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Chávez y Santos, juntos contra la resistencia

Nuevamente, a pedido de Interpol y en nombre de la lucha contra el terrorismo, el gobierno de Hugo Chávez encarceló a un guerrillero de las FARC para entregarlo al terrorismo de estado colombiano.



“Gracias al Presidente Chávez por la captura de alias Julián Conrado terrorista de las Farc”, escribió en Twitter el presidente colombiano Juan Manuel Santos. Lo hacía festejando que, a poco más de un mes de haber entregado a las cárceles colombianas al director de ANCCOL Joaquín Pérez Becerra(1), el gobierno de Venezuela hubiera vuelto a demostrar su absoluto compromiso con la persecución a los luchadores.

En este caso, el chavismo apresó a Guillermo Enrique Torres, conocido como Julián Conrado, quien fuera miembro del Estado Mayor de las FARC (además de un conocido cantautor popular) y por quien el Departamento de Estado de Estados Unidos había ofrecido una recompensa de 2,5 millones de dólares a quien diera información.

Un comunicado de la cancillería de Venezuela dice: “Una vez practicada la detención del referido ciudadano, se informó a las autoridades del Gobierno de la república de Colombia y se iniciaron los trámites correspondientes para colocarlo a la orden de la justicia de ese país, según los procedimientos correspondientes”. Ante ello, Santos reconoció la predisposición represiva de su colega, afirmando que Conrado “Hoy está a buen recaudo y el Presidente Chávez nos ha dicho que nos lo va a entregar”.

En uno de sus habituales actos de campaña de su gobierno paramilitar, Santos anunció la captura de Conrado en la Escuela Militar José María Córdova de Bogotá. Entonces, dejó en claro que el operativo se hizo con participación militar colombiana en tierras de Venezuela: “El día de antes de ayer (en referencia al 30/05), en una operación que realizó el gobierno venezolano, con ayuda de autoridades colombianas (inteligencia de nuestra Policía) se capturó a Julián Conrado”, señaló entonces.

Hasta grupos chavistas como el PC de Venezuela han debido admitir que “existiría un ‘acuerdo’ entre el Presidente Chávez y Santos para la cooperación a nivel de servicios de inteligencias para la captura de combatientes colombianos”, por medio del cual “se está haciendo el juego y/o siendo parte de la red mundial del imperialismo para capturar a cuadros revolucionarios de izquierda con el objetivo de destruir las luchas de nuestros pueblos”.(2)

Vale aclarar que la colaboración del pretendido “socialismo del siglo XXI” con el principal bastión del imperialismo en América Latina, como ya lo hemos señalado, se da en un marco de extrema represión en Colombia. Sin ir más lejos, en estos días en que se está convocando a un “Encuentro nacional por la libertad de los prisioneros políticos” el régimen de Santos ha ordenado reprimendas en la Reclusión de Mujeres del Buen Pastor y la Penitenciaria de Alta Seguridad de Combita, que parecen orientarse a una mayor dispersión y asilamiento de los presos políticos, siguiendo la pauta sostenida por el estado español contra los luchadores vascos. Esto, en un país con 7.500 presos políticos y decenas de miles de asesinados, torturados, desplazados y desaparecidos (3).

Y cada vez son más los luchadores que hoy sufren cárcel y torturas en Colombia (y también en España) que le deben esa condición al presidente de Venezuela.

Esta declaración pública que viene haciendo el chavismo, reivindicando su persecución a los luchadores y su cumplimiento con las instituciones de la democracia burguesa (siguiendo, por ejemplo, las exigencias de Interpol), es una ratificación de que el pretendido “socialismo del siglo XXI”, lejos de todo socialismo, cumple al pie de la letra con las exigencias del capitalismo, en primer lugar, perseguir a quienes luchan contra este sistema de explotación.

Con todo, aún hay quienes no ven, o no quieren ver, la gravedad de la orientación chavista. ¿Cuántos combatientes más deberán ser entregados?




Notas:

1) Ver “El terrorismo de estado en Colombia y la colaboración de Chávez” en ER Nº68. Disponible en http://blog-otr.blogspot.com

2) “¿Venezuela, se ha vuelto peligroso para los luchadores sociales y revolucionarios del mundo?”, en Tribuna Popular, 1/06711

3) Según el organismo colombiano “Medicina Legal”, en los últimos 3 años ha habido más de 38.000 desaparecidos en ese país. Para las últimas tres décadas, la misma ONU reconoce la desaparición de más de 57.000 personas.



*

Las entregas de Chávez


El gobierno de Hugo Chávez ha detenido, expulsado y entregado a las cárceles de la tortura en España y Colombia a numerosos luchadores populares a lo largo de su mandato. Algunos de los casos más renombrados fueron:



31/05/02: Juan Víctor Galarza Mendiola (Independentista vasco)

17/12/02: Sebastián Etxaniz Alkorta (Independentista vasco)

24/09/03: José Ramón Foruria Zubialdea (Independentista vasco)

13/12/04: Rodrigo Granda (Canciller de las FARC)

18/12/05: Donayro Manuel Acevedo Pérez (ELN)

31/07/08: Gabriel Culma Ortiz (FARC)

21/04/09: Iñaki Etxebarría (Independentista vasco. Fue detenido y posteriormente liberado en Venezuela, luego de una campaña por su libertad)

1/04/10: Walter Wendelin (Independentista vasco. Expulsado de Venezuela y a los seis meses detenido en España)

25/12/10: Nilson Terán Ferreira (ELN)

12/04/11: Carlos Julio Tirado Hernández (ELN)

12/04/11: Carlos Duban Pérez Marín (ELN)

25/04/11: Joaquín Pérez Becerra (ANNCOL)

30/05/11: Guillermo Enrique Torres, “Julián Conrado” (FARC)

Los bolivarianos que están con Kadafi

Enceguecido entre una fortuna millonaria y las mieles de un poder que no quiere abandonar, Kadafi sigue delirando en sus discursos con la expectativa de no abandonar el gobierno. Plantea que la rebelión popular, que ya tomó varias de las más importantes ciudades y se dispone a disputar la capital de Libia, es, en realidad, una conspiración de un cúmulo de jóvenes drogados, y llama a sus partidarios (cada vez más reducidos) a enfrentarlos en nombre del “pueblo” y la “revolución”.

Pero no es sólo el líder islamista el que niega la realidad. Hay también toda una serie de dirigentes que ven en el modelo decadente del nacionalismo autocrático libio, un ejemplo de “antimperialismo” y “socialismo” al que creen que deben apoyar, incluso ahora que está matando de a cientos a los manifestantes.

El más desfachatado fue el presidente de Nicaragua que, aunque es un capitalista furioso, sigue posando de “antimperialista” en nombre de su pasado como líder del sandinismo. Para Daniel Ortega, las matanzas llevadas a cabo por mercenarios pagos de distintas zonas de África y las tropas de elite de Kadafi contra el pueblo movilizado, fueron, en realidad, expresión de “un pueblo resistiendo con el líder de la revolución libia, nuestro hermano Kadafi, al frente”.

Chávez, por su parte, también se pronunció en un sentido similar sobre su “amigo”, al decir “Yo no puedo decir que apoyo, o estoy a favor, o aplaudo cualquier decisión que tome cualquier amigo mío en cualquier parte del mundo, no, uno está a distancia, no, pero nosotros sí apoyamos al Gobierno de Libia”. Y aunque un poco más cuidadoso, Fidel Castro también se refirió al tema, sin condenar en ningún momento la represión de Kadafi y sembrando, en cambio, la duda sobre la verosimilitud y la importancia de tremenda masacre, al decir que “habrá que esperar el tiempo necesario para conocer con rigor cuánto hay de verdad o mentira o una mezcla de hechos de todo tipo” y dejó abierta la posibilidad de “estar o no de acuerdo con Kadafi”.

Fiesta de negocios para los capitalistas en la Venezuela de Chávez

La reciente denuncia del ex embajador argentino en Venezuela sobre los gigantescos negociados que vienen sosteniendo los empresarios de ambos países y de los cuales toman parte sus funcionarios con coimas y negocios propios, son indicativos del perfil no sólo del gobierno argentino, sino también de su par venezolano, cuya orientación pro-empresaria es mucho mas evidente de lo que admiten simpatizantes y detractores.


Como en sus habituales giras internacionales que sirven de plataforma para los negocios de los capitalistas locales, en el último viaje a Venezuela en abril, Cristina Fernández fue acompañada de una amplia cohorte de empresarios, que sellaron majestuosos acuerdos comerciales, en reuniones con funcionarios y empresarios venezolanos(1).

Como es corriente, como parte de esos arreglos millonarios, los funcionarios argentinos, dirigidos por la presidenta y De Vido, realizan, también ellos, sus propios arreglos, al igual que los venezolanos, haciéndose parte de la fiesta de negocios de la burguesía, de la que el pueblo trabajador es un convidado de piedra.

A pesar de la insólita sorpresa que muestran los medios opositores –como Clarín- sobre los manejos ventajistas de los burgueses de uno y otro país(2), lo que muestran estos negociados es el carácter claramente pro-empresario de estos gobiernos, no sólo del de Argentina, sino también de Venezuela, aunque éste se llene la boca con palabras como “revolución” y “socialismo”.

Así como en Argentina, este tipo de acuerdos están orientados al fortalecimiento de sectores empresarios que se subieron a la ola del kirchnerismo como Techint, o Pescarmona, también en Venezuela, las empresas de funcionarios del estado, o de los capitalistas amigos como fue Antonini Wilson, el banquero Víctor Vargas, o el ahora conocido Roberto Wellisch, se fortalecen al ritmo de los acuerdos gubernamentales. Es así que se ha consolidado un nuevo sector capitalista llamado coloquialmente la “boliburguesía”, aunque la defensa de los empresarios no se limita a la promoción local, sino que incluye el otorgamiento de increíbles beneficios a los pulpos extranjeros por medio del pago sistemático de la deuda externa y por compartir las ganancias de empresas estratégicas(3).

La contracara de esta política son las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores más pobres del pueblo, que no han tenido –ni pueden tener- una mejora efectiva por medio de los planes paliativos impulsados por el chavismo, como barrio adentro, yo si puedo, o mercal, que consisten en reformas básicas en salud, educación o el despliegue de mercados con ciertos precios controlados.

De esta manera la realidad de los sectores populares venezolanos está marcada por un alto índice de pobreza e indigencia(4), por una importante desocupación y un mucho más extendido trabajo en negro, por la plena vigencia de prácticas de flexibilización laboral (como las tercerizaciones), todo lo cual se empeora cotidianamente al ritmo de una fuerte inflación que va disminuyendo el salario real, a lo que hay que agregar la drástica baja salarial que significó la devaluación impulsada por Chávez al comenzar el año, para beneficio de amplios sectores de la burguesía(5).

Chávez está así, enfrentado a los trabajadores y los sectores más pobres de la sociedad. Ante sus aspiraciones de cambio busca contenerlos con paliativos, mientras le garantiza increíbles ganancias a los capitalistas locales y extranjeros. Claro que no es el único proyecto burgués para Venezuela. Existen también capitalistas que no aceptan ningún tipo de concesiones, que se oponen al recurso de movilización popular que encabeza el chavismo y que son abiertamente apoyados y financiados por EEUU. Este sector de la burguesía venezolana, luego de haber protagonizado golpes de estado y lock out, ha logrado importante protagonismo impulsando movilizaciones estudiantiles “por la libertad de expresión” que defienden a los grandes grupos mediáticos.

Unos y otros son enemigos de los trabajadores. Los golpistas, atacan las conquistas populares y defienden permanentemente a los grandes monopolios (como los canales de TV). El chavismo, a su vez, desde el gobierno, se constituye como el garante del orden establecido: de la explotación, de la propiedad privada, de que se mantengan las condiciones sociales actuales, con más ganancia para los ricos y permanencia de la carestía para los trabajadores.

Para ello, el chavismo utiliza los más diversos medios. Sostiene un discurso demagógico que habla de socialismo y revolución mientras defiende la vigencia de la explotación capitalista. Desarrolla formas políticas que le permiten encauzar toda la actividad popular tras su propia dirección, como se vio con la desarticulación de las organizaciones independientes para su incorporación a su propio partido, el PSUV. Y apela a la represión, llevando a miles los procesados por su lucha y actividad política, incluyendo varios presos políticos como el dirigente sindical Rubén González. Además, son habituales los asesinatos de sicarios contra referentes sindicales de corrientes de izquierda, como se repitió el 25 de abril con el asesinato del dirigente Jerry Díaz(6), y se han dado procesos de represión abierta a movilizaciones y luchas obreras como en Sidor. Incluso, como parte de su política represiva, el chavismo, por medio de la extradición, viene entregando a luchadores perseguidos. Ya sucedió con varios dirigentes de la insurgencia colombiana y de la izquierda independentista vasca, y se repitió en marzo con la entrega a los carceleros españoles de Walter Wendellin, el responsable de la izquierda abertzale para América(6).

En este marco de grandes negocios para los capitalistas y explotación y represión para los trabajadores, el chavismo buscará plebiscitarse, una vez más, en las próximas elecciones legislativas. Chávez le dirá al pueblo que debe seguirlo a él para enfrentar al golpismo. La realidad, como vemos, es muy distinta. En Venezuela, como en Argentina y demás países latinoamericanos, las únicas posibilidades que los trabajadores tenemos de conseguir un verdadero cambio, es organizándonos en forma independiente de cualquier expresión de la burguesía para alcanzar un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

NOTAS:

1) En esta reunión importantes empresas como Impsa, de Pescarmona, firmaron 27 acuerdos, que incluyen transferencia de tecnología en petróleo, construcción de cilindros de acero sin costura, empresas de GNC y gas natural, fabricación de aerogeneradores de alta potencia, celdas de media tensión, interruptores para subestaciones eléctricas, repotenciación de turbinas para centrales hidroeléctricas, etc.

2) Clarín y otros diarios han fogoneado la crítica a ambos gobiernos por sus arreglos favoritistas sobre ciertos empresarios, como es el caso del venezolano Roberto Wellisch quien se benefició con unos 42 millones de dólares por intermediar en un negocio de venta de maquinaria agrícola de Argentina a Venezuela. En este caso el multimedio Clarín, de Herrera de Noble, es crítico porque ya rompió su acuerdo de negocios con el kirchnerismo, al que apoyó durante largo tiempo a cambio de negociados como éstos.

3) Este año, por ejemplo, el pago de deuda supone más del 10% del presupuesto nacional. Por otra parte, importantes empresas petroleras tienen una participación del 40% de capital privado. Estas trasnacionales pueden repatriar todas sus ganancias y aprovechan el bajo costo de la mano de obra local (abaratada aún más tras la devaluación).

4) Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela, en 2009 el 20% más rico de la población se apropiaba del 45,6% de la riqueza, mientras al 20% más pobre le correspondía sólo un 6%.

5) La devaluación, que fue presentada como una medida revolucionaria por el chavismo, implica grandes ganancias para empresarios y castiga a la clase trabajadora. Con el dólar alto y los precios internos bajos (incluidos salarios) se benefician tanto los exportadores como los que producen para el mercado interno que se ven protegidos ante la entrada de productos externos. El pueblo trabajador, en cambio, ve depreciarse su salario aún más. Como resultado de la devaluación, los productos catalogados como de primera necesidad tuvieron un incremento del 20% y otros (algunos de los cuales también son básicos) ascendieron al 100%. Con la devaluación no sólo aumentan los precios de los bienes importados o de aquellos bienes que necesitan de productos importados para su realización en Venezuela, sino también aquellos que son competitivos en el exterior y que, por eso, los capitalistas los aumentan al precio que los pueden vender afuera.

6) Jerry Díaz era miembro de la junta directiva del sindicato de la empresa MANPA-Higiénicos, e integrante de la corriente CCURA de la UNT. Otros casos de dirigentes asesinados por sicarios son Richard Gallardo, Luís Hernández y Carlos Requena

¿Antiimperialismo capitalista?



El “antiimperialismo” es algo que muchos pueden proclamar, pero que en rigor de verdad, no todas las clases de la sociedad están dispuestas a defender. Claro que muchas veces los trabajadores junto a las masas oprimidas de nuestros pueblos han dado gigantescas muestras de valor y de consecuencia revolucionaria, oponiéndose al imperialismo con una lucha tenaz por la conquista de una nueva sociedad. Pero muchas veces, también, distintos representantes de la burguesía han engañado o intentado engañar al pueblo trabajador, mintiendo al afirmar que es posible librarse de la opresión imperialista sin abandonar el capitalismo y sus parámetros de organización social, económica, política y militar.

Los gobiernos populistas latinoamericanos de mediados de s. XX, con Perón a la cabeza, nos hablaron de una supuesta “tercera vía”, de un “capitalismo nacional”, ubicado entre el capitalismo yanqui (imperialista) y el socialismo. Como de lo que se trataba era de fortalecer el capitalismo propio, el peronismo enfrentó abiertamente a quienes luchaban por una nueva sociedad sin explotación y, en su lugar, recreó la vieja doctrina mussolinista de la corporación, convocando a la cooperación de los trabajadores explotados con sus patrones, principalmente con la “burguesía industrial nacional(1)”.
Por supuesto, los caudillos burgueses como Perón renegaron explícita y concientemente del marxismo y de sus concepciones fundamentales como la división y el enfrentamiento entre las clases, para pasar a hablar de una identidad nacional, opuesta a una identidad extranjera como la norteamericana. Esta corriente no dejaba de defender y desarrollar el capitalismo, es decir, la explotación y desigualdad propia del sistema actual, y no dejaba por ello mismo, de ser una pieza más en el engranaje mundial de los capitalistas y sus disputas, sirviendo de base, como el resto de los países capitalistas (y particularmente los atrasados como el nuestro), al desarrollo de la gran concentración económica, política y militar que se expresa en el imperialismo. Pero todo esto el peronismo lo hacía en nombre de un proyecto “nacional”, prometiéndole a los trabajadores que su destino sería provechoso porque estaría atado al progreso de los empresarios, los banqueros y demás capitalistas que operaban en el país. Así, el peronismo venía a reemplazar la genuina lucha antiimperialista de los trabajadores, cuyo único norte posible era la revolución socialista, por un proyecto de “liberación nacional” que, en nombre del “antimperialismo”, garantizaba la continuidad de la explotación y la opresión.
El proyecto del populismo ha sido siempre inviable y, por ello, un gran engaño para las masas trabajadoras. Para poder sostener sus mentiras sobre la “unidad nacional” formada por trabajadores y capitalistas, el peronismo, y el populismo en general, han ocultado y tergiversado las leyes más elementales de la realidad social que, desde mediados del siglo XIX, viene exponiendo el marxismo. Han negado que, bajo el capitalismo, la explotación es ejercida por los capitalistas de todas las nacionalidades a merced y para desgracia de los trabajadores de todos los países. Y al negar el carácter fundamental de la división y el antagonismo entre las clases, entre la enorme mayoría que trabaja y los capitalistas que viven del trabajo ajeno, los burgueses populistas han ocultado un hecho fundamental: que la posibilidad de cambios sociales está determinada por la dinámica de la lucha de clases, es decir, depende de que los trabajadores logren desbancar de su puesto de privilegio a la minoritaria pero poderosa clase de capitalistas que hoy tienen el control del estado en sus manos.
De esta forma, la clase de los capitalistas, aún cuando circunstancialmente ha debido limitar parcialmente sus ganancias, ha tenido en el populismo una gran herramienta para su dominio, que le permitió desviar a los trabajadores de una perspectiva revolucionaria y contenerlos en el marco del sistema capitalista. Para ello, jugó un rol principal una ideología construida en base a la utopía de una “liberación nacional” que, según esta corriente burguesa, sería conquistada gracias a la lucha común que darían contra el imperialismo todas las clases sociales del país, tanto explotadas como explotadoras.
La síntesis de esta estafa populista consiste en el corrimiento del eje de la lucha por la emancipación. Así, mientras la lucha revolucionaria que dará lugar a la verdadera liberación de los explotados está marcada por el enfrentamiento entre las clases antagónicas, entre los trabajadores explotados y los capitalistas explotadores (tanto nacionales como imperialistas), las consignas de lucha impuestas por los populistas para promover la “unidad nacional” entre obreros y patrones planteaba la lucha en términos de “patria vs. colonia”, “imperio vs. nación” o el más ambiguo “liberación o dependencia”. Son las fórmulas con las que la burguesía populista ha impulsado la movilización popular por un proyecto que no es el socialismo, que no es un proyecto de los trabajadores, sino simplemente un proyecto burgués: el capitalismo, aunque pretendidamente humanizado e independiente.
La historia se ha encargado, trágicamente, de reafirmar el carácter de estafa que tiene el planteo “antimperialista” del populismo. Todos los países latinoamericanos, en particular el nuestro, pueden hoy sacar su lamentable balance de un proyecto que no ha llevado nunca a fondo la lucha contra el imperialismo.
La intervención de líderes populistas para hacer de bomberos a la burguesía y evitar que los trabajadores se organicen con una perspectiva revolucionaria no ha dejado de repetirse, ni lo hará, mientras los trabajadores no logremos dar impulso a nuestro propio proyecto revolucionario por el socialismo.
De hecho, lo que ayer representaba Perón hoy lo viene a intentar continuar, tragicómicamente, el bolivarianismo encabezado por Chávez. Nuevamente un proyecto “nacional” que llama a los trabajadores a respetar la propiedad privada y los grandes negocios de los capitalistas… en nombre del “antiimperialismo”. Lo que ayer se llamaba “tercera vía”, “liberación nacional” o “socialismo nacional” hoy es nombrado “socialismo del siglo XXI”. Por supuesto no es igual, pero su esencia es la misma: encauzar a los trabajadores por los carriles de la democracia representativa y el respeto a las relaciones de producción y explotación capitalistas.
Y si hoy, a la distancia del tiempo y los resultados a la vista, entre las filas de la izquierda es relativamente (y sólo relativamente) habitual definir al peronismo como un movimiento con un proyecto burgués, la reedición del populismo latinoamericano de la mano de Chávez ha desnudado la falta de claridad, la vacilación y, a veces, hasta el oportunismo de una parte de la izquierda, que no logra posicionarse aún con claridad en oposición al populismo y en defensa de un proyecto independiente de los trabajadores.
Lamentablemente, al igual que ayer muchos esperaron vanamente que el “General Perón” entregara armas para luchar contra el golpe, también hoy habrán de desilusionarse una y otra vez con el “antiimperialista” Chávez, cada vez que le vende petróleo a los invasores de Irak, o que “honra sus compromisos” pagando puntualmente la deuda externa, o que, luego de cacarear contra Uribe y mover sus tropas, vuelve a llamarlo “amigo” y establecer nuevos acuerdos comerciales y de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, o cada vez que vuelve a entregar guerrilleros colombianos o vascos para que sean torturados por los carceleros de Uribe y Zapatero.
El bolivarianismo, al que hoy adhieren confiadamente distintos militantes obreros y populares del continente y sus organizaciones de lucha, es un proyecto político dirigido por varios presidentes capitalistas, que rechaza el combate contra los explotadores, su expropiación y la reorganización de la sociedad a partir de un gobierno de trabajadores, y que, por el contrario, se propone ¡una vez más! desarrollar el ideal populista de un “capitalismo nacional humanizado” en donde la burguesía tiene un papel central. Su grito de guerra “contra el imperialismo” es el anzuelo con el que buscan ensartar nuevamente a los trabajadores para que sigamos en el marco de la explotación capitalista.
Por el contrario, somos los trabajadores latinoamericanos, quienes no hemos llegado ni pensamos llegar a acuerdos con las burguesías locales que nos explotan a diario, los que sí podemos plantear una lucha a fondo contra el imperialismo y su sistema social, el capitalismo. Nuestra tarea es organizarnos para ello, con absoluta independencia de clase.

(1) Milcíades Peña ha dejado en claro el lugar de subordinación y dependencia que tiene la burguesía industrial nacional frente al imperialismo: “…la burguesía industrial argentina está inseparablemente anclada en la estructura que hace de la Argentina una nación atrasada y semicolonial, y se halla interesada en la conservación de esa estructura. Su vinculación con el capital financiero internacional, su dependencia respecto al apoyo financiero y técnico de las metrópolis, son una de las expresiones más decisivas de esa necesidad y atestiguan la imposibilidad de la burguesía argentina -no sólo su ineptitud pero su imposibilidad- de emancipar al país de la explotación imperialista”. “…la burguesía industrial argentina se halla unida al capital internacional por mil lazos de interés económico, y sobre todo, por la solidaridad que une a todos los capitalistas contra la clase obrera, cuyas movilizaciones amenazan la propiedad privada de las fábricas, tanto nacionales como extranjeras”. (“Industria, burguesía industrial y liberación nacional”)

VENEZUELA: EL ROL DEL CHAVISMO EN LATINOAMÉRICA

Revista El Revolucionario Nº1 (Noviembre de 2008)

El chavismo es una corriente amplia y heterogénea con influencia en Latinoamérica y nuestro país, que se ha constituido como el modelo a seguir por gobiernos como el de Evo Morales en Bolivia y el de Rafael Correa en Ecuador (quien defiende abiertamente la consigna chavista de “socialismo del siglo XXI”). En Venezuela, tras el chavismo, se enfilan trabajadores, representantes de sectores populares, una importante porción del ejército, gran parte de la burocracia estatal, junto a pequeños, medianos y grandes empresarios (a los que el pueblo venezolano conoce como la “boliburguesía”); sectores que, a su vez, se constituyen en organizaciones tan diversas como partidos políticos, sindicatos, o federaciones patronales. También fuera de Venezuela las simpatías por Chávez y su movimiento son variadas, pues incluyen a presidentes capitalistas (Putín, Ahmadinejad, Kirchner, Correa, Morales...), a dirigentes no capitalistas (como Fidel Castro), y a grupos políticos que van desde planteamientos de izquierda hasta el encuadramiento liso y llano en el actual sistema de explotación capitalista, al que pretenden “humanizar” por medio de reformas. Un caso paradigmático es nuestro país, donde junto a algunos grupos de izquierda, el chavismo se aglutina principalmente alrededor del gobierno peronista y sus personajes afines, como son las Madres de Plaza de Mayo, D´Elía, los burócratas de la CTA, etc., quienes, además, son los primeros en recibir el apoyo directo político y económico del presidente venezolano. Entonces, ¿cuál es el rol de este movimiento, cuyo líder lleva casi una década de gobierno ininterrumpido en Venezuela y que es reivindicado ahora por otros presidentes de la región? Aquí, nuestro balance.

Diez años de gobierno Chávez
Bajo el gobierno de Chávez, la realidad económica del pueblo venezolano no se muestra muy distinta a la que puede encontrarse en otros tantos países de nuestro continente. La pobreza es tan importante que hasta la propaganda oficial admite que toca a un tercio de la población (otras estadísticas hablan del 50% o más)1, y se verifica en la permanencia de enfermedades como el dengue o en la gran extensión de asentamientos y villas miseria en las ciudades más importantes del país como Caracas. La vida diaria de los venezolanos del montón, ésos que suelen estar condenados a la precariedad del trabajo en negro2 y que sufren el peso de una galopante inflación (estimada en un 30% anual y proyectada en cerca del 50% anual en los alimentos), llama especialmente la atención cuando el estado venezolano cuenta con una recaudación de niveles extraordinarios, gracias a los altísimos precios internacionales a los que llega el petróleo, la principal producción del país.
Mientras la estrechez de la política social (con planes como “Mercal”, “Barrio adentro”, “Yo sí puedo”, etc.) muestra que esos monumentales ingresos no se tradujeron en una importante mejora de la situación para la mayoría de la población, al mismo tiempo hay otros que sí han salido altamente beneficiados. El hecho de que se mantenga una gigantesca brecha entre los que más y menos tienen3 da cuenta de la consolidación de la llamada “boliburguesía” y del permanente flujo de divisas hacia el exterior. En primer lugar, porque gran parte de la renta petrolera es expropiada por el imperialismo, fundamentalmente a través de los pulpos trasnacionales que operan directamente en el país (manteniendo habitualmente el 40% de las acciones de las empresas “nacionalizadas”, como es el caso del petróleo) o mediante el pago de la deuda externa. Pero también, porque esta burguesía venezolana acapara el resto de esa altísima renta, enriqueciéndose por medio de los negocios privados o de la función pública. Esta “pujante” clase capitalista que se nutre de la “revolución bolivariana” de Chávez a costa de la marginalidad de una amplia mayoría trabajadora, es bien conocida por el pueblo venezolano que la ve pasar en sus nuevas camionetas Humer (al mejor estilo Tinelli), vivir en lujosos countries con rejas electrificadas, viajar a Miami y al mundo en busca de más negocios (como lo atestiguan, entre otros Antonini, y sus socios), entre otros lujos.

Un capitalismo dependiente... con participación estatal
Como es evidente, la situación social y económica de Venezuela no es distinta, en lo fundamental, a la de Argentina o el resto de América Latina, sacando el caso particular de Cuba. Esto se debe a que todos estos países se rigen por una lógica común: el dominio del capital sobre los trabajadores y la grosera dependencia frente al imperialismo yanqui.
En ese marco, las “nacionalizaciones” de empresas importantes (presentadas por el chavismo como medidas “revolucionarias”), no implican en realidad cambios de fondo o estructurales, puesto que no se cristalizan en una modificación de la situación de los trabajadores, ni significan un enfrentamiento con los grandes empresarios, ni un avance del estado a costa del provecho del capital. Porque mientras la brecha entre pobres y ricos se agranda en el país, el estado chavista decidió no sacarle nada al gran capital transnacional (lo que implicaría expropiar las empresas estratégicas y las de recursos energéticos fundamentales), sino que, por el contrario, pagó cifras millonarias a estas multinacionales castigando con ello al pueblo de Venezuela, quien financió, de hecho, esas compras escandalosas. Pero por si fuera poco, el gobierno tomó sólo una parte de las empresas (habitualmente entre un 51% y un 60%), olvidando de golpe la responsabilidad de éstas por la falta de inversión, la fuga de capitales, etc., y, en cambio, premiándolas con la permanencia de sus negocios en el país. Este proceso se ha repetido una y otra vez, con el petróleo, las cementeras y ahora con el capital bancario, sin que haya cambios significativos.
De todas formas no puede hablarse de una política de “estatización” estructural que, como sucedió en Cuba, sirva de base para reorganizar una sociedad en base a la planificación económica para garantizar el bienestar popular. De hecho, el chavismo es muy cauto para aumentar las “compras” de empresas con dinero del estado, cosa que está a la vista no sólo contando las limitadas empresas que han sido “estatizadas” en los últimos casi 10 años de gobierno Chávez, sino observando el reciente ejemplo de SIDOR. En este caso, Chávez hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitar que la empresa de Techint, recomendada por sus amigos los Kirchner, se mantuviera en manos privadas, por más que su producción es de gran importancia para Venezuela. De hecho, durante largos meses de movilizaciones obreras la respuesta del chavismo fue la negativa y la represión policial... Sólo luego de que los mismos trabajadores se organizaran con meses de huelgas y enfrentaran a la policía chavista lograron imponer la agenda, y el presidente Chávez decidió cambiar su táctica: retiró a los policías y encabezó el proceso de “estatización” (es decir “compra”) de SIDOR. Eso sí, dejando en la calle a cerca de 9.000 trabajadores tercerizados, a los que no reconoció como empleados de la compañía, situación que originó nuevas movilizaciones de protesta.
Por otra parte, si hay un mecanismo que perpetúa el empobrecimiento y garantiza la entrega del producto del trabajo de los obreros latinoamericanos al gran capital es el pago de la deuda externa, cuya permanencia significa una sangría constante para los más humildes del continente. Frente a ello, la política de Chávez (que se considera a sí mismo un “antiimperialista”) es el pago puntual (cuando no por “adelantado”, al estilo Kirchner) de una deuda que crece estrepitosamente llegando a triplicar las cifras de cuando Chávez asumió el poder4. Por otra parte, como lo hemos comentado en numerosas oportunidades, la gestión de Chávez perpetúa la enorme dependencia de Venezuela frente al imperialismo, al sostener intacta su estructura de exportador de bienes primarios, sin desarrollo industrial, dedicándose casi exclusivamente a la exportación de petróleo a su comprador predilecto, EEUU, que consume cerca del 80% del petróleo venezolano para garantizar su alto nivel de gasto energético y sus incursiones guerreristas en Irak y demás países.

“Borrar con el codo lo que se escribe con la mano”.
La demagogia es un gran arma de los políticos del sistema. Cuando las transformaciones no entran por la barriga, cuando los techos siguen siendo de chapa y el trabajo en negro, cuando la riqueza de los empresarios se abulta y poco de eso llega a los que trabajan... entonces son los grandes demagogos los que se encargan de parar la rabia encauzando las esperanzas del pueblo con falsas promesas y grandes palabras y gestos, aunque no se orienten realmente a cambiar la estructura social.
Esa característica es muy propia de Chávez, que se ha erigido como cabeza de su movimiento a fuerza de “gestos”, que hacen pensar en un supuesto enfrentamiento con figuras destacadas del golpismo y el imperialismo... aunque una y otra vez haya capitulado ante esos sectores. Lo que hace todo el tiempo es lo mismo que hizo, por ejemplo, con el rey de España (con quien había “roto relaciones” con gran pompa luego del escándalo por haberlo hecho callar en medio de una cumbre, pero al que apretaba amigablemente sus manos apenas seis meses más tarde).
Así, después de que el pueblo venezolano enfrentara el golpe de 2002, Chávez reapareció (constitución y crucifijo en mano) y llamó a la reconciliación con los golpistas, actitud que sostuvo luego del paro patronal petrolero de 2002-2003 y, también, luego del referéndum revocatorio de 2004 (cuando convocó a la oposición golpista a sumarse en un gobierno de unidad) y demás presiones de los sectores más reaccionarios del país, llegando al punto de otorgarles a todos ellos una amnistía el último día de 2007, porque, según afirmó: “quiero que convivamos con las diferencias”.
El último y más evidente ejemplo del carácter estrictamente demagógico de sus palabras es la nueva capitulación frente al presidente colombiano5. Porque hemos visto a Chávez supuestamente “indignado” frente a la incursión militar colombiana (bajo dirección de EEUU) en territorio ecuatoriano y hemos oído su llamado “enérgico” a movilizar tropas como si estuviera dispuesto hasta la guerra contra la avanzada del primer jefe del narcoparamilitarismo (y cabeza de playa de EEUU en la región), en defensa de la soberanía y de los intereses populares... Pero, enseguida, lo hemos visto replegar sus tropas e iniciar un camino de diálogo y concesiones crecientes, aceptando los condicionamientos del “vocero de la oligarquía” (como Chávez llamaba antes a Uribe) y plegándose de lleno a las exigencias que Washington le hacía por medio de su “cachorro”, para condenar la resistencia armada colombiana. Así, en julio de este año, el “vocero de la oligarquía” (que pasó a ser su “amigo” y “hermano”) fue recibido calurosamente y con honores por Chávez en Venezuela, donde se prometieron mutuamente mantener una relación amistosa, impulsar el comercio y los “esquemas de cooperación más efectivos en la lucha contra el narcotráfico”, eufemismo que, en Colombia, siguiendo la doctrina norteamericana, significa lisa y llanamente la matanza de combatientes guerrilleros, sindicalistas, estudiantes, campesinos y de todo el pueblo que luche.
Y con esto entramos una vez más en la demagogia chavista. Porque el coronel del ejército Hugo Chávez, que antaño se dedicaba, como el mismo declaró, a “perseguir guerrilleros”6, se cuidó muy bien durante un tiempo de condenar públicamente la resistencia armada colombiana, pues sabía que una parte importante de sus simpatizantes estaban con esta lucha7. En ese marco se podían leer ciertos “gestos” de Chávez al no condenar abiertamente a las FARC y al ELN; al enfrentar verbalmente a EEUU y su aliado regional, el presidente colombiano Álvaro Uribe; o al interceder como mediador para un intercambio humanitario entre el estado colombiano y las FARC, reconociendo su carácter de fuerza beligerante. Con este acuerdo se concedía la libertad a Ingrid Betancourt, los tres mercenarios yanquis y una quincena de policías y militares asesinos de ese estado, a cambio de la liberación de centenares de presos políticos que se encuentran en las cárceles de Colombia y algunos extraditados en EEUU.
Pero frente a tanto “gesto” demagógico, el régimen chavista venía desde hace tiempo llevando a cabo acciones para nada simbólicas que lo ubicaban en las antípodas de sus palabras, llevando adelante acuerdos para la persecución del “narcotráfico” y colaborando con sus fuerzas de seguridad, en la entrega de importantes dirigentes de la guerrilla, tal como sucedió con Rodrigo Granda (FARC)8 y Donayro Acevedo Pérez (ELN)9.
De todas formas, el fin definitivo de sus “gestos” con respecto a la insurgencia colombiana llegó a mitad de este año, cuando Chávez celebró el falso “rescate” que Uribe llevó adelante (con dirección de EEUU, y participación del Mosad israelí y la embajada francesa), olvidándose de los presos políticos y extraditados colombianos. Tras ese acontecimiento, Chávez volvería a convertirse en un “amigo” de Uribe y a condenar la lucha de la resistencia, haciendo un llamando abierto a que depongan las armas: "a estas alturas (dijo) está fuera de orden un movimiento guerrillero armado. Eso hay que decírselo a las FARC”; para acabar difundiendo la doctrina norteamericana según la cual la insurgencia armada es “terrorista” y es un justificativo para su intervención militar: “el día que se haga la paz en Colombia se acabó la excusa en el imperio, la principal que tienen, el terrorismo”. Enseguida sus palabras fueron tomadas por lo más rancio de la contrarrevolución. El ministro de defensa colombiano festejó diciendo: "Si las declaraciones de Chávez son de verdad, el fin de las FARC está cerca”; por su parte, el candidato republicano estadounidense John McCain, también aprovechó para cargar contra la guerrilla: “Chávez ha hecho una declaración de que las FARC se tienen que desarmar y dejar su lucha, espero que acepten el consejo”.

Un “peronista profundo”
La del chavismo es una política de “gestos”... y de grandes palabras. Así, el proyecto de Chávez es considerado oficialmente como una “revolución bolivariana” para la conquista del “socialismo del siglo XXI”10. Pero nada de eso es lo que dice ser, porque ni la revolución es realmente una revolución, ni el proyecto de Chávez se asoma siquiera al socialismo. La demagogia del gobierno de Chávez se presenta una vez más con la manipulación de conceptos, que implican luchas feroces contra el capitalismo y cambios estructurales para el bienestar popular, pero que, en su caso, son usados como simples etiquetas que vienen a reemplazar los nombres de las cosas, pero sin cambiar las reales condiciones de existencia de los venezolanos, convirtiéndose en un majestuoso lavado de cara del capitalismo local. Porque mientras el ejército es rebautizado como “bolivariano” y a cada cosa (incluyendo grupos empresarios) se le agrega el mote de “socialista”, la explotación y la subordinación al imperialismo del capitalismo dependiente venezolano no sólo permanecen, sino que prometen seguir consolidándose de la mano de Chávez, quien por otra parte ha declarado abiertamente que no pretende otra cosa.
Es aplastante el dictamen de los hechos tras casi diez años de más capitalismo. Sus reformas en el plano de la educación, la salud o los planes alimentarios no lo han eximido de las grandes desgracias de este sistema, agravado por las condiciones de dependencia frente al gran capital imperialista: explotación, enriquecimiento de los poderosos y pauperización de la gran mayoría, represión para los que sacan los pies del plato, etc., etc., etc.
Pero, por las dudas, el chavismo, aún en medio de la ambigüedad constante y necesaria de su discurso (donde dice a cada uno lo que quiere oír), ha expresado con bastante claridad algunos postulados básicos de su doctrina pseudo-socialista, como es el resguardo de la propiedad privada, planteado claramente en el marco de su campaña por el referéndum a fin del año pasado; o su idea de que el proceso “bolivariano” implica un acuerdo y beneficio de la burguesía local a la que tiene como aliada en su partido PSUV, a la que en un contrasentido ya ridículo cataloga como “empresarios socialistas”11; o su concepción de que las transformaciones sociales deben llevarse a cabo en forma pacífica sin enfrentar violentamente a los poderosos, llegando, incluso, a condenar abiertamente a quienes lo hacen, como en Colombia, diciendo que “la guerra de guerrillas pasó a la historia”; o su definición claramente antimarxista y antiobrera (y por tanto capitalista) al afirmar que: “Tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”, y que, por eso, mismo su partido, “El PSUV no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy”.
En nuestro país, las posiciones de Chávez se hacen aún más claras, cuando en medio de la confusión del palabrerío “antiimperialista”, “revolucionario” o “socialista”, vemos la defensa exultante que el mandatario venezolano hace del peronismo. Ya lo recordaba Chávez en un típico acto del PJ bonaerense junto al matrimonio Kirchner: “Un militar retirado argentino me enseñó a leer a Perón, y yo soy peronista, un peronista profundo”. De ese modo no hacía más que repetir por enésima vez su afinidad por el proyecto de Perón, el “justicialismo”, con el cual el caudillo educaba a las masas en la doctrina corporativista de “la comunidad organizada”, fundamento de una ideología conservadora en defensa del sistema capitalista, que inducía a los trabajadores a buscar la conciliación con sus explotadores, aplacando la lucha de clases.
Este “peronista profundo”, que admite que “no tomará las banderas del marxismo-leninismo” (como son la independencia de los trabajadores frente a la burguesía, la lucha a muerte contra los explotadores, etc.), busca presentar como “nuevo” un remozado capitalismo (“del siglo XXI”), alzando demagógicamente banderas de la clase obrera. En suma, no hace más que seguir un camino trazado por numerosos gobiernos burgueses para ganar apoyo popular, desde Perón, quien incluyó en su marcha la consigna “combatiendo el capital”, hasta el mismo Hitler que usó el lenguaje del proletariado para obtener el apoyo de los trabajadores a su proyecto capitalista de expansión y opresión al que llamó “nacional-socialismo”.

Dos proyectos antagónicos
Hoy en Venezuela la movilización popular es muy importante y la discusión y participación política ha calado hondo en los barrios más humildes. Los trabajadores y otros sectores oprimidos salen habitualmente a la lucha por sus reivindicaciones organizados en sindicatos y agrupamientos políticos, con tomas de fábricas o de tierras, paros, manifestaciones y enfrentando no sólo a la represión gubernamental y patronal sino también contra los intentos golpistas y los lock out promovidos por grandes capitalistas que se oponen a Chávez. En la lucha y organización diaria los trabajadores buscan una perspectiva que permita saldar realmente sus reclamos, erradicando las injusticias y penurias a las que el capitalismo los somete cotidianamente. Por eso, se organizan para enfrentar a los empresarios, a los banqueros, a los terratenientes y a las incursiones imperialistas. Por eso, mientras el gobierno hace demagogia con fraseología revolucionaria, el pueblo habla con entusiasmo de revolución y de socialismo.
Frente a esta situación, Chávez no expresa una salida para la clase obrera y los demás sectores populares en lucha. En su movimiento conviven los trabajadores y los humildes junto a grandes magnates de la explotación, pero Chávez defiende sólo a estos últimos; defiende el corazón de los intereses de los empresarios: el capitalismo y su propiedad privada. Su enfrentamiento con otros sectores burgueses que se orientan al golpismo y el lock out no le quita al chavismo su carácter capitalista, sino que lo ubica en el marco de las disputas que esta clase explotadora tiene por el reparto de sus beneficios, y en función de las distintas formas de gobernar que la burguesía encuentra para someter a la explotación a la gran masa de trabajadores (con formas distintas de racionalizar la represión, las dádivas, la “participación democrática”, la movilización, etc.). En definitiva, sosteniendo (y defendiendo) el capitalismo y su máxima principal, la propiedad privada, Chávez representa lo más medular de la burguesía, a la que llama a integrar su gobierno, cuyos negocios promueve diariamente y cuyos intereses defiende incluso con el garrote de la represión.
Consecuentemente, Chávez condena la acción independiente de los trabajadores y muy especialmente su violencia contra los opresores. Ataca a aquellos que se organizan por fuera de su dirección y no admiten subordinarse a su partido, el PSUV. Condena siempre a los rebeldes que se enfrentan con los poderosos, sea en Venezuela cuando toman una fábrica o un terreno sin su consentimiento, o sea en la vecina Colombia, donde se alzan en armas contra el gobierno paramilitar de Uribe. Y por eso también el chavismo, mientras habla demagógicamente de un “socialismo del siglo XXI”, condena las ideas que la clase obrera ha forjado en años de lucha contra el capitalismo. Chávez ataca así la base misma del socialismo, el marxismo, intentando negar con ello sus enseñanzas fundamentales. Niega que los trabajadores y sus explotadores tienen intereses irreconciliables. Niega que los burgueses y sus representantes defenderán con todos sus recursos (la violencia, la opresión, la cooptación, la demagogia, el engaño...) el sistema que mantiene sus privilegios, el capitalismo, el mismo que hoy impera en Venezuela y es defendido y dirigido por Hugo Chávez. Y éste a su vez niega que, en consecuencia, la única forma que los trabajadores tienen para dar cauce a sus aspiraciones revolucionarias es la lucha a muerte contra sus opresores, la derrota de la burguesía y el triunfo de la clase obrera en el marco de la violenta lucha de clases, única forma en que es posible la conquista del poder político por parte de los trabajadores y el pueblo contra los capitalistas, y la constitución de un nuevo tipo de estado, el estado obrero, en el que la inmensa mayoría enfrente a los que aún persisten en sostener la explotación del hombre por el hombre... el socialismo.

Frente al chavismo: organización independiente de los trabajadores por la revolución
La movilización, las distintas medidas de lucha, la discusión y organización política, la resistencia contra el golpe o ciertas patronales... son todas medidas que en Venezuela van templando la lucha popular, contribuyendo a su maduración y organización. Pero para enfrentar definitivamente a la explotación y demás calamidades capitalistas es imprescindible luchar contra el capitalismo mismo y por el único proyecto superador, el socialismo, organización social de y para los trabajadores. Ello implica dar impulso a una lucha revolucionaria por el poder obrero, enfrentando por todos los medios la resistencia de los capitalistas y sus aliados: el gobierno, las FFAA, la iglesia, etc.
Frente a esa perspectiva de organización y lucha por una nueva sociedad, Chávez no es ni un jefe revolucionario, ni un impulsor de la actividad revolucionaria de las masas, ni un aliado de los trabajadores en su lucha contra los capitalistas, sino, por el contrario, un representante de la burguesía y un enorme obstáculo para que los trabajadores y el pueblo de Venezuela logren organizarse y luchar en forma independiente por un proyecto propio, la revolución socialista, que es antagónico al capitalismo de Chávez y sus “empresarios socialistas”, pero que es la única forma de enfrentar al capitalismo y su barbarie.
Por eso es que cada iniciativa de Chávez para el fortalecimiento de su proyecto, como es el llamado al referéndum o la conformación del PSUV (en un intento de disciplinar a todo el movimiento político subordinándolo a su dirección política), es una forma de encarrilar a los trabajadores y el pueblo humilde tras su proyecto, que es el de la burguesía, y apartarlos de una posible orientación revolucionaria. Para encauzar tras su proyecto burgués a los trabajadores y el pueblo, Chávez acude reiteradamente a un mismo recurso: la polarización entre dos grandes campos, ubicando en el bando de los “enemigos” a los capitalistas locales y extranjeros que no apoyan al chavismo (que impulsan la movilización, el lock out y el golpe en su contra), y oponiéndole el movimiento chavista. Pero este movimiento acaudillado por Chávez se constituye como una amplia fuerza heterogénea, en la que la gran mayoría trabajadora, que pone el cuero para las luchas (como sucedió con el intento de golpe) y sigue empobrecida y explotada, sirve como tropa de un grupo de burgueses y burócratas (la boliburguesía), que ponen el programa de su movimiento (el capitalismo, la propiedad privada, la no violencia contra los explotadores, etc.) y, que en el nombre del chavismo, se enriquecen escandalosamente mientras hacen grandes negocios con los capitalistas “golpistas” y con el imperialismo.
Evidentemente, como lo hemos repetido insistentemente, los revolucionarios se alistan en las filas de la resistencia, cada vez que el imperialismo amenaza y que el golpismo asoma12. Pero eso no significa en lo más mínimo subordinarse a un proyecto que es medularmente burgués y que, lejos de representar los intereses de explotados y oprimidos, significa una perpetuación de esas relaciones de dominación. De hecho, tanto el movimientismo, que lleva a diluir la actividad e ideología proletarias en el marco de una amplia alianza que termina siempre dirigida por los capitalistas, y el personalismo o la idolatría hacia este militar capitalista, boicotean la perspectiva de organización independiente y revolucionaria de los trabajadores para enfrentar al capitalismo en Venezuela y son un pésimo ejemplo para los trabajadores de nuestro continente.
El sostenimiento de un proyecto revolucionario de cambio implica una posición intransigente de independencia de clase por parte de los trabajadores. La “unidad” contra el gran capital y el imperialismo a la que llama el chavismo es, en realidad, la subordinación de los trabajadores a un proyecto ajeno, el de los explotadores, que ha demostrado ampliamente no tener respuesta para los problemas de los trabajadores y el pueblo.
Como afirmábamos el año pasado13: “con dos mandatos cumplidos, el dominio completo sobre el parlamento, el control de la gran mayoría de las provincias, la dirección de los más grandes sindicatos y un amplio apoyo popular, el gobierno de Chávez ha dado ya sobradas muestras de su incapacidad para llevar adelante transformaciones profundas en Venezuela mostrando con ello los límites de su proyecto burgués de conciliación. Ahora en este nuevo período en que a la millonaria recaudación petrolera deben sumarse los plenos poderes que le han sido otorgados a Chávez para llevar adelante las medidas que considere necesarias, quedará una vez más a la vista de todos los que se dispongan a ver la realidad, que el chavismo, lejos de ser una alternativa pacífica e institucional para llegar al socialismo, es un recurso de la burguesía para encarrilar a los trabajadores tras su propio proyecto: el de la defensa de la propiedad privada y de los negocios y las relaciones de explotación capitalistas, y que es, por eso mismo, la prueba más elocuente de que sólo los trabajadores y el pueblo en forma absolutamente independiente de la burguesía, enfrentando al régimen y su institucionalidad con todas las fuerzas y todos lo métodos necesarios, pueden llevar adelante la única revolución que de por tierra con el sistema capitalista: la revolución socialista”.
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NOTAS:
1) Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el sueldo básico de un trabajador que, a principios de este año, estaba en 614,79 bolívares fuertes no llegaba a cubrir media canasta básica, estimada entonces en 1.364,92 bolívares fuertes.
2) Lamentablemente para los trabajadores, tres años más tarde cabe la misma afirmación que hacíamos en “Venezuela: reforma o revolución” (ER Nº5, agosto 2005): “Los reclamos obreros por sus condiciones de trabajo y salariales (prácticamente la mitad está en negro y el salario mínimo no logra alcanzar la canasta básica de alimentos) son tan desatendidos como los de otros sectores populares como el campesinado, por ejemplo, que aguarda expectante una efectiva distribución de tierras para su trabajo”. En 2006, de casi 12 millones de trabajadores registrados cerca de 7 millones no recibían prestación social y apenas un 35% contaba con los derechos laborales y sociales regulados por ley.
3) El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) registra que actualmente el 20% más rico de la población se apropia de alrededor del 47% del ingreso, mientras el 60% más pobre apenas se reparte el 29,7%. El mismo presidente del organismo debió admitir que “en los últimos 30 años, en Venezuela de desarrolló una tendencia muy pronunciada a la concentración del ingreso hacia los sectores más ricos”.
4) La deuda externa, que entonces era de unos 20.000 millones de dólares, se ubica ahora alrededor de los 67.000 millones. Desde hace tiempo, por otra parte, Chávez viene reivindicando ser un gran pagador de deuda: “en los últimos 5 años (decía a mitad de su mandato) Venezuela pagó 25 mil millones de dólares para amortizar capital e intereses de la deuda externa”. (ER Nº1, marzo 2005)
5) Una más y van... Las amenazas de “ruptura” y consecuentes capitulaciones y abrazos con Uribe son constantes, como sucedió luego del secuestro de Granda. En febrero de 2006 comentábamos que, tras el secuestro del canciller de las FARC en Venezuela,“el gobierno “bolivariano” se mantuvo en silencio durante dos semanas y terminó acusando a un puñado de militares de su país que fueron liberados al poco tiempo, sin hacerse cargo de la operación. Luego llegó la pantomima hecha por Chávez quien mintió a la comunidad internacional al afirmar que había sido “traicionado” y que (...) en su afán de copiar a Perón amenazó con “romper relaciones con Colombia”. Pero sólo un mes más tarde, el 03/02/05, el vicepresidente del “gobierno revolucionario de Venezuela” José Vicente Rangel (...) dejaría en claro (...) que el impasse con Colombia estaría próximo a solucionarse, ya que “Venezuela no es santuario de terroristas”. (...) un año mas tarde (...) mientras los presidentes Chávez y Uribe aparecían a los abrazos en los medios de comunicación, dando discursos sobre su sentida amistad y dejando atrás todas las amenazas de “ruptura” diplomática, los diarios colombianos (no así los venezolanos) empezaron a comentar la nueva noticia: otra entrega, esta vez la de un miembro de la dirección nacional del ELN había sido realizada con la colaboración de las fuerzas de ambos países...” (ER Nº10, febrero 2006)
6) Ver “Persiguiendo guerrilleros” (ER Nº23, agosto 2007)
7) Lo que no quita que el ataque a la guerrilla ya se viniera dando desde muchos años antes, aunque numerosos defensores, también simpatizantes de Chávez, no admitían entonces la gravedad de las posiciones del presidente venezolano que, como comentábamos en ER Nº1, le había prometido a Uribe en 2005 que “luchará contra el terrorismo del color que sea” en una reunión de la que Uribe salió diciendo: “los dos gobiernos acordamos intercambiar información sobre los guerrilleros de manera discreta y prudente”. Entonces, el gobierno venezolano habló por boca de su vicepresidente. quien advirtió: “Venezuela no es santuario de terroristas”.
8) “Ya el 13 de diciembre de 2004, a cuatro días de haberse celebrado en Caracas el Segundo Congreso Bolivariano de los Pueblos, Granda fue secuestrado en el centro de Caracas, mientras era entrevistado por el periodista Omar González. El secuestro se llevó a cabo a plena luz del día, a eso de las 4:00 pm, cerca de la estación de subte Bellas Artes y no muy lejos del Hotel Hilton. Granda fue colocado en el baúl de un vehículo rústico 4x4 y conducido en un viaje de catorce horas a Cúcuta, Colombia. De acuerdo al mismo Granda, algunos de los hombres que lo apresaron se identificaron como agentes de la DISIP venezolana, mientras que otros tenían un acento “paisa” colombiano. Los secuestradores, viajando en cuatro vehículos con vidrios polarizados, cruzaron siete estados venezolanos y pasaron por unos catorce puestos policiales y militares” (“Chávez y la Revolución bolivariana”, ER Nº10, febrero de 2006).
9) “Otra entrega, esta vez de un miembro del ELN (Ejército de Liberación Nacional) había sido realizada con la colaboración de ambos países, el 18 de diciembre de 2005 (...). Donayro Manuel Acevedo Pérez, más conocido como “Hernán” o”Milton”, fue capturado en Venezuela y deportado a Colombia, como lo publicaba el diario progubernamental El Tiempo y lo ratificaban diversos medios de prensa...” (“Chávez y la Revolución bolivariana”, ER Nº10, febrero de 2006)
10) “Como bien lo define el nuevo Abelardo Ramos, Humberto Tumini, el “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que la búsqueda de un capitalismo un poco más benevolente, en el que se desarrolle “una nueva burguesía nacional” (“De la mano de Chávez”, ER Nº12, abril 2006)
11) La asociación de “Empresarios Socialistas de Venezuela” es parte del PSUV y cuenta con figuras como Marcos Zarikian, dueño del Hotel Eurobuilding y principal empresario textil, Alberto Vollmer, propietario de Ron Santa Teresa, Víctor Vargas Irausquín y Víctor Gill Ramírez, ambos banqueros, ex miembros de los partidos tradicionales de la burguesía (COPEI y Acción Democrática) y dueños del BOD y Fondo Común, entre otros. Otro magnate que supo ser un gran amigo y aliado de Chávez es el banquero venezolano Victor Vargas que, como relata Perfil, supo aprovechar sus amistades: “Desde la llegada de Chávez al poder, Vargas triplicó su fortuna y es hoy dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD), el quinto banco más importante del país. Sucesivas intermediaciones en las operaciones de compra y reventa de bonos argentinos por parte del gobierno venezolano lo convirtieron en la prueba viviente de que a quienes supieron servir al régimen chavista no les fue nada mal”. (Perfil, 20/08/08). El reclamo de integración de los capitalistas en el gobierno chavista, en franca oposición a un gobierno de los trabajadores, es reiterado una y otra vez por sus funcionarios. Así, mientras el ministro del Poder Popular para la Planificación y Desarrollo, Haiman El Troudi, defiende la “alianza estratégica” entre el capital y el trabajo, su colega, el ministro del Trabajo Roberto Hernández Wohnzieler, afirma directamente: “En Venezuela presenciamos el hecho de que buen número de empresarios han asumido el proyecto socialista y no hay razón legítima para que los obreros, unidos, encaren su propio proyecto”.
12) Cuando Lenin tuvo que tomar una decisión en este sentido sus principios fueron la guía que dio curso a su acción contra el golpismo pero también contra la burguesía “democrática”. Unos meses más tarde de ese gran acierto conquistaría junto al proletariado y el campesinado rusos el poder en tierra zarista. Como lo recordábamos en “De la mano de Chávez” (ER Nº12, abril 2006): “Las enseñanzas bolcheviques son el ejemplo “Cuando a mediados de 1917 el gobierno burgués de Kerenski apoyado por la gran mayoría de los partidos socialistas y burgueses radicales, estaba bajo la amenaza de un golpe reaccionario dirigido por el jefe militar Kornilov, Lenin sostuvo firme su postura de enfrentamiento al gobierno burgués atacando las posiciones conciliadoras que se llegaron a escuchar en su mismo partido, sin perjuicio de participar en la resistencia contra la intentona golpista. “Ni aún ahora debemos apoyar al gobierno de Kerenski –decía entonces Lenin en una carta al Comité Central del Partido-. Sería una traición a los principios. (...) Combatiremos, combatimos contra Kornilov, pero no apoyamos a Kerensky, sino que denunciamos su debilidad. Hay una diferencia...”
13) “La Farsa del siglo XXI”, ER Nº21, febrero 2007.

CHÁVEZ, EL “PACIFICADOR”

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

Como fiel representante de la burguesía local el chavismo no sólo ha despreciado la lucha de la resistencia colombiana sino que ha contribuido a combatirla, siendo cómplice en la captura de algunos de sus más altos dirigentes, como el canciller de las FARC Rodrigo Granda, secuestrado en forma conjunta por fuerzas de seguridad venezolanas y colombianas en pleno centro de Caracas.
Hoy las FARC reclaman la liberación de más de 500 combatientes presos por el gobierno pro yanqui de Álvaro Uribe y ofrecen canjearlos por funcionarios, militares y mercenarios yanquis que han sido retenidos por la guerrilla con ese fin. Como única condición han puesto la necesidad de contar con un territorio liberado de fuerzas represivas colombianas para poder llevar a cabo las negociaciones y el canje sin ser emboscados.
Como no podía ser de otra manera Chávez ha intervenido para sortear lo que entiende como un escollo puesto por las FARC (¡jamás entraría en su cabeza sortear los escollos de su “amigo” Uribe!), ofreciendo el uso de suelo venezolano para las negociaciones de canje… el mismo suelo donde fue secuestrado el canciller Granda.
El actual discurso de Chávez recuerda la tan repetida teoría de los dos demonios que equipara al estado capitalista con la resistencia popular: “Tendrían que ambos ceder; -decía entonces refiriéndose a la guerrilla y la represión uribista- “liberar aquí y liberar allá”… Y decidiendo olvidar la distancia que existe entre una guerrilla popular y un aparato militar que involucra a militares, paramilitares y marines yanquis; y olvidando sobre todo la distancia que hay entre los principios del que se levanta en armas y entrega su vida por una transformación revolucionaria y el que defiende a sangre y fuego los privilegios de la podrida burguesía internacional, volvió a sentenciar Chávez: “Ojalá pudiéramos convencer a las fuerzas guerrilleras de las FARC y al gobierno para liberar a esa gente”.
Son los consejos del “pacificador” Chávez, el mismo que llamó a la conciliación con los golpistas luego que el pueblo parara el golpe de estado y terminó otorgándoles el referéndum, el mismo que hace pocos meses reprimió a los obreros de Maracay por reclamar el control de su fábrica tomada desde hace tiempo, el mismo que el mes pasado dejó definitivamente en libertad a los máximos exponentes del golpe de estado en nombre de la “pacificación nacional”.

UN BURGUÉS BOLIVARIANO, NO TAN PEQUEÑO

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

En el mes de abril de 2005 la capital de Ecuador, sacudida por manifestaciones populares, fue escenario de una violenta represión detrás de la cual, además de la lógica represiva del gobierno de Lino Gutiérrez, se escondía una urgencia material mucho más contante y sonante: había que vaciar los depósitos de bombas de gas lacrimógeno de la fábrica local de armamento GASPOL para que la empresa (70% propiedad de la policía y 30% privada) pudiera cumplir su contrato de provisión de gases por más de un millón y medio de dólares con la yanqui Armor Holdings, subsidiaria de Global BAE Systems, una de las líderes mundiales en el negocio de las armas. El representante en Miami de Armor Holdings se llama Pedro Guerrero, y es uno de los personajes que aparece vinculado a Guido Alejandro Antonini Wilson, el portador de la valija con los 800.000 dólares venezolanos, cuyo repentino salto a la fama tiene perplejos a los habitantes de La Victoria, que lo recuerdan, apenas un par de décadas atrás, como encargado de la gomería del pueblo.
La misma empresa yanqui protagonizó entre 2002 y 2003 una enorme venta de armas para la policía del estado venezolano de Cojedes, cuyo gobernador, el chavista Johnny Yánez Rangel, llevó a Antonini Wilson como asesor a Montevideo. Allí se tomó la foto que todos los diarios publicaron días después del hallazgo de la valija. Armor Holdings no fue la contratante directa para proveer al estado venezolano de subametralladoras Uzi, pistolas de guerra israelíes y gases lacrimógenos, sino que intervino la firma “Rubial & Durán”, supuestamente constructora, propiedad de Franklin Durán, otro amigo y socio de Antonini Wilson.
Del abanico de empresas registradas a nombre de Antonini, la mayoría tiene sede en Miami, y sólo una se encuentra en Caracas: Defensa y Tecnología, dedicada a la venta, distribución, exportación e importación de armamento militar y policial, así como aeronaves de uso militar. Antonini Wilson tiene el 95% de las acciones, y figura como presidente de una compañía con tres empleados, pero inscripta en el registro de proveedores del estado venezolano.
El robusto venezolano integra media docena de directorios con conocidos empresarios del círculo que en Venezuela llaman “los nuevos ricos de la revolución”, es decir, los que en los años que lleva el chavismo en el poder se han enriquecido meteóricamente. En Foxdelta Investments Inc. los socios del “hombre de la valija” son Franklin Durán y Wladimir Abad. El segundo también integra la dirección de Techmilk Inc. junto a Guido Antonini, y es secretario de la firma yanqui American Food Grain, cuyo presidente es Ricardo Fernández Barruecos, dueño de PROAREPA, una firma favorecida por el gobierno chavista con contratos multimillonarios para programas de distribución de alimentos.
Franklin Durán, el otro socio de Antonini en Foxdelta, comparte con él la pasión por los autos, y fue su copiloto el pasado 22 de abril en el Rally Gumball 3000 que se disputó en Rumania. Allí tripularon un Porsche Carrera GT de la empresa Venoco, una petrolera mediana definida como “parachavista”. También suelen correr la hermosa Ferrari roja 360 de propiedad de Carlos Kauffman, otro de los amigos de Antonini, y actual directivo junto a Durán de Industrias Venoco. Kaufman y Duran se hicieron de Venoco a fines de 2004, cuando el grupo que la controlaba, vinculado al presidente interino Pedro Carmona Estanca, cayó en desgracia luego del fallido golpe de estado contra Chávez. Tanto el Porsche como la Ferrari suelen lucir en su luneta un calco que dice “Ahora Venezuela es de todos”.
O sea, ni “antichavista” ni “agente de la CIA”. Simplemente un conspicuo representante de la burguesía venezolana, que intercambia apoyos y negocios con el gobierno bolivariano.

CHÁVEZ Y LA “DEMOCRATIZACIÓN DEL CAPITAL”

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

Decíamos en El Revolucionario Nº21 que “a tantos años de comenzada la “revolución” de Chávez, y a pesar del permanente aumento de los precios del petróleo en los últimos años, la brecha entre los más ricos y los más pobres sigue tan amplia como antes de su primera asunción. Esta realidad señalada en las estadísticas se refleja en la vida diaria de los venezolanos: extensas villas miseria rodean la ciudad capital y una profunda pobreza se aprecia a lo largo de todo el país, al tiempo que se extiende enormemente la importación de artículos de lujo que forman parte del consumo de las nuevas clases pudientes “bolivarianas”.”
Nada ha cambiado desde entonces. Con la mitad de los trabajadores precarizados y medio país sin conseguir trabajo estable, la pobreza inunda Venezuela: un tercio de la población es tan pobre que el gobierno ha debido asumirlo en los informes oficiales y el dengue, una enfermedad paleolítica que se reproduce en medio de la indigencia y la pestilencia, se ha expandido por doce estados del país, afectando ya a 30.000 de esos venezolanos pobres.
Ante un régimen democrático que sostiene este estado de cosas como garante de los intereses de los explotadores, el chavismo lejos de enfrentar a los capitalistas, ha llamado a profundizar, perfeccionar y ampliar esa democracia celadora de la propiedad privada. De eso se tratan los eufemismos “democracia participativa” o “poder popular” en los que se centra su nueva reforma. A eso se refiere su pretendida lucha contra una “oligarquía” insignificante: a su descarada defensa de la clase capitalista que detenta el poder del estado y se llena los bolsillos con los negocios que les brinda el bolivarianismo.
Por eso dice Chávez: “Estatizar es aferrarse a un dogma”, para enseguida garantizarle a Techint increíbles negociados en su país(1). Y retruca:“el socialismo venezolano acepta la propiedad privada”, mientras por todos lados se muestran las espectaculares fortunas que amasan los Antonini Wilson que lo acompañan.
Así, en nombre de su inventado “socialismo del siglo XXI”, el chavismo defiende los intereses de la burguesía. Y para arrastrar tras de sí al movimiento popular ha reanimado la vieja utopía reaccionaria según la cual, es factible avanzar hacia el socialismo pacíficamente por medio de la institucionalidad del sistema y codo a codo con los capitalistas.
Para poder disciplinar a la clase obrera y el pueblo tras este proyecto, el chavismo ha llamado a la conciliación de clases. Bajo la consigna de la “democratización del capital” Chávez está levantando un gran aparato, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), del que ya son parte la Confederación de Empresarios Socialistas de Venezuela, los militares, la burocracia estatal y su dirección, el movimiento 5ta república, y en el que se cuadrará el conjunto de las organizaciones políticas y sociales que han dado su apoyo (aunque sea “crítico”) al gobierno de Chávez.
Todo vestigio de independencia de clase pretende ser eliminado por Chávez quien ha llamado a deshacer los partidos existentes para fundirse en el partido-movimiento que él encabeza. Incluso los sindicatos intentan ser licuados en ese movimiento nacional policlasista cuya dirección ya anticipó la permanencia del régimen de propiedad privada.
Así, apadrinado por Fidel Castro quien ya desde hace tiempo lo designo como su “sucesor”, Chávez se ha hecho cargo de encabezar a nivel continental esta nueva corriente que promueve la “paz social” y la reforma dentro de los marcos del sistema en conciliación con la burguesía.
Como comenta el diario El Universal de su país: “…el presidente Hugo Chávez reconoció que sostuvo conversaciones, de largas horas, según dijo, con los protagonistas de otras revoluciones contemporáneas para conocer sus errores y evitar cometerlos en su proyecto político bolivariano. Esta particular mención la hizo cuando explicaba las razones por las que no acogió, en la redacción de su proyecto, la propuesta de venezolanos partidarios de la tesis de "eliminar toda forma de propiedad privada sobre los medios de producción". Sus conversaciones con Daniel Ortega, líder sandinista de Nicaragua; Fidel Castro, artífice de la Revolución Cubana, y Alexander Lukashenko, presidente de Belarús y testigo de la era soviética, le llevaron a concluir que hubo un desacierto común en estos procesos: "la pretensión de eliminar de un tajo propiedades productivas".”
El actual presidente de Nicaragua que conquistó el poder a fuerza de arrepentirse de su pasado revolucionario y de promover la conciliación con los asesinos de sus ex compañeros combatientes guerrilleros (llevando incluso a un paramilitar de compañero de fórmula) y el antiguo burócrata cocalero que asumió el gobierno boliviano luego de haber traicionado la lucha de su pueblo, apoyando a Mesa y su referéndum para “pacificar” el país, son los laderos del presidente Chávez para este proyecto internacional: “Les he comentado a Ortega y Morales (comentó Chávez) que 2008 podría ser bueno para una reunión de partidos de izquierda de América Latina y organizar una Internacional de Izquierda de América Latina (…) Eso bien pudiera ser en 2008 y el PSUV tendrá un papel bien importante que jugar”.
Allí habrá lugar para que todos los defensores de la vía pacífica y de la alianza de clases se integren a esta parodia de Internacional y defiendan la democracia burguesa, con sus Wilson y su dengue, su Techint y sus villas miseria. A cambio, los más avezados tendrán sus migajas: contarán con subsidios para comedores o proyectos de educación popular, con viajes para congresos o espacio en notables publicaciones… y podrán jugar a la “revolución bolivariana” mientras a su lado la explotación se profundiza.
La clase obrera, los pobres, los postergados… el pueblo humilde, en cambio, no se acostumbrará nunca a esta indigna vida de miseria. La explotación, la enfermedad, la opulencia y demás pestes capitalistas pesan cada día en la vida de los oprimidos y sedimentan el odio y la energía combativa que hará posible una verdadera revolución.
Es tarea de los revolucionarios forjar la organización necesaria para desarrollar e impulsar esta lucha en el único camino que permitirá la real emancipación de los explotados: la revolución socialista.

NOTAS
1) Decía Clarín el 22/08/07: “El pasado 5 de mayo fue la primera vez que Hugo Chávez amenazó con nacionalizar Sidor. "Que venga Paolo Rocca", reclamó. Lo curioso es que la presión de Chávez fue en simultáneo con una solicitada del Enargas en la que involucró a Techint con el caso Skanska, en el que aún se investiga presunta corrupción de funcionarios. Pese a que pasaron pocos meses, los acontecimientos tomaron rumbos inesperados. El titular del Enargas, Fulvío Madaro, fue echado por el caso Skanska. Y el último 6 de agosto, Chávez negoció con Rocca un acuerdo sobre Sidor, la mayor siderúrgica venezolana, que desde 1998, cuando fue privatizada, pertenece en un 60% a Techint. Líder mundial en el negocio del acero, Techint factura US$ 16.000 millones”.

LA FARSA DE LA “REVOLUCIÓN VENEZOLANA”, UN DISCURSO CONTRA EL MARXISMO Y UN “SOLDADO” MILLONARIO

El Revolucionario Nº28 (Septiembre de 2007)

“El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no tomará las banderas del marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la realidad de hoy”…. “…tesis como la de la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución están obsoletas”... “El trabajo hoy es otra cosa, es distinto, está la informática y la telemática, y Carlos Marx ni siquiera podía soñar con estas cosas”. (Discurso del coronel Chávez en su programa Aló Presidente Nº287, del 21/07/07).

Parece mentira, pero en la página del programa Aló Presidente, donde están transcriptos todos los discursos del coronel Chávez, éste en el que sincera su antimarxismo y repulsa a la clase obrera no aparece. Qué casualidad... es lo que nos deja la honestidad intelectual de este nuevo “prócer”.
El que dijo que el “eje” era invencible y que el súper gasoducto era un hecho, de la mano su “amigo y hermano” Lula, el “hermano” Tabaré (que se fueron con los yanquis), y el “mosquetero” Duarte Frutos (que dio vía libre a los yanquis para instalar su base y sus marines por tiempo indeterminado), el que abrió su bocaza y dejó entrever que sería designado al Consejo de Seguridad de la ONU; declara ahora también su carácter honestamente burgués al atacar, cual Fukuyama, al marxismo y la clase obrera, metiendo crisis entre algunos de sus aduladores (que dicen ser marxistas).
¿Cómo olvidar que mandó a hacer silencio quince interminables días cuando, el 13 de diciembre de 2004, en Venezuela, secuestraron a Rodrigo Granda (canciller de las FARC-EP)? ¿O que luego mandó a declarar a su vicepresidente, el 3 de febrero de 2005, que “su gobierno y Venezuela, no es santuario de terroristas”?
¿Y cómo olvidar toda esa lamentable pantomima de romper relaciones con el narco-paraco Uribe(1) para terminar abrazados festejando la reelección del presidente colombiano?
¿Cómo es posible que se haga abstracción de este comportamiento llamándolo “comandante”, como si estuviéramos hablando de dirigentes de la talla de nuestro querido Che Guevara?
Es como que nos imaginemos a aquellos que hicieron y dirigieron una verdadera revolución socialista (y no una “revolución bolivariana”) envueltos en los brazos de sus enemigos: a Fidel Castro abrazando a Anastasio Somoza, o al Che Guevara abrazando a Kennedy. Tras la toma del poder en Cuba, los jefes revolucionarios (Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Che Guevara, Armando Hart Dávalos, Ricardo Amejeiras…) fusilaron y encarcelaron a los que se oponían a la anulación de la propiedad privada y conspiraban contra el avance de Cuba hacia el socialismo.
El Che cita varias veces en sus escritos y memorias “el caso del traidor Huber Matos”, quien encarnaba el programa que hoy defiende el chavismo: el programa burgués de defensa de la propiedad privada que necesariamente es antiobrero y antimarxista. No está de más recordar que a Huber Matos se lo encarceló por veinte años por conspirar contra el socialismo y la dictadura proletaria necesaria para su construcción. Hoy vive en Miami y es un activo militante contrarrevolucionario que reclama “la libertad en Cuba”.
Huber Matos, el primer defensor del llamado a elecciones, tenía el planteo de normalización de las relaciones con EEUU, proponiendo mejores condiciones para el negocio, por supuesto dejando para el imperio la parte del león, y conformando a su clase con el menudeo y los afanos en el estado, que igual los hace millonarios (como hoy lo hacen la burguesía “revolucionaria” chavista, o la kirchnerista, o la adorada clase media boliviana dirigida por Evo Morales).
La falta de seriedad del chavismo argentino y su ídolo queda en evidencia frente a las absurdas justificaciones que esgrimen para explicar por qué la “revolución bolivariana” tiene representantes que viven en Miami y coleccionan autos de lujo (santuario gusano contrarrevolucionario por excelencia).
Menuda crisis se llevan los aduladores ante tamaña demostración de lujo y derroche. En un santiamén nos venimos a enterar que los “nuevos” burgueses nacionales venezolanos, es decir “los revolucionarios bolivarianos” tienen el mismo nivel de riqueza y opulencia (o más) que los locales Amalia Lacroze de Fortabat o Alan Faena. Esos burgueses, que hoy se enriquecen a la sombra del bolivarianismo, no escatimarán recursos para ahogar en sangre cualquier intento de los trabajadores venezolanos para llevar adelante medidas revolucionarias, pues son consientes que esa conquista obrera implica el fin de sus privilegios.
Las febriles invenciones que ha hecho el chavismo local(2) para tapar el sol con la mano son equiparables al papelón que hacen en las urnas.
La defensa que hacen de Chávez las corrientes nacionalistas no es de extrañar, su falsa caracterización de Evita como revolucionaria, los lleva a afirmar que Chávez es un “revolucionario”, le otorgan el grado de “comandante” como si se lo pudiera equiparar al Che, lo llaman “antiimperialista” cuando le garantiza al imperio petróleo y nafta a precios irrisorios (como lo declaró la primera dama argentina al diario español El País), justo cuando el imperio y precisamente el Pentágono sufren su crisis más profunda respecto del abastecimiento del petróleo para su impresionante aparato militar.
Con total desparpajo, los nacionalistas afirman que Chávez es antiimperialista cuando paga por anticipado la deuda externa, que al igual que en nuestro país es ilegítima y fraudulenta (salvo que estos piensen que la deuda de Venezuela con los países imperialistas reviste otro carácter). El bocón de Chávez lo ha dicho, “le pagamos al FMI, aunque a esa deuda los venezolanos ya la hemos pagado varias veces”...(3)
Hace lo que la izquierda kirchnerista con su gobierno: abstraer “lo positivo” a pesar de la miseria, el pago de la deuda, el mantenimiento de las privatizadas, la inflación, etc. El nacionalismo argentino hace lo mismo con Chávez: abstrae sus nueve años en el gobierno con sus cifras de dependencia del imperialismo yanqui, su colaboración entregando a Uribe los compañeros de las FARC y el ELN, la garantía absoluta para con los yanquis abasteciéndolos a precios irrisorios, agarrándose de su discurso (sólo discurso) anti Bush, en el que lo tilda de “satanás”, que “deja olor a azufre” y demás ridiculeces que en el fondo no explican nada. Hasta se parece a la patética Elisa Carrió cuando habla del “autoritarismo” y “hegemonismo” de Kirchner.
¿Y que dirán ahora los declarados “marxistas” argentinos, los devotos de la “revolución bolivariana”?
¿Se bancarán las declaraciones acerca de que el marxismo es caduco o mentirán y se mentirán a sí mismos inventando reinterpretaciones de lo que quiso decir el coronel?
Por ahí lo resuelven como lo resolvieron cuando apoyaron a Lula y ahora hacen como que nunca pasó, o como con Tabaré, y también… mejor no acordarse.
De acuerdo a su conducta respecto de su honestidad intelectual, dudamos que reconozcan la farsa que encarna el llamado “socialismo del siglo XXI”. Más bien acuñan la teoría de la cama que le tendió el imperialismo con el “soldado” de Chávez (como se autodefinió Wilson ante los aduaneros argentinos), un “soldado” millonario que vive en Miami y que colecciona autos de lujo... No es de extrañar, son capaces de cualquier impostura, menos de reconocer su desastroso pronóstico. O mejor dicho, en lenguaje de León Trotsky, reconocer su bancarrota. Mejor aún, citar sus propias palabras: “Cuando los revolucionarios se vuelven indiferentes al nivel de los principios también se envilecen moralmente. ¿Acaso no es indiferencia decir que algo es de una u otra manera? ¿No es lo mismo citar correcta o incorrectamente? Desde que se creó el mundo, nunca hubo tantos mentirosos como nuestros centristas. ¿Por qué? Porque el centrismo es el colmo de la falta de principios.”(4)
Claro que nosotros nos referimos a autroplocamados marxistas y nacionalistas burgueses (antimarxistas) y de ninguna manera a “revolucionarios” a diferencia de León Trotsky que se refiere allí a los derrotados cuadros bolcheviques como Smirnov. De todas formas vale para graficar lo que queremos decir acerca de las imposturas, que no son otra cosa que mentiras.

NOTAS
1) “Paraco” es un término popular usado en Colombia para referirse a los paramilitares.
2) Junto al obsecuente D´Elía, varios sectores repitieron el lamentable verso sobre el “complot de la CIA”: el PC habló de “la mano negra de los servicios de inteligencia yanqui”, Quebracho se sintió traicionado por el kirchnerismo: “al mismo tiempo, lamenta la poca lealtad del gobierno de Kirchner hacia quien reconoce como un gobernante amigo, porque en lugar de defenderlo a capa y espada se presta a la manipulación para difamar a Chávez…”; y muchos otros, como el PCR, directamente cerraron su boca y obviaron el origen venezolano y capitalista de las valijas del escándalo.
3) Sólo el pago de la deuda le ha costado a Chávez más de 30.000 millones de dólares en sus dos mandatos (y un endeudamiento que ronda los 50.000 millones de dólares), a lo que debe sumarse otro tanto que se ha pagado a empresas imperialistas al “comprarles” la parte “nacionalizada” (como la telefónica CANTV o las petroleras del Orinoco): “algunos analistas ubican en cerca de 10 millardos de dólares la cantidad de recursos que ha tenido que canalizar el fisco para costear esta estrategia” (El Universal, Venezuela).
4) León Trotsky, “Sobre el socialismo en un sólo país y la postración ideológica”, noviembre de 1929.

PERSIGUIENDO GUERRILLEROS

El Revolucionario Nº23 (Abril de 2007)

El coronel Hugo Chávez, actual presidente de Venezuela, reconoció en su discurso del 9 de marzo, que “...soldado como era a los 21 años ya andaba persiguiendo guerrilleros pero en el camino tomé conciencia y después volteamos la punta de los fusiles, dejamos de perseguir guerrilleros...”.
Ante esta frase, cualquier incauto (y hay muchos) podría creer que, efectivamente, el gobierno venezolano ha dejado de perseguir guerrilleros. Pero como todo en el chavismo, esto también es una mentira.
Con sólo recordar dos hechos de la historia reciente, podemos dar por tierra con este nuevo engaño. En diciembre de 2004 el gobierno venezolano, junto al gobierno “paraco” de Uribe, ha llevado adelante la detención y posterior deportación a manos de los mismísimos EEUU del “canciller” de las FARC, Rodrigo Granda, quien aún se encuentra prisionero del imperialismo yanqui. Un año más tarde, el gobierno venezolano, entregó a las autoridades de Colombia a Acevedo Pérez, miembro de la dirección nacional del ELN colombiano. Este gobierno, que dice no perseguir guerrilleros, ya ha entregado, a manos de sus verdugos, a dos importantes figuras de la resistencia colombiana, la única que continúa dando la lucha armada contra el imperialismo y sus colaboradores locales en América Latina.
Por último, la confesión del coronel, se estrella contra su práctica. En agosto de 2005 el presidente Chávez, en el marco de un lock-out y una intentona golpista, se encargó de aclarar que, como soldado que es, no entregaría armamento a los sectores que se lo solicitaban como la UNT, y condenó a quienes propusieron tomar el camino de la lucha armada en defensa del país como las FBL.
Así, podemos concluir que a los 21 años, Chávez andaba persiguiendo guerrilleros. Actualmente... también.

EL ACTO EN FERRO: CON ESOS “ANTIIMPERIALISTAS”, EL IMPERIO NO TIENE NADA QUE TEMER

El Revolucionario Nº23 (Abril de 2007)

Por tercera vez, desde noviembre de 2005, Hugo Chávez fue protagonista de un acto co-organizado con el gobierno argentino y promocionado como antiimperialista. Como en Mar del Plata y Córdoba (aunque sin Maradona ni Fidel) la anfitriona fue Hebe Pastor de Bonafini, que presentó al presidente venezolano como “el otro hijo de las Madres”. Al primogénito, el presidente argentino, le agradeció no una, sino tres veces, los recursos para armar el espectáculo. Chávez, a su turno, nombró a Kirchner varias veces, llamándolo “mi buen amigo y compañero”, sin olvidarse de la candidata consorte ni de varios ministros.
También como en Mar del Plata y Córdoba, la concurrencia mezclaba en “democrática” armonía las banderas oficialistas de Libres del Sur, Barrios de Pie, FTV, Martín Fierro, el Movimiento Evita, y otros peronistas, con el PC-MTL, PCR-CCC, MST, Quebracho, MTD Aníbal Verón y otros grupos menores.
De antemano se sabía que no se escucharía ni un indisciplinado silbido contra Kirchner. Fue una condición expresamente impuesta por Chávez, y los dos gobiernos organizadores dispusieron de tropas especiales para garantizarla: varios centenares de militares venezolanos rodeando el palco, un espectacular operativo de la policía federal afuera, y entre 1.000 y 2.000 militantes kirchneristas mezclados con la concurrencia para “prevenir desórdenes”, como informaron profusamente los diarios. Al final fue superabundante tanto despliegue, porque la orden fue acatada sin discutir ni chistar. El 9 de marzo tituló Clarín: Pacto de "convivencia" con la izquierda para el acto de Chávez de hoy en Ferro. Lo acordaron grupos oficialistas con los piqueteros duros. Los canales de televisión que emitían en directo tuvieron especial cuidado en mostrar los sectores del estadio ocupados por los “no kirchneristas” cada vez que se nombraba a Kirchner. Ni un chiflido. Eso es democracia, madurez y unidad de acción.
Los comentarios posteriores al acto de los que concurrieron son bien elocuentes. El PC, en la pluma de su máximo dirigente Patricio Echegaray, dice que “algo para destacar ha sido el espíritu unitario de este acto, lo que se vio en su convocatoria, en las fraternales y consideradas palabras de Hebe de Bonafini para todos los participantes y en la armonía con que diferentes sectores del peronismo y variados partidos de izquierda compartieron la movilización” (1). Y concluye, en criminal omisión histórica, que fue “lo más alto de la expresión contra el imperialismo que ha tenido lugar en nuestro país”. Ciertamente no se puede pedir más al partido que, confirmando su prosapia proburguesa, hoy acuerda electoralmente a través de Carlos Heller con Filmus, Bonasso e Ibarra.
El MST defendió el acto como “acción altamente progresista” porque sus “consignas eran correctas” (2), incapaces de distinguir entre una consigna oportunista y una política de estado consistente, que reprime, paga la deuda, manda soldados a invadir Haití y cumple las exigencias imperiales en materia de “leyes antiterroristas” y seguridad de las inversiones extranjeras. Los morenistas aprovecharon la oportunidad para defender en su prensa lo que entienden por “unidad de acción”, reivindicando su prédica constante por compartir espacios con el kirchnerismo y otros sectores burgueses, como cuando invitaron al oficialismo a incorporarse a la campaña por la aparición de López o a la preparación de los actos del 24 de marzo. Tampoco puede esperarse más de los que creen posible la reforma y hasta la reconversión revolucionaria de las fuerzas de seguridad y son solidarios con los reclamos mal llamados “sindicales” de la corporación policial. Dice también el MST que quienes no fueron a Ferro “no comprenden el proceso venezolano (…) profundamente revolucionario y (que) ha conquistado una relativa independencia del imperialismo”. Desde estas páginas hemos analizado una y otra vez el chavismo y su política, por lo que podemos sintetizar que el nacionalismo populista, a lo sumo, puede mejorar en algo los términos de la dependencia, y no necesariamente para el disfrute del pueblo.
Quebracho, que hace del antiimperialismo su bandera principal y más ruidosa, anunció en un comunicado antes del acto que varios de sus compañeros estarían en el palco, expectativa que no se cumplió. Frente a la embajada de Uruguay, uno de sus dirigentes explicó que iban a Ferro porque Chávez no es lo mismo que Kirchner, porque “está nacionalizando los recursos petrolíferos; no envía tropas a Haití y es amigo de Irán” (3). Otra vez, la simplificación absoluta, y la sumisión al acuerdo Kirchner-Chávez.
El PCR-CCC destaca en su prensa que Chávez atacó el “imperialismo ruso” y, como el MST, celebró la sugerencia de que es posible, hoy y aquí, que las fuerzas represivas “den vuelta la punta de sus fusiles” (4) como confesó Chávez en su discurso (ver Persiguiendo guerrilleros). Con eso le bastó al PCR para justificar su presencia en un acto que, admiten, era oficialista.
Ni el nacionalismo burgués ni el reformismo podrán jamás resolver los problemas de los pueblos, ni empezar siquiera a hacerlo. El uno, variante demagógica de la dominación de la burguesía, intenta confundir a las masas con un hueco discurso de liberación, mientras allana el camino a nuevas y más sutiles formas de penetración extranjera. El otro, difunde nocivas ideas pacifistas mientras embellece a las burguesías autóctonas, a sus ejércitos y policías, con quienes constantemente busca aliarse. El camino revolucionario no es fácil ni sencillo. Requiere combatir al imperialismo, pero también exige librar la lucha política e ideológica contra los fraudes y las desviaciones que conspiran poderosamente contra la independencia política de la clase.
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(1) Nuestra propuesta nº 816, “En el marco del antiimperialismo, unidad de los pueblos”.
(2) Alternativa Socialista nº 448, “¿Había que ir al acto de Ferro?”.
(3) Comunicado difundido por Internet.
(4) Hoy nº 1157, “El presidente Chávez en Ferro: Estamos resueltos a ser libres”.