron con la lucha de Kraft expresa la persecución y el ataque a la organización independiente y de base de la clase trabajadora y la criminalización de la protesta. Esto es más claro aún si se tiene en cuenta que, desde importantes fábricas de la industria alimenticia, se viene organizando la oposición para disputarle la conducción a la burocracia sindical de Rodolfo Daer, y que el gremio de la alimentación protagonizó luchas de gran trascendencia como fueron la de Kraft contra los despidos y la de Arcor, que logró romper el techo salarial en 2010.
El objetivo es infundir temor en la clase trabajadora para que desista de emprender la lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo y para que no se atreva a desafiar ni al gobierno, ni a las patronales, ni a la burocracia sindical. Además, busca castigar a quienes encabezan la lucha, para descabezar y desarticular la organización independiente que los trabajadores construyen desde las bases.
El carácter político de la “causa Kraft” es evidente. Mientras la presidenta califica a la huelga como extorsión y pide terminar con los cortes, la justicia persigue a quienes impulsan y sostienen la huelga, a quienes se manifiestan cortando las calles y, además, a quienes se solidarizan con la lucha, presentando como pruebas los informes de las fuerzas de seguridad y las distintas publicaciones de izquierda que apoyaron y convocaron a la lucha.
En la defensa de los procesados de la “causa Kraft” se pone en juego, también, el futuro de las luchas por venir de la clase trabajadora contra los atropellos de los capitalistas y sus socios. Allí, radica la importancia de hacer propia la lucha contra toda persecución política.

Santa Cruz. El ajuste y la lucha de los trabajadores


El plan de ajuste en curso en la provincia de Santa Cruz es una demostración clara de la voluntad del gobierno. La resistencia y la lucha de los trabajadores para ponerle un freno, da cuenta de la posición de fuerza que es capaz de conquistar la clase trabajadora.

El gobierno de Santa Cruz intentó despedir el año con un paquete de medidas, que se erigen como exponente del ajuste en marcha a nivel nacional. A través de un cúmulo de medidas avalado por la “ley de emergencia”, lo esencial del plan del gobernador kirchnerista, Daniel Peralta, consiste en elevar la edad jubilatoria, incrementar aportes, implementar un aporte que deberían pagar los jubilados, instrumentar el congelamiento de las pensiones, eliminar la movilidad jubilatoria, y suspender las negociaciones paritarias. Es decir, impulsa un contundente plan de ajuste contra la clase trabajadora santacruceña.
Sin embargo, este atropello viene siendo debidamente frenado por la lucha de los trabajadores.
Una vez difundido el proyecto del gobierno, y la disposición de aprobarlo de los legisladores provinciales, diversos sectores de la clase trabajadora se organizaron y se concentraron para enfrentar la embestida oficial. Se dieron cita frente al palacio legislativo, trabajadores del estado provincial y municipales, de luz y fuerza, de vialidad, docentes, recolectores de residuos y judiciales, entre otros tantos, y, por supuesto, los jubilados y pensionados.
Con el acampe frente a la legislatura y los piquetes bloqueando los accesos para impedir el ingreso de los legisladores, más los enfrentamientos con la policía, la fuerza y la lucha de los trabajadores, pese a la fuerte presencia de sectores kirchneristas y de la burocracia sindical, lograron ponerle un freno a la avanzada gubernamental, impidiendo la votación de la ley en el recinto, por “falta de garantías”, según explicó el vicegobernador de la provincia. Cabe mencionar que la cámara no tenía luz, no tenía personal y no tenía quórum… debido a la firmeza de la lucha de los trabajadores. La represión del gobierno dejó un saldo de 21 heridos y varios detenidos.
Finalmente, las jornadas de diciembre en Santa Cruz culminaron con la suspensión del tratamiento de la reforma previsional hasta marzo. Esto, sin dudas, constituye una importante conquista y es demostrativa de la posición de fuerza que puede ocupar la clase trabajadora. Sin embargo, ahora, el gobierno se propone consensuar un proyecto “mejor” con los “sectores gremiales representados”, es decir con la burocracia sindical. El gobierno y la Mesa de Unidad Sindical (en manos de la burocracia) firmaron un acta en la que se comprometen a ello para tratar la iniciativa en el mes de marzo. Esta situación pone de manifiesto la voluntad política de avanzar con este ataque contra todos los trabajadores. Entre tanto, Peralta, aunque no avanzó con la resistida reforma previsional, firmó un decreto con el que avanza hacia la reducción del gasto público, suspendiendo la designación de los trabajadores contratados y en planta transitoria, es decir, instrumentando despidos.
Este escenario debe mantener en alerta a los trabajadores que no pueden confiar en las conducciones sindicales burocratizadas y necesitan organizar la lucha con independencia política frente al gobierno y la burocracia, apoyándose en la fuerza de las bases, que ya ha demostrado que puede hacerle frente, con efectividad, a los ataques oficiales.

Ecotrans. Un triunfo de los trabajadores


Ante los reclamos de los trabajadores de la empresa de transporte público Ecotrans, la patronal decidió despedir a 26 compañeros.
Los trabajadores vienen denunciando desde hace tiempo desinversión en la empresa y malas condiciones de trabajo.  El cuerpo de delegados de Ecotrans denuncia que “la Empresa no ha tomado las previsiones necesarias, para mejorar las condiciones de precariedad del servicio;  no ha prevenido la necesidad de mejorar las frecuencias, ni ha mejorado el parque automotor;  por el contrario, el deterioro ha avanzado a un ritmo, que fue necesario advertir a las autoridades y los Entes reguladores sobre la posibilidad de situaciones de conflicto con pasajeros que dependen de este medio de transporte, y suelen descargar su fastidio, sobre los que sólo realizamos la tarea de conducir”.
Con conciliación obligatoria de por medio y luego de varias negociaciones y amenazas de paro por parte de los choferes, la patronal tuvo que retroceder y reincorporar a los 26 trabajadores despedidos.
Sin dudas, la firmeza y la predisposición a la lucha de los trabajadores y su cuerpo de delegados, sumado a la gran solidaridad ejercida por otros sectores de trabajadores y organizaciones, fueron un factor determinante para lograr este triunfo y así poder avanzar con las reivindicaciones planteadas.
La burocracia sindical de la UTA de Roberto Fernández, que estuvo ausente durante casi todo el conflicto haciéndole un gran favor a la patronal de Ecotrans, finalmente tuvo que intervenir para que se produzca la reincorporación de los despedidos.
Una vez más, queda demostrado que, con la organización desde abajo, los trabajadores podemos sortear los escollos que nos imponen la burocracia sindical, junto a la patronal y hacernos fuertes.

Rosario. Asesinan a tres militantes sociales


Los barrios pobres de nuestro país viven sumergidos entre los negocios más turbios que ofrece el capitalismo: la droga, la prostitución, el robo. Son las ofertas del capitalismo para quienes no tienen trabajo y están condenados a vivir en la miseria, manejados por la policía, barra bravas y punteros.

El primero de enero de 2012, en el barrio Mariano Moreno de la ciudad de Rosario, Santa Fe, Jonathan Brasante (17 años), Claudio Suárez (19) y Adrián Leonel Rodríguez (21) fueron asesinados. Los tres eran militantes del barrio y pertenecían al Frente Popular Darío Santillán.
La versión que hicieron correr desde la policía fue que se trataba de un ajuste de cuentas, con lo que aprovecharon para desprestigiar el trabajo barrial de la organización y vincular a los pibes con la droga. Pero pronto trascendió en el barrio que los chicos habían sido asesinados por “error” por unos sicarios vinculados con la barra brava de Newell´s y los negocios del narcotráfico.
La comisaría a la que le tocó actuar es la que liberó la zona y le dio respaldo a los sicarios de Sergio “Quemado” Rodríguez. Este personaje, quiso vengar un ataque que su hijo había sufrido por unos barras hinchas de fútbol y por eso mandó a los matones armados. Producto de un “error”, los asesinados no fueron los barras, sino Jonathan, Claudio y Adrián.
Ante semejante hecho se puso de manifiesto lo que sucede a diario en todos los barrios, sobre todo los más humildes: el manejo de los negocios de la droga, el robo, los asesinatos y demás delitos en manos de matones a sueldo y la policía.
Tan poco cuidadosa fue la operación que el gobernador “socialista” Bonfatti no le quedó más remedio que salir a admitir públicamente que hay relación entre los barras, los narcos, la policía y “algunos políticos”.
Rápidamente, el kirchnerismo aprovechó para salir con una vieja iniciativa, la que utilizara como parte de la campaña electoral el pejotista De Narváez: la necesidad de la construcción de un mapa del delito. Aprovechó para tirar los dardos sobre la oposición y lavar la cara de su gobierno “nacional y popular”, atribuyendo el aumento de la criminalidad sólo en Rosario, al mismo tiempo que anunció la alineación con la política de “seguridad” del gobierno nacional, aumentando la presencia de las fuerzas en los barrios pobres. “Están dadas todas las condiciones para que podamos avanzar en un Acuerdo Santafesino por la Seguridad Ciudadana que, a través del diálogo y del compromiso político y social, permita explicitar un plan de acciones de corto, mediano y largo plazo… al mismo tiempo eficacia a la hora de prevenir y reprimir el delito y plena vigencia de los derechos humanos. La policía (agregó) no puede ser parte del problema sino que tiene que ser parte de la solución y para eso es básica una eficaz conducción política de la fuerza policial. Si la corporación policial se conduce a sí misma estamos en presencia de un problema", declaró el jefe del bloque del FPV, Agustín Rossi.
Los intentos desde los distintos gobiernos por despegarse de las responsabilidades, planteando salidas mentirosas al problema de la descomposición social que se vive en los barrios son nefastos. A diario se pueden encontrar, incluso en los medios oficiales, hechos que vinculan directamente a la policía con el delito. Por tanto, la presencia de las fuerzas en los barrios no puede entenderse sin el manejo de los negocios y el  disciplinamiento de las barriadas humildes, a las que sumergen en la droga y la delincuencia.
Los asesinatos de los tres militantes del FPDS en Rosario muestra la crudeza de un sistema en el que los pobres, además de sufrir la explotación diaria, deben vivir entre las disputas de barras, dilers y policías que manejan los negocios más sucios: la droga, el robo, la prostitución.
Como consecuencia de la descomposición social que trae consigo el capitalismo y del accionar mafioso de políticos, barras y policías, hoy estamos repudiando el asesinato de tres militantes sociales.
Trasante, Suárez y Rodríguez, presentes!

Los barras, sostén de la patota sindical


Apenas comenzado el año, el Hospital Santojanni fue escenario del enfrentamiento entre dos sectores de la barra de Chicago. Un grupo de barrabravas entró al hospital decidido a asesinar a uno de los internados, miembro de la banda contraria y responsable del asesinato de quien sería uno de los jefes del otro grupo.
A partir de los escandalosos hechos, enseguida se hizo pública la vinculación de los barras con la represión hacia el movimiento sindical.
Uno de los barras que se encontraba herido e internado en el hospital, perseguido por el sector contrario de Chicago, resultó ser quien, meses atrás, había sido contratado por la empresa DOTA para amedrentar a los delegados de la línea 60 en una asamblea.
Sumado a esto, uno de los delegados, Daniel Farella, luego denunció que habían entrado en la casa de su hija y que habían golpeado a su nieta de 15 años, buscándolo a él.
Una vez más, sale a la luz el estrecho vínculo que existe entre las patronales, las patotas y la policía con el aval del gobierno, dejando la resolución de muchos de los conflictos gremiales en manos de patotas sindicales integradas por barrabravas.
Recordamos, así, los casos de la patota durante el conflicto del Hospital Francés, en el diario Crónica, en la toma del Indoamericano, en la línea 60, contra los docentes de Capital, los campesinos asesinados en Santiago del Estero, entre otros.
Es claro que sigue en marcha la política de la tercerización de la represión.

Leyes Antiterroristas. Para reprimir mejor


La sucesivas reformas al código penal impulsadas por el gobierno kirchnerista y sancionadas al son de los dictados imperiales, cumplen la doble tarea de preparar el terreno para hacer más eficiente la represión ante las luchas, y de mostrar al “concierto internacional” la obediencia sin fisuras del gobierno al orden capitalista.

Alrededor de 6.000 compañeros sometidos a causas penales por protestas o reclamos; cinco presos políticos hoy, más de un centenar a lo largo de la gestión kirchnerista, con “picos” de más de 40 a la vez, como a fines de 2004; y 17 asesinados en la represión a movilizaciones y manifestaciones, dan clara cuenta del empeño puesto por el gobierno en reprimir a los trabajadores organizados y a la militancia popular. Paralelamente, casi 2.000 asesinados con el gatillo fácil en los barrios y la tortura en los lugares de detención, en 8 años, completan el cuadro sostenido de la represión al pueblo trabajador.

La ley 26.734 textual
La octava ley antiterrorista del actual gobierno(1), vigente desde el 28 de diciembre pasado, duplica el mínimo y el máximo de la pena de cualquier delito cuando “hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.
El refinado parrafito que excluye aquellos hechos en los que el autor “actúe en ejercicio de un derecho” sólo sirve para calmar conciencias “progres”, y nada agrega al criterio general que ya contenía el código penal y que nunca dificultó la criminalización de la protesta: si se está ejerciendo un derecho (a criterio del juez) no hay delito punible. Cuando un juez imputa a un trabajador por hacer un reclamo a la patronal, o a un militante que se moviliza contra una medida de gobierno, ya ha decidido que ni uno ni otro estaban ejerciendo un derecho.
           
Actualizar el marco legal para disponer de mejores armas en el futuro
La realidad demuestra que no son pocas ni leves las amenazas penales existentes que se aplican a diario contra las organizaciones de la clase trabajadora. Permanentemente vemos cómo los jueces interpretan a su antojo la letra legal, para adaptar las normas a lo que quieren castigar. Así, la misma conducta es “juzgada” de manera completamente diferente según quién sea el autor, prevaleciendo, siempre, el imperativo judicial de sostener, defender y fortalecer “la institucionalidad”. Ejemplos como el de Carlos Olivera, del SITRAIC, que está en prisión acusado por “homicidio en grado de tentativa” por defenderse de la patota armada de la UOCRA, o de los trabajadores ferroviarios y militantes de organizaciones políticas (PO y TPR), procesados por “extorsión” por exigir que UGOFE y el gobierno cumplieran compromisos asumidos, muestran cómo jueces y fiscales recurren a cualquier figura legal (cuanto más grave, mejor) para encuadrar conductas que ni por asomo se parecen a las que sancionan esos delitos.
Pero, aunque con lo que ya tienen les alcanza y sobra para perseguir a los luchadores populares, la inclusión de nuevas figuras que específicamente criminalizan la actividad militante otorga a los “guardianes de la ley” un arsenal nada despreciable para el futuro. La creación de figuras como la “asociación ilícita terrorista” (ley 26.268, de 2007), o la duplicación de todas las penas cuando el móvil del “delito” sea “obligar a un gobierno a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”, como lo impone la ley de diciembre de 2011, llenan esa necesidad de tener a disposición, para cuando resulte necesario usarlas, armas todavía más poderosas, que, además, permitan focalizar la represión “legal” en las organizaciones populares y sus militantes.
Las ocho leyes “antiterroristas” del gobierno kirchnerista se dirigen con claridad a este objetivo. Todas ellas, sancionadas desde 2003 hasta el año pasado, dotan al aparato estatal, a través del ajuste de las herramientas legales, de medios más directos y efectivos que permiten, además de sancionar individualmente a quienes se define como “peligrosos” (para el bienestar del capitalismo), abrir el camino a la ilegalización de organizaciones y de la actividad militante. Amplían notablemente la discrecionalidad judicial; crean un enjambre de burocracias secretas o semi secretas para recabar información a través de todo tipo de recursos de “contrainteligencia” (agentes encubiertos o infiltrados; informantes o buches); disponen de enormes fondos para financiar arrepentidos y entregadores; duplican penas genéricamente; usan términos como “aterrorizar a la población” u “obligar al gobierno”, para que el juez de turno los aplique a quien deba, según su “leal saber y entender”… en una palabra, habilitan a cualquier cosa con amparo legal.
Sin necesidad de aplicarlas siquiera, su mera existencia se convierte en un poderoso obstáculo a la organización popular, al instalar el temor de que cualquier reclamo, protesta o actividad que “saque los pies del plato” puede ser definida como delito de extraordinaria gravedad.
           
Hacer los deberes
El otro eje rector de la compulsión con que el kirchnerismo ha impulsado y votado leyes antiterroristas, es mostrarle al imperialismo que hace bien los deberes. La decisión de adecuar las legislaciones internas de los países periféricos siguiendo determinadas directivas impuestas, formalmente, por organismos internacionales como el FMI o el GAFI, es un derivado directo del rumbo tomado por la política exterior norteamericana desde los ’80. Los célebres documentos Santa Fe I y II(2) fueron el inicio de una nueva estrategia de dominación continental, que dejó de lado la agotada vía de la intervención militar directa y la promoción de dictaduras militares, para recurrir a la defensa de la gobernabilidad democrática, acompañada por la cooperación militar para combatir al “enemigo común”, el “terrorista”, con sus variantes como el “narcoterrorista”, (apuntando siempre a los militantes políticos anticapitalistas) y por el libre comercio para combatir el estancamiento económico. Todo el posterior sistema de Cumbres (de presidentes, de ministros de seguridad, gobierno o interior y de economía, etc.) generó una miríada de declaraciones comunes de los gobiernos latinoamericanos y EEUU basadas en esas ideas y dirigidas a llevarlas a la práctica. La cooperación militar se traduce en el sistemático entrenamiento de fuerzas armadas con los ejercicios conjuntos y de fuerzas de seguridad con los cursos y becas de las academias y escuelas yanquis de contraterrorismo. El libre comercio se expresa en tratados bilaterales y en el  apoyo del gobierno yanqui a la penetración y expansión de sus empresas (pensemos sólo en Kraft Foods o Pepsico). Y el pilar central de la defensa de la gobernabilidad democrática es la homogeneización de la legislación interna de los países sobre la base de los criterios establecidos unilateralmente por EEUU.
Notas:
1) Las ocho leyes son las siguientes: Ley  25.765, agosto de 2003, Creación del Fondo Permanente de Recompensas. Ley  25.764, agosto de 2003, Creación del Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados. Leyes 26.023 y 26.024, abril de 2005: Ratifican e incorporan al derecho interno la Convención Interamericana contra el Terrorismo (o Convención de Barbados) y el Convenio Internacional para la represión de la financiación del terrorismo de la ONU. Ley  26.087, abril de 2006, modifica el Encubrimiento  y lavado de activos de origen delictivo, más facultades para la UIF. Ley 26.268, 2007, julio de 2007: Incorpora al Código Penal la “Asociación Ilícita Terrorista”, art. 213 ter y el delito de recolectar o proveer fondos para tales asociaciones, art. 213 quater. Amplía las facultades de la UIF. Ley 26.538, noviembre de 2009, amplía más el Fondo permanente de recompensas. Ley 26.734, diciembre de 2011, duplica el mínimo y el máximo de las penas de todos los delitos cometidos “con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.
2) Se titulaban, respectivamente, “Las relaciones interamericanas: Escudo de la seguridad del nuevo mundo y espada de la proyección del poder global de Estados Unidos” y “Una estrategia para América Latina en la década de 1990”.

Saqueo, contaminación y resistencia


La megaminería es una actividad que en los últimos 15 años se ha ido incrementando en toda la Argentina. Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Chubut y Córdoba son algunas de las provincias afectadas por ese tipo de producción

La megaminería no es una novedad en Argentina, Esquel fue durante  años, centro de grandes luchas que culminaron con la prohibición de ese tipo de explotaciones.
Desde hace años en Catamarca también están peleando contra Bajo la Alumbrera, una minera de cobre y oro, en cuyos alrededores se denunciaron un 600 por ciento más de casos de cáncer que antes de la explotación.

Minería (a cielo abierto)
La megaminería es la forma más nociva en la que se presenta esta actividad, en el caso de la extracción de oro, el proceso que se realiza empieza por la voladura de montañas enteras, para convertirlas en parvas de rocas donde se encuentra polvo, esas rocas son bañadas en una “sopa química” que como principal componente posee cianuro volcado en millones de litros de agua vertidos en piletones de alrededor de 150 hectáreas, y cuya función principal es separar el polvo de oro del resto de la piedra. Esta operación requiere toneladas de veneno y se hace sobre toneladas aún mayores de piedras, contaminando tierras y ríos a un nivel escandaloso. Es importante señalar que el agua, un recurso que, además de fundamental para la vida humana, es muy escaso en los lugares donde se encuentra oro, muchas veces no puede ser utilizada para el consumo, ya que se encuentra contaminada en los poblados cercanos a las mineras.

La Barrick Gold
Esta multinacional canadiense, posee explotaciones mineras en todo el mundo, principalmente de oro, pero también extrae cobre y plata entre otros metales. Instalada en varios países de América Latina y África, tiene denuncias de estados nacionales como el filipino por los daños ambientales causados y una denuncia hecha por Amnistía Internacional por una represión con desalojo de una población completa en Papúa Nueva Guinea, África. Lógicamente, la intención de este accionar fue quedarse con tierras ricas en metales sin importar quiénes vivían allí ni pagar por el suelo.
Esta compañía posee los recursos suficientes para manejar políticos y periodistas a su antojo y regular como quieren, al mismo tiempo, las leyes que deben controlar su actividad. Esto último lo consiguen fácilmente, ya que lo tienen de la mano de quienes piden sus “inversiones” a los gritos. Lo difícil es convencer a las víctimas directas. Para esto, en los poblados cercanos hacen donaciones a escuelas y hospitales, pero cuando no logran convencer por las buenas, lo hacen con represión y persecución a los que se organizan. En la Rioja, por ejemplo, las patotas y grupos especiales son moneda corriente, los militantes enfrentan todo tipo de aprietes y persecuciones. Hace unas semanas, incluso, fue encontrada una lista negra que compartían la empresa y el gobierno donde se detallaban los nombres de docentes y militantes que luchan contra esa empresa e incluía el grado de compromiso con la lucha figurando al lado de los nombres el mote de “cabecilla” o “protagonista”. Al respecto, desde la Barrick sólo dijeron tener derecho a saber con quienes discuten.

La responsabilidad del gobierno
Todo esto ocurría con una presidenta en reposo, de quien algunos esperaban una respuesta favorable al reclamo antiminero. Una vez llegada la respuesta, la desilusión era previsible: Cristina Fernández apuntó contra los que se oponen a la megaminería, argumentando que esa gente se opone al progreso, al crecimiento, y diciendo que esa industria no contamina ni perjudica de modo alguno. Claro está que no iba a admitir que en explotaciones auríferas como las de Catamarca el índice de cáncer se multiplicó por seis.
La presidenta, olvidó decir, además, que las mineras poseen exenciones  impositivas y distintos tipos de beneficios para los primeros 30 años de explotación (que es más o menos el tiempo que dura su vida útil), refinan el oro fuera del país, llevándose sólo la materia prima, de la que deben dejar alrededor del 3% y que sólo la empresa controla las cantidades que extrae.
Probablemente, el olvido más importante fue su relación con Peter Munk, presidente de la multinacional.

¿Y la de protección de glaciares?
Cuando el senado aprobó la ley de protección de glaciares, preservando reservas invaluables de agua potable, Barrick Gold presentó un amparo (dado que la mayoría de los glaciares del país están es la zona cordillerana, la ley implicaba un serio problema para las actividades mineras contaminantes) y fue la presidenta quien vetó esa ley, argumentando que de proteger los recursos acuíferos podría afectarse la economía de algunas provincias.
Párrafo aparte merece el ministro nacional de minería, Jorge Mayoral, quien es dueño de una minera, que además de estar registrada con domicilio en el mismo lugar que Barrick Exploraciones Argentinas, tiene como actual presidente al que fuera el presidente de la Barrick local. Es claro el rol del gobierno, tanto nacional como provincial: ayudar a esta multinacional a llevarse el oro, a cambio de dejar la tierra y el agua envenenada, pagando sólo lo suficiente para que el estado les garantice la impunidad y represión que necesiten.

Famatina, un nuevo ejemplo de lucha
Como Andalgalá o Esquel en años anteriores, esta vez la lucha por el Famatina resuena en todo el país.
Famatina es un cerro de la provincia de La Rioja que intenta ser explotado principalmente para la extracción de oro, hace meses que los habitantes de la zona protestan contra la instalación de la minera, organizándose en asambleas, hacen cortes, movilizaciones y sostienen una lucha contra una multinacional muy poderosa.
Es importante aclarar que el actual gobernador riojano tuvo como principal consigna de campaña ir en contra de la megaminería y que hoy es su ferviente defensor. Después de tratar a los riojanos de “desinformados”, se vio en la obligación de cambiar su discurso, ya que con alrededor de un mes de bloqueo de los principales accesos a la mina por parte de los vecinos, La  Rioja vivió su mayor movilización en 20 años: más de diez mil personas marcharon a la capital para torcerle el brazo al gobierno y así lo hicieron, logrando que, por ahora, tanto el gobernador, como la empresa, anunciaran el freno de los trabajos que querían llevar adelante hasta poder “informar mejor a la población” y que la explotación tenga una “aceptación social”. Para los vecinos y luchadores de esa provincia está claro que lo que desean hacer es desgastarlos, dividirlos y reprimir a los que se resistan. Pero este deseo es combatido con el aumento de lazos de solidaridad entre las distintas regiones afectadas, la organización y un ejemplo de lucha, que se inscribe en las mejores páginas.