Sin dificultades, y casi sin trascendencia mediática, el kirchnerismo logró la derogación de la “ley cerrojo” y continúa con las negociaciones para avanzar con los pagos de la deuda externa.
Industriales, banqueros y empresarios rurales esperan con ansia que nuestro país vuelva endeudarse con los principales organismos internacionales. Saben que el endeudamiento del estado nacional, que se traduce siempre en más ajuste para el pueblo trabajador, les permite acceder a crédito barato, garantía de grandes negocios para sus bolsillos. Nada hay de nuevo en todo esto. No puede sorprender que haya sido un trámite para el kirchnerismo la derogación de la “ley cerrojo” en el congreso. La amplia mayoría se pronunció explícitamente a favor de continuar con el pago de la deuda externa. Así lo hizo, por ejemplo, una vez más, el jefe de la UCR Gerardo Morales, que en la misma sintonía que los legisladores kirchneristas, justificó su apoyo diciendo que “es una señal que le va a permitir al estado argentino volver a entrar en el mercado de capitales”. Por su parte, entre los que simbólicamente se opusieron, están los diputados y senadores del “peronismo disidente”. Claro que su oposición no se basó en diferencias con respecto a la necesidad de cumplir con los pagos de la deuda externa. Para que no quedaran dudas, en su intervención, el senador Romero se permitió una chicana, ironizando sobre la retórica anti-FMI del kirchnerismo. “Acabada la expoliación interna del ahorro de los jubilados, reducidas las reservas del BCRA y cuando las retenciones no dan para más, salimos a descubrir que el capitalismo perverso nos puede prestar algo de dinero en los próximos años”, afirmó el ex menemista, hombre experimentado si de entrega se trata.
Los funcionarios kirchneristas continúan con la maratón de reuniones para poder ajustar la letra chica de los próximos acuerdos. El secretario de finanzas, Hernán Lorenzino, viajó a Washington, para ponerse al frente de las negociaciones con el Club de París y con los bancos que negocian la “normalización” de la porción mayoritaria de los bonos en default. Sin problemas, dejando a un lado el discurso de defensor de la soberanía nacional, y justificando su carácter proempresario, confirmó que el pago de la deuda “va a reabrir fuentes de financiamiento genuinas tanto para el sector público como para el privado”. Boudou, entre tanto, se reunió en la última cumbre del G-20, en Escocia, con las autoridades de los distintos organismos internacionales de crédito, para avanzar en el mismo sentido.
Siguen acumulándose los saludos a la decisión argentina de continuar con los pagos. A las felicitaciones que, a través de Hillary Clinton y de Vilma Socorro Martínez, el gobierno de EEUU diera el mes pasado, se sumó el gesto de aprobación del gobierno español. Después de una reunión con Cristina Fernández, en la cual se discutieron negocios varios, como los de Repsol y Marsans, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, anunció que “España está dispuesta a acompañar a la Argentina en sus negociaciones con el Club de París para que logre un buen acuerdo”.
De esta forma, los empresarios locales y sus representantes políticos, los organismos internacionales y los gobernantes de las “grandes potencias”, sacan cuentas sobre la parte del negocio con la cual se quedará cada uno. Todo, claro, a costa de la explotación y el mayor ajuste que continuará recayendo sobre las espaldas del pueblo trabajador.
Industriales, banqueros y empresarios rurales esperan con ansia que nuestro país vuelva endeudarse con los principales organismos internacionales. Saben que el endeudamiento del estado nacional, que se traduce siempre en más ajuste para el pueblo trabajador, les permite acceder a crédito barato, garantía de grandes negocios para sus bolsillos. Nada hay de nuevo en todo esto. No puede sorprender que haya sido un trámite para el kirchnerismo la derogación de la “ley cerrojo” en el congreso. La amplia mayoría se pronunció explícitamente a favor de continuar con el pago de la deuda externa. Así lo hizo, por ejemplo, una vez más, el jefe de la UCR Gerardo Morales, que en la misma sintonía que los legisladores kirchneristas, justificó su apoyo diciendo que “es una señal que le va a permitir al estado argentino volver a entrar en el mercado de capitales”. Por su parte, entre los que simbólicamente se opusieron, están los diputados y senadores del “peronismo disidente”. Claro que su oposición no se basó en diferencias con respecto a la necesidad de cumplir con los pagos de la deuda externa. Para que no quedaran dudas, en su intervención, el senador Romero se permitió una chicana, ironizando sobre la retórica anti-FMI del kirchnerismo. “Acabada la expoliación interna del ahorro de los jubilados, reducidas las reservas del BCRA y cuando las retenciones no dan para más, salimos a descubrir que el capitalismo perverso nos puede prestar algo de dinero en los próximos años”, afirmó el ex menemista, hombre experimentado si de entrega se trata.
Los funcionarios kirchneristas continúan con la maratón de reuniones para poder ajustar la letra chica de los próximos acuerdos. El secretario de finanzas, Hernán Lorenzino, viajó a Washington, para ponerse al frente de las negociaciones con el Club de París y con los bancos que negocian la “normalización” de la porción mayoritaria de los bonos en default. Sin problemas, dejando a un lado el discurso de defensor de la soberanía nacional, y justificando su carácter proempresario, confirmó que el pago de la deuda “va a reabrir fuentes de financiamiento genuinas tanto para el sector público como para el privado”. Boudou, entre tanto, se reunió en la última cumbre del G-20, en Escocia, con las autoridades de los distintos organismos internacionales de crédito, para avanzar en el mismo sentido.
Siguen acumulándose los saludos a la decisión argentina de continuar con los pagos. A las felicitaciones que, a través de Hillary Clinton y de Vilma Socorro Martínez, el gobierno de EEUU diera el mes pasado, se sumó el gesto de aprobación del gobierno español. Después de una reunión con Cristina Fernández, en la cual se discutieron negocios varios, como los de Repsol y Marsans, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, anunció que “España está dispuesta a acompañar a la Argentina en sus negociaciones con el Club de París para que logre un buen acuerdo”.
De esta forma, los empresarios locales y sus representantes políticos, los organismos internacionales y los gobernantes de las “grandes potencias”, sacan cuentas sobre la parte del negocio con la cual se quedará cada uno. Todo, claro, a costa de la explotación y el mayor ajuste que continuará recayendo sobre las espaldas del pueblo trabajador.