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LA CLASE TRABAJADORA VA RECUPERANDO EL PROTAGONISMO

Como un aporte central para el impulso de la revolución socialista es fundamental desarrollar la organización y la lucha independiente de la clase trabajadora y avanzar en la construcción de una dirección antiburocrática, clasista y combativa para el movimiento obrero.

La lucha revolucionaria y por el socialismo nos exige el desarrollo de la organización de la clase trabajadora en todos sus niveles. En el plano sindical, enfrentando a la burocracia para desplazarla de la dirección de los sindicatos y construir un movimiento sindical clasista, antiburocrático y combativo, que represente, organice y conduzca la lucha de la clase trabajadora. En el nivel político, mediante la construcción del partido revolucionario, que nuclee a la vanguardia de la  clase obrera y el pueblo trabajador, a aquellos que se asuman como revolucionarios y sean consecuentes en la práctica, para desplegar el combate contra la burguesía y el capitalismo en todos los terrenos de lucha.
En esta nota, haremos un análisis de las características de la lucha sindical que desarrolla la clase trabajadora en nuestro país, repasando su situación estructural, su organización antiburocrática y la lucha contra la avanzada de los capitalistas.

La importancia de la clase trabajadora

 En Argentina, la enorme mayoría de la sociedad es parte de la clase trabajadora(1), la única clase que produce, con su trabajo, la riqueza social. Según los datos oficiales, los asalariados constituyen aproximadamente el 94% de la población económicamente activa, estimada en casi 20 millones de habitantes, mientras que los patrones, tan solo, el 6%. Y, entre los asalariados, más del 90% cumplen funciones como operarios o trabajadores sin personal a cargo y solamente una ínfima minoría se desempeña en cargos jerárquicos.
Estos primeros datos, dan cuenta clara del peso que tiene la clase trabajadora en la estructura económica y social del país, al tiempo que reafirman el carácter minoritario de la burguesía, clase que vive de la explotación de la enorme mayoría de la sociedad.
A su vez, dentro de la clase trabajadora, los trabajadores ocupados rondan (siguiendo datos oficiales) aproximadamente el 80%, mientras que los desocupados y los subocupados, el 10% y el 13% respectivamente. Esta situación, también pone en evidencia que la clase trabajadora ocupada, atravesada por una heterogénea realidad laboral(2), constituye el sector mayoritario en Argentina.
En esta situación, cobra singular relieve la clase obrera vinculada directamente a la producción. Es que la cuarta parte de los trabajadores registrados se desempeña en áreas fundamentales para el capitalismo local, como son la industria manufacturera, la construcción, la minería y la actividad agropecuaria(3). Y, a pesar de la fragmentación de la producción a través de las PyMES, que explotan a una buena parte de la clase obrera, aproximadamente la mitad de los obreros vinculados directamente a la producción trabaja para grandes empresas que concentran cientos y, en algunos casos, miles de trabajadores(4). A esto se suma la concentración de la inmensa mayoría de este sector de la clase obrera en los centros urbanos, fundamentalmente Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que concentran casi las tres cuartas partes de la población económicamente activa de todo el país. A su vez, una importante cantidad del resto de los trabajadores, desarrolla su actividad en sectores también vitales para la economía, como el trasporte, las comunicaciones y los servicios.
Este panorama demuestra la importancia que tiene, en la estructura económica y social de Argentina, la clase trabajadora en su conjunto, y, particularmente, la clase obrera industrial, que se concentra en las grandes fábricas de las principales ciudades del país.

Las direcciones burocráticas

 En la actualidad, si bien se desarrollan importantes conflictos obreros a diario, la gran mayoría son monopolizados por las direcciones burocráticas. Para mantener controlada y disciplinada a la clase trabajadora y sus luchas, la burguesía se encarga de sostener a una casta de dirigentes sindicales que, por sus posiciones políticas, sus métodos y sus privilegios, conforman la burocracia sindical. Esta burocracia es la voz y la representación de los intereses del empresariado y el gobierno entre los trabajadores y es uno de los obstáculos que debe derribar la clase trabajadora para desatar la lucha contra el capitalismo.
En Argentina, la burocracia sindical está representada por la CGT, una central abiertamente empresarial y oficialista, y la CTA, una burocracia más “progresista”, también propatronal y progubernamental(5). Pese al desprestigio de muchos de sus dirigentes, ambas centrales sindicales ejercen una fuerte y casi hegemónica influencia sobre la mayoría de la clase trabajadora argentina. Por esto mismo, entre otros tantos factores, la mayoría de los trabajadores están educados en las ideas de la defensa del capitalismo, de sus instituciones, de su democracia y de la conciliación de clases, como consecuencia de la ausencia de un movimiento antiburocrático que pueda disputar a la burocracia la dirección de la clase obrera.
Sin embargo, a pesar del chaleco de fuerza que impone la burocracia sobre la clase trabajadora, ésta logra ofrecer cierta resistencia a los ataques de las patronales, desbordando y muchas veces enfrentando a la conducción de la burocracia.


La cotidiana lucha de clases

 Durante los últimos años, la clase trabajadora argentina viene recobrando el protagonismo perdido en la vida política nacional. La conflictividad entre trabajadores y capitalistas ocupa un lugar de importancia en la realidad social y pone en evidencia el carácter permanente que tiene la lucha de clases. En su necesidad de aumentar los niveles de explotación de la clase trabajadora para incrementar sus ganancias, los capitalistas arremeten con violencia sobre los salarios y las condiciones laborales, e instrumentan suspensiones y despidos con el mismo objetivo. Por supuesto, esta avanzada constante del capitalismo encuentra resistencia entre los trabajadores y sus organizaciones sindicales.
Así se pone en evidencia, en los conflictos que se desarrollan en forma sistemática, que la clase trabajadora enfrenta la avanzada empresarial(6).
Además, es creciente la importancia de las luchas en el sector privado por sobre el público. En la actualidad, tres de cada cuatro conflictos se producen en el sector privado de la economía(7). Esta situación es demostrativa de la confrontación directa que asume la clase obrera contra la patronal, en cada establecimiento laboral.
Es necesario señalar, además, que los principales rubros donde se desarrollaron la mayor cantidad de conflictos constituyen lo fundamental de la economía capitalista. Desde 2005 a la actualidad, la industria manufacturera, el transporte, el almacenamiento y las comunicaciones se han alternado entre los sectores de mayor conflictividad laboral.
El desplazamiento de las luchas desde el sector público al privado y el protagonismo en las ramas principales de la economía marcan un cambio cualitativo en la lucha del conjunto de la clase trabajadora. Es decir que, si bien en los últimos años la cantidad de conflictos se mantiene relativamente estable, se observa un avance en la calidad de las luchas, ya que se desarrollan en los principales rubros de la actividad económica del país y pone de manifiesto la determinación de enfrentar directamente a los capitalistas en cada lugar de trabajo.
En sintonía con este proceso, uno de los datos más significativos de la conflictividad obrera en los últimos años está relacionado con el carácter de base de las luchas y los reclamos. Se está desarrollando un proceso en el que los organismos de base de la clase trabajadora (Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas) van asumiendo un protagonismo creciente en la organización y la instrumentación de las medidas de fuerza contra los capitalistas, poniendo en evidencia el proceso embrionario aún de organización obrera desde cada establecimiento laboral(8). En muchos casos, los conflictos se desarrollan sin, o contra, la representación burocrática(9).
En este escenario, es necesario destacar que esta lucha cotidiana de los trabajadores se desarrolla a pesar de que una escasa porción de la clase trabajadora se encuentra sindicalizada, aproximadamente el 37%, y pese a que sólo el 12,4% de las empresas que operan en el país cuenta con presencia de delegados sindicales(10).
Todo esto pone en evidencia el lugar de importancia que está ocupando la lucha sindical de la clase trabajadora contra la burguesía, sobre todo en el sector privado de la economía y en rubros tan delicados para el capitalismo, como la industria y el transporte. Al mismo tiempo, son demostrativos del proceso, incipiente aún, de organización independiente, desde cada lugar de trabajo, sin la tutela o directamente contra la burocracia sindical de la CGT y la CTA, que protagoniza la clase trabajadora argentina.

 El movimiento independiente

 Entre todos los conflictos y luchas desarrollados en los últimos años, se han destacado experiencias tan importantes como las del Subte(11), Kraft, Fate, Arcor, Zanón, el Hospital Garrahan, los SUTEBAs recuperados, entre tantas otras.
Sin dudas, todas estas experiencias reflejan el punto más avanzado al que ha llegado la clase obrera en los últimos años en organización y lucha, en el plano sindical, contra la burguesía, sus gobiernos y la burocracia. Son experiencias construidas a lo largo de varios años y que representan los ejemplos más importantes de organización independiente, donde los obreros han recuperado (o construido, como en el caso del subte) los organismos sindicales, como los Cuerpos de Delegados, las Comisiones Internas y las Seccionales, y han apelado a los métodos de lucha de los trabajadores, como la huelga, el piquete, el sabotaje, la movilización y la ocupación de la planta o, como en Zanón, la puesta en marcha de la producción bajo el control obrero. Estas experiencias del movimiento independiente, en su momento, han puesto en el centro de la escena política el debate planteado por los trabajadores y se han constituido en ejemplos para el conjunto de la clase trabajadora.
En cada una de estas luchas puntuales, toda la clase trabajadora ve una referencia a seguir. Por eso, el encono con el que las ataca toda la burguesía, con su amplio arsenal: gobierno, justicia, represión, burocracia, prensa, como se evidenció en el conflicto de Kraft. Es que en cada uno de estos conflictos se enfrentan, a pequeña escala, los trabajadores y los capitalistas, como clase. Se dirime quién se impone en la batalla. Por eso, una derrota se convierte en un importante revés para todos los trabajadores y en un fortalecimiento de las filas de los capitalistas. El caso del paso a la burocracia de un sector del Cuerpo de Delegados del subte, es un ejemplo de esto. Asimismo, un triunfo de los obreros en lucha robustece los ánimos y la predisposición a la pelea de toda la clase trabajadora, como ocurrió con la ruptura del techo salarial impuesto por los obreros de la alimentación, que repercutió favorablemente en otros rubros(12).
En la actualidad, sin dudas, existe y, no exento de contradicciones, se desarrolla un movimiento de los trabajadores independiente de la burocracia sindical, de los gobiernos de turno y de los capitalistas. Una prueba irrefutable de ello, han sido los sucesivos encuentros obreros celebrados en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde está radicada una de las concentraciones fabriles más importantes del país. Hace más de tres décadas que no se desarrollaba en Argentina un encuentro obrero de semejantes características (antiburocrático y antipatronal) y de tales dimensiones (casi 500 delegados y activistas sindicales). Sobre la base de innumerables conflictos, luchas y experiencias sindicales, se ha logrado avizorar una perspectiva de coordinación y fortalecimiento de la organización y la lucha de la clase trabajadora.
El movimiento independiente aun es incipiente y representa a un sector muy reducido de la clase trabajadora. Es una tarea central del momento el fortalecimiento de este movimiento que pueda enfrentar a la burocracia sindical y se plantee como una alternativa para la lucha de los trabajadores.

Por una dirección antiburocrática, clasista y combativa

 Hoy, la clase trabajadora argentina carece de una dirección antiburocrática, clasista y combativa.
Entre las corrientes políticas que intervienen y tienen cierta influencia en el movimiento sindical por fuera de la burocracia, se encuentran las que no bregan por la independencia de clase, sino por las alianzas con algún sector de la burguesía o de la burocracia sindical(13). Estas organizaciones están muy lejos de convertirse en una alternativa real para la clase obrera, ya que no confían en la fuerza de los trabajadores, por eso depositan sus esperanzas en el auxilio de sectores enemigos de la clase obrera, como los capitalistas y los burócratas.
Por otro lado, existen varias organizaciones y experiencias de lucha que abrazan las banderas de la independencia de clase. Sin embargo, por sus concepciones políticas, estas organizaciones enarbolan el pacifismo y la denuncia de los métodos de lucha que no se ajustan a la legalidad del régimen; y promueven un falso atajo institucional, que deposita en las elecciones la confianza que no tienen en la lucha(14). De este modo, si bien son parte integrante del movimiento independiente de los trabajadores, muchas veces ponen un freno a la lucha de la clase obrera contra los capitalistas y los burócratas.
En los límites que encuentra la lucha reivindicativa de la clase trabajadora se pone de manifiesto la ausencia de una dirección antiburocrática, clasista y combativa. La decisión política de no impulsar más allá de los carriles institucionales la lucha obrera contra la burguesía por parte de organizaciones reformistas se evidencia por ejemplo en la falta de preparación para resistir los golpes de la represión en cada conflicto.
El escándalo en el último encuentro obrero de zona norte, al que organizaciones como el PO directamente ignoraron, también evidencia la carencia de una organización que priorice el desarrollo organizativo de los trabajadores y no las apetencias electoralistas, como hicieron el PTS y el MAS(15), intentando dirimir sus diferencias sobre candidaturas en ese ámbito o “construir un gran partido de los trabajadores”(16), confundiendo las organización sindical con la partidaria.
En la actualidad, la clase obrera destaca un conjunto cada vez más importante de activistas y delegados antiburocráticos para la lucha. Esto constituye un gran paso adelante, que debemos extender y desarrollar para construir una dirección clasista y combativa, que sea parte protagónica y oriente el cauce de la organización y la lucha sindical, como parte fundamental para el enfrentamiento general contra la burguesía.

 

Conclusiones

 Como hemos visto, es la clase trabajadora, la inmensa mayoría de la sociedad, quien hace funcionar el país.
Además, el sector ocupado en las ramas fundamentales de la economía nacional posee un peso considerable en la estructura económica y social argentina y existen importantes concentraciones obreras en las grandes fábricas de los principales centros urbanos.
En los últimos años, pese a que, en su gran mayoría, la clase trabajadora se encuentra encorsetada, política y organizativamente, por la burocracia sindical de la CGT y la CTA, la lucha obrera viene recuperando el protagonismo perdido. La conflictividad obrera se fue desplazando de los sectores estatales a los de la industria, el transporte y las comunicaciones, evidenciando un avance cualitativo en la lucha de la clase trabajadora porque, además, de la mano de este proceso, se va poniendo de manifiesto el insipiente cuestionamiento a las direcciones burocráticas, a través del desarrollo de conflictos conducidos por los organismos sindicales de base.
Hoy, sobre la base de este proceso de desarrollo de la lucha sindical en los sectores más importantes del proletariado argentino, va apareciendo un movimiento sindical independiente de los capitalistas, los gobiernos y la burocracia sindical.
En este escenario, y ante lo incipiente del movimiento independiente, es necesario contribuir al desarrollo de la organización clasista, antiburocrática y combativa de la clase trabajadora desde cada lugar de trabajo, desde cada coordinación, para avanzar en este sentido y forjar, al calor de la lucha, otra dirección para la clase obrera argentina. Esta tarea, junto a la construcción del partido revolucionario de la clase obrera, es fundamental para avanzar por el camino de la revolución socialista.

NOTAS:
1) Para ver un panorama más amplio de la estructura social en Argentina, y de la clase trabajadora en particular, ver nuestro “Análisis de Situación 2010”, en http://blog-otr.blogspot.com.
2) Entre los trabajadores ocupados, un alto porcentaje trabaja “en negro”. De los aproximadamente 15 millones de trabajadores ocupados que existen en la actualidad, entre 5 y 6 millones se encuentran en negro, y entre 9 y 10 millones, en blanco. Además, hay cerca de 2 millones de trabajadores “autónomos”. Hay que tener en cuenta que estos números son aproximados ya que es de público conocimiento que las estadísticas son manipuladas según quién las realice.
3) En esta relación no consideramos a los trabajadores en negro que, como hemos visto, oscilan entre el 33% y el 40% del total de trabajadores.
4) Algunos ejemplos: Arcor tiene 20.000 obreros; Telefónica, 10.000; Ledesma, 7.300; Peugeot, 5.900; Siderar, 5.700; Wolkswagen, 5.600; IMPSA, 5.6000; Molinos, 5.000; Cargill, 4.400; Quilmes, 3.700; Sancor, 3.700; La Serenísima, 3.600; Ford, 3.200; Kraft, 3.200; Toyota, 3.000...
5) Para ver el historial de los principales dirigentes de la CGT y la CTA, ver nuestra sección “Desfile de burócratas”, disponible en http://blog-otr.blogspot.com.
6) Por ejemplo la CTA en su informe “Estudios sobre conflictividad laboral y negociación colectiva”, elaborado por el Observatorio del derecho social que publica desde mayo de 2005 hace mención a que se produce un conflicto laboral por día y que la gran mayoría de estos conflictos se vinculan a reclamos salariales y a la lucha contra las suspensiones y los despidos, como respuesta a la crisis capitalista.
7) De 2005 en adelante, los conflictos en el ámbito privado ascendieron del 57% al 74%, registrado en el primer trimestre de este año. (62% en 2006, 68% en 2007, 74% en 2008 y 2009).
8) En el año 2006, el 73% de los conflictos en el sector privado se desarrolló a nivel empresa, con el protagonismo de la representación sindical en cada lugar de trabajo. Ese porcentaje, con la excepción del año 2007 (68%), ascendió (75% en 2008, y 78% en 2009) hasta alcanzar el 89% actual, que evidencia el proceso de organización obrera desde cada establecimiento laboral.
9) Este porcentaje oscila entre el 12% y el 15% de los conflictos sindicales.
10) El detalle de la presencia de delegados por empresa es el siguiente: de las PyMES con entre 10 y 49 empleados, sólo el 7,5% cuenta con delegados sindicales; de las empresas con entre 50 y 200 trabajadores, sólo el 27,7%; y de las grandes empresas con más de 200 empleados, se llega al 52,2%.
11) Si bien la experiencia del Subte es una de las más importantes de los últimos años y se ha referenciado como la vanguardia del movimiento obrero, recientemente, debido a las posiciones políticas de varios de sus dirigentes, la burocracia de la CTA ha cooptado a una buena parte de los delegados del subte, integrándolos a la lista de Yasky. Ver este proceso en “El ingreso del subte a la CTA”, en ER Nº60, agosto de 2010, disponible en http://blog-otr.blogspot.com.
12) A raíz de la ruptura del techo salarial con la lucha de la alimentación protagonizada por los obreros cordobeses de Arcor, los trabajadores de empresas como Fate y Metrovías tomaron las banderas de un aumento salarial similar al obtenido por el gremio alimenticio.
13) Es el caso del PCR, el MST e IS que apoyaron al empresariado rural en su disputa con el gobierno kirchnerista. Los dos primeros sumaron su apoyo a la burocracia de De Gennaro/Micheli contra Yasky. Esto, por no hablar del PC que hace mucho ya se ha pasado abiertamente a las filas de la burguesía.
14) Entre estas organizaciones contamos al PO, al PTS y al MAS, entre otras.
15) Ambas organizaciones rompieron el encuentro al pretender imponer sus propios candidatos en las listas para las elecciones de la CTA. Finalmente, cada una impuso a un militante propio a la cabeza de las listas de oposición de la central.
16) Esta consigna, enarbolada hoy por el PTS, es la expresión del reformismo encarnado también por otras organizaciones, como el PO y el MAS. Buscan fundir la organización sindical con la revolucionaria, confundiendo sus tareas y exigiéndole al movimiento sindical que levante consignas propias de un partido revolucionario y al partido que se amolde al sindicalismo. Esta concepción de partido sobre la base de los sindicatos o del sindicalismo es parte de una estrategia de poder que no contempla la lucha revolucionaria por el socialismo, y que implica, en los hechos, la orientación hacia un camino gradual de reformas, movilizaciones y huelgas, no sólo que no rompan, sino que también se adapten al régimen institucional de la burguesía.


LA CLASE OBRERA ES EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN

Los enemigos declarados del marxismo y, por ende, de la revolución socialista, han hecho, y continúan haciendo, denodados esfuerzos por negar los pilares del marxismo revolucionario. Pretenden negar, por ejemplo, la división de la sociedad en dos clases sociales antagónicas y la lucha ininterrumpida entre éstas. Algunos diluyen la división clasista de la sociedad invocando unos supuestos “intereses comunes de toda la sociedad”. Otros, reconociendo la existencia de la clase obrera y la burguesía, bregan por una imposible conciliación entre los intereses de unos y otros. Ambas posiciones, y los incontables matices intermedios entre una y otra postura, niegan y combaten los intereses y las aspiraciones de la clase trabajadora, preservando la realidad existente en la que impera el dominio de los capitalistas.
Sin embargo, muchas veces, los ataques más camuflados a la teoría de la lucha de clases y, por ende, a la lucha revolucionaria de la clase obrera por el poder, provienen desde las filas de los que se refieren a la necesidad del “cambio social” o de la “construcción de poder popular”, eufemismos que muchas veces son empleados para no referirse a la revolución socialista y mucho menos a la toma del poder por parte de la clase trabajadora. Para ello, hay quienes han revisado la teoría de Marx (aunque en muchos casos también la han ignorado o directamente la han combatido) y, sin dejar de reconocer que la sociedad se encuentra dividida en clases que luchan entre sí, han negado a la clase obrera como el sujeto de cambio, es decir, como el único capaz de desarrollar la lucha de clases por el camino de la revolución y el socialismo; o han planteado que debido a las diversas formas que reviste la explotación, la esencia de ésta y, por ende, del capitalismo, requiere abandonar la perspectiva de la revolución con la clase trabajadora como actor principal. En este afán, han aparecido conceptos antimarxistas que “reemplazan” a la clase obrera por las llamadas “multitudes”, como lo ha hecho Toni Negri y lo reprodujo en nuestro país Luis Mattini; o surgen formulaciones igualmente antimarxistas, como la de “sujeto-pueblo”, adoptada por el PC. Todas estas concepciones niegan la existencia de la clase obrera como una clase independiente enfrentada irreconciliablemente a la burguesía y, por eso mismo, la lucha por la revolución socialista.
Otras tendencias, en cambio, desorientadas por la coyuntura o directamente impulsadas por un espíritu oportunista, trasladan a otros sectores sociales el papel principal que tiene la clase obrera en la lucha por la revolución socialista, como sucedió en nuestro país con el auge del movimiento de desocupados.
En la mayoría de los casos, se hace referencia a la “desaparición” de la clase obrera como tal, como clase independiente capaz de llevar la lucha por el camino de la revolución y el socialismo.
Pese a los cambios producidos en la realidad laboral a lo largo de los años, el capitalismo mantiene y se sostiene sobre la explotación de la clase obrera. La fragmentación de la clase trabajadora a través de la proliferación de la PyMES, la disminución de la cantidad de obreros en cada fábrica debido al progreso técnico, la tercerización instrumentada por las grandes empresas, y la precariedad laboral bajo todas sus formas (desocupación, trabajo en negro, con contratos basura, con monotributo...), no alteran lo fundamental de las relaciones sociales entre la clase trabajadora y la burguesía. Una minoría de capitalistas sigue siendo la propietaria de los medios de producción. La mayoría trabajadora no tiene otra alternativa que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, bajo la explotación del sistema. Al mismo tiempo, sigue siendo la clase trabajadora la única capaz de poner y mantener en funcionamiento, o no, los pilares fundamentales de toda la economía, como son las fábricas, los transportes y las comunicaciones.
Por todo esto, el rol de la clase trabajadora en la estructura económica y social de la sociedad y su lucha irreconciliable contra la burguesía tiene una importancia central para derrotar al capitalismo.

Paritarias: El rol de la burocracia y el ejemplo de la organización independiente de los trabajadores

En un marco de sostenida inflación, continúan las negociaciones salariales y se evidencian nuevamente el rol conciliador y proempresario de la burocracia sindical y la potencialidad de la organización independiente de los trabajadores.

No es noticia que el aumento de precios atenta mes tras mes contra el salario. Así viene ocurriendo, sin excepción, todos los últimos años. Tampoco es noticia, aunque muchas veces se intente mostrar el perjuicio sobre otros sectores, como la “clase media” o incluso sectores de ingresos altos, que la inflación funciona como política de ajuste sobre la clase trabajadora. No puede ser de otra manera cuando los aumentos más importantes se dan en los precios de alimentos o alquileres.
En este marco inflacionario y de ajuste sobre los trabajadores, juega un rol clave la burocracia sindical, negociando aumentos por debajo del incremento general de precios y apostando a la conciliación con la patronal, con el menor grado de confrontación posible. Acuerdos que surgen, sin excepción, a espaldas de los trabajadores, y que además de no compensar los aumentos de precios, se realizan en varias cuotas e incluyen cláusulas sumamente desfavorables, como el compromiso de paz social. Esto es lo que vino pasando desde comienzos de año en gremios de peso como la UOM, la CTERA o Bancarios.
En el mismo sentido, en el mes de junio, el burócrata kirchnerista líder de la CGT, Hugo Moyano, firmó un aumento para el gremio de Camioneros del 25% en tres cuotas, que se terminará de cobrar recién en marzo de 2011. Como en los últimos años, Moyano buscó con su acuerdo volver a poner un techo para la discusión salarial, en un momento en el cual, luego de la lucha de los trabajadores de la alimentación, se instaló el debate sobre la necesidad de reabrir paritarias y de superar los índices marcados a principios de año por la burocracia, el empresariado y el gobierno. “Llegar al 25 por ciento no fue sencillo. Estamos conformes, creemos que ha sido un buen acuerdo. No queríamos hacer algo que no se pueda cumplir”, aseguró el burócrata cegetista. Lo cierto es que, por lo tanto, además de mostrar con sus declaraciones su permanente disposición a respetar la ganancia empresaria pidiendo sólo “lo que se puede cumplir”, Moyano jugó sus cartas buscando poner paños fríos en la discusión salarial a nivel general.
La realidad no se presenta mejor para los trabajadores en el gremio Gastronómico, más allá de que el porcentaje que negoció Barrionuevo(1) con las patronales del sector fue bastante superior al de Moyano. Es que el burócrata gastronómico, a diferencia del jefe de la CGT, se encuentra entre los que se alinean con el ex presidente Eduardo Duhalde, como Venegas de la UATRE y, por lo tanto, aprovecha el marco de las negociaciones paritarias para calar en la interna peronista. No es necesario aclarar, que la realidad de precarización, flexibilización y salarios por debajo de la canasta básica del gremio gastronómico en nada mejoraran con este promocionado aumento de Barrionuevo.
Es que la discusión salarial y la organización sindical de los trabajadores en general, no pueden limitarse, como muchos pretenden, a una simple discusión de porcentajes. Queda más que demostrando cuando se ve que acuerdos que son presentados como elevados por la burocracia y como “insostenibles” por los empresarios, terminan dejando el salario igualmente muy por debajo de la canasta básica, referencia mínima que deben tener todos los gremios a la hora de definir salarios, independientemente de los porcentajes. Y esta cuestión tan básica, como el hecho de alcanzar un salario que permita cubrir necesidades elementales como el alimento, la vestimenta y la vivienda, no es puesta en discusión en ningún caso por la burocracia sindical. Y no lo es, desde luego, porque la burocracia mantiene como premisa la conciliación con el empresariado, respetando sus reglas y alineándose siempre tras alguna fracción política de la clase capitalista.
Bien distinta es la situación cuando se desarrolla y se consolida la organización independiente de los trabajadores. Así ha quedado demostrado, una vez más, con el caso de los obreros de la alimentación, que organizados desde las bases en varias de las plantas más importantes del país y de forma independiente de la burocracia que conduce la FTIA (Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación) han impulsado un plan de lucha, que incluyó cortes de ruta, paralización de la producción y la toma de establecimientos, y que logró imponer un acuerdo salarial, muy superior a lo que la burocracia de Daer, Morán y Morcillo estaba dispuesta a negociar. Y, además del importante acuerdo salarial, el caso de la alimentación, al igual que el del Subte o Fate, es un ejemplo muy valioso en tanto participan del proceso de lucha y de discusión, desde las bases, cientos de trabajadores. Así, mientras la burocracia apuesta por la conciliación con los empresarios y participa de lleno en la interna de los distintos partidos patronales, tras los cuales busca encarrilar a los trabajadores, las comisiones internas o cuerpos de delegados recuperados que se organizan de fuerza independiente, marcan un camino de lucha en pos de la defensa de los verdaderos intereses de la clase obrera.
Las opciones están, por lo tanto, claramente establecidas. Ante la necesidad de avanzar con mejoras salariales y en las condiciones laborales, el único camino que tenemos los trabajadores es el de barrer a la burocracia sindical y consolidar la organización independiente de la clase obrera.



NOTAS:
1) Después de algunas idas y vueltas, Barrionuevo firmó con las cámaras empresarias del sector un aumento del 35%, que será aplicado en nueve cuotas.

Coordinación antiburocrática

La Comisión Interna de Kraft y la de Fate convocan a un encuentro obrero que se realizará el 31 de julio, con el objetivo de “luchar por nuestras demandas, defendernos ante los ataques patronales (…) de la burocracias, promover la elecciones de nuevos delegados y comisiones internas en la zona, y apoyar a todos los trabajadores en lucha”.
En la lucha por la organización obrera independiente y contra la burocracia sindical, es fundamental impulsar el debate y la coordinación de los delegados, Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas antiburocráticas para avanzar en la recuperación de los sindicatos para ponerlos al servicio de los trabajadores.

Neuquén: ATEN levanta la huelga docente

Luego de una prolongada huelga, cuyo signo distintivo fue la participación de las bases, concluyó la lucha docente en Neuquén. Este conflicto expuso, nuevamente, el abandono al que es sometida la educación pública por parte de los gobiernos, con la complicidad de la burocracia sindical.



Como todos los años, la discusión salarial comenzó por el gremio docente. La burocracia sindical, la Lista Celeste que hoy encabezan Stella Maldonado, Eduardo López y Roberto Baradel, entre otros burócratas, firmó un mísero aumento salarial que se ubica por muy por debajo del aumento general de precios. Pero por sobre todas las cosas, la conducción de la CTERA pactó la “paz social” y dejó abandonados a su suerte a los docentes de las provincias.

El objetivo central del gobierno nacional y el sindicato era comenzar sin conflictos el ciclo lectivo en todo el país. Sin embargo, pese a la voluntad y las maniobras emprendidas por funcionarios y burócratas, el inicio de las clases no fue nada armonioso y en varias provincias la lucha de los trabajadores docentes expuso el abandono al que es sometida la educación pública por parte de los gobiernos nacional y provinciales. Así, el conflicto docente se extendió y tuvo sus experiencias de lucha más importantes en Jujuy, Tierra del Fuego, San Luis y Neuquén.



La lucha en Neuquén

En esta provincia, los trabajadores de la educación protagonizaron el conflicto más importante de este año. Desde el comienzo del mes de marzo, los docentes impulsaron un plan de lucha por un aumento salarial del 35%, entre otras tantas reivindicaciones: reintegración de prestaciones de la obra social, anulación de los impuestos al salario, mejoras edilicias, más refrigerios... La lucha incluyó una extensa huelga, cortes de rutas y movilizaciones. Además, debió enfrentar la campaña difamatoria del gobierno y la prensa, que calumnió a los trabajadores en lucha; el descuento de los días de paro; la conciliación obligatoria dictada por el ministerio de Trabajo, que no fue acatada por los huelguistas; la condena de la huelga por “ilegal”; la declaración de la educación como “servicio público esencial”, cercenando el derecho de huelga; la carnereada del paro, con “suplentes” mandados a las escuelas; los aprietes de punteros; la persecución administrativa a los docentes en lucha; y el aislamiento absoluto por parte de la conducción de la CTERA y la CTA.

Por su importancia y extensión en el tiempo, sin dudas, este conflicto concentró todo el protagonismo de la política provincial.

Un protagonismo que es consecuencia directa del proceso de organización independiente que rebasó los estrechos cauces validados por la conducción provincial y que, con el desarrollo y el fortalecimiento de las asambleas de base, que en reiteradas ocasiones se opusieron rotundamente a las directivas de ATEN, se logró sostener la prolongada lucha.



El acuerdo

Tras varios meses de conflicto, la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) aceptó la oferta gubernamental en votación dividida: 15 seccionales se pronunciaron a favor, 6, en contra. A su vez, en cada una de las seccionales, las votaciones estuvieron muy parejas.

El gobierno, que cuando comenzó el conflicto ofrecía un irrisorio 0,5%, ofertó un incremento salarial de 5,6% para media y 11,5% para inicial, primaria y especial, bien lejos del reclamo de los docentes. Además, el gobierno pretende recuperar los días sin clases, pero no garantiza el reintegro de los masivos descuentos instrumentados. La conducción burocrática provincial, dirigida por Marcelo Guagliardo de la Lista Azul y Blanca, y de la capital neuquina, dirigida por la Lista Naranja (integrante de la Lista Lila ), empujaron la aceptación de la propuesta oficial y, por ende, el levantamiento de la huelga. Después de varios intentos infructuosos, debido a la determinación de las asambleas de base de proseguir la lucha, finalmente, la gente de Guagliardo logró abortar la lucha, usufructuando el cansancio y engañando a la docencia.



El rol de la burocracia y el rol de los docentes antiburocráticos

Es bien evidente que la burocracia sindical docente se encuentra representada por la Lista Celeste , que destacó reconocidos burócratas, como Hugo Yasky, Stella Maldonado, Roberto Baradel, Francisco Nenna o Eduardo López.

Sin embargo, existen varias listas y agrupamientos que, sin ser la burocracia tradicional de la Celeste , juegan un rol similar, entregando la lucha de los trabajadores. Esto es lo que sucede en Neuquén, donde la dirección Azul y Blanca de Guagliardo, desde el primer momento, se esforzó por evitar la lucha y no tuvo más remedio que intentar controlarla después, para, llegado el momento más oportuno, entregarla sin más.

Pese al rol burocrático de la conducción provincial y del sabor amargo que pueda tener la resolución del conflicto, la lucha de los docentes neuquinos fue importante: una prolongada huelga que incluyó cortes de ruta y movilizaciones, acompañamiento de padres y alumnos, concurridas asambleas de base y una participación activa y masiva de los docentes en cada paso del conflicto son enseñanzas y aspectos valorables.

Una vez más, se pone en evidencia que una de las tareas más importantes que tienen por delante los trabajadores docentes antiburocráticos es librar la lucha contra la burocracia sindical, ocupando los puestos de delegados y organizándose para recuperar los sindicatos y ponerlos de pie, para que sirvan a la docencia y a la escuela pública.

Los trabajadores de la alimentación rompen el techo salarial

El reciente acuerdo salarial firmado por la burocracia sindical de la alimentación y las cámaras empresariales del sector, que supera el “techo” impuesto a comienzos de año, es el resultado de la presión ejercida por la lucha independiente de los obreros de las principales fábricas alimenticias del país.



A comienzos de año, como siempre, la burocracia sindical, el gobierno y el empresariado acordaron el “techo” salarial, que debía regir todas las negociaciones paritarias. Además del tope al aumento de sueldos, acordaron los pagos en cuotas, muy cómodas para los empresarios, y, como si esto fuera poco, el compromiso de “paz social”, es decir, la renuncia anticipada a la lucha por mejoras salariales y laborales. El puntapié inicial lo dio, como de costumbre, la CTERA , que firmó un mísero e irreal 23%. Después siguió La Bancaria , con un 23,5%; la UOM , con un 26,5%... Todas, cifras que se ubican muy por debajo de los índices de inflación real y que se quedan a mitad de camino del costo de la canasta familiar.

En este escenario, la nota distintiva, sin dudas, la dio la burocracia de la alimentación, que dirigen Luis Morán(1), Héctor Morcillo(2) y Rodolfo Daer(3). El sindicato de la alimentación negoció con los empresarios del sector un 35,21% de aumento salarial(4) al que se llegará recién en abril de 2011. Sin embargo, la burocracia sindical no llegó a este acuerdo por iniciativa propia, sino como consecuencia de la presión y la lucha de los trabajadores organizados en forma independiente(5). En un contexto en el que las asambleas obreras se pronunciaban por un aumento muy superior al impulsado por la cúpula sindical, la burocracia, después de haber calificado de “una locura” el planteo de los trabajadores, no tuvo más remedio que ponerse al frente del reclamo, justamente, para contenerlo y encauzarlo por la vía de la negociación y tratar de conservar su ya corroída imagen.

En el mismo sentido, si la patronal alimenticia se vio obligada a ceder semejante aumento, no fue por la capacidad negociadora de un Daer, un Morán o un Morcillo, sino por los paros por turnos, los piquetes, las movilizaciones y la paralización total de plantas enteras, en suma, por la lucha protagonizada por los trabajadores. La propia prensa de los capitalistas reconoce que “El aumento del 35% del gremio de la alimentación (fue) obtenido a fuerza de piquetes en la Panamericana y paralizaciones totales de fábricas”(6) y “sería inexplicable sin el tórrido conflicto de Kraft del año pasado, en el que debieron intervenir las fuerzas de seguridad para reprimir”(7). Y se explayan: “Con epicentro en la Capital, Buenos Aires, San Luis y Córdoba, los paros cada vez más duros (que en algunos establecimientos dieron lugar a una baja del 60% en la producción y provocaron desabastecimiento) obligaron tanto a las cámaras empresariales como al propio sindicato, liderado por Rodolfo Daer, a elevar en mayo el piso de la paritaria”(8).

Entretanto, el gobierno, a través del ministro Tomada, hizo malabares para explicar por qué dio el visto bueno a una negociación que supera considerablemente el “techo” acordado con burócratas y empresarios. Se refirió a la “mayor concentración económica”, a la “alta rentabilidad de las empresas”, al “retraso salarial”, como si él y su gobierno fueran ajenos a esta realidad y como si estos fenómenos existieran solamente en la industria alimenticia. Pero el ministro evitó, metódicamente, aludir a las verdaderas causas del acuerdo que supera el “tope” salarial: la lucha y la presión de los trabajadores en un contexto de inflación permanente.

Ahora, la lucha de los trabajadores de la alimentación, que desembocó en la firma de un acuerdo que no querían ni la patronal ni la burocracia, repercute inevitablemente sobre el resto de los gremios que tienen por delante su negociación paritaria. No es casual que el sindicato gastronómico que dirige el burócrata Luis Barrionuevo esté reclamando un 45% de aumento de sueldos, ni que el titular de la UIA , Héctor Méndez, declare que “existe una psicosis por lograr aumentos que no tienen razón de ser”.

Además, el acuerdo alcanzado en la alimentación evidencia la necesidad de retomar las negociaciones salariales en los gremios que ya instrumentaron aumentos, que fueron rápidamente devorados por la inflación, como docentes, metalúrgicos o bancarios.

Pese a que Daer lo haya presentado como “excelente”, el acuerdo no satisface plenamente las demandas obreras, ya que es escalonado, contempla la cláusula de “paz social” (que la empresa ya violó instrumentando despidos), nada dice de los días caídos, y ubica el salario bien lejos del valor de la canasta familiar, incluso del de la calculada por el propio sindicato alimenticio, que se ubica en el orden de los $3.800. De hecho, la propuesta oficial no fue avalada por las asambleas obreras y los trabajadores de Kraft, Pepsico, Stani, Bonafide y Bagley se pronunciaron en contra de la firma del acta, por considerar que podían haber conseguido más. Sin embargo, el acuerdo es una demostración más que clara de que solamente con la organización y la lucha independiente, la clase obrera, no sólo puede marcarle el paso a la burocracia, sino que, también, puede imponerse sobre ella y la patronal, por más poderosa que ésta se muestre.

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NOTAS:

1) Secretario general de la Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia (FTIA).

2) Secretario adjunto de la FTIA y secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Industria Alimenticia de Córdoba (STIA).

3) Secretario general del STIA-Buenos Aires. Ver “Desfile de burócratas”, en http://elrevolucionario-otr.blogspot.com

4) El acuerdo estipula $300 no remunerativos, por única vez y sólo para los efectivos, en la segunda quincena de mayo; y un aumento del 29,57% (21% al básico y $150 no remunerativos) desde mayo a agosto; que será del 32,67% (incorporación de los $150 al básico y un adicional de $80) desde septiembre hasta marzo de 2011; y recién llegará al 35,21% (los $80 al básico más $50) a partir de abril de 2011.

5) Ver “La lucha, protagonista del acuerdo salarial”, en este número.

6) Infobae, 20/05/10.

7) La Nación, 20/05/10.

8) Infobae, 26/05/10.

Alimentación: La lucha, protagonista del acuerdo salarial

Sin dudas, los trabajadores de la alimentación vienen protagonizando algunas de las más importantes luchas obreras de los últimos años.



Con la experiencia de la huelga de los trabajadores de Kraft, que enfrentaron a la patronal imperialista estadounidense (la segunda empresa alimenticia más importante del mundo); al gobierno, que ordenó la represión; y a la burocracia, que avaló los despidos; se encendió una de las primeras chispas en el gremio de la industria alimenticia.

Recientemente, los obreros de Arcor-Córdoba, desarrollaron la lucha más importante en lo que va del año. Fueron casi treinta días de huelga, que incluyeron cortes de rutas, movilizaciones y el desconocimiento de la conciliación obligatoria dictada por el gobierno. Estos niveles de lucha fueron posibles debido a la organización independiente que supieron desarrollar los trabajadores, hasta recuperar, en los últimos tres años, tres comisiones internas (Córdoba, Colonia Caroya y Totoral) de las cuatro plantas que Arcor posee en la provincia y lograr extender el conflicto a otras empresas, como Bagley, Georgalos, Nestlé, Orieta y Cebesé, encontrando eco y apoyo en importantes plantas de Buenos Aires, como Kraft, Pepsico, Stani, Bonafide y Felfort.

En esta lucha, que escapó al control del STIA, la burocracia hizo lo imposible por contenerla y encauzarla por los carrilles de la negociación. Promovió medidas insuficientes como paros de dos horas, levantó la huelga en la planta que Arcor tiene en la localidad de Arroyito, hizo la vista gorda a los descuentos compulsivos, no promovió el fondo de huelga, intentó carnerear el paro, y agitó el fantasma del despido frente a los obreros para desmovilizarlos.

Si bien esta importante lucha encuentra un primer momento de reposo con el reciente acuerdo salarial, aún quedan pendientes reclamos tan sentidos como el pago de los días caídos y el salario igual a la canasta familiar. Además, la patronal de Pagani comenzó a tomar represalias despidiendo a seis obreros. Rápidamente, los trabajadores votaron en las asambleas trabajar “al 50%”, en reclamo de la reincorporación de los despedidos. Para que la lucha continúe para satisfacer todas las demandas obreras, es fundamental profundizar y apoyar el proceso de organización independiente para recuperar las Comisiones Internas, hasta destronar a la burocracia verde encabezada por Morán, Morcillo y Daer.

Paro en TBA y Crítica

Emprender un camino de lucha, es la única respuesta que pueden dar los trabajadores a la avanzada patronal. Los casos de los trabajadores de TBA y Crítica.



Paro ferroviario

El pasado 14 de mayo, los trabajadores del ferrocarril Sarmiento, contra la voluntad de la burocracia de Pedraza, realizaron un paro, aprobado en asamblea, por la apertura de la discusión de la normativa del convenio colectivo y para enfrentar los intentos de reducción de personal que tiene bajo el brazo TBA. Con la implementación de la tarjeta magnética, la empresa se propone continuar avanzando sobre los trabajadores, deshaciéndose de los boleteros. Una política que se expresa como continuidad del proceso de tercerización y flexibilización que padecen los trabajadores ferroviarios.

Ante la importancia de la medida de fuerza, el ministerio de trabajo resolvió dictar la conciliación obligatoria con la intención de desarticular la organización que se desarrolla sin la tutela burocrática. La organización independiente y las asambleas como instancia de resolución, son la única garantía de la continuidad de la pelea contra la avanzada patronal.



Paro en Crítica

La lucha de los trabajadores del diario Crítica sigue en pie en defensa de los puestos de trabajo y por el pago de los salarios adeudados. Ya van varias semanas de paro y de ocupación de las instalaciones.

Entretanto, la patronal anunció que ingresó en convocatoria de acreedores y pidió un recurso preventivo de crisis, con el que pretende instrumentar más despidos, a la vez que presentó denuncias penales contra los trabajadores por “usurpación y robo”.

Ante la esperable ausencia de la burocracia de la UTPBA , es necesario alcanzar la mayor solidaridad posible con los trabajadores en lucha.

Ante el vaciamiento patronal, los obreros ocupan y ponen a producir la fábrica

Cerámica Stefani
Después de casi seis meses de conflicto, los trabajadores de la cerámica neuquina Stefani, decidieron ocupar y poner a producir la fábrica. Ni el estado, ni la patronal ofrecieron soluciones positivas a los obreros de Stefani, quienes hace ya mucho tiempo vienen luchando por la defensa de los puestos de trabajo. Por eso, con justa razón, emprendieron el único camino que garantizará su fuente laboral: la ocupación de la planta y su puesta en marcha bajo su propio control.

La respuesta del gobierno y los empresarios fue clara. Según ellos, la ocupación de Stefani es ilegal. Por lo tanto, está planteada la represión y el desalojo de los trabajadores. Consolidar la organización obrera, extender la solidaridad, ampliar la difusión del conflicto y preparar la profundización de la lucha y la resistencia es la única alternativa digna que abre posibilidades ciertas de triunfo.

La organización política de los trabajadores

La lucha de los trabajadores tiene una doble cara: se libra en el terreno sindical, pero es también una lucha política. Para llevar al triunfo la lucha y cambiarlo todo, para edificar una nueva sociedad, es imprescindible la organización política de la clase trabajadora, la construcción del Partido Revolucionario.

Lucha sindical y lucha política
Los trabajadores, cada vez más, nos organizamos sindicalmente, para luchar por mejores condiciones salariales, de salubridad, derechos de organización y demás; enfrentando de esa forma las avanzadas de la patronal o del gobierno de turno. También en nuestros barrios, en las escuelas de nuestros hijos, en los distintos lugares en los que está la clase trabajadora, se nos plantea la necesidad de organizarnos por mejorar nuestra situación, para que el gobierno no escamotee el presupuesto para salud o educación, para enfrentar la represión, para conseguir lugares dignos donde vivir... Todas estas luchas son muy importantes, puesto que nos permiten defendernos, poner algunos límites al nivel de explotación, y mejorar algunas de nuestras condiciones de vida. Y además, con ellas vamos juntando fuerzas, vamos aprendiendo a organizarnos y a enfrentar a los enemigos del pueblo trabajador.
Pero la clase trabajadora debe enfrentar un problema aún mayor. Las condiciones actuales de sometimiento, pobreza y explotación que sufrimos los trabajadores y nuestras familias, no se deben sólo a la avaricia de tal o cual patrón al que le disputamos un mejor salario, ni a la incapacidad de tal o cual gobierno que evitó poner el dinero público en las escuelas, los hospitales o en nuestros barrios.
El problema central que tenemos los trabajadores es que, bajo el capitalismo, toda la sociedad está organizada de manera tal que todo nuestro esfuerzo cotidiano es usado para el beneficio de los empresarios y sus socios, los gobernantes y los burócratas, mientras la enorme mayoría, los que en verdad trabajamos y sostenemos con nuestros hombros el desarrollo de la sociedad, estamos siempre relegados a vivir con lo mínimo, en condiciones lamentables e indignas. Y en los países pobres como el nuestro, que se han convertido en dependientes de las grandes potencias como EEUU o Europa, menos hay aún para quienes trabajamos y más para los capitalistas internacionales y sus socios locales.
Por eso, para que el fruto de nuestras luchas cotidianas abone un camino de cambios duraderos y profundos, es central que los trabajadores, al tiempo que desarrollamos la lucha sindical, logremos organizarnos políticamente, orientando nuestra pelea hacia una verdadera transformación social en función de los intereses de nuestra clase, la clase trabajadora.

Organizarnos por nuestros intereses como clase trabajadora
Así como los patrones, sus políticos y sus burócratas defienden a muerte la permanencia del capitalismo (porque saben que es el sistema que les garantiza llenarse de lujos a costa de la explotación de los trabajadores y de la miseria de gran parte del pueblo), así también nosotros debemos tener bien presente que, además de conformar la gran mayoría de la sociedad, los trabajadores somos quienes la hacemos andar, los que tenemos la capacidad y la fuerza para derribar al actual sistema de explotación, y los que podemos organizar, en cambio, una sociedad para beneficio del conjunto del pueblo trabajador.
La lucha por esa nueva organización social, por el socialismo, es, por supuesto, una lucha política que va mucho más allá de una pelea sindical que se libra contra un empresario o un gobierno para el mejoramiento circunstancial de las condiciones de vida. Por eso, la lucha política de los trabajadores es larga y también dificultosa, aunque sea, al mismo tiempo, la única que puede resolver los problemas de fondo de los trabajadores.
Esta lucha política, la lucha por el socialismo, no sustituye ni minimiza las tareas necesarias de la lucha social, de la organización sindical por el mejoramiento de algunas condiciones de vida. Pero al ser una lucha que ataca la raíz de los problemas de los trabajadores, marca una orientación para el conjunto del pueblo explotado que lucha, y plantea, además, tareas específicas, como es la necesidad de construir la organización política de los trabajadores.

El camino para nuestra lucha es la revolución
Todo trabajador que se ha planteado enfrentar a su patronal sabe de las dificultades que tiene la lucha y la organización: para conquistar alguna reivindicación hay que unir fuerzas, sumar a los compañeros a una misma causa, prepararse para enfrentar las represalias de la patronal y la violencia que vendrá de la mano de las patotas sindicales o de la represión estatal.
Del mismo modo, la posibilidad de que los trabajadores cambiemos la situación, no en una u otra empresa, sino en toda la Argentina, depende de que logremos organizarnos para enfrentar, no a uno u otro patrón en particular, sino al conjunto de los patrones junto a sus políticos y a la represión que pondrán a su servicio.
Por supuesto, esto no podrá conseguirse siguiendo las reglas que ellos ponen. Por el contrario, así como sucede en cada trabajo, también al nivel de toda la sociedad los trabajadores debemos apelar a los métodos que tenemos en nuestras manos para enfrentarlos: la organización y la lucha contra el poder de los que mandan. Por eso, la lucha de los trabajadores no es una lucha que se atenga a los condicionamientos que nos ponen los capitalistas y sus gobernantes como es la disputa electoral. No es una lucha de respeto a las pautas institucionales de esta democracia para ricos, sino que es una lucha revolucionaria, una lucha de confrontación con los que hoy tienen el poder, para enfrentarlos y derrotarlos, para que, de ese modo, los trabajadores conquistemos el poder y organicemos una sociedad sin explotación ni miseria, una sociedad socialista.

Una tarea urgente: construir el partido de los trabajadores revolucionarios
Para que los trabajadores nos organicemos en función de librar la lucha más importante que tenemos por delante, la que nos permitirá cambiar de raíz esta realidad y proyectar una nueva sociedad para nuestros hijos; es preciso que construyamos nuestra propia organización política, nuestro propio partido.
Conformar un partido del conjunto de los trabajadores que se organizan para acabar con el sistema actual, que se disponen a desarrollar la lucha revolucionaria contra los explotadores y sus representantes, es una tarea de vital importancia para que las organizaciones que hoy se construyen y las luchas que hoy se libran a todo nivel no queden a medio camino, sino que contribuyan a una transformación definitiva de la sociedad.
En ese sentido, en el camino de forjar el partido de los trabajadores revolucionarios, es que hemos conformado nuestra organización, como un paso en esa dirección. Para seguir y profundizar esa tarea, convocamos a todos los compañeros que asuman esta necesidad para lograr organizarnos políticamente todos los que nos proponemos dar impulso a la lucha revolucionaria por el socialismo en Argentina.

Organizarnos, con independencia de clase, por la revolución socialista

Dossier: Entre el antimperilalismo y la alianza de clases
El problema que tenemos los trabajadores y el conjunto de los oprimidos no es solamente tomar posición frente al imperialismo, al que condenamos y enfrentamos, sino ser capaces de combatir hasta derribar el sistema capitalista, al que el imperialismo expresa en toda su magnitud. Esto implica ser capaces de llevar adelante una lucha con independencia de la burguesía y de sus expresiones políticas (el nacionalismo burgués) para conquistar efectivamente el socialismo.

Si hay algo que nos ha mostrado la experiencia de Cuba en los primeros años de su revolución ha sido el ejemplo de cómo un pueblo puede recuperar sus recursos, reorganizar su sociedad, dar al trabajador su comida, su casa, su escuela y su hospital, todo eso y mucho más, gracias a que ha tomado el poder, se ha enfrentado de lleno con el imperialismo, ha pasado las empresas que existían en su país a manos de los trabajadores, se ha entregado a una resistencia heroica para no dejar lugar a la intervención, y ha podido entonces tomar un camino propio, cuya sola posibilidad era impensable si esa lucha antidictatorial y antiimperialista no se llevaba hasta las últimas consecuencias: hasta el cuestionamiento mismo de las relaciones capitalistas en la isla, buscando edificar desde entonces una sociedad sin explotación ni desigualdad.
Por el contrario, podemos decir que, si hay una lección que nos ha dejado la experiencia del pueblo nicaragüense, ha sido la trágica constatación de que una lucha, por más heroica y popular que sea, y aunque esté orientada contra la intromisión imperialista, si no hace propias las banderas del socialismo, si no lucha contra la permanencia del sistema de explotación capitalista en su mismo territorio, es una lucha cuyo corolario no puede ser sino la derrota de ese pueblo, sumido más tarde o más temprano, nuevamente en la tragedia de la explotación y la opresión cotidianas.
A diferencia de lo que plantea el stalinismo, la verdad es que los trabajadores no sólo no necesitamos aliarnos con la burguesía para alcanzar el poder, sino que, además, esa alianza significa la derrota de nuestro proyecto revolucionario. Por el contrario, el pueblo trabajador, esa inmensa mayoría de la sociedad que viven de su trabajo y no de la explotación ajena, es el que puede marcar el rumbo de una lucha revolucionaria por el socialismo, pues no sólo no tiene ataduras materiales que lo liguen a este sistema, sino que tiene todo por ganar en una nueva sociedad en la que se acabe con la explotación del hombre por el hombre.
Los trabajadores pueden apostar, además, a conseguir el apoyo a la revolución socialista por parte de los demás sectores del pueblo que no viven de la explotación: los estudiantes, los intelectuales, los campesinos y sectores urbanos humildes que viven de su propio trabajo. De esta forma, en base a la dirección política de los trabajadores y sus organizaciones, apoyados en una alianza, no con la burguesía sino con aquellos sectores del pueblo que asuman la dirección y el programa de los trabajadores, la lucha revolucionaria podrá efectivamente avanzar con las tareas que plantea el desarrollo del socialismo. Luego de la toma del poder, este proceso implica, en primer lugar, la expropiación de los grandes grupos económicos, de los monopolios y los multimillonarios dueños de todos los resortes estratégicos de la producción nacional. Pero continúa, además, con la erradicación definitiva de la explotación, propia de las relaciones de producción capitalista, lo que implica acabar con la burguesía como clase social... Y para ello, evidentemente, no será posible contar con la anuencia de la burguesía nacional.
Dicho esto, es evidente que nuestras tareas actuales, lejos de consistir en organizarnos alrededor de los que promueven la integración con la burguesía, el acercamiento a las PyMES o a la Federación Agraria, consiste en desarrollar la lucha independiente de los trabajadores y de los sectores del pueblo que nos acompañen en la perspectiva de la revolución socialista. De este modo, dar impulso a la revolución socialista en Argentina es una tarea actual. Nos plantea tareas concretas para orientar, en esa perspectiva, la lucha y la organización a las que nos abocamos cotidianamente.
Somos militantes prácticos. Intervenimos diariamente en la lucha social, en donde buscamos permanentemente dar impulso a la organización y a la pelea de nuestro pueblo. Pero, para que esa lucha tenga un futuro cierto y lo más próximo posible, necesitamos guiarnos por una perspectiva revolucionaria clara, desarrollando la organización de los trabajadores en ese camino, el de la revolución socialista.
En este sentido, hay dos tareas políticas imprescindibles y urgentes. Son tareas complementarias con las que se avanza simultáneamente: ninguna tienen sentido sin la otra, y cada una implica una atención y un esfuerzo particular.
Por un lado, es evidente que es preciso avanzar en el desarrollo del movimiento para la lucha de nuestro pueblo trabajador. Acercar cada vez a más hombres y mujeres al compromiso con la transformación social. Construir y desarrollar organizaciones de base. Disputar organismos y sindicatos. Impulsar, en fin, el crecimiento de la lucha social por la transformación de esta realidad.
Pero, a su vez, y como condición necesaria para que todo ese esfuerzo de lucha tenga una perspectiva revolucionaria, es preciso construir un partido de los trabajadores revolucionarios. Conformar una organización política, que nuclee a quienes se asuman como militantes revolucionarios por el socialismo en base a los acuerdos de principios que implica una empresa como ésta: la defensa de la independencia de clase, la disposición al combate por el poder, la honestidad y firmeza ética, etc.
Hoy recorremos un camino de lucha junto a muchos compañeros con quienes compartimos también definiciones importantes. Compañeros que a diario asumen su responsabilidad como militantes, que toman partido por los trabajadores contra la explotación, que asumen con valentía la necesidad del necesario combate contra los capitalistas y sus aparatos de represión. Entre ellos, muchos también coinciden en la necesidad de construir un partido revolucionario y asumen que nuestra lucha deberá seguir hasta alcanzar el poder, establecer un gobierno de los trabajadores y edificar una sociedad socialista.
Pero debemos decir también que entre muchos compañeros aparecen contradictoriamente planteos que confunden o desvían el camino que debemos seguir. Compañeros que reclaman la “liberación nacional” en vez o al mismo tiempo que la “revolución socialista”. Compañeros que consideran que para hacer la revolución hay que hacer un “frente de liberación nacional”, pero que no sacan un balance sobre el fracaso de esos frentes, que han significado siempre la subordinación a la burguesía. Compañeros que consideran que, para avanzar en la construcción de un partido, debemos convocar a la “unidad antiimperialista” o a la “unidad de los revolucionarios”, sin discriminar entre socialistas y nacionalistas o entre stalinistas y marxistas revolucionarios, cuando las aspiraciones estratégicas son francamente antagónicas.
Con todos ellos compartimos cotidianamente nuestra militancia, en cada frente de lucha, desarrollando la organización desde la base, enfrentando las avanzadas del gobierno, la burocracia, las patronales y el imperialismo. Con muchos de ellos, como lo hemos hecho ya y apostamos a repetirlo en el futuro, buscamos conformar instancias de unidad para la lucha diaria. La unidad de acción práctica, el frente de lucha para alcanzar metas en el marco de la pelea cotidiana por conquistas políticas y sociales, es una tarea fundamental.
Pero otra cosa, y una necesidad urgente, es la tarea de construir el partido de nuestra clase, herramienta imprescindible para dar impulso y cauce a la lucha de los trabajadores y el pueblo. Para ello, nuestro planteo no es el de la unidad de los “antiimperialistas” o de los “revolucionarios en general”, sino la conformación de la organización que logre unir a los revolucionarios que luchamos por el socialismo. Siguiendo en ese camino trazado por la consecuencia política, podremos construir el partido de los trabajadores revolucionarios que necesita nuestra clase para dar impulso a la revolución socialista.
Desde nuestra organización comprendemos que ésta es una tarea imprescindible y, por eso, al tiempo que nos esforzamos por desarrollar nuestra tarea militante en cada frente de lucha, le dedicamos todo nuestro esmero a la construcción del partido para la revolución socialista.

LA ORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES

El Revolucionario Nº49 (Agosto de 2009)

El empresariado plantea su agenda ante el gobierno, los políticos patronales se disputan los espacios de poder tras las elecciones de junio y la burocracia sindical promete estabilidad y acuerda salarios de miseria a cambio de dádivas… Toda la política nacional parecería estar encarnada por los capitalistas y sus agentes políticos y sindicales. Mientras, los millones de trabajadores que hacen funcionar a diario este país quedan relegados al lugar de espectadores.
En realidad, ese pueblo trabajador es el que hoy, aun estando disperso, busca las formas para resistir el embate patronal e intenta, muchas veces, organizarse. Pero aunque hoy su organización se encuentre en una fase embrionaria, es ese pueblo trabajador quien ha protagonizado siempre los grandes cambios, las grandes luchas; quien ha volteado leyes antiobreras y enfrentado a la represión; quien ha derribado gobiernos y dado impulso a las revoluciones. Porque son los trabajadores quienes cuentan con la fuerza, no sólo para sostener toda la estructura económico-social del país con su vida y su labor cotidiana, sino también para imponerle su rumbo, pararla, cambiarla, revolucionarla y hacer del trabajo colectivo la base material para el bienestar de todo el pueblo.
Si hoy empresarios, políticos y burócratas parecen ser los exclusivos protagonistas de la escena política es porque el pueblo trabajador no ha logrado aún hacer sentir su fuerza organizada. Pero somos los trabajadores, la enorme mayoría de este país, los que tenemos en nuestras manos el futuro, los que por medio de nuestra lucha podemos conquistar una verdadera transformación social. Para eso, la gran tarea de la hora, para orientar nuestra lucha común contra los capitalistas y sus servidores, es construir la organización de los trabajadores: el partido revolucionario.

EL CAMBIO VENDRÁ DE LA MANO DE LOS TRABAJADORES

Las elecciones no representan ninguna salida para los trabajadores. Son, en cambio, una herramienta que tienen los más poderosos para perpetuarse en el poder, reproduciendo la explotación y las nefastas condiciones de vida que existen bajo el capitalismo.
El Revolucionario Nº47 (Junio de 2009)

El resultado de las elecciones es siempre el mismo: por un lado los banqueros, los industriales, los empresarios agrícolas, los grandes comerciantes, los grupos trasnacionales y el coro de políticos que les sirven, seguirán festejando la abundancia de sus lujosas casas, sus fastuosas colecciones de autos, sus viajes por el mundo, sus negocios millonarios… Y por el otro lado, la enorme masa del pueblo trabajador se encontrará con que sigue soportando condiciones degradantes de vida, salarios miserables, pautas de trabajo inhumanas, falta de vivienda, desocupación, desmantelamiento de los servicios más básicos como la educación o la salud, muertes por accidentes de trabajo o enfermedades evitables, y tantas otras penurias.
Pero el actual régimen democrático, sostenido en la reiteración de las elecciones, no solamente no resuelve en lo más mínimo las aspiraciones más básicas y fundamentales del pueblo trabajador, sino que, además, funciona como un mecanismo de control social al instituir que los trabajadores no deben romper con lo establecido, no deben organizarse ni pelear para cambiar las cosas, sino que deben mantenerse dentro de la “legalidad”, reclamar por la vía institucional y esperar a las próximas elecciones para volver a “elegir” entre un cúmulo de candidatos que se disputan un sillón de diputado, senador o presidente para gobernar en defensa de los capitalistas.
Así como en el pasado nunca hemos conseguido cambios profundos y sostenidos en el tiempo por la vía institucional de la democracia electoral; tampoco en el futuro estará a nuestro alcance ninguna transformación estructural mientras nuestro pueblo deposite su confianza en los políticos del sistema, los burócratas sindicales o cualquier otro servidor del capitalismo.
En realidad, toda la historia de los trabajadores nos enseña que el camino es muy distinto: sólo desarrollando la lucha de los explotados contra los patrones, sólo orientando la pelea de todo el pueblo oprimido contra las imposiciones inhumanas de este sistema injusto, sólo fortaleciendo la organización del pueblo trabajador contra la clase que lo explota y desangra, sólo por ese camino de organización y lucha es como los trabajadores hemos conseguido en nuestra historia, y como podremos lograr en el futuro, la realización de verdaderas transformaciones sociales para el bienestar del conjunto del pueblo trabajador.
Numerosos ejemplos pequeños y grandes, desde la militancia cotidiana de tantos compañeros en los ámbitos de base, hasta las revoluciones en las que heroicamente se ha combatido para el triunfo de los trabajadores, constituyen un cúmulo de experiencias que nos marcan un camino a seguir: el camino de la lucha para conquistar una nueva sociedad, el camino de la revolución.
Contra la posibilidad de que nuestro pueblo se levante y luche por su emancipación, escucharemos siempre cantos de sirena que hablarán del cambio de época, de las enormes dificultades, de la pretendida eternidad del capitalismo o su posibilidad de humanizarse y demás discursos que buscan la resignación de quienes se saben explotados, oprimidos y condenados por este sistema de injusticias, y que buscan contra él el camino de la revolución.
Pero lo cierto es que, más temprano que tarde, los trabajadores, que somos la inmensa mayoría de este país, lograremos darnos la organización que nos permita levantarnos como una fuerza revolucionaria para voltear las barreras que ponen los poderosos en el camino al poder. Si no tomáramos el camino de la revolución sólo nos quedaría la pura resignación, la tolerancia frente a este sistema y sus miserias, la aceptación de que nuestros hijos y los de nuestro pueblo vivan analfabetos, dañados por enfermedades curables, sobrepasados por el paco, o mueran desnutridos o asesinados por el gatillo de la represión.
Esos llamados a la resignación no son nuestro problema, pues nuestro pueblo trabajador ha demostrado en innumerables oportunidades su disposición combativa y su aspiración de cambio.
Nuestro problema actual, para que esta situación cambie de una vez, es desarrollar urgente y cotidianamente la lucha y la organización que nos abra el camino hacia la revolución. Y eso implica una militancia constante y tenaz. La militancia en nuestros ámbitos naturales, en el trabajo, en los lugares de estudio, en nuestros barrios, para organizar a los compañeros contra las injusticias que a diario sufre nuestro pueblo como consecuencia de este sistema de explotación y miseria. Pero además, para que esas tareas de organización y esas luchas cotidianas se orienten de conjunto hacia la revolución, es preciso que logremos construir el partido en el que se organicen los trabajadores revolucionarios que dedican sus energías a la lucha por el poder contra este sistema de explotación
A esa tarea prioritaria vuelca todos sus esfuerzos nuestra organización.

CONSTRUYENDO EL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

Solamente el Marxismo brinda todas las herramientas necesarias para conducir a la clase obrera por la única senda victoriosa posible: la revolución socialista. Es decir, la toma del poder y la instauración de un gobierno de los trabajadores.
Marx y Engels desarrollaron el estudio de las relaciones sociales que derivan del modo de producción capitalista, hasta desentrañar por completo el mecanismo de la esclavitud asalariada. Asimismo, han expuesto de manera integral cómo y por qué los intereses objetivos de las dos clases en pugna, burguesía y proletariado, son irreconciliables.
Así, estudiando rigurosamente y participando activamente las experiencias históricas, las guerras y revoluciones, el marxismo demuestra cómo el único camino posible para resolver de una vez la explotación del hombre por el hombre es, ni más ni menos, que el combate a muerte contra la burguesía y, por ende, contra toda la superestructura política, ideológica, jurídica y militar que se erige sobre la estructura social.
Jamás en la historia hubo clase social que haya entregado el poder sin oponer la más despiadada resistencia a su enemigo. Para ello, y para garantizar la supervivencia de su régimen en las mejores condiciones posibles, las clases dominantes, la burguesía en la sociedad capitalista, se han valido del estado, que no es más que la maquinaria en la que centralizan las fuerzas de su dominación. A lo largo de la historia, y según el modo de producción imperante, las clases dominantes, a través del estado, han adoptado distintas formas de gobiernos hasta llegar a su forma más acabada: la democracia burguesa. Así lo ilustraba Trotsky, siguiendo a Marx, en “A 90 años del manifiesto del Partido Comunista”: “´El gobierno del estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa´. Esta fórmula sucinta, que los dirigentes de la socialdemocracia consideraron como una paradoja periodística, de hecho contiene la única teoría científica del estado. La democracia creada por la burguesía no es, como lo creyeron Bernstein y Kautsky, una bolsa vacía que puede ser llenada sin problemas con cualquier tipo de contenido de clase. La democracia burguesa sólo puede servir a la burguesía. Un gobierno del “Frente Popular”, esté dirigido por Blum o Chautemps, Caballero o Negrín, no es sino “una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Cuando este “comité” maneja mal las cosas, la burguesía lo echa a patadas.” Hoy, tranquilamente, podríamos reemplazar las figuras de Blum o Negrín por las de Chávez, Morales, Ortega o Kirchner y esta sentencia bien podría haber sido escrita ayer.
La democracia, por tanto, es defendida a ultranza por los capitalistas y psotulada como la forma de gobierno más justa para el conjunto de la sociedad, pretendiendo convencer, de este modo, a los explotados y oprimidos de que sólo mediante su sostenimiento y profundización es viable resolver sus penurias o realizar sus postergaciones. En Argentina, Raúl Alfonsín popularizó esta idea: “Con la democracia se come, se cura y se educa”, decía el ex presidente. Pero la democracia, democracia burguesa precisamente, no es otra cosa que la dictadura de esa clase sobre los trabajadores. Forma de gobierno que se sostiene mediante la “paz social”, es decir el orden necesario para llevar a cabo la explotación.
Según difunden los voceros de la burguesía, la democracia estaría por encima de los intereses de clase, sería neutral, y el estado sería un árbitro de los conflictos sociales. Pero no. Explica Lenin en sus “Tesis de Abril” que “Ese planteamiento de la cuestión al margen de las clases o por encima de ellas, ese planteamiento de la cuestión desde el punto de vista (como dicen falsamente) de todo el pueblo, es una descarada mofa de la teoría principal del socialismo, a saber, de la teoría de la lucha de clases, que los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía reconocen de palabra y olvidan en la práctica. Porque en ningún país capitalista civilizado existe la "democracia en general", pues lo que existe en ellos es únicamente la democracia burguesa, y de lo que se trata no es de la "democracia en general", sino de la dictadura de la clase es decir, del proletariado, sobre los opresores y los explotadores, es decir, sobre la burguesía, con el fin de vencer la resistencia que los explotadores oponen en la lucha por su dominación”.
Esta “democracia” se vale incluso de un amplio margen de maniobra, como se demuestra constantemente, según cómo, cuándo y dónde se suceda; y según qué fracción de la burguesía la dirija.
La democracia del gobierno de Uribe Vélez en Colombia, por ejemplo, mantiene una vinculación abiertamente expuesta con el imperialismo norteamericano, no sólo en cuanto a su dependencia económica y, por ende, política, sino, fundamentalmente, en lo que respecta a la intervención militar para combatir la existencia de las FARC-EP, organización que lucha contra el estado colombiano desde hace casi medio siglo. Es la democracia que calza la bota militar.
En cambio, la democracia de Hugo Chávez brinda más concesiones, declama oposición a las injerencias estadounidenses, se reclama “socialista” y ofrece variadas formas de participación popular y democrática, pero sin alterar el orden capitalista.
Ambos presidentes, que gustan mostrarse enfrentados, coinciden en lo fundamental del capitalismo: la defensa de la propiedad privada sobre los medios de producción y la explotación de la clase obrera. Por eso, no dejan de representar a la democracia capitalista, son gobiernos de la burguesía.
Hoy, en América Latina los distintos gobiernos burgueses sostienen y profundizan el régimen de explotación capitalista. Sostienen el atraso y la dependencia mediante su vínculo inevitable con el imperialismo, a la vez que vociferan ser dirigentes de un proceso de independencia y prometen un, cada vez más lejano, futuro mejor para el pueblo trabajador. Algunos con un pasado más o menos vinculado a la lucha social, otros burgueses desde siempre y algunos siervos de sus burguesías cumpliendo tareas en las fuerzas armadas, se vinculan mediante las direcciones de estados capitalistas con el único objetivo común de garantizar la dominación de la clase a la que representan y pertenecen y, además, desarrollar sus negocios.
Muchos de estos gobiernos han logrado encolumnar tras de sí a importantes sectores populares y se han ganado el apoyo de quienes, al contrario de lo señalado por el Che, pretenden “lograr la libertad sin combatir”.
Es la clase obrera, la gran mayoría de la población, quien puede emancipar a toda la sociedad del yugo de los capitalistas. Mientras esto no suceda, en el mejor de los casos el trabajador puede conseguir un mejor o peor pasar según el momento y el lugar en que le toque vivir. Podrá gozar de mayores o menores comodidades cuanto mejor pueda vender su fuerza de trabajo, pero siempre estará privado de la mayoría de los beneficios que el conjunto de su clase produce y le son expropiados.
Se nos impone modificar esta situación y, para ello, es necesario derrotar a la clase dominante para comenzar a dar vuelta toda esta organización social, en la que pocos viven con mucho y muchos viven con poco o nada.
Pretender que la burguesía cambie la sociedad en detrimento propio es pretender que se autodestruya, es negar la historia. La reacción que esta clase ha desempeñado históricamente ante cada avance revolucionario, ya sea en Rusia, Cuba, China, Vietnam..., da cuenta de lo expuesto. Y a su vez, los ejemplos dados demuestran que la burguesía puede ser derrotada. Para ello, la clase trabajadora cuenta sólo con sus propias fuerzas, que no son pocas.
La Revolución Socialista, siguiendo las tradiciones del marxismo revolucionario, es el único norte estratégico de la clase obrera. Fuera de este planteo, sólo es posible oscilar entre reformas transitorias, es decir, probar, siempre, un nuevo maquillaje capitalista.

Hoy, las posiciones revolucionarias se mantienen vivas en la continuidad del marxismo revolucionario, cuyo máximo exponente es el bolchevismo. El carácter socialista e internacional de la revolución, dos de los más importantes principios revolucionarios que prostituyó el stalinismo, se encuentra materializado en la Oposición de Izquierda, dirigida por León Trotsky, y en la acción de Ernesto Che Guevara. Ambas figuras revolucionarias combatieron en la primera línea para garantizar el triunfo revolucionario. Guevara, como comandante del Ejército Rebelde que derrocó la dictadura de Batista; Trotsky, al frente del Ejército Rojo que aplastó la contrarrevolución en la URSS.
Ambos revolucionarios fueron incansables promotores de la revolución mundial. Combatieron, así, no sólo al capitalismo en cada rincón del mundo, sino, también, a la política stalinista del “socialismo en un solo país”, que se vio coronada con la “coexistencia pacífica” y la disolución de la Internacional Comunista. Esta política desembocó en un durísimo revés para la revolución mundial: la restauración capitalista en los países del campo socialista.
Es que la revolución, por su contenido, es internacional. Trotsky realizó denodados esfuerzos por mantener vigente la internacional, el necesario partido mundial de la clase obrera, llegando a lograr la fundación de la IV Internacional, en contraposición a la degenerada Internacional Comunista de Stalin y a la socialdemócrata II Intenacional. Guevara, por su parte, no dudó en entregar su vida por la extensión de la revolución, luego del triunfo en Cuba y fue un firme impulsor y miembro de la Tricontinental.
El marxismo revolucionario reafirma la necesidad de la edificación del estado obrero, mediante la revolución socialista. A un lado quedan todas las propuestas de “frente popular” y “revolución por etapas”, es decir, las distintas reformulaciones de la negación de la revolución obrera, a través de la alianza con algún sector de la burguesía nacional.
Con estas banderas, el stalinismo ahogó en sangre procesos revolucionarios, entregó a miles de comunistas a las garras de la burguesía, en una palabra, se erigió como la corriente contrarrevolucionaria en el mundo entero. Para justificar la alianza de clases, Stalin, polemizando con Trotsky, decía, en agosto de 1927, que “La revolución en los países imperialistas es una cosa: aquí la burguesía es contrarrevolucionaria en todas las fases de la revolución. La revolución en los países coloniales y sometidos es otra cosa. Aquí la burguesía nacional, en una cierta fase y por cierto tiempo puede sostener el movimiento revolucionario.” Con posiciones de esta naturaleza comenzaba el proceso que llegaría a la política del “frente popular”.
Sin embargo, la postura revolucionaria es diametralmente opuesta. La burguesía nacional, por más progresista que se muestre, nunca dejará de ser socia menor del imperialismo, nunca cederá sus privilegios de clase, nunca dejará de ser enemiga de la clase obrera. Pretender lo contrario, sólo es posible si se renuncia, abierta o solapadamente, al marxismo, que explica, con claridad y sin ambigüedades, que la sociedad está dividida “...en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado”. Así de claros son Marx y Engels en el “Manifiesto del Partido Comunista”.
Contra la tesis stalinista, oponemos y suscribimos a cada una de las palabras de Milcíades Peña: “Cuanto más crece su riqueza, más la burguesía nacional se vincula al imperialismo y más se desnacionaliza. Las Tesis sobre la cuestión de Oriente del Tercer Congreso de la III Internacional señalaban que ´El enérgico desenvolvimiento del capitalismo en Oriente, particularmente en la India y China, ha creado nuevas bases para la lucha revolucionaria. La burguesía de estos países ha ajustado todavía más estrechamente sus ligazones con el capital extranjero, y de tal modo se ha convertido en su principal instrumento de dominación´. Desde entonces, no solo en Oriente, sino también en América Latina, esas palabras son más correctas que nunca. En todas partes el desarrollo industrial hace que la burguesía nacional se ligue ´todavía más estrechamente con el capital financiero´”.
León Trotsky fue un férreo defensor de la independencia de la clase obrera. Fue quien claramente formuló y llevó adelante la consigna de la “dictadura del proletariado”, entendiendo por ello, un gobierno obrero que no deje lugar a la contraofensiva de los capitalistas.
Guevara, por su parte, sintetizaba esta posición en “Crear dos, tres... muchos Vietnam es la consigna”: “…las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo (si alguna vez la tuvieron) y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: Revolución Socialista o caricatura de revolución.”
Hoy, estas palabras mantienen toda su vigencia.

La tarea de todo revolucionario es hacer la revolución, decía el Che. Pues bien, esa es la parte que nos toca.
La derrota que sufrió el movimiento revolucionario en los años ´70 representó, sin dudas, un brutal revés para la clase obrera. Al exterminio físico de organizaciones y combatientes, se sumó un sinnúmero de revisionistas que sacaron conclusiones que marchan en el sentido contrario de la revolución.
Explica Trotsky, en “Bolchevismo y stalinismo”, que “Las grandes derrotas políticas, provocan inevitablemente una revisión de valores. (...) El pensamiento de los rutinarios, de los centristas y de los diletantes, atemorizado por las derrotas, tiende a derrocar la autoridad de la tradición revolucionaria y vuelve al pasado con el pretexto de buscar una ´nueva verdad´”. Argentina, por supuesto, tampoco escapó a esta realidad. Rápidamente se reeditaron postulados ajenos al marxismo revolucionario como el “movimiento” en reemplazo del “partido”, la “construcción del poder popular” o “la construcción del socialismo desde abajo” contra la “toma del poder”, el “sujeto-pueblo” en lugar del “proletariado” como clase revolucionaria.
Dichas revisiones responden a la lógica de rechazar todos los grandes aciertos de los revolucionarios en entonces: como el partido fue derrotado, no hay que armar más partidos; como la lucha armada no se impuso, hay que negarla y probar otras vías; como el proletariado no hizo la revolución, hay que encontrar otro sujeto revolucionario; como no se pudo tomar el poder, ni edificar el socialismo, hay que aportar a la democracia.
Sobre la derrota del movimiento revolucionario se erigió la socialdemocracia, con todas sus corrientes internas, como el morenismo y el stalinismo. Las propuestas hacia los trabajadores, en última instancia, se reducen a la participación electoral con todas sus variables, que, encima, van de un fracaso tras otro. Ningún paso efectivo hacia un cambio total.
En medio de una nueva oleada revisionista, reafirmamos, siempre desde el marxismo, que sin organización revolucionaria, no hay revolución posible. Profundizar los aciertos del partido que llevó a su punto más alto la lucha revolucionaria en nuestro país, el PRT, es la obligación del momento. Hay que seguir avanzar, pacientemente, siempre hacia adelante.
Por eso, desde nuestra organización estamos abocados, de lleno, a la tarea más importante de la hora: construir el partido revolucionario en Argentina.

El Revolucionario Nº35 (Mayo 2008)

EDITORIAL: ORGANIZARSE Y LUCHAR
El Revolucionario Nº35 (Mayo de 2008)

Mayo es el mes del “Día Internacional de los Trabajadores”. El día en que la clase obrera de todo el mundo reafirma su lucha por transformar la sociedad, su lucha por la revolución y el socialismo.
Por esos días, en nuestro país pudimos ver, por enésima vez, al gobierno del “nuevo PJ”, que se autodenomina “nacional y popular”, arrodillarse ante el imperialismo en Washington y Buenos Aires y atentar contra la vida de los trabajadores sosteniendo una inflación ya insoportable. La política de pago de la deuda, las “excelentes relaciones” con EEUU, la extranjerización de la economía, la inflación galopante, los bajos salarios, el trabajo en negro y precarizado, la desocupación... son algunos hechos que dan cuenta de esta realidad.
Podemos ver también, cómo siguen matando obreros en sus lugares de trabajo, cómo se ponen de acuerdo para aumentar los precios de los alimentos, cómo superexplotan a los trabajadores rurales...
Podemos ver cómo los empresarios se pelean por incrementar sus cuentas, cómo viven sus vidas llenas de privilegios y en la abundancia...
En fin, podemos ver cómo unos pocos viven en el lujo a costa de la clase trabajadora. Una situación indignante que sólo la revolución por el socialismo puede transformar.
Nuestra lucha solamente puede alcanzar sus metas con la autonomía, con la independencia política de los trabajadores. La independencia del estado capitalista en todas sus manifestaciones (gobiernos, partidos burgueses, burocracia sindical, iglesia...) es un requisito primordial para que la clase obrera no “pise el palito” nuevamente y sea seducida por los cantos de sirena en los que abundan las propuestas de “soluciones mágicas” como frentes populares y demás frentes electorales, mezclados con actores y programas ajenos a la clase trabajadora.