La falsa opción de la izquierda electoral

Mientras las elecciones funcionan como un mecanismo central para la legitimación del dominio de la burguesía y sus partidos patronales, hay un arco de la izquierda que no sólo no señala ese rol, sino que, por el contrario, convoca a participar en ellas y trata de incorporarse poniendo sus candidatos.


Como es evidente, el primer efecto nocivo de esta intervención electoral de algunas organizaciones de la izquierda es su enorme contribución a la confusión en el pueblo trabajador. Si el hecho de que el pueblo deba votar es un recurso fundamental para legitimar a cada nuevo gobierno burgués, éste se encuentra magnificado por el hecho de que quienes dicen plantear otro tipo de sociedad también convocan a participar en esas elecciones. Además, en este terreno de la burguesía, donde la elección se dirime en base al apoyo político y económico de los grandes capitalistas, la izquierda es indefectiblemente derrotada, contribuyendo a su ridiculización y a un mayor fortalecimiento de la burguesía. Así pues, la convocatoria a votar hecha por la izquierda electoral convalida ese recurso de dominio de la burguesía.

El sector electoralista de la izquierda desestima la centralidad de este problema político, y se maneja, en cambio, por un discutible sentido de la oportunidad según el cual “hay que aprovechar” que la burguesía impone la agenda electoral, para tratar de ampliar su propia influencia política. Así, con un afán comparable con el de los demás partidos, vuelcan el grueso de sus esfuerzos hacia la campaña electoral, a la que consideran como el hecho central de su política.

Desde el punto de vista político, esto implica serios retrocesos. En algunos casos estos partidos se ven arrastrados al abandono de posiciones políticas y a la alianza con sectores propatronales, para poder adquirir mayor peso dentro de la lógica de las elecciones burguesas. Por eso los vemos, acercándose a los distintos bloques patronales como el kirchnerismo o Proyecto Sur. Aún sin llegar a tanto, una práctica habitual de la izquierda electoral es la adopción de programas y consignas afines a los sectores medios, buscando “salidas para el problema de la inseguridad”, haciendo eje en los reclamos “contra las megatorres” de Caballito o cosas por el estilo. Es que, para tratar de ser parte de este evento planteado por la burguesía en donde se discute de qué forma administrar mejor el capitalismo, se ven en la necesidad de plantear “salidas” dentro del sistema, cayendo así en una abierta práctica reformista. En ese sentido se proponen también ser elegidos para los distintos parlamentos, con la promesa de “legislar para los trabajadores”, como si fuera posible hacer transformaciones significativas desde el legislativo, instancia dominada por la burguesía y destinada a su dominio sobre la clase trabajadora. Eso sí, no reparan que en ese camino, están llamando a los trabajadores a confiar en la democracia parlamentaria, por el supuesto aporte que harán allí los legisladores de izquierda.

Y además esta política significa un freno para la organización del pueblo trabajador, puesto que cientos o miles de activistas obreros y populares son impulsados a dedicarse al electoralismo, juntando avales y difundiendo candidatos, y abandonando la tarea central de desarrollar la lucha y la organización independiente del pueblo trabajador. Cuando se acerca un período electoral (como ahora) vemos muy habitualmente que los activistas de la izquierda electoral desaparecer de sus frentes de militancia y de lucha popular. Y si no, tratan de adaptar todos los ámbitos de organización en reproductores propagandísticos de su propia fórmula electoral. Así, el 1° de mayo, lejos de ser una jornada de lucha unitaria de los trabajadores, se transforma para ellos, por ejemplo, en el lanzamiento del “frente de izquierda” electoral. Y así con todo: las listas de disputa gremial deben ahora llevar la consigna electoral, a los caídos en la lucha popular (como a Mariano Ferreyra) se los usa de bandera para su agitación electoralista, y así seguimos...



Ante la iniciativa de la burguesía, desarrollemos la iniciativa de los trabajadores

En el momento actual, la clase trabajadora aún es débil. Necesita desarrollar su lucha y su organización consciente para forjarse como un actor de peso que dispute la orientación de la sociedad. En este marco, la burguesía tiene la iniciativa y define en gran medida la agenda política sobre la que discute el conjunto del pueblo. Así, plantea la ratificación de su dominio de clase por la vía electoral. La burguesía busca con ello fortalecerse y legitimarse. La izquierda electoral cree que puede sacar ventaja sumándose a esa iniciativa de la burguesía.

Por el contrario, es preciso no desviar el camino: desarrollar todas las instancias organizativas y de lucha en el seno del pueblo y trabajar fuertemente para construir un partido revolucionario con el proyecto de la toma del poder. El desarrollo de la actividad de la clase trabajadora y el fortalecimiento de su organización consciente son la premisa que nos permitirá avanzar por el camino de la revolución, para una verdadera transformación de la sociedad. No hay tiempo que perder.