Con la excusa de la 63ª sesión de la Asamblea General de la ONU, Cristina volvió a la ciudad que más le gusta, donde, hace un año, lanzó su candidatura.
El Revolucionario Nº40 (Octubre de 2008)
A Nueva York fue con Néstor Kirchner y un enorme séquito: los ministros Carlos Fernández, Julio De Vido y Lino Barañao; los gobernadores Jorge Capitanich, José Luis Gioja y Luis Beder Herrera; Alberto Balestrini, Carlos Zanini, el vocero presidencial y el secretario de DDHH, Eduardo Luis Duhalde, escoltado por la abuela Estela Barnes de Carlotto y cinco nietos recuperados para el kirchnerismo.
La agenda no dejó dudas sobre las prioridades. Todas las reuniones tuvieron que ver con los negocios de los yanquis en Argentina, es decir, los negocios del gobierno peronista con los yanquis.
En lugar de tocar la campanita bursátil en Wall Street, esta vez Cristina fue a la rueda de operaciones del Nasdaq(1). En Times Square, corazón de Manhattan, la escena fue transmitida en una pantalla electrónica de siete pisos de altura. La American Task Force Argentina (ATFA), agrupación de los “holdouts”, había expresado su desagrado al Departamento de Estado y del Tesoro. “No veo ninguna razón por la cual ella se merezca el gran honor de abrir el mercado financiero de los Estados Unidos”, dijo el director ejecutivo de ATFA, Robert Raben. Pero los conformó algo el anuncio, hecho en el Council of Foreign Relations, de la promesa de pago a esos bonistas, financiado por los bancos Barclays, Deutsche y Citigroup.
La gira de negocios siguió con reuniones con el Council of the Americas en el despampanante Waldorf Astoria, y con la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina Pamela Cox. Luego almorzó en la Neue Gallerie, del magnate de los cosméticos Ronald Lauder, con lo más granado del establishment norteamericano, como el dueño del edificio Chrysler, los accionistas del Washington Post, la periodista Barbara Walters y representantes de empresas con “intereses” en Argentina. No faltó la cita con el Congreso Judío Mundial, el mismo al que prometió, en un viaje anterior, la sanción de la última ley antiterrorista. También tuvo un encuentro con el titular del Banco Interamericano de Desarrollo, y, para avanzar en el prometido pago al Club de París, con el español Rodríguez Zapatero y otros presidentes europeos. Finalmente, durante la cena de honor a los mandatarios, rompió el protocolo, dejando su lugar en la mesa, para brindar con George Bush.
El embajador Timerman explicó que el objetivo de la maratón de reuniones fue “mostrar el potencial argentino” a los inversionistas. Satisfecho con la tarea cumplida, dijo: “Hemos logrado con mucho esfuerzo, con muchas visitas de Tom Shannon a la Argentina, y muchas visitas nuestras, llevar la relación a los temas importantes de cooperación, tanto comercial, como respecto a la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”.
En Buenos Aires, la bolsa subió el 4% apenas empezaron los anuncios. Una muestra más de que el gobierno proimperialista hace los deberes, y se esmera para defender los intereses del imperialismo y sus parásitos locales.
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NOTAS:
1) Bolsa de valores de las empresas electrónicas, de telecomunicaciones y biotecnología.
A Nueva York fue con Néstor Kirchner y un enorme séquito: los ministros Carlos Fernández, Julio De Vido y Lino Barañao; los gobernadores Jorge Capitanich, José Luis Gioja y Luis Beder Herrera; Alberto Balestrini, Carlos Zanini, el vocero presidencial y el secretario de DDHH, Eduardo Luis Duhalde, escoltado por la abuela Estela Barnes de Carlotto y cinco nietos recuperados para el kirchnerismo.
La agenda no dejó dudas sobre las prioridades. Todas las reuniones tuvieron que ver con los negocios de los yanquis en Argentina, es decir, los negocios del gobierno peronista con los yanquis.
En lugar de tocar la campanita bursátil en Wall Street, esta vez Cristina fue a la rueda de operaciones del Nasdaq(1). En Times Square, corazón de Manhattan, la escena fue transmitida en una pantalla electrónica de siete pisos de altura. La American Task Force Argentina (ATFA), agrupación de los “holdouts”, había expresado su desagrado al Departamento de Estado y del Tesoro. “No veo ninguna razón por la cual ella se merezca el gran honor de abrir el mercado financiero de los Estados Unidos”, dijo el director ejecutivo de ATFA, Robert Raben. Pero los conformó algo el anuncio, hecho en el Council of Foreign Relations, de la promesa de pago a esos bonistas, financiado por los bancos Barclays, Deutsche y Citigroup.
La gira de negocios siguió con reuniones con el Council of the Americas en el despampanante Waldorf Astoria, y con la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina Pamela Cox. Luego almorzó en la Neue Gallerie, del magnate de los cosméticos Ronald Lauder, con lo más granado del establishment norteamericano, como el dueño del edificio Chrysler, los accionistas del Washington Post, la periodista Barbara Walters y representantes de empresas con “intereses” en Argentina. No faltó la cita con el Congreso Judío Mundial, el mismo al que prometió, en un viaje anterior, la sanción de la última ley antiterrorista. También tuvo un encuentro con el titular del Banco Interamericano de Desarrollo, y, para avanzar en el prometido pago al Club de París, con el español Rodríguez Zapatero y otros presidentes europeos. Finalmente, durante la cena de honor a los mandatarios, rompió el protocolo, dejando su lugar en la mesa, para brindar con George Bush.
El embajador Timerman explicó que el objetivo de la maratón de reuniones fue “mostrar el potencial argentino” a los inversionistas. Satisfecho con la tarea cumplida, dijo: “Hemos logrado con mucho esfuerzo, con muchas visitas de Tom Shannon a la Argentina, y muchas visitas nuestras, llevar la relación a los temas importantes de cooperación, tanto comercial, como respecto a la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”.
En Buenos Aires, la bolsa subió el 4% apenas empezaron los anuncios. Una muestra más de que el gobierno proimperialista hace los deberes, y se esmera para defender los intereses del imperialismo y sus parásitos locales.
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NOTAS:
1) Bolsa de valores de las empresas electrónicas, de telecomunicaciones y biotecnología.