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El Revolucionario Nº30 (Noviembre 2007)


LA PROFUNDIZACIÓN DEL CAMBIO: MÁS DE LO MISMO, PERO PEOR
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Pasaron las elecciones de octubre. Todo el remolino mediático y el desfile de candidatos dejó el gobierno en manos de la sucesora presidencial, Cristina Fernández de Kirchner.
El partido único de la burguesía argentina, luego de extorsionar a todo el pueblo para que ejercite su derecho “obligatorio” al voto, dirimió su interna.
Unos pocos festejan: los propios funcionarios elegidos, los empresarios representados por el gobierno, la burocracia sindical, y también, el gobierno de EEUU que ya envío las respectivas felicitaciones.
El pueblo trabajador nada tiene para celebrar.
Con la asunción de la próxima presidenta, se consolida el gobierno de los empresarios. Se consolida el gobierno de las grandes empresas tanto nacionales como extranjeras. Se consolida el gobierno que auspicia la mayor explotación posible hacia la clase trabajadora. Con la asunción de la próxima presidenta, los principales problemas de los trabajadores se agravarán.
Las excelentes relaciones con los dueños del mundo, con EEUU, serán aún más estrechas y el pago la deuda seguirá girando millones hacia los países centrales.
Los precios de los productos básicos de la canasta familiar continuarán su rumbo ascendente y se “estabilizarán” en precios inalcanzables transformando alimentos como el tomate o la papa en artículos de lujo.
Los salarios verán caer su poder de compra, aún a pesar de los tímidos “aumentos” que puedan acordar los burócratas, los empresarios y el gobierno.
La educación, la salud pública y el resto de las áreas sociales continuarán subsistiendo con magras partidas presupuestarias que, sumadas, ni si quiera se acercan a las millonarias cifras destinadas a pagar la deuda.
La persecución, represión y encarcelamiento de los trabajadores y el pueblo que luchan por cambiar este estado de cosas, enmascarada con “la política de DDHH”, seguirá marcando un rasgo esencial del gobierno.
Las cartas están sobre la mesa. El kirchnerismo se propone llevar adelante otros cuatro años de gobierno contra los trabajadores y contra el pueblo todo. Por nuestra parte, habrá que continuar con cuatro años de más organización y más lucha.

LIBRE MERCADO: LIBERTAD PARA LA ESPECULACIÓN Y EL LUCRO

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

La ley de la oferta y la demanda es un sinónimo de libertad absoluta para especular y lucrar con las necesidades elementales del pueblo.

El kilo de papas a $4 (hasta hace meses rondaba los $0.70); el tomate, estabilizado en $7 (meses atrás valía $1.75 o $2.50 el kilo) y el resto de los aumentos en los productos básicos de consumo nos muestran una ley de hierro de los kirchneristas.
Lo que instaló el menemismo allá por los 90, con su desregulación total y su prédica del “camine y busque precio señora” (slogan de aquel binomio peronista encarnado por Lita de Lázzari y Domingo Cavallo), está bien garantizado por este nuevo gobierno peronista.
Mediante los llamados “boicots” a los productos que suben sus precios y los acuerdos de precios, el gobierno se proclama el primer luchador contra la inflación. Pero todas esas medidas mediáticas no son otra cosa que una máscara que ahora usa el kirchnerismo para intentar ocultar su política inflacionaria.
Por su parte, los acuerdos de precios serían irrisorios si no fuera porque son una burla hacia el pueblo. Los precios acordados corresponden a productos que poco y nada influyen en la canasta de alimentos como desodorantes para inodoros o broches. Además, no se cumplen. Y encima se “acuerdan” después de que experimentaron una considerable suba. El gobierno de Kirchner ni siquiera se atreve a pensar en poner un precio máximo para determinados productos como sí lo han hecho, alguna vez, otros gobiernos burgueses.
Por otra parte, los capitalistas, el gobierno y las organizaciones del sector (las ONGs, defensa del consumidor y otras) lograron hacer pasar la manganeta de que “lucharon” contra la inflación y los formadores de precios cuando el escándalo del tomate. Pero la verdad es que el llamado “boicot” del gobierno y las ONGs (impulsado sólo cuando el precio del tomate llegó a escandalosos $1850 por kilo, dejando pasar así todos los aumentos anteriores) instaló el precio de este producto en una cifra del orden del 200% más cara, en lugar de una de más del 800% como cuando registró el valor de $1850. Eso fue todo. Nada más. Un “boicot” para legitimar un aumento brutal.
A esta ley de hierro la llaman “ley de oferta y demanda” y nos explican sobradoramente, e igualito que Menem, Neustadt y Grondona, que “el mercado” es el que se encarga de regular y estabilizar los precios de todo. Pero “el mercado” al que se refieren no es un ente abstracto, ni una mano mágica... es el conjunto de intereses de los capitalistas. Son los capitalistas los que regulan los precios de todo en perjuicio de la clase trabajadora.
A los que hemos hecho un análisis de clase de esta pandilla gobernante, esta situación no nos sorprende. El gobierno de Kirchner es un gobierno de la burguesía y para la burguesía. Representa los intereses de esta clase social e incluso muchos de sus miembros son empresarios como el actual vice presidente y gobernador electo de Bs. As., Daniel Scioli que es empresario/comerciante de electrodomésticos, o el multiempresario de los remedios y criador de cerdos, Ginés Gonzalez García, ministro de salud de la nación. No puede ser de otra manera, aplican y defienden a rajatabla el mecanismo que vela por sus intereses. O sea, libertad absoluta (para ellos) de especular y poner los precios que más rentabilidad le dejen a expensas de las necesidades impostergables de las mayorías.
La pandilla miente y se burla. Pues hay libertad absoluta para que los burgueses pongan, a todo, el precio que más le convenga. Pero para que la clase trabajadora ponga precio a su salario, no.
Ellos se reúnen en sus cámaras para fijar los pisos mínimos de sus precios, acordando el límite que nadie puede bajar, pero que sí pueden superar como les parezca. Junto a burócratas sindicales como Hugo Moyano y Hugo Yasky también fijan el precio para la mercancía “fuerza de trabajo”, nuestra capacidad de trabajar. Pero a esta mercancía no le ponen un precio mínimo, sino uno máximo para que puedan pagar por debajo de ese techo salarial.
Para el tomate, la papa, la calabaza, la carne... vía libre. Para nuestros salarios, que es lo que recibimos a cambio de nuestra fuerza de trabajo, topes máximos.
Esta ley de hierro que defiende el kirchnerismo es un sinónimo de libertad absoluta para especular y lucrar con las necesidades elementales del pueblo.

LA MENTIRA DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

—Todos estaban equivocados -manifestó con humildad el hombrecillo-. Los estuve engañando.
— ¿Engañando? -exclamó Dorothy- ¿Acaso no eres un Gran Mago?
— Más bajo, querida -pidió él-. Si hablas tan alto te oirán, y eso me arruinaría. Todos suponen que soy un Gran Mago.
— ¿Y no lo eres? -preguntó ella.
— En absoluto, queridita. No soy más que un hombre común.
— Eres más que eso -declaró el Espantapájaros en tono quejoso-. Eres un farsante.
— ¡Exacto! -reconoció el hombrecillo, restregándose las manos como si aquello le complaciera-. Soy un farsante.
(Lyman Baum, “El Mago de Oz”)


La desidia popular frente a la fantochada electoral afloró con fuerza en estos últimos comicios.
Los grandes medios de comunicación, mientras hablaban de tal o cual candidato reconocían también la falta de expectativas que amplios sectores del pueblo mostraban frente a este circo, repitiendo siempre la misma orden: “¡vote!”. “¿Va a ir a votar el próximo domingo?” preguntaban los gigantes mediáticos y, acto seguido, periodistas, políticos y “especialistas” de toda índole salían a dar sermones, unificando todas las voces de la clase dominante en un mismo reclamo sobre la necesidad de la participación en los comicios como medio para “defender la democracia”. Es lo que repite la burguesía desde hace muchísimo tiempo (sobre todo luego de la última dictadura militar) para sostener este sistema de injusticias, de explotación y opresión sobre los trabajadores y el pueblo pobre de nuestro país.
Buscan, de esta forma, darle respaldo a las instituciones del estado (como son el poder ejecutivo, las fuerzas represivas, la justicia, el congreso...), lo que permite dar continuidad a las relaciones de dominación propias del sistema capitalista, que otorga enormes privilegios a la burguesía y hunde en la miseria a nuestro pueblo.
De este modo, cada cuatro años se vuelve a montar todo el teatro “democrático” que vivimos en estos días pasados, donde los hombres del pueblo son llamados a elegir entre un representante de los intereses patronales e imperialistas... y otro.
Según la propaganda del sistema, de sus medios, sus instituciones y sus políticos (tanto oficialistas como opositores) las elecciones son el acto “supremo” en el cual el pueblo elige los destinos del país. Todo se resume, según dicen, a una “buena elección” por parte nuestra. De esta forma nos advierten: “elija bien su voto”, para después achacarnos la responsabilidad de los desastres a los que nos llevará, inevitablemente, la nueva (o no tan nueva) camada de políticos que llegan al gobierno para seguir defendiendo los intereses de empresarios, banqueros, terratenientes y demás capitalistas.
Así, unos y otros se reciclan, cruzándose de lista o partido, para volver a la carga contra los trabajadores: cuando no es la enorme desocupación, es el trabajo miserable y precario, cuando no es la privatización y entrega de todo el patrimonio nacional, es la inflación y el empobrecimiento del pueblo... o todo eso junto.
Es un circulo vicioso en el que llegan a ser candidatos para gobernar sólo aquellos que se destacan como representantes de los poderosos, a quienes la burguesía local y extranjera sostiene política y económicamente (con millonarias campañas y enormes aparatos), para garantizar la permanencia del sistema actual y los enormes beneficios que obtienen sobre la base de la explotación y el saqueo.
Por eso, es absolutamente falso que mediante las elecciones puedan erradicarse realmente los grandes flagelos que pesan sobre los trabajadores (la explotación, la opresión, la miseria...) y eso lo han constatado trágicamente a lo largo de su historia la clase obrera y el pueblo pobre. Y no hay así ninguna novedad en que uno tras otro, los verdugos del pueblo se sucedan para administrar los negocios de los poderosos, pasándose entre ellos la banda presidencial.
En todo caso, lo que es preciso destacar es que el peronismo, primero con Duhalde y luego con Kirchner vino a recomponer las instituciones del estado para sostener lo que llaman “gobernabilidad”, buscando renovar el apoyo popular a la democracia luego de la fuerte crisis de 2001. Y ese remiendo está mostrando serios límites, cuando sólo cuatro años después ya a nadie le interesa participar de lo que llaman “la fiesta de la democracia”.
Evidentemente nada podemos esperar de los llamados de la burguesía para seguir participando de lo que para ellos es una fiesta de negocios y privilegios sostenida en las penurias de los trabajadores. Nada nuevo sucedió con el cambio electoral y nada sucederá si nuestro pueblo es arrastrado tras las elecciones y demás farsas “democráticas”.
Sólo la organización y la lucha independiente de los trabajadores y el pueblo contra la clase dominante y su sistema puede marcar un camino revolucionario por una nueva sociedad.

LA EXTORSIÓN DEMOCRÁTICA

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Pocas cosas preocuparon tanto a la burguesía en su conjunto como el manifiesto desinterés que buena parte de la ciudadanía mostró durante la reciente campaña electoral. Todos los medios de comunicación, pero especialmente los que mejor expresan el punto de vista de la clase dominante, nos repitieron hasta el cansancio que la razón de nuestra vida era ir a votar el 28 de octubre. Nos bombardearon con un discurso de exaltación de la democracia, dedicando horas y horas a alertar sobre los peligros de la abstención o el voto en blanco. Tampoco la celebración del triunfo convocó grandes multitudes. El festejo, por apatía general y decisión oficial, quedó limitado al segundo subsuelo de un lujoso hotel, rodeado de una alta empalizada para evitar “infiltrados”. Y para la pareja presidencial, el piso 18 completo.
El chantaje preelectoral no ahorró recursos, y usó por igual la zanahoria y el palo. Por un lado, nos dijeron de mil maneras diferentes que votar sería un acto trascendente, y que la celebración de la “fiesta de la democracia” era poco menos que la oportunidad de dar un sentido a nuestras vidas. Por otro lado, nos amenazaron con terribles males si no íbamos al convite. Muchas personas cedieron ante el temor de tener que pagar una multa, no poder renovar sus documentos o verse en problemas para hacer algún trámite bancario. Mientras la propaganda de todos los partidos nos había jurado que votar es la máxima expresión de libertad, fue necesario reclutar autoridades para el comicio casi a la fuerza, como le ocurrió al pobre cordobés que llegó en bicicleta a votar temprano, y fue preso porque no quiso quedarse de presidente de mesa (y no tenía alguna de las buenas excusas que se le hubiera ocurrido a un burgués en la misma situación).
A pesar de la intensa campaña, en la que todos los candidatos aportaron sus granitos o sus rocas de arena, más de siete millones y medio de personas, un cuarto del total de las habilitadas para votar, prefirieron hacer otra cosa ese domingo, y casi un millón de los que sí votaron lo hicieron en blanco(1). Sin que esos grandes números puedan interpretarse como “antisistema”, ya que responden a las más variadas motivaciones individuales, lo cierto es que para más del 30% del padrón nacional, el acto eleccionario no resultó convocante. Y eso es un problema para la burguesía, que necesita elevar la ilusión democrática al nivel de dogma intocable.
Vemos así que la democracia adquiere las características de un fetiche, es decir, de un objeto de culto con poderes especiales, que los burgueses usan cuidadosamente para extorsionarnos con el argumento de que cualquier acción de las masas que la ponga en peligro, la cuestione, o simplemente no le dé importancia, es una “irresponsabilidad” de “inadaptados”. Así, la democracia funciona como un factor preponderante para ejercer presión ideológica sobre los trabajadores y el pueblo, sosteniendo el dogma único del respeto a las instituciones.
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NOTAS
1) De un padrón de 27.090.236 electores, no votaron 7.637.642 y votaron en blanco 934.739. Fuente: www.mininterior.gov.ar

CONTRA EL PUEBLO

El gobierno que viene, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner, estará encargado de garantizar e incrementar los negocios y las ganancias empresariales. Para ello, todo su arsenal estará dirigido contra el pueblo trabajador.
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)
Cristina Fernández de Kirchner, la mejor representante del partido único de la burguesía, se ha consagrado presidenta, haciéndose responsable de cumplimentar el programa de ajuste y entrega al que, al igual que ella, adscribieron todos los candidatos electorales de su clase: Elisa Carrió, Roberto Lavagna, Alberto Rodríguez Saa, Ricardo López Murphy... y frente al cual la única reacción posible del pueblo fue el desdén de casi 9 millones que se apartaron de la oferta electoral. (ver “La extorsión democrática”)
Aún no se había llevado a cabo la elección del 28 de octubre y el nuevo gobierno peronista ya adelantaba que cumpliría su promesa de campaña: profundizar la política antipopular y proimperialista que viene sosteniendo el actual presidente, Néstor Kirchner. Toda la campaña estuvo dirigida a su clase, a la burguesía. Paseó por el mundo explicándole a los empresarios de EEUU, Alemania, España, México... que “Argentina es una muy buena oportunidad de negocios”. En el país se dirigió directamente a las cámaras patronales, en la UIA, la SRA, AEA, IDEA y cuanta asociación burguesa exista, para explicar que “ganar dinero no es pecado” y prometer líneas de crédito y más y más subsidios.
Las promesas hechas a los grandes bancos y lobbistas del Club de Paris de que se les pagará, más tarde o más temprano, la bendita deuda externa que entró en default, llevó a Peirano, ministro de economía de éste y el próximo gobierno, a gestionar una nueva línea de crédito con el FMI.
Así, el supuesto gobierno “antifondo” de Kirchner, no sólo le pagó de un saque y “a costa del hambre del pueblo” 10.000 millones de dólares al FMI y siguió pagando puntualmente las cuotas correspondientes al resto de la deuda, sino que además le dejó servida a su señora la entrada a un nuevo acuerdo con el Fondo del flamante Dominique Strauss-Kahn, lo que significa más endeudamiento... para seguir pagando la deuda.
Pero la buena relación con el imperialismo yanqui no se limita solamente (como si fuera poca cosa) a girar millones y millones anualmente y a implementar todas y cada una de las medidas exigidas desde el país del norte, como el superavit fiscal o la ley antiterrorista. El gobierno de Kirchner colabora en todos los terrenos con EEUU: envía tropas a Haití, mantiene las bases militares del gendarme mundial en territorio argentino, realiza entrenamientos conjuntos dirigidos por los yanquis, sostiene el valor del dólar solicitado por la administración Bush y así podemos seguir y seguir...
Al igual que su marido, Cristina Fernández se llena la boca hablando de un camino de industrialización y de lucha contra la pobreza... Pero es justamente su gobierno el que ha dejado un país saqueado, con toda su economía copada por los capitales extranjeros y con un pueblo azotado por el congelamiento salarial y una inflación creciente, que intenta ser ocultada por medio de la intervención en el INDEC que a una semana de las elecciones ya le costó el puesto laboral a más de 20 trabajadores. La “prosperidad” económica que tanto propagandizan, además de ser patrimonio exclusivo de los capitalistas, se debe a las condiciones internacionales en las que poco y nada influye el kirchnerismo como los altos precios y la gran demanda de las materias primas que exporta el país.
Luego de una campaña que costó más de 20 millones de pesos declarados (sólo ello saben por cuánto se multiplica el gasto real) y dedicada casi exclusivamente a congraciarse con la plana mayor del empresariado y con el gobierno de EEUU, Cristina Fernández de Kirchner se prepara ahora para llevar hasta el fondo sus cumplidos y profundizar el ajuste sobre los trabajadores, aumentando las tarifas de los servicios públicos, en al menos un 15%, y avanzando en el recorte del llamado gasto público, como lo reclama el FMI y sus lobbistas que hablan en sus medios de la “ampliación de las inversiones” y la “necesaria rectificación” de la economía.
Como venimos desarrollando, el gobierno de los Kirchner es un gobierno de empresarios. Un gobierno enemigo de los trabajadores y enemigo del pueblo.

CRISTINA DE KIRCHNER: “NI HILLARY, NI EVITA” (DICE LA NUEVA GERENTA DE NEGOCIOS DE LA BURGUESÍA)

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

“Es tentador pensar en Cristina Fernández como una versión ligeramente más joven que Hillary Clinton, con encanto latino”, publicó hace unos meses la revista norteamericana Newsweek. La nota subraya que ambas son abogadas y esposas de presidentes que antes fueron gobernadores. Las dos conocieron a sus esposos estudiando derecho, pero llegaron a senadoras con una carrera política propia. Otros medios internacionales, inevitablemente, comparan a la nueva presidenta argentina con Eva Perón. Al día siguiente de las elecciones, el diario colombiano El Tiempo, en primera plana, dijo que Cristina K está “a la estela de Hillary Clinton y Eva Perón”, y un diario español tituló: “Cristina Kirchner, la nueva Eva Perón”. Pero la prensa internacional también señala que la señora sólo usa ropa carísima de diseñadores exclusivos y accesorios exuberantes como el Rolex de brillantes que agita en las tribunas. Eso, sumado a su recargado maquillaje, hizo que la agencia brasileña O Globo publicara que se parece más a Jennifer López que a Evita.
Ella dice que no le gusta que la comparen con nadie. Días antes de ganar las elecciones, sentenció: “no quiero que me identifiquen ni con Hillary Clinton, ni con Eva Perón, ni con nadie”. Remató: “ni Hillary, ni Evita, Cristina”, aunque admitió con cierto orgullo que “con Hillary tenemos algunas coincidencias”, lo que sonó parecido al “con Hillary somos del mismo palo” de Estela Barnes de Carlotto hace casi una década.
Una de las coincidencias visibles está en el cuidadoso uso que ambas, la yanqui y la argentina, hacen del lenguaje “políticamente correcto”, convocando cada tanto a sus “hermanas de género”, como si la condición femenina pudiera borrar del mapa la pertenencia de clase. Y la coincidencia de fondo es que las dos, sin fisuras, sirven fielmente a las burguesías de sus países, para las que se esforzarán en garantizar que hagan los mejores negocios posibles a costa de los trabajadores y el pueblo.

LA EXTRANJERIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

Con la creciente venta de empresas y entrega de recursos naturales, la extranjerización de la economía argentina alcanza niveles nunca vistos. El encargado de entregar el país es el kirchnerismo que paralelamente habla de recomponer una burguesía nacional supuestamente progresiva.

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)


Otro rasgo característico del gobierno kirchnerista y del conjunto de los capitalistas locales es la política de entrega nacional. Entrega de millones de dólares a través del pago de la deuda externa y entrega de los recursos naturales, como el agua o el petróleo. Todo, coronado con una política de absoluta sumisión hacia el imperialismo norteamericano que va desde el festejo por la reelección de Bush (y el ya adelantado festejo por la elección de Hillary Clinton) hasta el envío de tropas a Haití, pasando por la denuncia a Irán, el apoyo al nuevo gerente del FMI, etc., etc. Estos hechos son ya más que suficientes para desmentir el supuesto carácter nacional del gobierno kirchnerista y ubicarlo en su justo lugar: el de un gobierno proimperialista.
Otro elemento que da cuenta de la esencia antinacional del gobierno y los capitalistas argentinos es el creciente proceso de extranjerización de la economía. Algunos datos nos permiten apreciar mejor este fenómeno.
Según el INDEC, de las 500 empresas más importantes que operan en el país, solamente 140 son de capitales nacionales. Esta cifra era de 281 en 1993; de 182 en 2000 y de 165 en 2004. Pero si concentramos las empresas tenemos que entre las 200 líderes, en 1993 había veinticinco nacionales; en 2000, nueve; y actualmente, sólo cinco. Además, las empresas trasnacionales obtienen más del 95% de las ganancias totales. Ganancias que son giradas directamente a sus países de origen. Por si fuera poco, actualmente, las empresas multinacionales dominan el 90% del comercio exterior argentino.
Esta extranjerización no sólo permite la gira de millones de dólares a las respectivas casas matrices de cada una de las empresas, generando un saqueo liso y llano, sino que también impone una situación en que las decisiones más importantes sobre aspectos económicos, como las inversiones, los precios, los puestos de trabajo o los salarios por ejemplo, son tomadas desde el exterior.
Bajo esta realidad se encuentran los intereses del empresariado argentino. Los miembros de una “burguesía nacional” que el gobierno se propone fortalecer y desarrollar, y que para muchos, es la clase que puede traer progreso e industrialización al país. Pero a esta clase no la mueve ningún interés por desarrollar la economía nacional, ni industrializar el país, ni nada. En busca de los mejores negocios, no duda en asociarse con capitalistas multinacionales o sencillamente entregarlo todo al mejor postor. Así, entre varios ejemplos, Amalia Lacroze de Fortabat, clara representante de la burguesía local, vendió la cementera Loma Negra a capitalistas brasileños. (ver “En venta”)
Es que el gobierno, cualquiera sea, no hace más que representar a estos empresarios y facilitar las condiciones políticas y económicas para que sus negocios sean lo más rentables posibles.
Para una semicolonia atrasada y dependiente como Argentina, con un gobierno burgués como el de los Kirchner, no puede haber otro destino: total dependencia económica y absoluta sumisión hacia el imperialismo.
El empresariado “nacional” vive y ve crecer su fortuna, gracias a la perpetuación de esta situación. El gobierno de los Kirchner, la garantiza.

EN VENTA: Muestras de la extranjerización de la economía argentina
(sólo, algunas de las firmas más importantes de las familias más renombradas que fueron vendidas durante la gestión kirchnerista)

La brasileña Belgo Mineira, parte de la multinacional ArcelorMittal, compró Acindar de los Acevedo.La belga Interbrew y la brasileña Ambev (InBev) compraron Quilmes Industrial de los Bemberg.
Camargo Correa, de Brasil, compró la cementera Loma Negra de los Fortabat y la textil Alpargatas de Gotelli.Friboi, de Brasil, compró Swift, Paty y ColCar.
La mexicana Televisa compró la Editorial Atlántida de Vigil.
El mexicano Ángel González compró Canal 9 de Daniel Hadad.
La chilena Falabella, compró Pinturerías Rex.La estadounidense Western Union compró Pago Fácil del grupo Macri.
La norteamericana First Data compró la tarjeta Argencard.
La chilena Bethia compró la láctea Milkaut.
La mexicana Bimbo compró la panificadora Fargo. La italiana Expofrut compró la frutícula Moño Azul

La lista continúa...
La brasileña Petrobras compró PeCom Energía; la francesa Promodes compró el 49% de Supermercados Norte; el fondo Hicks, Muse, Tate & Frust compró casi el 30% del CEI; Vizental compró dos plantas de Cepa y la marca “Cabaña Las Lilas”; Global Crossing, con sede en Bermudas, compró Impsat (ya en manos de los fondos estadounidenses Morgan Stanley y WR Guff Asset); la chilena Cencosud, que controla Jumbo y Easy, compró la cadena de materiales de construcción Blaisten; la india Punjab Chemicals and Corp Protection compró Síntesis Química; la alemana Mahle compró la autopartista Edival; las inversiones extranjeras en minería son un 20% mayores que en 2005; Puma compró la fabricante de calzado Unisol; la mexicana Telmex, del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, se quedó con la empresas de telefonía celular CTI, que en parte pertenecía al grupo Clarín.; Telmex también se hizo conTechtel (que era del grupo Techint) y con Ertach (que pertenecía a Santiago Soldati); la láctea Molfino pasó de manos de Molinos a la canadiense Saputo...

PEQUEÑAS EMPRESAS, GRAN EXPLOTACIÓN

Las PyMES son las empresas mimadas de toda la burguesía argentina. También del gobierno. Les atribuyen todas las bondades económicas y ven en ellas todas las posibilidades de progreso económico. Pero las PyMES son las más grandes explotadoras de la clase trabajadora.
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

La propaganda oficialista y no oficialista en defensa de las pequeñas y medianas empresas es abrumadora. Suplementos especiales en los diarios de mayor tirada del país, afiches, solicitadas y un permanente discurso en favor del desarrollo de estas empresas. La generación de empleo, el crecimiento de las exportaciones, de la inversión etc., etc. son algunos de los elementos que exponen para convencernos de que las PyMES permiten un desarrollo económico del que nos beneficiamos todos. Los créditos baratos, las exenciones impositivas y de un sinnúmero de políticas específicas buscan fortalecer este sector bajo el argumento mentiroso de que el progreso de las PyMES trae consigo el progreso de toda la sociedad.
Cabe señalar al menos dos aspectos nada menores. Por un lado, ingresan en la categoría de PyMES todas aquellas empresas que no tienen más de 40 empleados y que poseen una facturación que oscila entre los 2500 y los 5000 millones de pesos (pero que puede ser superada, por ley, sin mayores problemas).
Además, la inmensa mayoría de las grandes empresas (casi todas en manos extranjeras como se muestra en “La extranjerización de la economía”) terceriza el trabajo mediante subsidiarias que forman parte de sus cadenas de producción, como el ejemplo de Techint o SanCor. Estas dos características son las que permiten explicar, en parte, por qué el 95% de las unidades productivas del país son PyMES.
Es política de las grandes empresas delegar una buena parte de su trabajo en las PyMES. También es política del gobierno fomentar estas empresas. Esto no es casual. Las PyMES, lejos de traer bienestar a toda la sociedad, traen ganancias para todos los capitalistas y mayor explotación para la clase trabajadora. Es que en toda sociedad divida en clases no existe y es imposible tal progreso general. Si asciende y mejora una clase, se hunde y empeora su situación la otra.
Las PyMES son las que pagan los salarios más bajos, incluso por debajo del mísero mínimo acordado por la burocracia sindical, el gobierno y las cámaras empresariales. Son las que imponen las jornadas laborales más extensas, muy por encima de las ocho horas. Son las que obstaculizan la organización sindical de sus trabajadores. Son las que registran un 67% de trabajo en negro, concentrando el mayor porcentaje del país. El gobierno, lógicamente, avala esta situación.
El desarrollo de las PyMES, al “nivelar” el salario de los trabajadores hacia abajo, incrementa las ganancias de todas las empresas ajustando esta variable.
Con su desmedido afán de defensa y apoyo hacia las PyMES, el gobierno, en este aspecto también, muestra su cara empresarial.

EL TRASPASO DEL GARROTE

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

En poco más de un mes habrá terminado el gobierno encabezado por Néstor Kirchner, el presidente que dijo al asumir que no iba a criminalizar la protesta ni a reprimir con “esta policía de gatillo fácil”. Cuatro años y medio después, es necesario hacer un balance de la situación que en materia represiva y de derechos humanos le deja a su sucesora esposa. Los datos concretos demuestran que no hubo, desde 1983, un gobierno más represor, y a la vez más efectivo para disimular ese carácter. También nos permiten asegurar que, en adelante, sólo podemos esperar más ataques a los trabajadores y el pueblo. Tendremos que prepararnos para enfrentarlos.

Preparando el terreno
Durante sus primeros meses en la casa rosada, Néstor Kirchner se dedicó a generar expectativas y captar consenso en muchos sectores populares. A través de hábiles operadores como Oscar Parrilli, Carlos Kunkel o Alberto Fernández, desarrolló un sistemático plan de cooptación que absorbió buena parte de las organizaciones “piqueteras” y de derechos humanos. Con nombramientos, subsidios y fotos en el salón blanco por una parte, y un discurso que prometía el oro y el moro a todo el que se acercara a visitarlo, fue tejiendo una red de alianzas que, en el campo de los derechos humanos, dio su primer fruto importante en diciembre de 2003, cuando en el marco de la marcha de la resistencia Hebe Pastor de Bonafini expresó su alegría por “la fluidez de un contacto, antes imposible con los gobernantes de turno, y la apertura de una expectativa nueva en la Asociación, que esperamos no ver defraudada”. La metamorfosis de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue acompañada sin chistar por el conjunto de su organización, desde la que no se alzó una sola voz de protesta hasta estos días, cuando la filial Alto Valle (Río Negro y Neuquén) hizo público un comunicado marcando su disconformidad con el giro progubernamental que convocó a votar por Cristina.
Paralelamente a las incorporaciones al partido de gobierno de referentes de luchas importantes del pasado y de organizaciones como las que formaron el esperpento llamado Libres del Sur, Kirchner supo utilizar los medios de comunicación para demonizar a los que, como dijo gráficamente Aníbal Fernández en octubre de 2003, “sacaran los pies del plato”. La reactivación económica, aunque para pocos, fue suficiente para que los sectores medios se olvidaran del efímero “piquete y cacerola”. Para mediados de 2004 la “opinión pública”, cuidadosamente construida por el aparato mediático del gobierno, reclamaba mano dura frente a todo tipo de protesta, y silenciaba, como pocas veces antes, el crecimiento imparable de la represión policial en las barriadas populares. A partir de represiones masivas como la de la legislatura el 16 de julio, o la de Plaza de Mayo el 31 de agosto, se empezó a hacer más visible el carácter represor del gobierno. Sin embargo, para muchos, esos hechos marcaban “un giro” en su política, y no el paso siguiente en un plan cuidadosamente desarrollado desde el primer día de gobierno.

Los números del “gobierno de los derechos humanos” cantan
En estos cuatro años y medio, el kirchnerismo logró batir todos los records anteriores en materia de represión y persecución política, con el mayor número de presos políticos acumulados desde 1983. Creció a ojos vista la represión “legal” a través de causas criminales en las que jueces y fiscales endilgan a los militantes delitos cada vez más graves. El poder legislativo dictó una ley represora tras otra. La sanción, hace unos meses, de la nueva “ley antiterrorista” fue el más reciente acto de una larga serie de reformas que, con la excusa doméstica de la “inseguridad”, o la internacional del “terrorismo”, fue dando a los ejecutores del plan más y mejores herramientas para reprimir. La represión directa a los petroleros en Santa Cruz, a los docentes neuquinos con el asesinato de Fuentealba, a los trabajadores pesqueros de Mar del Plata o la ocupación del hospital Francés por gendarmería, son sólo algunos hechos salientes de una política constante.
En las barriadas populares, el gatillo fácil mata un pibe día por medio; la aplicación de la tortura en cárceles y comisarías es tan sistemática como silenciada y las detenciones arbitrarias son la regla, igual que las extorsiones y el fraguado de causas penales. El aparato de seguridad del estado recibe permanentes aportes de capital con millonarias compras de pertrechos y sus agentes son los únicos empleados públicos que han visto crecer sus sueldos casi al ritmo de la inflación. La imposición de control social ocupa también a la prefectura y la gendarmería, que patrullan barrios enteros, mientras aprenden de los policías a gerenciar el tráfico de drogas, el robo y contrabando de autos y la prostitución, entre otros muchos delitos.
Nada ha sido tan efectivo para ocultar esta realidad como el uso que el gobierno, y Kirchner en particular, vienen haciendo de los juicios contra los represores de la dictadura. Se han propagandizado como “el gobierno de los derechos humanos” con iniciativas como el cierre de la ESMA y su conversión en Museo de la Memoria; el descuelgue de los cuadros de los genocidas en las escuelas militares; la anulación de las leyes de impunidad, y la promoción oficial de la reapertura de los juicios de los ’80, en los que el gobierno participa como querellante a través de la secretaría de DDHH. Pero éstas no son medidas que puedan “balancearse” con los hechos represivos, compensando de alguna manera las torturas, el gatillo fácil, los presos políticos o la militarización de ciudades y provincias enteras como el caso de Santa Cruz. La tan cacareada “política de DDHH” del gobierno se limita a quienes ningún servicio útil pueden prestar hoy al estado, salvo ser condenados como representantes de una “derecha” de la que se esfuerzan en distinguirse, y a la que le endilgan la desaparición de López, la muerte de los tres policías en La Plata, las amenazas a los encuestadores oficiales en el tramo final de la campaña presidencial y la inflación. El gobierno no necesita hoy vejestorios como Etchecolatz, Von Wernich, el Turco Julián o Jeringa, y sí, en cambio, precisa el consenso que esas pocas condenas le dan para gasearnos, torturarnos y fusilarnos “en defensa de las instituciones democráticas”.

Lo que se viene
La “profundización del cambio” nos promete más de lo mismo. Crecerá la miseria, crecerán las luchas, y crecerá la necesidad del gobierno de la nueva presidenta de reprimir a mansalva, tanto preventivamente para impedir la organización, como para disciplinar a los que se obstinen en resistir la explotación. Una señal clara de la previsión oficial de que tendrán que reprimir más y con mucha fuerza surge de la asignación de partidas en el presupuesto para el año 2008. Como dice el mensaje que acompañó el proyecto al congreso, se hizo “un esfuerzo de asignación selectiva de los gastos”, es decir, más plata para lo más importante.
Sobre un total estimado de $161.486,5 millones para todo el año, los servicios de “seguridad y defensa” tienen reservados $9.950,8 millones, con un aumento respecto de 2007 de 14,9%. El ministerio del interior, que maneja la policía federal, gendarmería y prefectura, tiene destinados $328,2 millones, más del doble del año anterior, para adquirir bienes de uso, es decir, armamento, sistemas de comunicaciones y material rodante. Para el ministerio de educación, en cambio, el monto de inversión previsto es de $36,8 millones, casi diez veces menos. El rubro “seguridad interior” tiene asignados más de 4 millones de pesos para gastos generales. Vivienda y urbanismo, apenas tres millones(1). Para los espías de la SIDE se dispuso la cifra récord de $627 millones para partidas secretas, con un incremento del 35%, superando los montos totales de educación y salud(2).
Así las cosas. El próximo 10 de diciembre, además de la banda presidencial, a Cristina Fernández, Néstor Kirchner le traspasará el garrote para reprimir al pueblo.
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NOTAS
1) Ver http://www.mecon.gov.ar/onp/html/presutexto/proy2008/mensaje/mensaje2008.pdf
2) Es el mayor fondo destinado a gastos secretos desde que se sancionó la Ley de Inteligencia en 2002.

EL GOBIERNO CONTRA LA EDUCACIÓN PÚBLICA

El gobierno de los Kirchner continúa con su política de destrucción de la educación pública.
El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Así como en la salud o como en el conjunto de las políticas públicas, la educación ha sufrido un enorme recorte presupuestario. De la mano del kirchnerismo, el presupuesto educativo continúa siendo miserable. Éste, ha sido uno de los mejores continuadores de la privatización y el hundimiento de la educación pública.
Las escuelas se caen a pedazos; ante la pobreza, muchas se han convertido prácticamente en comedores; los sueldos de los docentes no cubren ni por cerca la canasta básica... El panorama es cada vez peor y cuando hay organización y lucha por una mejor educación, la respuesta del gobierno sigue siendo la represión (ver “El traspaso del garrote”). Algunos de los casos más recientes son el fusilamiento de Carlos Fuentealba por parte de la policía en Neuquén o la militarización y las patoteadas que sufrieron los docentes santacruceños directamente por parte de funcionarios gubernamentales.
Con la aprobación de la nueva Ley de Educación han garantizado la vigencia de la Ley Federal menemista, cambiando alguna que otra coma, para dejar intacta la política de vaciamiento presupuestario y la participación de las empresas en gran parte del financiamiento para abastecerse de mano de obra barata en nombre de las pasantías y para imponer sus planes de estudio y formación.
El acceso a la educación, en cualquiera de sus niveles, es cada vez más difícil. Con los bajos salarios y la inflación, una familia no puede cubrir los gastos básicos que implica la escolarización de sus hijos como la vestimenta, los útiles, el transporte. Muchos ya ni siquiera cubren los gastos de alimentación y salud. Los chicos van a comer y por lo tanto es imposible que mantengan su atención en el aprendizaje. Los chicos viven enfermos por la falta de una buena alimentación y atención médica, por ende pierden gran parte del ciclo escolar. Y a estos problemas, que atentan contra la educación, hay que sumar la desocupación que golpea fuertemente en las familias y la droga como mecanismo de control social en los barrios.
Sobre esta realidad, quieren hacernos creer que el problema educativo es porque los docentes no garantizan la cantidad de días de clases necesarios. Para esto, el gobierno, acordando con la burocracia de CTERA, aprobó la ley de los 180 días que restringe a los docentes su derecho al paro. Lo cierto es que el problema esencial sigue siendo presupuestario.
En el caso de la Universidad de Buenos Aires, una de las más importantes del país, este recorte presupuestario también es realmente notable. Hay un gran porcentaje de docentes que trabajan ad honorem, lo que significa que para vivir tengan que trabajar en otro lado o de otra cosa, no pudiendo dedicar el tiempo necesario a preparar clases, investigar, perfeccionarse (eso sí, según el gobierno, si el nivel educativo es bajo es porque los docentes hacen paro). Esto, muchas veces, trae con frecuencia un cierto perfil de docentes en la universidad: intelectuales absolutamente despegados de la realidad, comprometidos en la defensa del sistema y que pueden desempeñarse en esas condiciones debido a su situación material.
Por otro lado, las condiciones de la mayoría de las facultades son deplorables: hacinamiento de las aulas, techos que se caen, pisos que se inundan, baños sin capacidad para el uso de tanta gente. A esto se suma la falta de recursos exclusivos para el estudio y la investigación: las bibliotecas están desmanteladas, no hay materiales suficientes en los laboratorios, los médicos hacen prácticas (cuando logran conseguir un lugar) en hospitales que no tienen ni algodón.
Toda esta situación es parte de un ataque sistemático a los derechos básicos del pueblo para allanar el terreno a la clase dominante. Sometiendo al pueblo trabajador a vivir en las peores condiciones (sin viviendas, sin educación, sin hospitales y sin trabajo dignos) buscan la docilidad y, con ella, la creciente explotación.
Es imprescindible la lucha contra la destrucción de la educación pública, independiente de las direcciones gremiales burocráticas y de las iniciativas privadas de las empresas cuyo único objetivo es el aumento de sus ganancias.
Esta lucha es una más que debemos dar por la transformación de esta sociedad y en la defensa de los intereses del pueblo.

OTRO OBRERO MUERTO

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Santa Fe: “Un obrero muerto y dos intoxicados por escape de ácido”. “Un operario murió y otros dos resultaron con principio de asfixia como consecuencia de un escape de ácido en una planta industrial de la ciudad santafesina de Esperanza...”
En Puerto Madryn: “Falleció otro obrero de Aluar”. “Otra víctima por la caída del silo”.
Ciudad de Bs. As: “Un obrero muerto y tres heridos por un derrumbe en una obra en construcción”. “Un obrero murió y otros tres resultaron heridos como consecuencia de un derrumbe registrado en una obra en construcción del barrio porteño de Belgrano”.
Buenos Aires: “Murió el obrero que cayó en pozo en Hurlingham”. “El hombre estaba atrapado a tres metros de profundidad en un hueco repleto de agua, en la calle Mariano Acha al 700 de ese partido bonaerense”. “Bomberos rescataron el cuerpo”

Estos titulares reflejan una realidad terriblemente frecuente.
Recientemente, trascendió el caso del obrero de la construcción muerto como consecuencia de un derrumbe en Capital Federal. Pero este caso no es más que la punta de un iceberg. Es incontable la cantidad de obreros muertos mientras realizan su trabajo. Muertes que la prensa de la burguesía se esfuerza por ocultar. Muertes que ocurren a lo largo y a lo ancho del país, en empresas pequeñas y en empresas grandes. Son las muertes del capitalismo.
Como venimos exponiendo en estas páginas, el capitalismo, para saciar su sed de más y mayores ganancias, mata trabajadores. Los explota al máximo posible, les saca hasta la última gota de sudor y también hasta la última gota de sangre. Mata sin distinción a obreros de la construcción, textiles, mineros, metalúrgicos... a todos.
Los medios de comunicación, cuando es imposible esconder estas muertes, les dan un tratamiento más que indignante. Dan la noticia en tiempo record y hasta como consecuencia de otra información. En este último caso, las principales radios del país informaron la muerte en medio del informe del tránsito para advertir a los automovilistas no transitar por tal o cual calle ya que había demoras debido a un derrumbe en el que un obrero resultó muerto.
Por supuesto que ninguna cámara empresarial envió condolencias ni mucho menos. Ni el gobierno ni ningún candidato siquiera mencionó el hecho. Pero tampoco la UOCRA ni ninguna central sindical. ¡Qué distinto sería si, en lugar de un obrero, hubiese muerto un empresario mientras gerenciaba su negocio, o un comerciante o cualquier pequeñoburgués ejerciendo su trabajo o profesión!
Los obreros son muertos anónimos. Nadie da sus nombres. Son las muertes del capitalismo que acabarán sólo cuando los trabajadores comencemos a construir la nueva sociedad, cuando el gobierno sea de la clase trabajadora.

ARMANDO CAVALIERI

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

Este “histórico” de la burocracia sindical es el actual Secretario General de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS) que agrupa a 300 sindicatos siendo el que más afiliados tiene en el país. Es además el Presidente de la Obra Social de Empleados de Comercio y Actividades Civiles (OSECAC); y el Secretario General del Sindicato de Empleados de Comercio (SEC, filial Capital Federal de la FAECyS). Puestos obtenidos sobre la base de sus buenas relaciones con los gobiernos del momento y los empresarios de su sector.
Cavalieri es un declarado defensor de las inversiones extranjeras, de la seguridad jurídica de las empresas, del superávit fiscal y del pago de la deuda, aunque lo propone “pausadamente”. Es, por supuesto, un férreo defensor del gobierno de Kirchner con quien dice tener una “buena relación”.
En su transformación en empresario se hizo dueño de dos empresas de medicina prepaga (AMSA y GALENO) y socio del secretario legal y técnico de Kirchner, Carlos Zannini, en la Fundación Primero Argentina. Su adquisición más importante es el predio de Parque Norte ubicado en una de las zonas más caras de la Ciudad de Bs. As. otorgado bajo el gobierno de Menem en el que también explota, junto a la iglesia, “Tierra Santa”, el “parque temático más grande de Latinoamérica” según dice su publicidad.
Su comunión con el oficialismo es tal que, la última edición de TODOS (publicación del SEC) la tapa reza: “Profundizar el cambio para consolidar el despegue nacional” y lleva la foto, tomada durante el último congreso del SEC celebrado en Parque Norte, de Armando Cavalieri junto al ministro Tomada y al presidente Néstor Kirchner. Por si fuera poco, recientemente afirmó que “Este gremio va a estar en la primera línea, en las buenas y en las malas, apoyando la profundización del cambio”. Como vemos, un kirchnerista furioso.

HUGO MOYANO

El Revolucionario Nº30 (Noviembre de 2007)

El jefe de la burocracia sindical argentina es el Secretario General del Sindicato de Camioneros y el actual Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT). Por el sindicato de choferes de camiones recauda más de 90 mil millones de pesos anuales.
Este dirigente del PJ, ex diputado por la provincia de Bs. As., y declarado kirchnerista, controla el tren Belgrano Cargas, manejando un subsidio de 22,5 millones de pesos, en sociedad con Franco Macri y un grupo de capitales chinos. Maneja también, a través de testaferros (su esposa, Liliana Zulet; el socio de su mujer, Fermín Byracob; y su yerno, Francisco Zulet), un holding empresarial conformado por las empresas de salud IARAI S.A.; la constructora Jewelry Fashion S.A.; y Dixey S.A. A través de este holding provee al sindicato de camioneros el servicio de salud y construye los edificios de su obra social.
Los cálculos más conservadores estiman que el ex camionero administra unos 545 millones de pesos por año, entre subsidios del gobierno, fondos de obras sociales y demás negocios.
Este sindicalista/empresario es dueño de una quinta de 7 mil metros cuadrados en Parque Leloir, valuada en 500 mil dólares. La quinta de 10 habitaciones y 4 baños está fortificada con una muralla de dos metros de alto a su alrededor que fue mandada a construir por Moyano. Otra de sus propiedades es una casa de dos plantas en el porteño barrio de Boedo, valuada en 100.000 dólares, al igual que su nuevo Audi 0Km. Es también propietario de un campo de 2.000 hectáreas en Carmen de Areco (ruta 7, Km. 155). También se le adjudican varias propiedades de esta naturaleza a nombre de otro de sus testaferros, Juan Manuel Palacios.
Su apoyo al gobierno kirchnerista es rotundo. En plena campaña electoral, declaró que “Nosotros apoyamos la candidatura a presidenta de la compañera Cristina Kirchner; con ella se va a profundizar el modelo económico y creo que vamos a andar mejor” Esto también lo ubica como uno de los principales obstáculos que debe enfrentar y derrotar la clase trabajadora argentina.