Editorial: Los que mandan

En esta sociedad, basada en la defensa de la propiedad privada y la explotación de la clase trabajadora, son los capitalistas los que mandan. Son los dueños de las fábricas, los bancos y las tierras, y los que se apropian, por lo tanto, de las riquezas generadas a diario por los trabajadores.

Para mantener su dominación se valen, entre los más diversos recursos, de todas las herramientas que aporta el aparato estatal: su parlamento, donde los legisladores sancionan leyes a su medida; su poder judicial, con jueces que fallan en defensa de sus intereses; y el ejecutivo, desde dónde quienes gobiernan tienen la responsabilidad de conducir las políticas que custodiarán los negocios de los capitalistas y de comandar a las fuerzas represivas, para disciplinar cotidianamente al pueblo trabajador.

Este rol que cumplen los gobiernos como representantes directos de la clase capitalista y defensores de sus intereses se pone en evidencia claramente en estos meses de campaña electoral. Los distintos candidatos que competirán en las urnas con la aspiración de acceder al gobierno, organizan reuniones y encuentros con las principales cámaras empresarias para escuchar sus necesidades y sus proyectos y hacen todo tipo de promesas que, una vez en el gobierno, cumplirán al pie de la letra. Y es en esas reuniones, en definitiva, en dónde se organizan y planifican los lineamientos de gobierno.

En los últimos ocho años, el kirchnerismo le ha garantizado millonarias ganancias a no pocos sectores del empresariado. Cuenta, por lo tanto, con el apoyo de una parte importante de la clase capitalista para continuar al frente del gobierno en el próximo período. Sin embargo, no conforme con esto, en estos meses de campaña, el gobierno de Cristina Fernández no escatima en gestos y en medidas proempresarias, en busca de consolidar la confianza de los capitalistas en su “modelo de país”.

En este marco, como ya señaláramos los últimos meses, el kirchnerismo ha lanzado los “Créditos del Bicentenario” que ponen miles de millones de pesos de las arcas del Banco Central al servicio de los negocios de distintos grupos empresarios. Al mismo tiempo, los ministros atienden casi a diario a los representantes de las cámaras patronales, buscando dar respuesta a todas y cada una de sus exigencias. Así, se sucedieron los encuentros con Boudou y Giorgi, que prometieron el lanzamiento de nuevas líneas de crédito, cuando no directamente, con Cristina Fernández.

Lo mismo se evidenció durante el viaje presidencial por México e Italia, que acompañaron, entre otros, De Vido, Timerman y Sabbatella. Allí, la comitiva que encabezó Cristina Fernández funcionó como promotora de los negociados que firmaron De Mendiguren (Unión Industrial) y Carlos de la Vega (Cámara de Comercio) en ambos países, actitud que despertó nuevos elogios de parte del flamante presidente de la UIA.

Claro que los principales candidatos que intentarán enfrentar al kirchnerismo en las próximas elecciones también buscan seducir al empresariado. Es el caso de Ricardo Alfonsín, que almorzó con De Mendiguren, Betnaza (Techint) y Rattazzi (Fiat). “Para que haya inversiones y desarrollo, las reglas de juego deben ser permanentes”, aseguró el radical, que recitó todo su repertorio proempresario, se llevó un documento redactado por los líderes industriales y aceptó una invitación de De Mendiguren para visitar la sede de la UIA y encontrarse con el resto de la cúpula de esa cámara patronal.

Aunque relegados por sus posibilidades electorales, los mismos pasos siguen Duhalde, amigo personal de De Mendiguren, Carrió, que organizó una gira para visitar a representantes de organismos internacionales y participó de un acto con los empresarios rurales de CRA y el rejunte “progre” de Pino Solanas y De Gennaro, que mientras buscan convencer a Binner para que encabece la fórmula nacional, continúan con su histórico discurso que elogia y busca seducir al empresariado nacional y, principalmente, al de las ultraexplotadoras PyMEs.

Es que, en definitiva, todos los gobiernos que surjan en los marcos del sistema capitalista, más allá de sus posibles matices, defenderán ante todo los intereses de los distintos grupos empresarios. “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”, escribieron Marx y Engels en las páginas del Manifiesto Comunista. Y allí señalaron también, ante esa evidencia, que en el desarrollo de la organización y de la lucha de la clase obrera, radica la única fuerza posible capaz de sepultar al capitalismo y su explotación y levantar un gobierno que defienda los intereses de los trabajadores. En dar impulso a la lucha del pueblo trabajador y en avanzar en la construcción del partido de la clase obrera que se organice con ese norte revolucionario deben concentrarse todos nuestros esfuerzos.