El Revolucionario Nº18 (Octubre 2006)
Ante la desaparición de Julio López, las organizaciones de izquierda expusieron sus posiciones y llevaron adelante su política. Debido al alcance nacional que ha tomado el caso López y, salvo excepciones, a la falta de planteamientos claros y clasistas, creemos necesario polemizar con las posiciones centrales que, con matices, atraviesan a la gran mayoría de las fuerzas de izquierda.
En esas líneas desarrollaremos dos de las consignas centrales levantadas por una buena parte de la izquierda: el planteo abierto o encubierto de la defensa de la democracia y la consigna de desmantelamiento del aparato represivo del estado.(1)
En defensa de la democracia
La movilización del pasado viernes 6 de octubre no puede pasar inadvertida en la vida política de nuestro país. Bajo la consigna “Aparición con vida” se han manifestado juntos, en una movilización encabezada por el Frente para la Victoria y la Asociación Madres de Plaza de Mayo, los representantes del gobierno y la inmensa mayoría de las organizaciones populares.
Lo que aquí nos interesa destacar son las concepciones y el rol jugado por las organizaciones que se denominan populares, de izquierda y hasta revolucionarias.
Partiendo de una mala caracterización, que las lleva a sostener que “la democracia está en peligro” o que “están operando resabios de la dictadura que el gobierno no puede controlar”, concluyen que hay que conformar un frente común para defender la democracia ante los embates de la derecha o los elementos dictatoriales. Algo así como una especie de “Frente Popular” para detener al fascismo. Pero esto no termina aquí. Bochornosamente, reclaman, no sólo a la CGT y a la CTA, sino al mismísimo gobierno de Kirchner, que convoque a una movilización popular en defensa de la democracia. Es decir que llame al pueblo a defender su gobierno. Defensa que estas organizaciones realizarían sin mayores inconvenientes, bajo el argumento de que “se viene la derecha”.
En este momento, donde la democracia es el plan que el imperialismo norteamericano tiene para las semicolonias americanas (véase “...”), la defensa de la democracia es una política que va en el mismo sentido que la de la Casa Blanca. Esto explica, en parte, el hecho de que hayan confluido, sin mayores contradicciones, el gobierno pro-imperialista de Kirchner y la izquierda argentina en una movilización unitaria.
Decimos en parte, porque a este planteo viene a sumarse una característica fundamental de las organizaciones de izquierda de nuestro país: su carácter socialdemócrata. Nadie desconoce que la casi totalidad de la izquierda argentina participa en todas las elecciones de esta democracia. No sólo participan, sino que toda su política, todas sus intervenciones ponen como eje, en forma declarada o encubierta, el armado de listas, la presentación de candidatos y los planes alternativos dentro de los parámetros democrático-burgueses. Toda su política, culmina en la formulación de una plataforma electoral. Entonces, la sola idea de que se coarten las libertades públicas y democráticas significa, para la izquierda local, su propia desaparición como partido político.
Estas concepciones y estos planteos no hacen más que conducir a los trabajadores detrás de la burguesía y sus representantes. Quedó demostrado en la marcha del viernes 6/10.
Desmantelamiento del aparato represivo
Por otro lado, aparece y se reproduce con vigor, y también con matices, la consigna del “desmantelamiento del aparato represivo del estado”. La falta de claridad o, en el mejor de los casos, las ambigüedades en torno a esta consigna es asombrosa.
En primer lugar, este planteo esconde una errónea concepción de estado. No sólo del estado burgués sino del estado en general. Hoy, no nos detendríamos en este debate teórico si no fuera porque esta consigna trae consigo consecuencias prácticas y propuestas políticas nefastas para los trabajadores y el pueblo.
Explicando las características del estado, escribía Engels que una de ellas “... es la instauración de un poder público (...) Este poder público existe en todo estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género...”.(2) Más tarde Lenin profundizó las caracterizaciones realizadas por Marx y Engels explicando que “El estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera”.(3) Entonces, el estado burgués es la organización de la burguesía encargada de disciplinar, controlar y reprimir a la clase trabajadora, conformada, no sólo por las fuerzas armadas y de seguridad, sino también por todo el conjunto de instituciones y organismos encargados de mantener a raya la lucha de clases.
A la luz de estas palabras, el planteo hecho por las organizaciones de izquierda se encuentra más cerca del anarquismo que de la teoría marxista ya que algunas proponen, y otras le exigen al gobierno, el desmantelamiento del aparato represivo, la supresión de una de sus características esenciales, es decir, su disolución o abolición. Lejos de esto, el marxismo propone el combate contra el estado burgués para destruirlo. Si hacemos un enorme esfuerzo y relacionamos la idea del desmantelamiento con la de destrucción desarrollada por el marxismo revolucionario, la consigna también es inadecuada dado que esto es algo impensado de plantearle al mismo estado. Equivale a pedirle que firme su propio certificado de defunción. Además, plantear el desmantelamiento sin explicitar la necesidad de llevar adelante una revolución violenta para que la clase trabajadora conquiste el poder político e implemente su dictadura, sirviéndose de la fuerza, sobre la burguesía constituye simplemente un enunciado vacío. Así, en clara contradicción con los fundamentos del marxismo, la izquierda local levanta la consigna del desmantelamiento, negando la tarea de derrocar mediante el uso de la fuerza al estado burgués para instaurar la dictadura de los trabajadores.
Decíamos más arriba que si damos este debate es porque la izquierda inunda los periódicos con propuestas puntuales que repercuten negativamente en la clase trabajadora y el conjunto del pueblo. Algunos impulsores del desmantelamiento del aparato represivo, proponen garantizarlo mediante la libre elección de comisarios, jueces y demás agentes represivos. Como si esto acabara con la represión estatal. De este modo, el desmantelamiento significaría, en los hechos, una democratización o humanización del aparato represivo. Algo que, por la naturaleza del estado y sus fuerzas e instituciones represivas, es imposible.
Alejándonos cada vez más del marxismo, encontramos a quienes sostienen que el aparato que hay que desmantelar está compuesto por los elementos fascistas que aún ocupan puestos en el aparato represivo. De esta manera, lo que proponen concretamente es una depuración, algo parecido a las purgas policiales kirchneristas pero más profunda y en otros organismos e instituciones como la SIDE o las FFAA. Esta propuesta tiene como basamento la criminal idea de que los uniformados son parte de la clase trabajadora y que por lo tanto deberían sindicalizarse pues podrían colaborar con un proceso revolucionario.
En otro lugar, se ubican quienes plantean esta consigna como parte de una especie de programa transicional. Pero trasladando mecánicamente la lógica de las consignas de transición para todo momento y todo lugar, no hacen más que, como decía Trostky, utilizar las consignas transicionales como simples balas de fogueo inofensivas e incapaces de movilizar a las masas.
En este tema, como en tantos otros, las posiciones de muchas organizaciones de izquierda dan cuenta de la falta de claridad, del oportunismo y del reformismo predominante. También en este tema, como en tantos otros, la clase trabajadora no tiene, ni puede tener, un plan alternativo bajo la dominación de la burguesía. La única alternativa en nuestros días es construir el Partido Revolucionario y llevar adelante la lucha por la Revolución Socialista.
NOTAS
1) Las dos consignas que trataremos (“defensa de la democracia” y “desmantelamiento del aparato represivo”) pueden leerle en las prensas partidarias y oírse en las intervenciones públicas. A modo de ejemplo reproducimos algunas citas: “Los aparatos de la dictatorial, del gatillo fácil, y de la asociación con el delito organizado desafían al gobierno” “...disolución de los aparatos represivos estatales, integrados por genocidas, torturadores, “con gorras” y “sin gorras”, “gatillos fáciles”...” “... elección de los puestos del aparato estatal por parte del pueblo ( en especial, la Justicia, la Policía y las Fuerzas Armadas), (...) derecho a la deliberación política en tribunales, comisarías y cuarteles.” “En lugar de ocuparse de movilizar al pueblo para atacar una conspiración anidada en el propio Estado, Kirchner se pasea por Misiones...” (PO) “Lo que está claro es que la política de Kirchner no es la movilización de masas contra los fascistas y por la aparición con vida de López (más allá de alguna retórica en descenso y de acciones testimoniales controladas por sus amigos como la manifestación del viernes 6 de octubre)” (LSR) “Si es cierto que Kirchner está en contra de la impunidad, por la aparición con vida de Julio López y por el castigo a los genocidas, entonces debe impulsar la movilización con todos los medios a su alcance, que son enormes” (MST UNITE) “...la movilización permanente de los sectores populares es la mejor herramienta para exigir su aparición con vida, pero también para demandar que el gobierno nacional desmantele el aparato represivo que continúa actuando con total impunidad con la intención de generar un clima de inseguridad para quienes luchamos para que la verdad y la justicia sean, de una vez por todas, realidad en nuestro país.” (PC) “Instituciones como la Bonaerense, la Federal, la SIDE no son reformables, son instituciones para reprimir al pueblo, para cumplir órdenes de la clase dominante. Por eso planteamos que hay que luchar por su disolución. La movilización popular tiene que tomar esta demanda.” (PTS)
2) Engels. “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”. 1884.
3) Lenin. “El estado y la revolución”. Septiembre de 1917.
Ante la desaparición de Julio López, las organizaciones de izquierda expusieron sus posiciones y llevaron adelante su política. Debido al alcance nacional que ha tomado el caso López y, salvo excepciones, a la falta de planteamientos claros y clasistas, creemos necesario polemizar con las posiciones centrales que, con matices, atraviesan a la gran mayoría de las fuerzas de izquierda.
En esas líneas desarrollaremos dos de las consignas centrales levantadas por una buena parte de la izquierda: el planteo abierto o encubierto de la defensa de la democracia y la consigna de desmantelamiento del aparato represivo del estado.(1)
En defensa de la democracia
La movilización del pasado viernes 6 de octubre no puede pasar inadvertida en la vida política de nuestro país. Bajo la consigna “Aparición con vida” se han manifestado juntos, en una movilización encabezada por el Frente para la Victoria y la Asociación Madres de Plaza de Mayo, los representantes del gobierno y la inmensa mayoría de las organizaciones populares.
Lo que aquí nos interesa destacar son las concepciones y el rol jugado por las organizaciones que se denominan populares, de izquierda y hasta revolucionarias.
Partiendo de una mala caracterización, que las lleva a sostener que “la democracia está en peligro” o que “están operando resabios de la dictadura que el gobierno no puede controlar”, concluyen que hay que conformar un frente común para defender la democracia ante los embates de la derecha o los elementos dictatoriales. Algo así como una especie de “Frente Popular” para detener al fascismo. Pero esto no termina aquí. Bochornosamente, reclaman, no sólo a la CGT y a la CTA, sino al mismísimo gobierno de Kirchner, que convoque a una movilización popular en defensa de la democracia. Es decir que llame al pueblo a defender su gobierno. Defensa que estas organizaciones realizarían sin mayores inconvenientes, bajo el argumento de que “se viene la derecha”.
En este momento, donde la democracia es el plan que el imperialismo norteamericano tiene para las semicolonias americanas (véase “...”), la defensa de la democracia es una política que va en el mismo sentido que la de la Casa Blanca. Esto explica, en parte, el hecho de que hayan confluido, sin mayores contradicciones, el gobierno pro-imperialista de Kirchner y la izquierda argentina en una movilización unitaria.
Decimos en parte, porque a este planteo viene a sumarse una característica fundamental de las organizaciones de izquierda de nuestro país: su carácter socialdemócrata. Nadie desconoce que la casi totalidad de la izquierda argentina participa en todas las elecciones de esta democracia. No sólo participan, sino que toda su política, todas sus intervenciones ponen como eje, en forma declarada o encubierta, el armado de listas, la presentación de candidatos y los planes alternativos dentro de los parámetros democrático-burgueses. Toda su política, culmina en la formulación de una plataforma electoral. Entonces, la sola idea de que se coarten las libertades públicas y democráticas significa, para la izquierda local, su propia desaparición como partido político.
Estas concepciones y estos planteos no hacen más que conducir a los trabajadores detrás de la burguesía y sus representantes. Quedó demostrado en la marcha del viernes 6/10.
Desmantelamiento del aparato represivo
Por otro lado, aparece y se reproduce con vigor, y también con matices, la consigna del “desmantelamiento del aparato represivo del estado”. La falta de claridad o, en el mejor de los casos, las ambigüedades en torno a esta consigna es asombrosa.
En primer lugar, este planteo esconde una errónea concepción de estado. No sólo del estado burgués sino del estado en general. Hoy, no nos detendríamos en este debate teórico si no fuera porque esta consigna trae consigo consecuencias prácticas y propuestas políticas nefastas para los trabajadores y el pueblo.
Explicando las características del estado, escribía Engels que una de ellas “... es la instauración de un poder público (...) Este poder público existe en todo estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género...”.(2) Más tarde Lenin profundizó las caracterizaciones realizadas por Marx y Engels explicando que “El estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera”.(3) Entonces, el estado burgués es la organización de la burguesía encargada de disciplinar, controlar y reprimir a la clase trabajadora, conformada, no sólo por las fuerzas armadas y de seguridad, sino también por todo el conjunto de instituciones y organismos encargados de mantener a raya la lucha de clases.
A la luz de estas palabras, el planteo hecho por las organizaciones de izquierda se encuentra más cerca del anarquismo que de la teoría marxista ya que algunas proponen, y otras le exigen al gobierno, el desmantelamiento del aparato represivo, la supresión de una de sus características esenciales, es decir, su disolución o abolición. Lejos de esto, el marxismo propone el combate contra el estado burgués para destruirlo. Si hacemos un enorme esfuerzo y relacionamos la idea del desmantelamiento con la de destrucción desarrollada por el marxismo revolucionario, la consigna también es inadecuada dado que esto es algo impensado de plantearle al mismo estado. Equivale a pedirle que firme su propio certificado de defunción. Además, plantear el desmantelamiento sin explicitar la necesidad de llevar adelante una revolución violenta para que la clase trabajadora conquiste el poder político e implemente su dictadura, sirviéndose de la fuerza, sobre la burguesía constituye simplemente un enunciado vacío. Así, en clara contradicción con los fundamentos del marxismo, la izquierda local levanta la consigna del desmantelamiento, negando la tarea de derrocar mediante el uso de la fuerza al estado burgués para instaurar la dictadura de los trabajadores.
Decíamos más arriba que si damos este debate es porque la izquierda inunda los periódicos con propuestas puntuales que repercuten negativamente en la clase trabajadora y el conjunto del pueblo. Algunos impulsores del desmantelamiento del aparato represivo, proponen garantizarlo mediante la libre elección de comisarios, jueces y demás agentes represivos. Como si esto acabara con la represión estatal. De este modo, el desmantelamiento significaría, en los hechos, una democratización o humanización del aparato represivo. Algo que, por la naturaleza del estado y sus fuerzas e instituciones represivas, es imposible.
Alejándonos cada vez más del marxismo, encontramos a quienes sostienen que el aparato que hay que desmantelar está compuesto por los elementos fascistas que aún ocupan puestos en el aparato represivo. De esta manera, lo que proponen concretamente es una depuración, algo parecido a las purgas policiales kirchneristas pero más profunda y en otros organismos e instituciones como la SIDE o las FFAA. Esta propuesta tiene como basamento la criminal idea de que los uniformados son parte de la clase trabajadora y que por lo tanto deberían sindicalizarse pues podrían colaborar con un proceso revolucionario.
En otro lugar, se ubican quienes plantean esta consigna como parte de una especie de programa transicional. Pero trasladando mecánicamente la lógica de las consignas de transición para todo momento y todo lugar, no hacen más que, como decía Trostky, utilizar las consignas transicionales como simples balas de fogueo inofensivas e incapaces de movilizar a las masas.
En este tema, como en tantos otros, las posiciones de muchas organizaciones de izquierda dan cuenta de la falta de claridad, del oportunismo y del reformismo predominante. También en este tema, como en tantos otros, la clase trabajadora no tiene, ni puede tener, un plan alternativo bajo la dominación de la burguesía. La única alternativa en nuestros días es construir el Partido Revolucionario y llevar adelante la lucha por la Revolución Socialista.
NOTAS
1) Las dos consignas que trataremos (“defensa de la democracia” y “desmantelamiento del aparato represivo”) pueden leerle en las prensas partidarias y oírse en las intervenciones públicas. A modo de ejemplo reproducimos algunas citas: “Los aparatos de la dictatorial, del gatillo fácil, y de la asociación con el delito organizado desafían al gobierno” “...disolución de los aparatos represivos estatales, integrados por genocidas, torturadores, “con gorras” y “sin gorras”, “gatillos fáciles”...” “... elección de los puestos del aparato estatal por parte del pueblo ( en especial, la Justicia, la Policía y las Fuerzas Armadas), (...) derecho a la deliberación política en tribunales, comisarías y cuarteles.” “En lugar de ocuparse de movilizar al pueblo para atacar una conspiración anidada en el propio Estado, Kirchner se pasea por Misiones...” (PO) “Lo que está claro es que la política de Kirchner no es la movilización de masas contra los fascistas y por la aparición con vida de López (más allá de alguna retórica en descenso y de acciones testimoniales controladas por sus amigos como la manifestación del viernes 6 de octubre)” (LSR) “Si es cierto que Kirchner está en contra de la impunidad, por la aparición con vida de Julio López y por el castigo a los genocidas, entonces debe impulsar la movilización con todos los medios a su alcance, que son enormes” (MST UNITE) “...la movilización permanente de los sectores populares es la mejor herramienta para exigir su aparición con vida, pero también para demandar que el gobierno nacional desmantele el aparato represivo que continúa actuando con total impunidad con la intención de generar un clima de inseguridad para quienes luchamos para que la verdad y la justicia sean, de una vez por todas, realidad en nuestro país.” (PC) “Instituciones como la Bonaerense, la Federal, la SIDE no son reformables, son instituciones para reprimir al pueblo, para cumplir órdenes de la clase dominante. Por eso planteamos que hay que luchar por su disolución. La movilización popular tiene que tomar esta demanda.” (PTS)
2) Engels. “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado”. 1884.
3) Lenin. “El estado y la revolución”. Septiembre de 1917.