Bolivia: Conmoción por la represión gubernamental
Bolivia: Los trabajadores se movilizan contra la política de Morales
AMÉRICA LATINA: LA SOCIALDEMOCRACIA BLINDADA
El líder socialista y anfitrión del Foro Social Mundial, Lula da Silva, llegó al gobierno en Brasil con la promesa de acabar con el hambre y la marginación, por los caminos pacíficos e institucionales de la democracia. Era entonces icono y ejemplo de aquellos que creen que es posible doblegar la furia capitalista por medio de meras reformas al sistema actual y que en su afán por avanzar por esos caminos vuelcan todo su esfuerzo a un proyecto electoral, al tiempo que rechazan de plano cualquier actividad violenta o de resistencia.
Pero el gobierno del Partido de los Trabajadores, no sólo no “cambió” la sociedad, sino que profundizó sus carencias, su desigualdad, su dependencia y postración ante EEUU. El cumplimiento a rajatabla con los mandatos norteamericanos (con record en ajuste y superávit fiscal) y con sus planes guerreristas (encabezando la misión latinoamericana en la invasión a Haití), son el marco de una política de indigencia, donde se multiplican hasta niveles dramáticos el hambre, la pobreza, el hacinamiento en las multitudinarias villas de emergencia (favelas), las condiciones inhumanas de vida de los campesinos pobres…
Ya en el poder, el “socialista” da Silva ostenta ante su pueblo un gabinete infectado de los mismos banqueros, empresarios y partidos liberales a los que decía enfrentar; todo un partido empresarial sumido en la corrupción más escandalosa (paradójicamente llamado PT), y enormes redes de negocios que van desde el narcotráfico al juego y la prostitución, atravesando por completo el estado lulista: sus partidos, sus funcionarios, su policía…
Y como buen “socialista-pacifista” que apela a la democracia capitalista para llevar adelante su mentiroso proyecto de transformación, no encontró otra forma para sostener sus negocios y los de toda la clase dominante que una política represiva, un tanto alejada del pacifismo pregonado. Así, las masacres de centenares de campesinos sin tierra, la represión contra los activistas sociales (con gran despliegue para sofocar el repudio a la reciente visita de su jefe Bush), la militarización sobre la población y la promoción de más legislación represiva, son todas facetas de una política que hoy tiene al gobierno y su burguesía discutiendo para dar un nuevo paso.
Con marchas y contramarchas, el presidente Lula y su PT, la cúpula de las Fuerzas Armadas, el gobernador de Río de Janeiro y demás representantes del estado brasileño, buscan establecer el marco legal y las condiciones necesarias para poner a las FFAA a patrullar las calles de la populosa ciudad de Río de Janeiro. El acuerdo, en primera instancia, plantea “que los militares ocupen centros neurálgicos de la ciudad por lo menos un año”(1) Una tarea indispensable, según el gobernador del estado, Sergio Cabral “para garantizar la ley y el orden en el estado y en la región metropolitana de Río de Janeiro”. Hasta el momento, y como anticipo, el gobierno de Lula ya ha gestionado el aumento de los efectivos de la policía militar en esa ciudad, mientras busca un acuerdo con la cúpula castrense para su intervención, puesto que ésta reclama que su fuerza cuente con el “poder total” sobre la ciudad, para que no se caiga en una “vulgarización” de las tareas militares. “Para actuar exigen que Cabral se decrete incapaz de mantener el control de la ciudad y entregue el control de la seguridad a los militares”(2), pasando directamente a una “intervención militar” del estado y la ciudad.
El emprendimiento represivo, planteado como una lucha contra el narcotráfico, cuenta con un problema nada menor, y es que el principal actor en el negocio del tráfico de drogas (como de tantos otros) es justamente el estado brasileño y sus fuerzas de seguridad. Así, mientras su propio estado “tiene como base del sistema de seguridad a cuerpos policiales totalmente atravesados (o comprados) por las organizaciones delictivas”(3), el gobierno del pseudo pacifista Lula da Silva, aquél que apoyado por un amplio arco de organizaciones sociales y políticas desde el Foro Social Mundial, se propuso mostrarle al mundo la viabilidad de los caminos pacíficos e institucionales para lograr las conquistas obreras y populares, no tiene mejor salida para su gobierno de ladrones y capitalistas que impulsar la “intervención militar” de una de las más amplias áreas metropolitanas de su país, imponiendo la represión sobre los millones de pobres que habitan en las favelas.
Como suele suceder, hoy ya muchos de los que defendieron e impulsaron ante nuestros pueblos esos caminos truncos del reformismo pacifista, miran para otro lado y siguen su rumbo. Pero una y otra vez vuelven al ruedo con nuevos intentos de la misma calaña, causando una enorme y perniciosa confusión. Así, algunos años más tarde del triunfo de Lula, cuando su actitud servil de lamebotas del imperio y sus políticas antiobreras se prestaban para el escándalo, los defensores de una democracia (capitalista) “de izquierda” se reciclaron acompañando el triunfo electoral de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio en Uruguay. El desastre fue aún más veloz: el intento de firmar un TLC (su propio ALCA) con EEUU, el apoyo material a las invasiones sobre Haití y el Congo, la continuidad de un programa liberal de gobierno que sostiene altísimos niveles de pobreza y grandes carencias sociales… cada paso del gobierno “progresista” uruguayo daba cuenta de un nuevo fracaso de la utopía reformista. Las cualidades de su política “democrática” y “pacífica” también se hicieron conocer: mientras las tropas uruguayas eran acusadas por violar a cientos de jóvenes congolesas, la política interna del gobierno del Frente Amplio batía records, superando en mucho las propuestas del argentino Blumberg, al acusar legalmente con el cargo de “sedición” a los activistas que fueron detenidos tras participar de las movilizaciones contra Bush.
La utopía progresista vuelve una y otra vez. Pero los gobiernos pseudo progresistas que juran profundas reformas, sin confrontar contra la burguesía, sino accediendo pacíficamente al poder del estado burgués y usando los aparatos de dominación de aquél, terminan más tarde o más temprano, volviendo contra el pueblo los fusiles de la represión, para garantizar el actual estado de cosas en el que los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen cada vez más. Es significativo que un símbolo del progresismo actual, del “bolivarianismo”, el ahora nominado a candidato para el premio nobel de la paz y presidente boliviano, Evo Morales, deba dar cuenta, nuevamente, de otro muerto en manos de su represión(4), en el marco de una lucha por hacer efectivas la nacionalización de los hidrocarburos que el mandatario ha traicionado. Es justamente el dirigente cocalero quien llamó a parar la lucha y encausarla por los carriles del dialogo y la paz, acordando con los gobiernos proyanquis de Lozada y Mesa para buscar una salida institucional de una dura lucha que venía llevando su pueblo. Y es una vez más el gobierno “popular”, el que haciendo uso de las herramientas de la democracia burguesa, arremete ahora contra aquellos que pretenden mantener las banderas de su lucha.
Sea como sea, es claro que la socialdemocracia, el progresismo, el populismo y toda esta serie de falsas salidas que nos presenta la burguesía, no son tan pacíficos como nos plantean a la hora de reprochar la lucha revolucionaria. Cuando les toca a ellos gobernar y se hacen responsables de defender los sagrados intereses de la burguesía y el imperialismo, están bien dispuestos a tomar las armas… pero apuntando hacia nuestro lado.
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(1) Clarín 12/04/07, en la nota: “Lula ordena el envío de tropas de las FFAA a Río de Janeiro”.
(2) La Nación 17/04/07.
(3) Clarín 12/04/07.
(4) Derman Ruiz, 37, fusilado el 18 de abril por la policía boliviana que reprimió a la multitud que ocupaba la planta de Transredes, operada por Shell.
MORALES REPRIME AL PUEBLO
El día sábado 3 de febrero, el gobierno de Evo Morales reprimió a los trabajadores de la localidad de Camirí, enviando al ejército que bombardeó con gases lacrimógenos, disparó balas de goma y retomó el control de una planta que distribuye gas hacia Brasil. La planta había sido tomada por trabajadores y pobladores que exigían su completa nacionalización con expropiación incluida.
La toma de la planta distribuidora de gas de la empresa Trabsredes (administrada por Shell) se realizaba tras el reclamo, ni más ni menos, de que se haga efectiva la nacionalización de los recursos naturales, consigna con la que Evo Morales hizo eje durante su campaña electoral, logrando así crear expectativas en su gobierno y frenar la heroica lucha que llevaba adelante el pueblo boliviano. El planteo de una “verdadera nacionalización” (no como ENARSA decían lo trabajadores, sino en serio) entra en contradicción con el plan del gobierno que ni siquiera cumple con su propuesta basada en la compra de acciones a las empresas capitalizadas, las que ya tiene participación estatal desde la presidencia de Sánchez de Lozada; y a las compañías exclusivamente privadas a cargo de las refinerías.
La decisión de tomar la planta fue votada por las 25 capitanías que pertenecen a la Asamblea del Pueblo Guaraní donde participaron alrededor de cinco mil personas.
La respuesta del gobierno de Morales fue que sólo existían tres alternativas: “el diálogo, el diálogo y el diálogo”. Lo que no especificó es que sólo estaba dispuesto a dialogar con los empresarios, pues para el pueblo la respuesta ante el reclamo fue la represión, la mentira sobre los hechos y el llamado a la calma en una situación en la que los trabajadores viven en la miseria, sin gas, sin agua y bajo la mayor explotación. Morales continúa diciendo que su gobierno va a continuar con el plan de nacionalización pero bajo las condiciones que ya lo están haciendo: esto es no expropiando, pagando millonarias sumas a las empresas y sosteniendo los negocios con el imperialismo. Así lo explica el vicepresidente, Álvaro García Linera: “Repetimos una y mil veces: el gobierno del presidente Morales respeta la propiedad privada, respeta la religión, respeta la actividad sana del empresariado y garantiza la actividad privada en la enseñanza y la salud”.
La versión oficial negó que hubiera heridos producto del uso de armas de fuego y calificó la intervención del ejército y la policía como “absolutamente pacífica”. Mientras, anunciaban el incremento de personal policial y el ejército para evitar otra toma.
El mensaje del vocero presidencial, Alex Contreras, contradice al médico de emergencias que atendió en Camiri después de la represión. Hay dos civiles con heridas de bala, otro tiene heridas en el rostro por una cápsula de gas lacrimógeno y otros cuatro, heridas leves, explicó el médico.
Los vecinos denunciaron por radio que la represión se extendió hasta las 8 de la mañana (habría comenzado alrededor de las 4:30 hs.) con gases y munición de guerra. La represión estuvo a cargo del grupo de elite del ejército boliviano, los Satinadores, quienes tradicionalmente han sido entrenados por instructores extranjeros en la Escuela de los Cóndores de Sandita.
Uno de los dirigentes Mirko Iargaz, señala que la zona tiene una de las reservas de gas más ricas de Bolivia (1.55 billones de metros cúbicos) y que sin embargo los beneficios de este recurso no llegan a los empobrecidos hogares de la localidad. Pues todo se exporta y el pueblo boliviano se sume cada vez más en la indigencia total.
Una situación similar se da con el problema del agua. Actualmente un 20% se mantiene en manos privadas y regiones como Santa Cruz siguen sin agua potable mientras viven en un territorio con una de las reservas más importantes de agua dulce del mundo. A los pobres santacruceños se les vende en botellas de litro, mientras en los country cerrados de la localidad, viven empresarios y personal jerárquico de las petroleras en grandes mansiones con grandes piscinas.
En este marco, el pueblo de Santa Cruz cortó la ruta que comunica a Bolivia con la Argentina. Una vez más, la respuesta del MAS fue el levantamiento del corte con represión. Hay que recordar que ahora lo hace con el ejército al cual le renovó la cúpula. Ya no puede tratarse ahora ni de “excesos” ni de soldados descarriados, sino de un ejército a su servicio, bajo sus órdenes. Es más, el gobierno hace escasas semanas anunció que el ejército boliviano era un eslabón central en la supuesta revolución boliviana.
Después de 45 días de agonía murió uno de los campesinos que fue apaleado por los grupos de choque del gobierno de Cochabamba, en el marco de una movilización que realizaba el pueblo por la destitución del alcalde local y el de Santa Cruz. En esta movilización hubo dos muertos, uno, estrangulado. Esto describe bastante el grado de impunidad con la que actúan las bandas fascistas en las regiones más reaccionarias del país a las que Morales responsabiliza por retrasar sus proyectos de avance en medidas populares y dice combatir. Lo cierto es que su “combate” queda en el discurso, posando para la foto, disfrazado de pueblo y cuando el pueblo lucha, él reprime o deja actuar libremente a grupos de choque, luego manda a su vocero a declarar que el MAS está por la destitución de estos gobernadores, pero siempre que sea en forma pacífica, y que es lógico que siempre aparezcan “elementos exaltados”.
Los balances a un año del gobierno que hacen Morales, el MAS y sus seguidores nacionales e internacionales, alardean su política en DDHH, lo proponen como premio Nobel de la Paz por su “defensa” de la población indígena y por su fuerte relación con Cuba y Venezuela, que bancan los programas de alfabetización y salud que sirven para la propaganda gubernamental. Esto no sirve más que para la demagogia, pues por mucho que aparezca el presidente con el ponchito y el pasamontañas, el pueblo si no tiene agua, comida, salud, se muere igual.
Como mencionamos anteriormente nada ha cambiado en la política central, no ha habido reestructuraciones importantes que saquen a Bolivia de la dependencia absoluta del imperialismo, ni a su pueblo de la miseria. Ya desde su concepción y más aun con el correr del tiempo y con las medidas que se llevan a cabo tampoco puede decirse que se esté transitando un camino hacia allí.
Pero lo más peligroso es el planteo de que así es la revolución, de que en América Latina se está desarrollando un proceso revolucionario. Una revolución no puede estar dirigida por entregadores y demagogos; una revolución no puede convivir con empresas imperialistas que saquean al país y sumen a los pueblos en la miseria; una revolución no puede colaborar con la política imperialista de EEUU ratificando las tropas que masacran, fusilan y violan en Haití... Esto, de ninguna manera.
BOLIVIA: OTRA PROMESA DEL “EJE DELA ESPERANZA”
El Revolucionario Nº15 (Julio de 2006)
Bajo la consigna de “unidad latinoamericana” se amontonan en nuestro continente un cúmulo de gobiernos autodenominados “progresistas” o “de izquierda” cuyo norte indiscutible (y asumido por ellos mismos) es defender y fortalecer la “democracia” y sus instituciones de gobierno, con lo que salvaguardan los mejores mecanismos de dominación que utiliza la burguesía para mantener bajo su yugo a los trabajadores latinoamericanos.
Esta corriente incluye a las más diversas figuras presidenciales, desde gobiernos abiertamente proimperialistas como el de Lula, Tabaré o Bachelet (por no hablar del paraguayo miembro del Mercosur y anfitrión de las tropas yanquis, Duarte Frutos) hasta los más “carismáticos” y populistas como Chávez, pasando, obviamente, por nuestro “granpagadordedeuda” Néstor Kirchner. Como la nueva “promesa” (a la que nos hemos referido ya en varias oportunidades) se presenta ahora el gobierno de Evo Morales quien, mientras llena de augurios de pacífica felicidad al combativo pueblo de Bolivia, se ha ganado su rinconcito en este gran abanico del progresismo continental, nada más y nada menos que junto Chávez, defendidos ambos por el mismísimo Fidel Castro.
Como es habitual en el populismo, la retórica revolucionaria es una parte imprescindible del gobierno de Evo, que pretende edificar con grandes discursos y “gestos” lo que no será capaz de hacer con sus actos. Sólo así puede entenderse que un defensor acérrimo del capitalismo y sus instituciones se llene la boca con el “socialismo” (andino -¡!-) y se atreva a realizar un homenaje en el sitio de su muerte al Che Guevara al tiempo que reivindica la “revolución pacífica” y promueve la paz entre las clases.
Así, ayudado por su grosero marketing “indígena”, “popular” y “revolucionario”, el gobierno del MAS se propone contener la movilización popular y garantizar los negocios empresarios, engañando al pueblo con una serie de medidas que son presentadas como si fueran reformas radicales capaces de cambiar las condiciones de vida de los bolivianos. Para ello ha tomado los planteos más contundentes de su pueblo, levantados al calor de la lucha del gas con un claro sentido transformador y antioligárquico, y los ha resignificado y adaptado a las exigencias de la burguesía local y extranjera.
La primera y más trascendente de estas medidas ha sido la “nacionalización” de los hidrocarburos, tema al que ya nos hemos referido en el Nº 13 de “El Revolucionario” por lo que no nos extenderemos ahora. Baste aclarar que la consigna de “nacionalización” levantada por el pueblo de Bolivia en su lucha contra el gobierno de Sánchez de Lozada expresaba concretamente el reclamo de pasar a manos de los bolivianos la industria del gas. Es decir: sacarle el negocio a los grandes capitalistas para otorgar en su lugar esos recursos al pueblo boliviano, brindando gas a la población que no lo posee (un escandaloso 95%) y transfiriendo los beneficios económicos de la mayor industria de Bolivia al mismo pueblo.
Pero muy lejos de eso, el gobierno de Morales asumió la posesión directa (nacionalización) de las reservas hidrocarburíferas, dejando todo el negocio de extracción, procesamiento y traslado de sus productos en manos privadas, aunque aumentando la participación del estado nacional en ese negocio. Lejos están el monopolio estatal del gas y sus derivados, ni mucho menos la expropiación de los grandes grupos imperialistas que siguen llevándose su parte del país, en perjuicio del pueblo de Bolivia. El motivo por el que este pueblo salió innumerables veces a las calles ha sido pasado por alto una vez más, ahora de la mano de Evo Morales, quien no ha llegado siquiera a realizar una completa nacionalización (no sólo de las reservas sino del conjunto de la industria del gas) como se lo ha propuesto más de una vez la burguesía nacionalista latinoamericana.
La otra promesa de importancia es la “reforma agraria”. Una vez más, como en el caso de la “nacionalización”, el camino de Evo es tomar las consignas populares por las que se han volteado varios gobiernos y acomodarlas a los intereses de la burguesía y la oligarquía. Así pues, el reclamo popular por un reparto masivo de tierras es tergiversado por el gobierno boliviano quien, al tiempo que arenga sobre la “revolución agraria”, aclara que no se avanzará sobre las grandes producciones agrícolas y sus propietarios, sino que se limitará a un reparto de terrenos improductivos y de tierras fiscales (o sea sólo 2.5 de los 54 millones de tierras productivas del país). De este modo se condena a los campesinos a un trabajo indigente sobre tierras que han sido dejadas de lado por los grandes propietarios debido a su improductividad, y se condena al mismo tiempo al estado nacional a seguir mermando su escueto patrimonio. Todo en un mismo acto… ¡para no ir contra la oligarquía y su latifundio!
El estricto control que el gobierno de Morales llevará adelante para que la gran propiedad no sea tocada por los desposeídos ya puede verse: la permanente tensión que rodea a las movilizaciones de los sin tierra y las acciones de desalojo de las fuerzas estatales se han cobrado ya sus primeros dos muertos el 12 de abril y el 2 de junio pasados. De este modo, para conquistar sus merecidas tierras los campesinos pobres no sólo deberán enfrentar a las bandas de sicarios que ya está organizando la oligarquía boliviana, sino que deberán vérselas también con la represión estatal que impulsa el MAS y su “revolución agraria”.
Obviamente con estas medidas será imposible transformar radicalmente las condiciones de vida del pueblo boliviano y eso lo sabe hasta el mismo gobierno, que lejos de aspirar a eliminar la pobreza, ha asumido como la “máxima aspiración” de su gestión “reducir” la “pobreza extrema” (indigencia, desnutrición, etc.) a un escandaloso 27% de la población.
La otra “gran medida” del gobierno boliviano es la organización de una asamblea constituyente. Una vez más, en nombre de un reclamo popular, por el que se pretendía poner en cuestión a los gobiernos pro patronales y oligarcas de Bolivia, el MAS ha conformado una instancia para la conciliación y el acuerdo con los sectores patronales y oligarcas del país.
Por supuesto, como ya lo hemos advertido en numerosas oportunidades, una asamblea de este tipo no será más que una farsa que tiene como objetivo calmar los ánimos populares y reordenar la democracia burguesa boliviana. Para ello, nada mejor que la participación o el apoyo de la izquierda o los sectores populares para legitimar una instancia en donde se ratificará el rumbo de un gobierno que no está para nada dispuesto a enfrentar a los poderosos locales ni extranjeros para lograr el bienestar de su pueblo. Los resultados de las elecciones de delegados para la constituyente muestran ya ese perfil: el MAS, que cuenta con la mayoría de los votos, deberá establecer negociaciones con los sectores de derecha para sancionar cualquier reforma con los dos tercios necesarios. Como dice econoticias de Bolivia: “se prevé que las fuerzas del gobierno del líder indígena y cocalero logren una sólida alianza con los sectores empresariales y las fuerzas de la derecha”. La supuesta “radicalidad” de la asamblea ha sido sólo un recurso para ubicar al pueblo tras el gobierno de Morales y avalar su proyecto de “pacto social” con la derecha.
Ya aún antes de comenzada la asamblea, el gobierno mostró su predisposición a escuchar los planteos de las provincias ricas que reclaman la secesión de Bolivia (para poder adueñarse de los mayores recursos del país), concediéndoles que se vote su exigencia aristocrática de “independencia” para los ricos. Y así fue: las provincias dominadas por la oligarquía camba, como Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando han llegado más lejos que nunca gracias al permiso de Morales y han podido votar su propia autonomía, con la perspectiva de no compartir los recursos existentes en sus regiones con la empobrecida población boliviana del resto del país. Por supuesto Evo se ha comprometido a “respetar” la decisión de los poderosos.
El cinismo de Morales es notable: la consigna de asamblea constituyente en Bolivia se originó en el marco de las grandes movilizaciones populares que voltearon dos presidentes, y frente al pueblo en lucha los sectores más reaccionarios del país tenían una propuesta radicalmente distinta: promover la autonomía de las distintas regiones. Pues bien: en nombre del reclamo de la constituyente el MAS ya le ha permitido avanzar aún más a la oligarquía camba quien ve en Evo, un aliado en su camino hacia la secesión.
Como queda expuesto, las medidas “radicales” del gobierno boliviano son, en el mejor de los casos (como sucede con los dos primeros ejes) moderados avances que se han llevado adelante como fruto de una importante presión popular (que se ha mostrado capaz de tumbar dos gobiernos), cuando no son simplemente un recurso para la mejor dominación de los poderosos sobre los trabajadores y el pueblo boliviano. Y aún los pasos hacia adelante que han sido arrancados al actual presidente (quien se ha encargado tantas veces como dirigente cocalero de frenar la lucha popular boliviana), significan para la burguesía una breve concesión que le permite tomar aire para reorganizarse y poder seguir aplastando a los trabajadores.
El gobierno del MAS muestra a cada paso que está muy lejos de romper con la burguesía y orientar su proyecto hacia la resolución de los reclamos populares. Con las clases ricas de Bolivia sus alianzas ya son recurrentes, pues no sólo les ha entregado el referéndum por las autonomías y pactará pronto una nueva constitución, sino que desde el primer día ha llevado a algunos de sus cuadros a los ministerios del gobierno nacional.
Y mucho menos se dispone Morales enfrentar al imperialismo. Los EEUU no cuentan sólo con el recurso de la deuda externa (que se continúa pagando) como medio de dominio económico sobre Bolivia; además son el mayor mercado para las manufacturas bolivianas lo que les ha permitido extorsionar al gobierno de Morales y obligarlo a aceptar sus planes para la erradicación de cultivos (una acción tantas veces rechazada en campaña electoral), como condición para continuar exportando sus productos al país del norte.
Y si ya la “nacionalización” había mostrado que Evo no avanzará definitivamente sobre las empresas extranjeras, nada es más demostrativo que la reciente privatización del mayor yacimiento de hierro del mundo, El Mutún, que el MAS le ha entregado a capitales de
Efectivamente el gobierno de Morales se inscribe en la línea de Chávez. Junto a la verborragia “revolucionaria” (Chávez habla de socialismo del siglo XXI, de enterrar el capitalismo, etc.) y las medidas de asistencia social que cuentan con especial apoyo del gobierno de Cuba (como los programas para la alfabetización o el mejoramiento de las condiciones sanitarias), son llevadas adelante tareas que deberían apuntar a la resolución de grandes problemas nacionales (como la distribución de la tierra o la nacionalización de empresas de peso) pero que son realizadas cuidando siempre, en primerísimo lugar, no enfrentar a las clases poseedoras (a los grandes empresarios que aún son accionistas de las empresas, a los grandes terratenientes que no serán expropiados) con lo que se desvanece la capacidad transformadora de las medidas adoptadas.
A la imposibilidad de romper las ataduras con el imperialismo (pago puntual de la deuda externa y relaciones comerciales preferenciales con los EEUU) y su defensa inalterable de los explotadores autóctonos, debe agregarse además, su posicionamiento junto a los sectores más reaccionarios de sus respectivos países cada vez que las papas queman. Recuérdese por ejemplo el llamado de Chávez a la “unidad nacional” con los golpistas y el otorgamiento de un referéndum, tras el golpe de Carmona y sus aliados… o el apoyo de Morales al gobierno represor y entregador de Mesa, para frenar la movilización y orientarla a una “salida” pacífica y electoral.
El problema es que todo eso tiene su correlato bien práctico: las condiciones de vida de nuestros pueblos no están cambiando ni lo harán por este camino. El caso de Chávez es paradigmático porque su gobierno que cuenta con más de 10 años y una enorme entrada de recursos por la vía del petróleo, no sólo ha sido incapaz de comenzar ningún proyecto de industrialización que permita una proyección “independiente” para Venezuela, sino que encima mantiene los índices de pobreza que existían antes de su llegada, además de sostener y defender las relaciones de explotación vigentes.
Es el resultado inevitable de un proyecto que propone, como oposición a la independencia de la clase obrera, la unidad nacional entre explotadores y explotados para un desarrollo “independiente” en el marco del capitalismo, que opone a la revolución socialista (con su marca inevitable de violencia y enfrentamiento con la burguesía y sus agentes) un proyecto de transformación paulatina y sin violencia del sistema capitalista, con apoyo en los supuestos sectores “progresistas” de la burguesía nacional. Es, en suma, un proyecto que entiende a la revolución y al gobierno de los trabajadores como imposibles quimeras de setentistas utópicos, a las que les opone una idea de “unidad latinoamericana” o “bolivariana”, que no se refiere a la “unidad” entre los trabajadores de los distintos países del continente, sino que supone la comunidad (relaciones comerciales, acuerdos políticos, etc.) entre los gobiernos de los diferentes estados que cuentan con aspiraciones (imposibles) de desarrollo e independencia, en donde trabajadores y patrones, campesinos y terratenientes, deben “trabajar juntos” para su mutuo beneficio.
Evidentemente, frente a un proyecto así, que no tiene otra orientación que sostener la entrega, la miseria y la explotación, es indispensable ubicarse del lado de la revolución y desarrollar las instancias de organización necesarias para poder llevar adelante una lucha independiente de la clase obrera por el socialismo. Es preciso diferenciar con claridad nuestro apoyo y participación en cada una de las luchas que se libren por el mejoramiento de las condiciones de vida, para enfrentar a patrones y oligarcas y sus sicarios, o para hacer frente a las intentonas golpistas del imperialismo, con lo que es apoyar a dirigentes como Evo Morales o Hugo Chávez, que terminarán siempre negociando con la burguesía y conteniendo la rebelión popular en los estrechos marcos de la democracia y el capitalismo.
LA FARSA DEL EJE
El Revolucionario Nº13 (Mayo de 2006)
A pesar del carácter de la “nacionalización” del gas en Bolivia, que se explica en otra nota de este número, el anuncio trajo una crisis imposible de ocultar al llamado “Eje del Bien”, ese que parte de la izquierda nos presenta como “el camino a seguir”, que fuera impulsado en sus inicios por Lula y Lino Gutiérrez -milico apoyado por el PC y un montón de nacionalistas locales-, pasando por el coqueto Tabaré Vázquez -hoy acérrimo defensor de los europeos y auténtico lamebotas de los yanquis- y, por supuesto Kirchner, Chávez y Fidel.
¿Qué queda ahora de toda esa mala pantomima? ¿Qué nos van a decir ahora los teóricos de la reforma? Gracioso es recordar y leer sus prensas en las que con total desparpajo y la más clara deshonestidad van sacando y poniendo nombres de documentos y carteles según cómo venga la mano. A veces Lula forma parte del mentado “eje”, otras desaparece; a veces el que aparece es Tabaré, otras -como ahora- lo borran y ni siquiera lo citan... En fin, los que sí son del plantel permanente son Fidel y Chávez; los demás, son de a ratos, según cómo dan las encuestas y sondeos, y dependiendo de que su nivel de pro yanquis suba o baje. Y en el medio de la comparsa, no se deciden del todo a sumar a la sonriente Bachelet, que ya mostró claramente de qué palo es con la creciente represión al movimiento estudiantil chileno y el encarcelamiento de los referentes del pueblo mapuche. Todo esto no pasa inadvertido para las masas, que aunque no se expresen como los militantes, no quiere decir que no vean y saquen sus conclusiones.
Lo cierto es que el volátil y cambiante “eje” está en problemas. La iniciativa política de Evo Morales, discutida y acordada en
No sólo Lula fue afectado por la jugada mediática del 1º de mayo. El también “mosquetero” Kirchner quedó tan al desnudo con su política energética, que se convirtió en blanco para burlas de burgueses como el periodista Marcelo Zlotogwiazda, que no se cansa de señalar que la medida boliviana de revolucionaria no tiene nada, y que en todo caso lo notable es que Argentina no sea dueña de sus recursos estratégicos, como cualquier país mínimamente serio. Semejante exposición de su naturaleza entreguista, aun desde un punto de vista estrictamente burgués, lleva hoy al presidente argentino a ensayar la escandalosa “compra de las acciones” de Repsol -que mientras discuten, niegan por los medios- y a hacer una especie de autocrítica íntima reconociendo su pasado menemista en el que apoyó sin reservas la reforma constitucional del 94.
Volviendo a la situación de Lula -el otrora mimado del PC y el MST, que hoy hacen silencio, cuando nos lo ponían como ejemplo a seguir-, hoy podemos ver el resultado de haber ahorrado en salud y educación para pagar a los yanquis. Le estalló en la cara la crisis carcelaria, con la saludable venganza que llevaron a cabo contra los objetivos que se propusieron, mostrando de manera descarnada cómo se mantiene a los presos en las cárceles de la burguesía que él dirige: es tal el hacinamiento, que tienen que dormir colgados. Esto dicho para que los reformistas de Argentina recuerden algo del ejemplo de Lula, el maravilloso amigo de los EEUU.
Lo cuestión es que el eje, evidentemente, sufrirá transformaciones. Se les va a hacer dificil seguir presentándonos a Lula y Tabaré Vázquez como paradigmas de liberación, independencia y soberanía. También se les complicará a los nacionalistas seguir sosteniendo un Kirchner discursivamente antiimperialista, que plantea seguir endeudándonos y seguir con su plan de pagos compulsivos por adelantado y al contado, y no sabe de qué manera justificar la nueva visita de quince días de la misión del FMI, destinada a revisar las cuentas macroeconómicas del gobierno. ¿No era que pagar nos hacía libres?.
A muy poco de andar, el “eje” hace agua por todos lados. La fracción más inteligente de la burguesía, en la que se destaca Chávez como el “nuevo Perón”, tendrá que remar bastante para recauchutar este pretendido “nuevo movimiento histórico”, que no es otra cosa que vino viejo en odres nuevos.
Seguirán por un tiempo, sin dudas, impulsando la idea de que el socialismo no es posible, que la revolución es una quimera y que no hay otra salida si no es con ellos a la cabeza, con los Chávez, y con Fidel, lamentablemente. Decimos lamentablemente, pues éste no es el Fidel que se supo hacer odiar por el PC argentino cuando planteaba que la cordillera de los Andes estaba llamada a ser
NACIONALIZACIÓN DEL GAS EN BOLIVIA
El Revolucionario Nº13 (Mayo de 2006)
“La nacionalización de los ferrocarriles y de los campos petroleros en México no tienen nada que ver por supuesto con el socialismo. Es una medida de capitalismo de Estado en un país atrasado, que de este modo trata de defenderse del imperialismo extranjero por un lado y del otro, de su propio proletariado.”
León Trotsky, Los sindicatos en la época imperialista
El Decreto Supremo
El 1º de mayo, el presidente boliviano Evo Morales anunció la firma del Decreto Supremo nº 28.701, que, en heroico lenguaje, proclama la nacionalización de los recursos naturales hidrocarburíferos del país. La medida fue celebrada por los que apuestan al “Socialismo del Siglo XXI” estilo Chávez con frases no menos altisonantes: Bolivia recupera la dignidad, se acaba el saqueo, Evo muestra firmeza en la defensa de los intereses de su país, son cucharadas de felicidad, histórica decisión, etc. En la misma semana, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, definió la orientación de su gobierno: “No estamos pensando en el socialismo para el futuro próximo sino en una profunda revolución democrática descolonizadora”. (1)
Más en consonancia con Álvarez Linera que con los entusiastas apologetas del presidente boliviano, la prensa burguesa, una vez que pudo conocer el contenido del decreto, salió a poner paños fríos y calmar los ánimos de quienes pudieran sentirse preocupados por una suerte de avance rojo continental. Es que, como didácticamente explicó algún columnista de economía por radio, la afirmación de la propiedad nacional de los recursos naturales es una natural expresión soberana de todo gobierno burgués que se precie, y de ninguna manera una medida revolucionaria. Como demostración, basta recordar que jamás se le ocurrió al Gral. Pinochet privatizar los yacimientos de cobre chilenos, equivalente local del gas boliviano, como sí se hizo en Argentina con las reservas de petróleo.
En Bolivia, el dirigente de
¿De qué se trata entonces esta tan mentada nacionalización, que genera aleluyas de revolución mientras empresas de todo el mundo, como las rusas, ofrecen reemplazar a las radicadas en Bolivia si éstas decidieran retirarse?
El gas boliviano en contexto
Bolivia posee la segunda reserva de gas natural de Sudamérica, detrás de Venezuela, y superior a la que tienen en conjunto Argentina, Brasil, Chile y Perú. Sin embargo, sólo el 1.78% de los hogares bolivianos tiene servicio de gas domiciliario por cañería. El 62.57% de las amas de casa utiliza gas envasado para cocinar, a un costo de casi tres dólares por garrafa de
No puede extrañar que la consigna “El Gas para los Bolivianos” fuera el motor de las grandes protestas populares de los pasados años, que hicieron renunciar a varios presidentes sucesivamente y profundizaron una crisis que la burguesía sólo pudo superar gracias al apoyo a la transición democrática brindado por el MAS, con el concurso de Kirchner y Lula.
El régimen de explotación y comercialización de hidrocarburos en Bolivia fue radicalmente modificado, como ocurrió con la mayoría de los recursos naturales en América Latina, durante la reconversión y concentración capitalista que se desarrolló en el continente en los ’80 y ’90 bajo la denominación de “políticas neoliberales”. En 1985, con el gobierno de Paz Estenssoro del MNR, comenzó el proceso de privatización de las empresas públicas y transferencia al sector privado de la gestión de servicios públicos, que sería completado durante los gobiernos de Banzer, Quiroga y Siles Suazo. La “Guerra del Agua”, desatada en Cochabamba a raíz del intento de concesionar los servicios de agua a una empresa multinacional, sumada a la movilización de los campesinos por la campaña de erradicación de los cultivos de coca en la misma región, desembocó para mediados de 2003 en un movimiento insurreccional del que participaron el MAS de Evo Morales,
La “cuestión del gas” fue central en ese proceso. En el referendum realizado en julio de 2004 la abrumadora mayoría de la población respondió “SI” a las cinco preguntas, que se referían a la recuperación del derecho de propiedad del estado de los hidrocarburos en boca de pozo; la refundación de YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos); la definición del gas como recurso estratégico para recuperar la salida al mar de Bolivia; la prioridad al consumo interno y el aumento impositivo a la producción. Sobre la base del resultado del referendum, en mayo de 2005 se dictó la ley nº 3058, que en realidad no satisfizo a ninguno de los sectores en disputa. Es que la norma se limitaba a incrementar los impuestos a cargo de las empresas y a modificar el régimen de regalías, aunque declamaba el carácter de recurso estratégico del gas y refundaba YPFB. Otorgaba 180 días a las multinacionales para renegociar sus contratos de concesión, plazo que se venció sin novedades.
El reclamo popular, claro está, no era simplemente “mejorar los términos del intercambio”, sino expropiar sin indemnización alguna los bienes de las empresas como Repsol, Petrobras, Vintage o British Petroleum, que vienen expoliando la riqueza boliviana con tal grado de impunidad que en abril del mismo año el Tribunal Supremo declaró nulos los 78 decretos que “regulaban” su actividad en el país. A las empresas, por otro lado, tampoco las llenó de alegría el dictado de la nueva ley, que en algún punto limitaba su abrumadora tasa de ganancias.
No se puede obviar que en la estrategia subregional yanqui el aprovechamiento del que llaman “anillo energético sudamericano” es un eje principal, junto a la política de seguridad, entendida como militarización de la región con la excusa de la guerra contra el narco-terrorismo. Así lo demuestran la agenda ALCA/TLC, el reclamo y obtención de inmunidad judicial para sus marines en bases como la paraguaya de Mariscal Estigarribia, a escasos kilómetros de la cuenca gasífera boliviana (2) (Cita ER, nota Paraguay), y propuestas como la que Washington llevó a
Mucho ruido, y pocas nueces
El Decreto de Nacionalización es limitado en sus efectos, ambiguo y confuso. En primer lugar, proclama el derecho de propiedad nacional de los hidrocarburos en yacimiento, pero mantiene el sistema de explotación en manos privadas, asociadas al estado. No se establece la expropiación de las plantas, maquinarias y demás bienes de las empresas multinacionales, y aunque dice que el 50% más uno de las acciones de tres empresas serán controladas por el estado, queda claro que el patrimonio empresarial es respetado, y ni siquiera explica si el “control” (no propiedad) de esa mitad más uno del paquete accionario será indemnizado, y de qué forma. En rigor de verdad, el decreto amplía por otros 180 días aquel plazo de la ley de hidrocarburos contra la que Morales marchaba junto a los sindicatos hace poco más de un año, dando otros seis meses a las empresas para renegociar sus contratos. Y renegociar quiere decir sentarse a la mesa de diálogo, discutir las cláusulas, defender cada parte sus intereses, llegar a un acuerdo y firmar los instrumentos legales. En otras palabras, el estado boliviano y las empresas petroleras discutirán a lo largo de los próximos 180 días los términos de su intercambio, mejorando probablemente en algo la posición relativa del estado. Eso es todo.
No hubo expropiación, ni desalojo; la presencia militar fue meramente simbólica y propagandística, como no lo es, en cambio, que Morales haya convocado especialmente a las fuerzas armadas y de seguridad a contribuir con especialistas y técnicos a la cogestión de las tres empresas convertidas en mixtas.
Ya Lenin hacía enfáticamente la distinción entre nacionalización –aun confiscando, que no es el caso boliviano- y socialización de los medios de producción, explicando que la socialización significa poner bajo la administración de las masas esos medios de producción. Por eso, en sí misma, la nacionalización no es una medida socialista, como se ve si pensamos en la ola de nacionalizaciones europeas de la postguerra o en las estatizaciones en Argentina del 45 al 55. O la nacionalización en 1890 de
Analizando la política de nacionalización del gobierno mexicano de Cárdenas, antecesor del PRI, Trotsky escribió: "En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o bien maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros". (Trotsky, "La industria nacionalizada y la administración obrera", 12-5-1939, en Escritos Latinoamericanos de León Trotsky, ediciones CEIP).
El decreto de nacionalización cubre entonces varias necesidades del gobierno nacionalista burgués de Evo Morales. Por una parte, crea la ilusión del cumplimiento de la promesa electoral de efectivizar la consigna popular, “El Gas para los Bolivianos”. Por la otra, le permite rediscutir, desde una posición de fuerza a partir del apoyo popular, los contratos de riesgo compartido, de explotación y comercialización con las empresas que se queden Bolivia, o las nuevas que lleguen. Algún dinerillo extra ingresará a las arcas estatales, permitiendo hacer incluso alguna concesión al pauperizado pueblo en salarios o mejoras estructurales.
Los voceros de las grandes multinacionales ya lo han entendido así, y The New York Times compara la medida boliviana con las que tomaron Arabia Saudita e Irán décadas atrás. Su preocupación, y la de los industriales del petróleo, en todo caso, es “corregir las distorsiones, para que el negocio sea bueno”, concediendo que “para que sea bueno, tiene que ser bueno para ambas partes”.
Nuevamente, parte de la izquierda argentina camina ciegamente tras una medida populista impulsada por la burguesía. Luego del apoyo explícito de algunas fuerzas a la candidatura de Morales, ante el anuncio del decreto, varias organizaciones populares se movilizaron a favor de esta nacionalización, sin comprender su carácter netamente burgués.
Una vez más, demos la palabra a Trotsky: De igual modo reivindicamos la expropiación de las compañías monopolizadoras de la industria de guerra, de los ferrocarriles, de las más importantes fuentes de materias primas, etc... La diferencia entre estas reivindicaciones y la consigna reformista demasiado vieja de “nacionalización” consiste en que: 1) Nosotros rechazamos la indemnización; 2) Prevenimos a las masas contra los charlatanes del Frente Popular que, mientras proponen la nacionalización en palabras, siguen siendo, en los hechos, los agentes del capital; 3) Aconsejamos a las masas a contar solamente con su fuerza revolucionaria; 4) Ligamos el problema de la expropiación a la cuestión del poder obrero y campesino. (Programa de Transición).
Algunos indicadores sociales bolivianos
Pobreza total – 63,7%
Pobreza en áreas rurales – 79,51%
Analfabetismo en mayores de 15 años
13,28% en áreas urbanas – 25,77% en áreas rurales
Promedio de escolaridad de la población de 19 o más años – 7,43%
Sólo el 31,43% de las viviendas tienen alcantarllado cloacal
El 22,4% de los menores de 5 años padece o padecerá diarrea infantil
Tasa de desocupación – 54,89%
El PBI per cápita es de u$s 949
El ingreso laboral promedio es de 913,18 Bolivianos por mes, lo que representa u$s 113.
BOLIVIA: SIN EXPROPIACIÓN NO HAY NACIONALIZACIÓN QUE VALGA
El flamante triunfo electoral del MAS en Bolivia garantiza la continuidad de la política “neoliberal” que dice combatir. Como afirmamos en nuestro número anterior “Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.”
A pesar de que para el imperialismo norteamericano y europeo, así como para la derecha más fascista de Bolivia, el gobierno de Morales no es el gobierno que quisieran tener, la gestión del MAS no representa ningún escollo para sus planes de saqueo, opresión y superexplotación. El llamado telefónico de Bush para felicitar al nuevo presidente, y el anuncio de las petroleras de mantener sus inversiones, son elocuentes al respecto. Las recientes actuaciones del MAS y su dirigente Morales dan cuenta de sus posiciones reformistas que no cuestionan ni al imperialismo, ni a la democracia burguesa ni mucho menos al sistema capitalista.
No está de más recordar el papel jugado por el MAS durante las rebeliones populares de octubre de 2003 y junio de 2005 que voltearon a los presidentes Sánchez de Losada y Carlos Mesa respectivamente. Frenar la combatividad de los trabajadores y el pueblo y apoyar las salidas democráticas y constitucionales impulsadas por la burguesía, ha sido la tarea llevada adelante por el partido y los dirigentes que hoy gobiernan Bolivia. El apoyo y la tregua concedida al gobierno del vicepresidente de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, y al juez del tribunal supremo, Rodríguez, han sido sólo algunas de las más importantes entregas.
En 2004, el MAS apoyó e impulsó el referéndum que garantizaría la continuidad de la explotación y el control de los recursos naturales por las grandes multinacionales.
Poco antes de asumir, los congresistas del MAS apoyaron la privatización de una de las explotaciones mineras más grandes del mundo, MUTUN, con una reserva de 40 mil millones de toneladas de hierro y 10 mil millones de toneladas de magnesio, el 70% de las reservas mundiales.
Morales y su vicepresidente, García Linera, ya han anunciado que no nacionalizarán los hidrocarburos, que no expropiarán a los monopolios ni a los terratenientes, que respetarán los contratos de las privatizadas, que estimularán las inversiones extranjeras siempre que sean “transparentes”, y que mantendrán la política fiscal y macroeconómica de los gobiernos anteriores.
Ha dicho el presidente que “El estado boliviano ejercerá su derecho a la propiedad. Sí, vamos a nacionalizar pero eso no significa confiscar, expropiar o que se vaya a expulsar a empresas extranjeras [...] Las empresas tienen derecho a recuperar su inversión y la ganancia pero en equilibrio... [...] Vamos a ser radicales con las empresas que no respetan la ley, que no pagan impuestos y son contrabandistas. Pero tendremos máximo respeto por las que cumplen con las leyes bolivianas”. La plataforma programática del MAS es igual de clara: “Para evitar y eliminar posibilidades dadas en la década del noventa, se debe constitucionalizar la propiedad de los recursos naturales renovables y no renovables a favor del Estado boliviano. Asimismo, constitucionalizar la prohibición de la privatización de los estos recursos.” (destacados nuestros). Más adelante propone “Conformar el Estado solidario y productivo, que permita la convivencia de la empresa nacional y extranjera en torno a la materialización de los objetivos del nuevo patrón de desarrollo y la aplicación de una estrategia de desarrollo para la construcción de una economía solidaria, complementaria y comunitaria”. Luego reafirma que “Las empresas extranjeras transnacionales tendrán espacio para realizar actividades productivas o de servicios en un marco de respeto a las leyes bolivianas y adecuación de sus operaciones a la estrategia nacional y regional de desarrollo productivo”.
El Flamante gobierno se propone continuar las relaciones con EEUU y los organismos multilaterales de crédito. Sobre este tema su plataforma explica que “Actualmente los países andinos están negociando Tratados de Libre Comercio (TLC) [con EEUU]. Bolivia por varias razones no ingresó a negociar en calidad de pleno negociador, ahora es fundamental señalar que el país podría continuar negociando en la medida en que se acepte sólo términos comerciales y no formatos que implican subordinar políticas y soberanía. En otras palabras negociar con Estados Unidos un acuerdo comercial que no signifique condicionalidades ni formatos que atenten con temas fundamentales como la propiedad intelectual, compras estatales, inversiones y otros”.
El MAS plantea mantener su relación con el FMI y demás organismos de crédito, reestructurando su deuda y anhelando que éstos no “interfieran” en los asuntos internos. En ningún momento desconoce la deuda ni se plantea el no pago. En este sentido propone:
“1) Considerando que la deuda con organismos multilaterales (BID, BM, CAF y FMI) representa el 91,8% del total, USD 4.325,3 millones al 31 de agosto de 2005, los esfuerzos para reducir la pesada carga de la deuda externa deben concentrarse en los acreedores multilaterales.
2) Consolidar de manera urgente la condonación anunciada por los Ministros de Finanzas del G7, para cancelar el 100% del stock adeudado al Banco Mundial por USD 1.676,3 millones y al Fondo Monetario Internacional por USD 276,1 millones (préstamos PRGF y Stand By) para los países más pobres del mundo entre los cuales fue calificada Bolivia. Se debe presionar para que esta condonación no esté condicionada a anteriores esquemas y signifique un real alivio fiscal para el Estado.”
Al mismo tiempo, y en otro orden de cosas, Morales invitó al Comité Cívico abiertamente pro imperialistas de Santa Cruz a integrarse al gobierno mediante una comisión de transición del mando. Uno de sus primeros actos de gobierno ha sido nombrar al cuestionado General Isaac Pimentel como jefe de la policía, anuncio acompañado por un fuerte discurso anticorrupción (y sólo anticorrupción), por exhortaciones a lograr “la unidad de militares y civiles, y de la policía con su pueblo”, y por aumento de salarios para los uniformados.
Así, el gobierno de Evo Morales aparece como un gobierno populista que, basado en la demagogia, cuenta con la aprobación de los EEUU y la simpatía (por el momento) de la inmensa mayoría del pueblo boliviano. Mientras garantiza las ganancias de la burguesía nativa e imperialista, pretende sostenerse en el poder con gestos populistas y simbólicos al estilo de Kirchner o Chávez.
Por un lado, firma acuerdos bilaterales con Venezuela y Cuba con los que brindaría alfabetización, asistencia sanitaria, deportes y créditos para la construcción de autopistas. Por otro lado, impulsará mayores impuestos (simbólicos y por ello insignificantes para la economía del país) para los sectores más ricos y el cobro efectivo a las grandes petroleras que hasta el momento siguen saqueando el 99% del gas boliviano, evadiendo impuestos y vendiendo el combustible tres veces más caro en ciudades como La Paz. Procurará exportar el gas a precios internacionales y no preferenciales (entre las mismas empresas) como hasta ahora, para incrementar la recaudación fiscal y poder aumentar (también simbólicamente) el presupuesto en áreas sociales. También realizará una gran propaganda con la “austeridad” de los gobernantes.
En el fondo, el tibio plan del MAS consiste en instrumentar un modelo de “desarrollo productivo”, basado en los impuestos y las regalías generadas por la explotación petrolera, gasífera y minera. Se propone industrializar el país con los recursos que por estos conceptos las empresas provean al estado y por la “inversión productiva” de las mismas transnacionales.
Pero, sin la efectiva expropiación sin pago a las grandes multinacionales, su política continuará marcando el rumbo de todos los gobiernos del llamado “eje del bien”: ejecutor de los planes del imperialismo para América Latina.
BOLIVIA: MAS HAMBRE, MAS ENTREGA
Las elecciones de Bolivia postulan al candidato del MAS, Evo Morales, como continuador de la política imperialista de ajuste contra el pueblo para sostener el acuerdo con las petroleras y el pago de la deuda externa.
Para el pueblo boliviano y el conjunto de nuestros pueblos latinoamericanos, el sonado “triunfo” de Evo Morales en las elecciones presidenciales de Bolivia tendrá, entre tanto barullo, sólo un aspecto positivo: ayudará a desplomar a gran velocidad las falsas expectativas sobre una resolución “democrática” y por la vía electoral de los graves y urgentes pesares que vive nuestro continente.
La coronación de Evo Morales como primer candidato a presidente nacional es el fruto de una larga lista de traiciones y de adaptaciones al régimen burgués boliviano, mediante los cuales su partido, el MAS, contribuyó enormemente a frenar las fuertes luchas populares que en ese país se libraron durante los últimos años, con el único fin de fortalecerse como fuerza “democrática” y estar en condiciones de disputar la presidencia por la vía electoral.
Una y otra vez, cuando mineros, maestros, campesinos, estudiantes y demás sectores del pueblo combatían con furia en la calle frente a las políticas de entrega de los gobiernos cipayos de Bolivia logrando el derrumbe de dos presidentes, el líder del MAS impulsaba la tregua en medio de la lucha, y buscaba resoluciones pacíficas, un “término medio” entre las consignas populares (como la nacionalización de los hidrocarburos) y la negativa del gobierno, con lo que contribuía a la recomposición de la golpeada clase dominante. Fue así que el líder cocalero abandonó por completo al pueblo combatiente y apoyó sin vacilaciones al gobierno reaccionario de Mesa y su referendum, defendiendo su conciliación con las empresas petroleras.
Mañana Morales, exactamente igual que hoy Rodríguez y ayer Mesa, gobernará sin llevar a cabo uno sólo de los reclamos de fondo de las grandes luchas bolivianas. En su lugar afirma una y otra vez que es “consciente” de la situación boliviana y acepta que “se verá obligado” a gobernar bajo la legislación “neoliberal”, respetando “los equilibrios macroeconómicos” y el pago de la deuda externa. Por eso el candidato a vicepresidente, el ex guerrillero Álvaro García Linera, recuerda en su spot publicitario que su partido respetará la iniciativa privada y la “seguridad jurídica” de las empresas, y el líder del MAS le retruca diciendo que hay “que beneficiar a las empresas, acá no estamos hablando de ninguna expropiación”.
Morales, quien promete que sostendrá las relaciones con los EEUU y apela a la “conciencia” y “humanidad” del imperialismo, no se propone en lo más absoluto ir contra este sistema ni enfrentar a la burguesía, sino apenas recuperar un discurso democrático-liberal al estilo de Elisa Carrió, bregando por la transparencia, la lucha contra la corrupción y la defensa de las instituciones burguesas. No efectuará ningún cambio positivo de importancia para los trabajadores y el pueblo boliviano y por eso es que no significa ningún riesgo serio para la burguesía gobernante y el sistema capitalista.
Lo explicaba hasta un columnista de Clarín, M. Cantelmi, el pasado 16/12: “Queda, para quien lo precise, un consuelo. Morales, si tiene una virtud, es su poder para aplacar la ira de un pueblo que ha volteado dos presidentes en tiempo record. Lo logra con un discurso encendido y provocador. Pero conviene no traducir mal esa retórica. Morales, populista y furibundo, es cualquier cosa menos un habitante por fuera del sistema”.
Y así es, el dirigente cocalero y su partido no piensan siquiera en sacar los pies del plato capitalista. Su proyecto reformador es el de “humanización” del sistema que muy claramente plantean el Foro Social Mundial y la Cumbre de los Pueblos cuyos ideólogos más destacados son el presidente de Venezuela, Hugo Chávez y el estado cubano.
Así, la llegada de Morales al gobierno de Bolivia se ubica en línea con la reciente asunción de Tabaré Vázquez del gobierno uruguayo y la orientación pseudo progresista de gobiernos como el de Lula en Brasil, o el de Kirchner en nuestro país. Unos y otros son tristemente parecidos en su obsecuencia frente al imperialismo (pago de la deuda, compromisos fiscales y apoyo militar mediante) y en su aplastamiento creciente del pueblo por la doble vía del ajuste y la represión. Como dijimos en el mes de mayo, y reiteramos el mes pasado “el devenir de estos gobiernos estuvo signado desde su mismo origen. El ascenso a la presidencia de una fuerza que se reivindique de izquierda como el FA o el PT (o ahora el MAS), mediante los más variados y amplios frentes electorales, las alianzas de clases y la defensa de la democracia burguesa, siempre termina (y comienza) marcándola a fuego con el sello de proimperialistas”
Como lo comprueban los trabajadores de nuestro continente que se empobrecen a diario, todos estos gobiernos que vienen a ocupar el lugar dejado por la “derecha” tradicional en nombre del progresismo o la “izquierda parlamentaria”, más allá de la retórica “antiimperialista” y hasta “socialista” que puedan tener, no sólo vienen a continuar el mismo plan de hambre y represión impuesto por el imperialismo, sino que se han destacado por profundizarlo en forma increíblemente veloz, llevando el pago de la deuda, el superávit fiscal, y el ajuste contra el pueblo a niveles nunca antes vistos en nuestro continente.El persistente fracaso que significa para nuestros pueblos apostar a salidas “democráticas” y “electorales” (como el FA uruguayo o el MAS boliviano) para lograr la resolución de las penurias a las que nos somete el capitalismo debe servirnos de lección para emprender un camino hacia la definitiva emancipación de los trabajadores latinoamericanos, esto es, impulsando la lucha a fondo contra el capitalismo y retirando nuestra confianza de todos aquellos que como, Evo Morales, no hacen más que desviar el camino de la revolución.
LA CUMBRE DE LA SOCIALDEMOCRACIA
Con la celebración de la cumbre de los pueblos a principios de noviembre en Mar del Plata y a partir de los debates y declaraciones que efectuaron sus protagonistas, se nos plantea la necesidad de retomar una discusión fundamental para los militantes y organizaciones populares que hoy se organizan y luchan con la honrada expectativa de derribar definitivamente este sistema de explotación y opresión.
Si atendemos a la declaración que dio cierre a esta cumbre, un rasgo central es su enfoque desde el interior del mismo sistema capitalista. De hecho, la propuesta principal de esta declaración es, justamente, “construir alternativas” en el marco del capitalismo para arribar a un “modelo” de sociedad más “justo”, “digno” e “inclusivo” sin poner en discusión en ningún momento las restricciones que el actual sistema le impone a tales reformas.
Así, lejos de cuestionar las relaciones de propiedad y de producción capitalistas (que determinan que la inmensa mayoría de los habitantes del mundo vivan sometidos a un régimen de explotación y opresión con el sólo fin de abultar los bolsillos de un grupo de capitalistas), los voceros de la cumbre de los pueblos, buscan infructuosamente “modelos alternativos” dentro del sistema actual, lo que los lleva a orientar sus iniciativas, ya no contra una clase social, la burguesía, enemiga irreconciliable de los trabajadores del mundo, sino exclusivamente contra aquellos burgueses que defienden descaradamente un “modelo” en particular para explotar a los trabajadores: el “modelo neoliberal”.
De este modo al oponerse al “modelo neoliberal” y no al sistema en su conjunto, la cumbre de los pueblos plantea, en definitiva, que la resolución de los más profundos problemas de nuestros pueblos (a los que se propone atacar) puede hacerse en el marco de este sistema, “humanizándolo” mediante reformas sociales, es decir con “otro modelo” capitalista (keynesiano, de intervención estatal, etc.). Por eso su declaración plantea cuestiones como: “Asumimos la lucha de nuestros pueblos por la distribución equitativa de la riqueza, con trabajo digno y justicia social, para erradicar la pobreza, el desempleo y la exclusión social.”
Pero una aspiración como la precedente sólo es concebible para quien, olvidando que esta sociedad se basa en la explotación de una clase por otra y en el consecuente buen pasar de ese primer puñado a costa del sufrimiento de todo el resto, cree con absoluto desatino que los pobres, los desocupados, los hambrientos y explotados, son un sector que ha sido dejado al margen, que ha sido “excluido” del sistema, cuando en la práctica es todo lo contrario, pues la esencia misma del capitalismo consiste en que la inmensa mayoría de nuestros pueblos viva en esas condiciones para que los empresarios, banqueros, terratenientes y demás explotadores puedan enriquecerse alevosamente.
La sola enunciación de la “exclusión” como un tema a resolver, da la pauta de un problema realmente grave: estamos hablando de gente que está planteando que el capitalismo no está funcionando como debería hacerlo, que puede mejorar, que puede “incluir” a los “excluidos”, que puede tener un rostro humano, que puede ser “equitativo” y “justo”, en fin… gente que llama a confiar en la buena fe de la burguesía explotadora, responsable directa del sufrimiento de los trabajadores y demás oprimidos del mundo. Pero el capitalismo está funcionando perfectamente y todos estamos “incluidos” en el sistema: la segregación racial o cultural es aprovechada para una mayor explotación, y la enorme desocupación presiona sobre la clase obrera ocupada atemorizándola ante la posible pérdida de su trabajo y empujando hacia la baja el salario.
A esta orientación política que se plantea en los hechos la humanización del capitalismo (“alcanzar una sociedad inclusiva, justa y digna” dice la declaración que discutimos) han acudido corrientes políticas de diversa proveniencia (socialdemócratas, nacionalistas, anarquistas, postmodernos…) con lo que se ha constituido una corriente mundial cuyo encuentro más relevante ha sido el que fundó el fondomonetarista Lula da Silva en Brasil: el foro social mundial. Ahora la cumbre de los pueblos no hace más que actualizar bajo la insignia del presidente venezolano Hugo Chávez los ejes de esta corriente cuyo mayor logro ha sido convertirse en el sostén de los gobiernos “populares” y “progresistas” que en los últimos tiempos han practicado el más desfachatado proimperialismo en nuestro continente como es el caso de Lucio Gutiérrez en Ecuador, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en nuestro país y ahora Tabaré Vázquez en el Uruguay. Además funciona como un internacional acto de campaña para los que vendrán, como es el caso de Evo Morales, quien se ha puesto a la cabeza de la pacificación “democrática” mediante las reiteradas treguas que otorgó a los gobiernos bolivianos con el sólo fin de erigirse como un candidato electoral más.
Chávez, el humanizador
Pues bien, es ahora el coronel Chávez, presidente de Venezuela, quien ha tomado la posta y proclamando el “socialismo del siglo XXI” se ha hecho cargo de defender la tesis de la humanización del capitalismo en nombre de la “integración latinoamericana”. El portavoz de la cumbre de los pueblos se ocupó en su discurso final y en las conferencias posteriores de explicar ante su público cuál es, según su idea, la senda que debe tomarse para resolver los grandes problemas sociales sin necesidad de derribar el actual sistema de explotación. “No se trata sólo de decirle no al ALCA (dice Chávez) se trata de plantear y construir la propuesta alternativa, el camino alternativo y es allí donde surgió nuestra idea, nuestra propuesta: el ALBA, Alternativa Bolivariana para los pueblos de América”. Y retomando el idealismo humanizador de los que sueñan con un “modelo” capitalista “igualitario” en el que los bienes se “redistribuyan” aún sin enfrentar a la clase que se los ha apropiado, Chávez llama a apoyar su proyecto reformador: “el ALBA (afirma) busca la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso de nuestros pueblos, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo, la inclusión social, que no haya excluidos…”
Pero como el mismo coronel lo desarrolla, no es la emancipación de los trabajadores, no es la liberación de los pueblos lo que está en juego en realidad. Son, por el contrario y exclusivamente los negocios de los capitalistas que operan en nuestros países lo que este proyecto está defendiendo. “El ALBA es Petrosur también (recuerda Chávez) una alianza estratégica entre las petroleras suramericanas: Pdvsa, Petrobrás, Ancap, y Enarsa de Argentina, para explorar, para comerciar, para procesar nuestro petróleo conjuntamente.” No por nada los encuentros entre los presidentes de Venezuela y Argentina en el marco de las cumbres, estuvieron abocados de lleno a garantizar la estabilidad de la empresa Techínt que opera en tierras bolivarianas.
Así, con el proyecto del ALBA, todo su esfuerzo se encuentra abocado a defender los negocios del empresariado que opera en nuestro continente en su disputa con otros grupos de capitalistas (particularmente norteamericanos) que pretenden hegemonizar el mercado a partir de la apertura comercial que implica el ALCA. Por eso el repetido “entierro del ALCA” no es sino la pretensión de “Unir el Sur”, algo “imprescindible para poder negociar en condiciones de igualdad y de dignidad con el Norte, y con el resto del mundo”
Como vemos se trata de fortalecer los negocios propios y negociar en mejores condiciones con el imperialismo: ese ha sido el camino que toman los burgueses locales a quienes Chávez viene ahora a defender. No es una lucha “ideológica” sino simplemente los términos del intercambio en un mundo capitalista.
Por eso no sorprende a nadie que el bastión del bolivariano Chávez sea un grupo de cipayos recalcitrantes que se han abroquelado en el Mercosur en pos de su supervivencia, sin que eso signifique jamás una oposición al imperialismo yanqui. Los aliados del coronel, a los que definió como los “mosqueteros” que “rodilla en tierra y con esgrima de la buena” se supone que están enfrentando las políticas imperiales, son justamente los presidentes que dan vivas a la dependencia económica y al pago de la deuda y que como Lula en Brasil o Kirchner en Argentina, se han vuelto ejemplo de lo que un lamebotas debe hacer pagando superávits de hasta 4.5%; son el ejemplo de la colaboración militar para el saqueo imperialista, pues entre los gobierno de Uruguay, Brasil y Argentina, sostienen la criminal ocupación sobre Haití dándole aire a los EEUU para que avancen en Irak, mantienen entrenamientos conjuntos… ¡y hasta le brindan, como Duarte Frutos en Paraguay, la inmunidad a los marines permitiendo que se instalen bases militares norteamericanas en nuestros países! Es con estos aliados como Chávez viene a plantear su proyecto de humanización capitalista.
Los planes del gusano Kennedy con fraseología “socialista”
Que mientras trabaja en sus planes por un “buen capitalismo”, Chávez sostenga su discurso con fraseología revolucionaria y hasta socialista, no puede confundir a quienes honestamente están observando con profundidad los procesos de que hablamos.
Por lo demás, el discurso “socialista” de Chávez, es también una herramienta para descubrir su ciega fe en el capitalismo. No por nada ha buscado la forma de diferenciarse del socialismo revolucionario, del socialismo “tradicional” en el que los trabajadores se gobiernan a sí mismos… y ha inventado el “socialismo del siglo XXI”.
Su doctrina, como él mismo la expresa, se basa en la negación del sujeto histórico de la revolución, la clase obrera, y en la apuesta a una vía “alternativa” que no sea el capitalismo pero tampoco la revolución, una tercera vía que resuelva los problemas sociales sin enfrentar a los enemigos de los trabajadores, una “cuarta vía” como dice su teórico preferido Noam Chomsky a quien citara acaloradamente en el discurso de cierre de la cumbre, quien postula que “la opinión pública mundial” es el nuevo agente del cambio social, desplazando la lucha obrera de los explotados y la lucha de los pueblos oprimidos contra el capital y el imperialismo.
Bien lejos del socialismo entonces, el proyecto de Chávez se orienta directamente a la asistencia social al estilo del Banco Mundial, un plan de “lucha contra el hambre” al que llamó ALCHA (como vemos, entre este y el ALBA no hace otra cosa que darle rodeos al propio ALCA) viene a ser la culminación de su política de “caridad socialista”, al fin y al cabo para el coronel venezolano eso es el socialismo: “somos cristianos en lo social, la igualdad, la libertad: ¡eso es socialismo!” afirmó en su discurso, tras echar proclamas antiimperialistas contra Judas Iscariote.
Ahora, con todo, ni el más escéptico en el bolivarianismo hubiera pensado que Chávez llegaría todo lo lejos que llegó y asumiera, de buenas a primeras, que su proyecto es el proyecto que el imperialismo ha diseñado con el fin de frenar la lucha revolucionaria contra este sistema. Sin embargo Chávez, para poder llevar adelante el proyecto humanizador del capitalismo ha optado por tomar como maestros a la dirección política del estado yanqui, que son quienes mayor esfuerzo han puesto para lograr, a como dé lugar, la supervivencia del sistema, y explicó que su propuesta con la cumbre de los pueblos era seguir el ejemplo de la “Alianza para el Progreso” que el presidente norteamericano John F. Kennedy impulso en la década del 60 ante el temor de la revolución en el continente americano.
Explicó Chávez, el máximo referente de la cumbre de los pueblos, en qué consiste ese proyecto a su audiencia: “dijo Kennedy: `Hay una revolución en el Sur, y la causa de esa revolución es el hambre´…” (…) “la propuesta llevaba por supuesto la carga política de frenar el avance de la Revolución Cubana y de las revoluciones en estas tierras. Pero Kennedy propuso allí en Punta del Este la `Alianza para el Progreso´. Dijo Kennedy que a los planes militares de la contrainsurgencia había que acompañarlos con un plan de reforma agraria” (…) “Kennedy dijo con una claridad impresionante, desde su punto de vista, por supuesto: `Los que le cierran el camino a la revolución pacífica, le abren al mismo tiempo el camino a la revolución violenta...´ Y llamó a los gobiernos a hacer una revolución pacífica” (…) “hoy vengo a plantear que así como Kennedy propuso y se aprobó, con los mismos países que estamos aquí reunidos hoy, hace 44 años se aprobó la Alianza para el Progreso, yo propongo que hagamos ahora una alianza contra el hambre”.
Ni más ni menos. La alianza de la contrarrevolución, la búsqueda del cumplimiento de las mínimas expectativas de los pueblos sumidos en el hambre con el único fin de que la lucha revolucionaria no prospere en el continente… ¡ese es el plan del chavismo y la cumbre de los pueblos!
“Yo propuse poner en práctica un programa idéntico al de la Alianza para el Progreso que presentó Jonh F. Kennedy en 1963” dijo Chávez y no titubeó en recordar que era justamente el gobierno que invadió a Cuba tras la revolución, el gobierno que intentó asesinar innumerables veces a los dirigentes de esa revolución, en fin, que el proyecto de la Alianza para el Progreso que está reivindicando como el modelo que deberán seguir los países “progresistas” de América consiste, justamente, en la defensa a capa y espada del sistema capitalista, aún a costa de ciertas concesiones; que la pretendida “revolución pacífica” no es más que un recurso para la lucha contra la única revolución posible que no temblará a la hora de enfrentar con decisión a los enemigos de los trabajadores y pueblos de América Latina.
Es bueno recordar entonces, que cuando Kennedy buscaba aliados en el continente para impulsar el plan contrarrevolucionario que más tarde daría pie al surgimiento de la doctrina de seguridad nacional, el Comandante Che Guevara, en representación de la Cuba revolucionaria, explicaba al mundo el triste papel que jugaba un supuesto “plan contra el hambre” que pretendía “planificar” la economía continental sin modificar en lo más mínimo las bases del actual sistema de explotación.
"Nosotros entendemos y así lo hicimos en nuestro país señores delegados (decía entonces el Che) que la condición previa para que haya una verdadera planificación económica es que el poder político esté en manos de la clase trabajadora. Ese es el sine qua non de la verdadera planificación para nosotros. Además es necesaria la eliminación total de los monopolios imperialistas y el control estatal de las actividades productivas fundamentales. Amarrados bien de esos tres cabos, se entra a la planificación del desarrollo económico; si no, se perderá todo en palabras, en discursos y en reuniones."
Un acto oficial
Desde el punto de vista de los personeros que en los países dependientes se encargan de llevar adelante las políticas de dominación planteadas por los EEUU, como es el caso del “granpagadordedeuda” Nestor Kirchner, los encuentros del tipo de la cumbre de los pueblos sirven al mismo tiempo como una forma de paralizar la justa lucha que los sectores más concientes del pueblo encaran contra la avanzada imperialista (pues es ahora el gobierno mismo el organizador de los supuestos “espacios alternativos” al imperialismo) y como una herramienta demagógica para mantener el apoyo de sectores sociales que se ilusionan con que estos gobiernos cuenten con un perfil antiimperialista.
Por eso es que no resulta sorprendente que en nuestro país nadie haya invertido tanto esfuerzo y dinero en la organización de la cumbre de los pueblos como el propio gobierno nacional y su partido peronista.
Así es como pudimos observar que junto a la gran comitiva cubana que ubicó tras Ricardo Alarcón y Abel Prieto (Presidente de la Asamblea Nacional y Ministro de Cultura de ese país) a una notable seguidilla de grandes figuras como los músicos Silvio Rodríguez, Vicente Feliú y Alí Rodríguez Araque y el deportista Sotomayor; y junto a la también importante participación de los sectores “bolivarianos” que estuvieron presididos por Hugo Chávez; se encontraban allí destacadas figuras y organizaciones vinculadas estrechamente con el gobierno nacional.
Desde una punta a la otra de la cumbre, un gran acto oficialista se expresaba en banderas y personajes: funcionarios del gobierno nacional enviados directamente por el presidente Kirchner, como el Viceministro del Interior Rafael Follonier, y los Diputados oficialistas Miguel Bonaso, Luis D´Elía y Edgardo de Petris; representantes de figuras afines al kirchnerismo como Adolfo Pérez Esquivel y la presidenta de Asociación Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini; y comitivas en representación de los movimientos que hoy le hacen de base de sustentación al gobierno como son Barrios de Pie, la Federación de Tierra y Vivienda, la Central de Trabajadores Argentinos, el Partido de la Revolución Democrática, el Frente Transversal Nacional y Popular, el Movimiento 26 de Julio, el Movimiento Peronista Auténtico, el MTD Evita y Oktubres, entre otros.
Con todo, lo que viene a ratificarse es lo que ya difundieran todos los medios de comunicación: la cumbre de los pueblos fue organizada directamente por el Gobierno de la Nación (el Vicecanciller Taiana fue el responsable directo) y su promoción estuvo a cargo del aparato peronista, como lo evidenció el “tren del alba” que viajó a la cumbre encabezado por el diputado Bonaso.
Y fue munido de esta herramienta, como el gobierno organizó su ataque contra todos aquellos que se predispusieron a manifestar su repudio ante la provocación que significó que el presidente yanqui venga a organizar sus negocios en nuestro país y sea recibido con honores por el lamebotas Kirchner. Así, aprovechando el aval de actos y movilizaciones que se ubicaron tras el canto kirchnerista, el gobierno salió a la carga con un discurso macartista de condena a todos los compañeros luchadores que osasen ponerse de pie frente a la entrega descarada. Por la voz de Perez Esquivel, Bonafini y hasta Maradona sonaron primero y a modo de advertencia los reclamos de paz que más tarde, luego de la marcha vespertina, se convertirían en un acto de condena al mejor estilo de la dictadura en boca del Diputado Bonaso que clamaba contra los “grupos de inadaptados, imbéciles, perversos, que están manejados por intereses oscuros de cualquier tipo, desde la CIA hasta algún sector desplazado de la provincia de Buenos Aires”
De este modo, la convocatoria de las organizaciones que buscan “alternativas” al modelo se cristalizó en un acto organizado directamente por el gobierno proimperialista de Kirchner y que fue utilizado como una doble herramienta para la legitimación del peronismo gobernante (demagogia mediante) y para la contención y persecución contra los luchadores antiimperialistas.
Ninguna Cumbre
Del Foro Social Mundial a la Cumbre de los Pueblos, del gobierno entregador de Kirchner al “ALBA” de Chávez, cada proyecto, cada encuentro, cada iniciativa que se ha orientado a resolver los problemas de los explotados y oprimidos de nuestros países sin tomar una posición clasista, ha caído, inevitablemente, en las garras del sistema, y ha terminado en la búsqueda de soluciones en el marco del capitalismo, lo que lo torna ya no sólo una herramienta inútil para la emancipación de la clase obrera, sino además un vehículo para la desorientación de los luchadores, es decir una herramienta de la burguesía para el freno de la lucha revolucionaria por la transformación definitiva de la sociedad, por el socialismo.
Por el contrario es imprescindible que las organizaciones obreras y los demás sectores populares que estén dispuestos a emprender juntos la lucha revolucionaria contra este sistema, asuman la necesidad de tener una política independiente y se predispongan a consolidar la organización que nos permita librar un combate a fondo contra los capitalistas que a lo largo de todo el continente se alzan como nuestros enemigos irreconciliables: el Partido Revolucionario de la Clase Obrera.
Decía Chávez en la apertura y el cierre de sus discursos: “Un abrazo bolivariano (…) peronista, evista ¡Qué viva Eva Perón!” “¡Qué viva Argentina! ¡La Patria de Perón, la Patria de Evita!”. Y con ello marca una simbología más que clara: su aspiración es reconstruir (en las paupérrimas condiciones en que llegamos a esta década) un proyecto burgués, como el peronismo, capaz de contener a los grandes sectores del pueblo que pueden llegar a volcarse hacia un cambio revolucionario.
Nuestra tarea, por el contrario es reconstruir las fuerzas de la revolución, fortalecer la lucha de los trabajadores y el pueblo de nuestro país, para orientar su lucha en el único sentido que nos significará una verdadera emancipación: la Revolución Socialista.