Editorial: El gobierno del ajuste y la represión

Desde un comienzo, los Kirchner se han esforzado por construir legitimidad y ganar apoyos para su gobierno en base a una serie de anuncios y discursos simbólicos. De esta forma, construyó su política de “derechos humanos”, anunció con bombos y platillos el “fútbol para todos”; lanzó la “asignación universal por hijo” y sancionó la “movilidad jubilatoria”, entre otras tantas medidas plagadas de grandes palabras y gran escenografía, pero que no han mejorado la vida del pueblo trabajador.
La situación que se vive a diario, por lo tanto, devuelve una realidad completamente distinta a la que intentan pintar el kirchnerismo y sus defensores. Así, tratando de no descuidar su imagen, el gobierno ha avanzado, en estos últimos siete años, con más ajuste sobre la clase trabajadora, siendo, por ejemplo, sostenedor e impulsor, de conjunto con las cámaras empresarias, de las condiciones de precarización laboral actuales, donde es lo normal trabajar largas jornadas por salarios de pobreza, mientras crecen la tercerización, el trabajo temporario, los contratos por agencia, entre tantas otras maniobras flexibilizatorias.
La represión sobre el pueblo también se ha profundizado con la violencia cotidiana que se padece en los barrios en todo el país. El asesinato de Diego Bonefoi en Bariloche es sólo un caso más de una política sistemática que la clase capitalista ejerce a diario a través de sus fuerzas de seguridad sobre el pueblo trabajador, para profundizar su dominación. A su vez, la represión a la movilización popular que expresaba su bronca ante el asesinato del joven de 15 años a manos de la policía, terminó con otras dos víctimas. Más muertos en movilizaciones que, aunque el gobierno busque despegarse, es fiel expresión de la política represiva del kirchnerismo.
La “asignación universal”, otro de los caballitos de batalla del repertorio gubernamental, ha sido también propagandizada hasta el hartazgo. Gracias a su implementación, aseguran los apologistas del kirchnerismo, han disminuido la pobreza y la deserción escolar. Otro ejemplo, pues, del descarado cinismo de este gobierno que busca hacer creer que con el reparto de algunas migajas (cada vez más insignificantes a causa de la inflación) ha cambiado la realidad de miles de familias que fueron sumergidas en la pobreza más extrema, tras años de aplicación de políticas proempresarias por parte de este gobierno y de sus predecesores. Lo cierto es que, ni el intervenido INDEC, puede ocultar como se ha profundizado la pobreza durante los años kirchneristas, debiendo aceptar, por ejemplo, que la “brecha” entre los ingresos de los más ricos y los más pobres se ha incrementado, hasta ser casi de 30 veces.
Por otra parte, la tan promocionada “movilidad jubilatoria” ha demostrado de sobra que no ha servido más que para continuar hundiendo en la miseria a los jubilados, con una mínima que, con todos los aumentos anunciados, aún se encuentra por debajo de los $900. Y esto, encima, mientras que todos los precios, fundamentalmente alimentos y alquileres, aumentan de forma sostenida. En este marco, mientras la “oposición” (variado rejunte de los ajustadores de anteriores gestiones) y el gobierno debaten sobre la posibilidad de aplicar el 82% móvil para las jubilaciones, el propio Néstor Kirchner se encargó de anunciar sin tapujos que “a todos nos gustaría, pero el fisco se quedaría sin fondos”. Bien distinto es el discurso kirchnerista, que habla de excedentes y superávit, cuando se trata de utilizar recursos del presupuesto o reservas para pagar miles de millones de dólares por año de deuda externa o de subsidiar las siderales ganancias de distintos grupos empresarios.
Bien distinta es también, la situación de los funcionarios de gobierno de la realidad de los millones de jubilados y trabajadores, condenados a vivir con lo justo, cuando no empujados directamente a la miseria. Con el matrimonio presidencial a la cabeza, los hombres fuertes de kirchnerismo han amasado millonarias fortunas en pocos años, valiéndose de todo tipo de negociados, como sale a la luz con algunos casos como las “dádivas” de Jaime, las coimas en Venezuela o la ampliación en varios millones de dólares del patrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
El kirchnerismo es un gobierno de empresarios. Y gobernando para los empresarios, siendo custodio de sus ganancias y sus privilegios, ha garantizado la continuidad, e incluso la profundización, del ajuste y la represión sobre el pueblo trabajador.