LA EXTORSIÓN DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Pocas cosas preocuparon tanto a la burguesía en su conjunto como el manifiesto desinterés que buena parte de la ciudadanía mostró durante la reciente campaña electoral. Todos los medios de comunicación, pero especialmente los que mejor expresan el punto de vista de la clase dominante, nos repitieron hasta el cansancio que la razón de nuestra vida era ir a votar el 28 de octubre. Nos bombardearon con un discurso de exaltación de la democracia, dedicando horas y horas a alertar sobre los peligros de la abstención o el voto en blanco. Tampoco la celebración del triunfo convocó grandes multitudes. El festejo, por apatía general y decisión oficial, quedó limitado al segundo subsuelo de un lujoso hotel, rodeado de una alta empalizada para evitar “infiltrados”. Y para la pareja presidencial, el piso 18 completo.
El chantaje preelectoral no ahorró recursos, y usó por igual la zanahoria y el palo. Por un lado, nos dijeron de mil maneras diferentes que votar sería un acto trascendente, y que la celebración de la “fiesta de la democracia” era poco menos que la oportunidad de dar un sentido a nuestras vidas. Por otro lado, nos amenazaron con terribles males si no íbamos al convite. Muchas personas cedieron ante el temor de tener que pagar una multa, no poder renovar sus documentos o verse en problemas para hacer algún trámite bancario. Mientras la propaganda de todos los partidos nos había jurado que votar es la máxima expresión de libertad, fue necesario reclutar autoridades para el comicio casi a la fuerza, como le ocurrió al pobre cordobés que llegó en bicicleta a votar temprano, y fue preso porque no quiso quedarse de presidente de mesa (y no tenía alguna de las buenas excusas que se le hubiera ocurrido a un burgués en la misma situación).
A pesar de la intensa campaña, en la que todos los candidatos aportaron sus granitos o sus rocas de arena, más de siete millones y medio de personas, un cuarto del total de las habilitadas para votar, prefirieron hacer otra cosa ese domingo, y casi un millón de los que sí votaron lo hicieron en blanco(1). Sin que esos grandes números puedan interpretarse como “antisistema”, ya que responden a las más variadas motivaciones individuales, lo cierto es que para más del 30% del padrón nacional, el acto eleccionario no resultó convocante. Y eso es un problema para la burguesía, que necesita elevar la ilusión democrática al nivel de dogma intocable.
Vemos así que la democracia adquiere las características de un fetiche, es decir, de un objeto de culto con poderes especiales, que los burgueses usan cuidadosamente para extorsionarnos con el argumento de que cualquier acción de las masas que la ponga en peligro, la cuestione, o simplemente no le dé importancia, es una “irresponsabilidad” de “inadaptados”. Así, la democracia funciona como un factor preponderante para ejercer presión ideológica sobre los trabajadores y el pueblo, sosteniendo el dogma único del respeto a las instituciones.
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NOTAS
1) De un padrón de 27.090.236 electores, no votaron 7.637.642 y votaron en blanco 934.739. Fuente: www.mininterior.gov.ar