Uruguay: Las cárceles del Frente Amplio
URUGUAY: EL FRENTE AMPLIO GOBIERNA PARA LOS EMPRESARIOS
El Frente Amplio, la coalición progresista que gobierna en Uruguay desde 2005, no quiere dejar ningún tipo de dudas sobre los objetivos de su gobierno. Así como Tabaré Vázquez se había esforzado durante su campaña en asegurar que la propiedad empresaria, sus ganancias y sus privilegios, estarían garantizados durante su gobierno (como efectivamente lo estuvieron), su sucesor, José “Pepe” Mujica ya ha conquistado para su favor a lo más concentrado del empresariado uruguayo y latinoamericano, despejando las dudas que en algún desprevenido pudiera generar su pasado combativo y popular.
En el exclusivo hotel Conrad de Punta del Este, el Frente Amplio organizó una cena bajo la consigna “Los empresarios en el proyecto nacional: desarrollo y reducción de la pobreza”, que encabezaron el propio Mujica, su vicepresidente, Danilo Astori, y el dueño de Buquebus, Juan Carlos López Mena. En la reunión, a la que asistieron 1.500 empresarios locales y extranjeros, muchos de ellos argentinos, y los principales dirigentes de la “oposición”(1), tanto Mujica como Astori se dedicaron a señalar los lineamientos económicos que seguirá el futuro gobierno. “¡Jugala acá! que no te la van a expropiar ni te van a doblar con los impuestos”, pidió Mujica ante la tribuna empresarial. Seguido, conocedor de los reclamos de su público, insistió en que no es la intención del Frente fortalecer la recaudación en base a aumentar los impuestos sobre las ganancias. “Si hacemos eso estamos fritos, porque matamos a la gallina de los huevos de oro”, explicó. Y por si quedaran dudas sobre cómo piensa y proyecta la sociedad uruguaya el actual jefe del Frente Amplio, remató su desarrollo enalteciendo a una clase parásita como la burguesía, poniendo patas para arriba la realidad, al negar que es la clase obrera la generadora de toda producción: “Los que crean la riqueza son los empresarios, los emprendedores. La tarea del gobierno es reducir el margen de riesgo de los inversores”.
Todos los empresarios consultados por los medios se deshicieron en elogios a la hora describir las promesas de Mujica. “Lo que todo empresario quería escuchar”, sintetizó el representante de Petrobras. “La verdad es que fue un discurso super prometedor. Al nivel de abstracción alto como el que habla Mujica, filosóficamente, fue genial todo lo que dijo”, explicó Martín Eurnekian. Como Eurnekian, fueron muchos los empresarios argentinos que cruzaron el río para elogiar las oportunidades de negocios que ofrece la administración frenteamplista.
Como no podría ser de otra forma, los negocios que Mujica promete para los capitalistas uruguayos y extranjeros profundizarán el atraso y la dependencia de Uruguay. Como hiciera Cristina Fernández hace algunos años ofreciendo una Argentina “multinacional de los alimentos”, el Frente Amplio insistió sobre las oportunidades que ofrecen los agro-negocios en contexto actual, convocando a organizar un país “agro-inteligente”. Y como confirmaron los organizadores del evento, en ese sentido se dirigen las inversiones ya presentadas.
Los capitalistas celebran a lo grande y tienen sus motivos. De la mano de este ex guerrillero, que aún gusta posar de popular y utilizar lenguaje de izquierda, el Frente Amplio continuará gestionando el gobierno uruguayo al servicio de los empresarios.
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NOTAS:
1) Entre otros, estuvieron presentes los dos ex presidentes, Luis Alberto Lacalle, del Partido Nacional, y Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado. “De decir que iban a construir el socialismo a defender la inversión privada nacional o extranjera y creer que es la base para la generación de empleo, es un cambio muy grande”, celebró Lacalle sobre el Frente Amplio. “Hoy se defiende la estabilidad económica, la rigurosidad en el gasto, la apertura comercial, cosas que en el pasado eran motivo de enfrentamiento pero hoy, felizmente, son patrimonio común”, agregó Sanguinetti.
Uruguay: Otro gobierno empresarial
En 2004, el Frente Amplio ganó las elecciones en Uruguay. Prácticamente, todas las agrupaciones que lo componían se definían “de izquierda”, y, una buena parte, “marxistas”. El frente se caracterizaba como “una fuerza política socialista, antioligárquica y antiimperialista”. Pero durante la campaña fue visible el esfuerzo para moderar el tono y desprenderse de esa definición. Así se veía en las intervenciones de Tabaré Vázquez, donde prometía “una mayor sensibilidad para pensar en la sociedad, una mejor gestión del Estado para fortalecerlo como factor de democracia, inclusión social y desarrollo productivo; una mayor transparencia, eficiencia y proximidad al ciudadano; en fin, un mejor relacionamiento con la sociedad”.
El anuncio de que Danilo Astori, un economista “progresista”, confiable para los empresarios, sería su ministro de economía, fue toda una señal de que las esperanzas en el gobierno “socialista” se verían frustradas. Al mismo tiempo, mejoró la performance de Tabaré en las encuestas, y ganó la presidencia. Una de sus primeras medidas fue aumentar los impuestos, cuando lo prometido era la reducción, hasta eliminarlos, del IVA y del impuesto a las retribuciones personales.
Cuando se conformó, en 1971, el frente proponía, como primeras medidas de gobierno: “cuatro pilares del proceso transformador: a) Reforma Agraria; b) Nacionalización de la banca privada; c) Nacionalización de los principales rubros del comercio exterior; d) Enérgica acción industrial del Estado, incluyendo la nacionalización de la industria frigorífica”. Bien lejos, el gobierno de Tabaré se centró en el aumento del PBI y del superávit, para cumplir los convenios firmados con el FMI. No hubo ninguna nacionalización, ni reforma agraria, y sí, en cambio, el pago compulsivo de la deuda externa.
Bien atrás, quedó el proclamado antiimperialismo. Tabaré autorizó la participación de militares uruguayos en las operaciones conjuntas, UNITAS; mandó tropas a Haití, para colaborar con los yanquis en la ocupación de la isla; firmó un acuerdo bilateral con Bush y recibió su visita con satisfacción; y mandó reprimir a los manifestantes antiimperialistas, a los que acusaron de “sedición”.
No es muy diferente el panorama que se abre con el nuevo triunfo frenteamplista. Mujica se ha cansado de garantizar que ningún empresario tiene motivos para preocuparse porque él administre el estado. Su vicepresidente, Danilo Astori, seguirá conduciendo la economía, porque “No hay que andar toqueteando, debemos cuidar aquello que ha andado tan bien”. En la misma línea, anticipó que convocaría a un “pacto nacional” y daría cargos en el gabinete a blancos y colorados.
Pese a algunas iniciativas efectistas, como la entrega de netbook a los alumnos, no ha cambiado, ni cambiará con el nuevo gobierno, la situación de los trabajadores en Uruguay. El presidente de la Cámara de Comercio y Servicios, Alfonso Varela, dijo: “Tenemos tranquilidad y confianza en lo que podría ser un gobierno comandado por Mujica”. Su par de la Cámara de Industrias, Javier Carrau, lo explicó mejor: “No tenemos temores, (…) luego de llegar al poder Lula hizo un giro importante en su forma de ser y de actuar, y también en la conducción de la economía. Y Mujica nombra constantemente a Lula como ejemplo. Ojalá continúe su línea”. Además de los elogios, el jefe de los empresarios marcó sus exigencias: “El FA debe darse cuenta de que la industria (…) tiene algo fundamental que es su rentabilidad”. Y reclamó que se mantenga “un ambiente propicio para la inversión extranjera”.
Rentabilidad empresarial y continuidad de la dependencia, a costa del pueblo trabajador. Es el único destino posible para los gobiernos “capitalistas de izquierda”.
Elecciones en Uruguay

Nada cambia para el pueblo trabajador
El Frente Amplio, con José Mujica, y el Partido Nacional, con Luis Alberto Lacalle, se disputan el sillón presidencial uruguayo. A pesar de las superfluas diferencias que esgrimen en la campaña electoral, ambas expresiones políticas se postulan como guardianes del sistema del que tanto se beneficia el empresariado.
El partido que hoy postula al ex guerrillero Mujica como sucesor del “socialista” Tabaré Vázquez es el favorito en el ballotage que se realizará a fin de mes. Con un discurso “renovador”, “popular”, y con un pintoresco candidato, el Frente Amplio se encamina hacia un nuevo mandato en Uruguay.
Como dijéramos en febrero de 2006: “Están bien claras cuáles son las prioridades en la política del gobierno uruguayo: están trazadas ante todo por el sostenimiento de las buenas relaciones con EEUU y las empresas privadas. (...) La política de continuidad absoluta para garantizar la plena vigencia del capitalismo es la que lleva a cabo Tabaré Vázquez en Uruguay. (...) La socialdemocracia gobierna para la clase dominante sumiendo a los trabajadores en la peor explotación.”(1)
Tras la experiencia de varios años de gobierno frenteamplista, queda en evidencia, con suma claridad, que el rol del frente de Mujica y Tabaré ha sido, y aún hoy continúa siendo, el de oxigenar, maquillar la democracia y el capitalismo para que nada sustancial cambie en Uruguay: los empresarios se siguen enriqueciendo y los trabajadores siguen luchando por subsistir. Todo, bajo la fachada de un gobierno de “izquierda”.
Pero el gobierno del Frente Amplio ha dado sobradas muestras de su carácter, no sólo antipopular, sino también proimperialista. Basta recordar el intento de acuerdo de libre comercio con EEUU, el envío de tropas a Haití o, simplemente, el asado de bienvenida que preparó, y sirvió, el propio Tabaré al ex presidente norteamericano, George Bush. Pero tampoco hay que olvidar la acusación de sedición a los manifestantes que protestaron contra la visita de Bush o el respeto de la Ley de Caducidad que garantiza la impunidad de los represores durante la dictadura militar.
Es el rol que viene a cumplir la fórmula Mujica-Astori: presentar una variante con careta “popular” a la histórica alternancia entre blancos y colorados. La figura de Mujica, con su estilo campechano y con su pasado combativo, tiene como principal objetivo legitimar la democracia y el capitalismo presentándolo con un rostro más humano ante el pueblo trabajador. Un engaño más. Pues mientras se conserven las relaciones de explotación capitalista, gobierne un ex obrero, como Lula Da Silva, un ex cura, como Lugo, un ex campesino, como Morales, o un ex guerrillero, como Mujica, para el pueblo trabajador siempre habrá privaciones y postergaciones. Una vez más, con la democracia y los gobiernos capitalistas, nada cambia para el pueblo trabajador.
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NOTAS:
1) “El progresismo, como la mentira, tiene patas cortas”, en ER Nº10, febrero de 2006.
AMÉRICA LATINA: LA SOCIALDEMOCRACIA BLINDADA
El líder socialista y anfitrión del Foro Social Mundial, Lula da Silva, llegó al gobierno en Brasil con la promesa de acabar con el hambre y la marginación, por los caminos pacíficos e institucionales de la democracia. Era entonces icono y ejemplo de aquellos que creen que es posible doblegar la furia capitalista por medio de meras reformas al sistema actual y que en su afán por avanzar por esos caminos vuelcan todo su esfuerzo a un proyecto electoral, al tiempo que rechazan de plano cualquier actividad violenta o de resistencia.
Pero el gobierno del Partido de los Trabajadores, no sólo no “cambió” la sociedad, sino que profundizó sus carencias, su desigualdad, su dependencia y postración ante EEUU. El cumplimiento a rajatabla con los mandatos norteamericanos (con record en ajuste y superávit fiscal) y con sus planes guerreristas (encabezando la misión latinoamericana en la invasión a Haití), son el marco de una política de indigencia, donde se multiplican hasta niveles dramáticos el hambre, la pobreza, el hacinamiento en las multitudinarias villas de emergencia (favelas), las condiciones inhumanas de vida de los campesinos pobres…
Ya en el poder, el “socialista” da Silva ostenta ante su pueblo un gabinete infectado de los mismos banqueros, empresarios y partidos liberales a los que decía enfrentar; todo un partido empresarial sumido en la corrupción más escandalosa (paradójicamente llamado PT), y enormes redes de negocios que van desde el narcotráfico al juego y la prostitución, atravesando por completo el estado lulista: sus partidos, sus funcionarios, su policía…
Y como buen “socialista-pacifista” que apela a la democracia capitalista para llevar adelante su mentiroso proyecto de transformación, no encontró otra forma para sostener sus negocios y los de toda la clase dominante que una política represiva, un tanto alejada del pacifismo pregonado. Así, las masacres de centenares de campesinos sin tierra, la represión contra los activistas sociales (con gran despliegue para sofocar el repudio a la reciente visita de su jefe Bush), la militarización sobre la población y la promoción de más legislación represiva, son todas facetas de una política que hoy tiene al gobierno y su burguesía discutiendo para dar un nuevo paso.
Con marchas y contramarchas, el presidente Lula y su PT, la cúpula de las Fuerzas Armadas, el gobernador de Río de Janeiro y demás representantes del estado brasileño, buscan establecer el marco legal y las condiciones necesarias para poner a las FFAA a patrullar las calles de la populosa ciudad de Río de Janeiro. El acuerdo, en primera instancia, plantea “que los militares ocupen centros neurálgicos de la ciudad por lo menos un año”(1) Una tarea indispensable, según el gobernador del estado, Sergio Cabral “para garantizar la ley y el orden en el estado y en la región metropolitana de Río de Janeiro”. Hasta el momento, y como anticipo, el gobierno de Lula ya ha gestionado el aumento de los efectivos de la policía militar en esa ciudad, mientras busca un acuerdo con la cúpula castrense para su intervención, puesto que ésta reclama que su fuerza cuente con el “poder total” sobre la ciudad, para que no se caiga en una “vulgarización” de las tareas militares. “Para actuar exigen que Cabral se decrete incapaz de mantener el control de la ciudad y entregue el control de la seguridad a los militares”(2), pasando directamente a una “intervención militar” del estado y la ciudad.
El emprendimiento represivo, planteado como una lucha contra el narcotráfico, cuenta con un problema nada menor, y es que el principal actor en el negocio del tráfico de drogas (como de tantos otros) es justamente el estado brasileño y sus fuerzas de seguridad. Así, mientras su propio estado “tiene como base del sistema de seguridad a cuerpos policiales totalmente atravesados (o comprados) por las organizaciones delictivas”(3), el gobierno del pseudo pacifista Lula da Silva, aquél que apoyado por un amplio arco de organizaciones sociales y políticas desde el Foro Social Mundial, se propuso mostrarle al mundo la viabilidad de los caminos pacíficos e institucionales para lograr las conquistas obreras y populares, no tiene mejor salida para su gobierno de ladrones y capitalistas que impulsar la “intervención militar” de una de las más amplias áreas metropolitanas de su país, imponiendo la represión sobre los millones de pobres que habitan en las favelas.
Como suele suceder, hoy ya muchos de los que defendieron e impulsaron ante nuestros pueblos esos caminos truncos del reformismo pacifista, miran para otro lado y siguen su rumbo. Pero una y otra vez vuelven al ruedo con nuevos intentos de la misma calaña, causando una enorme y perniciosa confusión. Así, algunos años más tarde del triunfo de Lula, cuando su actitud servil de lamebotas del imperio y sus políticas antiobreras se prestaban para el escándalo, los defensores de una democracia (capitalista) “de izquierda” se reciclaron acompañando el triunfo electoral de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio en Uruguay. El desastre fue aún más veloz: el intento de firmar un TLC (su propio ALCA) con EEUU, el apoyo material a las invasiones sobre Haití y el Congo, la continuidad de un programa liberal de gobierno que sostiene altísimos niveles de pobreza y grandes carencias sociales… cada paso del gobierno “progresista” uruguayo daba cuenta de un nuevo fracaso de la utopía reformista. Las cualidades de su política “democrática” y “pacífica” también se hicieron conocer: mientras las tropas uruguayas eran acusadas por violar a cientos de jóvenes congolesas, la política interna del gobierno del Frente Amplio batía records, superando en mucho las propuestas del argentino Blumberg, al acusar legalmente con el cargo de “sedición” a los activistas que fueron detenidos tras participar de las movilizaciones contra Bush.
La utopía progresista vuelve una y otra vez. Pero los gobiernos pseudo progresistas que juran profundas reformas, sin confrontar contra la burguesía, sino accediendo pacíficamente al poder del estado burgués y usando los aparatos de dominación de aquél, terminan más tarde o más temprano, volviendo contra el pueblo los fusiles de la represión, para garantizar el actual estado de cosas en el que los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen cada vez más. Es significativo que un símbolo del progresismo actual, del “bolivarianismo”, el ahora nominado a candidato para el premio nobel de la paz y presidente boliviano, Evo Morales, deba dar cuenta, nuevamente, de otro muerto en manos de su represión(4), en el marco de una lucha por hacer efectivas la nacionalización de los hidrocarburos que el mandatario ha traicionado. Es justamente el dirigente cocalero quien llamó a parar la lucha y encausarla por los carriles del dialogo y la paz, acordando con los gobiernos proyanquis de Lozada y Mesa para buscar una salida institucional de una dura lucha que venía llevando su pueblo. Y es una vez más el gobierno “popular”, el que haciendo uso de las herramientas de la democracia burguesa, arremete ahora contra aquellos que pretenden mantener las banderas de su lucha.
Sea como sea, es claro que la socialdemocracia, el progresismo, el populismo y toda esta serie de falsas salidas que nos presenta la burguesía, no son tan pacíficos como nos plantean a la hora de reprochar la lucha revolucionaria. Cuando les toca a ellos gobernar y se hacen responsables de defender los sagrados intereses de la burguesía y el imperialismo, están bien dispuestos a tomar las armas… pero apuntando hacia nuestro lado.
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(1) Clarín 12/04/07, en la nota: “Lula ordena el envío de tropas de las FFAA a Río de Janeiro”.
(2) La Nación 17/04/07.
(3) Clarín 12/04/07.
(4) Derman Ruiz, 37, fusilado el 18 de abril por la policía boliviana que reprimió a la multitud que ocupaba la planta de Transredes, operada por Shell.
FRENTE AMPLIO Y... LAMEBOTAS
Poco falta para que el genocida Bush, acompañado por su mano derecha, Condolezza Rice, visite Uruguay por propia invitación de Tabaré.
Esta invitación ha dejado muy mal paradas a las fuerzas de la izquierda reformista, fundidas en el partido de la burguesía, que hoy forman parte del Frente Amplio, ya que anteriormente se han autoproclamado cabeza de la lucha antiimperialista. Hoy, ante la iniciativa del jefe máximo del Frente, nadie quiere sacar los pies del plato. Por lo tanto, el “antiimperialismo” del PS, el PC y el MPP queda remitido a vacías declaraciones sobre un parcial desacuerdo con la política de EEUU en Medio Oriente, pero ninguno cuestiona la “correcta actitud de un jefe de gobierno para con su par”. Es decir, ninguno cuestiona el rol del Frente Amplio: lamebotas de los yanquis.
Es que el arribo de Bush involucra a los negocios de la burguesía, a la oportunidad de firmar un TLC y con eso no se juega. Esto también lo entiende así el reformismo. Ahora no se quieren perder la oportunidad de hacer buenos negocios después de haber “tomado el poder” con tan poco sacrificio, solamente han tenido que entregar sus rudimentarios principios.
No se queda atrás el exponente máximo del Mercosur, el brasileño Lula, quien gozará de la presencia de Bush antes de ir a Uruguay.
EEUU visita a Brasil ni más ni menos que para poner en marcha la producción de etanol con el que intentará suplantar, sobre todo en América Latina, Centroamérica y en EEUU mismo, el consumo de petróleo.
De este ambicioso negocio se desprenden las declaraciones que llegan desde Washington mostrando que confían plenamente en el papel que juega tanto Brasil como Argentina para controlar el avance de Chávez y sus emprendimientos en la región: ambos países vociferan sobre la necesidad de un bloque económico fuerte e independiente, pero compiten cabeza a cabeza en el grado de entrega y sumisión al imperialismo.
Lula, encantado con su papel de maravilloso amigo de EEUU y esmerándose para no perder protagonismo, se adelantó a la venida de Bush y fue de visita a Uruguay. Su intención era tratar que Tabaré, en lugar de negociar solo con EEUU, lo haga dentro del Mercosur: “Un Mercosur más fuerte, con menos asimetrías y beneficios más equitativos para sus socios será un Mercosur capaz de negociar mejores acuerdos con otros países, en especial con grandes mercados como Estados Unidos y la Unión Europea”. (Lula. La Nación, lunes 26 de febrero de 2007).
Así es como los “nuevos aires”, en definitiva, aparecen soplando desde el norte con un Mercosur cuyos miembros dependen de una forma o de otra del imperialismo yanqui: Venezuela sostiene su economía sobre la base de la venta de petróleo, cuyo máximo comprador sigue siendo EEUU, mientras Brasil y Argentina negocian y se dedican a mantener unificado el bloque latinoamericano bajo las directivas del amo yanqui.
CHILE, URUGUAY, BRASIL: PARA ALGUNOS, EL SILENCIO ES SALUD
“Si conocés un izquierdista de edad avanzada, esa persona tiene problemas”, dijo el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en el homenaje a los 30 años de la revista IstoE. Y explicó: "Es la evolución de la especie humana: quien es más de derecha se hace un poco de izquierda, quien es más de izquierda se va transformando en un socialdemócrata. Cuando uno tiene 60 años alcanzó la edad del equilibrio, porque uno no es ni una cosa ni la otra. Uno se transforma entonces en el camino del medio, aquel camino que necesita ser seguido por la sociedad". Ante la avalancha de críticas, intentó aclarar días después que fue una broma, mientras sigue gobernando, como lo hace desde 2003, al servicio de los intereses imperialistas y contra los trabajadores y el pueblo que votaron al PT.
Calladitos se quedaron los que aplaudieron el triunfo en aquellas elecciones, los que iban al Foro Social a escuchar al primer representante de la “nueva izquierda”, esa que ahora llaman “socialismo del siglo XXI”. Calladitos andan todos los que celebraron el “triunfo obrero y popular” de Lula y lo definieron como una expresión del “giro a la izquierda de las masas latinoamericanas”.
Igual de calladitos se quedaron los que saludaron el triunfo de Michelle Bachelet en Chile como “gran derrota de la derecha”, cuando no la apoyaron expresamente. Miran para otro lado cuando la sonriente presidenta se cansa de mandar carabineros a reprimir estudiantes secundarios, mientras firma tratados de libre comercio con EEUU. “El genocida no tuvo funeral con honores de estado”, tratan de defenderla, silenciando que sí tuvo todos los honores militares, en un edificio público, que Bachelet mandó a su ministra de defensa a presentar el pésame oficial, que no hubo un solo detenido pinochetista en los disturbios callejeros, y sí centenares de compañeros que festejaban la muerte del chacal.
También calladitos andan los que hicieron campaña para el Frente Amplio uruguayo en 2004, con actos en el Obelisco; los que mediaron con el gobierno de Kirchner para que hubiera pasajes gratis para los residentes uruguayos en Argentina, que hicieron la diferencia necesaria para el triunfo de Tabaré Vázquez; los que titularon en sus prensas “La Izquierda gobierna en Uruguay”. Calladitos se quedan mientras el gobierno “de los compañeros” manda el ejército a proteger las plantas de la Unión Europea, y ordena a sus jueces que digan que manifestarse contra Bush es “sedición”.
LA UNIDAD (CAPITALISTA) DE AMÉRICA LATINA
El Revolucionario Nº16 (Agosto de 2006)
“La recién concluida XXX Cumbre del Mercado Común del Sur (MERCOSUR)”, escribía el periodista Ángel Guerra en el periódico mexicano
Pero lo cierto es que, lejos de ser una herramienta para “la independencia económica y política” que permita conquistar una “nueva realidad social y política”, el Mercosur es ni más ni menos que un acuerdo entre países absolutamente dependientes del imperialismo (con estrechos vínculos comerciales, políticos y militares con el imperialismo, puntual pago de la deuda y cumplimiento de los requisitos del FMI como el superávit fiscal), cuyas burguesías se predisponen a realizar los mejores negocios para su propio beneficio (sea con los EEUU, Europa, China… o sea también con los demás países de América Latina mediante éste u otros acuerdos), negocios que no se reflejan ni mínimamente en el mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos, como se puede comprobar a diario en cada uno de estos países.
De hecho el Mercosur cuenta ya con 15 años de existencia y constituye una parte importante de las economías regionales (en 2005 el volumen del comercio interregional ascendía a 21.000 millones de dólares), lo que impacta especialmente en los países de mayor peso como Brasil y Argentina. Pero, aun cuando estas burguesías autóctonas se enriquecen groseramente, la regla general para todos estos países ha sido el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y la enorme mayoría del pueblo. Es que de lo que están hablando es lisa y llanamente de acuerdos comerciales para llevar adelante sus negocios. Ese es el plan de cada una de las burguesías de Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, a las que sus respectivos presidentes vienen a representar, como lo es el de cualquier otra burguesía en el mundo.
Los negocios de la burguesía exportadora argentina son un claro ejemplo de ello: en la medida en que los acuerdos realizados por medio del Mercosur se cristalicen en suculentas ganancias, este sector prioriza el envío de sus productos a “su socio” Brasil (que ascienden a 6300 millones de dólares), pero con la misma lógica capitalista coloca una parte importante de su producción en EEUU (4500 millones), otra parte igual en un país latinoamericano pero ajeno al Mercosur como Chile (ferviente defensor de ALCA), y otro tanto en la pujante China (3700 millones). Es que desde el punto de vista de cada país asociado y de cada sector de sus propias burguesías, el Mercosur no es más que otro mercado para avanzar en sus negocios.
Por ello, cuando hablamos del Mercosur nos referimos a una reunión de negocios continental, capitaneada por los propios presidentes, cuya evolución está siempre condicionada por el posible acuerdo entre las distintas burguesías competidoras de América Latina (cada una de las cuales prioriza, como es su esencia, su propio negocio), lo que se patenta, las más de las veces, en grandes anuncios y raquíticas conclusiones prácticas que nada tienen para dar a la clase obrera latinoamericana.
Lo que ha sucedido en realidad, es que a esta reunión de negocios, cuyo patético trajín vivenciamos los argentinos desde su fundación, la han auspiciado ahora Fidel Castro y Hugo Chávez, rodeándola de altisonantes frases contestatarias (Chávez llegó a decir que ese era “un nuevo Cordobazo”, mostrando una vez más la enorme distancia que hay entre sus discursos y la cruda realidad). En este marco, la escandalizada prensa reaccionaria, que puso el grito en el cielo ante la presencia del líder cubano, y una trasnochada cohorte de aduladores kirchneristas, vieron una intentona “antiimperialista” donde no había más que una reunión de hombres de negocios.
Un derrame continental
Por lo general casi todos aquellos que proponen la unidad de los estados de América Latina como un camino de solución a los flagelos de los sectores oprimidos, adscriben más o menos concientemente a un clásico de la económica capitalista: la teoría del derrame; que quieren elevar ahora a escala continental.
Los economistas burgueses y sus apologetas han acuñado este concepto para justificar su propio enriquecimiento y la necesidad de la explotación. Sostienen que el “crecimiento”, que el “desarrollo” de la economía nacional (industria, agricultura, servicios, etc.) implica siempre y naturalmente un traslado de recursos hacia los sectores más empobrecidos. Así, en nombre del bienestar de “toda la nación” llaman a impulsar y cuidar las inversiones de los grandes capitalistas, reclamando “estabilidad” y “seguridad jurídica” para sus negocios (léase: bajos salarios, altos índices de accidentes laborales, extensas jornadas de trabajo, etc.).
Pero lo más notable es que esta idea, que el progresismo pretende achacarle exclusivamente al “neoliberalismo”, tiene su correlato “progre” en las expectativas sobre una “redistribución” de la riqueza nacional como lo reclaman no sólo algunos miembros de la izquierda reformista, sino incluso la pata izquierda del propio gobierno kirchnerista (Barrios de Pie, miembros de
Sin embargo, esta propuesta, además de ser humillante (pues llama al pueblo a contentarse con las migajas que “deberían derramarse” del festín capitalista) es absolutamente mentirosa. El actual “crecimiento económico” argentino demuestra, como tantos otros casos, que por más que desborden los bolsillos de capitalistas, banqueros y terratenientes locales, la enorme mayoría de los trabajadores argentinos siguen sumergidos en la pobreza y sufriendo la explotación.
En el caso del Mercosur, los distintos gobiernos burgueses no hacen más que enarbolar este falso razonamiento (¡tantas veces tildado de “neoliberal” por ellos mismos!) prometiéndole bienestar a sus pueblos allí donde sólo hay beneficios capitalistas: ningún cambio estructural, ningún avance frente a las clases dominantes… nada de eso, sólo la sumatoria de varios países capitalistas que alcanzaría, según prometen, para mejorar las condiciones de vida de los explotados y oprimidos latinoamericanos. Estamos una vez más ante el mismo engaño: nos auguran un futuro prominente basado no ya en el derrame particular de cada uno de los países sino en un “gran derrame” continental que será fruto de la suma de los negocios de todas las burguesías de América Latina… ¡nos llaman a sumar todas las migajas! Da vergüenza responder semejante grosería. Tal vez sea bueno recordar a Milcíades Peña: “La unión de veinte países capitalistas atrasados haría simplemente un país atrasado de dimensión continental”.
Porque, aunque los defensores del Mercosur prefieran olvidarlo, es bueno recordar que vivimos en países dependientes y atrasados, que no han desarrollado la gran industria, que siguen siendo esencialmente productores de materias primas para el mercado mundial, dependientes en absoluto de la producción extranjera, dominados económica, políticamente y militarmente por el imperialismo. Y es bueno recordar además que estamos inmersos en un sistema caótico, incapaz de la planificación, en el que los capitalistas montan sus negocios allí donde y cuando les es redituable y los sacan cuando ya no lo es, sin que tengan el más mínimo “proyecto nacional” ni mucho menos “continental” para un supuesto bienestar general.
Es curioso como logra volar la imaginación en las mentes abstractas de los mercosurianos… sólo ver el pleito que significa para Brasil y Argentina acordar las cuotas de importación/exportación de electrodomésticos (cuando no de simples chancletas), muestra lo lejos que está de ambos países (y sus burguesías) el perfilarse mancomunadamente en un proyecto integrador para el bienestar de todo el continente.
Bien lo dice Peña en su “Industria, Burguesía Industrial y Liberación Nacional”: “No es "la unidad nacional de nuestros pueblos" por sí sola la que enterrará el atraso y la opresión imperialista, sino la unidad latinoamericana más la planificación socialista de la economía, producto de esa revolución permanente sin la cual no es viable la unidad de América Latina. Cuando el sembrador de confusiones afirma frívolamente que "la unidad nacional de América Latina", por sí misma y con abstracción de su contenido social traerá la emancipación y la superación del atraso, desempeña dos funciones políticas bien definidas: primero, ocultar el carácter necesariamente socialista de las bases sobre las cuales se asentará la unidad de América Latina, despertando y fomentando así la ilusión fatal de que esa unidad es posible y probable como unidad de naciones capitalistas; segundo, ocultar que la unidad de América Latina, admitiendo por un instante que fuera posible sobre bases capitalistas, resultaría en sí misma incapaz de superar el atraso del continente, pues esta superación requiere la planificación socialista de la economía, condición sine qua non para elevar el rendimiento del trabajo.”
Trampas
Por supuesto, la burguesía, sus aliados y representantes tiran sus trampas, una tras otra, en el camino de la emancipación de nuestra clase. La defensa del Mercosur, el llamamiento a la “liberación” por la vía de la “unidad (capitalista) de América Latina” (proyecto que es defendido hasta “teóricamente” por estafadores como H. Tumini o H. Dietrich) no hace más que confundir a los trabajadores y desviarlos de sus tareas revolucionarias. La difusión de los problemas de clase en un gran problema nacional (tanto de trabajadores como de burgueses) ha sido el arma más afilada que han utilizado los capitalistas y sus partidos para contener la lucha de la clase obrera por el poder.
Sobre esto dice Peña: “al describir la autodeterminación sin distinguir niveles, como sólo realizable mediante la unidad de América Latina, y para colmo mediante una "unidad" enunciada en abstracto, sin especificar su necesario contenido socialista, el crítico de Fichas [en nuestro caso la enorme lista de mercosureanos] cumple, acabadamente su propósito de sembrar una masa inextrincable de confusión acerca de las etapas, del ritmo y del eslabonamiento de las tareas capaces de conducir a la emancipación nacional latinoamericana.”
El Mercosur y su “cumbre de los pueblos” son nuevas trampas de una burguesía que pretende enriquecerse, comerciando con sus vecinas y negociando en mejores condiciones con el imperialismo. “Exaltar apologéticamente a la burguesía criolla y persuadir al proletariado de que debe marchar tras la política burguesa dice Peña-. Tal es el fin político práctico que persigue el crítico de Fichas al hablar de autodeterminación nacional y de unidad de América Latina en general, como si esa unidad y esa autodeterminación fueran factibles sobre otras bases que la unidad de estados obreros y socialistas” El futuro de América Latina está inevitablemente en la revolución socialista.
LA FARSA DEL EJE
El Revolucionario Nº13 (Mayo de 2006)
A pesar del carácter de la “nacionalización” del gas en Bolivia, que se explica en otra nota de este número, el anuncio trajo una crisis imposible de ocultar al llamado “Eje del Bien”, ese que parte de la izquierda nos presenta como “el camino a seguir”, que fuera impulsado en sus inicios por Lula y Lino Gutiérrez -milico apoyado por el PC y un montón de nacionalistas locales-, pasando por el coqueto Tabaré Vázquez -hoy acérrimo defensor de los europeos y auténtico lamebotas de los yanquis- y, por supuesto Kirchner, Chávez y Fidel.
¿Qué queda ahora de toda esa mala pantomima? ¿Qué nos van a decir ahora los teóricos de la reforma? Gracioso es recordar y leer sus prensas en las que con total desparpajo y la más clara deshonestidad van sacando y poniendo nombres de documentos y carteles según cómo venga la mano. A veces Lula forma parte del mentado “eje”, otras desaparece; a veces el que aparece es Tabaré, otras -como ahora- lo borran y ni siquiera lo citan... En fin, los que sí son del plantel permanente son Fidel y Chávez; los demás, son de a ratos, según cómo dan las encuestas y sondeos, y dependiendo de que su nivel de pro yanquis suba o baje. Y en el medio de la comparsa, no se deciden del todo a sumar a la sonriente Bachelet, que ya mostró claramente de qué palo es con la creciente represión al movimiento estudiantil chileno y el encarcelamiento de los referentes del pueblo mapuche. Todo esto no pasa inadvertido para las masas, que aunque no se expresen como los militantes, no quiere decir que no vean y saquen sus conclusiones.
Lo cierto es que el volátil y cambiante “eje” está en problemas. La iniciativa política de Evo Morales, discutida y acordada en
No sólo Lula fue afectado por la jugada mediática del 1º de mayo. El también “mosquetero” Kirchner quedó tan al desnudo con su política energética, que se convirtió en blanco para burlas de burgueses como el periodista Marcelo Zlotogwiazda, que no se cansa de señalar que la medida boliviana de revolucionaria no tiene nada, y que en todo caso lo notable es que Argentina no sea dueña de sus recursos estratégicos, como cualquier país mínimamente serio. Semejante exposición de su naturaleza entreguista, aun desde un punto de vista estrictamente burgués, lleva hoy al presidente argentino a ensayar la escandalosa “compra de las acciones” de Repsol -que mientras discuten, niegan por los medios- y a hacer una especie de autocrítica íntima reconociendo su pasado menemista en el que apoyó sin reservas la reforma constitucional del 94.
Volviendo a la situación de Lula -el otrora mimado del PC y el MST, que hoy hacen silencio, cuando nos lo ponían como ejemplo a seguir-, hoy podemos ver el resultado de haber ahorrado en salud y educación para pagar a los yanquis. Le estalló en la cara la crisis carcelaria, con la saludable venganza que llevaron a cabo contra los objetivos que se propusieron, mostrando de manera descarnada cómo se mantiene a los presos en las cárceles de la burguesía que él dirige: es tal el hacinamiento, que tienen que dormir colgados. Esto dicho para que los reformistas de Argentina recuerden algo del ejemplo de Lula, el maravilloso amigo de los EEUU.
Lo cuestión es que el eje, evidentemente, sufrirá transformaciones. Se les va a hacer dificil seguir presentándonos a Lula y Tabaré Vázquez como paradigmas de liberación, independencia y soberanía. También se les complicará a los nacionalistas seguir sosteniendo un Kirchner discursivamente antiimperialista, que plantea seguir endeudándonos y seguir con su plan de pagos compulsivos por adelantado y al contado, y no sabe de qué manera justificar la nueva visita de quince días de la misión del FMI, destinada a revisar las cuentas macroeconómicas del gobierno. ¿No era que pagar nos hacía libres?.
A muy poco de andar, el “eje” hace agua por todos lados. La fracción más inteligente de la burguesía, en la que se destaca Chávez como el “nuevo Perón”, tendrá que remar bastante para recauchutar este pretendido “nuevo movimiento histórico”, que no es otra cosa que vino viejo en odres nuevos.
Seguirán por un tiempo, sin dudas, impulsando la idea de que el socialismo no es posible, que la revolución es una quimera y que no hay otra salida si no es con ellos a la cabeza, con los Chávez, y con Fidel, lamentablemente. Decimos lamentablemente, pues éste no es el Fidel que se supo hacer odiar por el PC argentino cuando planteaba que la cordillera de los Andes estaba llamada a ser
URUGUAY: EL PROGRESISMO, COMO LA MENTIRA, TIENE PATAS CORTAS
“Lo decimos con claridad, no avizoramos cambios profundos como pretendíamos. Sabemos también que este no es un proceso revolucionario, el que se da con el Frente Amplio, pero no dudamos que este tema de la tierra se ha discutido desde el arranque de esta fuerza política, allá por los años 70. Así como otros temas estratégicos, como la nacionalización de la banca o el no pago de la deuda externa, que lamentablemente hoy han caído en el olvido para las fuerzas políticas que hoy nos gobiernan.”
Estas son las palabras de Junior Belén de la Unión del Sindicato Obrero de la Cooperativa Agrícola del Norte Uruguayo, en un reportaje que le realizó “Resumen Latinoamericano” debido a la decisión de los trabajadores cañeros de Bella Unión de tomar tierras y ponerlas a producir para poder vivir, tener trabajo, poder alimentar a sus hijos, educarlos, curarlos si están enfermos, etc.
Estos trabajadores campesinos, lejos de obtener una respuesta favorable a sus reclamos, han sido intimidados por el gobierno de Tabaré Vázquez con la amenaza de desalojo y la citación a declarar ante la justicia, en primer lugar a los dirigentes sindicales y luego, uno a uno, a los trabajadores que sostienen la toma.
“Nosotros creíamos que el Frente Amplio se daría cuando ganara la izquierda, pero ahora nos encontramos con una izquierda que ha llegado al gobierno y sigue teniendo la misma política que tenían los partidos tradicionales", dice otro dirigente sindical.
Se van desmoronando así las expectativas de quienes creyeron en la posibilidad de un gobierno popular, que defendiera a los trabajadores. Pero la situación material y objetiva que viven los trabajadores pudo más: sobre todo discurso populista, participación tupamara, promesas de renovación, todo esto quedó atrás después de las elecciones y ante las verdaderas prioridades y deberes con los que el Frente Amplio había prometido cumplir a su amo supremo…. no su pueblo, sino EEUU.
Así, pagaron la deuda antes que nadie; aseguraron a Dios y María Santísima la seguridad jurídica a todos los que desearan “invertir” en el país; ponen plata y soldados para sostener la invasión a Haití y de ese modo ser el recambio de los soldados yanquis que mandan a Irak; participan del plan de entrenamiento conjunto UNITAS para sus Fuerzas Armadas con el único fin de garantizar el disciplinamiento popular. Y para terminar de mostrar su alineamiento con el Imperialismo, Uruguay ha sido el primero en mostrar la debilidad absoluta del pretendido bloque económico del MERCOSUR, firmando acuerdos bilaterales con EEUU. Nada le importa más al gobierno uruguayo que los negocios y de esta forma pelea cabeza a cabeza con sus pares dentro del mismo MERCOSUR el puesto de quien es el más pro-yanqui de sus miembros y se lleva el primer premio en las excelentes relaciones con EEUU y todos sus organismos internacionales: el FMI, la ONU , el BM, etc.
Claro que no sólo a esto se dedica el gobierno de Uruguay. También gobierna y tiene una política para los trabajadores uruguayos. La gestión de Tabaré sostiene índices escandalosos en cuanto al nivel salarial en Latinoamérica. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Uruguay del año 2005 registran que el nivel de salario medio de un trabajador es de $2.500 uruguayos (US$ 98 aproximadamente) sosteniendo además el 11,9 % de desocupación.
Están bien claras cuáles son las prioridades en la política del gobierno uruguayo: están trazadas ante todo por el sostenimiento de las buenas relaciones con EEUU y las empresas privadas.
Para nada se ha ocupado este nuevo gobierno “progresista” de lo que necesita su pueblo, al que bien le endulzó los oídos en épocas electorales con promesas de mejoras, trabajo, justicia, dignidad y cuántas cosas más. Sostienen descaradamente que la política para combatir la pobreza y la desocupación sigue siendo más y más beneficios para las empresas, quieren seguir haciendo creer al pueblo que lo que hay que crear es trabajo cuando lo único que hacen es maximizar la explotación, con condiciones inhumanas de trabajo, con extensas jornadas, con salarios paupérrimos.
No ha habido anuncio alguno para modificar las estadísticas lanzadas en el 2004 con respecto a los altos índices de trabajo infantil que hasta legislado está. Pertenecen al 40 % de los trabajadores “informales”. Esta institucionalizado el trabajo de los niños a partir de los 15 años regulando su jornada laboral a 6 hs. y permitiendo que permanezcan en su actividad laboral “sólo” hasta las 10 de la noche.
Detrás del discurso de la creación de trabajo quieren negociar hasta el río para que las empresas papeleras hagan sus negocios tranquilamente y sin mayores costos. Y ante el rechazo popular tanto del lado argentino como uruguayo, el gobierno de Tabaré no ha dudado ni un minuto en pedir a gritos la represión de los manifestantes.
Como no podía ser de otra manera, y no se salvan ni los países que pertenecen al “eje del bien”, en Uruguay los sueldos mejores pagos son de los de las fuerzas represivas, necesarias tanto para la extrema derecha como para la socialdemocracia, para sostener la ansiada “gobernabilidad”. Los oficiales de policía ganan US$ 169 (4.480 pesos) por mes, y los veteranos con 15 años en la policía ganan US$ 235 (6.230 pesos) por mes.
En política de DDHH el mérito no ha sido menor. La represión a quienes se manifiestan en contra de la política del gobierno está a la orden del día. Quienes no se resignan a vivir en pésimas condiciones a cambio de charlatanería progresista son encarcelados y golpeados, como los numerosos militantes que salieron a las calles en repudio de la presencia de Bush y la Cumbre de las Américas. Cuatro presos políticos -cuya libertad se ganó nuevamente en las calles- acusados de sedición y la referente de la Plenaria de Memoria, Verdad y Justicia (organismo de DDHH en Uruguay) procesada por negarse a revelar el nombre de los compañeros que hicieron una pintada acusando a los jueces de genuflexos ante el poder político.
También Tabaré hizo uso del recurso, ya trillado a esta altura para nosotros, de montarse sobre los compañeros desaparecidos para hacer su campaña de gobierno progre. En el discurso de asunción dijo: “Vamos a aplicar una política activa en materia de DDHH. Debemos reconocer que a 20 años de haber vuelto a la democracia todavía subsisten zonas oscuras”. Lo que no dice Tabaré es que lo más oscuro de “esas zonas” está dentro de su mismo gobierno que sostiene normas como la Ley de Caducidad que garantiza la impunidad de todos los milicos asesinos de la dictadura que han torturado hasta a los niños.
Hasta el reaccionario Partido Nacional (Blanco) ha cuestionado al Frente Amplio por haber participado junto al Partido Colorado del “Pacto del Club Naval”, donde se hizo el acuerdo que creó las condiciones políticas para la Ley de Caducidad, logrando dejar sin condena a las Fuerzas Armadas por las torturas, asesinatos, desapariciones, etc. Y siendo fiel a su historia, Tabaré fue categórico al afirmar que todas las investigaciones que tuvieran que ver con los desaparecidos se harían “en el marco de la ley”.
Pero, el FA, ni siquiera ha cumplido con las mínimas promesas de campaña. La Plenaria de Memoria, Verdad y Justicia denuncia que no se han abierto los archivos de la dictadura a la sociedad como había prometido Tabaré. Los milicos son los que siguen manejando qué información dan y qué se guardan sobre la búsqueda de los restos de los compañeros, teniendo la plena libertad de decir lo que se les ocurre. El punto seis del documento de la Plenaria en el que hacen pública su posición ante la política de DDHH del gobierno dice: “Los restos que se encuentran quedan en manos de Gonzalo Fernández (Secretario del Poder Ejecutivo) y no se sabe a ciencia cierta dónde están. Primero se dijo que `podrían ser restos de chancho´, que se llevarían al exterior. ¿Quién puede creer que en el país no hay condiciones técnicas para determinar si son de origen humano o no?…”
Pero lo más descriptivo de esta impunidad absoluta son las declaraciones del recientemente retirado (el 1º de febrero), y sin que nadie lo echara, Jefe del Ejército, Ángel Bertolotti, que advirtió que “no se puede decir nunca más” porque “puede suceder otra vez” y explicó: “Esas cosas no deberían volver a pasar, pero el ´nunca más´ está supeditado a los escenarios que se produzcan (…) El ´nunca más´ es hasta que se produzca un nuevo conflicto, porque la historia lo demuestra, lo vemos en el mundo actual”.
La política de continuidad absoluta para garantizar la plena vigencia del capitalismo es la que lleva a cabo Tabaré Vázquez en Uruguay como fiel perteneciente al “eje del bien”. Tras las banderas de una nueva "izquierda moderna", un bloque de poder regional en "Latinoamérica antiimperialista", la socialdemocracia gobierna para la clase dominante sumiendo a los trabajadores en la peor explotación.
Estos “nuevos aires”, como les gusta llamar a quienes dan su apoyo a estos gobiernos cipayos, sólo dan respiro a la burguesía y al obrero sólo le aprieta el cuello hasta matarlo.
URUGUAY: EL FRENTE POPULAR HOY
El 1º de marzo de 2005 la ceremonia de jura presidencial del médico oncólogo Tabaré Vázquez en la República de Uruguay tuvo como invitados especiales a quienes el diario El País de Madrid definió como “líderes de izquierda latinoamericanos, como el brasileño Lula da Silva, el venezolano Hugo Chávez, el argentino Néstor Kirchner, el peruano Alejandro Toledo y el chileno Ricardo Lagos”. Se destacaba en la nota que la ausencia del cubano Fidel Castro se debía al obligado reposo por el accidente en una rodilla sufrido unos meses antes “en una aparatosa caída transmitida por televisión” que no evitó que Montevideo se llenara de pintadas saludando “Bienvenidos Chávez y Fidel”.
En Buenos Aires, mientras algunos partidos de izquierda celebraban el triunfo electoral como si fuera propio, uno de sus referentes declaraba a la prensa “Debemos actuar utilizando la experiencia uruguaya como un fuerte ejemplo inspirador”, estrategia que acabamos de ver plasmada (y fracasada) en el Encuentro Amplio vernáculo.
En el discurso de asunción, y en el posterior mensaje al pueblo uruguayo esa misma noche, Vázquez repitió que los ejes de su gobierno serían los tres enunciados en 1999 en el programa del FA-EP: la búsqueda de la justicia social, la transformación del Uruguay en un país productivo y la democratización del Estado y la sociedad. Prometió atender prioritariamente al 40 por ciento de la población uruguaya que se encuentra por debajo de la línea de pobreza, garantizar la plena vigencia de los Derechos Humanos, terminar la política de impunidad para los genocidas sostenida por sus antecesores, y reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba, interrumpidas durante la presidencia de Batlle. De las tres promesas, sólo una fue inmediatamente cumplida: la última, que sólo requería la firma de un decreto presidencial.
Sobre la deuda externa y las relaciones con los organismos internacionales de crédito, decía inicialmente el programa electoral triunfante del FA-EP: “El gobierno progresista, sin rehuir las obligaciones contraídas por el Estado, buscará solucionar el problema de la carga de la deuda externa, sin allanarse ante imposiciones o condicionamientos de los organismos internacionales.” Claro que, como en la pared que exhibía las Leyes de la Granja de los Animales, pronto se coló un “añadido” nada inocente. La versión final del anterior enunciado quedó así: “El gobierno progresista, sin rehuir las obligaciones contraídas por el Estado, buscará aliviar la carga de la deuda externa, sin aceptar imposiciones de los organismos internacionales de crédito, renegociando plazos y reformulando el perfil de la misma”.
En esa nueva sintonía, el gobierno progresista mantuvo, en los pasados ocho meses de gobierno, la misma política económica que los gobiernos colorados, blancos o combinados: restricción del salario, de las jubilaciones, deterioro en la demanda del mercado interno y apuesta a las inversiones privadas. Entre las medidas concretas, se destacan el aumento de la presión impositiva (cuando lo prometido en la campaña era la reducción del IVA y del impuesto a los retribuciones personales, hasta llegar a la eliminación de este último, en el plazo más rápido posible) y la propuesta de pasar las empresas públicas al derecho privado y asociarlas con empresas extranjeras, lo que, aunque evita el uso de la expresión “privatización” que ya suena políticamente incorrecta, en la práctica significa que serán capitales extranjeros los que explotarán los servicios públicos uruguayos, sin control alguno por el estado, con el único fin de acumular ganancias y remitirlas a sus centros financieros.
Tabaré Vázquez, sindicado por el presidente venezolano Chávez como uno de los “espadachines” que se habrían batido durante la Cumbre de Presidentes contra el imperialismo, regresó al paisito trayendo bajo el brazo el tratado de protección de inversiones entre Uruguay y Estados Unidos, firmado en Mar del Plata durante sus reuniones bilaterales con George W. Bush. Vázquez calificó el convenio como "hecho histórico", exagerando de tal modo que su propio canciller, Reinaldo Gargano, debió relativizar que aunque importante, no se le debe atribuir una "importancia excesiva".
Eleuterio Fernández Huidobro, apodado “El Ñato”, fundador de Tupamaros a principios de los '60, preso de la dictadura y estratega de la coalición frenteamplista, decía sobre la negociación de la deuda externa hace menos de un año: “Ahí nos jugamos una parada para los próximos cinco años”. Y se la jugaron, nomás, apostando a satisfacer los intereses del imperio. Primero firmaron el convenio con el FMI en el que Uruguay se compromete a llegar al 4 por ciento del superávit primario, además de la fijación del precio del dólar, la autonomización del Banco Central y otras medidas semejantes que atan al cumplimiento de esas metas toda posible inversión en educación, salud, plan de viviendas o seguridad social. Después, y al mismo tiempo que en Buenos Aires, Mar del Plata y Montevideo las policías argentina y uruguaya reprimían las marchas contra el presidente yanqui, Uruguay y Estados Unidos firmaron el Tratado de Protección de Inversiones.
No es menor recordar que la corriente hegemónica del Encuentro Progresista-Frente Amplio y, por ende, el principal sostén político del gobierno de Tabaré Vázquez, es el Movimiento de Participación Popular MPP. Sus miembros comandan dos ministerios claves, el de Ganadería, Agricultura y Pesca (José Mujica) y el de Trabajo y Seguridad Social (Eduardo Bonomi). Fernández Huidobro, uno de sus dirigentes históricos, preside la Comisión de Defensa del Senado, y la ex sindicalista Nora Castro preside la Cámara de Diputados. Desde julio, Ricardo Ehrlich es el alcalde de Montevideo. En las elecciones nacionales del 31 de octubre 2004, el MPP obtuvo más de 320 mil votos, equivalente al 29% de la votación total del Encuentro Progresista-Frente Amplio. Tienen 52 ediles en todo el país, 6 senadores y 18 diputados.
Todos esos funcionarios “populares” han promovido y votado medidas como el envío de tropas a Haití, contribuyendo no sólo a la ocupación armada del país hermano, sino a liberar marines yanquis para que puedan ser afectados a Irak; la participación en las maniobras militares UNITAS, bajo la dirección de la flota norteamericana; la instalación de plantas de celulosa de capital europeo sobre el río Uruguay, a costa de la contaminación del curso fluvial afectando su país y el nuestro o el ascenso de militares responsables de violaciones a los derechos humanos. Ni rastro en su política del rompimiento con el FMI, el no pago de la deuda externa, la reforma agraria o la estatización de la banca y el comercio exterior, o de la exigencia de anular la Ley de Caducidad de la acción penal contra los genocidas o de desmantelar el aparato represivo.
Por el contrario, palos y balas a los jóvenes consecuentes que marcharon contra Bush y contra la firma del tratado bilateral el 4 de noviembre, encarcelando a cuatro de ellos bajo la figura legal de “sedición”, con el argumento de que hicieron pintadas antiimperialistas, anticapitalistas y contra la entrega del gobierno. Ni a Corach se le hubiera ocurrido.
Es que así son las cosas cuando se abandonan las ideas para abroquelarse en el posibilismo. En 1999 José Mujica adelantaba lo que vendría: "cambiar el sistema es actualmente una utopía", decía. El VI Congreso del MPP, en 2004, oficializó la estrategia del "cambio posible" y el “pragmatismo”, y mientras en el discurso siguen reinvindicando a los compañeros tupamaros y a los revolucionarios de todo el mundo, eligieron el camino de la conciliación, y por ende, de la claudicación.
Hoy, los tupamaros integrantes del gobierno del FA-EP son la garantía del sistema democrático burgués del Uruguay. Como denuncia casi en soledad “El Tambero” Zabalza, “se han transformado. Si un gobierno popular aplica las mismas medidas que un gobierno reaccionario, la que gobierna entonces es la farsa”.
En esta farsa, un coronel acusado de violaciones de derechos humanos fue ascendido a general; el actual coordinador general de los servicios de información del ejército y la policía, y el administrador de toda la cuenca del río Uruguay participaron activamente en violaciones a los derechos humanos; una cantidad de comisarios de la policía que fueron procesados por la Masacre del Filtro de 1994 con dos asesinados y decenas de heridos siguen en funciones (uno de ellos, que participó en 1972 en el asesinato de ocho militantes comunistas, es hoy el director nacional de cárceles); el jefe de la fuerza aérea confesó públicamente que participó de los "vuelos de la muerte" desde el centro clandestino de detención Automotores Orletti.
Bien lejos está la política real de Tabaré Vázquez de su propia propuesta electoral, pese a que tampoco prometió en la campaña la revolución socialista, sino sólo algunas medidas elementales de mayor distribución de la riqueza, transparencia y participación popular. Si entonces decían “rechazamos el actual proyecto ALCA y los eventuales acuerdos bilaterales de comercio con Estados Unidos concebidos en este marco”, hoy sólo dicen que el ALCA es un objetivo “a largo plazo”, que “todavía no están dadas las condiciones necesarias” para lograr un acuerdo y se apuran a firmar acuerdos bilaterales.
Párrafo aparte merecen las justificaciones esgrimidas para algunas de esas medidas. Cuando todos los senadores del Encuentro Progresista votaron el envío de 200 soldados a Haití, Fernández Huidobro dijo que era "una equivocada política internacional”, pero que "ahora hay que hablar en nombre del país" y "no se le puede negar al país lo que pide", argumentando además que se trataba de "hechos consumados". En la sesión del congreso que autorizó la participación en las maniobras UNITAS, abundaron las citas del sociólogo alemán Max Weber, y a lo sumo algunos legisladores optaron por abandonar momentáneamente su banca o pedir licencia ex profeso para no estar en sala. El premio a la inventiva lo obtuvo el diputado del MPP Luis Rosadilla, que dijo que el Poder Ejecutivo remitió tarde el proyecto de UNITAS y que no hubo tiempo para debatir profundamente el tema.
Poco después de esa votación hubo un acto de homenaje al Che en el aniversario de la toma de Pando, y ahí estuvieron todos, agitando banderas de izquierda y reivindicando a los compañeros caídos. Mujica explicó entonces que "No es andar a los tiros hacer la revolución", y regaló a la audiencia una relectura de la doctrina guevarista: Sostuvo que el ideario revolucionario de Guevara se basa en que el principal problema de nuestro tiempo es la sociedad de consumo, porque “La esclavitud contemporánea está basada en la creación de una sensación de libertad que se concreta en la orientación a consumir. Tenemos que aprender a ser machetes, a consumir lo mínimo".
Huidobro, por su parte, afirmó que votó la participación en las maniobras militares por convicción, no por disciplina, porque no habían tenido tiempo de avisar que Uruguay no participaría. "Nos fallan las articulaciones", dijo. “Falla la articulación del gobierno y la fuerza política, la del Ejecutivo y el legislativo, del gobierno y la fuerza política y las organizaciones sociales, de las intendencias y los ministerios".
Como dijimos en el mes de mayo en estas páginas, refiriéndonos a los mejores alumnos del FMI, Lula y Tabaré, “el devenir de estos gobiernos estuvo signado desde su mismo origen. El ascenso a la presidencia de una fuerza que se reivindique de izquierda como el FA o el PT, mediante los más variados y amplios frentes electorales, las alianzas de clases y la defensa de la democracia burguesa, siempre termina (y comienza) marcándola a fuego con el sello de proimperialista”.
Una vez más la historia nos enseña que los frentes con la burguesía tienen un solo destino: la profundización de la explotación y la entrega, a costa del pueblo.