Indudablemente, el gobierno de los Kirchner ha logrado contener, e incluso revertir, el ascenso que amagaron sus competidores políticos después de las elecciones legislativas de junio pasado. Con una serie de medidas de claro perfil demagógico, como la ley de medios, la televisación del fútbol o las asignaciones por hijo, el kirchnerismo retomó la iniciativa política ante la postración de sus rivales radicales y peronistas con todas sus variantes incluidas. Tal es así que hasta pudo avanzar con la reubicación de Néstor Kirchner al frente del PJ y la reforma electoral. Aun así, el panorama no augura tranquilidad para el matrimonio presidencial. A partir del 10 de diciembre, se modifica la relación de fuerzas dentro del congreso, que será desfavorable para el oficialismo.
Pero la capacidad de maniobra política que al kirchnerismo le da algunos resultados ante sus adversarios electorales, encuentra serias dificultades frente al surgimiento de una nueva camada de Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas que no responde ni al empresariado, ni a la burocracia sindical, ni al propio gobierno “nacional y popular”.
“La punta de ese iceberg cuyas dimensiones reales pocos conocen se pudo ver en los últimos dos meses, en Kraft Terrabusi y en Metrovías. Ayer, los delegados del subte cumplieron con una nueva medida de fuerza, pese a todos los intentos del Gobierno y de la UTA por detenerla, y hoy la comisión interna que venció a los representantes de Rodolfo Daer en la multinacional alimenticia volverá a reclamar la reincorporación de los despedidos ante el ministerio de Trabajo.” (Crítica Digital, 11/11/09) Así se expresan los medios de la burguesía, que demuestra una importante preocupación por la dinámica que adquiere el cuestionamiento de la burocracia sindical y la organización independiente de la clase trabajadora.
A la elección de una Comisión Interna antiburocrática en Kraft, que se mantiene en pie de lucha, al fortalecimiento del Cuerpo de Delegados antiburocrático del subte, que se mantiene en pie de lucha, se suman a la organización y la lucha innumerables delegados que ni el gobierno, con la ley en una mano y la represión en la otra; ni la burocracia, con la patota y el fraude como método; ni la patronal, con las suspensiones y los despidos como mejor arma, pueden controlar. ¡Y eso que sólo el 12% de los establecimientos laborales cuenta con representación sindical!
Es a este sector de los trabajadores, los que no se resignan a ser explotados sin ofrecer resistencia y se disponen a emprender el camino de organización y lucha contra el capitalismo y sus cómplices, a quien la burocracia sindical acusa y calumnia de mil y una formas. “La zurda loca”, “la cuarta internacional,” gritó Juan Belén, el secretario adjunto de la CGT. “Banda de vándalos”, esgrimió Roberto Fernández, el secretario general de la UTA. Por debajo de tanto palabrerío, la burocracia actuaba. La UOM de Córdoba convocaba a un congreso extraordinario para expulsar a delegados antiburocráticos, la patota del SMATA cordobés golpeaba a un delegado opositor por reclamar mejoras salariales, los barrabravas de la UTA pretendían carnerear el paro del subte... Entre tanto, el jefe de la CGT, Hugo Moyano, organizaba el frustrado acto en apoyo de la presidenta Cristina Fernández, contra el “plan desestabilizador” y en defensa del “orden constitucional” y el “proceso democrático”.
La confrontación con la burocracia está abierta. Es una pelea que no podemos eludir los trabajadores para avanzar en la recuperación de los sindicatos y librar la lucha por todas las reivindicaciones postergadas de la clase trabajadora. Es necesario promover delegados en cada lugar de trabajo, construir agrupaciones antiburocráticas, conquistar los Cuerpos de Delegados y las Comisiones Internas para avanzar en el camino de la transformación de los sindicatos en instrumentos de lucha de los trabajadores contra los capitalistas.
Pero la capacidad de maniobra política que al kirchnerismo le da algunos resultados ante sus adversarios electorales, encuentra serias dificultades frente al surgimiento de una nueva camada de Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas que no responde ni al empresariado, ni a la burocracia sindical, ni al propio gobierno “nacional y popular”.
“La punta de ese iceberg cuyas dimensiones reales pocos conocen se pudo ver en los últimos dos meses, en Kraft Terrabusi y en Metrovías. Ayer, los delegados del subte cumplieron con una nueva medida de fuerza, pese a todos los intentos del Gobierno y de la UTA por detenerla, y hoy la comisión interna que venció a los representantes de Rodolfo Daer en la multinacional alimenticia volverá a reclamar la reincorporación de los despedidos ante el ministerio de Trabajo.” (Crítica Digital, 11/11/09) Así se expresan los medios de la burguesía, que demuestra una importante preocupación por la dinámica que adquiere el cuestionamiento de la burocracia sindical y la organización independiente de la clase trabajadora.
A la elección de una Comisión Interna antiburocrática en Kraft, que se mantiene en pie de lucha, al fortalecimiento del Cuerpo de Delegados antiburocrático del subte, que se mantiene en pie de lucha, se suman a la organización y la lucha innumerables delegados que ni el gobierno, con la ley en una mano y la represión en la otra; ni la burocracia, con la patota y el fraude como método; ni la patronal, con las suspensiones y los despidos como mejor arma, pueden controlar. ¡Y eso que sólo el 12% de los establecimientos laborales cuenta con representación sindical!
Es a este sector de los trabajadores, los que no se resignan a ser explotados sin ofrecer resistencia y se disponen a emprender el camino de organización y lucha contra el capitalismo y sus cómplices, a quien la burocracia sindical acusa y calumnia de mil y una formas. “La zurda loca”, “la cuarta internacional,” gritó Juan Belén, el secretario adjunto de la CGT. “Banda de vándalos”, esgrimió Roberto Fernández, el secretario general de la UTA. Por debajo de tanto palabrerío, la burocracia actuaba. La UOM de Córdoba convocaba a un congreso extraordinario para expulsar a delegados antiburocráticos, la patota del SMATA cordobés golpeaba a un delegado opositor por reclamar mejoras salariales, los barrabravas de la UTA pretendían carnerear el paro del subte... Entre tanto, el jefe de la CGT, Hugo Moyano, organizaba el frustrado acto en apoyo de la presidenta Cristina Fernández, contra el “plan desestabilizador” y en defensa del “orden constitucional” y el “proceso democrático”.
La confrontación con la burocracia está abierta. Es una pelea que no podemos eludir los trabajadores para avanzar en la recuperación de los sindicatos y librar la lucha por todas las reivindicaciones postergadas de la clase trabajadora. Es necesario promover delegados en cada lugar de trabajo, construir agrupaciones antiburocráticas, conquistar los Cuerpos de Delegados y las Comisiones Internas para avanzar en el camino de la transformación de los sindicatos en instrumentos de lucha de los trabajadores contra los capitalistas.