El Revolucionario Nº43 (Febrero de 2009)
El gobierno de los Kirchner está a la espera de un fallo de la corte suprema de justicia para impulsar un proyecto de ley que despenalice la tenencia de drogas para consumo personal. La decisión es presentada como progresista, como garantía de los derechos humanos y la libertad individual. Pero otras son las razones que explican la pretensión de la legalización del consumo de drogas.
Mucho revuelo ha generado, y continuará haciéndolo, la discusión sobre la despenalización del consumo de drogas. Sobre este tema, que ha tenido varias idas y vueltas(1), no es posible asumir una posición y una actitud clara sin reconocer un principio fundamental: las drogas son un arma más que posee y maneja la burguesía para mantener la dominación del pueblo trabajador; un arma que permite obnubilar conciencias y destruir cuerpos; un arma manejada por policías, punteros, barrabravas y fiolos, entre otras escorias de la sociedad, siempre bajo el amparo gubernamental; un arma que, además, genera un negocio multimillonario para la clase gobernante.
Hoy, el kirchnerismo vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. La corte suprema se propone declarar inconstitucional un artículo de la “Ley de drogas” por considerar que contradice el artículo 19° de la constitución nacional, que establece que “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y la moral pública, ni perjudiquen a terceros, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados”.
Ya han fallado algunas cámaras en este sentido considerando dicha penalización como, por ejemplo, una “irrazonable restricción de la libertad personal”(2). Con esta definición, los camaristas, hablando en nombre del oficialismo y el coro de “progres” que suele acompañarlo, distorsionan deliberadamente la realidad al dar a entender que un pibe adicto al paco o al poxi o a la marihuana ejerce un acto de “libertad personal”. Nada más alejado de la realidad. Ninguna persona dependiente de las drogas, cualquiera sea ella y cualquiera su cantidad, es libre o independiente. Sujeta su voluntad a tal o cual sustancia, exponiendo cada vez su integridad al proveedor de turno, siempre vinculado, directa o indirectamente, al poder, al puntero o al policía. En última instancia, es un “prisionero” de la burguesía.
El gobierno, principalmente en boca de Aníbal Fernández entre otros voceros, intenta presentar esta iniciativa como un paso progresivo. Como un paso contrario a la política represiva, como una faceta más de su “política de derechos humanos”. La propia presidenta llamó a “no criminalizar al adicto”.
Sin embargo, nadie que conozca la realidad de la naturaleza represiva del estado, hoy piloteado por el peronismo de Kirchner, puede creer, ni por un instante, que habrá menos criminalización para el pueblo pobre, el acusado, casi exclusivamente, por tenencia de estupefacientes(3). Si no es imputando la tenencia de, supongamos, un cigarrillo de marihuana, será recurriendo a las infinitas facultades de que dispone la policía para detener a los pobres, como la averiguación de antecedentes o lo que se le ocurra al milico en cuestión. Lo cierto es que esta medida no altera en nada la política represiva del estado. Es más, este paso se pretende dar mientras se discute, a la vez, la baja la edad de imputabilidad de los menores.
Otros sectores, sintonizando el discurso oficial, defienden la medida explicando que, de prosperar la despenalización, se tratará al adicto como un enfermo y no como un delincuente. Por eso, dicen, podrá contar con asistencia sanitaria y demás beneficios.
Pero los tratamientos médicos sólo son accesibles a quienes pueden pagarlos, que no son, precisamente, los hijos del pueblo pobre, los principales destinatarios del hostigamiento policial y la imputación por tenencia, real o inventada, de drogas. Además, ya existe “asistencia” estatal, incluso como sustituto de la sanción penal. Y cuando los pobres piden asistencia, ocurre lo que a Germán Medina, de 16 años, muerto en un instituto en enero de 2007(4).
La clase gobernante desarrolla sus políticas prodrogas como un arma fundamental para mantener bajo el yugo de su dominio a la clase obrera. Sin embargo, importantes sectores de la llamada “clase media”, fundamentalmente jóvenes, se ven maniatados a las drogas y por eso, bregan por la despenalización y hasta por la legalización de dichas sustancias y, por supuesto, ven con buenos ojos la decisión kirchnerista. Pero al alzar su voz a favor de esta política, basándose en intereses personales o de pequeños grupos, no hacen más que darle legitimidad al plan oficial para extender las drogas como un veneno esclavizante sobre la clase trabajadora, que, sometida al paco o al poxi, nunca podrá acceder, como los sectores medios, a los tratamientos de “rehabilitación”.
Es un secreto a gritos que el multimillonario negocio de las drogas es gerenteado desde el poder. El caso de la camioneta de la SEDRONAR(5) con 8kg. de cocaína descubiertos en octubre pasado es sólo un ejemplo más que elocuente, entre otros tantos. El rol de los punteros políticos y de los comisarios es clave. Todo el mundo sabe que para traficar drogas hay que tener un arreglo con ellos. De lo contrario es sencillamente imposible.
La despenalización de la tenencia para consumo, bajo el yugo del sistema capitalista, no procura otra cosa que extender el uso de drogas para mantener disciplinado y en la degradación al pueblo pobre.
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NOTAS:
1) Ver “Una medida con historia” en esta página.
2) Fallo de la sala I de la cámara federal, suscripto por los camaristas Freiler y Farah.
3) Rara vez una persona va presa por tenencia para consumo, ya que la pena puede quedar en suspenso si se somete a un tratamiento, cumplido el cual, se extingue la causa.
4) Germán Medina era adicto al paco. Su familia recurrió al estado para que lo internaran y desintoxicaran. Fue encerrado en el Instituto Rocca a pesar de no tener causas penales, en uno de cuyos “buzones” amaneció ahorcado el 11/01/07. Presentaba claras señales de violación anal reiterada.
5) Secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico.
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UNA MEDIDA CON HISTORIA
No es novedosa la iniciativa de despenalización que propone el kirchnerismo:
En 1926 se penalizó por primera vez la tenencia de drogas para consumo personal (Ley 11.331). En 1930, un fallo judicial definió que dicha sanción penal no contrariaba el art.19° de la constitución.
Durante la dictadura de Onganía, en 1968, se despenalizó la tenencia en cantidades para uso personal (Ley 17.567).
En 1973, con Perón en el gobierno, se derogó aquella norma volviendo a la penalización, para avalarla por ley un año después (Ley 20.771).En 1986, con Alfonsín, un nuevo fallo declaró inconstitucional el art.6° de la ley. Pero, en 1989, se sancionó la ley vigente que, con 33 modificaciones a lo largo de 20 años, penaliza la tenencia para consumo (Ley 23.737).