LA MENTIRA DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

—Todos estaban equivocados -manifestó con humildad el hombrecillo-. Los estuve engañando.
— ¿Engañando? -exclamó Dorothy- ¿Acaso no eres un Gran Mago?
— Más bajo, querida -pidió él-. Si hablas tan alto te oirán, y eso me arruinaría. Todos suponen que soy un Gran Mago.
— ¿Y no lo eres? -preguntó ella.
— En absoluto, queridita. No soy más que un hombre común.
— Eres más que eso -declaró el Espantapájaros en tono quejoso-. Eres un farsante.
— ¡Exacto! -reconoció el hombrecillo, restregándose las manos como si aquello le complaciera-. Soy un farsante.
(Lyman Baum, “El Mago de Oz”)


La desidia popular frente a la fantochada electoral afloró con fuerza en estos últimos comicios.
Los grandes medios de comunicación, mientras hablaban de tal o cual candidato reconocían también la falta de expectativas que amplios sectores del pueblo mostraban frente a este circo, repitiendo siempre la misma orden: “¡vote!”. “¿Va a ir a votar el próximo domingo?” preguntaban los gigantes mediáticos y, acto seguido, periodistas, políticos y “especialistas” de toda índole salían a dar sermones, unificando todas las voces de la clase dominante en un mismo reclamo sobre la necesidad de la participación en los comicios como medio para “defender la democracia”. Es lo que repite la burguesía desde hace muchísimo tiempo (sobre todo luego de la última dictadura militar) para sostener este sistema de injusticias, de explotación y opresión sobre los trabajadores y el pueblo pobre de nuestro país.
Buscan, de esta forma, darle respaldo a las instituciones del estado (como son el poder ejecutivo, las fuerzas represivas, la justicia, el congreso...), lo que permite dar continuidad a las relaciones de dominación propias del sistema capitalista, que otorga enormes privilegios a la burguesía y hunde en la miseria a nuestro pueblo.
De este modo, cada cuatro años se vuelve a montar todo el teatro “democrático” que vivimos en estos días pasados, donde los hombres del pueblo son llamados a elegir entre un representante de los intereses patronales e imperialistas... y otro.
Según la propaganda del sistema, de sus medios, sus instituciones y sus políticos (tanto oficialistas como opositores) las elecciones son el acto “supremo” en el cual el pueblo elige los destinos del país. Todo se resume, según dicen, a una “buena elección” por parte nuestra. De esta forma nos advierten: “elija bien su voto”, para después achacarnos la responsabilidad de los desastres a los que nos llevará, inevitablemente, la nueva (o no tan nueva) camada de políticos que llegan al gobierno para seguir defendiendo los intereses de empresarios, banqueros, terratenientes y demás capitalistas.
Así, unos y otros se reciclan, cruzándose de lista o partido, para volver a la carga contra los trabajadores: cuando no es la enorme desocupación, es el trabajo miserable y precario, cuando no es la privatización y entrega de todo el patrimonio nacional, es la inflación y el empobrecimiento del pueblo... o todo eso junto.
Es un circulo vicioso en el que llegan a ser candidatos para gobernar sólo aquellos que se destacan como representantes de los poderosos, a quienes la burguesía local y extranjera sostiene política y económicamente (con millonarias campañas y enormes aparatos), para garantizar la permanencia del sistema actual y los enormes beneficios que obtienen sobre la base de la explotación y el saqueo.
Por eso, es absolutamente falso que mediante las elecciones puedan erradicarse realmente los grandes flagelos que pesan sobre los trabajadores (la explotación, la opresión, la miseria...) y eso lo han constatado trágicamente a lo largo de su historia la clase obrera y el pueblo pobre. Y no hay así ninguna novedad en que uno tras otro, los verdugos del pueblo se sucedan para administrar los negocios de los poderosos, pasándose entre ellos la banda presidencial.
En todo caso, lo que es preciso destacar es que el peronismo, primero con Duhalde y luego con Kirchner vino a recomponer las instituciones del estado para sostener lo que llaman “gobernabilidad”, buscando renovar el apoyo popular a la democracia luego de la fuerte crisis de 2001. Y ese remiendo está mostrando serios límites, cuando sólo cuatro años después ya a nadie le interesa participar de lo que llaman “la fiesta de la democracia”.
Evidentemente nada podemos esperar de los llamados de la burguesía para seguir participando de lo que para ellos es una fiesta de negocios y privilegios sostenida en las penurias de los trabajadores. Nada nuevo sucedió con el cambio electoral y nada sucederá si nuestro pueblo es arrastrado tras las elecciones y demás farsas “democráticas”.
Sólo la organización y la lucha independiente de los trabajadores y el pueblo contra la clase dominante y su sistema puede marcar un camino revolucionario por una nueva sociedad.