Desfile de burócratas: Juan Pablo Medina y Enrique Omar Suárez

En esta oportunidad, dos exponentes de la patota sindical. Juan Pablo Medina, recordado por la balacera de la quinta de San Vicente y Enrique Omar Suárez, recordado por la represión a los trabajadores del casino flotante. Dos burócratas que no reparan en nada a la hora de entregar a los trabajadores atados de pies y manos a la patronal.
Juan Pablo MedinaJuan Pablo “El Pata” Medina es el secretario general de la seccional La Plata, Berisso y Ensenada de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), desde 1997.
Medina se define como “peronista de nacimiento”. Es un hombre muy vinculado al aparato duhaldista. De hecho, movilizó su tropa cada vez que el caudillo bonaerense se lo requirió. Su fervor duhaldista, sin embargo, no le impidió hacer campaña para el actual intendente de La Plata, Pablo Bruera, de extracción kirchnerista. Medina puso a sus muchachos en la calle con la promesa de que “pronto recibirían una recompensa”.
Este burócrata controla el sindicato con mano de hierro. Aprietes, persecuciones y represión son una constante en el área de influencia de Medina. Los matones de “El Pata” recorren a diario las obras de La Plata en busca de negocios para realizar con los empresarios del sector, y, también, para amedrentar a los trabajadores. Haces pocos meses, unos cien matones, incluyendo varios barras de Estudiantes y Cambaceres, le propinaron una fuerte paliza a siete obreros municipales que realizaban una obra de entubamiento en Ensenada. Las huestes de la UOCRA estaban dirigidas por Cristian Medina, hijo de “El Pata” y secretario de organización y asuntos gremiales de la seccional platense. Ésta es la metodología con la que busca perpetuarse al frente de la seccional y ahogar cualquier brote de rebeldía, por pequeño que sea.
Medina participó en todos y cada uno de los enfrentamientos en los que intervino la UOCRA. En 1996, tomó parte activa en la balacera desatada entre las bandas del sindicato de los albañiles y el de los camioneros, en el marco de la reunión del comité confederal de la CGT, realizada en el camping del sindicato de comercio. Un mes más tarde, volvieron a enfrentarse a tiros en un acto frente a la aduana. En 2006, cuando el traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente, la patota de UOCRA La Plata, con Medina a la cabeza, intentó ocupar por la fuerza las inmediaciones del palco de oradores, donde ya estaban apostados los camioneros de Moyano. El enfrentamiento duró varias horas e incluyó varios disparos de armas de fuego.
Mientras este burócrata sigue recibiendo “recompensas” por los servicios prestados a políticos y empresarios, los trabajadores de la construcción ven deteriorarse aún más sus salarios de hambre y sus precarias condiciones laborales. Los trabajadores de la construcción son quienes encuentran la muerte con más frecuencia en sus puestos de trabajo, debido a la hiperexplotación del empresariado, que cuenta, por supuesto, con la complicidad de gentes como Medina.
Por todo esto, Juan Pablo “El Pata” Medina es un fiel exponente de la burocracia sindical.

Enrique Omar SuárezEnrique Omar “Caballo” Suárez es el secretario general del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), desde 1992. Además, ocupa una vocalía titular en el consejo directivo de la CGT.
Suárez ascendió dentro del SOMU siendo chofer y guardaespaldas del anterior burócrata, Juan Arce, hasta que decidió hacerse del gremio por la fuerza para desplazar a su padrino. Ocupó las instalaciones del SOMU, al frente de una nutrida y bien armada patota y al grito de “el SOMU es de Rico y de Seineldín”. Es que entre sus muchachos se encontraban algunos carapintadas como el “Indio” Castillo y Osvaldo Forese.
Defendió las políticas antiobreras que el gobierno de Menem lanzó contra los trabajadores. Así fue como miró para otro lado cuando el riojano desguazó la flota mercante, arrojando a miles de trabajadores marítimos a la desocupación.
Este burócrata posee una estancia en Puerto Madryn de 17.000 hectáreas que tiene, entre otras comodidades, servicio de DirectTV e internet, bodega para alimentos y vinos, un galpón para guardar varias lanchas de pesca, cuatriciclos, y dos camiones Unimog y, por supuesto, vista al mar para el avistaje de ballenas.
Como muchos, se reconvirtió al kirchnerismo y no dudó en “apoyar activamente el proyecto de desarrollo que impulsa el presidente Néstor Kirchner”.
Entre las muchas amistades de Suárez, se encuentra el empresario Adolfo Navajas Artaza (dueño, entre otras empresas, de “Las Marías” y ministro de bienestar social y gobernador de Corrientes durante la dictadura militar), quien lo promovió como intendente de Monte Caseros; y Alejandro Bulgheroni, quien le obsequió un buque que será utilizado “para la capacitación de los trabajadores del sector”. En el acto de entrega, Suárez declaró: “este es un signo evidente de que es posible sostener una relación de mutua colaboración entre las empresas y los trabajadores”. Las palabras del burócrata fueron aplaudidas por el jefe del estado mayor general de la armada, almirante Jorge Godoy, el titular de la cámara naviera argentina, Jorge Álvarez, y representantes de las cámaras empresariales y de la prefectura naval.
Junto a Kirchner y al empresario Cristóbal López, Suárez intervino de lleno en el conflicto del casino flotante: lanzó una feroz persecución sobre los trabajadores, que culminó con la intervención de la patota del SOMU. Varios trabajadores fueron golpeados por la gente de Suárez y, además, reprimidos y detenidos por prefectura. “No niego que gente del SOMU haya cometido agresiones, pero ocurre que estos muchachos hacen asamblea cada dos horas e insultan a nuestra organización y al dueño de la firma”, justificó el burócrata.
Hasta aquí, el prontuario de un verdadero enemigo de la clase trabajadora y amigo del empresariado y los gobiernos peronistas.