La “política” de la izquierda electoral

Cada vez que se abre un nuevo proceso eleccionario en que la burguesía medirá fuerzas entre sus distintos representantes y legitimará a sus principales candidatos para reafirmar su conducción del estado patronal, una parte de la izquierda se lanza de lleno a la práctica electoral. En lo que sigue presentamos un debate con esos compañeros.



Entre los sectores de la izquierda que se inclinan hacia la práctica electoral, hay quienes consideran que es posible avanzar hacia la transformación social por medio de la vía parlamentaria. Son abiertos representantes de una corriente histórica, la socialdemocracia, que rechaza el camino de la revolución y se incorpora, en cambio, a la práctica institucional del capitalismo, para intentar cambiar algunas cosas “desde adentro”. Su destino comprobado es, o bien pervivir como grupos irrelevantes (que, además de rechazar la organización para la revolución, tampoco logran peso en la política burguesa), o, bien, adaptarse por completo a las pautas del parlamentarismo capitalista, acercándose a partidos patronales para poder tener chances. Es el destino tantas veces repetido que, en el caso de llegar a instancias de poder representan opciones abiertamente antipopulares como el PT de Lula en Brasil, el Frente Amplio uruguayo de Mujica, o el Frente Grande y la Alianza de De la Rúa en nuestro país. Hoy esas experiencias intentan repetirse, y distintos grupos se incorporan a proyectos como Proyecto Sur, el socialismo de Binner, o el mismo kirchnerismo.

Pero además de esta visión “posibilista” que nos llama abiertamente a bajar las banderas socialistas contra la explotación y la opresión, hay otra versión del electoralismo de izquierda que sostiene ser capaz de mantener una práctica clasista militante y, al mismo tiempo, aprovechar “tácticamente” la participación electoral, con lo cual, se supone, la actividad electoral no sería el centro de su política.

Este llamamiento a la participación electoral, tiene un primer problema serio: se vuelve imposible para estas fuerzas ser claros en la necesaria denuncia sobre el carácter capitalista del estado y del rol legitimador que cumple el sistema electoral para sostener el dominio de la burguesía, toda vez que ellos mismos buscan ser parte de ese proceso. Así, vemos como, lejos de poder desenmascarar el rol de la democracia parlamentaria como recurso para el dominio patronal, su discurso se reorienta hacia un reclamo para profundizar ese sistema, pidiendo “más democracia”, “pautas claras”, “igualdad de tratamiento” y demás formulaciones(1).

Más allá de este problema central, es preciso hacer notar que esa pretendida “táctica” electoral que, se supone, sólo estaría acompañando una política más general para el desarrollo de la revolución, se transforma, en realidad, en el centro de la política de muchas de estas fuerzas. Así, pasan a centrar toda su militancia sobre el plano electoral, poniendo a disposición para eso el grueso de sus medios de difusión, económicos y sus militantes, e incluso tratan de que todas las organizaciones sociales, sindicales y políticas se encuadren en esa misma dinámica electoralista.

Tan profunda es su aprehensión a este recurso que consideran que participación electoral es sinónimo de “política”, acusando a quienes no comparten su afán electoralista de “apolíticos” y “sindicalistas”, y tirando así por la borda los planteos más elementales del marxismo y del leninismo que jamás asimilaron mecánicamente, como ellos, a la política con el electoralismo.

Pero además de estos problemas para nada menores, es necesario poner en evidencia también, cómo el camino electoral tracciona fuertemente a estas fuerzas hacia posicionamientos que nada tienen que ver con una orientación revolucionaria, como ahora sucede con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Es que, al contrario de lo que dicen, sobre que la “táctica” electoral serviría para amplificar la difusión de ideas revolucionarias, lo que vemos más bien es cómo, para poder ser aceptados en el marco de la disputa electoral que domina la burguesía, los candidatos y las fuerzas van acomodando su discurso y lenguaje a las exigencias de la democracia parlamentaria (defensora de las instituciones, obviamente) y a los reclamos de las clases medias.

Tal vez uno de los puntos donde eso se hace más patente es en la posición de esta izquierda electoral ante el reclamo reaccionario de “mayor seguridad”, lo que en criollo significa, ni más ni menos que más represión para los más pobres. Lejos de señalar esta realidad tan evidente (que tal vez no brinde tantos votos), sus candidatos y programas se proponen presentar “soluciones” a la inseguridad.

Por supuesto, jamás le reclamaríamos a la izquierda electoral que sea capaz de realizar un imposible, como sería lograr desde una banca de legislador transformar las condiciones estructurales que en la sociedad actual dan lugar a la delincuencia. Es claro que para eso sería indispensable cambiar las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pobre, impactando de tal forma en la alimentación, la vivienda, la educación y demás puntos centrales, que permitan revertir la desesperación y la descomposición a que nos ha llevado el capitalismo dependiente argentino. No le pediríamos jamás a un legislador que intente hacer lo que sólo una revolución puede hacer. Lo que es realmente sorprendente es cómo, siendo así las cosas, la izquierda electoral es capaz de hacer programas contra la inseguridad, brindando supuestas alternativas dentro del sistema actual. Así, el FIT, por ejemplo, plantea la creación de nuevas fuerzas represivas supuestamente “democratizadas” a partir del control o la elección ciudadanas, algo que linda peligrosamente entre el ridículo y formas de legitimación de la represión.

En la campaña de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, un programa de 10 puntos del FIT dice en el eje “inseguridad ciudadana”: “A diferencia de Solanas que propone la transferencia de la sospechada Federal a la Ciudad, o sea, una medida jurisdiccional, planteamos la creación de una fuerza realmente autónoma de protección de los derechos ciudadanos, responsable ante la población y cuyos integrantes resulten seleccionados por organizaciones populares y de derechos humanos independientes del Estado. De este modo, combatiremos la inseguridad cotidiana en su raíz...”. Y en otro volante del FIT para el mismo distrito puede leerse, entre lo que llaman “nuestras propuestas”: “Derecho a la sindicalización policial y elección del comisario. Autoorganización de los vecinos para disuadir el delito”. En fin... difícil ser más explícitos. Con tal de conseguir el apoyo de quienes reclaman mayor seguridad, la izquierda electoral es capaz de acercarse a sus discursos y prácticas, diluyendo así las posiciones de clase. No en vano, quienes hoy encabezan el FIT convocaron y participaron de las movilizaciones de Blumberg contra la inseguridad, con la intención de mostrarse susceptibles a un recamo popular... de derecha. Hoy nos proponen métodos para el fortalecimiento de la corporación policial (como ya sucede en Europa, abonando la sindicalización de los represores), la “elección democrática” de los comisarios verdugos del pueblo, o directamente armar a los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires para combatir la inseguridad... algo abiertamente reaccionario.

Así, con la participación electoral, no sólo apoyan los mecanismos institucionales para la dominación, dificultando su denuncia, no sólo desplazan recursos y energías a la vía muerta del parlamentarismo, sino que además se empapan ellos mismos de concepciones reñidas con las tareas de la revolución y el socialismo. Eso sí, están convencidos de que eso es “hacer política”. No lo compartimos, compañeros.


NOTAS:

1) Es lo que pasó, por ejemplo, tras la modificación de la ley electoral y la campaña contra la “proscripción” de la izquierda y por la “democratización” del sistema electoral.