Obama no va a cerrar Guantánamo

Barack Obama se aseguró aplausos en todo el mundo cuando firmó un decreto que ordenaba cerrar la cárcel de Guantánamo. Poco después, mientras anunciaba el incremento de tropas en Afganistán, confesó que no cerraría la prisión con mayor índice de “suicidios” del mundo. Obama se justificó: “las cosas en Washington se mueven más lentamente de lo que él había calculado”.
Ni siquiera se avanzó en la legalización de los prisioneros, secuestrados en todo el mundo, retenidos sin acusaciones conocidas ni derecho a defensa. Más de 200 presos políticos, definidos como “sospechosos de terrorismo”, sobreviven sometidos a técnicas de privación sensorial, encapuchados y hasta con sus manos enguantadas para impedirles usar el tacto, mientras los especialistas de la CIA usa el waterboarding (submarino) y otras formas de tortura, en sus diarios interrogatorios. Y esas atrocidades son, apenas, lo poco que trasciende.
Mientras tanto, Obama evalúa alternativas, como acuerdos para enviarlos a terceros países (a cárceles como la de Abu Graib) o a prisiones especiales en territorio yanqui, como el Centro Thompson, a unos 200 kilómetros de Chicago, que se construyó en 2001.
Otra “solución”, propuesta por el fiscal general, Eric Holder, es categorizar a los presos como “combatientes enemigos”, sobre la base del derecho vigente en tiempos de guerra, y encerrarlos de forma indefinida, sin ser juzgados.