
Los trabajadores del subte luchan por quitarse de encima el peso muerto de lo más rancio de la burocracia sindical: la UTA, que hoy dirige Roberto Fernández. Se enfrentan directamente a la patronal de Metrovías y al gobierno nacional de los Kirchner. Todos, empresa, gobierno y burocracia, se niegan a reconocer la Asociación Gremial de los Trabajadores del Subte y el Premetro (AGTSyP), que fue avalada por la inmensa mayoría de los trabajadores del subterráneo.
Los trabajadores del subte vienen desarrollando una de las más valiosas experiencias de organización y lucha de la clase obrera argentina en los últimos años. Una lucha con varios frentes: la empresa(1), el gobierno, la burocracia(2) y los medios de comunicación. Esta lucha les ha permitido conquistar un Cuerpo de Delegados antiburocrático, que no se alinea con las direcciones burocráticas de la CGT y la CTA; la reducción de la jornada laboral a seis horas; sucesivos aumentos salariales y el pase a convenio de trabajadores tercerizados, entre otras conquistas.
Sin embargo, la conquista más importante de los trabajadores del subte es la independencia política, es decir, la no sujeción ni de su organización, ni de su lucha, a los intereses o a la situación del gobierno de turno, de la burocracia o de la empresa.
Independencia del estado, del gobierno, de la burocracia y, por supuesto, de la patronal. Sin dudas, la independencia de clase es el logro más valioso y el ejemplo que debe ser expandido hacia el conjunto de la clase trabajadora argentina.
La propuesta del gobierno
Con la liberación de los molinetes, el trabajo a reglamento, las movilizaciones y los paros, los trabajadores lograron que Carlos Tomada, que sistemáticamente se dedicó a condenar la lucha, ofreciera el “tutelaje ministerial”. Tras un paro total de 24 hs. y la decisión de convocar a una huelga de 48 hs., el ministerio de trabajo se vio obligado a instrumentar el reconocimiento de la legitimidad de los delegados ante la empresa y el gobierno, con la correspondiente validación de los fueros sindicales, y la anulación del descuento compulsivo del 1% implementado por la burocracia de la UTA y Metrovías. Podríamos decir, que el conflicto se encuentra en una especie de transición, que, si el Cuerpo de Delegados se fortalece y la lucha no cesa, se encaminaría hacia el otorgamiento de la inscripción gremial.
La propuesta del gobierno, que los medios se apresuraron en calificar falsamente como la solución del conflicto, posee varias aristas. El gobierno oficia de equilibrista. Por un lado, representa un avance parcial de los trabajadores, pero no se orienta contra la burocracia de la UTA, a quien se propone garantizarle, de alguna manera, el “aporte solidario”. Pero, fundamentalmente, la propuesta oficial es concebida como una maniobra para “ganar” tiempo mientras apuesta al desgaste y al quiebre de la lucha de los trabajadores. Con estas medidas, el gobierno de los Kirchner dilata el conflicto para no satisfacer el reclamo de la inmensa mayoría de los trabajadores: el reconocimiento, la inscripción y la personería de la AGTSyP. Por lo tanto, es necesario no bajar los brazos, no confiar en las promesas del ministro y estar preparados para continuar la lucha hasta satisfacer plenamente el reclamo obrero.
Una lucha con varios frentes
El gobierno kirchnerista, como fiel representante de los intereses del empresariado de Metrovías, se resiste con uñas y dientes a entregarle la inscripción y la personería gremial a la AGTSyP.
Por lo demás, ha recurrido a variados artilugios para doblegar la lucha de los trabajadores del subte. Horas antes del paro de principios de noviembre, el gobierno declaró “esencial” el servicio del subterráneo para intentar quebrar la huelga, presionando para poner en funcionamiento algunas formaciones. Esta maniobra de último momento fue acompañada por la infaltable presencia policial, que tuvo como objetivo intimidar a los trabajadores.
Pero ni la ley, ni la amenaza de represión pudieron con la decisión de garantizar el paro cortando las vías e impidiendo que el personal jerárquico y los carneros rompan la huelga. El paro se llevó adelante tal y como se lo propusieron los trabajadores.
La burocracia sindical de la UTA desempeña un papel fundamental. Juega abiertamente para derrotar la lucha de los trabajadores, corroborando su rol de agente de los capitalistas entre la clase obrera: desprestigia, persigue, amenaza, proscribe y reprime a los trabajadores y a sus familias. ¡Estaba dispuesta a convocar a un paro de colectiveros si el ministerio otorgaba la inscripción al nuevo sindicato!
La burocracia tampoco quiere dar el brazo a torcer. Defiende sus propios intereses y no está dispuesta a resignar un sector tan importante como el del subterráneo. “Lo que están haciendo es una agresión al sindicato legítimo, una extorsión a las autoridades y un ataque a todos los usuarios, como también a los trabajadores que somos rehenes de esta banda de vándalos”, se queja Roberto Fernández, lleno de impotencia ante un conflicto que no controla.
Además de tener que lidiar contra el gobierno, la empresa y la burocracia, los trabajadores deben contrarrestar, también, a los medios de comunicación.
Para los medios, por ejemplo, el paro es sinónimo de “caos vehicular”, la lucha es una “interna gremial”, y los delegados son “ex delegados”. Los usuarios son “rehenes” y, por lo tanto, los trabajadores, delincuentes. Aún más. La patota sindical es presentada como “los trabajadores de la UTA que quieren trabajar”. Y las manipulaciones y las mentiras siguen.
El rol de los medios de comunicación es claro. Al no poder ocultar ni silenciar un conflicto tan importante como el del subte, recurren a todo su arsenal para erigirse como la voz de la empresa, el gobierno y la burocracia sindical.
La lucha debe continuar
La lucha por el reconocimiento de la AGTSyP debe continuar. La experiencia de las luchas de los trabajadores del subte es una demostración más que contundente de que la clase trabajadora organizada con independencia de clase, con delegados que sólo responden a los trabajadores y con la lucha como único camino cierto, puede imponerse sobre cualquier patronal, sobre cualquier gobierno y sobre cualquier burocracia.
La lucha por el reconocimiento de la AGTSyP no es sólo una lucha por la democracia sindical. Es un importante paso en la lucha contra los capitalistas y sus socios. Es una lucha para avanzar en las conquistas de la clase trabajadora. Si logra imponerse la voluntad de los trabajadores del subte, será inestimable el impulso y los nuevos bríos que alentarán las luchas que está protagonizando la clase trabajadora.
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NOTAS:
1) Metrovías pertenece a Benito Roggio. Su grupo empresarial opera en los rubros de: construcción (Benito Roggio e Hijos), transporte (Metrovías, Ugofe, Ferrometro, SOE, Empresa Mixta de Transporte Rosario, Benito Roggio Ferroindustrial, y VíaQuatro), ingeniería ambiental (Cliba), servicios sanitarios (Aguas Cordobesas), entretenimiento y turismo (CET y Sierras Hotel), tecnología e informática (Grupo Prominente), concesiones viales (Coviares, Covisur, Puentes del Litoral y Tapé Porá). Además, se ha expandido hacia Uruguay, Paraguay, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, México, Ecuador, Colombia, Venezuela y Estados Unidos.
2) La UTA (CGT) pasó de las manos de Juan Manuel Palacios a las de Roberto Fernández (Ver “Desfile de burócratas”, en: http://elrevolucionario-otr.blogspot.com).
Contrastes
El de la burocracia sindical y el de los trabajadores clasistas son dos mundos antagónicos. Sólo dos ejemplos vinculados al subte.
El reclamo por el reconocimiento de la AGTSyP, avalada por la aplastante mayoría de los trabajadores del subterráneo lleva ya tiempo y cuenta con varias medidas de fuerza en su haber. Sin embargo, aún no hay respuesta oficial. El hijo de Moyano, Facundo, en tiempo record obtuvo el reconocimiento de su sindicato de peajes, sin aval de ningún trabajador y sin ninguna medida de fuerza mediante.
La burocracia sindical se financia, entre innumerables negociados, con el descuento compulsivo aplicado a los trabajadores, estén afiliados o no. La AGTSyP se financia con el aporte voluntario y consciente de sus afiliados hacia su organización sindical, recaudado por los propios trabajadores.
Dos realidades irreconciliables.