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Desfile de candidatos: Cristina Fernández – Amado Boudou


En este número, presentamos a los dos candidatos elegidos para protagonizar el tercer mandato consecutivo del peronismo en su versión kirchnerista. Ella, multimillonaria y con dos décadas de vivir suntuosamente de sus cargos públicos, apela a la mística de su viudez y a una historia oficial que está muy lejos de la verdad. Él, apenas millonario, y uno de los golden boys de los ’90, recorre el camino del oportunismo político en su Harley Davidson. Con ustedes, los candidatos del Frente para la Victoria, modelos de capitalistas:

Cristina Fernández – Amado Boudou
Cristina Elisabet Fernández estudiaba derecho en su ciudad natal, La Plata, cuando, en 1974, conoció a Néstor Kirchner. El santacruceño militaba en la FURN, una agrupación universitaria que, poco después, se fundiría en la JUP (Juventud Universitaria Peronista). Ella, en cambio, no tenía mayor compromiso militante. En lo que sí coincidía con su novio era en el rechazo a la lucha armada, a contrapelo de la “leyenda montonera” que se esforzaría en instalar años más tarde.
En 1977, abrieron un estudio jurídico en Río Gallegos que rápidamente prosperó, gracias a los lucrativos negocios inmobiliarios de los inversores que patrocinaban. Hasta 1983, Cristina Fernández no tuvo actividad militante, ni se involucró, como abogada, en ninguna defensa política ni vinculada a la represión de la dictadura.
Por el contrario, los Kirchner hicieron negocios con las autoridades militares de su ciudad y provincia, como lo prueban las fotografías de Néstor junto al general Oscar Guerrero, mano derecha de Camps, al que ambos expresaron su apoyo durante la guerra de las Malvinas, que publicó la revista Noticias hace unos años; o la solicitada que Cristina Fernández firmó, junto a su marido, en 1981, celebrando vivir en “un estado de derecho” y agradeciendo al jefe de la policía y a los funcionarios provinciales de la dictadura su apoyo frente a un “apriete” que sufrieron debido a un juicio en el que intervenían algunos “pesados”.
En la misma época, por poner un ejemplo de su “experiencia en la defensa de los DDHH”, el estudio jurídico Fernández-Kirchner defendió a un policía federal que fue condenado a 18 años de prisión por violación de menores.
A partir de 1983, Cristina acompañó a su marido en el regreso a la actividad política en el PJ, donde se alinearon con el sector “renovador” de Cafiero, Menem y Grosso. En 1987, Kirchner fue electo intendente de Río Gallegos. Con el cargo de Secretaria Legal y Técnica, Cristina comenzó su carrera como funcionaria. Dos años después, Cristina ya era diputada nacional, y, en 1995, mientras su marido asumía la primera gobernación, fue electa senadora. Renunció en 1997, pero para quedarse en el congreso con un nuevo mandato como diputada. Volvió al senado en 2001. Ya con su esposo en la presidencia, repitió el mandato, como senadora de la provincia de Buenos Aires, en 2005, tras romper el pacto con Eduardo Duhalde, que los había llevado a la casa rosada. Cuando asumió la presidencia, en diciembre de 2007, llevaba, como su marido, más de 20 años viviendo de cargos públicos.
En esas dos décadas de cargo en cargo, amasó una fortuna. Su patrimonio, de casi 80 millones de pesos, la coloca hoy entre las 20 mujeres más poderosas del mundo, en el ranking Forbes, y le permite disfrutar de lo que más le gusta, la ropa, las carteras y las joyas de firma, mientras el INDEC admite que un 30% de los argentinos padecen las condiciones de hiperexplotación y los salarios de miseria de un trabajo en “negro”  y las consultoras privadas elevan esa cifra al 44%.
Puesta a elegir a dedo su segundo en la fórmula, optó por su joven y carilindo ministro de Economía, el marplatense Amado Boudou. Aimé, como le dijeron siempre en su agropecuaria familia, aprendió a jugar al golf en el Mar del Plata Golf Club, y ahora despunta el vicio en el Darling Tenis Club, de Puerto Madero, cerca del condominio donde vive con su novia.
Empezó su carrera empresarial en la costa, donde para fines de los ’80 era el gerente de la recolectora de residuos Venturino Eshiur, mientras, a la noche, se entretenía como disc jockey de la discoteca Frisco Bay y organizaba mega recitales en la playa. Después de quebrar Venturino, fundó su propia empresa en el mismo rubro, Ecoplata, con la que hizo negocios con varios intendentes de la zona, mientras cursaba la carrera de economía y militaba en UPAU, el brazo universitario de la UCEDE, junto a Sergio Massa y Ricardo Echegaray.
Fue secretario de Hacienda y Finanzas del partido de La Costa entre 2003 y 2005, durante la primera intendencia del peronista Juan de Jesús, y, ya en Buenos Aires, hizo carrera en la ANSES, donde llegó a ser su titular. Allí se reencontró con Sergio Massa, y, como él y varios “jóvenes brillantes” provenientes del partido del ingeniero Alsogaray, se recicló en el kirchnerismo.
El 8 de julio de 2009 asumió el cargo de ministro de Economía, en reemplazo de Carlos Fernández, última etapa antes de ser consagrado como vicepresidente de Cristina Fernández para las elecciones de octubre.
Su patrimonio personal, como el de todos los funcionarios, ha crecido exponencialmente en muy poco tiempo. Según su última declaración jurada, aumentó un 65% desde 2009, con U$S145.000 ahorrados, y el paquete de acciones de una empresa inmobiliaria, Habitat Natural. Además de su querida Harley Davidson y el departamento en Puerto Madero, tiene un Fiat Adventure, un Audi y un Honda Civic.
Siguiendo una orden expresa de Néstor Kirchner, y aprovechando su experiencia juvenil en el mundo del espectáculo, desde que entró al gobierno nacional, Amado empezó a organizar reuniones político-musicales en la tradicional confitería de San Telmo Puerto Rico, bautizadas “Peña La Époka”. Allí, los miércoles, funcionarios y figuras del espectáculo ligados al kirchnerismo, mezclan política y diversión con selectos invitados, como el barra brava Cristian Favale, asesino de Mariano Ferreyra, que subió a Facebook la foto en la que un sonriente Boudou lo abrazaba, mirando a la cámara.
Cristina y Amado, los candidatos del oficialismo, van por cuatro años más de explotación y represión.

Desfile de candidatos: Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá


A continuación, presentamos a dos clásicos de la disputa presidencial. Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde, millonarios y eternos funcionarios, protagonistas hace décadas de la política nacional, son dos versiones de diferente perfil de las variantes que el peronismo acumula en su seno.

Eduardo Duhalde
En 1973, Eduardo Duhalde ya era concejal en Lomas de Zamora. Luego fue intendente y de nuevo concejal, en 1983. Se integró al sector “renovador” del peronismo, con Menem, Cafiero y De La Sota, y en 1987 llegó al congreso nacional.
Su aceitado aparato fue el principal apoyo de Menem en la interna con Cafiero y De La Sota. Juntos, el riojano y el bonaerense ganaron la presidencia en 1989.
Poco después, anunció que competiría por la gobernación bonaerense en 1991. Su gestión se caracterizó por el clientelismo y por el alto nivel de corrupción, todo con un férreo manejo del aparato policial, comandado por Pedro Klodzyck, al que llamó “El mejor jefe de la mejor policía del mundo”.
En 1994, encabezó la lista de constituyentes del PJ, y, tras la reforma constitucional para la reelección de Menem, obtuvo la propia como gobernador.
Su triunfo en 1995, con casi el 60% de los votos, contrastó con el 23% del peronismo en la Capital. Se posicionó como el hombre fuerte del PJ, y comenzó a confrontar con Menem. Aunque derrotado en las elecciones legislativas de 1997 por la Alianza UCR-Frepaso, unificó tras de sí a Ruckauf, Solá, los barones del conurbano y los gobernadores que se despegaban del desprestigiado Menem, Kirchner incluido.
En 1999, lanzó su fórmula junto a Palito Ortega, con Ruckauf como gobernador. El fracaso de una operación propagandística concebida por su asesor Durán Barba, que desembocó en la Masacre de Ramallo(1), lo dejó fuera de carrera, y protagonizó la peor derrota de la historia del PJ frente a De La Rúa-Álvarez. Entonces, anunció su primer “retiro definitivo” de la política. Pero en octubre de 2001 juró como senador nacional, y, tras la crisis de diciembre, fue el quinto presidente elegido en trece días por la Asamblea Legislativa.
En las elecciones adelantadas tras la represión en Puente Pueyrredón, sobraban los pretendientes peronistas a la presidencia. Después de descartar a Reutemann y De La Sota, Duhalde impulsó a Kirchner, que asumió con medio gabinete duhaldista, incluyendo todo el equipo económico, comandado por Roberto Lavagna. Posteriormente, Duhalde anunció su segundo y “definitivo retiro”.
Pronto rompió con el kirchnerismo, y, tras el triunfo de Unión PJ-PRO en las elecciones de 2009, anunció su nueva candidatura presidencial.
Autor de frases célebres, como “Este país está condenado al éxito”, o “el que depositó dólares, recibirá dólares”, su nombre está indefectiblemente unido a los asesinatos de Maxi y Darío, al narcotráfico, a los negociados, y a la “maldita policía”.

Alberto Rodríguez Saá
Alberto Rodríguez Saá dice que desciende de Juan Saá, caudillo federal del siglo XIX, y del cacique ranquel Painé. Su abuelo “El Pampa” fue gobernador y senador tres veces. Junto a su hermano mayor “El Adolfo”, “El Alberto” hegemoniza la política provincial hace décadas. Fue senador nacional desde 1983 hasta 1994.
Regresó en 2000, y de inmediato renovó su banca. Desde 2003 es gobernador de su provincia, donde firmó un convenio con el gurú neoyorquino de la “seguridad”, William Bratton, para que el Manhattan Institute asesore a la policía.
Fascinado por la farándula, tuvo amores con actrices como Leonor Benedetto, Andrea Del Boca y Esther Goris; la periodista Anabela Ascar, ex mujer de Héctor Ricardo García; la vedette Adriana Aguirre, y, ahora, la modelo Delfina Frers, heredera de una familia relacionada al yachting y ex esposa del magnate Eduardo Blaquier. A todas (y a Ricardo Fort, dicen las malas lenguas) las fascina con aviones privados, autos de alta gama, joyas y regalos obscenamente caros.
Su patrimonio, como el de su hermano, ha merecido denuncias por enriquecimiento ilícito. A pesar de su proclamada prosapia familiar, la fortuna que ostentan sólo se explica por la media docena de gobernaciones y cargos públicos en que se han alternado por décadas. Esos millones le permiten “excentricidades”, como dedicarse al estudio de los Ovnis con su amigo Fabio Zerpa, pintar cuadros que paga para exhibir en Europa, y divagar sobre un “universo paralelo” que llama “Xilium”, habitado por extraterrestres que se comunican telepáticamente.
Durante su actual gobernación, sobran los escándalos de “El Alberto”. En julio de 2010, acusó a todos sus ministros de “falta de compromiso” y les pidió masivamente la renuncia, pero no por decreto, sino a través del diario La República, uno de los que maneja. Los negocios inmobiliarios son su fuerte, y para concretarlos ha recurrido a masivas expropiaciones y brutales desalojos policiales, como en Estancia Grande, un predio de 220 hectáreas destinado a lujoso barrio privado. Es propietario de enormes latifundios, como la estancia Los Cedros, donde hasta la CGT ha denunciado que los peones padecen un régimen esclavista.
Se candidateó a presidente en 2007 y repite ahora, prometiendo para el país el “modelo San Luis”, con sus faraónicas obras públicas, multitudes de pobres reclutados por planes sociales y una infernal propaganda sobre sus autopistas y zonas wi-fi, en una provincia donde el mal de Chagas es endémico y el nepotismo es ley.

Desfile de candidatos: Ricardo Alfonsín y Hermes Binner

Ricardo Alfonsín y Hermes Binner son dos de los principales competidores de Cristina Fernández en la carrera presidencial. Uno representa al radicalismo, con sus tradicionales banderas de “republicanismo, democracia y transparencia”. El otro se dice “socialista” y encarna “la esperanza progresista”. Los dos han apoyado o conducido gobiernos represores, al servicio de los capitalistas.



Ricardo Alfonsín

Maestro, primero, y abogado, después, el hijo del ex presidente Raúl Alfonsín y de Lorenza Barreneche nunca brilló con luz propia. Sólo muy tardíamente, con más de 40 años, debutó en la política como convencional nacional de la UCR. En 1999, integró la lista de diputados provinciales bonaerenses de la Alianza UCR-Frepaso. Su gris labor parlamentaria se limitó a acompañar, como el resto del bloque de la Alianza, las iniciativas del gobernador peronista Ruckauf, especialmente en la escalada de reformas legislativas que endurecieron el sistema penal y represivo de la provincia en ese período.

Tras la caída del gobierno de De la Rúa, que costó 39 muertes en todo el país, se apartó de la política por años. En 2007, cuando la UCR se dividió entre los que migraron a la transversalidad kirchnerista con Julio Cobos y los que se aliaron al ex ministro de economía peronista Lavagna, éstos lo fueron a buscar para integrar, con el actor Luis Brandoni, la fórmula para la gobernación de la provincia. El mísero resultado electoral (5,06% de los votos), hubiera puesto fin a la breve y opaca carrera política, pero dos años después, la muerte de su padre, póstumamente entronado como “Padre de la Democracia”, le dio un inesperado espaldarazo. Así, a los cincuenta y pico, y a fuerza de apellido y fisonomía, pasó, en pocos meses, de total desconocido a referente nacional del radicalismo.

En las elecciones legislativas de 2009 fue segundo candidato a diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires en la lista del Acuerdo Cívico y Social que encabezaba Margarita Stolbizer. Aunque era la primera vez que pisaba el congreso, fue electo vicepresidente primero de la cámara de diputados, y, al poco tiempo, quedó consagrado como candidato presidencial de la UCR.

Sepultando que alguna vez dijo “Tenemos un juicio negativo de todas las gestiones justicialistas desde 1987 hasta la fecha”, después de coquetear con el GEN y el partido socialista, para estas elecciones eligió como compañero de fórmula al economista y banquero de cuño menemista Javier González Fraga, se alió con el peronismo antikirchnerista de Francisco De Narváez, y fue a la Rural a seducir a los empresarios del campo. Mostrando que la oportunidad es su única realidad, aprovechó que su partido se mantuvo dentro del Frente Progresista de Binner y Stolbizer en la provincia de Santa Fe, y quiso sumarse a las celebraciones por el ajustado triunfo frente a Miguel del Sel, pero, abucheado, tuvo que irse apenas llegó.

Hoy lo vemos y escuchamos en los spots de campaña, forzando la voz y los gestos cual caricatura de su extinto padre, viva encarnadura de que, también para su partido, los principios no existen, y todo vale para disputar un pedacito del poder.



Hermes Binner

Hermes Binner nació en Rafaela, nieto de inmigrantes polacos que se asentaron en la incipiente colonia, hoy centro de la producción agrícolo-industrial de la provincia de Santa Fe. Recibido de médico en la Universidad de Rosario, en los ’70 fue uno de los fundadores del Partido Socialista Popular, junto a Guillermo Estévez Boero, conocido como “el estanciero socialista”, por sus vínculos con los empresarios del campo. En los ’90, impulsó la unificación con el Partido Socialista Democrático y el Partido Socialista Auténtico.

En 1989, fue secretario de Salud de Rosario, durante la gestión del entonces “socialista” Héctor Cavallero, hoy integrante de la alianza kirchnerista Frente para la Victoria. Luego fue concejal, y candidato a vicegobernador, junto al demócrata progresista disidente Ricardo Molina, ex fiscal de investigaciones administrativas, por el frente de partidos llamado Honestidad, Trabajo y Eficiencia.

Desde 1995 a 2003 fue intendente de Rosario, y luego compitió por la gobernación con el peronista Jorge Obeid. En 2005, obtuvo una banca como diputado nacional en alianza con la UCR, el ARI, el Partido Demócrata Progresista y otros, a la que renunció en 2007, cuando ganó la gobernación.

Su discurso “progresista y de inclusión”, como dice su propaganda electoral, contrasta con índices de pobreza y desocupación, especialmente en el conurbano rosarino, inmunes al fuerte asistencialismo de su gestión. Paralelamente al desarrollo del clientelismo, el gobierno de Binner fortaleció significativamente el aparato represivo provincial, al punto que, desde hace años, Santa Fe es el distrito que encabeza el “ranking” de muertes por el gatillo fácil y la tortura, en proporción a la cantidad de habitantes(1). Su “política de seguridad” se ha basado en la saturación policial, con policías comunales y municipales que, sumadas a la santafesina, y con el aporte de la gendarmería nacional, mantienen un férreo control territorial urbano, mientras el ámbito rural es patrullado por la temible Guardia Rural “Los Pumas”. Igual que las comisarías, las cárceles de Las Flores y Coronda, híper pobladas, superan a las bonaerenses y mendocinas en el registro de torturas sistemáticas y muertes de presos(2).

Siendo gobernador de la provincia, como fiel representante de los capitalistas, supo aliarse con las patronales rurales y permitió masivos despidos y suspensiones, con la excusa de la crisis económica.

Fracasado el intento de acuerdo con la UCR y con Pino Solanas, Binner se lanza ahora como candidato a presidente desde el Frente Amplio Progresista, con el Frente Cívico, el GEN, la Corriente Unidad Popular (Lozano y De Gennaro) y una buena parte de ex “transversales” descartados por el kirchnerismo, como Libres del Sur. Otro rejunte electoral que compite por su porción de la torta.



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NOTAS:

1) Así surge de los sucesivos Archivos de Casos publicados anualmente por CORREPI. Ver www.correpi.lahaine.org.

2) Fuentes: Coordinadora Anticarcelaria de Rosario, Comisión Antirrepresiva por los DDHH de Rosario, Agencia Walsh

Desfile de candidatos: Mauricio Macri

Habiendo presentado ya a Daniel Filmus, el candidato kirchnerista, y a Pino Solanas, el candidato “progre”, le toca el turno en esta oportunidad al actual jefe de gobierno, Mauricio Macri. Hijo de empresario, y empresario él mismo, Macri exhibe como pocos el perfil del gran burgués, que prolonga en la política los negocios que marcaron toda su vida.



Mauricio Macri

Mauricio Macri nació hace 53 años, cuando su padre, Franco, llegado al país a los 18 y sin un cobre, había empezado a “hacerse la América”. Florecía Sideco, la constructora a partir de la cual su grupo se convertiría en uno de los más poderosos del continente.

Mauricio fue a los mejores colegios, como el Cardenal Newman, donde aprendió a codearse con lo más granado de la alta burguesía. Su padre ya era “modelo” de multiempresario, con intereses en el negocio automotor, la construcción y todo lo que le permitiera hacer negocios con el gobierno de turno. Estudió ingeniería en la Universidad Católica (UCA), y, como muchos de su clase, hizo cursos y masters en universidades yanquis y europeas, mientras trabajaba en el Citibank y Socma, la empresa “madre” del grupo familiar.

Después del golpe militar, a los jugosos negocios con la recolección de basura a través de Manliba, y de las obras públicas, se sumó el fabuloso premio obtenido en 1982, cuando Domingo Cavallo, director del Banco Central, estatizó la deuda de las empresas colaboradoras de los militares, como Bridas, Pérez Companc, Bulgheroni, Renault, Grupo Clarín, La Nación, Papel Prensa, y, desde luego, Macri. Millones de dólares obtenidos en el barato mercado internacional de los años anteriores fueron absorbidos por el estado, y pasaron a ser parte de la deuda externa.

Pero el astuto Grupo Macri, donde para entonces ya jugaba un rol directivo Mauricio, no dejó de enriquecerse desde 1983. Hicieron negocios con todos.

El gobierno radical de Raúl Alfonsín favoreció el negocio automotriz, lo que aprovecharon los dueños de Sevel Argentina. En 1992, Mauricio era vicepresidente de Sevel, y dos años después asumió la presidencia. Él y su padre fueron procesados por contrabando: exportaban autopartes a Uruguay y las volvían a importar, eludiendo impuestos. La corte suprema, por orden del gobierno nacional, los exculpó.

El menemismo les trajo las privatizaciones, como el Correo Argentino y los servicios de cobro tercerizado de su empresa Pago Fácil. Con la Alianza UCR-Frepaso, incluyeron en su cartera empresarial la explotación minera y las comunicaciones (Movicom). Con el kirchnerismo, se expandieron en el transporte, integrando, con la burocracia sindical ferroviaria y capitales chinos que el propio Franco Macri representa, los consorcios para la explotación del Belgrano Cargas y otros ramales.

Mauricio Macri, mientras tanto, además de participar a nivel gerencial en el Grupo Macri-SOCMA, decidió incursionar en el negocio del deporte, y por 12 años fue presidente de Boca.

En 2003, decidió ingresar al último negocio que le quedaba por probar: la política. Fundó el partido Compromiso para el Cambio, se alió con el partido Recrear de López Murphy, formando la alianza Propuesta Republicana (PRO), y en 2005 fue electo diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires.

Dicen los que siguen los debates parlamentarios que no recuerdan otro diputado tan decorativo en el congreso como Mauricio Macri. Cuando el periodismo lo interpeló públicamente por su inasistencia a las sesiones, respondió: “Es un sitio en el que no se debaten ideas”.

En 2007, el asesinato de Carlos Fuentealba en Neuquén frustró el acuerdo que Macri tenía armado con el entonces gobernador peronista de esa provincia, Jorge Sobisch, por quien había abandonado a López Murphy. Así, se postuló como jefe de gobierno de la ciudad, cargo que asumió en diciembre de 2007.

Su gobierno ha estado marcado por huelgas y protestas de todo tipo, acompañadas por una fuerte represión a través de la policía federal del gobierno nacional, su propia policía metropolitana y patotas oficiales, como la UCEP o “privatizadas”. El despido de 2.400 empleados de la ciudad ni bien asumió; el conflicto estudiantil con tomas y movilizaciones reclamando por el pavoroso estado de la educación en la ciudad y contra la reducción de las becas; los recurrentes conflictos de los trabajadores médicos y no médicos de los hospitales y de los docentes; el reclamo de los trabajadores del Teatro Colón; los desalojos violentos de familias sin techo; el Indoamericano con tres muertos; han sido la constante durante un gobierno empresarial, que sólo busca incrementar sus ganancias.

Para su policía metropolitana, Macri convocó jefes policiales con los que tenía vieja relación, como el célebre “Fino” Palacios, encubridor del atentado a la AMIA y polisecuestrador, y otros personajes vinculados a los negocios represivos, como Eugenio Burzaco y Daniel Pastor. Hoy Macri está procesado en la causa de las escuchas de Ciro James, y lo acosan media docena más de causas por negociados y hechos represivos.

Nuevamente candidato a jefe de gobierno, y con chances de ganar según las encuestas, lo define con claridad la frase con la que su padre inicia su autobiografía: “He vivido librando batallas, a veces como un gladiador solitario en medio de la arena del circo, adaptándome a lo inesperado, basado en mi decidida vocación de multiplicar mis empresas y mis empleados, como todo empresario desea”.

Desfile de candidatos: Fernando Solanas Pacheco y Daniel Fernando Filmus

Dos pretendidos “progres”, uno de origen patricio y peronista; otro ex PC y hoy del PJ. Hoy se enfrentan por manejar la caja de la ciudad de Buenos Aires, pero no han tenido problema en apoyar, en el pasado, los mismos gobiernos, ni en haber votado, como diputado uno y como senador el otro, las mismas leyes.



Fernando Solanas Pacheco

Fernando Ezequiel “Pino” Solanas Pacheco, nacido y criado en la Recoleta, envidia de muchos cuando vivió, por diez años, con la modelo Chunchuna Villafañe, fue peronista, luego desarrollista con Frondizi, menemista, kirchnerista... y siempre, oportunista. Se involucró activamente en la política en 1989, cuando encabezó un grupo de artistas en apoyo de Carlos Menem. A cambio, el riojano le prometió el lujoso edificio de las Galerías Pacífico para un complejo cultural. Pero Menem, ya presidente, de acuerdo con Pedraza, las privatizó y vendió a su amigo el empresario Mario Falak, que hizo un lujoso shopping. A partir de ahí, Solanas llamó a Menem “el traidor”.

En 1991, lo acusó de ser el jefe de una “banda de delincuentes que está saqueando el patrimonio público”, lo que le valió una querella por injurias y seis tiros en las piernas.

Convertido, a partir del atentado, en el “gran opositor”, Luis Brunati, diputado peronista del “Grupo de los Ocho” y ex ministro de gobierno de Cafiero, lo invitó a formar un “gran frente político y social”. Así nació el Frente del Sur, con el Partido Comunista, el Partido Socialista Auténtico y el Encuentro Popular de Brunati.

En 1993, el Frente del Sur sumó al Fredejuso de “Chacho” Álvarez, al Modejuso de Aníbal Ibarra y a los restos del Partido Intransigente, pasando a llamarse Frente Grande. Solanas fue electo diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, y, al año siguiente, el Frente fue la “revelación” de las elecciones constituyentes. Como convencional, a diferencia del obispo De Nevares, que renunció indignado, avaló la reforma constitucional que tenía como eje el Pacto de Olivos. Como diputado, acompañó al menemismo en muchas votaciones.

Pronto sus aliados cocinaron el Pacto del Molino. Con Octavio Bordón y Federico Storani, el Frente Grande, devenido Frepaso, desembocó en la Alianza con la UCR, que inauguró su gobierno fusilando en Corrientes y lo terminó fusilando en todo el país. Solanas, para desesperación de muchos cinéfilos, se alejó por un tiempo de la política y volvió a su profesión.

Volvió a candidatearse a presidente en 2007, cuando el empresario rural Buzzi lo definía como “el mejor referente del sector del campo”. En 2009 logró ser electo diputado, para votar con el kirchnerismo el negocio de las AFJP, la asunción por el estado de la deuda de Aerolíneas y la ley de medios.

Alterna entre su piso en Belgrano, su casa en Vicente López y su otro piso en San Pablo, Brasil, o sus 80 hectáreas sojeras en Chacabuco, y embolsa los dividendos que cobra su familia por las acciones en el diario La Nación

Después de amagar a la presidencial, se presenta en la ciudad por Proyecto Sur, apoyado por De Gennaro, Lozano, el MST, el PCR y el PSA, con un discurso “progre” que no cambia lo que es: una opción más para gobernar para los capitalistas.



Daniel Fernando Filmus

Nacido a la política en la Federación Juvenil Comunista, como Corach, Telerman, Aníbal y Vilma Ibarra, Heller y Jorge Asís, Daniel Filmus ha sido funcionario desde los ‘80, sirviendo, por turno, a Menem, Grosso, Decibe, Ibarra y Kirchner. Con 34 años, fue nombrado secretario de educación por el intendente menemista Carlos Grosso. Cual gato que cae parado, logró salvarse cuando su jefe terminó preso por corrupción, a pesar de que uno de los más grandes negociados fue el de la escuela-shopping, cuando la planta baja de un edificio escolar histórico fue loteado para hacer locales comerciales en pleno Once.

Después, fue asesor de la ministra de educación Susana Decibe, desde donde impulsó la Ley Federal de Educación, que redujo el presupuesto educativo, desmanteló el sistema y generó precariedad laboral para los docentes y represión para los estudiantes que la enfrentaron.

En 2000, fue secretario de educación del gobierno de Aníbal Ibarra en la ciudad, donde estuvo por tres años, mientras se derrumbaba, literalmente, la escuela pública, caían los salarios docentes y se recortaba el presupuesto de los comedores escolares. En 2002, cuando la desocupación trepaba a más del 30% y muchos chicos comían su única comida caliente en el colegio, ordenó a los comedores escolares reducir aún más sus gastos. Interpelado por el periodismo, respondió: “A la escuela se viene a aprender, no a comer”.

En 2003, Kirchner le dio la cartera nacional de educación, y, como si tuviera amnesia, se dedicó a criticar la Ley Federal que él mismo había redactado. Junto al burócrata Yasky, promovió la Nueva Ley de Educación Nacional que, más allá del cambio de discurso, en nada modificó la estructura de la Ley Federal menemista. También impulsó una ley de Educación Técnica con la “participación de las organizaciones empresariales en el proceso formativo”, es decir, dirigida a proveer mano de obra barata a los explotadores.

En 2007, llevando como segundo al banquero del PC Carlos Heller, fue vencido por Macri en las elecciones de la ciudad, pero, en octubre del mismo año, se consagró como senador nacional.

Ahora, ungido por Cristina Kirchner, junto al amigo de Pedraza, Carlos Tomada, para competir nuevamente por la ciudad, asegura que va a “refundar la Policía Metropolitana” y que su prioridad “será jerarquizar su presencia en los barrios del sur para combatir el delito”. Ya ha incorporado a su equipo técnico al ex ministro de seguridad bonaerense León Arslanián, que trabaja en un plan para coordinar la metropolitana, la federal y la bonaerense a través de un comando unificado. Y con sus antecedentes, sabemos lo que promete para la ciudad: menos escuelas, sin presupuesto, salarios de miseria para los docentes y precarización laboral.

Desfile de candidatos: Martín Sabbatella y Margarita Stolbizer

Dos ejemplares del “progresismo” nacional, uno originado en el PC, la otra en la UCR, que comparten bastante más que su barrio de toda la vida, Morón. Los dos cultivan una imagen que pretende ser “diferente” y juegan a la austeridad. Compiten en la provincia de Buenos Aires por ser la “cara de la nueva política”, mientras tratan de disimular que son sólo una versión a la moda de la política burguesa y, como todos, tejen acuerdos sin pudor con cualquiera que les aporte un voto.



Martín Sabbatella

“SONRIE, SABBATELLA TE FILMA”, decían los carteles en Morón en 2008. El ex militante de la Federación Juvenil Comunista pobló su municipio de cámaras de video, e inauguró una central de control dirigida por la policía bonaerense, conectada directamente con 150 alarmas en escuelas, edificios públicos e instituciones, y con 77 patrulleros. El director general del ministerio de seguridad, Néstor Franco, dijo entonces: “Es reconfortante escuchar a un intendente que sepa y entienda tanto de seguridad. Nuestro trabajo desde el Gobierno de la Provincia se ve ampliamente facilitado en los municipios que cuentan con intendentes que entienden la política”. Durante su gestión, se registraron por lo menos 15 muertes por gatillo fácil y torturas en Morón(1).

Fue secretario del bloque parlamentario del Frepaso. Luego, concejal de la Alianza Frepaso-UCR, y, de su mano, llegó a la intendencia, en 1999, con sólo 29 años. Sin inmutarse con los 39 muertos en todo el país con que su gobierno se despidió de la presidencia, recién en 2003, abandonó el barco frepasista y creó el partido Nuevo Morón. En 2004, lanzó el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE), con el que logró la re-reelección en 2007. En 2009, se presentó como diputado nacional, proclamando su apoyo a Néstor Kirchner, a quien declaró, con Raúl Alfonsín, “los mejores presidentes de la democracia”.

Ahora, se candidatea para la gobernación, ofreciéndose como “lista colectora” del kirchnerismo, porque, como anunció: “Nosotros tenemos la firme decisión de acompañar a Cristina (...) y vamos a hacerlo en cualquier escenario y con cualquier ingeniería electoral”. En materia de burocracia sindical, pone sus fichas junto a Hugo Yasky, a quien apoyó en la interna de la CTA.

Para la elección porteña, proclamó al banquero del PC, Carlos Heller, acompañado por Vilma Ibarra, aunque Sabbatella aclaró que aspira a conformar un frente con Filmus, Tomada o Boudou. Cualquiera le viene bien.

Como buen “progre”, es un entusiasta defensor de la ministra Garré, a la que llamó compañera en “el trabajo, el esfuerzo y la militancia”, que le devolvió el halago hablando del “municipio modelo”. Un municipio donde los barrios pobres, como Carlos Gardel, San Francisco, San José y Texalar, están militarizados; donde hay 264 prostíbulos en pleno centro, regenteados por la policía, y donde cualquier hijo de un trabajador sabe que su destino puede ser el de Luciano Arruga.



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NOTAS:

1) Datos extraídos del Archivo de Casos que publica CORREPI.





Margarita Stolbizer

Margarita Rosa Stolbizer se afilió a la UCR a los 18 años. Ya en 1983 consiguió un cargo en el gobierno radical, como directora de Acción Social y Minoridad de Morón. En 1985, siempre en la UCR, fue electa concejal, y diputada nacional en 1997.

Se sumó, entusiasta, a la corriente que promovió la Alianza con el Frepaso. Militaba bajo las órdenes del ex ministro del interior de De La Rúa, Federico Storani, el fusilador de los trabajadores correntinos. Ni el escándalo de coimas en el senado ni la designación de Cavallo como ministro de economía la alejó de su organicidad radical, al punto que, en 2003, fue la candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires.

A mediados de la década, fue figura central del Encuentro de Rosario, más tarde llamado Encuentro Nacional por la Soberanía Popular, intentando, junto a otros “progres” como Claudio Lozano, Hermes Binner, Ruben Giustiniani, Jorge Rivas, Ariel Basteiro, Carlos Heller, la monja Pelloni y Víctor De Gennaro, generar una nueva alternativa electoral.

En 2007, mientras una parte de su partido se aliaba con el kirchnerismo a través de Julio Cobos, y otra apoyaba la candidatura del ex ministro de economía peronista Roberto Lavagna, rompió con la UCR, fundó el partido Generación para un Encuentro Nacional (GEN), y se sumó a la Coalición Cívica de la ex radical Elisa Carrió. Así, fue, de nuevo, candidata a gobernadora de la provincia, mientras, con su aliada, apoyaban con entusiasmo a los empresarios del campo.

Pero el romance entre las “genéticamente radicales”, como decía entonces, fue breve. Ahora dice, por ejemplo: “Carrió se salió de carril (...) es funcional a los Kirchner. Cada vez que Lilita abre la boca, divide”, y, en vísperas de una nueva elección, propone, de nuevo, un “Frente Progresista”. Para ello, espera seducir a sus viejos amigos y “a los peronistas que hayan renunciado a la opción conservadora”, definición que alcanza, según ella, a Felipe Solá, y excluye sólo a Macri, Duhalde y De Narváez. Claro que no todo va sobre rieles, ya que sus ex correligionarios de la UCR, y Ricardo Alfonsín en particular, parecen más que entusiasmados con los 2 millones de votos que les ofrece De Narváez. Sin resignarse, mandó una carta convocando a la UCR, “Pino” Solanas, el Partido Socialista, la Democracia Progresista, Encuentro Popular, Víctor De Gennaro, Libres del Sur, Graciela Ocaña y Luis Juez, curiosa mezcla que exime de “la derecha”.

Mientras cultiva su perfil de ama de casa, esposa y madre ejemplar, busca aliados para obtener otro carguito.

Desfile de candidatos: Daniel Scioli y Francisco De Narváez

En este espacio presentamos habitualmente a nuestros lectores un desfile de los principales burócratas sindicales. En este contexto electoral, teniendo en cuenta que los referentes de los partidos patronales tienen también sus importantes prontuarios, abrimos la sección para que desfilen sus candidatos. En esta oportunidad, presentamos a dos políticos-empresarios, que aunque hoy diputan en bandos contrarios tienen grandes parecidos. Incursionaron en política como una forma más de hacer negocios. Compiten entre sí como adalides de la “lucha contra la inseguridad”, y son dos exponentes del oportunismo peronista.



Daniel Scioli

Se educó en el exclusivo Colegio Ward de Ramos Mejía, y en el Carlos Pellegrini. Luego estudió una diplomatura en Marketing en la UADE (Universidad Argentina de la Empresa).

Comenzó a competir en motonáutica, y en un accidente perdió el brazo derecho. Su popularidad creció cuando siguió corriendo con una prótesis y ganó varios títulos de campeón mundial, a pesar de los periodistas Lanata y Bonadeo denunciaron que muchos de sus “éxitos” fueron arreglados con los organizadores de las competencias.

Convirtió Casa Scioli, fundada por su abuelo, en “Scioli Internacional”, cuando la empresa sueca Electrolux lo nombró director de la filial argentina. En 1997, tras una escandalosa quiebra, dejó en la calle y sin indemnización a sus empleados. Le echó la culpa a la mala administración de su padre, para entonces convenientemente fallecido, se declaró insolvente, y nadie pudo cobrar un solo peso.

El mismo año, irrumpió en la política, de la mano de su amigo, Carlos Menem. Fue diputado nacional y reelecto en 2001. Luego, apoyó el gobierno de Duhalde, que lo nombró Secretario de Turismo y Deportes, y lo puso como vicepresidente de Kirchner en 2003. En 2007, devenido kirchnerista, asumió como gobernador de Buenos Aires. En su primer discurso aseguró: “Vengo a apoyar a la policía”, y cumplió. El ex contador de Casa Scioli, el que dibujó la quiebra, fue su ministro de economía y jefe del ARBA. Se alineó con Kirchner en 2009, con su candidatura “testimonial”, cuando perdieron frente al PJ-PRO.

Aunque sus bienes están bien ocultos, se sabe que Scioli es dueño de dos inmobiliarias, Capanone SA y Alero SA. Sus declaraciones juradas omitieron, por cuatro años, incluir a su mujer, Karina Rabolini, ex modelo y hoy empresaria de cosméticos, que factura 7 millones de pesos al año. Ella fue varias veces denunciada por usar recursos de la provincia para sus negocios, y por el “licuado” de deudas con el estado, como ocurrió con un crédito de u$s 2 millones del Banco Provincia que fue declarado “incobrable”.

Prototipo de político-empresario peronista, Scioli muestra, ante todo, cómo se disciplina con el que manda, sea el turno de Menem, Duhalde, Néstor o Cristina Kirchner, mientras garantiza sus propios negocios.



Francisco De Narváez

Su madre era la hija del dueño de Casa Tía. Su padre, empresario de café colombiano, era bisnieto de un ex presidente de su país. Nació en Colombia, pero a los 3 años su familia regresó al país. Igual que Macri, fue alumno del colegio Cardenal Newman, luego estuvo pupilo en Canadá, y terminó el secundario en el Juan XXIII.

Se dedicó a la consignación y engorde de ganado y a la compraventa de campos, hasta que resolvió, a fines de los ’80, iniciar “un proceso de renovación comercial y tecnológica” en Casa Tía, cuyo primer paso fue el despido de 3.500 de sus 5.000 empleados. Él lo puso en estos términos: “Mucha gente que despedí tenía 25 años de experiencia. Despedí a todos, desde los cajeros hasta las secretarias de los gerentes, personas que en el pasado habían dirigido la compañía. Fue una decisión difícil, que todavía me pesa. Es una tontería pensar en ella en términos de justicia. No hay justicia”.

Vendió Casa Tía y se dedicó a las finanzas y las inversiones en empresas como la Rural S.A., que administra el predio de Palermo, el canal América TV, los diarios Ámbito Financiero y El Cronista. Hizo negocios con José Luis Manzano y Daniel Vila, también en el terreno de la energía (Empresa de Energía de Mendoza S.A.) y el petróleo.

Gran saltimbanqui, empezó en política con Carlos Menem en 2003. En 2005 fue electo diputado en la lista del PJ que encabezaba “Chiche” Duhalde. En 2007 saltó al macrismo y fue candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. En 2009 promovió la alianza PJ-PRO, con Macri y Solá, y ahora se candidatea de nuevo en el PJ.

Místico creyente en el horóscopo chino, tiene dos tatuajes orientales. En 5 años como diputado, sólo habló 4 veces en el recinto. Menos mudo para hacer negocios, se lo vincula con operaciones de lavado de dinero, junto con su socio de siempre, Gustavo Deutsch, presidente de la quebrada LAPA, y con el narcotráfico, en causas como la de la efedrina. Tiene varios procesos por evasión millonaria de impuestos y por haber gastado 50 millones de pesos, mucho más de lo permitido, en la campaña electoral. Su caballito de batalla proselitista es la “inseguridad”, aunque queda claro que la única seguridad que le interesa, es la de su patrimonio.