La coyuntura electoral pone en el tapete la discusión sobre las posiciones que desde la izquierda debemos tomar ante este proceso impulsado por los sectores patronales para dirimir sus diferencias y legitimar su dominio. Los debates incluyen las posibilidades y el rol de la participación electoral por parte de la izquierda y la posición a tomar frente a elecciones (sobre todo los ballotages) en las que existe como única opción la elección de candidatos patronales.
El primer aspecto tiene que ver con la caracterización positiva que algunas fuerzas le asignan a la participación electoral. Ya hemos señalado más de una vez(1), por qué consideramos que en el marco de situación actual, la participación electoral de la izquierda no contribuye a la organización de este campo. Con ello se dedican enormes esfuerzos y recursos a una campaña en la que se contribuye a legitimar el mecanismo de renovación de los gobiernos de la burguesía, sacando fuerzas de los lugares de organización y lucha del pueblo trabajador. Pero además, uno de los problemas más evidentes del proceso electoral, es que la izquierda, en su esfuerzo por captar votos, ablanda su discurso a las pretensiones de los sectores medios, e incluso llega, como sucede ahora, a convocar a apoyar la candidatura de Cristina Fernández, pidiendo que se la acompañe con las boletas de diputados de izquierda.
Esto último es lo que salió a plantear el máximo candidato del Frente de la Izquierda y los Trabajadores (FIT), que en un intento por conseguir ampliar su caudal de votos, empezó a diferenciar a Cristina Fernández del conjunto de su séquito (algo así como una renovada teoría del entorno), cargando las culpas sobre quienes la rodean y no sobre la máxima dirigente del gobierno y del PJ. En una nota periodística Jorge Altamira decía: “...pasa lo siguiente, ¿qué hacemos con Cristina que me lleva de candidato a un amigo del hombre que mató a mi compañero Mariano Ferreyra como lo es Carlos Tomada? ¿Llamo a votar a Tomada? Ni muerto. (...) Yo no voy a votar a Gioja que es un hombre de la Barrick Gold. ¿Puedo votar a Peralta?, si está reprimiendo a los docentes y trabajadores de Santa Cruz. No, yo creo que a la gente militante y luchadora del kirchnerismo hay que decirle: ‘Querés defender a Cristina, bueno votála sólo a ella. Para abajo votá al Frente de Izquierda’. Si Cristina es el proyecto y los demás son todos derechistas, votá al Frente de Izquierda”(2). Es decir que con tal de sacar votos, el dirigente del FIT propone algo así como “colectoras” junto al Frente para la Victoria que incluirían fórmulas como “Cristina Fernández-José Montes” en provincia de Buenos Aires o “Cristina Fernández-Marcelo Ramal” en la capital.
En fin... aunque según sus defensores se trata de meter una cuña y amplificar la voz de los trabajadores socialistas en medio de las instituciones de la burguesía, lo que vemos de la participación electoral es una orientación a legitimar, no sólo a las instituciones patronales, sino ahora también a sus candidatos, hasta el punto de llamar a votar por Cristina Fernández.
El otro aspecto, es la decisión de apoyar a lo que algunos suponen un “mal menor” en referencia a los candidatos del PJ kirchnerista, en contraposición a otros considerados “peores”. Esto es algo que acabamos de ver para el ballotage de la ciudad, y que tranquilamente puede repetirse en la escena nacional. Es la opción seguida por aquellos que, sin sumarse a las filas gubernamentales, vienen insistiendo en los supuestos “aspectos positivos” del kirchnerismo. Así sucede con el grupo Juventud Rebelde 20 de Diciembre (La Mella), que en la segunda vuelta de las elecciones porteñas convocó votar a Filmus, explicando: “para los que sabemos lo que es el macrismo y lo sufrimos en carne propia los llamados al “voto en balnco” y las posturas prescindentes suponen, cuanto menos, errores incomprensibles”(3).
Como hemos insistido ya en numerosas oportunidades, no compartimos la posición de aquellos que ubican al kirchenrismo como un punto intermedio entre la izquierda y otros sectores patronales como Duhalde o Macri, en nombre de algunos planteos gubernamentales, principalmente los referidos a DDHH. En primer lugar porque, por ejemplo como sucede en el tan citado caso de los DDHH, el gobierno no sólo no es un ejemplo positivo, sino que, por el contrario, se caracteriza por sostener una campaña represiva sin parangón, con record de presos políticos (más de cien), 15 asesinados en protestas populares, miles de procesados, más de 1.700 asesinados por el gatillo fácil y la tortura, etc. Es decir que, más allá de la discursividad, el sesgo progresista no es tal. Pero además, en segundo lugar, porque, por más que se contemplaran cambios positivos en tal o cual campo, lo esencial, lo más importante para una caracterización del kirchnerismo, más allá de los matices sobre cuestiones accesorias, es la posición que asume el gobierno contra el pueblo trabajador y en defensa de los intereses patronales, junto a los grandes grupos económicos, las cúpulas empresarias, la burocracia sindical, el aparato punteril del PJ y la dirección del estado represor. Siendo así las cosas, llamar a votar a favor de los candidatos del gobierno (o en contra de su oponente, que es lo mismo), es contribuir al fortalecimiento de un proyecto antiobrero y abonar la confusión entre las filas del pueblo trabajador.
Si hoy la discusión está tan centrada en la agenda electoral que ha puesto la burguesía es porque desde el pueblo trabajador no hemos desarrollado los canales de organización y lucha orientados a una transformación revolucionaria que marquen un camino alternativo. Por supuesto que hemos avanzado en este tiempo, en que se ha fortalecido la actividad del movimiento obrero independiente, recuperando comisiones internas y otras instancias de organización. Pero está pendiente, además de su importante ampliación, el avance en las instancias de organización política, para la conformación de un partido revolucionario de los trabajadores.
La convocatoria electoral es una agenda impuesta por la burguesía sobre la cual esta izquierda (con poco desarrollo y sin partido revolucionario) no tiene capacidad de incidir. En este marco, insistimos, nuestras tareas están por fuera del proceso electoral. Por supuesto, no compartimos el apoyo, ni abierto ni crítico, al gobierno nacional y sus funcionarios, responsables, entre otras cosas, del asesinato de Mariano Ferreyra y de los luchadores de Ledesma. Y a su vez, consideramos que participar de las elecciones en estas condiciones contribuye a legitimar los mecanismos de dominación, lleva a un corrimiento casi total de las tareas de organización de base, y lo que es más grave aún, termina diluyendo las posiciones de clase y adaptándose al discurso patronal en defensa de la democracia, de las instituciones, la reproducción del discurso de “la inseguridad” y hasta el apoyo a sus candidatos.
En contraposición, es preciso que nos aboquemos esforzadamente a desarrollar la organización y la lucha del pueblo trabajador, sin llamar a apoyar a ninguno de los representantes patronales, y sin abandonar nuestros espacios de lucha ni nuestras posiciones de principios empujados por los condicionamientos de la agenda electoral. Si avanzamos en nuestra organización independiente, podremos, entonces, marcar nuestra propia agenda para alcanzar el cambio de esta sociedad. Y no dependerá de unas elecciones.
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NOTAS:
1)”La falsa opción de la izquierda electoral” en ER N°68 y “La política de la izquierda electoral” en ER N°70.
2) Entrevista publicada en el diario “Diagonales” el 24 de julio.
3) “Construir una fuerza popular contra el macrismo”, Juventud Rebelde 20 de Diciembre.