Organizarnos, con independencia de clase, por la revolución socialista

Dossier: Entre el antimperilalismo y la alianza de clases
El problema que tenemos los trabajadores y el conjunto de los oprimidos no es solamente tomar posición frente al imperialismo, al que condenamos y enfrentamos, sino ser capaces de combatir hasta derribar el sistema capitalista, al que el imperialismo expresa en toda su magnitud. Esto implica ser capaces de llevar adelante una lucha con independencia de la burguesía y de sus expresiones políticas (el nacionalismo burgués) para conquistar efectivamente el socialismo.

Si hay algo que nos ha mostrado la experiencia de Cuba en los primeros años de su revolución ha sido el ejemplo de cómo un pueblo puede recuperar sus recursos, reorganizar su sociedad, dar al trabajador su comida, su casa, su escuela y su hospital, todo eso y mucho más, gracias a que ha tomado el poder, se ha enfrentado de lleno con el imperialismo, ha pasado las empresas que existían en su país a manos de los trabajadores, se ha entregado a una resistencia heroica para no dejar lugar a la intervención, y ha podido entonces tomar un camino propio, cuya sola posibilidad era impensable si esa lucha antidictatorial y antiimperialista no se llevaba hasta las últimas consecuencias: hasta el cuestionamiento mismo de las relaciones capitalistas en la isla, buscando edificar desde entonces una sociedad sin explotación ni desigualdad.
Por el contrario, podemos decir que, si hay una lección que nos ha dejado la experiencia del pueblo nicaragüense, ha sido la trágica constatación de que una lucha, por más heroica y popular que sea, y aunque esté orientada contra la intromisión imperialista, si no hace propias las banderas del socialismo, si no lucha contra la permanencia del sistema de explotación capitalista en su mismo territorio, es una lucha cuyo corolario no puede ser sino la derrota de ese pueblo, sumido más tarde o más temprano, nuevamente en la tragedia de la explotación y la opresión cotidianas.
A diferencia de lo que plantea el stalinismo, la verdad es que los trabajadores no sólo no necesitamos aliarnos con la burguesía para alcanzar el poder, sino que, además, esa alianza significa la derrota de nuestro proyecto revolucionario. Por el contrario, el pueblo trabajador, esa inmensa mayoría de la sociedad que viven de su trabajo y no de la explotación ajena, es el que puede marcar el rumbo de una lucha revolucionaria por el socialismo, pues no sólo no tiene ataduras materiales que lo liguen a este sistema, sino que tiene todo por ganar en una nueva sociedad en la que se acabe con la explotación del hombre por el hombre.
Los trabajadores pueden apostar, además, a conseguir el apoyo a la revolución socialista por parte de los demás sectores del pueblo que no viven de la explotación: los estudiantes, los intelectuales, los campesinos y sectores urbanos humildes que viven de su propio trabajo. De esta forma, en base a la dirección política de los trabajadores y sus organizaciones, apoyados en una alianza, no con la burguesía sino con aquellos sectores del pueblo que asuman la dirección y el programa de los trabajadores, la lucha revolucionaria podrá efectivamente avanzar con las tareas que plantea el desarrollo del socialismo. Luego de la toma del poder, este proceso implica, en primer lugar, la expropiación de los grandes grupos económicos, de los monopolios y los multimillonarios dueños de todos los resortes estratégicos de la producción nacional. Pero continúa, además, con la erradicación definitiva de la explotación, propia de las relaciones de producción capitalista, lo que implica acabar con la burguesía como clase social... Y para ello, evidentemente, no será posible contar con la anuencia de la burguesía nacional.
Dicho esto, es evidente que nuestras tareas actuales, lejos de consistir en organizarnos alrededor de los que promueven la integración con la burguesía, el acercamiento a las PyMES o a la Federación Agraria, consiste en desarrollar la lucha independiente de los trabajadores y de los sectores del pueblo que nos acompañen en la perspectiva de la revolución socialista. De este modo, dar impulso a la revolución socialista en Argentina es una tarea actual. Nos plantea tareas concretas para orientar, en esa perspectiva, la lucha y la organización a las que nos abocamos cotidianamente.
Somos militantes prácticos. Intervenimos diariamente en la lucha social, en donde buscamos permanentemente dar impulso a la organización y a la pelea de nuestro pueblo. Pero, para que esa lucha tenga un futuro cierto y lo más próximo posible, necesitamos guiarnos por una perspectiva revolucionaria clara, desarrollando la organización de los trabajadores en ese camino, el de la revolución socialista.
En este sentido, hay dos tareas políticas imprescindibles y urgentes. Son tareas complementarias con las que se avanza simultáneamente: ninguna tienen sentido sin la otra, y cada una implica una atención y un esfuerzo particular.
Por un lado, es evidente que es preciso avanzar en el desarrollo del movimiento para la lucha de nuestro pueblo trabajador. Acercar cada vez a más hombres y mujeres al compromiso con la transformación social. Construir y desarrollar organizaciones de base. Disputar organismos y sindicatos. Impulsar, en fin, el crecimiento de la lucha social por la transformación de esta realidad.
Pero, a su vez, y como condición necesaria para que todo ese esfuerzo de lucha tenga una perspectiva revolucionaria, es preciso construir un partido de los trabajadores revolucionarios. Conformar una organización política, que nuclee a quienes se asuman como militantes revolucionarios por el socialismo en base a los acuerdos de principios que implica una empresa como ésta: la defensa de la independencia de clase, la disposición al combate por el poder, la honestidad y firmeza ética, etc.
Hoy recorremos un camino de lucha junto a muchos compañeros con quienes compartimos también definiciones importantes. Compañeros que a diario asumen su responsabilidad como militantes, que toman partido por los trabajadores contra la explotación, que asumen con valentía la necesidad del necesario combate contra los capitalistas y sus aparatos de represión. Entre ellos, muchos también coinciden en la necesidad de construir un partido revolucionario y asumen que nuestra lucha deberá seguir hasta alcanzar el poder, establecer un gobierno de los trabajadores y edificar una sociedad socialista.
Pero debemos decir también que entre muchos compañeros aparecen contradictoriamente planteos que confunden o desvían el camino que debemos seguir. Compañeros que reclaman la “liberación nacional” en vez o al mismo tiempo que la “revolución socialista”. Compañeros que consideran que para hacer la revolución hay que hacer un “frente de liberación nacional”, pero que no sacan un balance sobre el fracaso de esos frentes, que han significado siempre la subordinación a la burguesía. Compañeros que consideran que, para avanzar en la construcción de un partido, debemos convocar a la “unidad antiimperialista” o a la “unidad de los revolucionarios”, sin discriminar entre socialistas y nacionalistas o entre stalinistas y marxistas revolucionarios, cuando las aspiraciones estratégicas son francamente antagónicas.
Con todos ellos compartimos cotidianamente nuestra militancia, en cada frente de lucha, desarrollando la organización desde la base, enfrentando las avanzadas del gobierno, la burocracia, las patronales y el imperialismo. Con muchos de ellos, como lo hemos hecho ya y apostamos a repetirlo en el futuro, buscamos conformar instancias de unidad para la lucha diaria. La unidad de acción práctica, el frente de lucha para alcanzar metas en el marco de la pelea cotidiana por conquistas políticas y sociales, es una tarea fundamental.
Pero otra cosa, y una necesidad urgente, es la tarea de construir el partido de nuestra clase, herramienta imprescindible para dar impulso y cauce a la lucha de los trabajadores y el pueblo. Para ello, nuestro planteo no es el de la unidad de los “antiimperialistas” o de los “revolucionarios en general”, sino la conformación de la organización que logre unir a los revolucionarios que luchamos por el socialismo. Siguiendo en ese camino trazado por la consecuencia política, podremos construir el partido de los trabajadores revolucionarios que necesita nuestra clase para dar impulso a la revolución socialista.
Desde nuestra organización comprendemos que ésta es una tarea imprescindible y, por eso, al tiempo que nos esforzamos por desarrollar nuestra tarea militante en cada frente de lucha, le dedicamos todo nuestro esmero a la construcción del partido para la revolución socialista.