Habiendo presentado ya a Daniel Filmus, el candidato kirchnerista, y a Pino Solanas, el candidato “progre”, le toca el turno en esta oportunidad al actual jefe de gobierno, Mauricio Macri. Hijo de empresario, y empresario él mismo, Macri exhibe como pocos el perfil del gran burgués, que prolonga en la política los negocios que marcaron toda su vida.
Mauricio Macri
Mauricio Macri nació hace 53 años, cuando su padre, Franco, llegado al país a los 18 y sin un cobre, había empezado a “hacerse la América”. Florecía Sideco, la constructora a partir de la cual su grupo se convertiría en uno de los más poderosos del continente.
Mauricio fue a los mejores colegios, como el Cardenal Newman, donde aprendió a codearse con lo más granado de la alta burguesía. Su padre ya era “modelo” de multiempresario, con intereses en el negocio automotor, la construcción y todo lo que le permitiera hacer negocios con el gobierno de turno. Estudió ingeniería en la Universidad Católica (UCA), y, como muchos de su clase, hizo cursos y masters en universidades yanquis y europeas, mientras trabajaba en el Citibank y Socma, la empresa “madre” del grupo familiar.
Después del golpe militar, a los jugosos negocios con la recolección de basura a través de Manliba, y de las obras públicas, se sumó el fabuloso premio obtenido en 1982, cuando Domingo Cavallo, director del Banco Central, estatizó la deuda de las empresas colaboradoras de los militares, como Bridas, Pérez Companc, Bulgheroni, Renault, Grupo Clarín, La Nación, Papel Prensa, y, desde luego, Macri. Millones de dólares obtenidos en el barato mercado internacional de los años anteriores fueron absorbidos por el estado, y pasaron a ser parte de la deuda externa.
Pero el astuto Grupo Macri, donde para entonces ya jugaba un rol directivo Mauricio, no dejó de enriquecerse desde 1983. Hicieron negocios con todos.
El gobierno radical de Raúl Alfonsín favoreció el negocio automotriz, lo que aprovecharon los dueños de Sevel Argentina. En 1992, Mauricio era vicepresidente de Sevel, y dos años después asumió la presidencia. Él y su padre fueron procesados por contrabando: exportaban autopartes a Uruguay y las volvían a importar, eludiendo impuestos. La corte suprema, por orden del gobierno nacional, los exculpó.
El menemismo les trajo las privatizaciones, como el Correo Argentino y los servicios de cobro tercerizado de su empresa Pago Fácil. Con la Alianza UCR-Frepaso, incluyeron en su cartera empresarial la explotación minera y las comunicaciones (Movicom). Con el kirchnerismo, se expandieron en el transporte, integrando, con la burocracia sindical ferroviaria y capitales chinos que el propio Franco Macri representa, los consorcios para la explotación del Belgrano Cargas y otros ramales.
Mauricio Macri, mientras tanto, además de participar a nivel gerencial en el Grupo Macri-SOCMA, decidió incursionar en el negocio del deporte, y por 12 años fue presidente de Boca.
En 2003, decidió ingresar al último negocio que le quedaba por probar: la política. Fundó el partido Compromiso para el Cambio, se alió con el partido Recrear de López Murphy, formando la alianza Propuesta Republicana (PRO), y en 2005 fue electo diputado nacional por la ciudad de Buenos Aires.
Dicen los que siguen los debates parlamentarios que no recuerdan otro diputado tan decorativo en el congreso como Mauricio Macri. Cuando el periodismo lo interpeló públicamente por su inasistencia a las sesiones, respondió: “Es un sitio en el que no se debaten ideas”.
En 2007, el asesinato de Carlos Fuentealba en Neuquén frustró el acuerdo que Macri tenía armado con el entonces gobernador peronista de esa provincia, Jorge Sobisch, por quien había abandonado a López Murphy. Así, se postuló como jefe de gobierno de la ciudad, cargo que asumió en diciembre de 2007.
Su gobierno ha estado marcado por huelgas y protestas de todo tipo, acompañadas por una fuerte represión a través de la policía federal del gobierno nacional, su propia policía metropolitana y patotas oficiales, como la UCEP o “privatizadas”. El despido de 2.400 empleados de la ciudad ni bien asumió; el conflicto estudiantil con tomas y movilizaciones reclamando por el pavoroso estado de la educación en la ciudad y contra la reducción de las becas; los recurrentes conflictos de los trabajadores médicos y no médicos de los hospitales y de los docentes; el reclamo de los trabajadores del Teatro Colón; los desalojos violentos de familias sin techo; el Indoamericano con tres muertos; han sido la constante durante un gobierno empresarial, que sólo busca incrementar sus ganancias.
Para su policía metropolitana, Macri convocó jefes policiales con los que tenía vieja relación, como el célebre “Fino” Palacios, encubridor del atentado a la AMIA y polisecuestrador, y otros personajes vinculados a los negocios represivos, como Eugenio Burzaco y Daniel Pastor. Hoy Macri está procesado en la causa de las escuchas de Ciro James, y lo acosan media docena más de causas por negociados y hechos represivos.
Nuevamente candidato a jefe de gobierno, y con chances de ganar según las encuestas, lo define con claridad la frase con la que su padre inicia su autobiografía: “He vivido librando batallas, a veces como un gladiador solitario en medio de la arena del circo, adaptándome a lo inesperado, basado en mi decidida vocación de multiplicar mis empresas y mis empleados, como todo empresario desea”.