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Editorial. Organizarse y luchar contra el ajuste en curso



La crisis capitalista que, desde hace años, viene expresándose con suma claridad en países como EEUU, España, Grecia…, inevitablemente, también encuentra sus manifestaciones en Argentina, por ser un país capitalista con una economía profundamente extranjerizada.
La fluctuación de la demanda y de los precios de las materias primas que exporta el país, la tendencia al déficit de la balanza comercial, el pago de la deuda externa… son todos elementos que impulsan al gobierno a implementar el actual ajuste, para mantener sus propias cuentas en el mayor orden posible. Así, busca sostenerse a sí mismo y a sus socios capitalistas más allegados. Por eso, la intervención estatal para controlar los vaivenes del dólar o las importaciones. Por eso, el retiro de subsidio directo a los capitalistas dando vía libre a los tarifazos, para que no vean perjudicadas sus ganancias. Por eso, el recorte del gasto público en la nación, las provincias y los municipios.
Las suspensiones y los despidos en fábricas multinacionales como Peugeot y Fiat son manifestaciones bien concretas de la crisis capitalista. La no renovación de contratos y el pase a disponibilidad de los trabajadores estatales en provincias como Río Negro y Chubut, también. En esta categoría se inscribe, por supuesto, la intentona ajustadora en Santa Cruz.
Así, ante los embates de la crisis capitalista, la decisión del gobierno es, en primer lugar, negar deliberadamente la existencia de tal crisis. A diferencia de otros momentos en que los gobiernos reconocían la crisis, aunque parcial y coyunturalmente, y planteaban algunas medidas (Cavallo con el blindaje, Lavagna con el fondo anticíclico…), el gobierno de Cristina Fernández se caracteriza por presentar estas medidas (control del dólar, de las importaciones, retiro de subsidios y hasta los despidos) no como consecuencia de la crisis, sino como profundización de su modelo “nacional y popular”. Dice, por ejemplo, que controla las importaciones para generar las condiciones para un proceso de sustitución de importaciones, cuando en realidad es para evitar el déficit comercial. Dice que retira los subsidios para entregarlo directamente a las personas y no a las empresas, cuando en realidad busca evitar la erosión de su propia caja, mientras avala los aumentos de tarifas. Y lo más indignante, dice que se van a acabar las “avivadas” para despedir a miles de trabajadores del estado. Y así con todo. Es el cinismo en una de sus máximas expresiones.
Y la negación de la crisis y el discurso de la profundización del modelo, acompañado de algunas medidas que pueden generar simpatías en algunos sectores del pueblo, no persigue otro fin que ajustar con el cinturon progresista al pueblo trabajador. Por eso, la importancia de desenmascarar la política del gobierno nacional ante el pueblo trabajador, que cree en sus discursos o que lo apoya por tal o cual medida aislada.
Afrontamos un año donde la inflación, el ajuste, y la lucha por mejores salarios van a ocupar un lugar de importancia en la agenda de la clase trabajadora.
Un primer ejemplo ha sido el de la lucha de Santa Cruz contra el ajuste programado por el gobernador kirchnerista Peralta, que se presenta ante los ojos de toda la sociedad como un modelo de ajuste que poco tienen para envidiarle los ajustes menemistas o delaruistas. Suspensión de paritarias, aumento de la edad jubilatoria y congelamiento de las pensiones. Semejante programa despertó nuevamente la bronca del pueblo trabajador santacruceño que, dando batalla, logró hacer retroceder los planes oficiales.
El pueblo trabajador se aglutinó en la lucha contra el tarifazo de Metrovías, Macri y Cristina Fernández que, aunque dirigida por el sector kirchnerista del sindicato del subte y por eso mismo suspendida, contó con el sostén de las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y sociales antigubernamentales, cosechó unas 200.000 firmas, logró la simpatía de una buena parte de la sociedad y marcó un antecedente en la lucha contra los tarifazos por venir.
Ahora, es necesario sacar las debidas conclusiones de estas experiencias e incorporarlas a la experiencia acumulada en la lucha sindical, para hacer frente al ajuste, los tarifazos y para romper el techo salarial que pretenden imponer, conjuntamente, las patronales, el gobierno y la burocracia sindical.

Editorial: El gobierno, cada día más cerca de los empresarios


En la actualidad, los problemas de caja del gobierno nacional, en el marco de la crisis mundial y su probable desenvolvimiento en América Latina y Argentina, plantean un escenario de dificultades económicas para el país. Esto sucede en un momento en que el gobierno, fortalecido tras el proceso electoral, tiene mayor resto para tomar medidas importantes.
Si, como dicen sus seguidores, éste fuera un gobierno “popular”, sería un momento crucial para avanzar sobre los privilegios de los sectores más poderosos del país, nucleados en las cámaras empresarias, y de defender, a su vez, a los trabajadores y sus herramientas de organización y lucha que son vitales para afrontar los intentos de ajuste patronal.
Sin embargo, una vez más, el camino del gobierno es exactamente el contrario. Ante el temor del desarrollo de la crisis y, con ella, del conflicto social, la presidenta no ha perdido oportunidad de acercarse, aún más, a las cámaras empresarias y mostrarles su absoluta comunidad de intereses.
La misma presidenta que fue a la Cumbre del G-20 a decir que había que tomar medidas para salvar al capitalismo, “porque no hacerlo terminará por golpear las bases de la democracia y libertad que sustenta la actividad empresarial”, aparece cada vez más en nuestro país, apuntalando a la dirigencia de la UIA o de la Cámara de la Construcción, por ejemplo.
Así, cuando en el encuentro de la UIA el empresariado aplaudió la orientación del gobierno por ir “en la dirección correcta” y le pidió más apoyo en el marco de la crisis actual, considerando que la economía “está sufriendo tensiones que derivan en una suba de los costos industriales”, la respuesta de la primera mandataria fue contundente. Declaró públicamente que piensa evitar el avance de cualquier proyecto de redistribución de ganancias, incluso en el caso de las empresas multimillonarias que estaban incluidas en el proyecto oportunista de la CGT. Ahí, Cristina Fernández dejó tranquilos a los empresarios, que, conscientes de su actual superioridad de fuerzas frente a los trabajadores, festejaron las palabras de la presidenta: “eso es algo que tienen que decidir los trabajadores y los empresarios. No es algo que pueda imponer por la fuerza el Estado a través del Parlamento”.
De forma muy similar, una semana más tarde, Cristina Fernandez se mostró junto a la Cámara de la Construcción, para decirle a los empresarios, otra vez a viva voz, que les garantizará mejores condiciones de explotación y reformará para eso la ley de ART, para evitar lo que llamó “la industria de juicio”, es decir, reducir todavía más la posibilidad de demandar judicialmente a los empresarios cuando éstos son responsables por muertes o accidentes de trabajo. Básicamente, más flexibilización laboral.
La otra cara de la misma política pro-patronal consiste en restringir aún más la movilización que desarrollan los trabajadores para enfrentar las avanzadas patronales y gubernamentales. Como si no fuera suficiente con la avanzada persecutoria y represiva actual (que incluye asesinatos como el de Cristian Ferreyra, cinco presos políticos, miles de procesados y perseguidos por su actividad política y gremial), el gobierno no para de atacar las prácticas de organización y lucha existentes y de advertir que deben cesar.
Por eso, en el marco de la interna peronista que incluye los roces con el dirigente de la CGT, Hugo Moyano, y las disputas con otros líderes sindicales, en los últimos tiempos el gobierno ha salido a desprestigiar toda expresión de actividad sindical. Así lo vimos en los ataques a los trabajadores del Subte, cuando se les intentaba sumar nuevas tareas (sin modificar las condiciones ni la remuneración), lo vimos recientemente con los gremios de aeronáuticos con el discurso público en contra del paro, y más en general con su planteo contra la organización sindical y de lucha sintetizado en una reciente afirmación: Les pido a los que protesten, que lo hagan en la vereda o en la plaza”. Es decir, no más paros, no más movilizaciones, no más cortes.
En definitiva, para afrontar nuevos problemas económicos, el gobierno kirchnerista ha definido claramente, una vez más, su posición junto a los capitalistas y contra el pueblo trabajador; y para explicitar ese posicionamiento no para de recorrer cámaras y encuentros empresarios, y de atacar la organización de los trabajadores.
Por nuestra parte, a los trabajadores no nos queda más que organizarnos en forma independiente para enfrentar a las patronales, al gobierno y a la burocracia, fortaleciendo los ámbitos unitarios de lucha contra la persecución al activismo sindical y político, y profundizando la pelea para una verdadera transformación en beneficio del conjunto de la clase trabajadora.

Editorial. El kirchnerismo: su rol y sus métodos


Yo nunca fui revolucionaria, siempre fui peronista” aclaraba no hace mucho la presidenta que, ahora, en la cumbre del G-20, volvió a insistir con su defensa de un “capitalismo en serio”. Ni los dichos de Cristina Fernández, ni sus actos, ni el apoyo abierto de la plana mayor de toda la burguesía argentina dejan lugar a dudas sobre el carácter capitalista y propatronal del gobierno reelecto el pasado 23 de octubre.
La misma Asociación Empresaria Argentina (AEA) expresó en un comunicado: “AEA celebra la plena expresión de la voluntad popular ejercida en esta jornada, que constituye un nuevo paso en la consolidación de la democracia en la Argentina (…) La Asociación Empresaria Argentina felicitó anoche a Cristina Fernández de Kirchner, presidenta electa de los argentinos, por su rotundo triunfo y le desea el mayor de los éxitos en su gestión”.
Pero este “modelo” de gobierno antiobrero, no es el más desfachatado del neoliberalismo, que, para defender los intereses de los grandes capitalistas gritaba a cuatro vientos que hay que abrir los mercados y profundizar el ajuste. El kirchnerismo, vino a salvar las instituciones de la democracia capitalista después de la profunda crisis de 2001 y, hoy mismo, en la cumbre del G-20, está dando consejos al mundo para salvar al capitalismo, tratando de anticiparse al crecimiento de las luchas populares que lo enfrentan.
Es un gobierno que expresa a una burguesía cautelosa ante el conflicto social, que considera imprescindible poder controlar a los trabajadores y al pueblo pobre. Para eso ha impulsado toda una serie de mecanismos que, sin poner en riesgo las enormes ganancias empresarias (e intentando salvaguardarlas a mediano plazo), busca contener la crítica contra las injusticias que genera el capitalismo y encauzarla por carrilles institucionalizados, intentando anular cualquier perspectiva de ruptura con las condiciones existentes.
Así, el gobierno apela a la demagogia; la concesión de demandas sociales mínimas (como la asignación universal); la promoción de políticas que no afectan en general a los capitalistas pero que se presentan como renovadoras particularmente para todo un público “progresista” (como la ley de medios); la cooptación de referentes históricos (como Madres) y la integración de burócratas de perfil “progre” (como la CTA de Yasky); o a una política represiva que, al tiempo que ataca directamente al activismo y amplía la militarización y la represión preventiva, se autodefine “defensora de los DDHH” y lleva a juicio a algunos de los milicos genocidas.
En este marco, el de un proyecto propatronal que intenta apropiarse de muchas banderas populares y toma medidas menores para sostener las condiciones estructurales de explotación y desigualdad, el gobierno kirchnerista busca disputar un lugar en los ámbitos de organización de los trabajadores y del pueblo. Así, es característica de la etapa actual la formación de agrupamientos oficialistas en espacios de actividad sindical, de desocupados, de DDHH, estudiantiles, culturales, etc., y su intento de subordinar a la política oficial estas actividades autónomas y con tradición de lucha.
Ahora, esta práctica política, sostenida en un contexto de crecimiento económico por el alto precio de las materias primas de exportación como la soja, ha contribuido a la consolidación del gobierno de Cristina Fernández, ratificado en las últimas elecciones. Y aprovechando ese impulso político el kirchnerismo se propone avanzar en su defensa patronal por la doble vía de la pauperización y de la represión al activismo.
Entre sus planes más inmediatos se encuentran el aumento de las tarifas de los servicios públicos y el establecimiento de techos salariales más bajos que el promedio de los últimos años, lo que repercutirá, indudablemente, de forma negativa sobre los bolsillos de los trabajadores. Medidas orientadas a hacer frente a las dificultades económicas que enfrenta la gestión kirchnerista y al impacto de la crisis económica internacional en nuestro país.
A su vez, el gobierno decidió aprovechar este momento de relativa fortaleza para avanzar en su política de persecución y atacar duramente al activismo sindical independiente y los delegados antiburocráticos. Sólo en el último mes se produjeron la detención del delegado ferroviario Rubén Sobrero, se repitieron los ataques contra los trabajadores de la línea 60, incluyendo el ingreso a la casa del delegado Farella, se produjo un nuevo ataque de la patota de la burocracia contra los trabajadores de la construcción organizados en el SITRAIC y se reprimió a los trabajadores del ferrocarril Belgrano Norte en el marco de una jornada de lucha.
Así, en este contexto, el activismo independiente, tiene planteada una amplia tarea de organización, lucha y esclarecimiento. Por una parte, es clara la importancia y la urgencia de avanzar en la organización independiente de la clase trabajadora desde las bases y desde cada lugar de trabajo, para enfrentar los planes de las patronales y el gobierno. Esto nos plantea, ante la profundización de la represión y los ataques al activismo obrero independiente, la organización y lucha unitaria de todas las comisiones internas, cuerpos de delegados, agrupaciones y corrientes sindicales antiburocráticas, así como de las organizaciones políticas, sociales y antirrepresivas, considerando que la defensa de compañeros perseguidos o atacados por la burocracia y el gobierno debe ser una tarea de primer orden.
Y a su vez, en este marco, es fundamental sostener una paciente y sistemática tarea de esclarecimiento político, demostrando el rol del gobierno de Cristina Fernández como defensor de un sistema de explotación y su clase dominante, más allá de medidas que no le hacen mella en lo fundamental, señalando la necesidad de forjar una perspectiva de transformación real y profunda, a la que sólo podremos llegar por medio de la revolución.

Editorial: Contra la farsa electoral y el gobierno de millonarios y represores, profundicemos la lucha y la organización del pueblo trabajador


Este año, las elecciones marcan el ritmo de la agenda política. Es una agenda armada por la clase capitalista, puesto que las elecciones les permiten legitimar fuertemente sus instituciones y sus partidos. Ese, sin dudas, es uno de sus principales objetivos y razones de ser.
Es por eso que todos los dirigentes de los partidos patronales y sus medios de comunicación celebran, independientemente de haber resultado ganadores o perdedores y de sus posibles internas, la “fiesta de la democracia”. Hablan, unos y otros, de la fiesta de su democracia, esa que les permite mantener la dominación y la explotación sobre la clase trabajadora, con la legitimidad que les brinda el voto.
Con el resultado de las internas abiertas y obligatorias de agosto, que terminaron con un contundente triunfo de Cristina Fernández, el kirchnerismo tiene casi asegurados otros cuatro años más al frente del gobierno. Cuatro años más en los cuales, prometen, se profundizará el “modelo”. Empresarios y funcionarios de gobierno tienen, por lo tanto, motivos de sobra para celebrar.
En estos ocho años, el kirchnerismo se ha convertido de forma acelerada en un gobierno de millonarios. Así lo demuestran, sin ir muy lejos, los patrimonios declarados por los propios funcionarios gubernamentales, que demuestran que año tras año vienen amasando fortunas a partir de los negociados que realizan a un ritmo que nada tiene que envidiarle a los estafadores y delincuentes de la era menemista, representados en figuras como María Julia Alsogaray, Carlos Grosso o el propio Menem.
Como decíamos, también esperan la profundización del “modelo” los capitalistas que han visto recuperados sus márgenes de ganancia en los últimos años. En ese sentido se han pronunciado la mayor parte de los dirigentes de las cámaras patronales, como la UIA.
Todo el lujo en el que viven los capitalistas y los funcionarios de sus gobiernos, y las fortunas que atesoran en sus cuentas bancarias, tienen como contracara la continuidad de la miseria para una parte importante del pueblo trabajador. Es claro como ocho años de crecimiento económico, tan propagandizado desde el gobierno, que si han servido para llenar los bolsillos de los empresarios, los ministros, los jueces y la familia Kirchner, no han sido suficientes para avanzar en la resolución de los problemas populares más elementales.
Así lo demuestran, incluso, varias de las propias estadísticas oficiales. La Encuesta Permanente de Hogares que elabora el INDEC, intervenido desde hace años para elaborar datos a la medida del kirchnerismo, muestra que más de un tercio de los trabajadores sigue “en negro”, padeciendo las peores condiciones de explotación, con jornadas laborales interminables y salarios de pobreza.  
Por otra parte, algunos de los datos del censo del año pasado (del que todavía no se han informado varios de los aspectos más sensibles) también han sido difundidos por el INDEC en los últimos días y señalan, entre otras cosas, que en pleno siglo XXI casi la mitad de las familias del país continúa sin acceso a servicios básicos como son las redes cloacales y de gas natural. Esto se suma al problema de vivienda que padece el pueblo trabajador, frente al cual el kirchnerismo, lejos de avanzar con soluciones, responde con represión y muerte para quienes se organizan y pelean por conseguir tierras, como sucedió el año pasado en el Indoamericano o hace algunas semanas en Ledesma.
Claro que ninguno de los candidatos de los partidos patronales, que se disputan el poder en las elecciones, resolverá esta situación. Todos ellos, se llamen Cristina Fernández, Duhalde, Alfonsín, Macri, Binner o Rodríguez Saá, son representantes de la clase capitalista y, como tales, siempre priorizarán la defensa de la propiedad y la ganancia empresaria.
Los únicos que podemos efectivamente terminar con la explotación y la miseria, propias del sistema capitalista, somos los trabajadores. Debemos impulsar, por lo tanto, pacientemente pero sin tregua, la organización independiente y desde la bases del pueblo trabajador. Avanzar en la organización desde nuestros lugares trabajo, recuperando los cuerpos delegados y comisiones internas; en las facultades y las escuelas, en los barrios, impulsando, desde cada lugar, la lucha para avanzar con nuestras reivindicaciones: salario, vivienda, educación, salud… En los últimos años, en más de una oportunidad, hemos demostrado que con la organización de base y con la lucha se puede imponer una agenda donde la clase trabajadora cobre protagonismo, y que es posible torcerle el brazo a las patronales y al gobierno.
Y al mismo tiempo, con la profundización de la lucha y de la organización de base, los trabajadores tenemos planteada una tarea imprescindible: avanzar en la construcción del partido revolucionario, herramienta fundamental que debe darse nuestra clase para poder combatir a los capitalistas y su estado, hasta terminar con la miseria y la explotación de este sistema.  

Editorial: Más represión contra el pueblo trabajador

El kirchnerismo lleva más de ocho años en el gobierno. Ocho años en los cuales se ha multiplicado escandalosamente el patrimonio de funcionarios gubernamentales y sus aliados, como Jaime, De Vido, Schoklender y la propia familia Kirchner… Una extensa lista en la cual deben agregarse, también, los exponentes máximos de la burocracia sindical, como Moyano o Pedraza, que han afianzado su perfil empresarial.

Para los capitalistas, sin dudas, han sido años de jugosas ganancias. Desde la Barrick Gold, hasta las patronales rurales, pasando por Madanes (Aluar y Fate), Rattazzi (Fiat) o Rocca (Techint); desde las PyMEs, hasta las multinacionales como Kraft o General Motors, sin olvidar a los bancos y entidades financieras; todos han tenido y tienen, independientemente de que se ubiquen más o menos cerca del gobierno, motivos de sobra para celebrar con una gestión como la de Cristina Fernández. Es que la política económica y las medidas proempresarias impulsadas por el kirchnerismo han sido la garantía de los millonarios negocios de capitalistas locales y extranjeros. “La Argentina es cada vez mejor negocio” confesó, una vez más, el canciller Timerman en una reunión con la plana mayor de la UIA.

Como contracara de tanta opulencia y de semejantes fortunas, a lo largo y ancho del país, una parte importante del pueblo trabajador continúa hundida en la miseria. La falta de vivienda digna, la situación crítica de los sistemas de salud y educación pública, la extensión de la droga que hace estragos en la juventud trabajadora, los altos niveles de desocupación que aún se mantienen… son parte de la realidad que marca que, bien lejos del discurso y la demagogia oficial, para el pueblo trabajador poco ha cambiado la situación de privaciones y miseria en los últimos años.

Y a todo esto debe agregarse que, durante el gobierno kirchnerista, se ha generalizado, además, como parte de sus políticas proempresarias, la flexibilización laboral: se han extendido el trabajo en negro, la tercerización, la contratación temporaria y por agencia, las extensas jornadas laborales y se han mantenido los salarios deprimidos, en comparación con la sostenida inflación y el costo de la canasta básica.

Ante este escenario, en el cual los empresarios son cada vez más ricos mientras el pueblo trabajador es forzado a conformarse con algunas migajas, el kirchnerismo viene avanzando con más represión. Prueba de esto es, como marcáramos el mes pasado, la militarización que ha desplegado en el sur de la ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de generar temor en las barriadas más humildes, saturando las calles con efectivos de Gendarmería y Prefectura.

En este marco, el último mes, entre los casos de gatillo fácil que se suceden a diario, ha habido dos que han trascendido en los medios. No son casos aislados, ni mucho menos: son parte de la represión cotidiana que se descarga sobre el pueblo trabajador para garantizar su disciplinamiento, junto con las torturas en las cárceles y las comisarías y el verdugueo constante de las policías a la juventud en cada barrio.

Por otra parte, en la provincia de Jujuy, una vez más, el kirchnerismo ha respondido con una brutal represión a la organización popular que busca dar solución a las necesidades más elementales, como la vivienda, ante la falta de respuestas de los distintos gobiernos. Como sucediera hace pocos meses en la Formosa del kirchnerista Insfrán o en el Indoamericano, con la represión conjunta de la Federal y la Metropolitana, en la provincia del gobernador kirchnerista, Barrionuevo, la represión a quienes ocupaban las tierras del Ingenio Ledesma para construir viviendas, dejó al menos tres muertos. De esta forma, son ya 15 los asesinados durante los años de gobierno kirchnerista por represión directa contra la protesta social.

Según declaraciones del propio gobernador provincial, en la represión hubo participación directa de personal de seguridad de la empresa Ledesma, propiedad de uno de los grupos empresarios más poderosos del país, con poder casi absoluto en la provincia de Jujuy, y de buena relación con el kirchnerimo en los últimos años. Por otra parte, se evidencia, nuevamente, cómo en estos casos la justicia, las fuerzas represivas y los funcionarios de gobierno actúan rápidamente para defender los intereses de la empresa. Es una demostración más de cómo, en este sistema, el estado está siempre al servicio de los capitalistas.

Por más que insista en pintarse de popular, el kirchnerismo es un gobierno que sólo ha defendido y defenderá los intereses de los empresarios, mientras mantiene en la miseria a los trabajadores y profundiza la represión, con la que sigue matando a los hijos del pueblo.

Editorial. Radiografía de la campaña kirchnerista: Con más represión, con los patrones y contra los trabajadores

Tras meses de idas y vueltas, finalmente, Cristina Fernández confirmó que irá por la reelección. Su compañero de fórmula será el ministro de economía, Amado Boudou. En las últimas semanas, metido de lleno ya en la campaña electoral, el gobierno kirchnerista sintetizó en unos pocos gestos y acciones la esencia de lo que han sido los lineamientos centrales de sus ocho años de gobierno.

Por un lado, en materia represiva, Cristina Fernández y Nilda Garré anunciaron el nuevo plan del gobierno para “combatir la inseguridad”. Como continuación del modelo ya en curso en la provincia de Buenos Aires, el gobierno nacional movilizará 2.500 efectivos de Gendarmería y Prefectura para patrullar directamente los barrios del sur de la Capital Federal. De esta forma, saturará las barriadas más humildes de la zona con miles de uniformados que continuarán matando con el gatillo fácil y la tortura y apaleando a diario a los jóvenes, para garantizar el disciplinamiento de los sectores populares.

El carácter represor del kirchnerismo también quedó en evidencia en las puertas del Ministerio de Trabajo, cuando la Policía Federal reprimió, por la noche, a los docentes de Santa Cruz, dejando un saldo de varios heridos y cuatro detenidos. Una respuesta recurrente de este gobierno que se jacta de no reprimir la protesta social, cuando ha condenado y atacado a todas las luchas que han surgido por fuera de la burocracia sindical, perseguido y procesado a miles de activistas y mandado a la cárcel a más de cien presos políticos.

En la ciudad de Buenos Aires, la fórmula kirchnerista la componen Daniel Filmus y Carlos Tomada. Filmus fue el encargado de justificar la represión a los docentes. “Los habitantes también tienen su derecho de trasladarse de un lugar a otro”, dijo el ex ministro de educación en un discurso que bien podría ser el macrista. A pesar del escándalo de las escuchas telefónicas que confirmaron la estrecha relación entre Tomada y el asesino José Pedraza, el ministro de trabajo será el compañero de Filmus en las elecciones porteñas. El propio Tomada, fue el que se negó a recibir a los docentes de Santa Cruz, que tras mas de dos meses de paro, viajaron hasta Buenos Aires en busca de soluciones para el conflicto. Lejos de ofrecerlas, el ministro de trabajo les mando a decir través de sus voceros que nada haría para destrabar la situación.

Y mientras el kirchnerismo avanza con más represión, desconoce y enfrenta los reclamos de los trabajadores, entre los verdaderos beneficiarios del modelo se vive un clima de euforia. Es lo se pasa entre los principales referentes de la Unión Industrial (UIA). Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Argentina, fue, durante varios años, uno de los líderes empresarios más críticos del gobierno. Esto cambió radicalmente, hace algunos meses, cuando el kirchnerismo le adjudicó uno de los “Créditos del Bicentenario”, que financiarán sus negocios con cientos de millones de pesos provenientes de las arcas del estado. Así, ante el anuncio de la designación de Boudou como compañero de fórmula de Cristina Fernández, Rattazzi celebró, asegurando que se trata de “una muy buena elección; arregló con los holdouts y avanzó hacia una Argentina inserta en el mundo. Era complicado hacerlo en ese momento y él lo hizo”. Otro que elogió al ministro de economía fue De Mendiguren: “Cada vez que tuvimos un problema lo citamos y vino siempre a la UIA. Además, a todo da respuesta; no es un tipo que postergue, sino que enfrenta las cosas. Boudou es una persona de diálogo”.

El optimismo empresarial también se dejó ver en el Precoloquio de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina) que se realizó en la provincia de Salta. Allí, líderes empresarios locales y varios gobernadores kirchneristas, como Urtubey y Capitanich, celebraron cuando el analista Sergio Berensztein auguró un triunfo de Cristina Fernández en las próximas elecciones.

Estas pocas imágenes de campaña bastan para pintar de cuerpo entero al kirchnerismo. Un gobierno antipopular y represor. Un gobierno que demuestra todo su desprecio por la educación pública y por las reivindicaciones de los trabajadores, al no ofrecer ninguna solución a los docentes de Santa Cruz. Un gobierno que manda a su delegado provincial, el gobernador Daniel Peralta, a declarar que no tiene plata para aumentar los sueldos docentes, al tiempo que destina miles de millones de pesos para subsidiar a los empresarios. Un gobierno que, como señala De Mendiguren, pone a sus ministros al servicio de las necesidades patronales, siempre dispuestos a atender sus llamados y que se niega a dar respuesta a los reclamos más elementales de los trabajadores.

A cada paso, por lo tanto, el kirchnerismo no hace más que confirmar lo que siempre fue y será: un gobierno al servicio de las patronales y enemigo del pueblo trabajador.

Editorial: Los que mandan

En esta sociedad, basada en la defensa de la propiedad privada y la explotación de la clase trabajadora, son los capitalistas los que mandan. Son los dueños de las fábricas, los bancos y las tierras, y los que se apropian, por lo tanto, de las riquezas generadas a diario por los trabajadores.

Para mantener su dominación se valen, entre los más diversos recursos, de todas las herramientas que aporta el aparato estatal: su parlamento, donde los legisladores sancionan leyes a su medida; su poder judicial, con jueces que fallan en defensa de sus intereses; y el ejecutivo, desde dónde quienes gobiernan tienen la responsabilidad de conducir las políticas que custodiarán los negocios de los capitalistas y de comandar a las fuerzas represivas, para disciplinar cotidianamente al pueblo trabajador.

Este rol que cumplen los gobiernos como representantes directos de la clase capitalista y defensores de sus intereses se pone en evidencia claramente en estos meses de campaña electoral. Los distintos candidatos que competirán en las urnas con la aspiración de acceder al gobierno, organizan reuniones y encuentros con las principales cámaras empresarias para escuchar sus necesidades y sus proyectos y hacen todo tipo de promesas que, una vez en el gobierno, cumplirán al pie de la letra. Y es en esas reuniones, en definitiva, en dónde se organizan y planifican los lineamientos de gobierno.

En los últimos ocho años, el kirchnerismo le ha garantizado millonarias ganancias a no pocos sectores del empresariado. Cuenta, por lo tanto, con el apoyo de una parte importante de la clase capitalista para continuar al frente del gobierno en el próximo período. Sin embargo, no conforme con esto, en estos meses de campaña, el gobierno de Cristina Fernández no escatima en gestos y en medidas proempresarias, en busca de consolidar la confianza de los capitalistas en su “modelo de país”.

En este marco, como ya señaláramos los últimos meses, el kirchnerismo ha lanzado los “Créditos del Bicentenario” que ponen miles de millones de pesos de las arcas del Banco Central al servicio de los negocios de distintos grupos empresarios. Al mismo tiempo, los ministros atienden casi a diario a los representantes de las cámaras patronales, buscando dar respuesta a todas y cada una de sus exigencias. Así, se sucedieron los encuentros con Boudou y Giorgi, que prometieron el lanzamiento de nuevas líneas de crédito, cuando no directamente, con Cristina Fernández.

Lo mismo se evidenció durante el viaje presidencial por México e Italia, que acompañaron, entre otros, De Vido, Timerman y Sabbatella. Allí, la comitiva que encabezó Cristina Fernández funcionó como promotora de los negociados que firmaron De Mendiguren (Unión Industrial) y Carlos de la Vega (Cámara de Comercio) en ambos países, actitud que despertó nuevos elogios de parte del flamante presidente de la UIA.

Claro que los principales candidatos que intentarán enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones también buscan seducir al empresariado. Es el caso de Ricardo Alfonsín, que almorzó con De Mendiguren, Betnaza (Techint) y Rattazzi (Fiat). “Para que haya inversiones y desarrollo, las reglas de juego deben ser permanentes”, aseguró el radical, que recitó todo su repertorio proempresario, se llevó un documento redactado por los líderes industriales y aceptó una invitación de De Mendiguren para visitar la sede de la UIA y encontrarse con el resto de la cúpula de esa cámara patronal.

Aunque relegados por sus posibilidades electorales, los mismos pasos siguen Duhalde, amigo personal de De Mendiguren, Carrió, que organizó una gira para visitar a representantes de organismos internacionales y participó de un acto con los empresarios rurales de CRA y el rejunte “progre” de Pino Solanas y De Gennaro, que mientras buscan convencer a Binner para que encabece la fórmula nacional, continúan con su histórico discurso que elogia y busca seducir al empresariado nacional y, principalmente, al de las ultraexplotadoras PyMEs.

Es que, en definitiva, todos los gobiernos que surjan en los marcos del sistema capitalista, más allá de sus posibles matices, defenderán ante todo los intereses de los distintos grupos empresarios. “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”, escribieron Marx y Engels en las páginas del Manifiesto Comunista. Y allí señalaron también, ante esa evidencia, que en el desarrollo de la organización y de la lucha de la clase obrera, radica la única fuerza posible capaz de sepultar al capitalismo y su explotación y levantar un gobierno que defienda los intereses de los trabajadores. En dar impulso a la lucha del pueblo trabajador y en avanzar en la construcción del partido de la clase obrera que se organice con ese norte revolucionario deben concentrarse todos nuestros esfuerzos.

Editorial: 1° DE MAYO: Día de la clase trabajadora

Ya en el siglo XIX, a poco de andar, el capitalismo dejaba en evidencia toda su brutalidad y sus miserias. Con el único fin de multiplicar sus ganancias, un puñado de capitalistas, dueños de las fábricas, los bancos y las tierras, sometían a millones de trabajadores a la explotación más descarnada, siendo moneda corriente las extensas jornadas laborales a cambio de salarios miserables, que apenas si alcanzaban para subsistir, y la explotación del trabajo infantil, entre otras prácticas habituales en la barbarie capitalista. Es decir, ya por aquellos años comenzaron a utilizarse los mismos métodos y la misma explotación que, con variantes de forma, sostienen hasta la actualidad.

A su vez, a la par del surgimiento y el avance del sistema capitalista, se fueron desarrollando distintas experiencias de resistencia de quienes padecían a diario la explotación y contemplaban cómo, mientras se acentuaba su miseria, se enriquecían groseramente los patrones a costa de su trabajo.

Una de estas tantas experiencias es la que protagonizaron los “Mártires de Chicago”, dirigentes obreros llevados a la horca en Estados Unidos por pelear por la jornada laboral de ocho horas. En homenaje a su lucha, el 1° de mayo es el día internacional de la clase trabajadora.

Aquella experiencia demuestra, por un lado, que los capitalistas han apelado y apelarán siempre al uso de toda la violencia que sea necesaria, contra la clase obrera, con el fin de defender sus privilegios. Los miles de trabajadores y luchadores que han sido encarcelados, perseguidos y asesinados en estos siglos de dominación de la burguesía, son confirmación de esto.

Y experiencias como la de los “Mártires de Chicago”, junto con otras que le han sucedido en la historia de la lucha de clases, con los puntos más altos en las revoluciones rusa y cubana, también demuestran que la clase trabajadora organizada y decidida a luchar contra la miseria que genera este sistema, representa una seria preocupación para la clase capitalista, ya que es la única capaz de derrotarla y de organizar la sociedad sobre otras bases, persiguiendo el bienestar del conjunto del pueblo y no, de una ínfima minoría, como sucede actualmente.

En Argentina, empresarios de todo tipo vienen gozando de abultadas ganancias. En los últimos años, en muchos casos, se han visto beneficiados por un contexto económico favorable, que ofrece altos precios por las mercancías que producen, como es el caso de las patronales del campo y de algunos grupos industriales. Pero, además, han contando a su favor con las políticas proempresarias del gobierno kirchnerista, que ha garantizado el bienestar de sus negociados a través de la generalización de la flexibilización laboral (con altos índices de trabajo en negro, tercerización, contratos precarios, por agencia…), los bajos salarios y con la distribución de millonarios subsidios que han sostenido e impulsado las ganancias de diversos grupos empresarios. Es lo que sucede por estos días con la distribución de los subsidios que han dado en llamar “Créditos del Bicentenario”, y que han sido muy celebrados por los capitalistas locales, como se pudo observar en el reciente acto de asunción de De Mendiguren al frente de la UIA.

Y en este contexto, en este año electoral, los partidos patronales convocan a los trabajadores a confiar una vez más en ellos y a participar en una nueva elección que, como todas las anteriores, no representará ningún avance para el pueblo trabajador, sino que, por el contrario, contribuirá a la legitimación de la dominación capitalista y de su explotación.

La burocracia sindical, representada tanto en su versión empresaria de los jefes de la CGT, como en su versión “progre” de las conducciones de la CTA, que ha jugado un rol muy importante en el funcionamiento y la consolidación del modelo proempresario del kirchnerismo, se encuentra sumergida de lleno en la campaña, peleando por lugares en las listas de los principales partidos patronales.

Como en el resto del mundo, en nuestro país, la clase trabajadora también tiene su historia de lucha. Es la que escribieron, por ejemplo, en los inicios del siglo XX, los obreros de los Tallares Metalúrgicos Vasena (“Semana Trágica”, 1919) y los trabajadores rurales de la Patagonia, dos años después. Más cerca en el tiempo, es la que protagonizaron los trabajadores que enfrentaron a la burocracia sindical, a las patronales y los gobiernos (dictadura y peronismo), en la primera mitad de la década del `70 y que levantaron bien alto las banderas del clasismo.

En los últimos años, la clase trabajadora ha comenzado a recuperar protagonismo, llevando adelante importantes luchas y enfrentando, en muchos casos, a la burocracia sindical, recuperando cuerpos de delegados y comisiones internas. Profundizar este camino de lucha y de construcción de base y antiburocrática es una tarea central que debemos desarrollar en este momento los trabajadores.

Y bien lejos de la farsa electoral, necesitamos construir nuestra organización política para poder enfrentar a los capitalistas. Retomando las mejores tradiciones de lucha de la clase obrera, debemos prepararnos para avanzar por el único camino posible para alcanzar un gobierno de los trabajadores que termine con la miseria y la explotación del capitalismo: la revolución socialista.

Editorial: Subsidios para los empresarios. Ajuste para los trabajadores.

De campaña, el kirchnerismo insiste en presentarse como un gobierno “popular”, que se enfrenta a las grandes corporaciones y defiende, ante todo, el interés de los trabajadores y los más desprotegidos. Para montar esta farsa tiene trabajando a todo su aparato propagandístico, que no es para nada menor, e incluye radios, canales de televisión y diarios enteros, y que cuenta con la intervención cotidiana de sus escribas y funcionarios, además de un sinfín de actos partidarios.

Uno de los últimos fue, por ejemplo, en Huracán, para el aniversario del triunfo electoral de Cámpora y Solano Lima en el `73. En esa oportunidad, Cristina Fernández fue la principal oradora. Allí, el eje central del discurso fue la juventud, que parece ser una de las apuestas fuertes del kirchnerismo pensando en las elecciones de octubre. Fue el mismo eje que le imprimió Guillermo Moreno a su intervención en el acto que organizó Bonafini en el Mercado Central. “Empieza a emerger una juventud maravillosa”, aseguró el secretario de comercio.

Con esas palabras, hacen referencia, desde el gobierno, a agrupaciones como La Cámpora, que se vienen desarrollando al amparo del aparato punteril del PJ, y cuyos dirigentes se destacan, no precisamente por su militancia popular, sino por los altísimos sueldos que cobran por los cargos que van consiguiendo en el estado o como directivos en importantes empresas. También incluyen, seguramente, dentro del resurgimiento de la “juventud maravillosa”, al protagonismo que ha vuelto a cobrar la Juventud Sindical Peronista, que comanda el menor de los Moyano, y que, como apéndice de la burocracia sindical, es otra de las patas sobre las cuales se sostiene el gobierno de Cristina Fernández.

Otro eje central de propaganda para el armado de la farsa kirchnerista sigue siendo el de los derechos humanos. Para el pasado 24 de marzo, organizó una marcha y varios actos oficiales, donde se movilizó buena parte del aparato gubernamental. Allí estuvo, entre otras fuerzas, marchando por la memoria y los derechos humanos, la Juventud Sindical. Esa misma que, ya en los `70, estrechamente relacionada con la AAA, organizaba las patotas que perseguían y asesinaban a los trabajadores y delegados clasistas y antiburocráticos. Las mismas patotas que, por estos días, utiliza la burocracia sindical kirchnerista para enfrentar a los trabajadores que se organizan de forma independiente y que sólo algunos meses atrás asesinaron a Mariano Ferreyra y dejaron gravemente herida a Elsa Rodríguez.

No puede sorprender, en este gobierno peronista, que sigue hablando de derechos humanos, mientras mata todos los días en los barrios populares con el gatillo fácil y la tortura. O cuando ha contado, en menos de ocho años, con más de cien presos políticos, superando a cualquier otro gobierno desde `83 en adelante. O cuando son miles los procesados por luchar, entre los cuales se cuentan decenas de trabajadores que encabezan procesos de organización independiente y de lucha, como en Kraft, Fate o el Subte.

No puede sorprender, tampoco, en el marco de la farsa que intenta montar el kirchnerismo, que con un discurso plagado de demagogia y mentiras, convoque a la juventud a sumarse y apoyar a su proyecto antipopular, cuando lo único que el gobierno le ofrece a la juventud trabajadora es desocupación o trabajo precario y una vida de sometimiento a través de las drogas y la violencia. Mientras, profundiza la destrucción de la educación pública (que también dice defender) manteniendo los presupuestos del área por el piso y los salarios docentes en la pobreza.

Por más que lo intente, sin embargo, el kirchnerismo no puede ocultar su verdadero rol: la defensa de los intereses de la clase capitalista. Así, por estos días, impulsa un nuevo ajuste sobre la clase trabajadora. Éste tuvo su lanzamiento con el acuerdo firmado con el jefe CGT, Hugo Moyano, en busca de fijar un techo para las negociaciones salariales en las próximas paritarias de cada gremio.

Y, como contracara, mientras avanza con más ajuste sobre los trabajadores, el gobierno de Cristina Fernández distribuye millonarios subsidios, bajo el pomposo título de “Créditos del Bicentenario”, para garantizar las gigantescas ganancias de un puñado de empresarios. Son miles de millones de pesos que saldrán del Banco Central, bajo la administración directa del gobierno, y que servirán para financiar los negociados de distintas empresas, tanto las negreras y ultra explotadoras PyMES, como importantes multinacionales, como Fiat.

Ésa ha sido la dinámica de todos los años de gobierno kirchnerista: Extraordinarias ganancias para los empresarios del campo y de la ciudad; Miseria, ajuste y más privaciones para pueblo trabajador.

Editorial: Contra Pedraza y toda la burocracia sindical

Con la reciente detención de los jefes de la Unión Ferroviaria, José Pedraza y Juan Carlos Fernández, volvió a las primeras planas el debate sobre el rol y las características de la burocracia sindical. Y volvieron, también, las mentiras y distorsiones esgrimidas por la burocracia de conjunto para intentar lavar su imagen y despegarse del asesinato de Mariano Ferreyra y de los escandalosos negociados en los cuales está involucrada.

El viernes 25 de febrero, dos días después de la detención de Pedraza, la Unión Ferroviaria lanzó un paro, que no pudo garantizar en la línea Sarmiento, donde dirige la oposición, y que se llevó adelante en las restantes líneas (muchas veces contra la voluntad de los trabajadores), gracias al apoyo patronal que contribuyó cerrando las estaciones. Ese mismo día, publicó en los principales diarios del país una solicitada, bajo el título de “La Unión Ferroviaria al pueblo argentino”, plagada de mentiras, buscando despegarse del asesinato de Ferreyra, y mostrarse como víctima de una supuesta persecución política. En la misma, un sindicato que se ha fundido directamente con la patronal, que viene de décadas de entregas, de apoyo a las privatizaciones y a la precarización laboral y de perseguir la organización independiente de los trabajadores, busca mostrarse como portador de una trayectoria de defensa de “la causa de la justicia social”.

Quienes, como la Lista Verde de Pedraza, han perseguido y enfrentado cualquier intento de oposición al interior del gremio, valiéndose siempre de sus patotas para amedrentar y atacar a los ferroviarios, se dicen portadores de una “vocación pacífica y democrática” y vuelven a mentir diciendo que “hoy mismo existe oposición en algunas líneas ferroviarias de pasajeros y jamás ha mediado un hecho de violencia imputable a la conducción”. Eso dicen quiénes, no sólo organizaron e integraron la patota que asesinó a Ferreyra y dejó gravemente herida a Elsa Rodríguez, sino quienes también hacen de los aprietes y ataques a los trabajadores que los enfrentan una práctica permanente, como se evidencia con las amenazas e intimidaciones sufridas por los trabajadores del Roca previos al 20 de octubre, o con los ataques y golpizas que padecen reiteradamente los trabajadores de las listas y agrupamientos opositores a la burocracia en las distintas líneas.

En la misma solicitada, la burocracia ferroviaria, lejos de reconocer el conflicto de los tercerizados y la justeza de sus reclamos, apela al macartismo más vulgar para descalificar su organización y su lucha. Lo mismo hizo Pedraza en su declaración ante la jueza, afirmando que todo se dio a causa de que querían “ganarnos el sindicato”.

El resto de la burocracia sindical, por su parte, parece haberle soltado la mano a su viejo aliado Pedraza y a la cúpula de la burocracia verde de la Unión Ferroviaria. A diferencia de lo que sucedió ante la detención de Venegas, no hubo, en este caso, movilizaciones, ni comunicados, ni denuncias de persecución política. Por el contrario, quienes se pronunciaron tomaron distancia de Pedraza. Así lo hicieron el moyanista y kirchnerista Omar Plaini quien aseguró que “la justicia está interviniendo (…) y es un tema que le compete a la Unión Ferroviaria” y el duhaldista Barrionuevo, quien remarcó, en el mismo sentido, que “cada uno debe tener sus responsabilidades y asumirlas”.

De esta forma, buscan limitar esta situación a un caso puntual y excepcional, del cual la Unión Ferroviaria debería hacerse cargo ante la justicia. Lejos de esto, el asesinato de Ferreyra muestra una forma de funcionamiento que es común a toda la burocracia sindical. Esa burocracia a la cual Cristina Fernández saludara en un acto a fines de 2009 en una sede de la Unión Ferroviaria, de la mano de Moyano y el propio Pedraza, confesando ser “una profunda admiradora de nuestra organización sindical”. Esa burocracia, no está demás insistir, sobre la cual el kirchnerismo se ha apoyado en todos estos años y que le ha servido como un aliado fundamental a la hora de garantizar el ajuste y el disciplinamiento sobre la clase trabajadora.

Todos estos burócratas comparten la utilización de patotas, conformadas por barrabravas y asesinos a sueldo, para dirimir disputas internas, como se viera en el tiroteo de San Vicente o con los asesinatos de dirigentes sindicales, o para enfrentar a los trabajadores que se organizan de forma independiente, como la patota del SOMU contra los trabajadores del casino, o la reciente de la UOCRA en Lomas, entre tantos otros casos.

También es común a toda esta burocracia sindical peronista, el modelo de burócrata millonario y empresario que representa Pedraza. Su propiedad sobre varias empresas, su departamento en el exclusivo barrio de Puerto Madero, sus viajes de placer por el mundo y su vida de lujos, bien alejada de la realidad de cualquier trabajador, coinciden perfectamente (millones más, millones menos) con la de Moyano o Barrionuevo, por nombrar a sus máximos exponentes. Fortunas, desde luego, que han construido sobre la base de sus acuerdos con las distintas patronales y los gobiernos de turno, entregando y negociando las conquistas y los derechos de los trabajadores.

Por todo esto, por su compromiso con la continuidad de la explotación de los trabajadores, la burocracia sindical es uno de los principales enemigos de la clase obrera. Enemigo que debe ser combatido y desterrado en cada lugar de trabajo y en cada gremio, con la organización independiente y la lucha de los trabajadores.

EDITORIAL: Continuar organizándonos para luchar contra los capitalistas

El 2011 será un año plagado de elecciones: internas abiertas, provinciales, legislativas, presidenciales. De conjunto, la clase capitalista y sus representantes políticos hablarán maravillas del sistema democrático y sus elecciones, para continuar legitimando sus instituciones. Por su parte, cada candidato, desde el más progresista hasta el más abiertamente conservador, hará su tradicional despliegue de promesas y demagogia, asegurando que posee la fórmula para dar solución a los problemas que padece a diario el pueblo trabajador.


No es necesario desarrollar un análisis demasiado profundo para dar por tierra con estas mentiras. Sin ir más lejos, desde el ´83 hasta hoy, se han sucedido gobiernos de distintos partidos o frentes, de los cuales han sido partícipes o colaboradores, prácticamente todos los candidatos que en los próximos meses se presentarán como la alternativa (o la continuidad) de gobierno, y que, lejos de dar algún tipo de solución a los problemas populares, se han enriquecido a costa del pueblo, han sido promotores y custodios de la ganancia empresaria y han profundizado la explotación y la miseria que padece la clase trabajadora. Todo esto se traduce hoy en día en los altos niveles de desocupación, el trabajo en negro, los bajos salarios, el desmantelamiento de los sistemas de salud y educación pública, la falta de vivienda digna para amplios sectores del pueblo, el aumento de la represión que se descarga a diario desde el estado en los barrios, la persecución a los luchadores populares…

Por su parte, los distintos grupos empresarios darán su apoyo (con aportes millonarios, campañas de prensa y toda la estructura necesaria) a los candidatos que mejor representen sus intereses. Es decir, a los que le prometan mejores negociados, ventajas comerciales, previsibilidad para sus negocios. Entre éstos, habrá quienes se inclinarán por la continuidad del kirchnerismo en el gobierno, como ciertos sectores de la Unión Industrial, y quienes, como la mayor parte del empresariado rural, buscarán un recambio entre las otras variantes patronales.

La burocracia sindical, como lo ha hecho tradicionalmente, también entrará de lleno en la disputa electoral. Los Moyano y los Barrionuevo, los Yasky y los De Gennaro, darán su apoyo a alguno de los postulantes y buscarán meter candidatos propios en las listas de los partidos patronales, ya sea del PJ kirchnerista u opositor, el radicalismo, el Partido Socialista, la Coalición Cívica o Proyecto Sur. Así, intentarán seguir atando a la clase trabajadora tras los intereses y proyectos políticos que sólo defienden y promueven el bienestar de los empresarios.

Mientras tanto, en los próximos meses, los gremios y las patronales de los distintos sectores negociarán acuerdos paritarios con el gobierno. Como ha sucedido año tras año con el kirchnerismo los “aumentos” salariales casi en ningún caso llegarán a igualar siquiera los incrementos de precios. Esta política planificada de ajuste sobre el salario, es una de las principales ventajas que el gobierno le ha ofrecido al empresariado nacional y extranjero, y que ha redundado para ellos en la obtención de millonarias ganancias, mientras que para los trabajadores no ha significado otra cosa que una mayor dificultad para llegar a fin de mes, teniendo en cuenta los fuertes aumentos de los precios de la canasta básica, como alimentos y alquileres.

Ante este panorama, la única alternativa real para el pueblo trabajador es seguir organizándose de forma independiente a la burocracia sindical, el estado y los partidos patronales, y prepararse para la lucha. Recordemos, por caso, que el año pasado, los trabajadores de la alimentación dieron un importante ejemplo en este sentido. Organizados desde las bases, de forma independiente a la burocracia, llevaron adelante una lucha que contó con piquetes, paro de actividades y toma de plantas en varias de las principales empresas del sector, lo que les permitió, en aquel momento, firmar un aumento salarial muy por encima de lo que estaba en los planes de la patronal y el gobierno, logrando, de esta forma, romper el techo salarial. Y ése es el único camino posible para ir avanzando en la recuperación del salario y conseguir nuevas conquistas para la clase trabajadora.

Continuar construyendo pacientemente nuestras instancias de organización, desde los espacios gremiales de base hasta la organización política de la clase obrera, para poder dar mayor impulso a la lucha contra la explotación de este sistema, debe ser la tarea de los trabajadores concientes ante un año en el cual los capitalistas buscarán poner una vez más en la agenda sus prioridades y avanzar con el engaño de una nueva farsa electoral.

Editorial: El kirchnerismo cierra otro año con más ajuste y represión


Tras la muerte de Néstor Kirchner, el gobierno ha profundizado su campaña propagandística con actos, festivales y discursos, desde donde se exaltó la imagen del ex jefe del PJ con sus ya clásicas alusiones a su supuesto rol como defensor de los derechos humanos y de los intereses “nacionales y populares”. Y a este conocido repertorio se agregó, recientemente, la atribución de haber contribuido al resurgimiento de la “juventud maravillosa” y reavivado la “mística de la militancia”, en referencia a los grupos juveniles que vienen creciendo al amparo del aparato punteril del PJ y que buscan ubicarse como vanguardia en su apoyo al antipopular gobierno de Cristina Fernández.
Todo este despliegue propagandístico busca sostener la imagen del gobierno que, pensando en 2011, continúa aventajando a todo el resto de la oposición patronal, que más allá de algunos lanzamientos, no le hace frente al kirchnerismo.
Se busca, en definitiva, lavar la cara de este gobierno, ocultando con discursos y festivales la realidad a la que se somete al pueblo: más explotación y ajuste para los trabajadores; represión y persecución para los que luchan.
En este marco, el último mes, adelantando lo que será la continuidad del ajuste en 2011, estuvieron a la orden del día las reuniones entre líderes empresarios, burócratas sindicales y ministros del gobierno, haciendo pública la intención de alcanzar un “nuevo” pacto social. Pacto social que, si bien no se ha plasmado en un acuerdo formal durante el gobierno de Cristina Fernández, ha funcionado casi sin interrupciones en los últimos años, para garantizar el ajuste sobre el pueblo trabajador. En este marco, se explican los techos salariales, los acuerdos de paz social y la profundización de la flexibilización laboral que, de conjunto, el gobierno y las burocracias sindicales de la CGT y la CTA (tanto la porción mayoritaria de la burocracia que se alinea con el kirchnerismo, como los que se organizan tras otras alternativas patronales) les han brindado a los empresarios locales y extranjeros.
La participación de Cristina Fernández y casi todo su gabinete, y de Hugo Moyano en la Conferencia Anual de la UIA y posteriormente la visita del jefe de la CGT al Encuentro de Empresarios de Iberoamérica, sus permanentes llamados a la moderación y al diálogo, son una muestra más de que esta alianza antiobrera de empresarios, burócratas y gobierno, planea continuar ajustando sobre la clase trabajadora. Así se perfila ya de cara a las negociaciones paritarias del año próximo. En un marco de sostenida inflación, con aumentos de precios que, por ejemplo, para algunos cortes de carne y otros alimentos han superado en un año el 150%, buscarán firmar “aumentos” que no cubrirán, ni de cerca, estos incrementos de precios, garantizando la continuidad del deterioro del salario.
Mientras tanto, el gobierno autoproclamado de los “derechos humanos” sigue reprimiendo a los que se organizan y pelean por los derechos más elementales, como tierra, vivienda, trabajo o educación. Mes tras mes aumenta el número de procesados, y el kirchnerismo sigue manteniendo en sus cárceles a luchadores populares. Son ya más de cien los presos políticos que suma este gobierno desde 2003.
En Formosa, la represión policial frente a un reclamo por tierras, dejó como saldo otro asesinado en movilizaciones y luchas populares. Con el fusilamiento de Roberto López, se amplía a ocho esta lista que ya integraban Cuellar, Fuentealba, Erazo, Vargas, Carrasco, Cárdenas y Ferreyra, todos asesinados por luchar en tiempos del gobierno que se autoproclama de los “derechos humanos”.
De esta forma, lejos de su máscara “nacional y popular”, el kirchnerismo se dispone a cerrar otro año con más ajuste y represión. Y así, continuará, qué duda cabe, durante el 2011, independientemente de la demagogia que pueda desplegar pensando en la disputa electoral.
Desde la otra vereda, sin embargo, en el transcurso de este año, el pueblo trabajador ha dado muestras de su capacidad de enfrentar la miseria y la represión que ofrecen el gobierno kirchnerista y sus variantes de “oposición” patronal. Así lo han demostrado con el avance de la organización y de la lucha los trabajadores en distintos puntos del país: los obreros de la alimentación, rompiendo el techo salarial y los ferroviarios, enfrentando la tercerización y la precarización laboral, por nombrar algunos de los ejemplos más destacados.
Y en ese camino debemos continuar los trabajadores: construyendo con independencia de clase y avanzando en la organización y la lucha contra las patronales y contra este gobierno, que sólo prometen más ajuste y más represión. 

Editorial: Mariano Ferreyra, luchador del pueblo. Néstor Kirchner, verdugo del pueblo.


Con una semana de diferencia murieron Mariano Ferreyra y Néstor Kirchner. Uno, compañero asesinado por las balas de la burocracia sindical peronista cuando participaba de la lucha de los trabajadores del ferrocarril Roca contra la tercerización y los despidos. El otro, jefe del PJ y del actual gobierno, multimillonario a costa del pueblo, que fue velado en la Casa Rosada, homenajeado por empresarios, dirigentes políticos patronales, la burocracia sindical de la CGT y la CTA y hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
El contraste marca la realidad y desnuda los antagonismos irreconciliables dentro de este sistema: una vida de lujos y abundancia para los servidores de los capitalistas, frente al ajuste y la represión que padece el pueblo trabajador.
Cuando estaba aún fresca la sangre de un nuevo caído en la lucha popular, el séptimo asesinado en movilizaciones en lo que va de kirchnerismo, la muerte de Néstor Kirchner corrió el eje de la atención mediática y aglutinó a toda la primera plana del capitalismo argentino para rendir homenaje a un fiel  representante de la clase dominante.
Kirchneristas, peronistas disidentes y radicales, medios de comunicación, burócratas sindicales y referentes progresistas; todos salieron a dar su respaldo a las instituciones de la democracia burguesa y a reivindicar a Kirchner por haber conseguido la “gobernabilidad”, es decir, por haber traído estabilidad a la burguesía luego del convulsionado período de luchas abierto en el 2001.
Como sucediera con Raúl Alfonsín, la muerte de Kirchner fue utilizada como un gigantesco acto político  y campaña de prensa, para exaltar su imagen como “demócrata”, “defensor de los derechos humanos”, “promotor de la distribución de la riqueza”, y demás barbaridades que, bien lejos de representar la realidad, buscan generar un mito, engañar y confundir al pueblo trabajador en base a mentiras y más mentiras.
Poco de popular y de defensor de los intereses de la clase trabajadora, puede tener alguien que, como Kirchner, hizo su carrera política ascendiendo al interior del PJ. De intendente de Río Gallegos, pasó a ser gobernador (menemista) de Santa Cruz en los años ’90, hasta que, finalmente, en 2003, designado por su padrino político, Eduardo Duhalde, alcanzó la presidencia.
Desde todos los cargos que ocupó, Néstor Kirchner se encargó de realizar escandalosos negociados aprovechando fondos públicos, tierras fiscales y todo tipo de ventajas que ofrece el poder. Así, en algunos pocos años, habiendo iniciado su carrera de negocios en plena dictadura militar con “emprendimientos” inmobiliarios, en pocos años multiplicó su patrimonio varias veces, alcanzando una escandalosa fortuna, a través de negociados desde el estado, en un país de millones de pobres e indigentes. Así, lejos de su pretendida “austeridad” y estilo “desalineado”, Kirchner amasó millones a costa del pueblo. Sin ir más lejos, en su última declaración patrimonial del año 2009 asumió, junto a Cristina Fernández, ser poseedor de una fortuna que superaba los $55 millones.
En sus años en la presidencia, más allá de su fachada “popular”, Kirchner fue el garante del ajuste sobre el pueblo trabajador. Deterioro del salario, corroído por la inflación, impulso de la flexibilización laboral en todas sus posibilidades, subsidios y privilegios para empresarios de todo tipo, pago de la deuda externa y cumplimiento de las directivas yanquis, como la colaboración militar en la invasión a Haití, ajuste sobre los presupuestos de salud y educación, hasta un estado de vaciamiento y precariedad sin precedentes, aumento de la represión, con más de mil muertos por el gatillo fácil, siete asesinados en movilizaciones y luchas populares, presos políticos y miles de procesados por luchar…
Es decir, el kirchnerismo organizó un decorado con algunas medidas que no modificaron en lo sustancial las condiciones de vida del pueblo trabajador, como la “asignación universal”, la “movilidad jubilatoria”, la “ley de medios” o el “fútbol para todos”, que acompañado de un discurso “progresista”, le permitió preparar el terreno para avanzar con más ajuste y más represión sobre el pueblo trabajador. Y, todo esto, al tiempo que el matrimonio presidencial, sus funcionarios y amigos hacían crecer sus fortunas en varios millones, garantizando también, desde luego, grandes ganancias para la clase capitalista local y extranjera que, en estos últimos años, como los Kirchner mismos gustan decir “han ganado plata como nunca”.
De este modo Kirchner había logrado posicionarse como el dirigente más importante de la burguesía argentina. Por eso, con su muerte, la disputa por el poder al interior del PJ promete agudizarse en los próximos meses, de cara a las elecciones de 2011. De más está decir, que nada bueno podrá salir para la clase trabajadora como resultado de las luchas internas dentro del partido que mejor representa a la clase capitalista en nuestro país.
Como ha sido un férreo defensor de los capitalistas, todas las usinas mediáticas del sistema, tanto las oficialistas como las opositoras, se unieron para hacer una cobertura sensiblera, llamando a la compasión y afirmando que todos deberíamos sentirnos afectados por la muerte de Kirchner. Ya casi no hablan de Mariano Ferreyra y mucho menos recogen la tragedia cotidiana de los muertos de frío, de hambre, o de quienes son asesinados diariamente por medio del gatillo fácil. No piensan en sus familias ni en su situación miserable… pero eso sí, nos llaman a consustanciarnos con la muerte de uno de los máximos enemigos del pueblo trabajador.
Pero nosotros no estamos con ellos, sino contra ellos. Reconocemos a nuestros verdugos, a quienes, como Kirchner, son los responsables políticos del ajuste, el hambre, la desocupación, el gatillo fácil y el asesinato de nuestros compañeros de lucha.
Estamos del otro lado, del lado de quienes, como Mariano Ferreyra, entregan su tiempo y su esfuerzo, y a veces hasta su vida, para alcanzar una nueva sociedad. Estamos, como Mariano Ferreyra, en el camino que está aprendiendo a construir el pueblo trabajador, organizándose desde las bases, librando cotidianamente una lucha contra este sistema de explotación, contra los punteros del PJ en los barrios, contra los burócratas sindicales en nuestro trabajo, contra las políticas proempresarias de los gobiernos de turno. Estamos, en una palabra, con el pueblo trabajador y su lucha.

¡Mariano Ferreyra: PRESENTE!

Editorial: La burocracia, contra los trabajadores.

Sin dudas, la consolidación al frente de las organizaciones del movimiento obrero de direcciones burocráticas, ha sido un triunfo histórico muy importante de la clase capitalista. La subordinación política de estas direcciones tras distintos proyectos patronales, su rol negociador y entregador del salario y las conquistas de los trabajadores, el encasillamiento del movimiento dentro de los marcos del estado y un carácter marcadamente proempresario, hacen de la burocracia sindical uno de los enemigos principales de la clase obrera. Una casta que, indudablemente, debe ser combatida y derrotada en el camino de la construcción de un movimiento obrero clasista e independiente del estado y todas las alternativas patronales.
En nuestro país, la burocracia dirige las dos centrales de trabajadores, la CGT y la CTA, y la gran mayoría de las organizaciones sindicales. Más allá de sus matices y sus diferentes perfiles, el del modelo del “burócrata-empresario”, organizado dentro de las estructuras del PJ, de la burocracia cegetista o el del burócrata de perfil “progresista” de la CTA, ambos son parte probada de este grupo de dirigentes entregadores, que conduce al movimiento obrero, siempre, subordinado a las iniciativas y las organizaciones políticas de la clase capitalista.
Por el lado de la CGT, por estos días, el moyanismo busca consolidar su posición dentro del PJ y aumentar su poder para cumplir con su aspiración de lanzarse él, o a su gente, a algún importante cargo de gobierno. En este sentido, ha relanzado su corriente sindical y multiplicado su campaña de prensa y difusión. Y en este marco, también, se explican el conflicto existente con algunos grupos empresarios, principalmente, Techint, así como el proyecto de ley sobre la supuesta “distribución de las ganancias empresarias”, anunciado por Recalde. Así, un burócrata-empresario, multimillonario, como Moyano, que ha crecido al amparo de todos los gobiernos, desde el 2002 hasta la fecha, siendo uno de los máximos responsables del plan sistemático de ajuste que se ha aplicado sobre la clase obrera en estos años, busca legitimarse, presentándose como defensor de los intereses de los trabajadores.
Dentro de la CTA, por su parte, las elecciones del 23 de septiembre han sido otra demostración del carácter profundamente burocrático de su conducción, que en esta oportunidad se presentó dividida, como consecuencia del alineamiento político del sector de Yasky tras el kirchnerismo y del de Micheli y De Gennaro tras otras alternativas patronales, como Proyecto Sur o el Partido Socialista. Las escandalosas maniobras, la manipulación de los padrones y las urnas, y las acusaciones y enfrentamientos cruzados entre los dos bandos de la conducción histórica, que han hablado siempre hasta el hartazgo de la “democracia sindical”, pintan de cuerpo entero a estos altos exponentes de la burocracia sindical. Tan grosera fue la elección, y la disputa posterior por su resultado, que hasta el propio Moyano se permitió una chicana, asegurando que los jefes de la CTA “no son tan democráticos como decían”. Así, independiente de cual sea el resultado de la disputa por la conducción, que todavía sigue abierta, se tratará de la continuidad de la burocracia histórica (representada en alguno de sus bandos actuales, o en la unidad de los dos, en caso de negociación) al frente de la Central.
Sin embargo, estos grupos, verdaderos agentes de los capitalistas al interior de las organizaciones obreras, no son invencibles, ni mucho menos. La burocracia sindical puede y debe ser derrotada por la organización independiente de los trabajadores. Así lo demuestran las más altas experiencias históricas del movimiento obrero en nuestro país, como la desarrollada en los sindicatos clasistas de Fiat, SiTraC-SiTraM, o la recuperación de la UOM local en Villa Constitución, ambas en la primera mitad de la década del ´70. Y así lo confirman, también, las múltiples experiencias que hoy se desarrollan por fuera y en contra de las conducciones burocráticas, como sucede en varias comisiones internas del gremio de la alimentación y la seccional San Fernando del sindicato del neumático, con el impulso de los trabajadores de Fate, entre tantas otras.
Es preciso defender estas experiencias y multiplicarlas en otros sectores. Defenderlas, darlas a conocer y rodearlas de solidaridad, para enfrentar los ataques conjuntos del gobierno, la justicia, las patronales y la burocracia sindical, que buscan por todos los medios desarticular estos ejemplos de organización independiente, utilizando, para esto, tanto la represión directa y la persecución, como la cooptación de dirigentes con posiciones políticas afines, como ha sucedido en el Subte con la incorporación de Roberto Pianelli, y una parte del cuerpo de delegados, a la burocracia kirchnerista encabezada por Yasky.
Y, fundamentalmente, multiplicar estas experiencias de organización antiburocrática, buscando disputar los cuerpos de delegados, las comisiones internas y, allí donde sea posible, las seccionales o las conducciones sindicales, para recuperarlas de las manos de la burocracia y ponerlas al servicio de la organización de los trabajadores. Poder avanzar en este sentido, construyendo un movimiento obrero clasista, combativo y antiburocrático, es un objetivo prioritario del momento y representará, indudablemente, un aporte fundamental en la lucha de la clase trabajadora contra este sistema de explotación, que es el capitalismo.

Editorial: Papel Prensa, otra disputa entre empresarios

El conflicto en Papel Prensa, así como la decisión del gobierno de anular la licencia de Fibertel, puso sobre todas las primeras planas la disputa entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín. Ambos, aliados hasta hace unos pocos años atrás, son los protagonistas hoy de este enfrentamiento de negocios y poder.

De un lado, Clarín, la empresa de medios de comunicación más importante del país, dueña de diarios, radios y canales de televisión, con llegada a todas las provincias, además de ser proveedora de los servicios de internet y televisión por cable. Empresa que, al compás del devenir de sus negocios, ha sabido apoyar a todos y cada uno de los gobiernos nacionales. Así sucedió, por nombrar sólo los casos más recientes, durante el gobierno de Duhalde, gracias al cual Clarín licuó una buena parte de sus deudas, a través de la pesificación. O con su defensa del kirchnerismo, en tiempos en que, por ejemplo, el gobierno de Néstor Kirchner le extendía las concesiones y le permitía la fusión con la otra gran empresa proveedora de televisión por cable, favoreciendo la concentración monopólica que hoy, de forma oportunista, condena.

El Grupo Clarín, en este enfrentamiento con el gobierno, busca posicionarse como abanderado de una supuesta “libertad de prensa”. No es necesario aclarar, que al hablar de “libertad de prensa”, lo que defienden no es otra cosa que la libertad de desarrollar sus negocios. En este caso, el multimillonario negocio de los medios de comunicación.

Por otra parte, detrás de Clarín se ubica casi en pleno la destartalada oposición patronal, que ante su incapacidad actual de hacer frente al kirchnerismo, aprovecha la oportunidad para hacer coro de las propuestas y consignas del grupo de Herrera de Noble. Allí se encontraron, en diferentes momentos, la UCR, el PJ no kirchnerista de Duhalde, De Narváez o Solá, el Partido Socialista, la Coalición Cívica, el GEN, Proyecto Sur… “Me vuelvo loco si me sacan Fibertel”, dijo el oportunista de Pino Solanas en una de las desvergonzadas defensas del Grupo Clarín.

Del otro lado, el kirchnerismo convoca a enfrentar la “dictadura mediática” que, como ya señaláramos, este mismo gobierno peronista contribuyó a fortalecer poco tiempo atrás. La disputa actual, al igual que con la tan propagandizada “ley de medios”, se encuadra dentro del objetivo kirchnerista de construir una estructura mediática adicta, pensando en la campaña para las próximas elecciones de 2011. En ese marco, ya se han creado nuevos diarios, programas televisivos y se han comprado emisoras radiales, ya sea directamente o a través de grupos empresarios afines o, incluso, de burócratas sindicales aliados.

Y a este plan del aparato de propaganda propio, se agrega, desde luego, la perspectiva nada menor de otros grupos empresarios afines al gobierno de participar del millonario negocio de los medios, como se había adelantado sobre el ingreso de las empresas telefónicas que habilitaría la legislación kirchnerista.

Por otra parte, la farsa de la pluralidad que brinda la “libertad de prensa” que ambos dicen defender, queda una y otra vez al desnudo ante la difusión que los medios que unos y otros controlan le dan, por ejemplo, a cada conflicto obrero independiente. Ésta oscila entre el silenciamiento y, cuando esto ya no es posible, la condena explícita, ya sea por interrumpir el tránsito con un corte o una movilización o por impedir la producción durante un paro, lo que evidencia su carácter de clase.

Como sucediera durante el conflicto entre los empresarios del campo y el gobierno kirchnerista, desde ambos bandos se intenta mostrar esta disputa como un hecho central y determinante sobre el futuro de la política nacional. De esta forma, unos y otros convocan a tomar partido en defensa de sus propios intereses.

Se hace necesario, por lo tanto, insistir una vez más sobre esta cuestión: la disputa entre el gobierno y Clarín, no es más que una disputa de negocios y poder entre dos grupos empresarios, hoy enfrentados. Ambos, defensores de los intereses de los capitalistas y enemigos irreconciliables de la clase trabajadora.


Editorial: Un nuevo salario mínimo de pobreza

En la primera semana de agosto, se reunió el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Allí se encontraron funcionarios del gobierno, los representantes de las principales cámaras empresarias y los líderes de la burocracia sindical de la CGT y la CTA.
El acuerdo, cerrado en un trámite de 48 horas, consistió en llevar el salario mínimo de los $1.500 actuales a $1.740 en septiembre y $1.840 en enero, lo que implica un incremento nominal total del 22%. Es decir, un nuevo “aumento” en cuotas que no alcanza siquiera a cubrir el incremento general de precios de los últimos meses, cuando todos los estudios económicos coinciden en marcar que la inflación anual general superará el 25% y que la cifra de aumentos será muy superior para rubros básicos como alimentos.
Bien lejos quedan, desde luego, las nuevas cifras salariales de los valores de la canasta familiar, que estima el piso que una familia de cuatro personas debe destinar para cubrir las necesidades elementales de alimento, vivienda, vestimenta, salud y educación. Esa misma canasta que las centrales burocráticas de la CGT y la CTA estimaban hace ya varios meses en $3.800 y $4.600, respectivamente. Nuevamente, está a la vista, por lo tanto, que la burocracia sindical admite y contempla sin problemas que una familia trabajadora, aun con dos de sus miembros ocupados, no llegue a garantizar las necesidades básicas que estiman sus propias cuentas.
Claro que, además de no estar en relación con los niveles de inflación y no tener en cuenta los valores de la canasta familiar, el nuevo salario mínimo no tendrá ninguna repercusión para la inmensa mayoría de la clase trabajadora. De un lado, porque no incluye a los trabajadores estatales, que no quedan comprendidos dentro del salario mínimo. Por otra parte, porque dentro de la actividad privada, la mayor parte de los convenios colectivos ya fijan los pisos salariales por encima de de las futuras cifras del acuerdo. Pero, fundamentalmente, porque el acuerdo no tiene ningún tipo de efecto sobre la gran cantidad de trabajadores “en negro”, que ronda el 40% del total de trabajadores ocupados, y que son quienes padecen (y continuarán padeciendo tras el acuerdo del “salario mínimo”) los salarios más bajos y las condiciones laborales más duras.
La reunión del Consejo del Salario Mínimo fue un nuevo paso, por lo tanto, en la comunión entre el gobierno, las cámaras empresarias y la burocracia sindical, que ha sido recurrente durante los años de gestión kirchnerista. Una comunión que ha funcionado con el objetivo de profundizar el ajuste sobre la clase trabajadora, garantizando las ganancias de los grupos empresarios.
En esta oportunidad fueron los funcionarios kirchneristas del ministerio de Trabajo, con Carlos Tomada y Noemí Rial a la cabeza, los que trabajaron en la elaboración del acuerdo final, celebrado por empresarios y burócratas. La representación patronal estuvo en manos de UIA, principalmente del empresario de la alimentación, Funes de Rioja. La CGT, por su parte, más allá de que su reclamo formal inicial se acercaba a los $2.000, también festejó el acuerdo como un avance.
Párrafo aparte merece la participación de la CTA que, bien lejos de plantear la necesidad de una discusión seria y organizar un plan de lucha por el alza del salario mínimo, cumplió, una vez más, un rol meramente decorativo a la hora de fijar las cifras y se abstuvo, nuevamente, durante la votación del acuerdo. Sin embargo, la presencia de la central que conduce Yasky no fue para nada menor, ya que contribuyó a brindarle legitimidad al espacio que, año tras año, deprime el salario de los trabajadores. “Las palabras de Hugo Yasky no fueron para nada agresivas; elogió las políticas públicas del Gobierno, aunque manifestó sus diferencias con lo resuelto”, señaló la secretaria de trabajo Noemí Rial, minimizando las diferencias planteadas por la delegación de la CTA (que estuvo representada en sus bandos burocráticos, a través de Yasky y Micheli) y celebrando su participación en esta nueva entrega del salario.
En pocas palabras, este nuevo acuerdo, presentado, entre tantos otros, por el kirchnerismo como una mejora para los trabajadores, no es más que un nuevo paso en su política de ajuste, que profundiza la miseria y la explotación sobre el pueblo trabajador.

Editorial: El gobierno del ajuste y la represión

Desde un comienzo, los Kirchner se han esforzado por construir legitimidad y ganar apoyos para su gobierno en base a una serie de anuncios y discursos simbólicos. De esta forma, construyó su política de “derechos humanos”, anunció con bombos y platillos el “fútbol para todos”; lanzó la “asignación universal por hijo” y sancionó la “movilidad jubilatoria”, entre otras tantas medidas plagadas de grandes palabras y gran escenografía, pero que no han mejorado la vida del pueblo trabajador.
La situación que se vive a diario, por lo tanto, devuelve una realidad completamente distinta a la que intentan pintar el kirchnerismo y sus defensores. Así, tratando de no descuidar su imagen, el gobierno ha avanzado, en estos últimos siete años, con más ajuste sobre la clase trabajadora, siendo, por ejemplo, sostenedor e impulsor, de conjunto con las cámaras empresarias, de las condiciones de precarización laboral actuales, donde es lo normal trabajar largas jornadas por salarios de pobreza, mientras crecen la tercerización, el trabajo temporario, los contratos por agencia, entre tantas otras maniobras flexibilizatorias.
La represión sobre el pueblo también se ha profundizado con la violencia cotidiana que se padece en los barrios en todo el país. El asesinato de Diego Bonefoi en Bariloche es sólo un caso más de una política sistemática que la clase capitalista ejerce a diario a través de sus fuerzas de seguridad sobre el pueblo trabajador, para profundizar su dominación. A su vez, la represión a la movilización popular que expresaba su bronca ante el asesinato del joven de 15 años a manos de la policía, terminó con otras dos víctimas. Más muertos en movilizaciones que, aunque el gobierno busque despegarse, es fiel expresión de la política represiva del kirchnerismo.
La “asignación universal”, otro de los caballitos de batalla del repertorio gubernamental, ha sido también propagandizada hasta el hartazgo. Gracias a su implementación, aseguran los apologistas del kirchnerismo, han disminuido la pobreza y la deserción escolar. Otro ejemplo, pues, del descarado cinismo de este gobierno que busca hacer creer que con el reparto de algunas migajas (cada vez más insignificantes a causa de la inflación) ha cambiado la realidad de miles de familias que fueron sumergidas en la pobreza más extrema, tras años de aplicación de políticas proempresarias por parte de este gobierno y de sus predecesores. Lo cierto es que, ni el intervenido INDEC, puede ocultar como se ha profundizado la pobreza durante los años kirchneristas, debiendo aceptar, por ejemplo, que la “brecha” entre los ingresos de los más ricos y los más pobres se ha incrementado, hasta ser casi de 30 veces.
Por otra parte, la tan promocionada “movilidad jubilatoria” ha demostrado de sobra que no ha servido más que para continuar hundiendo en la miseria a los jubilados, con una mínima que, con todos los aumentos anunciados, aún se encuentra por debajo de los $900. Y esto, encima, mientras que todos los precios, fundamentalmente alimentos y alquileres, aumentan de forma sostenida. En este marco, mientras la “oposición” (variado rejunte de los ajustadores de anteriores gestiones) y el gobierno debaten sobre la posibilidad de aplicar el 82% móvil para las jubilaciones, el propio Néstor Kirchner se encargó de anunciar sin tapujos que “a todos nos gustaría, pero el fisco se quedaría sin fondos”. Bien distinto es el discurso kirchnerista, que habla de excedentes y superávit, cuando se trata de utilizar recursos del presupuesto o reservas para pagar miles de millones de dólares por año de deuda externa o de subsidiar las siderales ganancias de distintos grupos empresarios.
Bien distinta es también, la situación de los funcionarios de gobierno de la realidad de los millones de jubilados y trabajadores, condenados a vivir con lo justo, cuando no empujados directamente a la miseria. Con el matrimonio presidencial a la cabeza, los hombres fuertes de kirchnerismo han amasado millonarias fortunas en pocos años, valiéndose de todo tipo de negociados, como sale a la luz con algunos casos como las “dádivas” de Jaime, las coimas en Venezuela o la ampliación en varios millones de dólares del patrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
El kirchnerismo es un gobierno de empresarios. Y gobernando para los empresarios, siendo custodio de sus ganancias y sus privilegios, ha garantizado la continuidad, e incluso la profundización, del ajuste y la represión sobre el pueblo trabajador.