Mientras en el país faltan más de dos millones de viviendas para el pueblo, abundan los verdaderos palacios en los que viven unos pocos privilegiados.
El Revolucionario Nº40 (Octubre de 2008)
En Argentina hay un déficit habitacional de 2,6 millones de viviendas, que crece al ritmo de 120.000 al año(1). Un 12% del total de la población de la ciudad de Buenos Aires (340.000 personas) sufre problemas de habitación(2). En el conurbano bonaerense, que concentra el 40% de la falta de viviendas, se genera la necesidad de 50.000 nuevos hogares anuales(3), que se traduce en el crecimiento exponencial de villas miseria y asentamientos.
Los precios de los alquileres duplican, y hasta triplican, la inflación. Las renovaciones se negocian con aumentos del 100% del valor anterior. Las comisiones llegan a los seis meses, y se exige el escalonamiento de los precios para eludir la prohibición de indexar. Impuestos y expensas, siempre a cargo del inquilino, han aumentado más del 50%.
El sueño de la casa propia se ha convertido, para un asalariado, en la pesadilla de no saber hasta cuándo podrá mantener un techo sobre su cabeza. Ya nadie se acuerda de los créditos para inquilinos, con cuotas del valor de un alquiler, que Kirchner prometió en 2006. Los bancos sólo ofrecen financiamiento para quienes no lo necesitan. Para obtener un crédito que cubra el 75% del valor de un departamento de dos ambientes, se deben probar ingresos mensuales por $5.000.
Al inicio de su presidencia, Kirchner prometió 420.000 casas. Apenas entregó el 15%, con graves denuncias sobre la distribución, obviamente manejada con el tradicional sistema clientelar peronista. La mayoría de las obras anunciadas en el Plan Federal de Viviendas ni siquiera han comenzado, y menos lo harán ahora. Como debut en el uso de los “superpoderes”, el jefe de gabinete Sergio Massa usó $475 millones destinados a planes de viviendas populares para cubrir los baches de los grandes empresarios. Una parte ($295,2 millones) fue al déficit de Aerolíneas Argentinas y Austral. Otros $20 millones engrosaron los subsidios a los capitalistas del transporte. Finalmente, $140 millones se usaron para pagar parte de la deuda con la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA).
Mientras millares de familias quedan en la calle o son obligadas a mudarse a viviendas de menor calidad, todo el periodismo habla del “boom inmobiliario” y del crecimiento exponencial de la construcción. Pero las viviendas que se construyen están destinadas al escaso círculo de los que pueden comprar lujo. Un departamento en un ostentoso edificio con parque, pileta de natación, quincho, salones de usos múltiple, gimnasio y sauna, todo lo que ahora se llama “amenities”, puede costar de u$s2.000 a u$s6.000 el m2. Se multiplican los barrios cerrados, los countries y los edificios destinados a rentistas, que alquilan, en dólares, coquetos departamentos ultra equipados a turistas. El dinero público no se usa para construir hogares para los trabajadores, sino para remodelar la Recoleta, desde el Village hasta La Biela(4).
Un estudio del IADE, titulado “Auge de la construcción y déficit habitacional” explica: “La demanda que sostiene el precio de la vivienda, aun con tal crecimiento de la oferta, está encarnada principalmente por la población con ingresos altos, para uso propio o inversión. Esto se debe a que la capacidad adquisitiva de los salarios en términos de m2 de vivienda nueva cayó sustancialmente con la devaluación y esa tendencia continúa hasta el presente. Esta situación presiona sobre el mercado de alquileres, ocasionando el aumento de los nuevos contratos cuyo impacto sobre la canasta del consumidor tiende a aumentar”.
Gastan los millones que roban en lujos para ricos, mientras los trabajadores están condenados a alquilar toda su vida o a endeudarse y trabajar de sol a sol para pagar créditos conseguidos por fuera del circuito bancario, quedando expuestos al desamparo cuando la pérdida del trabajo se presenta.
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NOTAS:
1) Fuente: Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.
2) Fuente: Comisión Municipal de la Vivienda.
3) Fuente: Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE).
4) El GCBA publicó en el Boletín Oficial un llamado a licitación por 10 millones de pesos para remodelar el entorno del cementerio de La Recoleta y “revalorizar ese tradicional polo recreativo, cultural, comercial y turístico”.
En Argentina hay un déficit habitacional de 2,6 millones de viviendas, que crece al ritmo de 120.000 al año(1). Un 12% del total de la población de la ciudad de Buenos Aires (340.000 personas) sufre problemas de habitación(2). En el conurbano bonaerense, que concentra el 40% de la falta de viviendas, se genera la necesidad de 50.000 nuevos hogares anuales(3), que se traduce en el crecimiento exponencial de villas miseria y asentamientos.
Los precios de los alquileres duplican, y hasta triplican, la inflación. Las renovaciones se negocian con aumentos del 100% del valor anterior. Las comisiones llegan a los seis meses, y se exige el escalonamiento de los precios para eludir la prohibición de indexar. Impuestos y expensas, siempre a cargo del inquilino, han aumentado más del 50%.
El sueño de la casa propia se ha convertido, para un asalariado, en la pesadilla de no saber hasta cuándo podrá mantener un techo sobre su cabeza. Ya nadie se acuerda de los créditos para inquilinos, con cuotas del valor de un alquiler, que Kirchner prometió en 2006. Los bancos sólo ofrecen financiamiento para quienes no lo necesitan. Para obtener un crédito que cubra el 75% del valor de un departamento de dos ambientes, se deben probar ingresos mensuales por $5.000.
Al inicio de su presidencia, Kirchner prometió 420.000 casas. Apenas entregó el 15%, con graves denuncias sobre la distribución, obviamente manejada con el tradicional sistema clientelar peronista. La mayoría de las obras anunciadas en el Plan Federal de Viviendas ni siquiera han comenzado, y menos lo harán ahora. Como debut en el uso de los “superpoderes”, el jefe de gabinete Sergio Massa usó $475 millones destinados a planes de viviendas populares para cubrir los baches de los grandes empresarios. Una parte ($295,2 millones) fue al déficit de Aerolíneas Argentinas y Austral. Otros $20 millones engrosaron los subsidios a los capitalistas del transporte. Finalmente, $140 millones se usaron para pagar parte de la deuda con la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (CAMMESA).
Mientras millares de familias quedan en la calle o son obligadas a mudarse a viviendas de menor calidad, todo el periodismo habla del “boom inmobiliario” y del crecimiento exponencial de la construcción. Pero las viviendas que se construyen están destinadas al escaso círculo de los que pueden comprar lujo. Un departamento en un ostentoso edificio con parque, pileta de natación, quincho, salones de usos múltiple, gimnasio y sauna, todo lo que ahora se llama “amenities”, puede costar de u$s2.000 a u$s6.000 el m2. Se multiplican los barrios cerrados, los countries y los edificios destinados a rentistas, que alquilan, en dólares, coquetos departamentos ultra equipados a turistas. El dinero público no se usa para construir hogares para los trabajadores, sino para remodelar la Recoleta, desde el Village hasta La Biela(4).
Un estudio del IADE, titulado “Auge de la construcción y déficit habitacional” explica: “La demanda que sostiene el precio de la vivienda, aun con tal crecimiento de la oferta, está encarnada principalmente por la población con ingresos altos, para uso propio o inversión. Esto se debe a que la capacidad adquisitiva de los salarios en términos de m2 de vivienda nueva cayó sustancialmente con la devaluación y esa tendencia continúa hasta el presente. Esta situación presiona sobre el mercado de alquileres, ocasionando el aumento de los nuevos contratos cuyo impacto sobre la canasta del consumidor tiende a aumentar”.
Gastan los millones que roban en lujos para ricos, mientras los trabajadores están condenados a alquilar toda su vida o a endeudarse y trabajar de sol a sol para pagar créditos conseguidos por fuera del circuito bancario, quedando expuestos al desamparo cuando la pérdida del trabajo se presenta.
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NOTAS:
1) Fuente: Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.
2) Fuente: Comisión Municipal de la Vivienda.
3) Fuente: Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE).
4) El GCBA publicó en el Boletín Oficial un llamado a licitación por 10 millones de pesos para remodelar el entorno del cementerio de La Recoleta y “revalorizar ese tradicional polo recreativo, cultural, comercial y turístico”.