Como rechazo a los bajos salarios y a las pésimas condiciones laborales, los docentes pelean en todo el país.
El Revolucionario Nº40 (Octubre de 2008)
Los medios de comunicación machacan y machacan que, por culpa de los paros docentes, los chicos pierden clases, son rehenes y, más, no comen. Como si la situación deplorable de las escuelas fuese decisión de los trabajadores de la educación; como si los paros se hicieran contra los alumnos y no contra el gobierno que no atiende debidamente el sistema educativo; como si los docentes fuesen responsables del cuadro social de pobreza en que se hallan las familias.
El discurso oficial de que la educación constituye una prioridad de estado se cae ni bien observamos la realidad: ningún cambio sustancial en la política educativa, falta de infraestructura escolar y mantenimiento de las mismas(1), condiciones inapropiadas para enseñar y aprender que provocan insalubridad, deserción escolar, básicos indigentes y salarios mínimos pobres con gran composición de sumas en negro, etc. Y son esas condiciones materiales de trabajo las que explican las legítimas y justas huelgas docentes.
En las pasadas semanas hubo conflictos docentes en Mendoza, Catamarca, Chubut, Tucumán, Salta, Neuquén, Entre Ríos, Córdoba, Río Negro y Jujuy. En la ciudad de Buenos Aires, pese a que el plan de lucha fue utilizado por el peronismo contra el macrismo, el acatamiento a las medidas fue genuino y alto, pues las condiciones laborales no son distintas a las del resto del país.
Este panorama demuestra, en suma, que el gobierno mantiene una política de estado, de destrucción y recorte presupuestario de la escuela pública. Los conflictos docentes que recorrieron el país a principios de año y tras el receso invernal, constituyen de conjunto una respuesta nacional a la política del PJ, que cuenta con la inestimable colaboración de la CTERA.
El conflicto en la provincia de Bs. As.
En febrero, el Frente Gremial Docente Bonaerense cerró con el gobierno provincial un acuerdo salarial insuficiente y se comprometió a no discutir salarios hasta 2009. Pero la política inflacionaria del kirchnerismo, tal como a otros trabajadores, golpeó el bolsillo de los docentes y aceleró los reclamos. El descontento acumulado en la base durante el primer semestre empujó a la burocracia provincial a plantear la agenda salarial, con jornadas de movilización y paro.
De haber sido por la conducción, no se hubiera alcanzado ningún incremento salarial más en 2008. Y, aunque el acuerdo paritario firmado recientemente es malo(2), la prolongación del conflicto se debe exclusivamente a la voluntad de lucha que presentaron las bases docentes, quienes lograron la continuidad de la discusión salarial, concretando masivos paros sin la conducción provincial, con el correlato del rechazo en las consultas, por primera vez a nivel provincial, de la propuesta de la burocracia.
Como en todos estos años, la burocracia estaba ávida de allanarle el paso al kirchnerismo, pero esta vez quedó en ridículo. El enojo del gobierno fue tal, que el ministro de educación Oporto declaró: “…cómo se negocia con un grupo de dirigentes no representativos, que una vez que proponen algo, no pueden imponer su propia propuesta a sus bases; para nosotros sería mejor negociar con quienes tienen más representatividad”. Y remató: “Estos dirigentes, a los que les rechazaron su propuesta, tendrían que tener la grandeza de dar un paso al costado”.
Los trabajadores de la educación han comprobado que, aun sin contar con organizaciones antiburocráticas, se puede desdibujar a esta conducción que no representa los intereses de los docentes, sino los del gobierno, aunque a veces no le salga bien y lo disguste.
...
NOTAS:
1) Dos casos ilustran. En 2003, el gobierno nacional prometió la construcción de 700 escuelas para 2007. A la fecha, aún no concluyó las obras. Por otra parte, según un relevamiento parcial de SUTEBA, se perdieron 1.168 días de clase, sumando los distintos problemas edilicios en la provincia de Bs. As.
2) El salario inicial para el maestro de grado se fijó en $1.450 y el básico en $812,90. El gobierno descontó masivamente días de paro (piso de cualquier negociación sindical), se llevó el compromiso de la conducción gremial de no realizar más medidas de fuerza y extendió el ciclo lectivo. Por otra parte, el acuerdo está muy lejos del 20% que pedían los gremios al inicio del conflicto y es a la baja de lo que ellos mismos elaboraron en comisión técnica con el gobierno durante la semana de tregua, reformulación salarial que, luego, el gobierno desconoció en mesa paritaria.
Los medios de comunicación machacan y machacan que, por culpa de los paros docentes, los chicos pierden clases, son rehenes y, más, no comen. Como si la situación deplorable de las escuelas fuese decisión de los trabajadores de la educación; como si los paros se hicieran contra los alumnos y no contra el gobierno que no atiende debidamente el sistema educativo; como si los docentes fuesen responsables del cuadro social de pobreza en que se hallan las familias.
El discurso oficial de que la educación constituye una prioridad de estado se cae ni bien observamos la realidad: ningún cambio sustancial en la política educativa, falta de infraestructura escolar y mantenimiento de las mismas(1), condiciones inapropiadas para enseñar y aprender que provocan insalubridad, deserción escolar, básicos indigentes y salarios mínimos pobres con gran composición de sumas en negro, etc. Y son esas condiciones materiales de trabajo las que explican las legítimas y justas huelgas docentes.
En las pasadas semanas hubo conflictos docentes en Mendoza, Catamarca, Chubut, Tucumán, Salta, Neuquén, Entre Ríos, Córdoba, Río Negro y Jujuy. En la ciudad de Buenos Aires, pese a que el plan de lucha fue utilizado por el peronismo contra el macrismo, el acatamiento a las medidas fue genuino y alto, pues las condiciones laborales no son distintas a las del resto del país.
Este panorama demuestra, en suma, que el gobierno mantiene una política de estado, de destrucción y recorte presupuestario de la escuela pública. Los conflictos docentes que recorrieron el país a principios de año y tras el receso invernal, constituyen de conjunto una respuesta nacional a la política del PJ, que cuenta con la inestimable colaboración de la CTERA.
El conflicto en la provincia de Bs. As.
En febrero, el Frente Gremial Docente Bonaerense cerró con el gobierno provincial un acuerdo salarial insuficiente y se comprometió a no discutir salarios hasta 2009. Pero la política inflacionaria del kirchnerismo, tal como a otros trabajadores, golpeó el bolsillo de los docentes y aceleró los reclamos. El descontento acumulado en la base durante el primer semestre empujó a la burocracia provincial a plantear la agenda salarial, con jornadas de movilización y paro.
De haber sido por la conducción, no se hubiera alcanzado ningún incremento salarial más en 2008. Y, aunque el acuerdo paritario firmado recientemente es malo(2), la prolongación del conflicto se debe exclusivamente a la voluntad de lucha que presentaron las bases docentes, quienes lograron la continuidad de la discusión salarial, concretando masivos paros sin la conducción provincial, con el correlato del rechazo en las consultas, por primera vez a nivel provincial, de la propuesta de la burocracia.
Como en todos estos años, la burocracia estaba ávida de allanarle el paso al kirchnerismo, pero esta vez quedó en ridículo. El enojo del gobierno fue tal, que el ministro de educación Oporto declaró: “…cómo se negocia con un grupo de dirigentes no representativos, que una vez que proponen algo, no pueden imponer su propia propuesta a sus bases; para nosotros sería mejor negociar con quienes tienen más representatividad”. Y remató: “Estos dirigentes, a los que les rechazaron su propuesta, tendrían que tener la grandeza de dar un paso al costado”.
Los trabajadores de la educación han comprobado que, aun sin contar con organizaciones antiburocráticas, se puede desdibujar a esta conducción que no representa los intereses de los docentes, sino los del gobierno, aunque a veces no le salga bien y lo disguste.
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NOTAS:
1) Dos casos ilustran. En 2003, el gobierno nacional prometió la construcción de 700 escuelas para 2007. A la fecha, aún no concluyó las obras. Por otra parte, según un relevamiento parcial de SUTEBA, se perdieron 1.168 días de clase, sumando los distintos problemas edilicios en la provincia de Bs. As.
2) El salario inicial para el maestro de grado se fijó en $1.450 y el básico en $812,90. El gobierno descontó masivamente días de paro (piso de cualquier negociación sindical), se llevó el compromiso de la conducción gremial de no realizar más medidas de fuerza y extendió el ciclo lectivo. Por otra parte, el acuerdo está muy lejos del 20% que pedían los gremios al inicio del conflicto y es a la baja de lo que ellos mismos elaboraron en comisión técnica con el gobierno durante la semana de tregua, reformulación salarial que, luego, el gobierno desconoció en mesa paritaria.