Editorial: Contra Pedraza y toda la burocracia sindical

Con la reciente detención de los jefes de la Unión Ferroviaria, José Pedraza y Juan Carlos Fernández, volvió a las primeras planas el debate sobre el rol y las características de la burocracia sindical. Y volvieron, también, las mentiras y distorsiones esgrimidas por la burocracia de conjunto para intentar lavar su imagen y despegarse del asesinato de Mariano Ferreyra y de los escandalosos negociados en los cuales está involucrada.

El viernes 25 de febrero, dos días después de la detención de Pedraza, la Unión Ferroviaria lanzó un paro, que no pudo garantizar en la línea Sarmiento, donde dirige la oposición, y que se llevó adelante en las restantes líneas (muchas veces contra la voluntad de los trabajadores), gracias al apoyo patronal que contribuyó cerrando las estaciones. Ese mismo día, publicó en los principales diarios del país una solicitada, bajo el título de “La Unión Ferroviaria al pueblo argentino”, plagada de mentiras, buscando despegarse del asesinato de Ferreyra, y mostrarse como víctima de una supuesta persecución política. En la misma, un sindicato que se ha fundido directamente con la patronal, que viene de décadas de entregas, de apoyo a las privatizaciones y a la precarización laboral y de perseguir la organización independiente de los trabajadores, busca mostrarse como portador de una trayectoria de defensa de “la causa de la justicia social”.

Quienes, como la Lista Verde de Pedraza, han perseguido y enfrentado cualquier intento de oposición al interior del gremio, valiéndose siempre de sus patotas para amedrentar y atacar a los ferroviarios, se dicen portadores de una “vocación pacífica y democrática” y vuelven a mentir diciendo que “hoy mismo existe oposición en algunas líneas ferroviarias de pasajeros y jamás ha mediado un hecho de violencia imputable a la conducción”. Eso dicen quiénes, no sólo organizaron e integraron la patota que asesinó a Ferreyra y dejó gravemente herida a Elsa Rodríguez, sino quienes también hacen de los aprietes y ataques a los trabajadores que los enfrentan una práctica permanente, como se evidencia con las amenazas e intimidaciones sufridas por los trabajadores del Roca previos al 20 de octubre, o con los ataques y golpizas que padecen reiteradamente los trabajadores de las listas y agrupamientos opositores a la burocracia en las distintas líneas.

En la misma solicitada, la burocracia ferroviaria, lejos de reconocer el conflicto de los tercerizados y la justeza de sus reclamos, apela al macartismo más vulgar para descalificar su organización y su lucha. Lo mismo hizo Pedraza en su declaración ante la jueza, afirmando que todo se dio a causa de que querían “ganarnos el sindicato”.

El resto de la burocracia sindical, por su parte, parece haberle soltado la mano a su viejo aliado Pedraza y a la cúpula de la burocracia verde de la Unión Ferroviaria. A diferencia de lo que sucedió ante la detención de Venegas, no hubo, en este caso, movilizaciones, ni comunicados, ni denuncias de persecución política. Por el contrario, quienes se pronunciaron tomaron distancia de Pedraza. Así lo hicieron el moyanista y kirchnerista Omar Plaini quien aseguró que “la justicia está interviniendo (…) y es un tema que le compete a la Unión Ferroviaria” y el duhaldista Barrionuevo, quien remarcó, en el mismo sentido, que “cada uno debe tener sus responsabilidades y asumirlas”.

De esta forma, buscan limitar esta situación a un caso puntual y excepcional, del cual la Unión Ferroviaria debería hacerse cargo ante la justicia. Lejos de esto, el asesinato de Ferreyra muestra una forma de funcionamiento que es común a toda la burocracia sindical. Esa burocracia a la cual Cristina Fernández saludara en un acto a fines de 2009 en una sede de la Unión Ferroviaria, de la mano de Moyano y el propio Pedraza, confesando ser “una profunda admiradora de nuestra organización sindical”. Esa burocracia, no está demás insistir, sobre la cual el kirchnerismo se ha apoyado en todos estos años y que le ha servido como un aliado fundamental a la hora de garantizar el ajuste y el disciplinamiento sobre la clase trabajadora.

Todos estos burócratas comparten la utilización de patotas, conformadas por barrabravas y asesinos a sueldo, para dirimir disputas internas, como se viera en el tiroteo de San Vicente o con los asesinatos de dirigentes sindicales, o para enfrentar a los trabajadores que se organizan de forma independiente, como la patota del SOMU contra los trabajadores del casino, o la reciente de la UOCRA en Lomas, entre tantos otros casos.

También es común a toda esta burocracia sindical peronista, el modelo de burócrata millonario y empresario que representa Pedraza. Su propiedad sobre varias empresas, su departamento en el exclusivo barrio de Puerto Madero, sus viajes de placer por el mundo y su vida de lujos, bien alejada de la realidad de cualquier trabajador, coinciden perfectamente (millones más, millones menos) con la de Moyano o Barrionuevo, por nombrar a sus máximos exponentes. Fortunas, desde luego, que han construido sobre la base de sus acuerdos con las distintas patronales y los gobiernos de turno, entregando y negociando las conquistas y los derechos de los trabajadores.

Por todo esto, por su compromiso con la continuidad de la explotación de los trabajadores, la burocracia sindical es uno de los principales enemigos de la clase obrera. Enemigo que debe ser combatido y desterrado en cada lugar de trabajo y en cada gremio, con la organización independiente y la lucha de los trabajadores.