En un marco de sostenida inflación, continúan las negociaciones salariales y se evidencian nuevamente el rol conciliador y proempresario de la burocracia sindical y la potencialidad de la organización independiente de los trabajadores.
No es noticia que el aumento de precios atenta mes tras mes contra el salario. Así viene ocurriendo, sin excepción, todos los últimos años. Tampoco es noticia, aunque muchas veces se intente mostrar el perjuicio sobre otros sectores, como la “clase media” o incluso sectores de ingresos altos, que la inflación funciona como política de ajuste sobre la clase trabajadora. No puede ser de otra manera cuando los aumentos más importantes se dan en los precios de alimentos o alquileres.
En este marco inflacionario y de ajuste sobre los trabajadores, juega un rol clave la burocracia sindical, negociando aumentos por debajo del incremento general de precios y apostando a la conciliación con la patronal, con el menor grado de confrontación posible. Acuerdos que surgen, sin excepción, a espaldas de los trabajadores, y que además de no compensar los aumentos de precios, se realizan en varias cuotas e incluyen cláusulas sumamente desfavorables, como el compromiso de paz social. Esto es lo que vino pasando desde comienzos de año en gremios de peso como la UOM, la CTERA o Bancarios.
En el mismo sentido, en el mes de junio, el burócrata kirchnerista líder de la CGT, Hugo Moyano, firmó un aumento para el gremio de Camioneros del 25% en tres cuotas, que se terminará de cobrar recién en marzo de 2011. Como en los últimos años, Moyano buscó con su acuerdo volver a poner un techo para la discusión salarial, en un momento en el cual, luego de la lucha de los trabajadores de la alimentación, se instaló el debate sobre la necesidad de reabrir paritarias y de superar los índices marcados a principios de año por la burocracia, el empresariado y el gobierno. “Llegar al 25 por ciento no fue sencillo. Estamos conformes, creemos que ha sido un buen acuerdo. No queríamos hacer algo que no se pueda cumplir”, aseguró el burócrata cegetista. Lo cierto es que, por lo tanto, además de mostrar con sus declaraciones su permanente disposición a respetar la ganancia empresaria pidiendo sólo “lo que se puede cumplir”, Moyano jugó sus cartas buscando poner paños fríos en la discusión salarial a nivel general.
La realidad no se presenta mejor para los trabajadores en el gremio Gastronómico, más allá de que el porcentaje que negoció Barrionuevo(1) con las patronales del sector fue bastante superior al de Moyano. Es que el burócrata gastronómico, a diferencia del jefe de la CGT, se encuentra entre los que se alinean con el ex presidente Eduardo Duhalde, como Venegas de la UATRE y, por lo tanto, aprovecha el marco de las negociaciones paritarias para calar en la interna peronista. No es necesario aclarar, que la realidad de precarización, flexibilización y salarios por debajo de la canasta básica del gremio gastronómico en nada mejoraran con este promocionado aumento de Barrionuevo.
Es que la discusión salarial y la organización sindical de los trabajadores en general, no pueden limitarse, como muchos pretenden, a una simple discusión de porcentajes. Queda más que demostrando cuando se ve que acuerdos que son presentados como elevados por la burocracia y como “insostenibles” por los empresarios, terminan dejando el salario igualmente muy por debajo de la canasta básica, referencia mínima que deben tener todos los gremios a la hora de definir salarios, independientemente de los porcentajes. Y esta cuestión tan básica, como el hecho de alcanzar un salario que permita cubrir necesidades elementales como el alimento, la vestimenta y la vivienda, no es puesta en discusión en ningún caso por la burocracia sindical. Y no lo es, desde luego, porque la burocracia mantiene como premisa la conciliación con el empresariado, respetando sus reglas y alineándose siempre tras alguna fracción política de la clase capitalista.
Bien distinta es la situación cuando se desarrolla y se consolida la organización independiente de los trabajadores. Así ha quedado demostrado, una vez más, con el caso de los obreros de la alimentación, que organizados desde las bases en varias de las plantas más importantes del país y de forma independiente de la burocracia que conduce la FTIA (Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación) han impulsado un plan de lucha, que incluyó cortes de ruta, paralización de la producción y la toma de establecimientos, y que logró imponer un acuerdo salarial, muy superior a lo que la burocracia de Daer, Morán y Morcillo estaba dispuesta a negociar. Y, además del importante acuerdo salarial, el caso de la alimentación, al igual que el del Subte o Fate, es un ejemplo muy valioso en tanto participan del proceso de lucha y de discusión, desde las bases, cientos de trabajadores. Así, mientras la burocracia apuesta por la conciliación con los empresarios y participa de lleno en la interna de los distintos partidos patronales, tras los cuales busca encarrilar a los trabajadores, las comisiones internas o cuerpos de delegados recuperados que se organizan de fuerza independiente, marcan un camino de lucha en pos de la defensa de los verdaderos intereses de la clase obrera.
Las opciones están, por lo tanto, claramente establecidas. Ante la necesidad de avanzar con mejoras salariales y en las condiciones laborales, el único camino que tenemos los trabajadores es el de barrer a la burocracia sindical y consolidar la organización independiente de la clase obrera.
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NOTAS:
1) Después de algunas idas y vueltas, Barrionuevo firmó con las cámaras empresarias del sector un aumento del 35%, que será aplicado en nueve cuotas.