Las luchas de los trabajadores: contra la patronal, el estado y la burocracia sindical


Con la lucha de los trabajadores de Kraft y el subte a la cabeza, se desarrollan varios conflictos. Muchos de ellos expresan el descontento y el enfrentamiento a la burocracia sindical y la confianza en la organización independiente de los trabajadores.

Tras la elección de la nueva Comisión Interna, que se impuso sobre la burocracia de Rodolfo Daer y sobre el sector que firmó el acta avalando 53 despedidos, los trabajadores de Kraft continúan la lucha por la reincorporación de todos los despedidos.
La empresa pretende seguir avanzando sobre los trabajadores. A tres días de firmada el acta suspendió a 36 obreros y, más recientemente, convirtió ocho suspensiones en cesantías, rompiendo, así, el acuerdo rubricado en septiembre. Apuesta al desgaste y la extorsión hacia los despedidos, ya que no paga un solo peso hace meses y, periódicamente, ofrece indemnizaciones para que se bajen del reclamo. Entre tanto, el gobierno mantiene la policía dentro de la planta alimentaria de General Pacheco.
Para efectivizar el reclamo de “ningún despido en Kraft”, los trabajadores retomaron la lucha con una movilización al ministerio de trabajo, un corte de la avenida 9 de Julio y un corte de la ruta Panamericana. Este, junto a la lucha dentro de la planta, es el camino a seguir.
Por su parte, los trabajadores de la educación en la ciudad y la provincia de Buenos Aires (en coincidencia con los estatales bonaerenses), duplicaron la lucha y realizaron un paro de 48hs. en cada distrito, por salario y mayor presupuesto para la educación pública. La política antieducativa de los respectivos gobiernos es más que evidente. Basta con visitar un puñado de escuelas. Basta con observar la improvisación absoluta que los lleva a modificar constantemente las leyes educativas, como ocurre ahora con la implementación de la “nueva secundaria”, también avalada por la burocracia sindical, que apoya todas y cada una de las leyes gubernamentales en materia educativa, y no sólo educativa...
El rol de la burocracia es claro: jugar a favor de los gobiernos de turno. La conducción de la UTE, dirigida por Eduardo López, parece que recién ahora se “acuerda” que los salarios son insuficientes, al igual que las partidas presupuestarias. La UTE utiliza la lucha docente, con paros con un alto nivel de adhesión, para denunciar, únicamente, al macrismo, sin decir una sola palabra acerca del rol del kirchnerismo en la destrucción de la escuela pública y jugando a favor del gobierno nacional en sus disputas con la ciudad.
La burocracia del SUTEBA de Roberto Baradel, que avala el saqueo de los fondos de la caja jubilatoria, se monta sobre la presión y la predisposición a la lucha de una buena parte de la docencia bonaerense. El objetivo que viene a desempeñar esta burocracia es el de conducir y dilatar el conflicto hasta el año próximo, llevándolo a una negociación y un acuerdo que, siempre, termina siendo desfavorable para los trabajadores de la educación, como ocurrió a comienzos de este año, cuando firmaron un precario 9% de aumento salarial, manteniendo las cifras en negro, cuando la inflación estimada oscila el 20%.
En Tucumán, los trabajadores de la salud, organizados con independencia de la burocracia de ATSA, votaron aceptar la propuesta del gobierno que incluye un aumento salarial, el pase a planta transitoria de los monotributistas y a planta permanente de los transitorios. La propuesta oficial no se hubiese conseguido sin la larga lucha que protagonizaron los trabajadores de la salud, que resistieron la represión policial y patoteril y la militarización de los hospitales. Queda en pie, ahora, el reclamo por el pago de los días de huelga.
En Córdoba, trabajadores del SMATA y de la UOM, junto a otras organizaciones, se movilizan en repudio a la persecución y a las expulsiones sindicales de delegados opositores a las burocracias de Omar Dragún y Augusto Varas.
En la Ciudad de Buenos Aires, los trabajadores de los supermercados Coto están movilizados contra el fraude en las elecciones sindicales, en las que dos tercios de los empleados no pudieron votar, previa suspensión y posterior paliza y detención de un delegado opositor.
Así, las luchas de los trabajadores continúan su marcha con el impulso que les imprimen los ejemplos del subte y Kraft.