El Revolucionario Nº23 (Abril de 2007)
Por tercera vez, desde noviembre de 2005, Hugo Chávez fue protagonista de un acto co-organizado con el gobierno argentino y promocionado como antiimperialista. Como en Mar del Plata y Córdoba (aunque sin Maradona ni Fidel) la anfitriona fue Hebe Pastor de Bonafini, que presentó al presidente venezolano como “el otro hijo de las Madres”. Al primogénito, el presidente argentino, le agradeció no una, sino tres veces, los recursos para armar el espectáculo. Chávez, a su turno, nombró a Kirchner varias veces, llamándolo “mi buen amigo y compañero”, sin olvidarse de la candidata consorte ni de varios ministros.
También como en Mar del Plata y Córdoba, la concurrencia mezclaba en “democrática” armonía las banderas oficialistas de Libres del Sur, Barrios de Pie, FTV, Martín Fierro, el Movimiento Evita, y otros peronistas, con el PC-MTL, PCR-CCC, MST, Quebracho, MTD Aníbal Verón y otros grupos menores.
De antemano se sabía que no se escucharía ni un indisciplinado silbido contra Kirchner. Fue una condición expresamente impuesta por Chávez, y los dos gobiernos organizadores dispusieron de tropas especiales para garantizarla: varios centenares de militares venezolanos rodeando el palco, un espectacular operativo de la policía federal afuera, y entre 1.000 y 2.000 militantes kirchneristas mezclados con la concurrencia para “prevenir desórdenes”, como informaron profusamente los diarios. Al final fue superabundante tanto despliegue, porque la orden fue acatada sin discutir ni chistar. El 9 de marzo tituló Clarín: Pacto de "convivencia" con la izquierda para el acto de Chávez de hoy en Ferro. Lo acordaron grupos oficialistas con los piqueteros duros. Los canales de televisión que emitían en directo tuvieron especial cuidado en mostrar los sectores del estadio ocupados por los “no kirchneristas” cada vez que se nombraba a Kirchner. Ni un chiflido. Eso es democracia, madurez y unidad de acción.
Los comentarios posteriores al acto de los que concurrieron son bien elocuentes. El PC, en la pluma de su máximo dirigente Patricio Echegaray, dice que “algo para destacar ha sido el espíritu unitario de este acto, lo que se vio en su convocatoria, en las fraternales y consideradas palabras de Hebe de Bonafini para todos los participantes y en la armonía con que diferentes sectores del peronismo y variados partidos de izquierda compartieron la movilización” (1). Y concluye, en criminal omisión histórica, que fue “lo más alto de la expresión contra el imperialismo que ha tenido lugar en nuestro país”. Ciertamente no se puede pedir más al partido que, confirmando su prosapia proburguesa, hoy acuerda electoralmente a través de Carlos Heller con Filmus, Bonasso e Ibarra.
El MST defendió el acto como “acción altamente progresista” porque sus “consignas eran correctas” (2), incapaces de distinguir entre una consigna oportunista y una política de estado consistente, que reprime, paga la deuda, manda soldados a invadir Haití y cumple las exigencias imperiales en materia de “leyes antiterroristas” y seguridad de las inversiones extranjeras. Los morenistas aprovecharon la oportunidad para defender en su prensa lo que entienden por “unidad de acción”, reivindicando su prédica constante por compartir espacios con el kirchnerismo y otros sectores burgueses, como cuando invitaron al oficialismo a incorporarse a la campaña por la aparición de López o a la preparación de los actos del 24 de marzo. Tampoco puede esperarse más de los que creen posible la reforma y hasta la reconversión revolucionaria de las fuerzas de seguridad y son solidarios con los reclamos mal llamados “sindicales” de la corporación policial. Dice también el MST que quienes no fueron a Ferro “no comprenden el proceso venezolano (…) profundamente revolucionario y (que) ha conquistado una relativa independencia del imperialismo”. Desde estas páginas hemos analizado una y otra vez el chavismo y su política, por lo que podemos sintetizar que el nacionalismo populista, a lo sumo, puede mejorar en algo los términos de la dependencia, y no necesariamente para el disfrute del pueblo.
Quebracho, que hace del antiimperialismo su bandera principal y más ruidosa, anunció en un comunicado antes del acto que varios de sus compañeros estarían en el palco, expectativa que no se cumplió. Frente a la embajada de Uruguay, uno de sus dirigentes explicó que iban a Ferro porque Chávez no es lo mismo que Kirchner, porque “está nacionalizando los recursos petrolíferos; no envía tropas a Haití y es amigo de Irán” (3). Otra vez, la simplificación absoluta, y la sumisión al acuerdo Kirchner-Chávez.
El PCR-CCC destaca en su prensa que Chávez atacó el “imperialismo ruso” y, como el MST, celebró la sugerencia de que es posible, hoy y aquí, que las fuerzas represivas “den vuelta la punta de sus fusiles” (4) como confesó Chávez en su discurso (ver Persiguiendo guerrilleros). Con eso le bastó al PCR para justificar su presencia en un acto que, admiten, era oficialista.
Ni el nacionalismo burgués ni el reformismo podrán jamás resolver los problemas de los pueblos, ni empezar siquiera a hacerlo. El uno, variante demagógica de la dominación de la burguesía, intenta confundir a las masas con un hueco discurso de liberación, mientras allana el camino a nuevas y más sutiles formas de penetración extranjera. El otro, difunde nocivas ideas pacifistas mientras embellece a las burguesías autóctonas, a sus ejércitos y policías, con quienes constantemente busca aliarse. El camino revolucionario no es fácil ni sencillo. Requiere combatir al imperialismo, pero también exige librar la lucha política e ideológica contra los fraudes y las desviaciones que conspiran poderosamente contra la independencia política de la clase.
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(1) Nuestra propuesta nº 816, “En el marco del antiimperialismo, unidad de los pueblos”.
(2) Alternativa Socialista nº 448, “¿Había que ir al acto de Ferro?”.
(3) Comunicado difundido por Internet.
(4) Hoy nº 1157, “El presidente Chávez en Ferro: Estamos resueltos a ser libres”.
Por tercera vez, desde noviembre de 2005, Hugo Chávez fue protagonista de un acto co-organizado con el gobierno argentino y promocionado como antiimperialista. Como en Mar del Plata y Córdoba (aunque sin Maradona ni Fidel) la anfitriona fue Hebe Pastor de Bonafini, que presentó al presidente venezolano como “el otro hijo de las Madres”. Al primogénito, el presidente argentino, le agradeció no una, sino tres veces, los recursos para armar el espectáculo. Chávez, a su turno, nombró a Kirchner varias veces, llamándolo “mi buen amigo y compañero”, sin olvidarse de la candidata consorte ni de varios ministros.
También como en Mar del Plata y Córdoba, la concurrencia mezclaba en “democrática” armonía las banderas oficialistas de Libres del Sur, Barrios de Pie, FTV, Martín Fierro, el Movimiento Evita, y otros peronistas, con el PC-MTL, PCR-CCC, MST, Quebracho, MTD Aníbal Verón y otros grupos menores.
De antemano se sabía que no se escucharía ni un indisciplinado silbido contra Kirchner. Fue una condición expresamente impuesta por Chávez, y los dos gobiernos organizadores dispusieron de tropas especiales para garantizarla: varios centenares de militares venezolanos rodeando el palco, un espectacular operativo de la policía federal afuera, y entre 1.000 y 2.000 militantes kirchneristas mezclados con la concurrencia para “prevenir desórdenes”, como informaron profusamente los diarios. Al final fue superabundante tanto despliegue, porque la orden fue acatada sin discutir ni chistar. El 9 de marzo tituló Clarín: Pacto de "convivencia" con la izquierda para el acto de Chávez de hoy en Ferro. Lo acordaron grupos oficialistas con los piqueteros duros. Los canales de televisión que emitían en directo tuvieron especial cuidado en mostrar los sectores del estadio ocupados por los “no kirchneristas” cada vez que se nombraba a Kirchner. Ni un chiflido. Eso es democracia, madurez y unidad de acción.
Los comentarios posteriores al acto de los que concurrieron son bien elocuentes. El PC, en la pluma de su máximo dirigente Patricio Echegaray, dice que “algo para destacar ha sido el espíritu unitario de este acto, lo que se vio en su convocatoria, en las fraternales y consideradas palabras de Hebe de Bonafini para todos los participantes y en la armonía con que diferentes sectores del peronismo y variados partidos de izquierda compartieron la movilización” (1). Y concluye, en criminal omisión histórica, que fue “lo más alto de la expresión contra el imperialismo que ha tenido lugar en nuestro país”. Ciertamente no se puede pedir más al partido que, confirmando su prosapia proburguesa, hoy acuerda electoralmente a través de Carlos Heller con Filmus, Bonasso e Ibarra.
El MST defendió el acto como “acción altamente progresista” porque sus “consignas eran correctas” (2), incapaces de distinguir entre una consigna oportunista y una política de estado consistente, que reprime, paga la deuda, manda soldados a invadir Haití y cumple las exigencias imperiales en materia de “leyes antiterroristas” y seguridad de las inversiones extranjeras. Los morenistas aprovecharon la oportunidad para defender en su prensa lo que entienden por “unidad de acción”, reivindicando su prédica constante por compartir espacios con el kirchnerismo y otros sectores burgueses, como cuando invitaron al oficialismo a incorporarse a la campaña por la aparición de López o a la preparación de los actos del 24 de marzo. Tampoco puede esperarse más de los que creen posible la reforma y hasta la reconversión revolucionaria de las fuerzas de seguridad y son solidarios con los reclamos mal llamados “sindicales” de la corporación policial. Dice también el MST que quienes no fueron a Ferro “no comprenden el proceso venezolano (…) profundamente revolucionario y (que) ha conquistado una relativa independencia del imperialismo”. Desde estas páginas hemos analizado una y otra vez el chavismo y su política, por lo que podemos sintetizar que el nacionalismo populista, a lo sumo, puede mejorar en algo los términos de la dependencia, y no necesariamente para el disfrute del pueblo.
Quebracho, que hace del antiimperialismo su bandera principal y más ruidosa, anunció en un comunicado antes del acto que varios de sus compañeros estarían en el palco, expectativa que no se cumplió. Frente a la embajada de Uruguay, uno de sus dirigentes explicó que iban a Ferro porque Chávez no es lo mismo que Kirchner, porque “está nacionalizando los recursos petrolíferos; no envía tropas a Haití y es amigo de Irán” (3). Otra vez, la simplificación absoluta, y la sumisión al acuerdo Kirchner-Chávez.
El PCR-CCC destaca en su prensa que Chávez atacó el “imperialismo ruso” y, como el MST, celebró la sugerencia de que es posible, hoy y aquí, que las fuerzas represivas “den vuelta la punta de sus fusiles” (4) como confesó Chávez en su discurso (ver Persiguiendo guerrilleros). Con eso le bastó al PCR para justificar su presencia en un acto que, admiten, era oficialista.
Ni el nacionalismo burgués ni el reformismo podrán jamás resolver los problemas de los pueblos, ni empezar siquiera a hacerlo. El uno, variante demagógica de la dominación de la burguesía, intenta confundir a las masas con un hueco discurso de liberación, mientras allana el camino a nuevas y más sutiles formas de penetración extranjera. El otro, difunde nocivas ideas pacifistas mientras embellece a las burguesías autóctonas, a sus ejércitos y policías, con quienes constantemente busca aliarse. El camino revolucionario no es fácil ni sencillo. Requiere combatir al imperialismo, pero también exige librar la lucha política e ideológica contra los fraudes y las desviaciones que conspiran poderosamente contra la independencia política de la clase.
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(1) Nuestra propuesta nº 816, “En el marco del antiimperialismo, unidad de los pueblos”.
(2) Alternativa Socialista nº 448, “¿Había que ir al acto de Ferro?”.
(3) Comunicado difundido por Internet.
(4) Hoy nº 1157, “El presidente Chávez en Ferro: Estamos resueltos a ser libres”.