En la ciudad de Buenos Aires, fruto deseado por el enorme presupuesto que maneja y los pingües negocios que habilita, tres listas se perfilan para disputar, en las urnas, el manejo de la caja.
Por el kirchnerismo, con su habitual dedocracia, el laudo de Cristina fue inapelable. De los tres precandidatos, Filmus y Tomada fueron elegidos para ocupar la candidatura a jefe y vicejefe, y el tercero, Boudou, fue premiado con la vicepresidencia. La lista de diputados la encabeza un trofeo oficialista, el nieto recuperado Juan Cabandié, pieza importante en la ejecución de su política de cooptación de los organismos de derechos humanos.
Mauricio Macri, después de amagar un rato a la presidencia, finalmente se quedó con la candidatura local. No hay mayores novedades en la conformación de su lista, donde los lugares se deciden como se elige la junta de directores en una sociedad anónima.
Será, seguramente, entre ellos dos, probados representantes de los intereses de los capitalistas, que se dirimirá la jefatura de gobierno. Mientras Macri propagandiza lo que puede de su “gestión”, y llena la ciudad con afiches que nos dicen “Vos sos bienvenido”, Filmus acumula a su favor con el argumento de que es la alternativa anti-Macri, como si cambiar el signo porteño del PRO al kirchnerismo fuera a resolver los sueldos docentes; los problemas de la educación, la salud o la vivienda; el trabajo en negro y las tercerizaciones o la represión. Queda claro que, de ganar, Filmus gobernará la ciudad como el kirchnerismo viene gobernando la nación, es decir, con ricos más satisfechos y trabajadores más explotados.
Atrás, pero en carrera, queda Pino Solanas, presentado como “la opción progresista”. Después de haber desbancado a Lozano, al que le había prometido ir por la ciudad, mientras él se candidateaba a presidente, habrá dos listas de diputados y comuneros que apoyarán a Solanas para la jefatura de gobierno: la propia, con el PSA y el MST, y la del Frente Amplio Progresista, con Claudio Lozano (CTA) a la cabeza, Roy Cortina (PS), Cristina Calvo (GEN), Humberto Tumini (Libres del Sur) y Héctor Polino (PS). En su campaña, Solanas ha retomado casi textualmente, con su “Podemos”, el slogan del viejo Frepaso, “otro país es posible”.
Lo que no es posible, para los trabajadores y el pueblo, es imaginar que cualquiera de ellos, comprometidos con los intereses de uno u otro sector capitalista, pueda generar una sola medida favorable a los intereses populares.