Elecciones: Frente a la legitimación electoral de la burguesía, organización y lucha de los trabajadores

Durante todo este año, la clase capitalista organizará sus elecciones, buscando legitimar sus futuros gobiernos, que continuarán garantizando sus negociados a costa de la explotación y la miseria del pueblo trabajador.


Otra vez las elecciones. Ahora vemos a antiguos kirchneristas embanderados tras supuestas nuevas opciones tanto como a furibundos opositores pasados a las filas oficialistas. Los mismos que ayer afirmaban que su oponente era nefasto están al día siguiente discutiendo una fórmula de unidad. Nada de lo que se promete y prometerá en estos meses de campaña tiene algo que ver con la realidad. Unos y otros aseguran que traerán “cambios de fondo”, “inclusión”, “educación”, “salud”... la mentira es protagonista de la campaña electoral. Luego, en un nuevo ciclo de gobierno, las patronales y los burócratas estarán tan bien como ahora, apañados por estos políticos del sistema y sus gobiernos, mientras los trabajadores seguimos peleándola para llegar a fin de mes.

Cada dos y cuatro años la misma politiquería. La misma pelea frenética para ver cómo se reparten entre ellos una cuota de poder. ¿Qué disputan? Ver quién logra ser el mejor representante de los poderosos, defendiendo sus ganancias y el sostenimiento del actual estado de cosas. Millones y millones de pesos, provenientes de grandes grupos capitalistas, son la base material de su disputa por el reparto del poder. El acuerdo con Clarín, o con Cristóbal López, con la UIA o con los empresarios del campo, cuyos intereses se comprometen a defender, son el punto de partida de sus campañas electorales, en donde hacen promesas vacías para los trabajadores mientras acuerdan con los más ricos gobernar para ellos.

Sus discusiones nos muestran las distintas opciones para defender este sistema de explotación. Unos, los más conservadores, reclaman el ajuste y el garrote sin más. Otros, los más progresistas, dicen que la restricción económica y la represión contra los pobres deben estar acompañadas de medidas asistenciales y demagógicas para contener y convencer al pueblo trabajador para que no tome un camino independiente y de lucha. Pero todos se encargan de prometer (y de cumplir, cuando les toca) la defensa irrestricta de las ganancias empresarias como primera condición.



Las elecciones legitiman a los gobiernos patronales



Quienes disputan efectivamente por el poder en el proceso electoral son siempre representantes de la burguesía. Llegan a ese lugar en base a los recursos económicos de los capitalistas, a su apoyo material y político (a cambio de las promesas de defensa de sus intereses), y siempre que protejan las pautas legales e institucionales que establecen la defensa del sistema social actual, como es la intangibilidad de la propiedad privada, o la “seguridad jurídica” que le permite a la burguesía desarrollar sus negocios libremente a costa de los trabajadores.

Pero la particularidad del mecanismo electoral consiste en que los sectores dominantes no sólo eligen entre ellos a sus representantes, sino que luego los llevan a votación ante el pueblo. De esta forma, si bien por este mecanismo el pueblo trabajador no tiene posibilidades reales de definir el curso que seguirán las cosas, la convocatoria a su participación cumple un rol muy importante: legitimar el ascenso del nuevo gobierno patronal. El hecho de que en países como el nuestro esté regulada por ley la obligatoriedad de la participación del pueblo en las elecciones es demostrativo de la importancia que tiene este recurso para la legitimación de cada nuevo gobierno burgués.

De este modo, cada nuevo gobierno apela a ese supuesto “mandato popular” para desplegar su política antipopular de defensa de los intereses patronales. Así, por ejemplo, liquida las empresas estatales (Menem), recorta los salarios (De La Rúa), entrega los recursos del país para un gigantesco pago de deuda externa (Néstor y Cristina Kirchner), llama a la desmovilización popular y reprime, todo en nombre de haber sido “elegidos democráticamente por el voto popular”. Ese es el rol legitimador que tiene el proceso electoral.



El cambio se construye con la lucha



En vez de seguir el tren electoral que nos plantea la burguesía, la posibilidad de avanzar hacia cambios reales y de fondo para el bienestar popular requiere de la organización y la lucha del pueblo trabajador, para destronar a la burguesía de su lugar de dominio y erigir un nuevo tipo de organización social en base a las necesidades de los trabajadores y no de los capitalistas. Sólo con la lucha organizada y combativa del pueblo trabajador es posible conseguir lo que las reiteradas promesas de campaña nunca cumplirán: la salud, la educación, las condiciones dignas de trabajo y de vida. Distintos ejemplos revolucionarios son demostrativos de que, enfrentando a los capitalistas (y no siguiendo sus pautas institucionales como las elecciones), los trabajadores han podido hacer en uno, dos o tres años mucho más de lo que los partidos patronales sólo prometen(1). Pero eso sólo es posible a partir de una lucha a fondo contra los empresarios explotadores y sus gobiernos, contra sus formas de dominio (como las elecciones) y contra toda la estructura de esa sociedad que defiende sólo los intereses de los capitalistas.

El cambio entonces, para ser verdadero, debe ser un cambio revolucionario, sostenido en la lucha y organización del pueblo trabajador, y es en ese rumbo hacia donde debemos apuntar nuestros esfuerzos si aspiramos a construir una sociedad digna para nosotros y nuestros hijos. Por eso es central impulsar la militancia junto al pueblo trabajador y desarrollar la organización política, todo con una perspectiva revolucionaria, para la toma del poder por los trabajadores, y sin confiar ni generar expectativas ni perder tiempo y recursos en las falsas salidas que nos plantea el capitalismo, como las elecciones. Por ese camino podremos avanzar más rápida y firmemente hacia un verdadero cambio.




NOTAS:

1) En el número anterior de ER describíamos, por ejemplo, los profundos cambios que se alcanzaron en Cuba en sólo dos años desde el triunfo revolucionario, donde a partir de la expropiación de la burguesía y la planificación se reorganizó la sociedad, garantizando salud, vivienda, trabajo, condiciones dignas de vida y desarrollando el socialismo. Ver: “Los primeros años de la revolución cubana” disponible en http://blog-otr.blogspot.com/