Como un aporte central para el impulso de la revolución socialista es fundamental desarrollar la organización y la lucha independiente de la clase trabajadora y avanzar en la construcción de una dirección antiburocrática, clasista y combativa para el movimiento obrero.
La lucha revolucionaria y por el socialismo nos exige el desarrollo de la organización de la clase trabajadora en todos sus niveles. En el plano sindical, enfrentando a la burocracia para desplazarla de la dirección de los sindicatos y construir un movimiento sindical clasista, antiburocrático y combativo, que represente, organice y conduzca la lucha de la clase trabajadora. En el nivel político, mediante la construcción del partido revolucionario, que nuclee a la vanguardia de la clase obrera y el pueblo trabajador, a aquellos que se asuman como revolucionarios y sean consecuentes en la práctica, para desplegar el combate contra la burguesía y el capitalismo en todos los terrenos de lucha.
En esta nota, haremos un análisis de las características de la lucha sindical que desarrolla la clase trabajadora en nuestro país, repasando su situación estructural, su organización antiburocrática y la lucha contra la avanzada de los capitalistas.
La importancia de la clase trabajadora
En Argentina, la enorme mayoría de la sociedad es parte de la clase trabajadora(1), la única clase que produce, con su trabajo, la riqueza social. Según los datos oficiales, los asalariados constituyen aproximadamente el 94% de la población económicamente activa, estimada en casi 20 millones de habitantes, mientras que los patrones, tan solo, el 6%. Y, entre los asalariados, más del 90% cumplen funciones como operarios o trabajadores sin personal a cargo y solamente una ínfima minoría se desempeña en cargos jerárquicos.
Estos primeros datos, dan cuenta clara del peso que tiene la clase trabajadora en la estructura económica y social del país, al tiempo que reafirman el carácter minoritario de la burguesía, clase que vive de la explotación de la enorme mayoría de la sociedad.
A su vez, dentro de la clase trabajadora, los trabajadores ocupados rondan (siguiendo datos oficiales) aproximadamente el 80%, mientras que los desocupados y los subocupados, el 10% y el 13% respectivamente. Esta situación, también pone en evidencia que la clase trabajadora ocupada, atravesada por una heterogénea realidad laboral(2), constituye el sector mayoritario en Argentina.
En esta situación, cobra singular relieve la clase obrera vinculada directamente a la producción. Es que la cuarta parte de los trabajadores registrados se desempeña en áreas fundamentales para el capitalismo local, como son la industria manufacturera, la construcción, la minería y la actividad agropecuaria(3). Y, a pesar de la fragmentación de la producción a través de las PyMES, que explotan a una buena parte de la clase obrera, aproximadamente la mitad de los obreros vinculados directamente a la producción trabaja para grandes empresas que concentran cientos y, en algunos casos, miles de trabajadores(4). A esto se suma la concentración de la inmensa mayoría de este sector de la clase obrera en los centros urbanos, fundamentalmente Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que concentran casi las tres cuartas partes de la población económicamente activa de todo el país. A su vez, una importante cantidad del resto de los trabajadores, desarrolla su actividad en sectores también vitales para la economía, como el trasporte, las comunicaciones y los servicios.
Este panorama demuestra la importancia que tiene, en la estructura económica y social de Argentina, la clase trabajadora en su conjunto, y, particularmente, la clase obrera industrial, que se concentra en las grandes fábricas de las principales ciudades del país.
Las direcciones burocráticas
En la actualidad, si bien se desarrollan importantes conflictos obreros a diario, la gran mayoría son monopolizados por las direcciones burocráticas. Para mantener controlada y disciplinada a la clase trabajadora y sus luchas, la burguesía se encarga de sostener a una casta de dirigentes sindicales que, por sus posiciones políticas, sus métodos y sus privilegios, conforman la burocracia sindical. Esta burocracia es la voz y la representación de los intereses del empresariado y el gobierno entre los trabajadores y es uno de los obstáculos que debe derribar la clase trabajadora para desatar la lucha contra el capitalismo.
En Argentina, la burocracia sindical está representada por la CGT, una central abiertamente empresarial y oficialista, y la CTA, una burocracia más “progresista”, también propatronal y progubernamental(5). Pese al desprestigio de muchos de sus dirigentes, ambas centrales sindicales ejercen una fuerte y casi hegemónica influencia sobre la mayoría de la clase trabajadora argentina. Por esto mismo, entre otros tantos factores, la mayoría de los trabajadores están educados en las ideas de la defensa del capitalismo, de sus instituciones, de su democracia y de la conciliación de clases, como consecuencia de la ausencia de un movimiento antiburocrático que pueda disputar a la burocracia la dirección de la clase obrera.
Sin embargo, a pesar del chaleco de fuerza que impone la burocracia sobre la clase trabajadora, ésta logra ofrecer cierta resistencia a los ataques de las patronales, desbordando y muchas veces enfrentando a la conducción de la burocracia.
La cotidiana lucha de clases
Durante los últimos años, la clase trabajadora argentina viene recobrando el protagonismo perdido en la vida política nacional. La conflictividad entre trabajadores y capitalistas ocupa un lugar de importancia en la realidad social y pone en evidencia el carácter permanente que tiene la lucha de clases. En su necesidad de aumentar los niveles de explotación de la clase trabajadora para incrementar sus ganancias, los capitalistas arremeten con violencia sobre los salarios y las condiciones laborales, e instrumentan suspensiones y despidos con el mismo objetivo. Por supuesto, esta avanzada constante del capitalismo encuentra resistencia entre los trabajadores y sus organizaciones sindicales.
Así se pone en evidencia, en los conflictos que se desarrollan en forma sistemática, que la clase trabajadora enfrenta la avanzada empresarial(6).
Además, es creciente la importancia de las luchas en el sector privado por sobre el público. En la actualidad, tres de cada cuatro conflictos se producen en el sector privado de la economía(7). Esta situación es demostrativa de la confrontación directa que asume la clase obrera contra la patronal, en cada establecimiento laboral.
Es necesario señalar, además, que los principales rubros donde se desarrollaron la mayor cantidad de conflictos constituyen lo fundamental de la economía capitalista. Desde 2005 a la actualidad, la industria manufacturera, el transporte, el almacenamiento y las comunicaciones se han alternado entre los sectores de mayor conflictividad laboral.
El desplazamiento de las luchas desde el sector público al privado y el protagonismo en las ramas principales de la economía marcan un cambio cualitativo en la lucha del conjunto de la clase trabajadora. Es decir que, si bien en los últimos años la cantidad de conflictos se mantiene relativamente estable, se observa un avance en la calidad de las luchas, ya que se desarrollan en los principales rubros de la actividad económica del país y pone de manifiesto la determinación de enfrentar directamente a los capitalistas en cada lugar de trabajo.
En sintonía con este proceso, uno de los datos más significativos de la conflictividad obrera en los últimos años está relacionado con el carácter de base de las luchas y los reclamos. Se está desarrollando un proceso en el que los organismos de base de la clase trabajadora (Cuerpos de Delegados y Comisiones Internas) van asumiendo un protagonismo creciente en la organización y la instrumentación de las medidas de fuerza contra los capitalistas, poniendo en evidencia el proceso embrionario aún de organización obrera desde cada establecimiento laboral(8). En muchos casos, los conflictos se desarrollan sin, o contra, la representación burocrática(9).
En este escenario, es necesario destacar que esta lucha cotidiana de los trabajadores se desarrolla a pesar de que una escasa porción de la clase trabajadora se encuentra sindicalizada, aproximadamente el 37%, y pese a que sólo el 12,4% de las empresas que operan en el país cuenta con presencia de delegados sindicales(10).
Todo esto pone en evidencia el lugar de importancia que está ocupando la lucha sindical de la clase trabajadora contra la burguesía, sobre todo en el sector privado de la economía y en rubros tan delicados para el capitalismo, como la industria y el transporte. Al mismo tiempo, son demostrativos del proceso, incipiente aún, de organización independiente, desde cada lugar de trabajo, sin la tutela o directamente contra la burocracia sindical de la CGT y la CTA, que protagoniza la clase trabajadora argentina.
El movimiento independiente
Entre todos los conflictos y luchas desarrollados en los últimos años, se han destacado experiencias tan importantes como las del Subte(11), Kraft, Fate, Arcor, Zanón, el Hospital Garrahan, los SUTEBAs recuperados, entre tantas otras.
Sin dudas, todas estas experiencias reflejan el punto más avanzado al que ha llegado la clase obrera en los últimos años en organización y lucha, en el plano sindical, contra la burguesía, sus gobiernos y la burocracia. Son experiencias construidas a lo largo de varios años y que representan los ejemplos más importantes de organización independiente, donde los obreros han recuperado (o construido, como en el caso del subte) los organismos sindicales, como los Cuerpos de Delegados, las Comisiones Internas y las Seccionales, y han apelado a los métodos de lucha de los trabajadores, como la huelga, el piquete, el sabotaje, la movilización y la ocupación de la planta o, como en Zanón, la puesta en marcha de la producción bajo el control obrero. Estas experiencias del movimiento independiente, en su momento, han puesto en el centro de la escena política el debate planteado por los trabajadores y se han constituido en ejemplos para el conjunto de la clase trabajadora.
En cada una de estas luchas puntuales, toda la clase trabajadora ve una referencia a seguir. Por eso, el encono con el que las ataca toda la burguesía, con su amplio arsenal: gobierno, justicia, represión, burocracia, prensa, como se evidenció en el conflicto de Kraft. Es que en cada uno de estos conflictos se enfrentan, a pequeña escala, los trabajadores y los capitalistas, como clase. Se dirime quién se impone en la batalla. Por eso, una derrota se convierte en un importante revés para todos los trabajadores y en un fortalecimiento de las filas de los capitalistas. El caso del paso a la burocracia de un sector del Cuerpo de Delegados del subte, es un ejemplo de esto. Asimismo, un triunfo de los obreros en lucha robustece los ánimos y la predisposición a la pelea de toda la clase trabajadora, como ocurrió con la ruptura del techo salarial impuesto por los obreros de la alimentación, que repercutió favorablemente en otros rubros(12).
En la actualidad, sin dudas, existe y, no exento de contradicciones, se desarrolla un movimiento de los trabajadores independiente de la burocracia sindical, de los gobiernos de turno y de los capitalistas. Una prueba irrefutable de ello, han sido los sucesivos encuentros obreros celebrados en la zona norte del Gran Buenos Aires, donde está radicada una de las concentraciones fabriles más importantes del país. Hace más de tres décadas que no se desarrollaba en Argentina un encuentro obrero de semejantes características (antiburocrático y antipatronal) y de tales dimensiones (casi 500 delegados y activistas sindicales). Sobre la base de innumerables conflictos, luchas y experiencias sindicales, se ha logrado avizorar una perspectiva de coordinación y fortalecimiento de la organización y la lucha de la clase trabajadora.
El movimiento independiente aun es incipiente y representa a un sector muy reducido de la clase trabajadora. Es una tarea central del momento el fortalecimiento de este movimiento que pueda enfrentar a la burocracia sindical y se plantee como una alternativa para la lucha de los trabajadores.
Por una dirección antiburocrática, clasista y combativa
Hoy, la clase trabajadora argentina carece de una dirección antiburocrática, clasista y combativa.
Entre las corrientes políticas que intervienen y tienen cierta influencia en el movimiento sindical por fuera de la burocracia, se encuentran las que no bregan por la independencia de clase, sino por las alianzas con algún sector de la burguesía o de la burocracia sindical(13). Estas organizaciones están muy lejos de convertirse en una alternativa real para la clase obrera, ya que no confían en la fuerza de los trabajadores, por eso depositan sus esperanzas en el auxilio de sectores enemigos de la clase obrera, como los capitalistas y los burócratas.
Por otro lado, existen varias organizaciones y experiencias de lucha que abrazan las banderas de la independencia de clase. Sin embargo, por sus concepciones políticas, estas organizaciones enarbolan el pacifismo y la denuncia de los métodos de lucha que no se ajustan a la legalidad del régimen; y promueven un falso atajo institucional, que deposita en las elecciones la confianza que no tienen en la lucha(14). De este modo, si bien son parte integrante del movimiento independiente de los trabajadores, muchas veces ponen un freno a la lucha de la clase obrera contra los capitalistas y los burócratas.
En los límites que encuentra la lucha reivindicativa de la clase trabajadora se pone de manifiesto la ausencia de una dirección antiburocrática, clasista y combativa. La decisión política de no impulsar más allá de los carriles institucionales la lucha obrera contra la burguesía por parte de organizaciones reformistas se evidencia por ejemplo en la falta de preparación para resistir los golpes de la represión en cada conflicto.
El escándalo en el último encuentro obrero de zona norte, al que organizaciones como el PO directamente ignoraron, también evidencia la carencia de una organización que priorice el desarrollo organizativo de los trabajadores y no las apetencias electoralistas, como hicieron el PTS y el MAS(15), intentando dirimir sus diferencias sobre candidaturas en ese ámbito o “construir un gran partido de los trabajadores”(16), confundiendo las organización sindical con la partidaria.
En la actualidad, la clase obrera destaca un conjunto cada vez más importante de activistas y delegados antiburocráticos para la lucha. Esto constituye un gran paso adelante, que debemos extender y desarrollar para construir una dirección clasista y combativa, que sea parte protagónica y oriente el cauce de la organización y la lucha sindical, como parte fundamental para el enfrentamiento general contra la burguesía.
Conclusiones
Como hemos visto, es la clase trabajadora, la inmensa mayoría de la sociedad, quien hace funcionar el país.
Además, el sector ocupado en las ramas fundamentales de la economía nacional posee un peso considerable en la estructura económica y social argentina y existen importantes concentraciones obreras en las grandes fábricas de los principales centros urbanos.
En los últimos años, pese a que, en su gran mayoría, la clase trabajadora se encuentra encorsetada, política y organizativamente, por la burocracia sindical de la CGT y la CTA, la lucha obrera viene recuperando el protagonismo perdido. La conflictividad obrera se fue desplazando de los sectores estatales a los de la industria, el transporte y las comunicaciones, evidenciando un avance cualitativo en la lucha de la clase trabajadora porque, además, de la mano de este proceso, se va poniendo de manifiesto el insipiente cuestionamiento a las direcciones burocráticas, a través del desarrollo de conflictos conducidos por los organismos sindicales de base.
Hoy, sobre la base de este proceso de desarrollo de la lucha sindical en los sectores más importantes del proletariado argentino, va apareciendo un movimiento sindical independiente de los capitalistas, los gobiernos y la burocracia sindical.
En este escenario, y ante lo incipiente del movimiento independiente, es necesario contribuir al desarrollo de la organización clasista, antiburocrática y combativa de la clase trabajadora desde cada lugar de trabajo, desde cada coordinación, para avanzar en este sentido y forjar, al calor de la lucha, otra dirección para la clase obrera argentina. Esta tarea, junto a la construcción del partido revolucionario de la clase obrera, es fundamental para avanzar por el camino de la revolución socialista.
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NOTAS:
1) Para ver un panorama más amplio de la estructura social en Argentina, y de la clase trabajadora en particular, ver nuestro “Análisis de Situación 2010”, en http://blog-otr.blogspot.com.
2) Entre los trabajadores ocupados, un alto porcentaje trabaja “en negro”. De los aproximadamente 15 millones de trabajadores ocupados que existen en la actualidad, entre 5 y 6 millones se encuentran en negro, y entre 9 y 10 millones, en blanco. Además, hay cerca de 2 millones de trabajadores “autónomos”. Hay que tener en cuenta que estos números son aproximados ya que es de público conocimiento que las estadísticas son manipuladas según quién las realice.
3) En esta relación no consideramos a los trabajadores en negro que, como hemos visto, oscilan entre el 33% y el 40% del total de trabajadores.
4) Algunos ejemplos: Arcor tiene 20.000 obreros; Telefónica, 10.000; Ledesma, 7.300; Peugeot, 5.900; Siderar, 5.700; Wolkswagen, 5.600; IMPSA, 5.6000; Molinos, 5.000; Cargill, 4.400; Quilmes, 3.700; Sancor, 3.700; La Serenísima, 3.600; Ford, 3.200; Kraft, 3.200; Toyota, 3.000...
5) Para ver el historial de los principales dirigentes de la CGT y la CTA, ver nuestra sección “Desfile de burócratas”, disponible en http://blog-otr.blogspot.com.
6) Por ejemplo la CTA en su informe “Estudios sobre conflictividad laboral y negociación colectiva”, elaborado por el Observatorio del derecho social que publica desde mayo de 2005 hace mención a que se produce un conflicto laboral por día y que la gran mayoría de estos conflictos se vinculan a reclamos salariales y a la lucha contra las suspensiones y los despidos, como respuesta a la crisis capitalista.
7) De 2005 en adelante, los conflictos en el ámbito privado ascendieron del 57% al 74%, registrado en el primer trimestre de este año. (62% en 2006, 68% en 2007, 74% en 2008 y 2009).
8) En el año 2006, el 73% de los conflictos en el sector privado se desarrolló a nivel empresa, con el protagonismo de la representación sindical en cada lugar de trabajo. Ese porcentaje, con la excepción del año 2007 (68%), ascendió (75% en 2008, y 78% en 2009) hasta alcanzar el 89% actual, que evidencia el proceso de organización obrera desde cada establecimiento laboral.
9) Este porcentaje oscila entre el 12% y el 15% de los conflictos sindicales.
10) El detalle de la presencia de delegados por empresa es el siguiente: de las PyMES con entre 10 y 49 empleados, sólo el 7,5% cuenta con delegados sindicales; de las empresas con entre 50 y 200 trabajadores, sólo el 27,7%; y de las grandes empresas con más de 200 empleados, se llega al 52,2%.
11) Si bien la experiencia del Subte es una de las más importantes de los últimos años y se ha referenciado como la vanguardia del movimiento obrero, recientemente, debido a las posiciones políticas de varios de sus dirigentes, la burocracia de la CTA ha cooptado a una buena parte de los delegados del subte, integrándolos a la lista de Yasky. Ver este proceso en “El ingreso del subte a la CTA”, en ER Nº60, agosto de 2010, disponible en http://blog-otr.blogspot.com.
12) A raíz de la ruptura del techo salarial con la lucha de la alimentación protagonizada por los obreros cordobeses de Arcor, los trabajadores de empresas como Fate y Metrovías tomaron las banderas de un aumento salarial similar al obtenido por el gremio alimenticio.
13) Es el caso del PCR, el MST e IS que apoyaron al empresariado rural en su disputa con el gobierno kirchnerista. Los dos primeros sumaron su apoyo a la burocracia de De Gennaro/Micheli contra Yasky. Esto, por no hablar del PC que hace mucho ya se ha pasado abiertamente a las filas de la burguesía.
14) Entre estas organizaciones contamos al PO, al PTS y al MAS, entre otras.
15) Ambas organizaciones rompieron el encuentro al pretender imponer sus propios candidatos en las listas para las elecciones de la CTA. Finalmente, cada una impuso a un militante propio a la cabeza de las listas de oposición de la central.
16) Esta consigna, enarbolada hoy por el PTS, es la expresión del reformismo encarnado también por otras organizaciones, como el PO y el MAS. Buscan fundir la organización sindical con la revolucionaria, confundiendo sus tareas y exigiéndole al movimiento sindical que levante consignas propias de un partido revolucionario y al partido que se amolde al sindicalismo. Esta concepción de partido sobre la base de los sindicatos o del sindicalismo es parte de una estrategia de poder que no contempla la lucha revolucionaria por el socialismo, y que implica, en los hechos, la orientación hacia un camino gradual de reformas, movilizaciones y huelgas, no sólo que no rompan, sino que también se adapten al régimen institucional de la burguesía.
LA CLASE OBRERA ES EL SUJETO DE LA REVOLUCIÓN
Los enemigos declarados del marxismo y, por ende, de la revolución socialista, han hecho, y continúan haciendo, denodados esfuerzos por negar los pilares del marxismo revolucionario. Pretenden negar, por ejemplo, la división de la sociedad en dos clases sociales antagónicas y la lucha ininterrumpida entre éstas. Algunos diluyen la división clasista de la sociedad invocando unos supuestos “intereses comunes de toda la sociedad”. Otros, reconociendo la existencia de la clase obrera y la burguesía, bregan por una imposible conciliación entre los intereses de unos y otros. Ambas posiciones, y los incontables matices intermedios entre una y otra postura, niegan y combaten los intereses y las aspiraciones de la clase trabajadora, preservando la realidad existente en la que impera el dominio de los capitalistas.
Sin embargo, muchas veces, los ataques más camuflados a la teoría de la lucha de clases y, por ende, a la lucha revolucionaria de la clase obrera por el poder, provienen desde las filas de los que se refieren a la necesidad del “cambio social” o de la “construcción de poder popular”, eufemismos que muchas veces son empleados para no referirse a la revolución socialista y mucho menos a la toma del poder por parte de la clase trabajadora. Para ello, hay quienes han revisado la teoría de Marx (aunque en muchos casos también la han ignorado o directamente la han combatido) y, sin dejar de reconocer que la sociedad se encuentra dividida en clases que luchan entre sí, han negado a la clase obrera como el sujeto de cambio, es decir, como el único capaz de desarrollar la lucha de clases por el camino de la revolución y el socialismo; o han planteado que debido a las diversas formas que reviste la explotación, la esencia de ésta y, por ende, del capitalismo, requiere abandonar la perspectiva de la revolución con la clase trabajadora como actor principal. En este afán, han aparecido conceptos antimarxistas que “reemplazan” a la clase obrera por las llamadas “multitudes”, como lo ha hecho Toni Negri y lo reprodujo en nuestro país Luis Mattini; o surgen formulaciones igualmente antimarxistas, como la de “sujeto-pueblo”, adoptada por el PC. Todas estas concepciones niegan la existencia de la clase obrera como una clase independiente enfrentada irreconciliablemente a la burguesía y, por eso mismo, la lucha por la revolución socialista.
Otras tendencias, en cambio, desorientadas por la coyuntura o directamente impulsadas por un espíritu oportunista, trasladan a otros sectores sociales el papel principal que tiene la clase obrera en la lucha por la revolución socialista, como sucedió en nuestro país con el auge del movimiento de desocupados.
En la mayoría de los casos, se hace referencia a la “desaparición” de la clase obrera como tal, como clase independiente capaz de llevar la lucha por el camino de la revolución y el socialismo.
Pese a los cambios producidos en la realidad laboral a lo largo de los años, el capitalismo mantiene y se sostiene sobre la explotación de la clase obrera. La fragmentación de la clase trabajadora a través de la proliferación de la PyMES, la disminución de la cantidad de obreros en cada fábrica debido al progreso técnico, la tercerización instrumentada por las grandes empresas, y la precariedad laboral bajo todas sus formas (desocupación, trabajo en negro, con contratos basura, con monotributo...), no alteran lo fundamental de las relaciones sociales entre la clase trabajadora y la burguesía. Una minoría de capitalistas sigue siendo la propietaria de los medios de producción. La mayoría trabajadora no tiene otra alternativa que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir, bajo la explotación del sistema. Al mismo tiempo, sigue siendo la clase trabajadora la única capaz de poner y mantener en funcionamiento, o no, los pilares fundamentales de toda la economía, como son las fábricas, los transportes y las comunicaciones.
Por todo esto, el rol de la clase trabajadora en la estructura económica y social de la sociedad y su lucha irreconciliable contra la burguesía tiene una importancia central para derrotar al capitalismo.