Editorial: Mariano Ferreyra, luchador del pueblo. Néstor Kirchner, verdugo del pueblo.


Con una semana de diferencia murieron Mariano Ferreyra y Néstor Kirchner. Uno, compañero asesinado por las balas de la burocracia sindical peronista cuando participaba de la lucha de los trabajadores del ferrocarril Roca contra la tercerización y los despidos. El otro, jefe del PJ y del actual gobierno, multimillonario a costa del pueblo, que fue velado en la Casa Rosada, homenajeado por empresarios, dirigentes políticos patronales, la burocracia sindical de la CGT y la CTA y hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
El contraste marca la realidad y desnuda los antagonismos irreconciliables dentro de este sistema: una vida de lujos y abundancia para los servidores de los capitalistas, frente al ajuste y la represión que padece el pueblo trabajador.
Cuando estaba aún fresca la sangre de un nuevo caído en la lucha popular, el séptimo asesinado en movilizaciones en lo que va de kirchnerismo, la muerte de Néstor Kirchner corrió el eje de la atención mediática y aglutinó a toda la primera plana del capitalismo argentino para rendir homenaje a un fiel  representante de la clase dominante.
Kirchneristas, peronistas disidentes y radicales, medios de comunicación, burócratas sindicales y referentes progresistas; todos salieron a dar su respaldo a las instituciones de la democracia burguesa y a reivindicar a Kirchner por haber conseguido la “gobernabilidad”, es decir, por haber traído estabilidad a la burguesía luego del convulsionado período de luchas abierto en el 2001.
Como sucediera con Raúl Alfonsín, la muerte de Kirchner fue utilizada como un gigantesco acto político  y campaña de prensa, para exaltar su imagen como “demócrata”, “defensor de los derechos humanos”, “promotor de la distribución de la riqueza”, y demás barbaridades que, bien lejos de representar la realidad, buscan generar un mito, engañar y confundir al pueblo trabajador en base a mentiras y más mentiras.
Poco de popular y de defensor de los intereses de la clase trabajadora, puede tener alguien que, como Kirchner, hizo su carrera política ascendiendo al interior del PJ. De intendente de Río Gallegos, pasó a ser gobernador (menemista) de Santa Cruz en los años ’90, hasta que, finalmente, en 2003, designado por su padrino político, Eduardo Duhalde, alcanzó la presidencia.
Desde todos los cargos que ocupó, Néstor Kirchner se encargó de realizar escandalosos negociados aprovechando fondos públicos, tierras fiscales y todo tipo de ventajas que ofrece el poder. Así, en algunos pocos años, habiendo iniciado su carrera de negocios en plena dictadura militar con “emprendimientos” inmobiliarios, en pocos años multiplicó su patrimonio varias veces, alcanzando una escandalosa fortuna, a través de negociados desde el estado, en un país de millones de pobres e indigentes. Así, lejos de su pretendida “austeridad” y estilo “desalineado”, Kirchner amasó millones a costa del pueblo. Sin ir más lejos, en su última declaración patrimonial del año 2009 asumió, junto a Cristina Fernández, ser poseedor de una fortuna que superaba los $55 millones.
En sus años en la presidencia, más allá de su fachada “popular”, Kirchner fue el garante del ajuste sobre el pueblo trabajador. Deterioro del salario, corroído por la inflación, impulso de la flexibilización laboral en todas sus posibilidades, subsidios y privilegios para empresarios de todo tipo, pago de la deuda externa y cumplimiento de las directivas yanquis, como la colaboración militar en la invasión a Haití, ajuste sobre los presupuestos de salud y educación, hasta un estado de vaciamiento y precariedad sin precedentes, aumento de la represión, con más de mil muertos por el gatillo fácil, siete asesinados en movilizaciones y luchas populares, presos políticos y miles de procesados por luchar…
Es decir, el kirchnerismo organizó un decorado con algunas medidas que no modificaron en lo sustancial las condiciones de vida del pueblo trabajador, como la “asignación universal”, la “movilidad jubilatoria”, la “ley de medios” o el “fútbol para todos”, que acompañado de un discurso “progresista”, le permitió preparar el terreno para avanzar con más ajuste y más represión sobre el pueblo trabajador. Y, todo esto, al tiempo que el matrimonio presidencial, sus funcionarios y amigos hacían crecer sus fortunas en varios millones, garantizando también, desde luego, grandes ganancias para la clase capitalista local y extranjera que, en estos últimos años, como los Kirchner mismos gustan decir “han ganado plata como nunca”.
De este modo Kirchner había logrado posicionarse como el dirigente más importante de la burguesía argentina. Por eso, con su muerte, la disputa por el poder al interior del PJ promete agudizarse en los próximos meses, de cara a las elecciones de 2011. De más está decir, que nada bueno podrá salir para la clase trabajadora como resultado de las luchas internas dentro del partido que mejor representa a la clase capitalista en nuestro país.
Como ha sido un férreo defensor de los capitalistas, todas las usinas mediáticas del sistema, tanto las oficialistas como las opositoras, se unieron para hacer una cobertura sensiblera, llamando a la compasión y afirmando que todos deberíamos sentirnos afectados por la muerte de Kirchner. Ya casi no hablan de Mariano Ferreyra y mucho menos recogen la tragedia cotidiana de los muertos de frío, de hambre, o de quienes son asesinados diariamente por medio del gatillo fácil. No piensan en sus familias ni en su situación miserable… pero eso sí, nos llaman a consustanciarnos con la muerte de uno de los máximos enemigos del pueblo trabajador.
Pero nosotros no estamos con ellos, sino contra ellos. Reconocemos a nuestros verdugos, a quienes, como Kirchner, son los responsables políticos del ajuste, el hambre, la desocupación, el gatillo fácil y el asesinato de nuestros compañeros de lucha.
Estamos del otro lado, del lado de quienes, como Mariano Ferreyra, entregan su tiempo y su esfuerzo, y a veces hasta su vida, para alcanzar una nueva sociedad. Estamos, como Mariano Ferreyra, en el camino que está aprendiendo a construir el pueblo trabajador, organizándose desde las bases, librando cotidianamente una lucha contra este sistema de explotación, contra los punteros del PJ en los barrios, contra los burócratas sindicales en nuestro trabajo, contra las políticas proempresarias de los gobiernos de turno. Estamos, en una palabra, con el pueblo trabajador y su lucha.

¡Mariano Ferreyra: PRESENTE!