Editorial: 1° DE MAYO: Día de la clase trabajadora

Ya en el siglo XIX, a poco de andar, el capitalismo dejaba en evidencia toda su brutalidad y sus miserias. Con el único fin de multiplicar sus ganancias, un puñado de capitalistas, dueños de las fábricas, los bancos y las tierras, sometían a millones de trabajadores a la explotación más descarnada, siendo moneda corriente las extensas jornadas laborales a cambio de salarios miserables, que apenas si alcanzaban para subsistir, y la explotación del trabajo infantil, entre otras prácticas habituales en la barbarie capitalista. Es decir, ya por aquellos años comenzaron a utilizarse los mismos métodos y la misma explotación que, con variantes de forma, sostienen hasta la actualidad.

A su vez, a la par del surgimiento y el avance del sistema capitalista, se fueron desarrollando distintas experiencias de resistencia de quienes padecían a diario la explotación y contemplaban cómo, mientras se acentuaba su miseria, se enriquecían groseramente los patrones a costa de su trabajo.

Una de estas tantas experiencias es la que protagonizaron los “Mártires de Chicago”, dirigentes obreros llevados a la horca en Estados Unidos por pelear por la jornada laboral de ocho horas. En homenaje a su lucha, el 1° de mayo es el día internacional de la clase trabajadora.

Aquella experiencia demuestra, por un lado, que los capitalistas han apelado y apelarán siempre al uso de toda la violencia que sea necesaria, contra la clase obrera, con el fin de defender sus privilegios. Los miles de trabajadores y luchadores que han sido encarcelados, perseguidos y asesinados en estos siglos de dominación de la burguesía, son confirmación de esto.

Y experiencias como la de los “Mártires de Chicago”, junto con otras que le han sucedido en la historia de la lucha de clases, con los puntos más altos en las revoluciones rusa y cubana, también demuestran que la clase trabajadora organizada y decidida a luchar contra la miseria que genera este sistema, representa una seria preocupación para la clase capitalista, ya que es la única capaz de derrotarla y de organizar la sociedad sobre otras bases, persiguiendo el bienestar del conjunto del pueblo y no, de una ínfima minoría, como sucede actualmente.

En Argentina, empresarios de todo tipo vienen gozando de abultadas ganancias. En los últimos años, en muchos casos, se han visto beneficiados por un contexto económico favorable, que ofrece altos precios por las mercancías que producen, como es el caso de las patronales del campo y de algunos grupos industriales. Pero, además, han contando a su favor con las políticas proempresarias del gobierno kirchnerista, que ha garantizado el bienestar de sus negociados a través de la generalización de la flexibilización laboral (con altos índices de trabajo en negro, tercerización, contratos precarios, por agencia…), los bajos salarios y con la distribución de millonarios subsidios que han sostenido e impulsado las ganancias de diversos grupos empresarios. Es lo que sucede por estos días con la distribución de los subsidios que han dado en llamar “Créditos del Bicentenario”, y que han sido muy celebrados por los capitalistas locales, como se pudo observar en el reciente acto de asunción de De Mendiguren al frente de la UIA.

Y en este contexto, en este año electoral, los partidos patronales convocan a los trabajadores a confiar una vez más en ellos y a participar en una nueva elección que, como todas las anteriores, no representará ningún avance para el pueblo trabajador, sino que, por el contrario, contribuirá a la legitimación de la dominación capitalista y de su explotación.

La burocracia sindical, representada tanto en su versión empresaria de los jefes de la CGT, como en su versión “progre” de las conducciones de la CTA, que ha jugado un rol muy importante en el funcionamiento y la consolidación del modelo proempresario del kirchnerismo, se encuentra sumergida de lleno en la campaña, peleando por lugares en las listas de los principales partidos patronales.

Como en el resto del mundo, en nuestro país, la clase trabajadora también tiene su historia de lucha. Es la que escribieron, por ejemplo, en los inicios del siglo XX, los obreros de los Tallares Metalúrgicos Vasena (“Semana Trágica”, 1919) y los trabajadores rurales de la Patagonia, dos años después. Más cerca en el tiempo, es la que protagonizaron los trabajadores que enfrentaron a la burocracia sindical, a las patronales y los gobiernos (dictadura y peronismo), en la primera mitad de la década del `70 y que levantaron bien alto las banderas del clasismo.

En los últimos años, la clase trabajadora ha comenzado a recuperar protagonismo, llevando adelante importantes luchas y enfrentando, en muchos casos, a la burocracia sindical, recuperando cuerpos de delegados y comisiones internas. Profundizar este camino de lucha y de construcción de base y antiburocrática es una tarea central que debemos desarrollar en este momento los trabajadores.

Y bien lejos de la farsa electoral, necesitamos construir nuestra organización política para poder enfrentar a los capitalistas. Retomando las mejores tradiciones de lucha de la clase obrera, debemos prepararnos para avanzar por el único camino posible para alcanzar un gobierno de los trabajadores que termine con la miseria y la explotación del capitalismo: la revolución socialista.